sábado, 17 de enero de 2026

Cap.16. Un antiguo curso de Sociología. Final

Final


"Tened una alta idea de vuestras facultades, y trabajad. Las triplicaréis".
(Hérault de Séchelles, 1759-1794)


"Puede que no tenga ninguna moraleja", se atrevió a observar Alicia.
"¡Bah!¡Bah! No lo creas", continuó la Duquesa; "todo tiene su moraleja, si tan sólo sabe uno descubrirla". 
(Lewis Carroll - Alicia en el País de las Maravillas)


"Mark decía que había escogido Historia porque no tenemos oportunidad de comprender el presente si no comprendemos el pasado. Ésta es la clase de irritante explicación estereotipada que la gente saca en las entrevistas, pero es posible que él lo creyera. En realidad, naturalmente, la verdad es lo contrario, nosotros interpretamos el pasado mediante el conocimiento que tenemos del presente."
(P.D.James. "An Unsuitable Job for a Woman" (1972))

P.D.James es una excelente escritora inglesa (la recomiendo calurosamente, si no la conoceis), de novelas policíacas. Como ya he advertido encontraremos muy buenas acotaciones sociológicas en libros muy diversos; en la cita de más arriba puede verse como se da vuelta a la afirmación tan común de "el que no sabe historia no comprende su época". Esto es verdad... pero no toda la verdad. Se necesita comprender nuestra época para entender porque elegimos de la historia (infinito baúl de los recuerdos) determinados hechos... y dejamos en la penumbra otros.

Somos, siempre, parciales en el recuerdo y yo también lo soy en este final.

El cursillo que termina no es, evidentemente, un "panorama" de la sociología actual, faltarían muchos temas importantes; ni, tampoco, una introducción a la sociología para uso de un curso académico (faltaría la mención sistemática de autores fundamentales); no es, en suma, una introducción tal como las que yo conozco. Es otra cosa. Una incitación (razonada) a no abandonar la sociología en manos de los especialistas sino a participar de su quehacer leyendo, pensando e investigando (si se tiene suficiente energía, ánimo y tiempo) sobre nuestra sociedad contemporánea.

Tal como lo recuerdo en la "Introducción a la Introducción" la ley nº 1 debe aplicarse a todo lo que existe, en materia de ciencias humanas. No hay nada definitivo y todo es discutible. El sociólogo tiene sus preferencias y sus prejuicios; sus valores determinan, silenciosamente, desde lo inconsciente (aunque a veces es "consciente", sólo que no conviene decirlo), aquellos temas que da preferencia y aquellas posiciones que le resultan más "inteligentes". Todo esto lo sabemos y además lo recalcamos siempre que se haga un balance; pero ello no anula la tarea en si misma. A pesar de todos los pesares debe hacerse, y es bueno que se intente; la alternativa no es "otro" conocimiento, sino la trivialidad y la estupidez.

No todo lo que dice un sociólogo tiene que ver con la sociología (al igual que otras profesiones y actividades); el conocimiento y la torpeza personal tiene mucho que ver en cada cosa que se afirma. Por otro lado todo sociólogo siempre tiene la tentación de ponerse a dictaminar sobre todo lo divino y lo profano (quizá porque "lo social" se encuentra en cualquier cosa). 

Puedo tomar como ejemplo de esa intrusión en campos desconocidos un artículo mío publicado en "Casi Nada" (me refiero a: "casinada/32prof.htm" [Link Desaparecido]), en él realizo un ejercicio condenado de antemano al fracaso (de allí su reconocido aventurerismo): pensar en lo que puede pasar en todo el siglo XXI. 

Es evidente que ningún sociólogo puede escribir sobre un tema así basándose en su conocimiento sociológico. La sociología actual no puede arriesgar ninguna predicción razonable ni siquiera a un año vista. Este ejercicio no es otra cosa que "sociología-ficción". Un vuelo de la fantasía tal como puede hacerlo cualquiera, sea sociólogo o no.

