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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Reencarnación discutida

Date: Mon, 17 Jan 2000 23:21:33 -0500
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www.abc.es
El Dalai Lama rechaza la entronización de un nuevo «buda viviente» auspiciada por China 
NUEVA DELHI / PEKIN. Afp, Dpa, Efe 

                    El Dalai Lama, máxima jerarquía del budismo tibetano, no reconoce al nuevo «duda viviente» cuya entronización fue anunciada por China, según indicó este lunes el Gobierno tibetano en exilio en India, acusando a Pekín de realizar un «ejercicio político inútil». «El procedimiento del sistema de reencarnación no ha sido seguido en este caso», según el ministro de Asuntos Religiosos y Culturales.

 Ap El niño reconocido como VI Reting Lama, es felicitado por un funcionario del Gobierno chino en el monasterio de Jokhang (Tíbet) 

                    China anunció el domingo que un niño de 2 años fue entronizado en Lhasa como reencarnación de una importante figura religiosa tibetana fallecida en 1997, el Reting Rinpoché. El nuevo monje, descubierto tras una búsqueda entre 670 niños, sería el encargado de la Regencia tras la muerte del Dalai Lama.

NOMBRAMIENTO POLÍTICO

                    El ministro tibetano, Tashi Wangdi, añadió que se trataba de un «nombramiento político... Si alguien es nombrado políticamente, no ejercerá ninguna influencia sobre el pueblo porque éste no lo aceptará. Es un ejercicio inútil». «La elección de una reencarnación debe efectuarse con la aprobación final de lamas de alto rango y en el caso de lamas importantes como éste, por Su Santidad, el Dalai Lama», explicó Wandgi.

                    Según la agencia oficial china, Xinhua, el nuevo Reting Rinpoché, Soinam Puncog, nació en la región de Lhari (al norte de Lhasa) el 13 de octubre de 1997. La ceremonia de entronización, que se desarrolló en el templo de Johkang en Lhasa, en presencia de las principales autoridades de la región autónoma del Tibet, se produce cuando el XVII Gyalwa Karmapa, única autoridad lamaísta reconocida a la vez por Pekín y por el Dalai Lama, se encuentra en la India esperando obtener el asilo político. Precísamente ayer, el ministro de Defensa indio George Fernandes, dijo que el Karmapa puede quedarse en la India, ya que «no existe ningún inconveniente legal».


Descaradas maniobras políticas para controlar el lamaísmo 
MADRID. Fernando Pastrano 

                    La reciente huida a la India del XVII Gyalwa Karmapa, la tercera autoridad en la jerarquía tibetana, ha prendido la mecha. El nombramiento del VII Reting Rinpoché ha hecho prender la pólvora. Una abierta guerra político-religiosa entre Pekín y Lhasa ha estallado.

                    Tras cincuenta años de invasión, Pekín ha comprendido que es inútil prohibir el budismo en el Tíbet, así que la estrategia actual no es perseguir la religión, sino controlar a sus autoridades.

                    La máxima figura del budismo tibetano, el Dalai Lama, se encuentra exiliado en la India desde 1950, y aunque su postura política se ha suavizado considerablemente en los últimos años, nunca ha renunciado a la libertad religiosa en su país.

                    La segunda autoridad lamaísta es el Panchen Lama. En enero de 1989 su décima reencarnación murió, desatándose inmediatamente la lucha por la sucesión. Los seguidores del Dalai eligieron el 14 de mayo de 1995 al niño Choekyi Nyima, como XI Panchen Lama. Seis meses después Pekín nombró a otro niño, Gyaincain Norbu, para el mismo cargo. Hoy los dos Panchen están fuertemente custodiados por los chinos, con la diferencia de que no se conoce el paradero del nombrado por el Dalai, ni tan siquiera se sabe si está vivo.

                    Por la misma razón (asegurarse el adoctrinamiento político de la jerarquía budista) Pekín se ha dado prisa ahora por encontrar un sucesor al Reting Rinpoché. No es que este monje ocupe un lugar jerárquico comparable al Dalai, al Panchen o al Karmapa, pero el Reting es, según la tradición, la persona designada para la Regencia cuando muere un Dalai. Así, tras la muerte en 1933 del XIII Dalai Lama, la Asamblea Nacional Tibetana nombró regente al V Reting Rinpoché. Él fué quien se encargó de educar al actual Dalai Lama desde que éste fue entronizado en 1937 con sólo dos años de edad, hasta que los soldados chinos le detuvieron en abril de 1947. Un mes después, el V Reting moría en prisión.

                    Su sucesor fue el siguiente instructor del Dalai, hasta que el Dalai huyó a la India, en 1959. Tras una etapa en cierto modo beligerante, que le valió la persecución durante la Revolución Cultural (1966-76), el VI Reting optó por la colaboración con China hasta que murió en 1997. Ahora Pekín le ha buscado sucesor.

JUGADA MAESTRA

                    Todas estas maniobras políticas no podían ser ignoradas por el Dalai Lama. En un gesto sin precedentes, el año pasado la máxima autoridad lamaísta hizo público que, haciendo uso de sus facultades canónicas, había decidido no reencarnarse en el Tíbet. Ya que «el propósito de la reencarnación es continuar el trabajo que queda sin acabar en la vida anterior», la próxima reencarnación del Dalai Lama tendrá lugar en un país que no esté controlado por China. Toda una jugada maestra a la que Pekín ha respondido con la guerra político-religiosa que ahora estalla.

    
Date: Tue, 18 Jan 2000 14:29:42 -0500
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Nuevo "Buda viviente" de dos años 


AFP Enero 17 de 2000.-Por Elisabeth Zingg

Pekín.- Al anunciar la entronización de un nuevo "Buda viviente" de primer plano en el Tíbet, China trata de salvar su imagen tras la huida de uno de los principales dignatarios religiosos tibetanos hacia la India.

El anuncio fue efectuado el domingo en un breve despacho de la agencia oficial China Nueva, dando cuenta de la entronización el domingo de un niño de 2 años como la séptima reencarnación del Rimpotché (lama reencarnado) del monasterio de Reting, al norte de Lhassa.

Un grupo de monjes del monasterio Raiqen determinó que el escogido, de entre un grupo de mas de 700 niños, sería Soinam Puncog, nacido en el distrito Lhari del norte de Lhasa el 13 de octubre de 1997, de padre conductor y madre ama de casa. 

La ceremonia de entronización del nuevo Rimpotché, cuya legitimidad es cuestionada por el Dalai Lama - el principal jefe religioso tibetano que vive en exilio en la India - se desarrolló en el templo de Johkang en Lhassa, en presencia de las principales autoridades de la ciudad y de la región autónoma de Tíbet.

China Nueva subrayó que el vicepresidente de la región autónoma había "presentado un certificado oficial del gobierno regional aprobando el Séptimo Reting", presentado como "una de las figuras más importantes del budismo tibetano". La agencia también aludió a la "tradición patriótica" de sus predecesores.

Su predecesor inmediato, el Sexto Rimpotché de Reting, fallecido en 1997, había sido una figura del Tíbet pro-comunista, lo que no le impidió ser perseguido durante la revolución cultural (1966-76).

El más famoso de los predecesores, el Quinto Rimpotché de Reting, desempeñó un papel de primer orden en el Tíbet después del fallecimiento del 13 Dalai Lama en 1933, cuando fue designado regente para administrar el país a la espera de la entronización del actual Dalai Lama en 1940.

También fue profesor del Dalai Lama, antes de ser detenido en 1947 por el gobierno tibetano por "colusión" con la China. Murió un mes más tarde en prisión, cuatro años antes de la llegada de las tropas chinas a Tíbet.

La entronización del Séptimo Reting se produce cuando el 17 Karmapa, único gran dirigente religioso tibetano reconocido tanto por Pekín como por el Dalai Lama, creó la sorpresa al llegar a India a comienzos de enero tras haber huido de China.

Esa huida dejó en incómoda situación a Pekín, donde se afirmó que salió para procurarse instrumentos de música tradicional y que formalmente no ha desertado.

Los tibetanos del exilio temen que en el futuro China -afectada por esta huida- pueda utilizar al Rimpotché de Reting para "legitimar" la opción de un sucesor para el Dalai Lama actual.

Ya antes de la entronización del domingo, el gobierno en el exilio del Dalai Lama, con sede en Dharamsala en la India, había cuestionado la legitimidad del Séptimo Rimpotché, subrayando que el Dalai Lama en ningún momento fue informado de ello y que toda reencarnación debía ser necesariamente "aprobada por él".

China contaba con el Karmapa para dar crédito a la idea de una versión "patriótica" del budismo tibetano, no vacilando en colocar en primer plano a este muchacho de 14 años para contrarrestar la influencia del Dalai Lama, denunciado como un peligroso "separatista".

El conflicto en torno a la legitimidad de los lamas llevó ya a la designación de dos panchen lama en 1995 (el segundo personaje del budismo lamaísta), uno por Pekín y el otro por el Dalai Lama.

La estrategia de Pekín con esta investidura, según los analistas, sería la de apaciguar el sentimiento separatista que pervive entre los budistas tibetanos y ganarse su favor, aunque existe la opinión de que éstos rechazarán cualquier reencarnación que no sea reconocida por el Dalai Lama. 

El Ministro de Defensa de la India, George Fernandes, declaró ayer que el Karmapa Lama recibiría autorización para quedarse en Dharamsala, aunque no había solicitado asilo político en el país y agregó que la huida del joven no afecta a las relaciones con Pekín.

Editó: MSR

jueves, 10 de abril de 2008

buda viviente

El Dalai Lama rechaza la entronización de un nuevo «buda viviente» auspiciada por China.
www.abc.es
martes 18 de enero de 2000

NUEVA DELHI / PEKIN. Afp, Dpa, Efe

El Dalai Lama, máxima jerarquía del budismo tibetano, no reconoce al nuevo «duda viviente» cuya entronización fue anunciada por China, según indicó este lunes el Gobierno tibetano en exilio en India, acusando a Pekín de realizar un «ejercicio político inútil». «El procedimiento del sistema de reencarnación no ha sido seguido en este caso», según el ministro de Asuntos Religiosos y Culturales.

Ap El niño reconocido como VI Reting Lama, es felicitado por un funcionario del Gobierno chino en el monasterio de Jokhang (Tíbet)

China anunció el domingo que un niño de 2 años fue entronizado en Lhasa como reencarnación de una importante figura religiosa tibetana fallecida en 1997, el Reting Rinpoché. El nuevo monje, descubierto tras una búsqueda entre 670 niños, sería el encargado de la Regencia tras la muerte del Dalai Lama.

