viernes, 16 de enero de 2026

Cap. 14. Un antiguo curso de Sociología

Sociología Política


"Un hombre ético es un cristiano con 4 ases en la mano." 
(Mark Twain)

"No sólo estamos convencidos de que sabemos más sobre nuestra política, nuestros negocios y nuestras mujeres de lo que realmente sabemos, sino que estamos convencidos de que lo que no sabemos, carece de importancia"
(Amos Tversky y Daniel Kahneman.«The framing of decisions and the psychology of choice», Science, 1981)

Hay gente que opina que sólo puede hablarse de "filosofía política" (no de "sociología") porque la finalidad última de la acción política pertenece al ámbito de los valores y a la competencia del filósofo (véase Jean Cazeneuve y D.Victoroff. "La Sociología"). Esta clase de certezas resulta de la visión de objetos específicos para cada disciplina. La política encaja aquí y no encaja allá. Pero ya he sugerido que mejor es inclinarse por una visión más amplia: todo puede ser estudiado por cualquier disciplina, sólo que "a su nivel", usando las teorías y herramientas que le son históricamente propias.

En un sentido amplio podemos decir que "política" se refiere a la clase de relación humana que tiene que ver con el poder de decisión de una comunidad o grupo determinado. 

Donde hay poder hay política; sería la idea rectora de ésta clase. 

Dependiendo de la colectividad donde ese poder actúa, se puede hablar de "política" en general, si nos referimos al Estado; "política sindical" si nos referimos a un sindicato o conjunto de organizaciones sindicales; o "política educativa" si nos referimos a las organizaciones sociales que se ocupan de la enseñanza... y así de seguido.

Normalmente, en la parla cotidiana, no se hace distingo entre el hecho político, (el poder y como actúa), de las decisiones que se toman en un área particular; lo que también se llama "las políticas", ej., "¡Hay que cambiar las políticas que sigue el ministerio en relación a las organizaciones agrarias!".

La sociología política está muy ligada a la historia, ya que por un lado no se puede comprender las decisiones que toma un centro de poder sin conocer en que medio se desenvuelve y que problemas pretende resolver; y por el otro porque la misma historia funciona como legitimación de las decisiones políticas. Quiero decir que una decisión será mejor aceptada si se la muestra como manteniendo una relación coherente con otras que se han tomado tiempo atrás, o que responden a lo que suponemos que esas entidades míticas (de carácter histórico) como "patria" o "nación" desean en un momento dado.

Un ejemplo de lo que decimos puede verse en la siguiente información:

www.abc.es
lunes 07 de febrero de 2000
JAÉN. Javier López 

¿Existen similitudes entre Franco y Sabino Arana? Al menos una: ambos manipularon la arqueología para legitimar sus posturas políticas. Así se deduce del trabajo «Una Arqueología para dos Españas», elaborado por el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica con la financiación de la UE, bajo la dirección del catedrático de Historia de la Universidad de Jaén Arturo Ruiz.


Prat de la Riba, padre del nacionalismo catalán.
ARCHIVO 
Aunque el objetivo inicial del proyecto consistía sólo en analizar los archivos, el estudio refleja también la utilización de los hallazgos para apuntalar la política de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se gestan los nacionalismos.

El epicentro de la polémica nacionalista es la cultura ibérica, raíz primigenia de la nación española. Franco, tras ganar la Guerra Civil, necesitaba un pasado a la altura de la Europa con la que sintonizaba ideológicamente. Los iberos no servían como ancestros a un régimen que simpatizaba con la Alemania nazi. Por este motivo los teóricos del franquismo negaron su existencia como pueblo para sustituirlos por los celtas, vinculados por origen a centroeuropa, «reserva» de la raza aria que preconizaba Hitler. «Llegaron incluso a decir, para demostrar que no existieron los iberos, que los celtas, al entroncar con las culturas clásicas, como Roma, se iberizan», indica Ruiz.