Personalmente pienso que es bueno intentarlo, no para pretender acertar (lo que ya sería más que estupidez, puro cretinismo intelectual) sino para observar. Para observar nuestras predicciones y de esta manera conocer mejor que se cocina en la mente de uno. Es el mismo uso que se le puede dar a un manual adivinatorio como el I Ching. Ha habido psicólogos que dicen, sobre este texto, que su valor no está en que adivine el futuro sino que permite conocer lo que realmente queremos (o tememos) que suceda. Es decir que el I Ching no sería un oráculo sino un psicoanalista. Permitiría hacer consciente lo inconsciente.

En forma parecida hacer una predicción sobre el futuro, un futuro muy lejano (para no atar la imaginación) supone hacer consciente nuestro inconsciente... sociológico. Descubrir las cartas. Una exploración hacia dentro. Como ejercicio de "calentamiento" yo lo propondría al principio de muchos cursos: "Señores, imaginemos como será el mundo -en relación con los temas que aquí se estudiarán- dentro de un siglo, o dos... y repasemos al finalizar que posibilidades racionales existen para que se cumplan, o no, nuestras predicciones".

Se trata de desarrollar nuestra imaginación sociológica, tal como lo pedía Charles Wright Mills:

"Ya sea el punto de interés un Estado de gran poderío, o un talento literario de poca importancia, una familia, una prisión o un credo, ésos son los tipos de preguntas que se han formulado los mejores analistas sociales [se refiere a varias preguntas claves que el autor plantea antes]. Ellas constituyen los pivotes intelectuales de los estudios clásicos sobre el hombre y la sociedad, y son las preguntas que inevitablemente formula toda mente que posea imaginación sociológica. Porque esa imaginación es la capacidad de pasar de una perspectiva a otra: de la política a la psicológica, del examen de una sola familia a la estimación comparativa de los presupuestos nacionales del mundo, de la escuela teológica al establecimiento militar, del estudio de la industria del petróleo al de la poesía contemporánea. Es la capacidad de pasar de las transformaciones más impersonales y remotas a las características más íntimas del yo humano, y de ver las relaciones entre ambas cosas. Detrás de su uso está siempre la necesidad de saber el significado social e histórico del individuo en la sociedad y el período en que tiene su cualidad y su ser".

(C.Wright Mills."La Imaginación Sociológica".FCE. Subrayado por mi)

(Para la imaginación sociológica y la manera de trabajar del sociólogo ver, también, )

La modesta propuesta que aporto para el desarrollo de esta imaginación sociológica es la de cultivar el gusto de hacer predicciones y luego comparar lo que sucede con lo que creíamos

Una manera de reducir nuestros "humos" intelectuales (aquellos que se adquieren por la frecuentación irreflexiva de textos universitarios) consiste en elaborar predicciones cortas, de pocos meses, mejor de semanas, y lo más elaboradas posibles (con muchos detalles). Supuestos del tipo: "Preveo que... Pinochet, ya vuelto a Chile, no será juzgado por la justicia de su país. Y esto sucederá porque la Corte Suprema denegará cualquier posibilidad en esta dirección. Tal decisión se tomará en el curso de este año."

Anotar la predicción (en un "diario-personal" sociológico) y luego, al cabo del período señalado verificar la diferencia entre lo calculado y lo que ha pasado. Mejor aún, intentar varias predicciones sobre diferentes cuestiones, o sobre una cuestión pero con diferentes hechos que sucedan en el tiempo.

Lo que hay que tener muy claro es que pase lo que pase lo positivo está en comparar y no en el resultado en si mismo. Indagar sobre nuestros errores es la mejor manera de aprender... siempre que efectivamente indaguemos y no nos limitemos a olvidarlos. Y, simétricamente, indagar en nuestros aciertos es también importante. Muchas veces son fruto de la casualidad y no de nuestra inteligencia u olfato. Adjudicarnos méritos inmerecidos puede ser más desvastador (intelectualmente hablando) que una sucesión de equivocaciones en nuestras previsiones.

