martes, 2 de diciembre de 2025

Cap.1. Un antiguo curso de Sociología. Pensamiento sociológico

Empezando a pensar
sociológicamente




¿Cómo se puede hacer sociología? ¿Qué es hacer sociología? ¿Difiere el pensamiento sociológico del cotidiano? ¿Se requiere un título universitario habilitante? ¿Puede hacer sociología un no-sociólogo?

Son preguntas que me gustaría responder. Una respuesta provisional, por supuesto; pero algo razonable que ayudara a mis nuevos amigos a transitar la senda por donde otros sabios han ido. Es más fácil hacer sociología que buenos poemas. Y ello sucede porque el proceso es enseñable... cosa que no es posible cuando se intenta escribir poesía.

Empecemos por este mg que me llegó hace muy pocos días, es un poco largo pero tiene una orientación optimista:

---

"Los deseos primarios de toda persona son ganar más dinero, progresar y ser felices.
Una forma efectiva de lograr estos anhelos es siendo ricos.
Así como hay personas pobres y personas ricas; hay países pobres y países ricos. La diferencia entre los países pobres y los ricos no es la antigüedad del país. Lo demuestran casos de países como India, China y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad y son Subdesarrollados y Pobres. En cambio, Australia y Nueva Zelanda, que hace poco más de 150 años eran casi desconocidos. Son sin embargo, hoy países desarrollados y ricos.
La diferencia entre países pobres y ricos tampoco está en los recursos naturales con que cuentan, como es el caso de Japón que tiene un territorio muy pequeño y el 80% es montañoso y no apto para la agricultura y ganadería, sin embargo es la segunda potencia económica mundial pues su territorio es como una inmensa fabrica flotante que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados, también a todo el mundo logrando su riqueza.
Tampoco la inteligencia de las personas es la diferencia, como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes en su educación, otro ejemplo son los ejecutivos de países ricos que visitan nuestras fabricas y al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual.
Al estudiar la conducta de las personas en los países ricos se descubre que la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas:
01.. Orden
02.. Limpieza
03.. Puntualidad
04.. Responsabilidad
05.. Deseo de superación
06.. Honradez
07.. Respeto por el derecho de los demás
08.. Respeto a la ley y los reglamentos
09.. Amor al trabajo
10.. Afán por el ahorro y la inversión
Por otro lado en los países pobres, sólo una mínima parte de la población sigue estas reglas en su vida diaria.
Pues ahora que ya conoces la manera de lograr tus anhelos, sólo cambia tu actitud y verás los resultados.
A DIFERENCIA de OTROS mails en cadena si no mandas copia de este mail a más personas, no se va a morir tu perro, ni te van a correr del trabajo, ni tampoco te vas a sacar la lotería por mandarlo, pero sería bueno que lo compartieras con otras personas. Quien sabe, a lo mejor ayuda para que en unos años vivamos en un país desarrollado, además te conviene por el punto número 7 pues tú serías parte de los demás."


---

¿Verdad que es optimista? El proceso para salir de la ratonera parece increíblemente fácil. Sin embargo puede suceder que muchas personas coincidan con él, y si no logran tan buenos resultados lo achacarán a su poca voluntad, o ciertas tendencias perversas que cuestan encerrar en la bodega de la personalidad. Un poco de pensamiento sociológico podría reducir nuestra culpa y descubrir donde fallan las anteriores reflexiones.

Hay en el texto algunas afirmaciones, que vale la pena abstraer:

1. "Los deseos primarios de toda persona son..." 
2. "La diferencia entre los países pobres y los ricos no es ... tampoco está..."
3. "... la inteligencia de las personas es ... radica en..."; "
4. "... la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas..." 
5. "... sólo una mínima parte de la población (en los países pobres las) sigue..." 
6. "(en) ...unos años vivamos en un país desarrollado".

El autor del texto, muy prudentemente, se abstiene de mencionar la cantidad de años; aunque da a entender (sentido que se puede deducir por la construcción general del texto) que es un tiempo menor al de una vida humana... ya que si no, carecería de interés real para el individuo, tomarse tanto trabajo 

Al principio de esta clase (clase virtual, pero clase al fin) mencioné que el pensamiento sociológico se puede aprender, y para empezar el proceso (imaginemos que lo estamos iniciando) necesitaremos de más palabras para entender a las palabras. Un camino paradójico pero inevitable. Sólo las palabras útiles nos salvan de las inútiles. Veamos, entonces, algunas de las "buenas", de las que nos servirán en este cursillo:

Cultura:
Técnicamente lo es aquello que el ser humano aprende desde la cuna hasta el féretro (se muere diferente en diferentes culturas). 

El concepto es lo opuesto a naturaleza la cual se entiende como lo que el ser humano posee genéticamente y lo pone en acción instintivamente. 

Las relaciones sexuales serían, en este sentido, "naturales", pero la manera como se realiza y los rituales que lo acompañan serían: "culturales". Obsérvese que en lugares distantes esta conducta (la sexual) se presenta con una diversidad de formas aunque en sustancia siempre suceda lo mismo.

El término "cultura" suele ser muy vago. En la retórica actual es de buen gusto mencionar a la "cultura de empresa". Nadie tiene clara idea de lo que ello implica, pero hay una vaga sensación de que tiene que ver con cosas positivas y, probablemente, bastante caras. No obstante su uso vicioso la idea tiene su valor: la "cultura" y lo "cultural" es aquello que resulta de la vida en sociedad, no algo que surja espontáneamente del organismo.

Sociedad:
Otro término que se las trae por su uso intensivo. Sociológicamente significa "el conjunto de seres humanos que conviven en forma estable.". Término intercambiable, en la mayor parte de los casos, por *comunidad. Una sociedad es la red, la matriz (como retóricamente se adorna el pensamiento) donde el individuo se convierte en persona, de animalito salvaje a ciudadano consumista; de bebé gritón a votante disciplinado; aunque, también hay que decirlo, de rosadito embrión a curtido terrorista. Todo lo bueno y lo malo que el ser humano es capaz de producir... resulta de su vida en sociedad.

Con estos dos términos básicos ya tenemos tela para cortar y producir nuevos conceptos. Por ejemplo:

Subcultura:
Como su nombre lo indica una parte de una cultura, una "cultura" en si misma pero subsumida en otra mayor. Se puede hablar de subcultura juvenil, para señalar la manera de comportarse, las normas, pautas y valores de los jóvenes. Formas que son básicamente las mismas de la sociedad en que se encuentran, pero que tienen características propias.

Contracultura:
Aquella cultura cuyas normas, actitudes, valores y estilos de vida se oponen a la cultura dominante. Las contraculturas sobreviven cuando se forman y consolidan "contrasociedades".

El mismo término ya nos hace pensar en que puede existir, en el seno de una sociedad, una cultura predominante, que abarca la mayoría de la población y culturas minoritarias. Pero no toda cultura minoritaria es una "contracultura". Esta última surge de una oposición frontal en cuestiones básicas de organización y funcionamiento societario.

Hagamos, por un momento, un descanso. Estirad las piernas y quizá sea conveniente estimular nuestro cerebro con un café. 

La invención de un concepto (vamos a suponer que cada término implica sólo un concepto, aunque esto no sea real ya que las palabras tienen múltiples significados) lleva a otro, y a otro, y a otro. Y en poco tiempo se va desarrollando un lenguaje específico, una "jerga" técnica. Jerga como sinónimo de una clase de lenguaje, aquél que sólo son capaces de entender los especialistas. No significa una apreciación peyorativa... aunque a veces nos moleste.

Este proceso es inevitable ya que si nos referimos a algo (y si se desea hacer "ciencia") hay que utilizar determinadas palabras y huír de los sinónimos que alegran el texto y reducen su comprensión. Palabras que adquieren tanto por su uso como por la manera que las definimos (el contenido específico que le asignamos) una estabilidad beneficiosa. Se convierten en herramientas para pensar, bisturíes con que hurgar en la realidad.

Más aunque sea triste constatarlo el proceso no es lineal, no puede ser descripto como una línea recta que va de menos a más; tiene sus vueltas, sus trampas y sus imprevistos. El principal problema que presenta una jerga sociológica es su facilidad para ser imitada. Dicho con otras palabras, nada impide que cualquiera se apropie de ella y otorgue a un razonamiento tan superficial como ideológico... la apariencia de un discurso meditado y bien fundado; tal como debe ser un discurso científico.