CAMBIAR DE REGISTRO

El catedrático asegura que Sabino Arana también depuró los archivos arqueológicos para calificar a los vascos como pueblo incontaminado por la mezcla con otras culturas. El precursor del nacionalismo vasco tuvo que volver la historia del revés para romper la teoría admitida durante el siglo XVIII y parte del XIX, el vascoiberismo, según el cual los vascos son los últimos iberos y la lengua vasca, la lengua ibera. Dado que los iberos se identificaban con España, Arana cambió de registro. Los iberos, afirmó, nunca llegaron al País Vasco. «Cosa que es cierta, pero que él negó sin saberlo», indica el coordinador del proyecto para resaltar la utilización política que de la arqueología hizo quien pretendió atribuir rasgos exclusivos de país al pueblo vasco. Para conseguirlo hizo el uso que le convenía de la información histórica que producían los arqueólogos, de manera que con la selección de ciertos elementos sustentaba su hipótesis nacionalista.

Cataluña es el tercer ejemplo de manipulación. El estudio resalta de qué manera los teóricos nacionalistas catalanes modificaron sus vínculos con el pasado para que no coincidieran con los del nacionalismo español. Con tan mala fortuna que a la vez que modificaban el curso de la arqueología lo hacían también, en la misma dirección, los españoles. A mediados del siglo XIX, Cataluña identificaba a los celtas como sus pobladores más antiguos. Igual ocurría en el resto de España. La coincidencia incomodaba a los nacionalistas catalanes, que intentaban mostrar un pasado único. La situación propició una tendencia para sustituir a los celtas por los iberos.

Tanto es así que Prat de la Riba, teórico del nacionalismo catalán, expuso en 1906 que los iberos son los primeros pobladores de los territorios de Cataluña. Sin embargo, los teóricos del nacionalismo español también señalaron por esas fechas a los iberos como raíz. Había pues que modificar el discurso. En 1929, Bosch Gimpera, arqueólogo vinculado al nacionalismo catalán, asegura que las tribus iberas de Cataluña, los ausetanos, no son ibéricas porque los yacimientos no se corresponden con los elementos de esta cultura.

HISTORIA A LA MEDIDA

Arturo Ruiz resalta que la manipulación, que él prefiere definir como proceso de legitimación, no es burda, aunque sí interesada: «Los nacionalistas no se inventan su historia, pero al coger lo que les conviene la adecuan a su propósito. Seleccionan la información arqueológica para justificar el nacionalismo».

El proyecto ha descubierto en los archivos la utilización política del material de arqueólogos que trabajaron entre mediados del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Al analizar una información en principio arqueológica surge de manera espontánea el debate del nacionalismo, según indica el coordinador del estudio, quien resalta que el trabajo estudia el periodo entre 1890 y 1950 para que la distancia cronológica permita un nivel de objetividad superior.

Ruiz es cauto al decir si persiste hoy la manipulación, aunque admite que los nacionalistas escarban selectivamente en el pasado.

El artículo sería más equilibrado si terminara diciendo que todos los políticos (aunque los nacionalistas tengan particular predicción por esta operación intelectual) escarban en el pasado buscando la legitimación que les de más poder en el presente. 

La sociología política busca el poder donde se encuentra, y éste se halla en cualquier organización. La prima donna de las organizaciones es...¡el Estado! Éste es una organización que controla la vida de los seres humanos en la mayor parte de la Tierra. Ya no queda ninguna parcela libre en el mundo que no esté reclamada por un Estado. A menos que nos vayamos a otro planeta aquí no tenemos más remedio que lidiar con esta peculiar organización humana.

El Estado no tiene nada de divino, es una organización como cualquier otra, sólo que monopoliza un territorio. No hay Estados sin territorio, aunque éste sea como un pañuelo. Y el territorio es esencial porque el dominio sobre él permite actualizar la noción de soberanía. Un Estado es soberano, tiene siempre la última palabra, en un territorio determinado. 

El Estado, como organización ha pasado por varias mutaciones importantes, pero siempre el territorio ha sido el elemento clave (lo que lo hace diferente a otras organizaciones). Si una multinacional tuviese un territorio exclusivo... se convertiría en un Estado. Cuando se dice que tal empresa es "un Estado dentro del Estado", se emplea una metáfora no una descripción exacta... a menos que nadie pueda entrar en el territorio que controla esa empresa, sin su permiso; entonces es un Estado, de hecho, aunque se llame "La Pícara Molinera".

Según parece la United Fruit Company llegó a ejercer en extensas zonas de Centroamérica una poder tal que en la práctica se pudo decir que era "un Estado dentro de varios". En realidad, además del territorio hay otro elemento para tener en cuenta: la administración de justicia, el ordenamiento jurídico. ¿Tenía la United Fruit ese derecho? En realidad lo ignoro, ello es una cuestión de hecho que pueden resolver los historiadores; según tuviera o no esa posibilidad daríamos un paso más para clasificar el poder real de la United Fruit.