NOMBRAMIENTO POLÍTICO

El ministro tibetano, Tashi Wangdi, añadió que se trataba de un «nombramiento político... Si alguien es nombrado políticamente, no ejercerá ninguna influencia sobre el pueblo porque éste no lo aceptará. Es un ejercicio inútil». «La elección de una reencarnación debe efectuarse con la aprobación final de lamas de alto rango y en el caso de lamas importantes como éste, por Su Santidad, el Dalai Lama», explicó Wandgi.

Según la agencia oficial china, Xinhua, el nuevo Reting Rinpoché, Soinam Puncog, nació en la región de Lhari (al norte de Lhasa) el 13 de octubre de 1997. La ceremonia de entronización, que se desarrolló en el templo de Johkang en Lhasa, en presencia de las principales autoridades de la región autónoma del Tibet, se produce cuando el XVII Gyalwa Karmapa, única autoridad lamaísta reconocida a la vez por Pekín y por el Dalai Lama, se encuentra en la India esperando obtener el asilo político. Precísamente ayer, el ministro de Defensa indio George Fernandes, dijo que el Karmapa puede quedarse en la India, ya que «no existe ningún inconveniente legal».

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www.abc.es
martes 18 de enero de 2000
Descaradas maniobras políticas para controlar el lamaísmo

MADRID. Fernando Pastrano


La reciente huida a la India del XVII Gyalwa Karmapa, la tercera autoridad en la jerarquía tibetana, ha prendido la mecha. El nombramiento del VII Reting Rinpoché ha hecho prender la pólvora. Una abierta guerra político-religiosa entre Pekín y Lhasa ha estallado.

Tras cincuenta años de invasión, Pekín ha comprendido que es inútil prohibir el budismo en el Tíbet, así que la estrategia actual no es perseguir la religión, sino controlar a sus autoridades.

La máxima figura del budismo tibetano, el Dalai Lama, se encuentra exiliado en la India desde 1950, y aunque su postura política se ha suavizado considerablemente en los últimos años, nunca ha renunciado a la libertad religiosa en su país.

La segunda autoridad lamaísta es el Panchen Lama. En enero de 1989 su décima reencarnación murió, desatándose inmediatamente la lucha por la sucesión. Los seguidores del Dalai eligieron el 14 de mayo de 1995 al niño Choekyi Nyima, como XI Panchen Lama. Seis meses después Pekín nombró a otro niño, Gyaincain Norbu, para el mismo cargo. Hoy los dos Panchen están fuertemente custodiados por los chinos, con la diferencia de que no se conoce el paradero del nombrado por el Dalai, ni tan siquiera se sabe si está vivo.

Por la misma razón (asegurarse el adoctrinamiento político de la jerarquía budista) Pekín se ha dado prisa ahora por encontrar un sucesor al Reting Rinpoché. No es que este monje ocupe un lugar jerárquico comparable al Dalai, al Panchen o al Karmapa, pero el Reting es, según la tradición, la persona designada para la Regencia cuando muere un Dalai. Así, tras la muerte en 1933 del XIII Dalai Lama, la Asamblea Nacional Tibetana nombró regente al V Reting Rinpoché. Él fué quien se encargó de educar al actual Dalai Lama desde que éste fue entronizado en 1937 con sólo dos años de edad, hasta que los soldados chinos le detuvieron en abril de 1947. Un mes después, el V Reting moría en prisión.

Su sucesor fue el siguiente instructor del Dalai, hasta que el Dalai huyó a la India, en 1959. Tras una etapa en cierto modo beligerante, que le valió la persecución durante la Revolución Cultural (1966-76), el VI Reting optó por la colaboración con China hasta que murió en 1997. Ahora Pekín le ha buscado sucesor.

JUGADA MAESTRA

Todas estas maniobras políticas no podían ser ignoradas por el Dalai Lama. En un gesto sin precedentes, el año pasado la máxima autoridad lamaísta hizo público que, haciendo uso de sus facultades canónicas, había decidido no reencarnarse en el Tíbet. Ya que «el propósito de la reencarnación es continuar el trabajo que queda sin acabar en la vida anterior», la próxima reencarnación del Dalai Lama tendrá lugar en un país que no esté controlado por China. Toda una jugada maestra a la que Pekín ha respondido con la guerra político-religiosa que ahora estalla.
Date: Tue, 18 Jan 2000 14:29:42 -0500
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Nuevo "Buda viviente" de dos años


AFP Enero 17 de 2000.-Por Elisabeth Zingg

Pekín.- Al anunciar la entronización de un nuevo "Buda viviente" de primer plano en el Tíbet, China trata de salvar su imagen tras la huida de uno de los principales dignatarios religiosos tibetanos hacia la India.

El anuncio fue efectuado el domingo en un breve despacho de la agencia oficial China Nueva, dando cuenta de la entronización el domingo de un niño de 2 años como la séptima reencarnación del Rimpotché (lama reencarnado) del monasterio de Reting, al norte de Lhassa.

Un grupo de monjes del monasterio Raiqen determinó que el escogido, de entre un grupo de mas de 700 niños, sería Soinam Puncog, nacido en el distrito Lhari del norte de Lhasa el 13 de octubre de 1997, de padre conductor y madre ama de casa.

La ceremonia de entronización del nuevo Rimpotché, cuya legitimidad es cuestionada por el Dalai Lama - el principal jefe religioso tibetano que vive en exilio en la India - se desarrolló en el templo de Johkang en Lhassa, en presencia de las principales autoridades de la ciudad y de la región autónoma de Tíbet.

China Nueva subrayó que el vicepresidente de la región autónoma había "presentado un certificado oficial del gobierno regional aprobando el Séptimo Reting", presentado como "una de las figuras más importantes del budismo tibetano". La agencia también aludió a la "tradición patriótica" de sus predecesores.

Su predecesor inmediato, el Sexto Rimpotché de Reting, fallecido en 1997, había sido una figura del Tíbet pro-comunista, lo que no le impidió ser perseguido durante la revolución cultural (1966-76).

El más famoso de los predecesores, el Quinto Rimpotché de Reting, desempeñó un papel de primer orden en el Tíbet después del fallecimiento del 13 Dalai Lama en 1933, cuando fue designado regente para administrar el país a la espera de la entronización del actual Dalai Lama en 1940.

También fue profesor del Dalai Lama, antes de ser detenido en 1947 por el gobierno tibetano por "colusión" con la China. Murió un mes más tarde en prisión, cuatro años antes de la llegada de las tropas chinas a Tíbet.

La entronización del Séptimo Reting se produce cuando el 17 Karmapa, único gran dirigente religioso tibetano reconocido tanto por Pekín como por el Dalai Lama, creó la sorpresa al llegar a India a comienzos de enero tras haber huido de China.

Esa huida dejó en incómoda situación a Pekín, donde se afirmó que salió para procurarse instrumentos de música tradicional y que formalmente no ha desertado.

Los tibetanos del exilio temen que en el futuro China -afectada por esta huida- pueda utilizar al Rimpotché de Reting para "legitimar" la opción de un sucesor para el Dalai Lama actual.

Ya antes de la entronización del domingo, el gobierno en el exilio del Dalai Lama, con sede en Dharamsala en la India, había cuestionado la legitimidad del Séptimo Rimpotché, subrayando que el Dalai Lama en ningún momento fue informado de ello y que toda reencarnación debía ser necesariamente "aprobada por él".

China contaba con el Karmapa para dar crédito a la idea de una versión "patriótica" del budismo tibetano, no vacilando en colocar en primer plano a este muchacho de 14 años para contrarrestar la influencia del Dalai Lama, denunciado como un peligroso "separatista".

El conflicto en torno a la legitimidad de los lamas llevó ya a la designación de dos panchen lama en 1995 (el segundo personaje del budismo lamaísta), uno por Pekín y el otro por el Dalai Lama.

La estrategia de Pekín con esta investidura, según los analistas, sería la de apaciguar el sentimiento separatista que pervive entre los budistas tibetanos y ganarse su favor, aunque existe la opinión de que éstos rechazarán cualquier reencarnación que no sea reconocida por el Dalai Lama.

El Ministro de Defensa de la India, George Fernandes, declaró ayer que el Karmapa Lama recibiría autorización para quedarse en Dharamsala, aunque no había solicitado asilo político en el país y agregó que la huida del joven no afecta a las relaciones con Pekín.

viernes, 28 de marzo de 2008

Dala Lama, premio Nóbel 1989

Discurso del Premio Nobel de la Paz de 1989

Hermanos y Hermanas:

Es un honor y un placer estar hoy entre ustedes. Me alegro realmente de ver muchos viejos amigos que han venido de diferentes rincones del mundo y de poder hacer nuevos amigos, a quienes espero encontrar de nuevo en el futuro. Cuando me encuentro con gente de diferentes partes del mundo, siempre recuerdo que todos somos básicamente iguales: todos somos seres humanos. Posiblemente vistamos ropas diferentes, nuestra piel sea de color diferente o hablemos distintos idiomas. Pero eso es superficial; en lo básico, somos seres humanos semejantes u esto es lo que nos vincula los unos a los otros. Además, es lo que hace posible que nos entendamos y que desarrollemos amistad e intimidad.

Pensando sobre lo que podía decir hoy, he decidido compartir con ustedes los problemas comunes con los que todos nosotros, como miembros de la familia humana, nos enfrentamos. Puesto que todos compartimos este pequeño planeta, tenemos que aprender a vivir en armonía y paz entre nosotros y con la naturaleza. Esto no es solamente un sueño, sino una necesidad. Dependemos los unos de os otras en tantas cosas que ya no podemos vivir en comunidades aisladas, ignorando lo que ocurre fuera de ellas. Cuando nos encontramos con dificultades necesitamos ayudarnos los unos a los otros, y debemos compartir la buena fortuna que gozamos. Les hablo solamente como otro ser humano, como un sencillo monje. Si encuentran útil lo que digo, espero que intenten practicarlo.

Hoy también deseo compartir con ustedes mis sentimientos con respecto a la difícil situación y las aspiraciones del pueblo de Tíbet. El Premio Nobel es un premio que ellos bien merecen por su valor e inagotable determinación durante los pasados cuarenta años de ocupación extranjera. Como libre portavoz de mis compatriotas cautivos, hombres y mujeres, siento que es mi deber levantar la voz en su favor. No hablo con un sentimiento de ira u odio contra aquellos que son responsables del inmenso sufrimiento de nuestro pueblo y de la destrucción de nuestra tierra, nuestros hogares y nuestra cultura. Ellos también son seres humanos que luchan por encontrar la felicidad y merecen nuestra compasión. Sólo hablo para informarles de la triste situación de hoy en día en mi país y de las aspiraciones de mi pueblo, porque en nuestra lucha por la libertad, sólo poseemos como única arma la verdad.