"¿Por qué no acerté en esta predicción? ¿En que se basaba mi opinión de la justicia chilena? ¿Qué pasó de nuevo que no podía prever cuando la hice?"

Y si acerté: "¿Por qué acerté? ¿es a raíz de mis conocimientos sobre Chile? ¿o sobre como funcionan las cosas luego de una dura dictadura? ¿o extrapolé basándome en la experiencia de mi país...? ¿...o fue pura suerte?

Tal como dice Daniel Hills (en un libro que nada tiene que ver con la sociología), para que un sistema aprenda necesita de la retroalimentación (en inglés "feedback"):

"La base está en la retroalimentación. Cualquier sistema basado en la retroalimentación necesita tres tipos de información:

1. ¿Cuál es el estado deseado (el objetivo)
2. ¿Cuál es la diferencia entre el estado actual y el estado deseado (el error)
3. ¿Qué acciones reducirían la diferencia entre el estado actual y el estado deseado (la respuesta)

El Sistema de retroalimentación ajusta la respuesta, según el error, para alcanzar el objetivo."

(W.Daniel Hills."Magia en la piedra. Las sencillas ideas que hacen funcionar a los computadores".Debate. pag. 172)

Mi sugerencia, entonces, consiste en aplicar frecuentemente esta modalidad de pensamiento-interrogación metódica- al conocimiento de la realidad social. El "objetivo" de Hills es aquí la profecía que uno establece. El "error" es el curso real de los acontecimientos que poco o nada se compagina con nuestra profecía (cuanto más detallada sea más nos equivocaremos). Y la "respuesta" es el análisis sociológico que uno debe intentar para entender porque la profecía se equivocó/acertó. 

Es esta respuesta -el análisis- lo que produce el aprendizaje real del sociólogo; lo que le permite distinguir las fuerzas y reacciones que no supo evaluar (o no tuvo en cuenta) en el momento de su profecía; y simultáneamente, lo educa en la humildad. Y os puedo asegurar que sin humildad... no hay ciencia. Es verdad que un científico puede ser un pelma monumental en su vida privada, y un egocéntrico de mucho cuidado, pero en la práctica de su ciencia, si quiere ser bueno, tiene que abandonar todos los vicios habituales. Como en los cuentos orientales, tiene que descubrir que el principal enemigo es su "ego", y convertirse en un fiel observador de lo que capta su mente... aunque no le guste. Estoy pensando en este momento en Johanes Kepler (1571-1630) que cuando descubrió que la órbita de los planetas no era un círculo perfecto sufrió una aguda desazón... pero no podía negar la elipse. Así que la afirmó, aunque ello representara la liquidación de sus más queridas teorías.

Volviendo al tema, no se debe olvidar el estudio y el trabajo como base de cualquier profecía (con el valor que arriba expongo). No es lo mismo una charla de café que un intento de poner a prueba nuestra capacidad mental. Para que el truco funcione se necesita intentar, con toda la fuerza de nuestra mente, acertar; aunque nuestra razón nos diga que ello es imposible. 

Resumiendo, hagamos profecías como descanso de nuestro estudio y hagamos profecías como prueba de nuestros estudios. Desarrollemos la capacidad de proyectar nuestras herramientas hacia el futuro... ahí es donde, de verdad, se muestra la inteligencia que Dios nos dio. Interpretar el pasado resulta, con ciertas reservas, fácil, ya conocemos el resultado; la verdadera prueba está en descubrir lo que nos espera. Y sobre todo, y más que todo... anotemos cuidadosamente nuestras anticipaciones, para controlar los resultados de nuestras predicciones. Aprendamos a construir un "diario" sociológico de todas las cosas que suceden en nuestra comunidad; de las cosas que nos interesan, de los fenómenos que observamos, de las interrogaciones que surgen, de las predicciones de otras personas...