El actor que actúa representando a un erudito. Si la obra es buena dice cosas interesantes; pero si se inventa el guión en el momento... no podemos esperar nada más que un montón de trivialidades.

Es fácil simular conocimiento en ciencias humanas; y con pena compruebo a menudoo que es un recurso que también emplean los mismos profesionales cuando no tienen nada que decir (o cuando se agota su saber). En vez de guardar un noble silencio, usan la jerga al modo político: gastar tiempo, y engatusar al respetable.

También la comunicación de estos temas se complica porque ninguna palabra es inocente; siempre connota más de lo que denota. O, para decirlo en lenguaje llano, su uso "da a entender" mucho más de lo que afirma o niega. 

Si hablo de problemas "culturales", en el sentido sociológico, estoy hablando de mal funcionamiento o contradicciones en algún aspecto de la cultura (normas, valores, hábitos, etc.). Sin embargo, el uso del término me permite eludir una referencia concreta más comprometedora y además da a entender a mi interlocutor que sobre estas cosas... el que habla "sabe mucho", tanto... que no puede decirlo todo de golpe.

Observad como la selección de un término de la jerga permite escaparse por la tangente y al mismo tiempo no descubrir el trasero. Es una maniobra elegante y engañosa. Se practica mucho, por lo cual no está demás que, al estar atentos a la jugada, nos animemos a preguntar "¿A qué clase de problemas "culturales" se refiere Ud, por qué cree que son problemas... y desde cuándo empezaron a serlo?"

Resumiendo:

1. Todo texto debe ser leído no sólo literalmente sino también aislando aquellas afirmaciones cruciales. Sería como pasarlo por la máquina de rayos X, y eliminar toda la carne para ver sólo el hueso. 

2. Al realizar esta operación la magia de las palabras, de lo cual saben mucho los poetas, se elimina y se descubren las afirmaciones (o negaciones) fundamentales. Lo primero que se descubre es si hay suficiente información para apoyarlas, o necesitan de nuestra benevolencia para sostenerse

3. Para realizar esta operación se necesita el auxilio de un lenguaje técnico. Sin él puede hacerse, pero pocos son los elegidos que tienen esta facilidad sin entrenamiento específico. Lo más práctico y seguro es intentar dominar una jerga técnica que ponga un poco de luz en el texto en la medida que nos orienta sobre que buscar y como relacionarlo.

Nota: 
no se necesita ser sociólogo para pensar sociológicamente. Muchos excelentes escritores, por ejemplo, realizan en sus libros juicios sobre la sociedad, los individuos y sus relaciones que tienen un gran valor científico. El conocimiento del alma humana y sus problemas no reside en las universidades; quizá algo, pero aún en pequeña parte. Sin embargo me parece un camino extremadamente largo y poco seguro recomendar a cualquiera que se haga escritor para lograr buenas observaciones sociológicas. Es más sencillo ir directamente a los textos de sociología y obtener allí la terminología y las técnicas que razonablemente aplicadas permitan entender un poco mejor nuestra realidad.

Además de los conceptos que ya hemos definido más arriba, y aprovechando lo que espero sea buena disposición de este grupo, atacaré con la pequeña lista que viene a continuación, para que en poco tiempo dispongamos de un lenguaje común:

Aculturación:
Asimilación cultural. Cuando un individuo o un grupo adquiere las características culturales de otro por interacción. Proceso de socialización en otra cultura. Pueden surgir conflictos en cualquier momento.

Interacción:
Forma aparentemente pedante de señalar una relación. Pero que se justifica porque hace hincapié en la acción-y-en-la-reacción. Es un ir y venir que modifica ambos términos de la relación.

Asimilación:
Proceso por el que se deviene semejante. Se aplica preferentemente a los inmigrantes. A los que llegan de otro lado; por lo cual también se puede aplicar a los que vienen de otros grupos con otras costumbres. Un niño adoptado está asimilado en la medida en que no se diferencia de otros miembros de la familia receptora.

Conflicto:
Presencia de tendencias o fuerzas en una situación donde sólo puede ganar una de las partes. El antagonismo no necesariamente es violento. Aquí "ganar" se entiende en un sentido muy general, como "lograr el objetivo propuesto". Hay dos grandes tendencias en la sociología, aquellos estudiosos que consideran al conflicto nefasto, disgregador de una comunidad, y aquellos que, en cambio, lo ven como el motor del cambio. De todos modos, aunque sea un motor, a nadie le gusta el conflicto... sobre todo si previene que va a perder.

Contrasociedad:
El grupo que se constituye aparte de la sociedad dominante y que pretende cambiarla. Un buen ejemplo podría ser el partido comunista (cuando existían... realmente). Otro ejemplo (que mencionan algunos autores) son las sociedades de fundamentalistas religiosos en los países islámicos. Pero en toda sociedad suficientemente grande y compleja se encuentran casos de contrasociedades con sus contraculturas.

Cultura material:
Todos los objetos que las personas hacen, construyen. ¡Ojo! no limitar estos objetos a una clase, *todos absolutamente todos. Es tan "cultura" (en el sentido técnico) una partitura musical como una pistola. Las bombas son también "cultura", en el sentido de no existir sin el ingenio humano.

Cultura inmaterial:
Creaciones humanas no visibles como valores, reglas, costumbres, creencias. Cuando se habla de cultura, a menos que se especifique, usamos el término en este sentido.

Distancia social:
Actitudes de simpatía o antipatía hacia otros grupos humanos. Es un término interesante pero de muy difícil cualificación. No obstante permite darse una idea, digamos, espacial de los individuos en los agrupamientos sociales. Una mayor distancia social implica una menor comunicación, y una menor comunicación... puede traer problemas (a corto o a largo plazo). Aunque, para ser justos, una intensa comunicación es muy probable que origine, también, nuevos problemas. En realidad el concepto de distancia social sólo sirve para constatar algo evidente, que no todo el mundo se siente amigo, cercano, de sus semejantes. Que hay líneas de demarcación invisibles pero muy concretas.

La dificultad intrínseca en los términos sociológicos consiste en que todos (o casi todos) parecen dar a entender un juicio de valor. Es muy difícil desprenderse de la sensación que la distancia social es algo negativo. A pesar de que no aceptaríamos su opuesto, una especie de cercanía y homogeneidad que igualara todas las diferencias. 

Si decimos que un insecto tiene, por definición, 6 patas y que un arácnido en cambio tiene 8, a nadie se le va a ocurrir que estamos valorando mejor a las arañas. Sin embargo esta trampa nos espera constantemente en los estudios sociológicos. Trampa muy sutil porque en ella caen los mismos que inventan los significados técnicos, es decir los propios científicos sociales. ¡Se necesitan términos descriptivos, puramente descriptivos!

Está fuera de este curso... analizar si ello es posible.

Etnocentrismo:
Cuando el propio grupo es el centro y el patrón de medida, y los demás son valorados en relación con él. Todas las culturas son "etnocéntricas". Tienden a considerarse el ombligo del mundo, la medida de lo normal, lo más humano que se pueda apetecer.

La sociología tiende, por su esfuerzo de distanciamiento científico, a cargarse esta idea, y a colocar, en principio, todas las culturas a un mismo nivel valorativo (ya que todas son exitosas en asegurar la supervivencia de su comunidad). Esto asegura al sociólogo riguroso un papel especialmente antipático; el de poner en duda cosas "buenas" que todo el mundo acepta como justas y necesarias.

Grupo:
Conjunto de personas que comparten relaciones de alguna clase. Muchas veces se usa como sinónimo de "sociedad". Ello puede ayudar a la redacción de un párrafo (ya sabemos que en nuestro idioma quedan muy mal las repeticiones) pero resulta desastroso para el discurso científica. 

El término se usa y se abusa de él. Engloba tanto a un número reducido de personas que pueden mantener una relación presencial, cara a cara, y que reconocen cada uno con su nombre y su historia... como a entidades mucho mayores donde ni todos se conocen ni siquieran se reconocen como formando parte de la misma entidad. 

Grupo de pertenencia:
Categoría mucho más técnica que la anterior, señala al grupo del cual el individuo se siente parte. A la "gente como uno". El nombre lo señala con claridad.

Grupo de referencia:
Concepto ligado al anterior. Es el grupo al que el individuo se orienta, toma como ejemplo, para aceptar valores, conductas, maneras de pensar y de sentir.

Los grupos humanos son fuertes cuando sus participantes también los consideran "grupos de referencia". En cambio son débiles cuando algunos o muchos de sus integrantes, si bien "pertenecen" tienen otros grupos externos como "referencia".