La comprensión de que somos básicamente seres humanos semejantes que buscan la felicidad e intentan evitar el sufrimiento, es muy útil para desarrollar un sentido de fraternidad, un sentimiento cálido de amor y comprensión por los demás. Esto, a su vez, es esencial si queremos sobrevivir en el, cada vez más reducido, mundo en que vivimos. Porque si cada uno de nosotros buscamos egoístamente sólo lo que creemos que nos interesa, sin preocuparnos de las necesidades de los demás, acabaremos no sólo haciendo daño a los demás, sino también a nosotros mismos. Este hecho se ha visto claramente a lo largo de este siglo. Sabemos que hacer la guerra nuclear hoy, por ejemplo, sería una forma de suicidio; o que contaminar la atmósfera o el océano para conseguir un beneficio a corto plazo, sería destruir la base misma de nuestra supervivencia. Puesto que los individuos y las naciones están volviéndose cada vez más interdependientes, no tenemos más remedio que desarrollar lo que yo llamo un sentido de responsabilidad universal.

En la actualidad, somos realmente una gran familia mundial. Lo que ocurre en una parte del mundo puede afectarnos a todos. Esto, por supuesto, no es solamente cierto para las cosas negativas, sino que es igualmente válido para los progresos positivos. Gracias a los extraordinarios medios de comunicación tecnológicos, no sólo conocemos lo que ocurre en otra parte, sino que también nos vemos afectados directamente por los acontecimientos de sitios remotos. Nos sentimos tristes cuando hay niños hambrientos en el este de África. Del mismo modo, nos alegramos cuando una familia se reúne, después de una separación de décadas debido al muro de Berlín. Cuando ocurre un accidente nuclear a muchos kilómetros de distancia, en otro país, nuestras cosechas y ganado se contaminan y nuestra salud y sustento se ven amenazados. Nuestra propia seguridad aumenta cuando la paz irrumpe entre facciones que luchan en otros continentes.

Pero la guerra o la paz, la destrucción o la protección de la naturaleza, la violación o el fenómeno de los derechos humanos y libertades democráticas, la pobreza o el bienestar material, la falta de valores espirituales y morales o su existencia y desarrollo y la ruptura o desarrollo del entendimiento humano, no son fenómenos aislados que puedan ser analizados y abordados independientemente. De hecho, están muy relacionados a todos los niveles y necesitan ser tratados con ese entendimiento.

La paz, en el sentido de ausencia de guerra, es de poco valor para alguien que se está muriendo de hambre o de frío. No eliminará el dolor de la tortura infligida a un prisionero de conciencia. Ni tampoco consuela a aquellos que pierden a sus seres queridos en inundaciones causadas por la intensa deforestación en un país vecino. La paz sólo puede durar allí donde los derechos humanos se respetan, donde la gente está bien alimentada y donde los individuos y naciones son libres. La verdadera paz con nosotros mismos y con el mundo a nuestro alrededor sólo se puede lograra través del desarrollo de la paz mental. Los otros fenómenos mencionados anteriormente están también relacionados. Así, por ejemplo, comprendemos que un medio ambiente limpio, riqueza o democracia tienen poco valor frente a la guerra, especialmente la guerra nuclear, y que el desarrollo material no es suficiente para asegurar la felicidad humana.

El progreso material es, por supuesto, importante para el avance humano. En Tíbet prestamos muy poca atención al desarrollo económico y tecnológico, y actualmente nos damos cuenta de que esto fue una equivocación. Al mismo tiempo, el desarrollo material sin un desarrollo espiritual puede causar también graves problemas. En algunos países se concede demasiada atención a las cosas externas y muy poca importancia al desarrollo interior. Creo que ambos son importantes y deben ser desarrollados conjuntamente para conseguir un buen equilibrio entre los dos. Los tibetanos somos siempre considerados por los visitantes extranjeros como gente feliz y jovial. Esto forma parte de nuestro carácter nacional, arraigado en valores culturales y religiosos que acentúan la importancia de la paz mental conseguida por medio de generar amor y bondad hacia todos los seres vivos, humanos y animales. La clave es la paz interior: si se tiene paz interior, los problemas externos no afectarán al profundo sentido de paz y tranquilidad. En este estado mental se pueden afrontar las situaciones con razonamiento y tranquilidad, mientras se mantiene la felicidad interior. Esto es muy importante. Sin paz interior, por muy confortable que sea la vida material, aún se estará preocupado, molesto o triste por diferentes circunstancias.

Por lo tanto, está bien claro que tiene una gran importancia comprender la interrelación entre estos y otros fenómenos y considerar y tratar de resolver los problemas de una forma equilibrada que tenga en consideración los diferentes aspectos. Por supuesto, no es fácil. Pero el intentar resolver un problema tiene poco beneficio si actuando de esta forma creamos otros igualmente serios. Por tanto, no tenemos alternativa: debemos desarrollar un sentido de responsabilidad universal, no sólo en el aspecto geográfico, sino también con respecto a las diferentes cuestiones con las que se enfrenta nuestro planeta.

La responsabilidad no descansa sólo en los líderes de nuestros países o en aquellos que han sido elegidos para hacer un trabajo concreto. Está individualmente en cada uno de nosotros. La paz empieza dentro de cada uno. Cuando poseemos paz interior, podemos estar en paz con nuestro alrededor. Cuando nuestra comunidad está en un estado de paz, esta paz suele ser compartida con nuestras comunidades vecinas. Cuando sentimos amor y bondad hacia los demás, esto no sólo hace que los demás se sientan amados y protegidos, sino que nos ayudan también a nosotros a desarrollar paz y felicidad interior. y hay maneras en las que podemos trabajar conscientemente para desarrollar paz y felicidad interior. Para algunos de nosotros, la forma más efectiva de hacerlo es a través de las prácticas religiosas. Lo importante es que cada uno de nosotros hagamos un esfuerzo sincero de tomar seriamente nuestra responsabilidad por los demás y por el medio ambiente.

Me siento muy alentado por los acontecimientos que están teniendo lugar a nuestro alrededor. Después de que los jóvenes de muchos países, particularmente en el norte de Europa, han hecho repetidas llamadas para que cese la peligrosa destrucción del medio ambiente que se está llevando a cabo en nombre del desarrollo económico, los líderes políticos mundiales están ahora empezando a dar pasos significativos para solucionar este problema. El informe de la Comisión Mundial de Desarrollo y Medio Ambiente al Secretario General de la Naciones Unidas (el informe Brundtland), fue un paso importante para la toma de conciencia de los gobiernos sobre la urgencia de tal cuestión. Serios esfuerzos para llevar la paz a las zonas destrozadas por la guerra y conseguir el derecho de autodeterminación de algunos pueblos, han traído como resultado la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán y el establecimiento de la independencia de Namibia. Gracias a los esfuerzos populares no violentos, cambios dramáticos han ocurrido en muchos lugares, desde Manila, en Filipinas, a Berlín, en la Alemania del Este, acercando muchos países a una verdadera democracia. Con la era de la guerra fría aparentemente terminada, la gente vive en todas partes con renovada esperanza. Lamentablemente, los valerosos esfuerzos del pueblo chino para traer un cambio similar a su país fueron brutalmente aplastados en el pasado mes de junio. Pero sus esfuerzos son también una fuente de esperanza. El poder militar no extinguido el deseo de libertad y la determinación del pueblo chino por lograrla.

En particular, admiro el hecho de que estos jóvenes, a los que se les ha enseñado que "el poder crece con los cañones de los fusiles", hayan elegido en cambio el uso de la no-violencia como arma.

Estos cambios positivos indican que la razón, el valor, la determinación y el inextinguible deseo de libertad, puedan finalmente vencer. En la lucha entre las fuerzas de la guerra, violencia y opresión por una parte, y la paz, razón y libertad por otra, estas últimas están ganando terreno. Esta situación nos da a los tibetanos la esperanza de que también nosotros un día seremos libres de nuevo.

La concesión del Premio Nobel a un simple monje del remoto Tíbet, aquí en Noruega, también nos llena a los tibetanos de esperanza. Quiero decir que, a pesar del hecho de no hemos atraído la atención hacia nuestra difícil situación por medios violentos, tampoco hemos sido olvidados. Esto también quiere decir que los valores que nosotros apreciamos particularmente, nuestro respeto hacia todas las formas de vida y la creencia en poder de la verdad, son hoy reconocidos y fomentados. Es también un tributo a mi maestro, Mahatma Gandhi, cuyo ejemplo es una inspiración para muchos de nosotros. La concesión de este premio es una indicación de que este sentido de responsabilidad universal se está desarrollando. Estoy profundamente conmovido por la sincera preocupación mostrada por mucha gente en esta parte del mundo por el sufrimiento del pueblo del Tíbet. Esto es una fuente de esperanza no sólo para nosotros los tibetanos, sino para todos los pueblos oprimidos.

Como saben, Tíbet ha estado bajo ocupación extranjera durante cuarenta años. Hoy en día, hay estacionadas en Tíbet más de un cuarto de millón de tropas chinas. Algunas fuentes estiman el doble de esa cifra. Durante todo este tiempo, los tibetanos han estado desposeídos de sus más básicos derechos humanos, incluyendo el derecho a la vida, a moverse, a hablar o a practicar sus cultos, mencionando sólo algunos. Más de una sexta parte de la población de seis millones de tibetanos ha muerto como resultado directo de la invasión y ocupación china. Incluso antes de que comenzara la Revolución Cultural muchos de los monasterios, templos y edificios históricos fueron destruidos. Y casi todo lo que quedó fue destruido durante la Revolución Cultural. No deseo hacer hincapié en este punto, que por otra parte es bien conocido. Lo importante es darse cuenta, sin embargo, de que a pesar de la limitada libertad concedida después del año 1979 para reconstruir partes de algunos monasterios y otras muestras de liberalización, los derechos humanos fundamentales son, todavía, violados sistemáticamente. En los últimos meses esta grave situación ha empeorado todavía más.

Si no fuera por nuestra comunidad en el exilio, tan generosamente amparada y apoyada por el gobierno y el pueblo de la India y ayudada por organizaciones e individuos de muchos lugares del mundo, nuestra nación sería poco más que el resto destrozado de un pueblo. Nuestra cultura, religión e identidad nacional hubieran sido efectivamente eliminadas. Lo que ha sucedido es que hemos construido escuelas y monasterios en el exilio y hemos creado instituciones democráticas que sirvan a nuestro pueblo para conservar las semillas de nuestra civilización.

Con esta experiencia tratamos de poner en práctica una plena democracia para el futuro del Tíbet libre. Así, mientras desarrollamos nuestra comunidad en el exilio sobre unas líneas modernas, también cuidamos y preservamos nuestra propia identidad y cultura, y llevamos la esperanza a millones de nuestros compatriotas en el Tíbet.