Como dice Wright Mills, llevar un diario sociológico es, por si sólo, una actividad intelectual (y una preparación profesional) de primer orden. Algo muy sencillo, y que quizá por ello, tiene pocas probabilidades de llevarse a cabo. Lo escribo con un poco de pena; porque a veces tenemos a nuestra disposición una gran palanca para el desarrollo intelectual... pero esa pereza tan habitual y conocida nos impulsa a "leer un poco más" en vez de ponernos a escribir. Este podría ser una caso donde "lo mejor, es enemigo de lo bueno".

Todo ello sin perjuicio de los estudios técnicos; éstos ayudan porque alertan sobre cosas que no sabíamos, y nos dan herramientas que por nosotros sólos tardaríamos años, o décadas, en desarrollar. Es imposible establecer a priori que libro, que autor, que maestro nos ayudará (lo cual supone un quantum de tiempo perdido para encontrar el camino), pero en el transcurso de la vida, de una sóla vida, el que la sigue la consigue.

Hay estrategias, orientaciones generales, que funcionan al alertarnos sobre errores comunes, por ejemplo la que expone Hao Wang:

"Gödel tenía un interesante axioma a través del cual contemplaba el mundo, a saber, que nada de lo que sucede en él se debe a accidente o a estupidez. 

(cita de Ernst Gabor Straus, ayudante de Einstein. En: Hao Wang."Reflexiones sobre Kurt Gödel". Alianza Universidad. Pag. 71.) 

Es posible (aunque no probable) que algún lector de estas líneas me replique que la cita es, en cierto modo, perversa... ya que Gödel era (además de un gran filósofo) un paranoico perdido. Siempre pensaba que alguien lo quería envenenar; y con estos antecedentes las palabras anteriores suenan a "obsesión" más que a pensamiento creativo. Sin embargo yo creo que Gödel las pronunció en otro contexto -no en el directamente personal- y por otro lado siempre queda la reflexión que vale tanto para el principio antes enunciado como para cualquier otro razonamiento: lo que es bueno... en exceso mata.

En cualquier análisis sociológico debemos evitar que la indignación guíe nuestra cabeza. La indignación, ¡tantas veces alabada!, puede ser motivadora pero debe terminar cuando empieza un abordaje serio del problema. De la misma manera que un cirujano experto deja en manos de otro colega la operación crucial sobre un familiar muy querido, lo mismo debemos evitar trabajar sociológicamente bajo una presión emocional fuertemente aversiva. Haremos ideología barata en vez de un estudio serio. Tal como le gustaba pensar a Gödel, nada sucede en el mundo por estupidez ¡ni siquiera un comportamiento estúpido! Lo que parece una torpeza, o falta de visión, resulta de un proceso, y deben localizarse las razones de ese proceso en vez de condenar desde el púlpito sociológico.


Soy un convencido que los estudios propios, específicos, de cada disciplina ayudan, aunque a veces, también, sabotean. No creo que pudiera sacar de mi cabeza todas las cosas que he ido desgranando en este cursillo. Se necesita del trabajo y de la reflexión ajena para enriquecer la nuestra; pero también hay que cuidar que nuestra mente se bañe continuamente en el cambiante océano de la realidad circundante. Es un trasiego permanente, un debate continuo, entre distintos pensadores que se reúnen en nuestra cabeza y con los que compartimos penas y experiencias. 

Si las escuelas y universidades enseñaran los secretos de estas ceremonias mentales... la experiencia de paso por esos circuitos pedagógicos sería imborrable (y gozosa). Lamentablemente nuestros institutos de enseñanza se parecen más a fábricas que a talleres de alquimistas. Espero que las páginas anteriores os hayan reconciliado (si existía alguna prevención en contra) con la sociología, y si en cambio ya había un terreno predispuesto, os anime a seguir progresando en este camino. Algún día alguno de vosotros también escribirá para otros... y esa esperanza me parece un justificativo espléndido para todo el esfuerzo realizado.