Si lo pensamos un momento veremos que es de sentido común. La mayoría de las categorías sociológicas surgen del uso cotidiano; sólo que refinadas poco a poco para que no resulten tan vagas. Algo se ha logrado, aunque comparando, por ejemplo, con la economía (otra ciencia social también muy difusa) la diferencia es exasperante. Los economistas pueden hacer castillos en el aire igualmente arbitrarios... pero tienen mucha más presencia.

Hecho Social:
Cuando existe independiente del individuo y ejerce alguna influencia sobre él (Emile Durkheim). Esta definición del siglo XIX sigue siendo operativa. Un hecho social es un hecho que se impone a la voluntad y a la historia individual. Tiene para el individuo, a los efectos prácticos, el mismo carácter que un fenómeno meteorológico: puede abrir el paraguas, pero no puede eliminarlo ni transformarlo. No es una creación mental.

Modelo:
¡Aquí un concepto clave!... pero tan manido que da pena. Todo el mundo lo tiene en la boca aunque no haga ningún esfuerzo para subirlo hasta el cerebro.

La palabra viene de las construcciones que reproducen un objeto real muy grande, muy poco manipulable; una maqueta, para entendernos. De allí ha saltado a la ciencia para designar la representación (mental) de una realidad compleja que haciéndola funcionar (también imaginativamente) puede observarse como se relacionan sus partes; y los problemas que se presentan.

Tener un "modelo" de un proceso social es fantástico porque nos permite predecir que pasaría si hiciéramos ciertas cosas. Por ejemplo, si introducimos, de golpe, 100.000 inmigrantes del Magreb en España, ¿qué nuevas cuestiones se plantearían en la enseñanza pública?

Fijaos que he acotado deliberadamente el tema a un sólo sector de la sociedad; sólo a un sector. Intentar abarcar toda la sociedad sería imposible dado el desarrollo actual de la teoría sociológica. Y ello nos traslada en volandas a otra cuestión: todo "modelo" necesita de una teoría que le dé soporte. Y no es tan fácil tenerla.

Teoría:
Una teoría es un conjunto de hipótesis coordinadas, con valor explicativo (¡atención! una sola hipótesis no da forma a una teoría). 

Una teoría, luego, es un conjunto armonioso, no contradictorio, de afirmaciones sobre la realidad. Y nos sirve para entenderla, para darle un sentido y no verla como un caos, como un batiburrillo de hechos, colores y ruidos.

Una buena teoría es cara de obtener y tan frágil como un cristal (un sólo hecho comprobado que la contradiga la fractura). Es como jugar al fútbol llevando bajo el brazo un ordenador portátil. Es normal que al finalizar el partido, gane quien gane el ordenador ha perdido. Bien, lo mismo sucede con las teorías. Muy pocas aguantan mucho tiempo. Por eso la gente las preserva no exponiéndolas a la crítica. Pero esto es juego sucio, las teorías están para ser expuestas, las que no son sometidas al fuego incorruptible de la crítica, *duran
Normas:
Preceptos generales que indican como debe ser un comportamiento o como resolver un problema previsto. También puede significarse la conducta habitual mayoritaria; el resultado promedio. O sea que la palabra encierra una ambigüedad, puede ser tanto *lo que hay que hacer como lo que *hace la mayoría. A veces los autores no especifican y uno tiene que realizar una Empezando a pensar

sociológicamente




¿Cómo se puede hacer sociología? ¿Qué es hacer sociología? ¿Difiere el pensamiento sociológico del cotidiano? ¿Se requiere un título universitario habilitante? ¿Puede hacer sociología un no-sociólogo?

Son preguntas que me gustaría responder. Una respuesta provisional, por supuesto; pero algo razonable que ayudara a mis nuevos amigos a transitar la senda por donde otros sabios han ido. Es más fácil hacer sociología que buenos poemas. Y ello sucede porque el proceso es enseñable... cosa que no es posible cuando se intenta escribir poesía.

Empecemos por este mg que me llegó hace muy pocos días, es un poco largo pero tiene una orientación optimista:

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"Los deseos primarios de toda persona son ganar más dinero, progresar y ser felices.
Una forma efectiva de lograr estos anhelos es siendo ricos.
Así como hay personas pobres y personas ricas; hay países pobres y países ricos. La diferencia entre los países pobres y los ricos no es la antigüedad del país. Lo demuestran casos de países como India, China y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad y son Subdesarrollados y Pobres. En cambio, Australia y Nueva Zelanda, que hace poco más de 150 años eran casi desconocidos. Son sin embargo, hoy países desarrollados y ricos.
La diferencia entre países pobres y ricos tampoco está en los recursos naturales con que cuentan, como es el caso de Japón que tiene un territorio muy pequeño y el 80% es montañoso y no apto para la agricultura y ganadería, sin embargo es la segunda potencia económica mundial pues su territorio es como una inmensa fabrica flotante que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados, también a todo el mundo logrando su riqueza.
Tampoco la inteligencia de las personas es la diferencia, como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes en su educación, otro ejemplo son los ejecutivos de países ricos que visitan nuestras fabricas y al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual.
Al estudiar la conducta de las personas en los países ricos se descubre que la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas:
01.. Orden
02.. Limpieza
03.. Puntualidad
04.. Responsabilidad
05.. Deseo de superación
06.. Honradez
07.. Respeto por el derecho de los demás
08.. Respeto a la ley y los reglamentos
09.. Amor al trabajo
10.. Afán por el ahorro y la inversión
Por otro lado en los países pobres, sólo una mínima parte de la población sigue estas reglas en su vida diaria.
Pues ahora que ya conoces la manera de lograr tus anhelos, sólo cambia tu actitud y verás los resultados.
A DIFERENCIA de OTROS mails en cadena si no mandas copia de este mail a más personas, no se va a morir tu perro, ni te van a correr del trabajo, ni tampoco te vas a sacar la lotería por mandarlo, pero sería bueno que lo compartieras con otras personas. Quien sabe, a lo mejor ayuda para que en unos años vivamos en un país desarrollado, además te conviene por el punto número 7 pues tú serías parte de los demás."


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¿Verdad que es optimista? El proceso para salir de la ratonera parece increíblemente fácil. Sin embargo puede suceder que muchas personas coincidan con él, y si no logran tan buenos resultados lo achacarán a su poca voluntad, o ciertas tendencias perversas que cuestan encerrar en la bodega de la personalidad. Un poco de pensamiento sociológico podría reducir nuestra culpa y descubrir donde fallan las anteriores reflexiones.

Hay en el texto algunas afirmaciones, que vale la pena abstraer:

1. "Los deseos primarios de toda persona son..." 
2. "La diferencia entre los países pobres y los ricos no es ... tampoco está..."
3. "... la inteligencia de las personas es ... radica en..."; "
4. "... la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas..." 
5. "... sólo una mínima parte de la población (en los países pobres las) sigue..." 
6. "(en) ...unos años vivamos en un país desarrollado".

El autor del texto, muy prudentemente, se abstiene de mencionar la cantidad de años; aunque da a entender (sentido que se puede deducir por la construcción general del texto) que es un tiempo menor al de una vida humana... ya que si no, carecería de interés real para el individuo, tomarse tanto trabajo 

Al principio de esta clase (clase virtual, pero clase al fin) mencioné que el pensamiento sociológico se puede aprender, y para empezar el proceso (imaginemos que lo estamos iniciando) necesitaremos de más palabras para entender a las palabras. Un camino paradójico pero inevitable. Sólo las palabras útiles nos salvan de las inútiles. Veamos, entonces, algunas de las "buenas", de las que nos servirán en este cursillo:

Cultura:
Técnicamente lo es aquello que el ser humano aprende desde la cuna hasta el féretro (se muere diferente en diferentes culturas). 

El concepto es lo opuesto a naturaleza la cual se entiende como lo que el ser humano posee genéticamente y lo pone en acción instintivamente. 

Las relaciones sexuales serían, en este sentido, "naturales", pero la manera como se realiza y los rituales que lo acompañan serían: "culturales". Obsérvese que en lugares distantes esta conducta (la sexual) se presenta con una diversidad de formas aunque en sustancia siempre suceda lo mismo.