El problema más urgente en este momento es la masiva afluencia de colonos chinos hacia Tíbet. A pesar de que en las primeras décadas de ocupación un considerable número de chinos fueron transferidos a las zonas orientales de Tíbet -a las provincias tibetanas de Amdo (Chinghai) y Kham, cuya mayor parte ha sido anexionada por la provincia china vecina-, desde 1983 una cantidad sin precedente de chinos han sido alentados por su gobierno a emigrar a todas las zonas de Tíbet, incluyendo el centro y oeste de Tíbet (al que la República Popular China alude como la Región Autónoma de Tíbet). Los tibetanos están siendo reducidos rápidamente a una insignificante minoría en su propio país. Este proceso, que amenaza la verdadera supervivencia de la nación tibetana, su cultura y herencia espiritual, aún puede ser detenido e invertido. Sin embargo, esto debe hacerse ahora, antes de que sea demasiado tarde.

El nuevo ciclo de protestas y represión violenta que empezó en Tíbet en septiembre de 1987 y culminó con la imposición de la ley marcial en Lhassa, la capital, en marzo de 1989, fue en gran parte una reacción a esta enorme influencia de los chinos. La información que ha llegado a nosotros en el exilio señala que las marchas de protesta y otras formas de manifestaciones pacíficas continúan en Lhassa y en numerosas parte de Tíbet, a pesar de los severos castigos y trato inhumano dado a los tibetanos detenidos por expresar sus quejas. So se conoce el número de tibetanos muertos por las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones de marzo, y los que han muerto en la cárcel después aunque se cree que son más de doscientos. Miles han sido detenidos o arrestados y encarcelados, y la tortura es algo común.

En base a este empeoramiento de la situación y para prevenir futuros derramamientos de sangre, propuse lo que generalmente se conoce como el Plan de Paz en Cinco Puntos, para la restauración de la paz y los derechos humanos en Tíbet. El año pasado, en mi discurso de Estrasburgo, expliqué los detalles del mismo. Creo que este plan proporciona una estructura razonable y realista para negociar con la República Popular China. Hasta ahora, sin embargo, los líderes chinos no han dado una respuesta constructiva. La brutal represión del movimiento democrático chino en junio de este año (1989), sin embargo, refuerza mi punto de vista de que cualquier solución del problema tibetano sólo será significativa si es apoyada por unas adecuadas garantías internacionales.

El Plan de Paz en Cinco Puntos aborda los asuntos principales y aquellos relacionados con ellos , a los cuales me he referido en la primera parte de mi conferencia. Pedimos:

1) La transformación de la totalidad de Tíbet, incluyendo las provincias orientales de Kham y Amdo, en una zona de "ahimsa" (no-violencia)

2) El abandono por China de la política de traslado de población.

3) El respecto a los derechos humanos y a las libertades democráticas fundamentales del pueblo tibetano.

4) La restauración y protección del entorno natural de Tíbet.

5) El comienzo de negociaciones formales sobre la futura situación de Tíbet y las relaciones entre los pueblos chino y tibetano.

En la conferencia de Estrasburgo propuse que Tíbet se convierta en una entidad democrática y política totalmente autogobernada.

Quiero aprovechar esta oportunidad para exponer el concepto de zona ahimsa o santuario de paz, que es el elemento central del Plan de Paz de Cinco Puntos. Estoy convencido de que es de una gran importancia no sólo para el Tíbet, sino para la paz y estabilidad de Asia.

Mi sueño es que toda la meseta tibetana se convierta en un refugio libre, donde los seres humanos y la naturaleza puedan convivir en equilibrio armonioso y pacífico. Sería un lugar donde la gente de todo el mundo podría venir en busca del verdadero sentido de la paz interior, fuera de las tensiones y presión de una gran parte del mundo. Tíbet podría, en efecto, convertirse en un centro creativo para fomentar y desarrollar la paz.

Éstos son los elementos clave para la propuesta zona Ahimsa:

Toda la meseta tibetana sería desmilitarizada.

La fabricación, las pruebas y el almacenamiento de armas nucleares y otros armamentos en la meseta tibetana serían prohibidos.

· La meseta tibetana sería convertida en el parque natural o bioesfera más grande del mundo. Leyes estrictas se impondrían para proteger la fauna y la flora; la explotación de recursos naturales sería cuidadosamente regulada para no dañar los ecosistemas pertinentes; y se adoptaría una política de desarrollo continuado en las zonas pobladas.

· La fabricación y el uso de la energía nuclear y demás tecnologías que producen residuos peligrosos serían prohibidos.

· Los recursos nacionales y la política estarían dirigidos hacia una promoción activa de la paz y la protección del entorno natural. Las organizaciones dedicadas al fomento de la paz y a la protección de todas las formas de vida encontrarían acogida en Tíbet.

· El establecimiento de organizaciones internacionales y regionales para la promoción y protección de los derechos humanos serían alentados en Tíbet.

La altitud y el tamaño de Tíbet, así como su historia única y profunda herencia espiritual, hacen que pueda perfectamente desempeñar el papel de un santuario de paz en el estratégico corazón de Asia. Esto también estaría de acuerdo con su papel histórico de nación budista pacífica y región "amortiguadora", separando a los grandes y a menudo rivales poderes del continente asiático.

Para reducir las tensiones existentes en Asia, el presidente de la Unión Soviética, el señor Gorbachov, propuso la desmilitarización de las fronteras chino-soviéticas, transformándolas en "fronteras de paz y buena vecindad". El gobierno de Nepal, anteriormente, propuso que el país himaláyico de Nepal, fronterizo con Tíbet, debe convertirse en zona de paz, aunque esta propuesta no incluía la desmilitarización del país.

Para la estabilidad y la paz en Asia, es esencial crear zonas de paz que separen a los mayores poderes y adversarios potenciales del continente. La propuesta del presidente Gorbachov, que también incluye una total retirada de las tropas soviéticas en Mongolia, ayudaría a reducir la tensión y la potencial confrontación entre la Unión Soviética y China. Una zona de verdadera paz debe, evidentemente, ser creada también para separar a los estados más poblados del mundo, China e India.

El establecimiento de la zona ahimsa requeriría la retirada de las tropas e instalaciones militares del Tíbet, lo cual permitiría también a India y Nepal retirar tropas e instalaciones militares de lasa fronteras himaláyicas con Tíbet. Esto tendría que ser llevado a cabo por acuerdos internacionales. Y sería muy interesante y beneficioso para los estados de Asia, particularmente para China e India, puesto que incrementaría su seguridad y al mismo tiempo reduciría la carga económica de mantener una alta concentración de tropas en remotas regiones.

Tíbet no sería la primera región estratégica en ser desmilitarizada. Partes de la península del Sinaí, el territorio egipcio que separa Israel de Egipto, han estado desmilitarizadas desde hace algún tiempo. Por supuesto, Costa Rica es el mejor ejemplo de un país completamente desmilitarizado.

Tíbet no sería tampoco la primera zona convertida en reserva natural o bioesfera. Muchos parques han sido creados a lo largo de todo el mundo. Algunas zonas muy estratégicas han sido convertidas en "parques de la paz" naturales. El Parque de la Amistad, en la frontera de Costa Rica y Panamá, y el proyecto "Sí a la Paz", en la frontera de Costa Rica y Nicaragua, son dos ejemplos.

Cuando visité Costa Rica, pude ver cómo un país puede desarrollarse con éxito sin ejército, para llegar a ser una democracia estable, dedicada a la paz y la protección del entorno natural. Esto confirmó mi creencia de mi visión de Tíbet en el futuro es un plan realista, no meramente un sueño.

Permítanme terminar con una nota personal de agradecimiento a todos ustedes y a nuestros amigos que hoy no se encuentran aquí. La preocupación y el apoyo que han expresado por la difícil situación de los tibetanos nos ha conmovido enormemente, y continúa dándonos valor para luchar por la libertad y la justicia; no con el uso de las armas, sino con las poderosas armas de verdad y la determinación.

Sé que hablo en nombre de todo el pueblo de Tíbet cuando les doy las gracias y les pido que no olviden a Tíbet en este momento tan crítico de nuestra historia. Nosotros también esperamos contribuir al desarrollo de un mundo más pacífico, más humano y más hermoso. El futuro Tíbet libre procurará ayudar a todos los necesitados a lo largo de todo el mundo, a proteger la naturaleza y a promover la paz. Creo que la habilidad de los tibetanos para combinar las cualidades espirituales con una actitud realista y práctica nos permite hacer una contribución especial, por modesta que sea. Ésta es mi oración y esperanza.

Para finalizar, permítame compartir con ustedes una corta oración que me da una gran inspiración y determinación: Por tanto tiempo como dure el espacio tanto tiempo como permanezcan seres vivos, hasta entonces, pueda yo también permanecer para disipar la miseria del mundo.

Muchas gracias.

Su Santidad el Decimocuarto Dalai Lama Tenzin Gyatso. Oslo, Noruega, Diciembre de 1989.

La invasión china del Tíbet

LA INVASIÓN CHINA

Un inicio de siglo complicado


Tutben Gyatso
Su Santidad el decimotercero Dalai Lama Tubten Gyatso (1876-1933), inició un proceso de modernización del Tíbet. En 1903 el coronel británico Francis Younghusband forzó al gobierno tibetano a aceptar un "tratado comercial" con la India que, en realidad, sólo favorecía los intereses británicos. En 1.904 los ingleses enviaron tropas al Tíbet bajo el pretexto de una creciente influencia rusa en la zona y, el Dalai Lama huyó a Mongolia y permaneció en el exilio hasta 1911. Los británicos en 1906 establecieron las bases de un tratado bilateral anglo-chino en virtud del cual el imperio chino adquirió el reconocimiento de su soberanía en el Tíbet a cambio del pago de una gran indemnización a los británicos que, posteriormente retiraron sus tropas. En 1907 los gobiernos británicos y ruso firmaron un acuerdo de no-injerencia en los asuntos tibetanos.

En 1910 el general chino Chao Erh-Feng penetró fácilmente en el Tíbet con el objetivo de anexionar el país a China. Chao, a pesar de la publicidad y, sobre todo de la violencia utilizada no lo consiguió. Después de volver a China, Chao fue ejecutado por el líder nacionalista Yin Chiang-heng, en 1912. En este mismo año los tibetanos logran expulsar a los chinos y proclamar su independencia. En 1914, representantes de los gobiernos británico, chino y tibetano celebraron una conferencia en Simla, donde alcanzaron el acuerdo sobre las relaciones mutuas y, específicamente, las fronteras. En 1918 las tensiones entre China y el Tíbet culminó en un intento de invasión por parte china. Con ayuda británica, se acordó una tregua en septiembre de ese mismo año. Entre 1931 y 1933 se reanudó la guerra chino - tibetana y el Tíbet tuvo que ceder parte de su territorio. A pesar de todo el Tíbet mantuvo su independencia hasta 1950 y los Dalai Lama gobernaron sin injerencias extranjeras.