Fin de la clase 16 y del curso.
Carlos Salinas
24-marzo-2000

 



Cap.15. Un antiguo curso de Sociología. Los Medios

Comunicación y 
medios de comunicación


"El resultado de todo es que los estadounidenses son los mejor entretenidos y, probablemente, los peor informados del mundo occidental."
(Neil Postman. "Divertirse hasta morir").


"¡Haz, Señor, que se les rompan las teles y así, que los padres hablen con sus hijos y se conozcan!".
(Forges, humorista español contemporáneo).


"Que todo el mundo participe en una sola conversación no la enriquece: la reduce."
(Gabriel Zaid. "Los demasiados libros") 


"La masa de papel alcanza un valor crítico a partir del cual más que usar la información que contiene es preferible ignorarla. (Coll-Vinent y otros."Curso de Documentación")


"En el futuro, las personas más libres no serán las conectadas, sino las desconectadas, las que prefieran pulsar la tecla off en vez de la on, las que se rebelen contra esta tendencia tan en boga que nos insta a apretar la tecla on y conectarse a... ¿A qué?, ¿a Internet?, ¿a la oferta pública de acciones de Endesa?, ¿a la lavadora, Novostar que nos permite estar off mientras ella está on? No se inquieten. No se trata de tirar el módem, la televisión digital o el teléfono móvil a la papelera, sino de replantear nuestra relación con la información, los medios de comunicación y, sobre todo, con la actualidad."
(Álex Lamitz."Las Autopistas de la Actualidad".El País, Suplemento "ciberpaís", pag 16. 28-enero-1999)


"La Internet o mejor dicho el "ciberespacio", para usar una expresión ya consagrada, no constituye un nuevo medio de comunicación sino un nuevo espacio social."
(Máximo Lameiro en [link desaparecido]


La comunicación siempre ha sido un elemento esencial en los seres vivos, sobre todo de los que viven en manadas. Los humanos somos, dentro de los seres vivos terráqueos, los que hemos desarrollado formas más sofisticadas de comunicación, aunque la mayoría de éstas dejaría totalmente indiferente a otras especies hermanas. Si yo le ofrezco el diario del día a una vaca probablemente me mirará unos segundos con sus grandes ojos compasivos y luego me dejará con el diario tendido. Los humanos no tenemos más remedio que aplaudirnos y jalearnos porque, con la excepción de los perros, dentro del reino animal no gozamos de un público adicto.

La comunicación consiste en poner en común algo, un bien inmaterial que suele llamarse información (es verdad que también se habla de comunicación en el intercambio de objetos, fluidos e incluso personas; pero esto es una extensión metafórica que no altera lo sustancial). 

Información es toda clase de datos (expresados en palabras, rugidos o gestos) que "dicen" algo. O con otra palabra, información es aquello que no sabíamos, y de lo cual nos enteramos. El concepto relativiza el término ya que lo hace tributario de un estado especial del receptor. Si yo se que América fue descubierta en 1492, que me lo digáis no supone para mi infomación. En cambio si no lo sé, lo es.

La definición puede resultar insatisfactoria (para mí lo es), pero también resulta un buen punto de partida para reflexionar sobre esta cuestión. Ya tendremos tiempo de abandonarla, si nuestra investigación lo requiere.

De las citas que he puesto arriba, varias a posta, para que se aprecien los puntos de vista, puede deducirse que un exceso de información es capaz de generar resultados paradójicos: mucha información deja a la gente incomunicada. Y es un fenómeno universal, cuando algo se hace en exceso reaparecemos en el punto 0 que creíamos haber abandonado hace mucho tiempo. Si una persona se excede en el "sacrificio" deja de parecer un candidato a santo para empezar a parecer que sobreactúa, es decir su polo opuesto; de la misma forma la claridad es un don (que debe cultivar todo escritor), pero si todo lo que escribe es demasiado claro podríamos empezar a sospechar, con fundamento, que sus ideas son puramente tópicas, triviales. 