El término "cultura" suele ser muy vago. En la retórica actual es de buen gusto mencionar a la "cultura de empresa". Nadie tiene clara idea de lo que ello implica, pero hay una vaga sensación de que tiene que ver con cosas positivas y, probablemente, bastante caras. No obstante su uso vicioso la idea tiene su valor: la "cultura" y lo "cultural" es aquello que resulta de la vida en sociedad, no algo que surja espontáneamente del organismo.

Sociedad:
Otro término que se las trae por su uso intensivo. Sociológicamente significa "el conjunto de seres humanos que conviven en forma estable.". Término intercambiable, en la mayor parte de los casos, por *comunidad. Una sociedad es la red, la matriz (como retóricamente se adorna el pensamiento) donde el individuo se convierte en persona, de animalito salvaje a ciudadano consumista; de bebé gritón a votante disciplinado; aunque, también hay que decirlo, de rosadito embrión a curtido terrorista. Todo lo bueno y lo malo que el ser humano es capaz de producir... resulta de su vida en sociedad.

Con estos dos términos básicos ya tenemos tela para cortar y producir nuevos conceptos. Por ejemplo:

Subcultura:
Como su nombre lo indica una parte de una cultura, una "cultura" en si misma pero subsumida en otra mayor. Se puede hablar de subcultura juvenil, para señalar la manera de comportarse, las normas, pautas y valores de los jóvenes. Formas que son básicamente las mismas de la sociedad en que se encuentran, pero que tienen características propias.

Contracultura:
Aquella cultura cuyas normas, actitudes, valores y estilos de vida se oponen a la cultura dominante. Las contraculturas sobreviven cuando se forman y consolidan "contrasociedades".

El mismo término ya nos hace pensar en que puede existir, en el seno de una sociedad, una cultura predominante, que abarca la mayoría de la población y culturas minoritarias. Pero no toda cultura minoritaria es una "contracultura". Esta última surge de una oposición frontal en cuestiones básicas de organización y funcionamiento societario.

Hagamos, por un momento, un descanso. Estirad las piernas y quizá sea conveniente estimular nuestro cerebro con un café. 

La invención de un concepto (vamos a suponer que cada término implica sólo un concepto, aunque esto no sea real ya que las palabras tienen múltiples significados) lleva a otro, y a otro, y a otro. Y en poco tiempo se va desarrollando un lenguaje específico, una "jerga" técnica. Jerga como sinónimo de una clase de lenguaje, aquél que sólo son capaces de entender los especialistas. No significa una apreciación peyorativa... aunque a veces nos moleste.

Este proceso es inevitable ya que si nos referimos a algo (y si se desea hacer "ciencia") hay que utilizar determinadas palabras y huír de los sinónimos que alegran el texto y reducen su comprensión. Palabras que adquieren tanto por su uso como por la manera que las definimos (el contenido específico que le asignamos) una estabilidad beneficiosa. Se convierten en herramientas para pensar, bisturíes con que hurgar en la realidad.

Más aunque sea triste constatarlo el proceso no es lineal, no puede ser descripto como una línea recta que va de menos a más; tiene sus vueltas, sus trampas y sus imprevistos. El principal problema que presenta una jerga sociológica es su facilidad para ser imitada. Dicho con otras palabras, nada impide que cualquiera se apropie de ella y otorgue a un razonamiento tan superficial como ideológico... la apariencia de un discurso meditado y bien fundado; tal como debe ser un discurso científico.

El actor que actúa representando a un erudito. Si la obra es buena dice cosas interesantes; pero si se inventa el guión en el momento... no podemos esperar nada más que un montón de trivialidades.

Es fácil simular conocimiento en ciencias humanas; y con pena compruebo a menudoo que es un recurso que también emplean los mismos profesionales cuando no tienen nada que decir (o cuando se agota su saber). En vez de guardar un noble silencio, usan la jerga al modo político: gastar tiempo, y engatusar al respetable.

También la comunicación de estos temas se complica porque ninguna palabra es inocente; siempre connota más de lo que denota. O, para decirlo en lenguaje llano, su uso "da a entender" mucho más de lo que afirma o niega. 

Si hablo de problemas "culturales", en el sentido sociológico, estoy hablando de mal funcionamiento o contradicciones en algún aspecto de la cultura (normas, valores, hábitos, etc.). Sin embargo, el uso del término me permite eludir una referencia concreta más comprometedora y además da a entender a mi interlocutor que sobre estas cosas... el que habla "sabe mucho", tanto... que no puede decirlo todo de golpe.

Observad como la selección de un término de la jerga permite escaparse por la tangente y al mismo tiempo no descubrir el trasero. Es una maniobra elegante y engañosa. Se practica mucho, por lo cual no está demás que, al estar atentos a la jugada, nos animemos a preguntar "¿A qué clase de problemas "culturales" se refiere Ud, por qué cree que son problemas... y desde cuándo empezaron a serlo?"

Resumiendo:

1. Todo texto debe ser leído no sólo literalmente sino también aislando aquellas afirmaciones cruciales. Sería como pasarlo por la máquina de rayos X, y eliminar toda la carne para ver sólo el hueso. 

2. Al realizar esta operación la magia de las palabras, de lo cual saben mucho los poetas, se elimina y se descubren las afirmaciones (o negaciones) fundamentales. Lo primero que se descubre es si hay suficiente información para apoyarlas, o necesitan de nuestra benevolencia para sostenerse

3. Para realizar esta operación se necesita el auxilio de un lenguaje técnico. Sin él puede hacerse, pero pocos son los elegidos que tienen esta facilidad sin entrenamiento específico. Lo más práctico y seguro es intentar dominar una jerga técnica que ponga un poco de luz en el texto en la medida que nos orienta sobre que buscar y como relacionarlo.

Nota: 
no se necesita ser sociólogo para pensar sociológicamente. Muchos excelentes escritores, por ejemplo, realizan en sus libros juicios sobre la sociedad, los individuos y sus relaciones que tienen un gran valor científico. El conocimiento del alma humana y sus problemas no reside en las universidades; quizá algo, pero aún en pequeña parte. Sin embargo me parece un camino extremadamente largo y poco seguro recomendar a cualquiera que se haga escritor para lograr buenas observaciones sociológicas. Es más sencillo ir directamente a los textos de sociología y obtener allí la terminología y las técnicas que razonablemente aplicadas permitan entender un poco mejor nuestra realidad.

Además de los conceptos que ya hemos definido más arriba, y aprovechando lo que espero sea buena disposición de este grupo, atacaré con la pequeña lista que viene a continuación, para que en poco tiempo dispongamos de un lenguaje común:

Aculturación:
Asimilación cultural. Cuando un individuo o un grupo adquiere las características culturales de otro por interacción. Proceso de socialización en otra cultura. Pueden surgir conflictos en cualquier momento.

Interacción:
Forma aparentemente pedante de señalar una relación. Pero que se justifica porque hace hincapié en la acción-y-en-la-reacción. Es un ir y venir que modifica ambos términos de la relación.

Asimilación:
Proceso por el que se deviene semejante. Se aplica preferentemente a los inmigrantes. A los que llegan de otro lado; por lo cual también se puede aplicar a los que vienen de otros grupos con otras costumbres. Un niño adoptado está asimilado en la medida en que no se diferencia de otros miembros de la familia receptora.

Conflicto:
Presencia de tendencias o fuerzas en una situación donde sólo puede ganar una de las partes. El antagonismo no necesariamente es violento. Aquí "ganar" se entiende en un sentido muy general, como "lograr el objetivo propuesto". Hay dos grandes tendencias en la sociología, aquellos estudiosos que consideran al conflicto nefasto, disgregador de una comunidad, y aquellos que, en cambio, lo ven como el motor del cambio. De todos modos, aunque sea un motor, a nadie le gusta el conflicto... sobre todo si previene que va a perder.

Contrasociedad:
El grupo que se constituye aparte de la sociedad dominante y que pretende cambiarla. Un buen ejemplo podría ser el partido comunista (cuando existían... realmente). Otro ejemplo (que mencionan algunos autores) son las sociedades de fundamentalistas religiosos en los países islámicos. Pero en toda sociedad suficientemente grande y compleja se encuentran casos de contrasociedades con sus contraculturas.

Cultura material:
Todos los objetos que las personas hacen, construyen. ¡Ojo! no limitar estos objetos a una clase, *todos absolutamente todos. Es tan "cultura" (en el sentido técnico) una partitura musical como una pistola. Las bombas son también "cultura", en el sentido de no existir sin el ingenio humano.