Después de la muerte del Decimotercer Dalai Lama, el monje Reting Rinpoche fue escogido para ser el regente temporal del Tíbet. Desgraciadamente este monje resultó ser muy autoritario, rompió sus votos monásticos e instauró un gobierno corrupto. Su única contribución importante fue la de procurar la reencarnación del Décimo Cuarto Dalai Lama, descubierto en 1937.

El Decimocuarto Dalai Lama

Tenzin Gyatso

SS.SS. el Decimocuarto Dalai Lama Tenzin Gyatso, nació el 6 de julio de 1935, en el poblado de Takse, Amdo (región al este del Tíbet), en el seno de una familia campesina y recibió el nombre de Lhamo Dondrup. Durante su infancia solía jugar imaginando que viajaba a la capital del Tíbet, a Lhassa.

En 1937 el monje budista Kutsang Rinpoche y el oficial Losang Tsewang fueron enviados al poblado de Takse para encontrar al nuevo Dalai Lama. Para no despertar sospechas, se disfrazaron de mercaderes y no revelaron cual era el objeto de su viaje. En Taske comprendieron que todas las características de aquel lugar eran idénticas a las descripciones de la visión que había tenido el regente del Tíbet, Reting Rinpoche. Tenían delante un lago, un monasterio, una carretera, una casa de tejado azul, un perro marrón y otro blanco y un niño en el porche.

Aquella casa de tejado azul ya había sido visitada por el último Dalai Lama, era la casa de los padres de Dondrup. El monje y el oficial fueron hasta ella y, el niño reconoció a los dos. Dijo que Kutsang era, en realidad, un monje del templo de Sera y que el otro visitante se llamaba Losang Tsewang; afirmaciones totalmente ciertas. Tras la realización de varios test y dos años más tarde, Lhamo Dondrup fue considerado como SS.SS. el Décimo Cuarto Dalai Lama. Fue ordenado monje budista el 22 de febrero de 1940 y recibió su nombre religioso: Jetsum Jambel Ngawang Losang Yeshe Tenzin Gyatso. Asumió el poder temporal y religioso el 17 de noviembre de 1950, a los 16 años de edad.

La invasión final

En 1949 los chinos nacionalistas abandonaron su guarnición en Lhassa. La recién nacida República Popular China (RPC), anunció que "iría a liberar al Tíbet de los invasores extranjeros y reintegrarla a la Tierra Madre" En aquella época había seis extranjeros en el Tíbet. Sin embargo, Mao Tse Tung envió un ejército de 80.000 soldados en 1950. El 23 de mayo de 1951, Pekín impuso un "Acuerdo por la Liberalización Pacífica del Tíbet", que confería a China la defensa y la política exterior del territorio mientras que, la política interior quedaba bajo la jurisprudencia del Dalai Lama. También se acordó el retorno del Panchen Lama, que se le suponía simpatizante chino. Las tropas rojas penetraron en Lhassa el 9 de septiembre de 1951.

En 1952 los chinos implantaron un programa de mejora de las comunicaciones y se construyeron varias carreteras con fines militares, así como varios aeropuertos. Al año siguiente La india reconoció al Tíbet como parte de China y retiró la guarnición que mantenía en dos puestos comerciales de la frontera tibetana. El Dalai Lama fue posteriormente elegido vicepresidente del

Congreso Nacional del Pueblo. En abril de 1955 la India cedió a China el control de las líneas telefónicas, los telégrafos y el servicio postal del Tíbet. En 1956 se estableció un comité para preparar una constitución para el Tíbet, el Dalai Lama fue nombrado Presidente y el Panchen Lama Primer Vicepresidente. En ese mismo año se creó la "Región Autónoma del Tíbet".

En 1956 fuentes indias y nepalíes informaron acerca de levantamientos tibetanos y actividad guerrillera contra el régimen chino. Mao Tse Tung declaró pocos meses más tarde que el Tíbet no estaba aún preparado para el establecimiento del régimen comunista. Durante los últimos meses de 1958 surgieron informaciones acerca de una extendida actividad guerrillera anticomunista en Tíbet occidental. Se consideraba que la rebelión había sido provocada por los intentos de instituir comunas populares, similares a las establecidas en otras partes de China. Poco después los chinos anunciaron que se había pospuesto el establecimiento de las comunas en el Tíbet. A principios de 1959 el Dalai Lama fue invitado por el general chino Dan Guansan para asistir a una representación teatral, en la invitación rezaba lo siguiente: " SS.SS. el Dalai Lama debe venir solo, desarmado y sin guarda espaldas".

La masacre del 10 de marzo de 1959

El 10 de marzo de 1959 de una forma espontanea surgió una gigantesca manifestación pacífica en las calles de Lhassa, donde se pedía la independencia del Tíbet y el final de la represión china, ésta fue brutalmente aplastada por los chinos; se estima que 87.000 tibetanos murieron.

El Dalai Lama y sus familiares tuvieron que disfrazarse para conseguir escapar de las tropas chinas. El 28 de marzo de ese año, el chino Zhou Enlai anunció que el Tíbet estaba bajo control chino; Poco después los chinos nombraron al Panchen Lama jefe de Estado. El Dalai Lama atravesó la frontera con cerca de 100.000 tibetanos. Se establecieron en Dharamsala, en el norte de la India, donde fijaron el nuevo gobierno en exilio, así como la sede del monasterio personal del Dalai Lama, el Namgyal.

El gobierno indio ofreció tierras en el estado de Karnataka (al sur del país), donde actualmente hay cerca de 10.000 exiliados y donde se construyeron nuevas sedes para los monasterios de Drepung, Sera y Ganden.El 21 de octubre, La Asamblea de las Naciones Unidas aprobó una resolución que deploraba la supresión de los derechos humanos en el Tíbet. El 9 de marzo de 1961 se aprobó una resolución similar.

En 1962 una parte del Partido Comunista Chino exigió que el Panchen Lama calificase al Dalai Lama como "reaccionario y traidor". Sin embargo el Panchen Lama envió un documento a las autoridades chinas en donde describía la destrucción sistemática que estaba a sufrir el Tíbet. Poco después el Panchen Lama fue encarcelado y sólo sería liberado en 1977.

En 1965 Tíbet fue convertido formalmente en una región de la RPC y Pekín anunció que la región tendría que sufrir una firme transformación socialista. Durante la Revolución Cultural, la guardia roja maoísta intensificó la persecución anti-religiosa y destruyeron miles de monasterios y monumentos budistas.

A finales de la década de 1970, tras el final de la Revolución Cultural, China mitigó gradualmente su política hacia el Tíbet. Entre 1979 y 1984, el Dalai Lama envió dos delegaciones a Pekín, intentado llegar a un acuerdo. Dichas conversaciones no llegaron a nada concreto pues, los chinos, sólo querían discutir el retorno del Dalai Lama al Tíbet y no los problemas de derechos humanos, situación legal, represión, etc.

Los chinos admitieron en 1980 que Tíbet había sido mal gobernado y anunciaron reformas en la región, permitieron las actividades religiosas y reconstruyeron algunos monasterios destruidos por la guardia roja en un esfuerzo por mejorar sus relaciones con el pueblo tibetano.

En octubre de 1987 y mayo de 1993 hubo violentas manifestaciones de protesta contra el gobierno chino; las autoridades chinas respondieron con varias medidas como la represión violenta de la disidencia, la severa supervisión de la actividad religiosa y la inmigración de colonos chinos de la etnia han para superar en número a la población nativa.

El 24 de enero de 1989 el Panchen Lama condenó la invasión China diciendo que había traído "más destrucción que beneficios"; cuatro días después moría de un ataque al corazón. A los pocos días su maestro y algunos familiares también morían víctimas de un ataque al corazón. En marzo China impuso la ley marcial y, pocos meses después sucedió la masacre de estudiantes chinos en Pekín. Ese mismo año, el Dalai Lama recibió el Premio

Nobel de la Paz siendo, desde ese mismo instante, duramente criticado e insultado por el gobierno chino. (Tanto el Dalai Lama como a quienes le habían concedido el premio). En agosto de 1993 se mantuvieron conversaciones entre los chinos y los representantes del Dalai Lama, si bien no consiguieron cambios sustanciales en la política china.

Luis Ordóñez Gonçalves

LA INVASIÓN CHINA

Dalai Lama

Adam Yauch, del grupo de 'hip-hop' Beastie Boys, charló con el líder espiritual del Tíbet en uno de sus viajes por aquel rincón del mundo.

Una bomba de relojería
Salvar el Tíbet

Entrevista con el Dalai Lama

No hace mucho tuve el honor de entrevistar a su santidad Tenzin Gyatso, el decimocuarto dalai lama del Tíbet. Era la cuarta ocasión que tenía la oportunidad de sentarme junto a él y conversar. En cada reunión me pareció más inspirador e increíble. En cierto sentido, no es más que un ser humano, un hombre amable con una sonrisa y una risa amistosa. Pero hay algo más. Hay una energía extraordinariamente poderosa que emana de él. Es más poderoso que ninguna otra cosa con la que haya tropezado. Los tibetanos dicen que es la encarnación de Avalokiteshvara, el bodhisattva (un ser divino que renuncia a la oportunidad de alcanzar el nirvana para ayudar a la humanidad) de la compasión.

A pesar del genocidio y de la destrucción cultural del Tíbet por el Gobierno chino, el Dalai Lama siempre aboga por la resistencia no violenta. A la vez que lidera a su pueblo en su lucha por la libertad, siempre tiene en cuenta el bienestar del mundo. Toma sus decisiones basándose en lo que más beneficia a su pueblo, al conjunto del planeta, de la especie humana, del universo. El Dalai Lama me habló del sentido de la responsabilidad universal ("debido a la tecnología, el mundo se está convirtiendo en una comunidad global. Todos estamos relacionados. Todos somos iguales. Todos somos responsables"), del concepto budista de interdependencia ("cada acontecimiento depende de unas causas y éstas de otras causas y circunstancias"), de derechos humanos ("la violación de los derechos humanos hoy puede deberse a muchas causas políticas, económicas o a revanchas personales de los gobernantes. Son estas causas las que hay que abordar").

Me habló del sentimiento de cercanía con los demás, como él define el término compasión, y, por supuesto, me habló de la situación en Tíbet.