No es que no haya reglas, sino que todas las reglas tienen su frontera. No se extienden hasta el infinito; ni siquiera los "grandes principios".

En materia de "comunicación" se puede decir que nuestra época se pasa. Hay un exceso torrencial. Por cierto que las previsiones apuntan a que este exceso no sólo no se frenará sino que su desarrolla será enorme ¡Dios nos coja confesados! me temo que mucha gente simplemente girará el dial y se pondrá en "off". La única manera sencilla de volver a escuchar los pajaritos. Pero no es un proceso lineal, ha tenido sus altibajos y no hay nada que nos indique que no los habrá en el futuro. Escapemos de la teoría del "dominó", nada de lo que pasa tiene porque seguir aumentando o disminuyendo. Aprendamos del pasado.

La "locura" contemporánea (en lo que respecta a la información) vino de brazos con el telégrafo, a mediados del siglo XIX. Veamos como lo cuenta Neil Postman (en el libro citado más arriba, pag.70)

"El telégrafo llevó a cabo un ataque a tres bandas sobre la definición tipográfica del discurso, introduciendo a gran escala la irrelevancia, la impotencia y la incoherencia. Estos demonios del discurso surgieron debido a que el telégrafo dio una forma de legitimidad a la idea de la información libre de su contexto; esto es, a la idea de que el valor de la información no necesitaba estar sujeto a ninguna función que pudiera ser útil en la acción y en la toma de decisiones sociales y políticas, sino que podía estar meramente ligado a la novedad, al interés y a la curiosidad. El telégrafo convirtió a la información en un producto de consumo, una "cosa" que se podía comprar o vender sin tener en cuenta sus usos o su significado.

Pero no lo hizo por sí sólo. El potencial del telégrafo para transformar la información en un producto de consumo podría no haberse realizado nunca, si no hubiera sido por la asociación entre el telégrafo y la prensa. El periódico de un penique, que surgió poco antes de la telegrafía alrededor de la década de 1830, había iniciado el proceso de elevar la intrascendencia a la condición de noticia (...) El telégrafo cambió todo eso con sorprendente rapidez. Poco tiempo después de la primera demostración pública de Morse, lo local y lo intemporal perdieron su posición central en los periódicos, eclipsados por la fascinación de la distancia y la velocidad".

Así es, tal como lo cuenta Postman, que la sociedad se habituó a consumir un nuevo producto del que pudo prescindir tranquilamente durante millones de años: las noticias. La información sobre cuestiones lejanas que nada tiene que ver con nuestra vida ni nuestras preocupaciones cotidianas. Esto siempre ha sido presentado como un adelanto, Postman, muestra la otra cara de la moneda:

"Tal como supuso Thoreau, la telegrafía otorgó relevancia a lo que no la tenía. El abundante flujo de información tenía muy poco o nada que ver con aquellos a los que iba dirigida; es decir, con cualquier contexto social o intelectual en el cual sus vidas estuviesen implicadas. La famosa frase de Coleridge sobre agua en todas partes y ni una gota para beber puede servir como metáfora de un entorno de información descontextualizada: en un mar de información había poca que fuera de utilidad. Un hombre en Maine y otro en Texas podían conversar, pero no sobre algo que conocieran o les preocupara. Puede que el telégrafo transformara el país en "un vecindario", pero en un vecindario peculiar, poblado por gente que sólo conocía los hechos más superficiales de cada uno.

Quizá no se os escape que lo que trajo el telégrafo a EEUU hace ya 150 años ahora lo está trayendo Internet a todo el mundo. Creo que nadie puede acusarme de no ser un "partidario" de Internet y de todo lo que representa; pero ello no significa que no vea también sus aspectos oscuros y su gran potencialidad para generar el "circo" global.