Cultura inmaterial:
Creaciones humanas no visibles como valores, reglas, costumbres, creencias. Cuando se habla de cultura, a menos que se especifique, usamos el término en este sentido.

Distancia social:
Actitudes de simpatía o antipatía hacia otros grupos humanos. Es un término interesante pero de muy difícil cualificación. No obstante permite darse una idea, digamos, espacial de los individuos en los agrupamientos sociales. Una mayor distancia social implica una menor comunicación, y una menor comunicación... puede traer problemas (a corto o a largo plazo). Aunque, para ser justos, una intensa comunicación es muy probable que origine, también, nuevos problemas. En realidad el concepto de distancia social sólo sirve para constatar algo evidente, que no todo el mundo se siente amigo, cercano, de sus semejantes. Que hay líneas de demarcación invisibles pero muy concretas.

La dificultad intrínseca en los términos sociológicos consiste en que todos (o casi todos) parecen dar a entender un juicio de valor. Es muy difícil desprenderse de la sensación que la distancia social es algo negativo. A pesar de que no aceptaríamos su opuesto, una especie de cercanía y homogeneidad que igualara todas las diferencias. 

Si decimos que un insecto tiene, por definición, 6 patas y que un arácnido en cambio tiene 8, a nadie se le va a ocurrir que estamos valorando mejor a las arañas. Sin embargo esta trampa nos espera constantemente en los estudios sociológicos. Trampa muy sutil porque en ella caen los mismos que inventan los significados técnicos, es decir los propios científicos sociales. ¡Se necesitan términos descriptivos, puramente descriptivos!

Está fuera de este curso... analizar si ello es posible.

Etnocentrismo:
Cuando el propio grupo es el centro y el patrón de medida, y los demás son valorados en relación con él. Todas las culturas son "etnocéntricas". Tienden a considerarse el ombligo del mundo, la medida de lo normal, lo más humano que se pueda apetecer.

La sociología tiende, por su esfuerzo de distanciamiento científico, a cargarse esta idea, y a colocar, en principio, todas las culturas a un mismo nivel valorativo (ya que todas son exitosas en asegurar la supervivencia de su comunidad). Esto asegura al sociólogo riguroso un papel especialmente antipático; el de poner en duda cosas "buenas" que todo el mundo acepta como justas y necesarias.

Grupo:
Conjunto de personas que comparten relaciones de alguna clase. Muchas veces se usa como sinónimo de "sociedad". Ello puede ayudar a la redacción de un párrafo (ya sabemos que en nuestro idioma quedan muy mal las repeticiones) pero resulta desastroso para el discurso científica. 

El término se usa y se abusa de él. Engloba tanto a un número reducido de personas que pueden mantener una relación presencial, cara a cara, y que reconocen cada uno con su nombre y su historia... como a entidades mucho mayores donde ni todos se conocen ni siquieran se reconocen como formando parte de la misma entidad. 

Grupo de pertenencia:
Categoría mucho más técnica que la anterior, señala al grupo del cual el individuo se siente parte. A la "gente como uno". El nombre lo señala con claridad.

Grupo de referencia:
Concepto ligado al anterior. Es el grupo al que el individuo se orienta, toma como ejemplo, para aceptar valores, conductas, maneras de pensar y de sentir.

Los grupos humanos son fuertes cuando sus participantes también los consideran "grupos de referencia". En cambio son débiles cuando algunos o muchos de sus integrantes, si bien "pertenecen" tienen otros grupos externos como "referencia".

Si lo pensamos un momento veremos que es de sentido común. La mayoría de las categorías sociológicas surgen del uso cotidiano; sólo que refinadas poco a poco para que no resulten tan vagas. Algo se ha logrado, aunque comparando, por ejemplo, con la economía (otra ciencia social también muy difusa) la diferencia es exasperante. Los economistas pueden hacer castillos en el aire igualmente arbitrarios... pero tienen mucha más presencia.

Hecho Social:
Cuando existe independiente del individuo y ejerce alguna influencia sobre él (Emile Durkheim). Esta definición del siglo XIX sigue siendo operativa. Un hecho social es un hecho que se impone a la voluntad y a la historia individual. Tiene para el individuo, a los efectos prácticos, el mismo carácter que un fenómeno meteorológico: puede abrir el paraguas, pero no puede eliminarlo ni transformarlo. No es una creación mental.

Modelo:
¡Aquí un concepto clave!... pero tan manido que da pena. Todo el mundo lo tiene en la boca aunque no haga ningún esfuerzo para subirlo hasta el cerebro.

La palabra viene de las construcciones que reproducen un objeto real muy grande, muy poco manipulable; una maqueta, para entendernos. De allí ha saltado a la ciencia para designar la representación (mental) de una realidad compleja que haciéndola funcionar (también imaginativamente) puede observarse como se relacionan sus partes; y los problemas que se presentan.

Tener un "modelo" de un proceso social es fantástico porque nos permite predecir que pasaría si hiciéramos ciertas cosas. Por ejemplo, si introducimos, de golpe, 100.000 inmigrantes del Magreb en España, ¿qué nuevas cuestiones se plantearían en la enseñanza pública?

Fijaos que he acotado deliberadamente el tema a un sólo sector de la sociedad; sólo a un sector. Intentar abarcar toda la sociedad sería imposible dado el desarrollo actual de la teoría sociológica. Y ello nos traslada en volandas a otra cuestión: todo "modelo" necesita de una teoría que le dé soporte. Y no es tan fácil tenerla.

Teoría:
Una teoría es un conjunto de hipótesis coordinadas, con valor explicativo (¡atención! una sola hipótesis no da forma a una teoría). 

Una teoría, luego, es un conjunto armonioso, no contradictorio, de afirmaciones sobre la realidad. Y nos sirve para entenderla, para darle un sentido y no verla como un caos, como un batiburrillo de hechos, colores y ruidos.

Una buena teoría es cara de obtener y tan frágil como un cristal (un sólo hecho comprobado que la contradiga la fractura). Es como jugar al fútbol llevando bajo el brazo un ordenador portátil. Es normal que al finalizar el partido, gane quien gane el ordenador ha perdido. Bien, lo mismo sucede con las teorías. Muy pocas aguantan mucho tiempo. Por eso la gente las preserva no exponiéndolas a la crítica. Pero esto es juego sucio, las teorías están para ser expuestas, las que no son sometidas al fuego incorruptible de la crítica, *duran
Normas:
Preceptos generales que indican como debe ser un comportamiento o como resolver un problema previsto. También puede significarse la conducta habitual mayoritaria; el resultado promedio. O sea que la palabra encierra una ambigüedad, puede ser tanto *lo que hay que hacer como lo que *hace la mayoría. A veces los autores no especifican y uno tiene que realizar una verdadera labor detectivesca para averiguar cual es el sentido en que se está usando en el texto.

Pautas:
Se usa como sinónimo de "normas". Hay sociólogos que restringen el término para las regularidades observadas. Es decir para lo que vemos que se repite en cualquier fenómeno social. Yo me inclino por este uso limitado, ya que se abarca más cuando se piensa en: "normas y pautas", es decir en lo que-se-debe-hacer y lo que-se-hace-realmente.

Discurso:
En sentido técnico (no de sociología sino en la jerga filosófica) es sinónimo de razonamiento.

El discurso sociológico es el conjunto de proposiciones (afirmaciones y negaciones) sobre diversas cuestiones que se eslabonan como una sucesión de razonamientos. Dicho con otras palabras, el discurso sociológico trata de observaciones extraídas de la investigación empírica, pero observaciones sujetas a las leyes de la lógica y el método científico.

Aunque parezcan hermanos el discurso político es otra cosa (en su sentido habitual; tal como lo usamos a diario). Suele ser una argumentación que tiene poco de razonamiento y mucho de entusiasmo. En este cursillo la palabra tendrá el significado de argumentación razonada.

Nos quedan, aún, algunas palabras que iremos precisando en las clases siguientes; pero ya podemos utilizar el capital lingüístico adquirido para reflexionar sobre el mensaje que me llegó del Paraguay (no es broma, de este país procede).

Sin embargo... me parece prudente que nos tomemos un descanso. Los temas sociológicos, en pequeñas dosis, no crean anticuerpos.


Carlos Salinas.
fin de la clase 1.
1-febrero-2000


* Volver a  Rincón Sociológico labor detectivesca para averiguar cual es el sentido en que se está usando en el texto.