Adam Yauch. ¿Es optimista respecto a un arreglo pacífico de la situación en Tíbet?

Dalai Lama. Sí, pero primero tenemos que encontrar algún terreno común para el diálogo. Estoy dispuesto a negociar, en cualquier lugar y momento, sin condiciones. Lo importante, sea cual sea el lugar y el momento, es [que exista] una atmósfera de libertad para intercambiar ideas. La independencia es un derecho legítimo de los tibetanos. Desde que los chinos ocuparon el Tíbet, a pesar de algunos cambios positivos, el pueblo ha sufrido enormemente. Pero si nos limitamos a insistir en la independencia, eso tampoco es realista. Busco una vía intermedia.

A. Y. Le he oído decir que las autoridades chinas, aunque hayan provocado tanta destrucción en su país, han sido para usted grandes maestros. Usted habla de dar y recibir, de darles energía positiva mientras hace suya parte de su ira u odio. Para muchos en EE UU esto resulta difícil de imaginar. Allí, los enemigos son enemigos, y los amigos, amigos.

D. L. La condición de ser amigo o enemigo no es permanente, puede cambiar en un año, en una década… La percepción de amigo y enemigo depende de nuestras actitudes mentales. Y se pueden ejercer prácticas como la de dar y recibir que nos capacitan para ese cambio interior.

A. Y. ¿Pero qué ocurre si seguimos teniendo fuertes sentimientos hacia nuestros enemigos?

D. L. Bueno, tal vez sintamos dolor e incomodidad cuando nos topemos con un enemigo y alegría cuando nos encontremos con un amigo. Si nos fijamos, estas emociones fluctuantes a menudo son el resultado de proyecciones mentales.

Considero que los enemigos son seres corrientes que sufren y quieren ser felices al igual que usted o sus amigos. Antes incluso de iniciar la práctica de dar a nuestro enemigo, hay que partir del reconocimiento de que él es igual que nosotros. Tomar las cosas negativas y dar positivas tal vez no resuelva nuestros problemas, pero, mentalmente, es muy útil reducir la infelicidad o los sentimientos desagradables. Si voy por ahí manifestando odio, al final soy yo quien va a perder el apetito, el sueño y la tranquilidad de espíritu.

A. Y. ¿Pueden los no budistas practicar esta técnica de dar y recibir?

D. L. Sí. Los cristianos creen que todas las criaturas fueron creadas por Dios, así que, incluso en este sentido, todos los seres humanos son hermanos. Incluso los no creyentes pueden practicar lo de dar y recibir con amigos. Pero en cuanto a hacerlo con enemigos, no sé [risa muy dulce]. Tal vez hay que esperar a que el enemigo le haga un obsequio [más risas].

A. Y. Se habla de desarme global, pero usted es el primero al que oigo hablar de desarme interior. ¿Qué significa?

D. L. Intentar reducir todas las motivaciones que conducen a un conflicto. Los sentimientos de revancha y de odio son motivaciones muy poderosas, como los de avaricia, envidia, venganza y ambición negativa. Todo conduce al conflicto. Uno de los antídotos más eficaces para superar estas tendencias negativas es examinar la naturaleza de estas emociones basándonos en nuestras propias experiencias sobre sus consecuencias.

A. Y. En Occidente se piensa en el poder como algo que se obtiene mediante el control de otros o con riqueza. Junto a usted, siento que el verdadero poder es la compasión, que procede de la conciencia de uno mismo y de un desarme interior. Querría preguntarle si puede sugerir formas para que yo o cualquier otro pueda cultivar este tipo de fuerza interior.

D. L. Algunos creen que ser no violento es una señal de debilidad o pasividad. Sin embargo, considero que la no violencia es un signo de fuerza. Puede que la violencia resuelva algunos problemas, pero a menudo provoca una gran cantidad de problemas adicionales. Incluso si el objetivo es bueno, utilizar la violencia como medio para alcanzar ese fin puede corromper la bondad del objetivo.

A. Y. ¿Fue duro ser reconocido como el Dalai Lama a una edad tan temprana?

D. L. Cuando era un niño, a veces pensaba que lo hubiera tenido más fácil siendo una persona normal. Solía tener este sentimiento cuando me encontraba a solas en el palacio de Potala, que a menudo era frío e incómodo. Veía a otros niños que volvían de cuidar a los animales y les oía cantar y reír mientras yo tenía que quedarme sentado en mi solitaria habitación y recitar oraciones. Pero a medida que me fui haciendo mayor, comprendí el propósito de la vida. Afrontar nuestros retos puede darnos fuerza interior.

Adam Yauch (Rolling Stone)

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Tíbet

(Historia del Tibet contada por el Dalai Lama).

Si bien los restos arqueológicos encontrados en el Tíbet sitúan a sus primeros moradores hace unos 10.000 años antes de J.C., debido al carácter nómada de las tribus tibetanas, no es hasta hace 2.300 años cuando el Tíbet empieza a tener una presencia clara en la historia.

Para cubrir este período los tibetanos recurren a la mitología y, en algunos viejos textos, se narra que los primeros moradores del Tíbet fueron un mono y una diablesa. Sus descendientes, mitad mono y mitad diablo, tras numerosísimas reencarnaciones cobraron su actual forma humana. Sus maestros, divinidades procedentes de siete reinos celestiales, les enseñaron a comprender el Universo a la vez que les enseñaron a dominar la naturaleza. Así, les enseñaron la agricultura, el dominio del fuego, el arte de la medicina, la herrería o las sutilezas del gobierno y de la política.

Los arqueólogos, por el contra, aseguran que la población tibetana emigró a la región desde el valle de Huang He y desde las regiones de Asia Central habitadas por grupos nómadas túrquicos.

En tiempos prehistóricos, el Tíbet fue un mar interior rodeado de bosques y nevadas montañas que ningún ser humano reivindicaba. Cuando hicieron allí su aparición los hombres, unos cuantos fueron reconocidos como jefes y éstos rigieron la vida de sus tribus.

La fusión de tales tribus para construir la nación tibetana, con Nya Tri Tsenpo como primer rey, se realizó hace casi dos mil años, en el Año del Tigre de Madera, que corresponde al 127 después de J.C. o (según el calendario hindú) 607 años desde la muerte de Buda. A este rey sucedieron otros cuarenta. Durante los reinados de los primeros veintisiete la religión denominada Bon floreció en el país juntamente con numerosas creencias extrañas.

En el reinado del vigésimoctavo soberano, cuyo nombre era Lha-Dho-Ri-Nyen-Tsen, tuvo lugar el mayor acontecimiento de la historia del Tíbet. En manos del rey cayó un volumen conteniendo las enseñanzas de Buda, y de este modo comenzó la propagación del budismo.

El rey trigésimotercero, Song-Tsen Gampo, hizo mucho por afianzar la nueva religión. Fue coronado a los 13 años de edad y que, según la leyenda vivió hasta los 206 años. Entonces, aún en plena juventud, dejó el trono y se retiró a un lugar desconocido para poder rezar y meditar, lugar en el que todavía hoy continua.

Al margen de su figura mitológica Songtsen se casó con dos princesas budistas, una de origen chino, fruto de una alianza matrimonial con la dinastía Tang y la otra de origen indio, lo que le dio oportunidad de conocer ambas civilizaciones y, sobre todo, descubrir la tradición budista del Mahayana (Gran Vehículo), por lo que decidió transformar la nación tibetana de un sistema feudo - militar, a un imperio más pacífico.

A fin de poder llevarlo a cabo, Songtsen, envió estudiantes a la India donde aprendieron el sánscrito pudiendo así empezar a traducir la vasta literatura budista a la lengua tibetana. Bajo el mandato de este rey el Tíbet alcanzó su zenit unificando sus 17 feudos, expandiendo sus fronteras y llegando a tener 40 millones de habitantes.

Este rey nació en el Año del Toro de Tierra (629 después de J.C. o sea 1109 años desde la muerte de Buda) y, siendo joven, mandó que fuera su primer ministro Thonmis-Sam-Bhota a estudiar a la India. De regreso en el Tíbet ministro esbozó el actual alfabeto tibetano. Este rey estableció las nobles costumbres de la vida espiritual y material, formulando diez reglas para los servicios religiosos y dieciséis para al conducta pública. Los templos, incluido el de Jokhang en Lhasa, fueron construidos durante su reinado, así como muchas capillas, y se comenzó la construcción del Potala.

Además de sus tres mujeres tibetanas el rey casó con una princesa china y con otra del Nepal. Quizás a instigación de éstas se trajeron del Nepal y de China dos imágenes de Buda. Ante una de esas imágenes, que se guarda en el Jokhang, oré yo cuando llegué a Lhasa a la edad de cuatro años. Durante el reinado del rey Song-Tsen Campo aprendimos de la India, China y Nepal la destreza en muchos oficios y de este modo mejoró la economía del Tíbet, el pueblo llegó a ser más próspero y feliz y la nación aumentó considerablemente su poderío.

En el reinado del trigésimosexto rey, Tri-Dhi-Tsuk-Tenk, a finales del siglo VII, las fuerzas tibetanas comenzaron un período de guerra contra las zonas fronterizas chinas y las caravanas de la ruta de la seda. El ministro del rey Tak-da-lu-khong llegó a conquistar varias provincias chinas. Esta actitud culminó en el año 763 cuando las tropas tibetanas entraron en China, entonces inmersa en la rebelión de An Lushan, y tomaron la capital Chang'an (La actual Xian). Hasta hoy existe un pilar de piedra frente al Potala en conmemoración de las victorias de aquel ministro.

El trigésimoséptimo rey, Thi-Song-Deu-Tesen, nació en el Año del Caballo de Hierro (790 después de J. C. Y 1270 desde la muerte de Buda). Durante su reinado invitó a visitar al Tíbet a los doctos letrados hindúes Khenchen-Bodi-Sattawa y Lopon-Pema-Samba. Numerosos señores hindúes y tibetanos que comprendían el sánscrito trabajaron entonces en la traducción a la lengua tibetana de las enseñanzas de Buda. En este tiempo el emperador Trisong Detsen fundó el monasterio de Samye con la ayuda de los maestros Padma Sambhava, literalmente "nacido de loto" y de Shantirakshita. Se ordenaron en el Tíbet los primeros siete monjes. También aumentó el poder político del país, de modo que los territorios que se hallaban bajo el dominio del Tíbet se dilataron.