Hacer una sociología de la comunicación, en la actualidad, es revisar a fondo el papel de los medios en general y de Internet en particular (cosa que uno extraña, justamente, en los manuales de introducción). Si la televisión pobló de seres extraños los hogares (con gran horror de los "integristas" de todas las religiones) ¡qué decir de lo que hará Internet en nuestras mentes!

El gigantesco poder de Internet está en que los niños la manejan mejor que los adultos. En tanto tributaria de la tecnología informática cuanto más joven más facilidad natural se tiene para dominar la nueva herramienta. Es maravilloso (y simultáneamente muy frustrante) ver como un niño de pocos años alcanza rápidamente el saber de su padre y al cabo de otros pocos ya está en condiciones de "solucionar" los problemas informáticos que hacen gemir a los adulto.

Cuando contemplo a todo un "doctor" en alguna ciencia manejarse con el ordenador (para hacer un trabajo) o para buscar una información y se lo ve tan "torpe" (en comparación con un jovencito pecoso que no tiene la menor idea de como funciona el mundo)... personalmente me siento un poco inquieto. Tiendo a sospechar que una tecnología que resulta tan amistosa para los de mente dúctil y que simultáneamente menos saben, puede resultar catastrófica en muchos aspectos que ahora no imaginamos.

Para repensar esta cuestión voy a proporcionaros otro fragmento de texto (siempre de Postman) donde habla del impacto del telégrafo. Sustituir esa palabra por Internet, ayudará a actualizar el mensaje:

"El telégrafo introdujo una especie de conversación pública cuya forma tenía características sorprendentes: su lenguaje era el de los titulares sensacionalistas, fragmentados e impersonales. Las noticias tomaron la forma de eslóganes, que eran percibidos con entusiasmo y olvidados con prontitud. Su lenguaje era además discontinuo. Un mensaje no tenía conexión alguna con el que le precedía. Cada "titular" estaba aislado como si él mismo determinara su contexto. El receptor de las noticias tenía que darles significado, si es que podía, puesto que el que las enviaba no tenía la obligación de hacerlo. Y a causa de todo esto, el mundo, tal como lo representaba la telegrafía, comenzó a parecer ingobernable y hasta indescifrable. La forma continua y secuencial, línea por línea, característica de la palabra impresa, comenzó a perder paulatinamente su resonancia como una metáfora sobre cómo había de adquirirse el conocimiento, y cómo debía entenderse el mundo. El "conocer" los hechos adquirió un nuevo significado, ya que ello no quería decir que uno entendía las implicaciones, los antecedentes o las conexiones. El discurso telegráfico no dejaba tiempo para las perspectivas históricas ni daba prioridad a lo cualitativo. Para el telégrafo, inteligencia quería decir conocer muchas cosas, pero no saber nada acerca de ellas. (Ibídem, pag. 75)

En un análisis social debe intentar verse todas las perspectivas posibles, no sólo las que más nos agradan (o aquellas que ya coinciden con nuestros valores y supuestos). Esto se dice pronto pero puede costar mucho adquirirlo. De hecho el investigador, al igual que cualquier otro humano, prefiere tener primero una opinión y luego encontrar la manera de sostenerla. La clave del truco consiste en afirmar que se ha seguido el camino contrario; esto da una ilusión de objetividad que viene a ser, a la postre, el principal argumento de la defensa.

Dado que en este cursillo mis alabanzas a Internet han sido muchas y salpicadas no me parece inoportuno, aprovechando el tema de esta clase, que reflexionemos sobre el papel de los medios de comunicación en nuestra manera de comprender el mundo.

Alguien dijo que la publicidad es la que realmente hace la parte más pesada de la socialización primaria, quedando la escuela en un nivel subalterno. Quizá parezca una exageración, pero lo que resulta evidente a todo maestro es que en la actualidad los niños parecen más dispersos y soportan peor las largas peroratas de sus profesores. En verdad éstas ya se han acabado (excepto en los establecimientos donde persiste un fuerte nivel de disciplina) porque no se puede ir muy lejos cuando los dos tercios de la clase empieza a poner los ojos en blanco.