Pautas:
Se usa como sinónimo de "normas". Hay sociólogos que restringen el término para las regularidades observadas. Es decir para lo que vemos que se repite en cualquier fenómeno social. Yo me inclino por este uso limitado, ya que se abarca más cuando se piensa en: "normas y pautas", es decir en lo que-se-debe-hacer y lo que-se-hace-realmente.

Discurso:
En sentido técnico (no de sociología sino en la jerga filosófica) es sinónimo de razonamiento.

El discurso sociológico es el conjunto de proposiciones (afirmaciones y negaciones) sobre diversas cuestiones que se eslabonan como una sucesión de razonamientos. Dicho con otras palabras, el discurso sociológico trata de observaciones extraídas de la investigación empírica, pero observaciones sujetas a las leyes de la lógica y el método científico.

Aunque parezcan hermanos el discurso político es otra cosa (en su sentido habitual; tal como lo usamos a diario). Suele ser una argumentación que tiene poco de razonamiento y mucho de entusiasmo. En este cursillo la palabra tendrá el significado de argumentación razonada.

Nos quedan, aún, algunas palabras que iremos precisando en las clases siguientes; pero ya podemos utilizar el capital lingüístico adquirido para reflexionar sobre el mensaje que me llegó del Paraguay (no es broma, de este país procede).

Sin embargo... me parece prudente que nos tomemos un descanso. Los temas sociológicos, en pequeñas dosis, no crean anticuerpos.


Carlos Salinas.
fin de la clase 1.
1-febrero-2000


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lunes, 1 de diciembre de 2025

Cap.0. Un antiguo curso de Sociología. Introducción

INTRODUCCIÓN A LA INTRODUCCIÓN


S1-preliminar

"Señoras y caballeros. Lo que les voy a decir es muy importante, así que primero les diré lo que les voy a decir, luego se lo diré, y después les diré lo que les he dicho". (Groucho Marx)

Con éste mensaje comienza el cursillo de "Introducción a la Sociología". Dado que el tema y el trasfondo será la Sociología he considerado pertinente iniciarlo con una cita marxista, aunque, (lo confieso), no es del marxismo ortodoxo.

Prefiero no ocultar que el intento tiene sus peligros. Éstos no son físicos ni siquiera psíquicos, sino puramente metodológicos.

El problema radica en la manera de construir una introducción que no sea ni parcial (sesgada por mis intereses), ni incompleta (olvidando cuestiones sociológicas importantes). Y luego de meditarlo bastante tiempo (varios minutos de análisis sistemático) he llegado a la conclusión que no hay forma de evitar estos riesgos; más aún, aquí afirmo que toda introducción es, por su propia naturaleza, "parcial" e "incompleta".

En mi opinión las "introducciones" deberían ir al final... claro que entonces se llamarían "conclusiones". Esto podría ser motivo de confusión. Sin embargo no cejo en la idea, así que sino al final, por lo menos... en el medio.

De todos modos algo hay que poner al principio... cuando se empieza por él (no siempre en nuestro país se comienza por este lado) y dado que todo principio es, sobre todo al principio, inseguro y reiterativopuedo confirmar que esta introducción adolece de los defectos que arriba menciono (a saber: "sesgada" e "incompleta").

Quizá una manera sencilla de aclarar los límites de mi labor, además de arrojar alguna luz sobre mi enfoque, consista en escribir algunas "reglas de juego" que, de obtener consenso, nos permitan convivir en amable interacción:

1. El cursillo estará destinado a un público heterogéneo, principalmente no especializado. Por lo tanto aquellos que no encajen en este perfil tienen dos opciones: o armarse de paciencia (siempre algo se aprende repasando los viejos temas) o irse. La opción es personal.

Naturalmente pueden aportar su punto de vista en la lista-ayuda. Pero no entraré en polémicas porque suelen ser interminables (y además las pierdo, casi siempre).

2. Se evitará, a menos que sean muy importantes, mencionar autores. Cualquiera puede comprarse una "Introducción a la Sociología" (existen hasta en ediciones de bolsillo) y obtener su cosecha de ellos. Sin embargo aquí no deseo llamar la atención sobre personas sino sobre ideas, por lo tanto eliminaré las referencias habituales. Soy consciente de que el método invierte el camino acostumbrado: primero discutiremos las ideas y sólo a posteriori, y en los casos que se justifiquen, indicaremos quien las produjo y a raíz de qué.

3. Este cursillo (aunque se memorice de carrerilla) no habilita para considerarse "sociólogo" a nadie. Algo obvio, pero prefiero recordarlo por escrito. Sin embargo aspiro a que aporte elementos para pensar "sociológicamente" algunas cuestiones de la vida cotidiana. Ignoro si lo lograré, pero mi esfuerzo va en esa dirección.

4. Apelaré frecuentemente al humor porque la otra alternativa sería ponernos muy tristes, y no es plan. ¡Es tanto lo que no sabemos! (sobre los fenómenos sociales) y tan endeble lo que sí podemos aceptar como válido, que sólo el humor permite perseverar en una actividad tan incierta.

Recordad que es mucho más fácil entender como funciona un reactor nuclear (si nos abocamos a ello seriamente) que comprender a fondo como funciona una pareja casada, para no hablar de un partido político. Las dificultades de comprensión no están únicamente en la complejidad de la conducta sino, sobre todo, en que formamos parte del sistema; no somos marcianos ni neutrales.

5. Enunciaremos a continuación dos leyes (de carácter empírico) que contribuirán a guiar nuestra navegación en la materia evitando los escollos habituales:

Ley nº 1: "todo lo que se afirme en Sociología es discutible; y su valor es relativo... cuando no francamente irritante".

Ley nº 2: "la diferencia entre un sociólogo y el "tonto del pueblo" es real... aunque no siempre sea evidente".

6. Para terminar, un breve comentario práctico.

Los asteriscos '*' señalan una palabra o párrafo que se desea destacar. Y siempre (que lo juzgue necesario) cada mensaje-clase llevará algún ejemplo práctico extraído de fuentes accesibles a todos. También haremos hincapié en la necesidad de conocer el significado de las palabras técnicas. Una cosa es que ignoremos que hablamos... y otra es que ignoremos cómo hablamos. Las palabras deben usarse con precisión; con la mayor precisión posible. A veces este insignificante requisito marca la diferencia entre una afirmación vulgar y una científica.

Carlos Salinas.
31-Enero-2000.

 


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sábado, 25 de septiembre de 2021

NUESTRO "SISTEMA EDUCATIVO"

Vivimos en un mundo contradictorio en el que los que no saben de lo que hablan critican a los que legislan acerca de lo que ignoran. Por eso, uno de sus productos, la 'industria educativa', marcha por unas veredas muy alejadas de los discursos y cantos propios de juegos florales que se supone la quieren mejorar.


Reflexiona Nuccio Ordine:


«Durante décadas hemos asistido en silencio a la degradación del sistema educativo. Solo una minoría impertinente se ha empeñado en expresar el malestar de quienes viven en centros escolares y en universidades que hace tiempo que perdieron su función esencial: formar ciudadanos cultos, solidarios, dotados de sentido crítico y de conciencia civil. De esta manera, en todos los países europeos, como ocurre ahora en España, se reaviva el debate cuando se habla de nuevas reformas. La cuestión, sin embargo, es más compleja. A estas alturas, los ministros de los distintos Estados tienen un margen de maniobra muy limitado que no permite ningún auténtico cambio.


La distribución de fondos para la educación, en efecto, se ha confiado diabólicamente a un infernal mecanismo de recompensas, basado en rígidos sistemas de evaluación. Europa, de manera acrítica, ha importado los instrumentos y parámetros dominantes en Estados Unidos y en el Reino Unido. En pocas palabras, hemos pasado de un exceso a otro: de las holgadas mallas del pasado al estrecho cedazo actual. El término mérito se ha convertido en el salvoconducto para la obtención de fondos, reconocimientos, sellos de excelencia y promociones profesionales para el profesorado.


El problema no atañe a la evaluación en sí misma, positiva y correcta si se ejerce con equilibrio y se basa en valores compartidos. Concierne, en cambio, a los criterios que, de manera despótica, se han establecido para identificar a los meritorios. Se trata, por desgracia, de una lógica que ha terminado imponiendo a centros escolares y a universidades inadecuados modelos empresariales.

Desde la primaria hasta el doctorado, toda la cadena educativa se ha puesto al servicio del llamado crecimiento económico, de las exigencias del mercado y de la empresa.