Durante el reinado del cuadragésimo rey, Nga-Thag-Tri-Ral, nacido en el Año del Perro de Fuego (866 años después de J.C., y 1346 años después de la muerte de Buda), el número de monjes del Tíbet había aumentado grandemente. De nuevo hubo guerra con China durante este reinado y de nuevo los tibetanos se apoderaron de grandes zonas de este país. Pero tanto los lamas tibetanos como los monjes chinos, conocidos como hasangs, actuaron de mediadores y consiguieron la paz en 821. En la frontera chino-tibetana en la zona llamada Khung-Khung-Khu-Meru, la frontera quedó marcada con una columna de piedra y otras similares se erigieron frente al palacio del Emperador chino y frente al Jokhang en Lhasa. En los tres pilares se grabó idéntica plegaria, en caracteres chinos y tibetanos, y en ella se decía que ni uno ni otro país debían traspasar las fronteras señaladas.

Bajo la influencia del indio Atisha, que vivió en el Tíbet entre el 1.042 y el 1.055, año en el que murió. Con Atisha los estudios volverán a florecer, la construcción de monasterios aumentó y, la traducción de textos canónicos fue concluida, dando lugar a la producción de textos realmente tibetanos. Debido a la gran influencia del budismo la "Política de la No-Violencia" impidió el resurgimiento de nuevas dinastías.

Estos tres reyes que he mencionado, el trigésimotercero, el trigésimséptimo y el cuadragésimo, se consideran los más grandes de la historia del Tíbet y nuestro pueblo aún les continua honrando.

Sin embargo, en el Año del Pájaro de Hierro (901 después de la muerte de J.C. y 1381 años después de la muerte de Buda) ascendió al trono el cuadragésimoprimer soberano, cuyo nombre fue Lang-Dar-Mar, y su reinado se caracterizó por el afán que puso en deshacer lo que hicieron sus antecesores. Tanto él como sus ministros se esforzaron en destruir la religión de Buda y en cambiar las costumbres del Tíbet. Y, tras un indigno reinado que duró seis años, murió asesinado.

Por tanto, habían transcurrido más de dos mil años desde que reinara el primer monarca tibetano hasta la muerte del cuadragésimoprimer, y durante este tiempo el país había ido acrecentando innecesariamente su poder material y espiritual. Pero tras la muerte de Lang-Dar-Mar el reino se disgregó. El rey tenía dos esposas y dos hijos uno de los cuales no era realmente hijo suyo. Las reinas se enfrentaron, los ministros tomaron partido por una o por otra y al final el Tíbet quedó dividido entre los dos príncipes. Esta división condujo a posteriores subdivisiones y el Tíbet pasó a convertirse en una tierra de pequeños reinos. Así permaneció durante 347 años.

Pero en el siglo XIII del calendario cristiano, el Alto Lama del gran monasterio de Sakya, cuyo nombre era Chogyal-Phag-Pa, fue a China como instructor religioso del emperador Sechen. Y en el Año del Toro de Agua (1253 después de la muerte de J.C. y 1733 desde la muerte de Buda) regresó al Tíbet y se convirtió en legislador de las tres cholkhas, o provincias, siendo así el primero de los reyes-sacerdotes de nuestro país. En los siguientes noventa y seis años, nuestra nación fue gobernada por una sucesión de veinte lamas de Sakya, y, posteriormente, durante los ochenta y seis años desde 1349 a 1435 después de la muerte de J. C., por una sucesión de once lamas de linaje Phamo Drupa. Entonces hubo un retorno a al monarquía secular. Del 1436 al 1565, gobernaron cuatro reyes de la dinastía Rimpong, tres de la dinastía Tsangpa, después de J.C. y 2122 años desde la muerte de Buda) un Dalai Lama recibió el poder temporal sobre el país entero y quedó instaurada la forma actual de gobierno, conocida bajo el nombre de Ganden-Podan. Desde entonces, durante más de trescientos años, los sucesivos Dalai Lamas han sido los jefes temporales y espirituales del Tíbet, gobernando en su nombre los Regentes, durante su minoría de edad o ausencia.

El Tíbet siguió con una política de No Violencia. En los siglos XV y XVI la cantidad de militares disminuyó y la de monjes aumentó. Gendun Drupa, un joven discípulo de Je Tsong Khapa, empezó a liderar una nueva escuela budista llamada Geluk ("modelo de virtud"), también conocidos con el nombre de "Gorros amarillos", por el color de los sombreros que llevan sus mas altos dignatarios.

En esa nueva etapa se impartían nuevas doctrinas, se escribían nuevos textos y se construían monasterios como el de Tashilhunpo, fundado en 1.445 por el propio Gendun. Después de su muerte, un niño tras ser sometido a varios test y que éste realizara varios milagros, fue proclamado como la reencarnación del propio Gendun y el chico fue llamado Gendun Gyatso. En la siguiente reencarnación, nuevamente rodeada de test y de milagros, el niño fue llamado Sonam Gyatso, en su visita a Mongolia en 1.573, Sonam recibió del emperador Altan Khan, debido a la erudución y sabiduría exhibidas por Sonam el título de Dalai "maestro (tan grande o extenso como) el océano"; tradicionalmente se le ha venido en llamar Océano de Sabiduría. Además, como era la tercera reencarnación de Gendun, Sonam pasó a ser conocido como Su Santidad el Tercer Dalai Lama.

Dado que el Dalai Lama se puso bajo la protección de Altan Khan, éste penetró con sus ejércitos en el Tíbet. Una secta rival, formada por la aristocracia tibetana y por los viejos funcionarios, denominada Karmapa ("Gorros Rojos"), se opuso a esta invasión, pero fueron derrotados y, desde entonces los Gorros Amarillos han gobernado en el Tíbet.

El quinto Dalai Lama fue el primero en asumir estos poderes temporales. El primer Dalai Lama había sido discípulo del fundando de la secta Gelukpa, Tsonkhapa. Y estas dos reencarnaciones fueron hombres excepcionalmente sabios. El primero, en cuestiones espirituales, y, el quinto, tanto en éstas como en las materiales. El año 1652 después de la muerte de J.C., el primer emperador manchú de China, Shun-Tse, invitó a visitar a su país al Quinto Dalai Lama, a quien consideraba como su maestro en religión, y lo recibió con los honores debidos a un rey del Tíbet.

Su Santidad el Quinto Dalai Lama Losang Gyatso (1617-1682), "El Grande", fue proclamado rey del Tíbet y fundó los palacios de Ganden y el Pótala. "El Grande" desmilitarizó totalmente el país promoviendo el desarrollo de las instituciones monásticas y continuando con la política de No - Violencia. La independencia del Tíbet fue garantizada por Shun Chih, emperador de los manchú. El "Grande" también contribuyó a que los mongoles practicaran el budismo y que los manchúes defendieran a las sociedades budistas desmilitarizadas a través de un protectorado y que, a la vez, el Dalai Lama fuese el guía espiritual del emperador chino, este acuerdo, llamado por los tibetanos Cho-Yo (Patrón dispuesto), fue firmado en 1.652 La pacificación y desmilitarización de los mongoles, por parte de los tibetanos, fue una de las mayores transformaciones de la historia.

Durante dos siglos y medio de gobierno de los Dalai Lamas, hasta finales del siglo XIX de la era cristiana, existió una relación personal recíproca entre los Dalai Lamas y los emperadores chinos; relación de hegemonía religiosa por una parte y por otra de una bastante endeble secular hegemonía. El emperador nombró a dos oficiales, llamados Ambanes, para representarle en Lhasa. Tenían cierta autoridad, pero la ejercían a través del Gobierno del Dalai Lama, y con el transcurso del tiempo su autoridad fue decayendo.

Durante el reinado de mi gran antecesor, el Décimotercer Dalai Lama, el Tíbet comenzó a ampliar sus relaciones internacionales. Ya he referido cómo el Décimotercer Dalai Lama mejoró las condiciones de vida de nuestro pueblo y cómo reorganizó el ejército. También envió estudiantes a proseguir sus estudios en el extranjero, estableció pequeñas plantas hidroeléctricas e industrias, introdujo el servicio postal y telegráfico, emitiendo sellos, nueva moneda de oro, de plata y de papel. También introdujo cambios en los programas de estudios religiosos en los monasterios de Gelupka. Durante su reinado el Tíbet estableció cierto número de acuerdos internacionales.

Hacia fines del siglo XIX el Gobierno británico en la India empezó a entablar relaciones comerciales con el Tíbet y surgieron entonces varias disputas sin importancia entre ingleses y tibetanos por cuestiones de frontera en la región del Himalaya. Los ingleses tuvieron que optar por discutir estas cuestiones o con los chinos o con los propios tibetanos. Entre China y Tíbet no había sido firmado tratado alguno, excepción hecha de un solo documento fechado de 1247, ya que las pilastras de piedras habían sido fechadas en el año 822, de manera que no había mucha documentación que pudiera ayudar a los ingleses a tomar una decisión. Sin embargo, en 1893 firmaron un acuerdo con China y en él se fijó la frontera, concediéndose a los ingleses ciertos derechos comerciales en el sur del Tíbet.

Pero el gobierno tibetano se limitó a ignorar tal acuerdo. Cuando fueron colocados los monjones limítrofes por las comisiones británica y china, los tibetanos aguardaron a que aquéllos se fueran para hacerlos desaparecer, y cuando el Gobierno del Tíbet contestó que el acuerdo estaba firmado únicamente por China y no tenía por tanto fuerza alguna en el Tíbet. Los pacíficos tibetanos con su forma de ser tolerante habían venido permitiendo a los Ambanes chinos su permanencia en el Tíbet y su convivencia con los tibetanos. Pero era ésta la primera vez que un gobierno extranjero trataba de establecer formalmente un acurdo con nuestro país y los tibetanos jamás habíamos pensado que la mera presencia de los Ambanes en el Tíbet pudiera dar pie al Gobierno chino para alegar un derecho a firmar acuerdos en nuestro nombre. Tampoco habíamos pensado hasta este momento, en que los chinos desearan privarnos de nuestra independencia.

Los ingleses se fueron irritando cada vez más al no poder ejercer sus derechos comerciales y también, sin duda, por la desaparición de los monjones fronterizos. Lord Curzon, el Virrey británico en al India, dijo que consideraba “la soberanía de derecho china sobre el Tíbet como una ficción constituacional, como un artificio político que había sido mantenido únicamente por conveniencia de ambas partes”. En 1903 envió a Lhasa una fuerza militar. Ésta hizo un alto en el camino durante largo tiempo y mientras se encontraba allí el Amban chino envió recado al comandante de la fuerza inglesa diciéndole que salía a su encuentro; pero el Gobierno tibetano no permitió que el Amban saliera de Lhasa. El ejército tibetano atacó a las tropas inglesas y fue vencido por éstas. El Dalai Lama tuvo que huir al este y los ingleses entraron en Lhasa (1904) y firmaron un acuerdo con el Gobierno del Tíbet.

