miércoles, 17 de diciembre de 2008

J.Mª.Carrascal. Radiografía de Franco

Publicado el 05/03/2000
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/15122/Radiografia_de_Franco
Radiografía de Franco
José María Carrascal
Espasa. Madrid, 1999. 218 páginas

Pese a quien pese, la figura del general Franco resulta absolutamente dominante durante un período de la historia de España de aproximadamente cuatro décadas. A pesar de esa circunstancia –y por razones fácilmente comprensibles– no puede decirse que haya sido objeto de numerosos análisis historiográficos de carácter imparcial. Ya en vida aparecieron en el extranjero algunos libros claramente contrarios como los debidos a P. Noury o a Max Gallo. En paralelo, en España se podían adquirir hagiografías como el famoso Centinela de occidente de Galinsoga o, en los últimos años del régimen, biografías de autores extranjeros como Brian Crozier o George Hills, obras que, a pesar de ansiar la imparcialidad, acababan realizando análisis muy favorables al dictador al considerar su gobierno sobre todo desde la perspectiva de la oposición a la política internacional de la URSS. Este panorama se vio ampliado por nuevos intentos historiográficos durante los años posteriores a la muerte de Franco pero, con matices, las obras se dividieron, en buena medida, en apologías de Franco como las debidas a Luis Suárez o Ricardo de la Cierva (ambos autores de aportes que no pueden ser pasados por alto) o diatribas como la escrita por Paul Preston. En términos generales, y sin negar los méritos de esas biografías, no puede negarse que el peso de la política del momento resultaba muy acentuado en sus juicios. A un cuarto de siglo de la muerte de Franco, cuando buen número de españoles no lo conoció o simplemente vivió únicamente sus primerísimos años bajo su régimen, la redacción de una biografía imparcial, distanciada y, sobre todo, privada de partidismos resultaba quizá más que nunca obligada y posible. Llama por ello la atención que ese esfuerzo haya venido realizado por un periodista de prestigio, amén de literato de no escaso mérito, como José María Carrascal. La obra de Carrascal constituye un intento, ampliamente conseguido, de reflexionar sobre la figura de Franco recurriendo a un género biográfico que algunos consideraran cercano al ensayo pero que, en realidad, recupera las mejores tradiciones de la biografía clásica hoy tan injustamente dejada de lado. 

Sin aburrir a un lector medio y no especialista con referencias documentales o bibliográficas a pie de página, Carrascal traza con una amenidad envidiable y una agudeza realmente notable, los jalones de la vida de Franco, los factores que influyeron decisivamente en su existencia e ideología y el balance de su régimen. Incluso las anécdotas relativas a Franco han sido escogidas con un cuidado que casi podría calificarse de puntilloso para arrojar una luz nada despreciable sobre el callado personaje. Resultan especialmente interesantes, por ejemplo, las referencias a un Nicolás Franco que se ocupó de que pagaran la pensión de viudedad a la amante de su padre y a la esposa no legal de su hermano Ramón y que, tras el proceso de Burgos, hizo llegar a su hermano una nota en la que le decía: “Paco, no firmes esas sentencias. Te lo digo porque te quiero. Tu eres un buen cristiano y te arrepentirás luego. Ya estamos viejos”. 

También son considerablemente acertadas las referencias a un Franco que sólo sonrió durante su período de vida en África, que era monárquico aunque detestara la monarquía de Alfonso XIII y que, sin desearlo, con sus preferencias por los tecnócratas en los años sesenta sentó las bases del desarrollo económico y preparó el camino hacia un nuevo régimen de carácter democrático. Es posible que algunos historiadores se sientan ofendidos por la osadía de un periodista que se ha atrevido supuestamente a entrar en su terreno y a escribir una biografía de Franco. De ser así, se equivocarían al hacerlo. Si mañana un extranjero o un joven que deseara saber lo más elemental sobre Franco pidiera al autor de estas líneas una recomendación bibliográfica para ponerse al día, su respuesta sería tenderle como primer paso el libro de Carrascal. 

César VIDAL