Todos los miembros de esta organización (El Estado) que tengan derecho a participar en la elección de las autoridades, se llaman "ciudadanos"; es una denominación históricamente reciente, antes se les decía "súbditos", lo cual implicaba que tenían aún menos poder que ahora. No todas las personas a las que les alcanza el poder del Estado son ciudadanos, están los extranjeros, es decir aquellos que ni siquiera tienen derechos nominales. Pueden existir, según los Estados, categorías intermedias, segmentos de la población que tienen que pagar un canon económico, pero que a cambio cuentan con la protección del Estado (el caso de minorías religiosas en algunos países islámicos).

Naturalmente todo Estado tienen su organización, su aparato político; la forma como se controla ofrece muchísismas variaciones. En general, en nuestra época se acepta el supuesto de que un Estado democrático se sustenta en la aceptación de la mayoría de la población y que ésta ejerce su voluntad (al elegir a sus gobernantes) en fechas prefijadas por el ordenamiento jurídico. La sociología considera ésta situación no como una realidad sino como una posibilidad polimórfica. Cada país tiene sus más y sus menos, habrá que investigar para ver quien tiene realmente el poder y como se trasmite esta sucesión. 

No es fácil determinarlo; en realidad en una sociedad compleja nadie tiene tanto poder como dice, y todos comparten alguna parcela. Justamente lo que hace a la sociología política tan interesante es descubrir que por detrás de las fachadas hay una realidad que no coincide con los símbolos y las proclamas. Pero no puede anticiparse en ningún caso ni establecerse reglas fijas que tanto gustaban, por ejemplo, a los marxistas. Una clase social no ejerce el poder directamente (aceptando que exista eso que llamamos clase social); hay mediadores personas y grupos que representan los intereses de colectividades mayores. Los juegos a que da lugar esto de: "Yo te represento a ti, y entonces tú haces lo que yo digo..." son verdaderamente deliciosos cuando se contemplan como mero observador. Si, además el observador se ve afectado por las decisiones que se toman, es muy posible que pierda su buen humor inicial.

El concepto de "representación" es clave en la sociología política. La manera en que una persona se convierte en "representante" de otra no deja de ser una realidad específicamente humana. Si observamos un grupo de monos vemos una relación directa, y cada miembro tiene su puesto según su fuerza, sexo, edad y linaje (es muy importante, por ej., ser hijo de una mona poderosa; y ser huérfano es pasarlo muy mal). En los seres humanos aparece el "representante" que desequilibra esta jerarquía "natural" introduciendo una sofisticación de largo alcance.

Ser "representante" es "estar en lugar-de" o sea tener más de una voz, tantas como represente. Pero en la misma representación ya existe suficiente ambigüedad (y por ende una cierta autonomía) para poner bastante de la propia cosecha. 

Los anarquistas y revolucionarios del siglo XIX advertidos de los peligros de la "representación" (para el representado) exigieron que los diputados revolucionarios tuvieran un mandato corto y sujeto, para colmo, a la revalidación de sus votantes incluso antes de que terminara. Obviamente era una utopía, empezando por ellos mismos que nunca consultaron a sus hipotéticos representados si era hora de volver a casa.

Por otra parte una democracia directa, o también "participativa" (como algunos la llaman) o con representantes con mandatos breves y revocables en cualquier momento (lo que pedían aquellos revolucionarios del siglo XIX) puede llegar a ser algo muy molesto para el ciudadano de a pie, sin contar con otros peligros que aquí no tocamos. En cualquier caso hay un excelente artículo en Claves nº 99 (febrero-2000) de Francisco J. Laporta "El Cansancio de la Democracia" del cual transcribo este fragmento:

"Esta vida personal que al parecer tiene que consistir en acudir continuamente a las asambleas decisiorias más variopintas para participar en la vida pública de la comunidad es, sin duda, insufrible: por la mañana temprano, la asamblea de barrio; luego, el comité de la empresa; por la tarde, la asamblea de padres de alumnos o cualquier otra; después, la participación municipal; al dia siguiente, a madrugar de nuevo para decidir en el ordenador políticas de ámbito nacional y así sucesivamente. Siempre he pensado que un ciudadano acuciado por las demandas de una democracia participativa acabaría exilíandose voluntariamente en una modesta y confortable democracia representativa." (Pag. 21).