En ausencia del Dalai Lama, el acuerdo fue firmado por el Regente, quien utilizó el sello del Dalai Lama siendo además sancionado el acuerdo por el Gabinete, la Asamblea Nacional y los monasterios de Drepung, Sera y Gaden. En efecto, el Tíbet había realizado un acuerdo internacional como poder soberano. Confirmó las fronteras y los derechos comerciales y, entre otras cosas, se estableció que ningún poder extranjero intervendría en los asuntos del Tíbet sin el consentimiento del Gobierno británico. En todo el documento no se menciona a China ni una sola vez y por esta omisión se la incluye entre los poderes extranjeros no especificados. Tan pronto como se hubo firmado el tratado, las fuerzas británicas salieron del Tíbet y nunca volvieron a amenazarnos.

El Gobierno chino jamás tuvo objeción alguna que hacer a este acuerdo. Dos años más tarde, en 1906, los ingleses debieron de temer una interferencia china en sus derechos comerciales y el Gobierno chino firmo con ellos un documento aceptando formalmente el pacto anglo-tibetano. En compensación los ingleses compartieron con los chinos algunos de sus derechos comerciales. De modo que cuanto quedaba del dominio chino en el Tíbet se daba por terminado hasta donde un acuerdo internacional pueda tener validez.

Sin embargo, Inglaterra se condujo de modo contradictorio. Era la época en que Rusia e Inglaterra se disputaban las “esferas de influencia” en Asia, y, en 1907, firmaron un acuerdo según el cual ambos se comprometían a no intervenir en el Tíbet, y a negociar con él únicamente a través de China, que actuaría como intermediaria. Este acuerdo, en contradicción con los anteriores y a pesar de la experiencia de los ingleses de que la autoridad china sobre el Tíbet era inexistente, aceptaba derechos de soberanía china sobre nuestro territorio.

Derechos de soberanía es un término europeo antiguo y vago, puede definirse como una autoridad nominal o derecho a un control general interno sobre un estado autónomo. Soberanía, en cambio, quiere decir que un determinado Gobierno no tiene libertad propia. El derecho de soberanía se diferencia de la soberanía propiamente dicha por la libertad que el Gobierno del referido país tiene. Pero en este concepto se incluyen casi todos los grados de libertad. Quizás era el término occidental más adecuado pero aún así resultaba bastante impreciso y su utilización ha mantenido en un error a varias generaciones de hombres de Estado occidentales. No tenía en cuanta las recíprocas relaciones espirituales, ni reconocía que tal relación era una mera cuestión personal entre los Dalai Lama y los emperadores manchúes. Existen muchas relaciones orientales de este tipo, que no pueden ser definidas con los prefabricados términos políticos occidentales.

Una explicación de la inconsecuencia británica es que se habían asegurado ya una favorable posición en el Tíbet y ésta no quedaba afectada por el nuevo acuerdo, por lo tanto, estaban con el Tíbet, con el fin de impedir que Rusia hiciera lo propio, dispuestas a renunciar a su derecho de negociar directamente. Pero otra explicación podría ser que los dos primeros tratados estaban firmado por el gobernador británico en al India y el tercero lo fue por el gobernador británico en la India y el tercero lo fue por el Gobierno de Londres, y éste no comprendía bien lo que hizo el otro. La típica relación entre China y el Tíbet pudo haber sido comprendida mejor en la India que en Inglaterra. Pero, en todo caso, ni al Tíbet ni a China se les pidió que firmaran este nuevo acuerdo, y de esta manera el Tíbet no se vio obligado a reconocer el derecho de soberanía.

Una desagraciada consecuencia de la explicación británica a Lhasa es que hizo patente a los chinos que su poder virtualmente no existía, ya que cuando se retiró el ejército inglés, tras haber desecho al tibetano, lo hizo con las mínimas precauciones contra lo que los chinos pudieran tramar. Y a su vez el tratado con Rusia vino a dar la impresión de que se dejaba a los chinos manos libres en el Tíbet, mientras comprometía a los ingleses a la no-intervención. Así fue cómo China, a pesar de su propio tratado con los ingleses, invadió el Tíbet. El Dalai Lama de nuevo se vio obligado a huir para buscar la protección británica en la India y el ejército chino entró el Lhasa en 1910.

Pero la dinastía manchúa se tambaleaba. En 1911 estalló en China la revolución. Fueron suspendidas las pagas y suministros a las tropas chinas que se encontraban en el Tíbet y éstas se amotinaron contra los oficiales. En 1912 los tibetanos lograron expulsar a las que quedaban juntamente con los Ambanes. Así el Tíbet se hizo absolutamente independiente y desde 1912 hasta la invasión china de 1950 ni China y ningún otro país estado gozaron de autoridad alguna sobre él.

Durante la expulsión del ejército chino, el Dalai Lama regresó de la India y declaró que el Tíbet era una nación independiente. Estas declaraciones se estampillaron con un sello que el pueblo tibetano había regalado a los Dalai Lamas en lugar de hacerlo con el que los chinos les obsequiaron hacía muchos años. Algunos viejos documentos tibetanos se hallaban encabezados con las palabras: “ Por orden del Emperador de China, el Dalai Lama es Pontífice del Budismo”. Pero el Décimotercer Dalai Lama había cambiado la fórmula y hecho escribir: “Por orden de Buda...”.

Mas una vez completada y conseguida nuestra independencia, el país retornó a su antiguo aislamiento. No hicimos tratado alguno con China y por consiguiente a nuestra independencia de facto no se le había dado carácter legal internacionalmente.

En el año 1913 los ingleses trataron de dejar arreglada la cuestión, invitando a los representantes chinos y tibetanos a una conferencia en Simla, India. Las tres representaciones se entrevistaron en términos de igualdad y tras larga discusión se comenzó a pergeñar un convenio. En éste los ingleses persuadían a los tibetanos para que accedieran a admitir los derechos de soberanía china, mientras influían en los chinos para que reconocieran la autonomía del Tíbet. Inglaterra y China se obligaban a respetar la integridad territorial del país, a no enviar tropas al interior y a no inmiscuirse en la administración del Gobierno tibetano.

Pero aunque el representante del Gobierno chino había aceptado en principio este acuerdo, el Gobierno de su país se negó a firmarlo, de manera que sólo lo firmaron Inglaterra y el Tíbet, con una declaración marginal según la cual China quedaba desprovista de todos sus privilegios en cuanto al acuerdo, ya que rehusaba firmar. Nunca firmó, y por tanto nunca reclamó su derecho de soberanía en forma legal.

Así quedaron las cosas. El Gobierno chino siguió insistiendo, cada vez que la ocasión se presentaba, en que el Tíbet era una parte de China, pero mientras tanto los chinos carecían de todas autoridad en todo nuestro territorio, y durante treinta y ocho años el Tíbet continuó su camino absolutamente independiente. El Tíbet no tomó parte alguna en la guerra chino-japonesa, y, aún en la Segunda Guerra Mundial, insistió en permanecer neutral sin permitir que se transportara material de guerra de la India a China a través de su territorio.

A lo largo de todo este período, los tibetanos jamás hicieron nada efectivo para demostrar al mundo que eran independientes, porque les parecía innecesario. Los otros gobiernos actuaban de forma que demostraban aceptarlo así. Por tanto, en 1947, cuando se celebró en Delhi una conferencia de todos los países asiáticos, la delegación del Tíbet tomó parte en ella en pie de igualdad con los restantes países, y la bandera tibetana ondeó junto a las de las demás naciones: nadie dudó de su derecho a que así fuera. En el mismo año, tras la independencia de la India, el Gobierno hindú replicó en estos términos al mensaje tibetano:

“El Gobierno de la India tendrá sumo gusto en saber que el Gobierno del Tiber está dispuesto a continuar las relaciones entre amos países, sobre las bases ya establecidas, hasta que se formulen nuevos acuerdos sobre cuestiones que ambas partes puedan desear revisar. Éste es el procedimiento que la India sigue con el resto de los países con lo que ha heredado los tratados de relación que existían en tiempos del Gobierno de Su Majestad Británica”. En 1948 una delegación comercial del Gobierno del Tíbet visitó la India, China Francia, Italia, el Reino Unido y los Estados Unidos de América, y los pasaportes que el Gobierno tibetano les había extendió fueron aceptados por los Gobiernos de todos estos países.

Durante los primeros veintidós años de nuestra independencia, no hubo ningún funcionario chino en el país; pero en 1934, al ocurrir la muerte del Décimotercer Dalai Lama, una delegación china fue enviada a Lhasa con objeto de hacer ofrendas sagradas. Tras haberlas prsentado, la delegación continuó en Lhasa so pretexto de querer terminar ciertas conversaciones sobre la cuestión de la frontera chino tibetana que habían quedado inconclusas. Sin embargo, el comportamiento de estos chinos fue exactamente el mismo que el de nepalíes e ingleses y que, más tarde, el de las misiones hindúas en Lhasa. Pero incluso estos chinos que quedaban fueron expulsados del país en el año 1949.

De esta manera podemos resumir esta breve historia, diciendo que el Tíbet es una nación antigua y bien definida que durante mucho siglos mantuvo relaciones de mutuo respeto con China. Es verdad que hubo épocas en que este país fue una nación fuerte y el Tíbet, en cambio, débil, y también que China lo invadió. Pero, del mismo modo, si retrocedemos en la cronología, hubo tiempos en los que el Tíbet a su vez invadió China.

No hay base histórica alguna para la afirmación de que el Tíbet es una parte de China. Desde el año 1912 hasta el malhadado año 1950, el Tíbet gozó de una perfecta independencia de facto y nuestro régimen jurídico es ahora el mismo exactamente que era en 1912. éste ha sido estudiado y analizado con todo detalle en los últimos años por la Comisión Internacional de Juristas, y, mejor que exponer mi propia opinión sobre el asunto, prefiero dar aquí la conclusión a que llegó tal cuerpo de distinguidos e imparciales especialistas, conllusción que fue sometida a las Naciones Unidas y publicada en su informe sobre “The Question of Tíbet and the Rule of Law” en el año 1959:

“ La posición del Tíbet, a partir del momento de la expulsión de los chino sen el año 1912, puede ser definida como una independencia de facto y existen, como ya se ha expuesto, fuertes razones legales para pensar que toda forma de sometimiento legal a China ha desaparecido. Por eso creemos que los acontecimientos de 1911-1912 marcan el surgir del Tíbet como Estado completamente soberano, independiente de hecho y de derecho del control chino”.

Historia Natural del Cristianismo. Cap. 3.LAS PRIMERAS HEREJÍAS. I.

ÍNDICE 0. Palabras iniciales 1. ¿Cuando aparecen? 2. Qué tenían en común los gnósticos 3. Marción 3.1. Su importancia 3.2. Su historia ...