En definitiva, las teorías neoliberales han impuesto sus principios al mundo de la educación: interacción con la empresa privada, cooperación con los distintos sectores de la economía, competitividad entre escuelas y universidades, prioridad de las “competencias” y “habilidades” que han contribuido a crear una peligrosa visión utilitarista del estudio, la investigación científica y el conocimiento.

Basta con releer las proféticas observaciones de Charles Dickens para comprender qué consecuencias pueden derivarse de una educación modelada sobre las reglas del mercado. En Tiempos difíciles (1854), la escuela de Coketown (fruto de una Inglaterra industrial) está gobernada por el banquero Bounderby y el pedagogo Gradgrind, obsesionados por combatir todo lo que se oponga a la concreción de los hechos y a la producción

(“La escuela era toda hechos. La escuela de dibujo era hechos. Las relaciones entre el patrón y el trabajador eran hechos y todo eran hechos desde la maternidad hasta el cementerio; todo lo que no se podía expresar en números ni demostrar que era posible comprarlo en el mercado más barato para venderlo en el más caro no existía, no existiría jamás en Coketown hasta el fin de los siglos. Amén”).


Enemigo de una enseñanza abierta a la imaginación y a toda forma de curiositas, Gradgrind siempre va “con una regla, una balanza y la tabla de multiplicar en el bolsillo”, listo “para pesar y medir cualquier partícula de la naturaleza humana y para decir exactamente a cuánto asciende”. Para él, la educación y la vida se reducen a “una mera cuestión de números”. A la vez que considera a sus jóvenes alumnos como “pequeños recipientes que debían llenarse de hechos”.


Aquí es posible encontrar, en esencia, algunas de las limitaciones de los sistemas de evaluación actuales. ¿Estamos seguros de que los parámetros cuantitativos y la sofocante máquina burocrática diseñada para determinarlos están construyendo una educación mejor? Más allá de las buenas intenciones, me parece evidente que escuelas y universidades se ven obligadas a trabajar exclusivamente para obtener una buena clasificación.

Sin “resultados” no se obtiene financiación.

En otros términos: quien no acepta los criterios establecidos está destinado a sucumbir. El sistema de medición no se limita a medir. Orienta, sin posibilidad de apelación, el futuro de todo “rendimiento”. De este modo, la evaluación sirve para la reproducción en bucle de un modelo único y, sobre todo, para imponer una lógica que impide imaginar posibles alternativas.


¿Por qué debe medirse la internacionalización de las universidades en función de los cursos en inglés? ¿Por qué entre los criterios figuran los sueldos que los estudiantes ganarán una vez que se gradúen? ¿Por qué la cantidad de los graduados es más importante que su calidad? ¿Tenemos acaso la certeza de que la competencia estimula el crecimiento más que la colaboración? ¿Estamos seguros de que sólo deben fomentarse las asignaturas capaces de garantizar un futuro económico en detrimento de las humanidades? ¿Vale la pena atender a rankings internacionales si tan solo Harvard gasta para sus 20.000 estudiantes casi la mitad de los fondos que reciben las universidades estatales italianas en su conjunto para 1.600.000 alumnos?


La bicicleta eléctrica europea (que se esfuerza con escasos recursos por mantener una prestigiosa educación de masas) no puede competir con una carísima motocicleta de carreras construida para una élite adinerada. Ascender en esos rankings significa renunciar a la educación de muchos para concentrar los recursos en unos pocos elegidos.


Los profesores no son directivos empresariales: su tiempo debe estar dedicado a los estudiantes y a una investigación libre de las absurdas métricas de las agencias nacionales. Y a los jóvenes, en cambio, habría que explicarles que no se estudia para aprender un oficio y que cultivar las propias pasiones vale más que cualquier “éxito” económico. No es el mísero trozo de papel que es un diploma lo que nos hace ricos.


No es Ítaca, como nos recuerda Constantino Cavafis, el objetivo del viaje, sino las experiencias que vayamos teniendo para llegar al destino

(“Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte”).

Nuestra verdadera meta, por decirlo con dos versos maravillosos de Antonio Machado, coincide exactamente con nuestro camino:

 “Caminante no hay camino / se hace camino al andar”.

Corresponde a Europa imaginar una nueva senda para replantearse la verdadera misión de los centros escolares y las universidades, y para devolver la dignidad al papel de los profesores y de los propios estudiantes, considerados pollos de engorde. Solo un acuerdo entre países europeos podría poner fin a este chantaje económico, basado en parámetros impuestos por la banca y las finanzas. Aceptar la lógica neoliberal ha sido un gravísimo error: la educación no representa un gasto sino una inversión indispensable. Incluso lo que no tiene precio puede tener un gran valor. Y si el PIB (Robert Kennedy docet) no mide las cosas más importantes de la vida, una educación basada en el mercado terminará ofreciendo a las generaciones futuras una imagen distorsionada del conocimiento y de la humanidad. La educación debería preparar para poner en cuestión los modelos únicos impuestos por la economía y la tecnología. Debería enseñar que el saber gratuito y el estudio del pasado son fundamentales para hacernos mejores y construir un mundo más solidario. Porque, como recordaba Carlo Levi,

“el futuro tiene un corazón antiguo”.»



Nuccio Ordine es filósofo, autor de La utilidad de lo inútil (Acantilado).

(Publicado en Facebook, por Artimañas José Garrido, el 18-septiembre-2021)

martes, 13 de marzo de 2018

sábado, 10 de marzo de 2018

Isabel II

Dónde se observa la intervención británica para evitar la unificación política de la Península Ibérica:


"Sin embargo, ni Napoleón III quería a un Orleans sentado en el trono de España, ni Inglaterra quería sostener a un Braganza y, mucho menos, a facilitar una posible unión ibérica que limitase su influencia en Portugal. El embajador británico, aun antes de recibir órdenes tajantes en ese sentido, se adelantó a ellas y escribió a Londres: «Pienso que mi obligación aquí es apoyar la monarquía constitucional bajo Isabel II o sus descendientes, mientras no reciba otras indicaciones»." (desde "Isabel II: Una biografía (1830-1904)" de Isabel Burdiel)

"El deseo del Emperador sobre este tema, era que su embajador en Madrid emplease toda su influencia en mantener lo que había pues […] la unión de las dos fracciones de la Península bajo un mismo cetro crearía a las puertas de Francia un estado demasiado poderoso […] el establecimiento de una república sería funesto para los dos lados de los Pirineos y la sustitución de la Reina Isabel por la duquesa de Montpensier reanimaría las esperanzas de los orleanistas […] La coronación de la Princesa de Asturias implicaría una revolución porque obligaría al país a una regencia y a una tutela; es decir, un incidente deplorable a que quizás obligue la necesidad pero que nuestra política no debe en absoluto favorecer. Yo os invito, por lo tanto, en nombre del Emperador, a desaprobar y desanimar todos estos proyectos en todos los momentos en que encuentre ocasión de hacerlo, sin comprometeros en la lucha entre partidos[78]." (desde "Isabel II: Una biografía (1830-1904)" de Isabel Burdiel)

“The Times informaba a sus lectores: Una sola cosa es cierta en el complicado escenario de la política española: que nunca los depositarios del poder en ningún país europeo han caído tan bajo en la estima de la gente como la reina Isabel y sus ministros lo han hecho en la opinión de la nación española […] El motivo del descontento es más moral que político: Ese motivo se ha encontrado en la desagradable inmoralidad de la Corona. Una cierta licencia ha sido habitual en la cabezas coronadas en varias épocas de la historia de Europa, pero nos preguntamos si en cualquier período de la historia moderna —incluso en las cortes de Alemania central a finales del siglo XVII— ha habido una locura de vida tan grande e insidiosa como hay en la corte española a mediados del siglo XIX […] Hay otras causas para la insurrección, pero la que ha añadido fuerza y vigor a ellas ha sido la desesperante depravación de la corte española[112]." (desde "Isabel II: Una biografía (1830-1904)" de Isabel Burdiel)

miércoles, 7 de marzo de 2018

Isabel II. Una biografía de I.Burdiel


Citas extraídas de este libro:

"La práctica política española en las postrimerías de la Década
Moderada guarda grandes similitudes con la francesa previa a la
revolución de 1848. La falta de distinción clara entre negocios y
política había encontrado un terreno abonado en un régimen político
y en un modelo de desarrollo económico cerrado y focalizado en el
Estado, que coadyuvaba a la creciente división interna de los grupos
con acceso al poder. En un mercado estrecho, fuertemente determinado
por la acción estatal tanto en lo político como en lo económico, la
constricción de la libre concurrencia tuvo como resultado la
atomización creciente de los intereses y la consiguiente disolución
interna de cualquier formación política amplia. Un proceso que
afectó especialmente al Partido Moderado que, en sus orígenes, era
ya una formación política muy heterogénea y escasamente cohesionada.
El encogimiento del juego político, crecientemente agudizado,
alcanzó en esos años el extremo de que ninguna" (desde "Isabel II:
Una biografía (1830-1904)" de Isabel Burdiel)

"No hay duda, en primer lugar, de la gran autoridad moral de María
Cristina sobre su hija. El propio Bravo Murillo, escribió sobre su
experiencia en el trato con ambas reinas: «El gran talento, la suma
perspicacia y la larga experiencia de la reina Cristina, la sugerían
medios suaves e indirectos para, sin suscitar en su excelsa hija
celos de autoridad y poder, antes bien, haciendo nacer en ella los
pensamientos que deseaba hacer prevalecer, conseguir que
efectivamente prevaleciesen»[19]. Más allá de las críticas, a menudo
sangrientas, de que fue objeto por su vida privada y política, la
generalidad de los comentaristas de la época, incluidos sus
enemigos, reconocían en María Cristina un talento superior y una
experiencia y sagacidad política considerables, cegados tan sólo por
una avaricia prácticamente sin límites. Aquel talento, y sus amplias
conexiones políticas, la convertían en un punto de referencia
inestimable (o inexcusable) para la totalidad de la familia real y
muy especialmente para la reina Isabel que, por su juventud y
relativa inexperiencia, carecía aún de un círculo personal tan
sólido y bien informado como el de su madre." (desde "Isabel II: Una
biografía (1830-1904)" de Isabel Burdiel)

"no puede subestimarse la ambición personal de la reina. Es cierto
que Isabel II, que contaba por entonces con poco más de veinte años,
parecía estar dedicada casi exclusivamente a sus propios placeres,
mostraba un escasísimo sentido del deber y una nula preparación y
afición por las obligaciones políticas. Sin embargo, desde muy
pronto demostró ser adicta al poder. Un poder concebido, sobre todo,
en términos de representación constante de una situación de
privilegio e irresponsabilidad, de imposición de su voluntad en
detalles frecuentemente nimios que podían oscilar entre una
generosidad cercana al despilfarro y una absoluta falta de
consideración por la situación de las personas que la rodeaban.
Socarrona, extremadamente indolente, ingeniosa y prepotente a la
hora de ridiculizar a sus más allegados, podía hacer esperar horas a
los ministros para despachar con ellos, a la nobleza para comenzar
un baile o una representación musical, a las tropas para revisar una
parada." (desde "Isabel II: Una biografía (1830-1904)" de Isabel
Burdiel)

"Al final de su vida, reconoció ante Benito Pérez Galdós que su
conocimiento de lo que ella llamaba «el arte de gobierno
constitucional y todas esas cosas» había sido siempre muy somero y
continuamente oscurecido por los intereses contrapuestos de las
personas de su entorno. De su conversación con ella, el novelista
concluyó que jamás penetró en su mente, y en su forma de concebir su
poder, la idea de Estado: «Entró, sí, la realeza, idea fácilmente
adquirida en la propia cuna; pero el Estado, el invisible ser
político de la nación [...] rondaba el entendimiento de su majestad
sin decidirse a entrar en él»[21]." (desde "Isabel II: Una biografía
(1830-1904)" de Isabel Burdiel)

"Frente a la regia frialdad y contención de su madre —conocida por
su capacidad para permanecer impasible ante los sucesos más graves—,
Isabel II se quejaba y lloraba públicamente como una adolescente o
una dama ofendida ante las menores contrariedades, y a lo largo de
los años convirtió en costumbre despedir a sus ministros envuelta en
lágrimas tras haberlos engañado con falsas protestas de afecto y
perenne lealtad. Su narcisismo extremado, probablemente más
determinante que su carácter escasamente rencoroso, le hizo pensar
siempre que todo sería, por todos, finalmente olvidado y perdonado.
De la misma forma, y en lo relativo a su conocida vida amorosa
extramatrimonial, la conciencia de su poder (y la amplia tolerancia
de su entorno) explica su desdén por el fingimiento, clásicamente
definido como el homenaje que el vicio paga a la virtud." (desde
"Isabel II: Una biografía (1830-1904)" de Isabel Burdiel)
"la defensa de la Iglesia católica y la dignidad de la Corona. A
estas dos ideas —sustentadas por la tradicional representación de la
nación española como esencialmente católica y monárquica— subordinó
toda su actuación." (desde "Isabel II: Una biografía (1830-1904)" de
Isabel Burdiel)

"Con las Cortes cerradas y la prensa sujeta a una censura creciente,
sin medios para fiscalizar la actuación del Gobierno, la oposición
de moderados, progresistas y demócratas encontró un terreno común de
crítica en el agio rampante y consentido, en las concesiones
estatales realizadas sin ninguna garantía de transparencia, o en
leyes tan arbitrarias como la de Cajas de Ahorros y Montes de
Piedad, pensada exclusivamente para allegar fondos a las extintas
arcas del Estado a costa de la seguridad de los depósitos. La
implicación de la familia real y de su entorno, así como de miembros
del Gobierno en muchos de esos oscuros negocios, se convirtió en
materia de discusión abierta. Entre ellos, destacaron los relativos
al arreglo de la deuda pública, que, en condiciones de acceso
privilegiado a la información, favorecieron a quienes especulaban
desde hacía tiempo con ella, como por ejemplo Nazario Carriquiri y
el marqués de Gaviria, miembros de la camarilla de María Cristina,
cuyo marido y el hermano de éste, el conde Retamoso, eran
importantes acreedores del Estado. En el mismo sentido, causó
escándalo que el Estado comprara el ferrocarril de Langreo a una
empresa deficitaria propiedad de Juan Grimaldi, muy ligado también a
María Cristina y Muñoz. El duque de Parma, por su parte, recibió
importantes sumas de dinero en concepto de «atrasos»; las obras del
puerto de Barcelona fueron otorgadas sin subasta a conocidos amigos
de la familia política de la reina madre; su cuñado Retamoso, junto
con Grimaldi y Riánsares, participaron privilegiadamente en las
obras de canalización del Ebro; y la propia María Cristina, junto
con Carriquiri, hizo lo propio en la construcción del puerto de
Valencia, entre otros casos[40]." (desde "Isabel II: Una biografía
(1830-1904)" de Isabel Burdiel)

"Sin embargo, el abuso de poder, como escribe Fernández de los Ríos,
había producido «en la camarilla palaciega, instrumento de la
reacción teocrático-absolutista, un verdadero vértigo, nada la
contenía, a riesgo de desacreditar al trono»[44]. En un sentido
similar se pronunciaba The Times: Todos los hombres de importancia
en política están en contra de la extraordinaria y destructora
política de la Corte [...] El Palacio es la escena de intrigas entre
Cristina, Muñoz y sus criaturas; lo que sólo puede compararse a los
escandalosos excesos de Godoy. La misma Reina ha estado más de una
vez a punto de destruir la Carta Constitucional que es su mejor
título para el trono, y la casa de Borbón parece tan sólo prolongar
su existencia en España para mostrar al mundo la degradación de una
raza de reyes[45]. Más allá de la retórica clásica de los escritores
demócratas y progresistas de la época, y de los intereses británicos
en la política española, no hay duda de que las soluciones pensadas
desde el ministerio Lersundi para poner fin al aluvión de críticas
que le acosaban a él y a la Corona demuestran un empecinamiento
cercano al vértigo. Más aún cuando, como escribió Turgot, las cosas
podrían haberse reconducido sin grandes problemas porque «la gente
respetable [sólo] quiere un gobierno moderado [...] que le asegure
contra un golpe de Estado y un ciego favoritismo»[46]." (desde
"Isabel II: Una biografía (1830-1904)" de Isabel Burdiel).







DIALOGANDO CON MI IA. SEGUNDA PARTE. JORNADA 19.ª EL PAPEL DE LA ANALOGÍA EN NUESTRO RAZONAMIENTO. II.

DONDE SE CUENTA CÓMO UNA ESCALERA DE CARACOL PUEDE CONDUCIR A LA SABIDURÍA O AL DISPARATE, Y CÓMO NUESTROS DOS DIALOGANTES, NO CONTENTOS CON...