Las democracias directas son, como las querían los antiguos griegos para pocos, los amos de esclavos, o para ciudadanos que gustan de la política y las reuniones y no tienen nada mejor en que ocuparse. A pesar de ello siempre se escuchan alabanzas. Un ejemplo más de como lo que dice la lengua no lo gobierna el cerebro.

Un estudio riguroso de cómo los humanos toman decisiones, de sus luchas para estar en el centro del poder y de las formas que se han empleado históricamente para disfrazar las intenciones, forma parte esencial de la sociología política. Sin embargo los estudiantes suelen aburrirse con esta disciplina. Cuando ello sucede es porque se hace mucho hincapié en las "formas" conque se visten los humanos y no en la sustancia de lo que pasa.

Como dice el sociólogo Peter Berger la sociología intenta ver tras las fachadas. La estructura informal de poder; lo que no está en la ley ni en los periódicos: 

"El poder real no siempre está donde se lo reconoce públicamente"
(P.Berger."Introducción a la Sociología")


A cualquier observador perspicaz no se le escapa lo anterior, y también que un político es una persona que maneja con fluidez la palabra. Depende de su lengua para prosperar (Ahora; en cambio en el siglo XIX también era necesario que supiera escribir). Hay una relación entre la profesión de político y la de vendedor; ambos necesitan adornar lo que ofrecen y dejar en la penumbra aquellos aspectos menos favorecidos de sus productos. Esto no tiene nada de malo en sí mismo; la responsabilidad no es sólo de una parte; el que escucha como el que compra también tiene que espabilarse. En este sentido una disciplina que aporta algo de luz a los acontecimientos políticos es la "retórica". 

Ésta trata del: 

"arte de descubrir las buenas razones, encontrando lo que realmente justifica el asentimiento porque se debe convencer a toda persona razonable" 

(citado por Juan Urrutia, en "La Retórica de la Economía", Claves nº30, marzo 1993. Artículo que trata del arte de la persuasión en materia de decisiones económicas. Viene a decir en pocas palabras que los economistas, muchas veces, ocultan sus intereses mostrando sólo los argumentos favorables)

Argumentar es propio de gente racional. Esta disciplina no es utilizada sólo por la política sino en general por todas las ciencias, aunque tiene una segunda parte no tan santa; cuando la ciencia de la "persuasión" se convierte en un arte "hipnótico". Las palabras, el ruido, la imagen, muchas promesas y dejar en el aire como se llevarán a cabo.

La moda, lo que en el momento "se lleva", es un argumento importante en toda retórica. Lo que ahora se lleva no necesita mayor justificación porque su propia realidad lo hace aconsejable. El sociólogo debe sustraerse a ese canto de sirena y tratar de encontrar razones más profundas. Dependiendo del país y del momento, ello puede llevarlo a situaciones comprometidas. En este sentido la ornitología parece una disciplina más prudente.

La sociología ha desarrollado un instrumento que, sin proponérselo, se ha convertido en un arma política: las encuestas. Originalmente una encuesta formaba parte de una investigación mayor; y tenía como función la de recoger datos de la realidad. Si no se recogen datos se está en el campo de la pura especulación. Esa información que se obtiene consultado u observando el fenómeno es vital para encontrar nuevas hipótesis a la par que se corroboran o niegan otras ya aceptadas.

Nota: No confundamos "encuesta", más general, con "cuestionario" que es una herramienta que puede utilizarse o no en una encuesta. Un cuestionario es una lista escrita de preguntas con respuestas abiertas o cerradas.

Pero resulta que una "encuesta electoral", la que se hace previa a una elección de representantes, puede influir (sí se conoce) en el resultado previsto. Aquí tenemos un fenómeno típicamente humano, la comunicación de un resultado varía ese resultado (para el futuro). Los políticos (aquellos que hacen del oficio de la "representación" un modo de vida profesional) se percataron de ello y descubrieron que una encuesta con resultados favorables (aunque técnicamente no sea la mejor) puede inclinar, sobre todo a los indecisos, a su campo (también se ha observado la tendencia que compartimos con los otros parientes primates, a estar en el campo de los ganadores). Una vez que se descubrió el poder de las encuestas... empezaron a florecer en las campañas electorales. O, también, para justificar decisiones políticamente delicadas.

Aquí, voy a abusar de vuestra atención, para hacer un comentario marginal:

Uno, a veces, se alegra del poco desarrollo que tienen las ciencias humanas. Quiero decir de la poca fiabilidad que tienen para hacer predicciones certeras. ¿Os imagináis que sería de la humanidad si las ciencias humanas estuvieran tan desarrolladas como, por ejemplo, la biología genética? ¿Os imagináis lo que podrían hacer los tiranos de todo pelaje y las grandes corporaciones con científicos sociales a sueldo?

Dado que nuestro desarrollo general, en lo que respecta a la política global, no está muy lejos de la edad de piedra; no deja de ser una garantía de supervivencia y de libertad que nuestros pronósticos sean tan poco seguros. 

Para terminar este tema, y como recordatorio de lo difícil que resulta hacer predicciones, veamos la siguiente noticia aparecida, en los periódicos, hace un siglo (repasar los diarios de épocas antiguas puede ser un ejercicio importante para desarrollar la "imaginación sociológica"):

Hace 100 años.

Control remoto. "El señor Nikola Tesla, de Nueva York, ha inventado lo que en ciencia naval se llama torpedo dirigible. Mientras que otros ingenios dirigibles emplean un cable de conexión para transmitir al torpedo la energía de control, el señor Tesla hace uso de las ondas hertzianas procedentes de una fuente distante (lo que se conoce más popularmente como "telegrafía sin hilos") que prescinde del cable. Afirma el señor Tesla que "la guerra dejará de ser posible cuando el mundo entero sepa que en el futuro el más débil de los países podrá dotarse inmediatamente de una arma que haga seguras sus costas y sus puertos inexpugnables a los asaltos de todas las armadas del mundo unidas".

(citado en "Investigación y Ciencia". nº 266. Noviembre 1998).

La tesis expuesta tiene un vago -pero reconocible- parentesco con las que ahora se escuchan sobre las inmensas ventajas que aportará Internet. No creo que un sociólogo sea tan ingenuo como para creer que un avance tecnológico puede modificar sustancialmente las relaciones sociales (incluyendo la guerra). La verdad es que el conocimiento sociológico puede ser contemplado desde dos perspectivas y ofrecer, así, resultados contradictorios. Es suficiente para evitar ingenuidades como la que arriba cito; y, simultáneamente, es totalmente insuficiente para avizorar por donde se desliza la sociedad en su marcha incontenible.

La sociología política, sin ir más lejos, tiene un desarrollo extenso (si atendemos a los libros y artículos que se publican, y a la cantidad de catedráticos que viven de ella), y sin embargo su capacidad de predicción es asombrosamente baja (para las expectativas de cualquier científico de lo social). 

Prácticamente ningún experto en ciencias humanas intuyó o predijo la caída de la Unión Soviética. Siendo el segundo país más poderoso de la tierra, la falta de pronósticos que tuvieran alguna relación con lo que efectivamente pasó es, en cierta forma, un verdadero milagro. Pero un milagro al revés; una especie de ceguera colectiva que pocas veces en la historia se registra (teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad a la que se supone altamente evolucionada y donde lo que sucede en un lugar en poco tiempo se conoce en las antípodas). 

Es como si un continente entero se hundiera en el mar de un día para otro... y ningún científico se hubiera apercibido del problema, ninguna señal roja, ningún crujido que alertara. Ya he dicho que esta debilidad de las ciencias sociales no es una circunstancia perjudicial para la libertad humana; pero un científico no se pregunta por si su conocimiento va a ser útil o perjudicial... lo que quiere es saber y que su conocimiento sea fiable, transmisible y permita entender mejor la realidad. En esta dirección algo hemos avanzado respecto de los brujos de la tribu y los discursos medievales, pero el proceso es lento y tortuoso. Lo cual, repito una vez más, no me parece nada inquietante... porque así damos tiempo a que los ciudadanos adquieran un poco más de sabiduría política y no dejen grandes parcelas de poder en manos de gestores egoístas, libres de todo control popular. 

Fin de la 15ª clase.
Carlos Salinas
20-marzo-2000

 



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