Lo que se les escapa a los profesores es que ellos también sufren el proceso, sólo que en una medida menor. También la "atención" del adulto se ha minimizado hasta extremos que harían reír a los habitantes ilustrados de cualquier ciudad del siglo XIX. Y si no me creéis, escuchemos a Postman narrando la situación pasada (los subrayados, entre asteriscos, son míos):

"El 21 de agosto de 1858, tuvo lugar en Ottawa, Illinois, el primero de los siete famosos debates entre Abraham Lincoln y Stephen A. Douglas. El acuerdo era que Douglas hablaría primero durante una hora; que Lincoln tendría una hora y media para responder, y luego Douglas dispondría de media hora para la replica correspondiente. Este debate era considerablemente más corto que aquellos a los que los dos hombres estaban acostumbrados. En efecto, se habían enfrentado varias veces con anterioridad y todos sus encuentros habían sido mucho más largos y agotadores. Por ejemplo, el 16 de octubre de 1854, en Peoria, Illinois, Douglas pronunció un discurso de tres horas, al que Lincoln había acordado responder. Cuando llegó el turno de Lincoln, éste recordó a la audiencia que ya eran las cinco de la tarde y que probablemente necesitaría tanto tiempo como Douglas quien, a su vez, estaba comprometido a rebatirlo. Por consiguiente propuso que la audiencia se retirara para cenar y que retornara descansada para escuchar otras cuatro horas de argumentación. La audiencia aceptó amablemente la propuesta y las cosas sucedieron tal como Lincoln había señalado.

¿Que tipo de audiencia era esta? ¿Quiénes eran estas personas que tan alegremente se acomodaban a escuchar siete horas de oratoria? Debe señalarse que tanto Lincoln como Douglas no eran candidatos presidenciales; en el momento de su encuentro en Peoria ni siquiera eran candidatos al Senado. Pero su público no estaba preocupado en especial por su estatus oficial. Se trataba de gente que consideraba esos actos esenciales para su educación política, que los consideraba parte integral de su vida social y que estaba bastante acostumbrada a esas largas jornadas de oratoria. (...)

En cuanto a la capacidad de atención de la gente, sin duda debe haber sido extraordinaria comparada con los estándares actuales. ¿Hay en nuestro país algún público que pueda soportar siete horas de exposición? ¿O cinco, o tres? ¿Sobre todo sin ilustraciones de ningún tipo? Además, estos públicos deben haber tenido una extraordinaria capacidad para comprender largas y complejas sentencias orales. En su discurso de Otawa, Douglas incluyó en un parlamento de una hora, tres frases largas y con legalismos sobre la plataforma abolicionista. En su respuesta, Lincoln leyó pasajes más largos aún de un discurso impreso que había pronunciado en una ocasión anterior (...) Las personas producto de la cultura televisiva necesitan un "lenguaje sencillo", tanto oral como visualmente, y se es capaz de requerirlo, en algunas circunstancias, por medios legales. El gran discurso de Gettysburg probablemente habría sido incompresible para la mayoría del público en 1985."

Naturalmente que no habría ningún público español que soportara actualmente un discurso de, pongamos una hora de duración, sin levantarse del asiento y tratando de atender lo que se dice. ¡Que digo! una hora sería considerada una agresión, ningún candidato presidencial lo haría. Un candidato socialista lo intentó hace muy pocos años en el parlamento (el comentar algunas cuestiones técnicas sobre la seguridad social) y recibió el rechazo público casi unánime; incluyendo el de los periodistas. Hemos convertido al achaque en virtud y a la falta de atención en el "juicio de Dios" medieval. Si alguien no capta nuestra atención... evidentemente es idiota.

Claro que no podemos aceptar sin más una crítica como la de Neil Postman, por más plausible que nos parezca. Justamente ¡cuanto más sensata parece... puede ser menos realista! El problema está en que resultamos fácil de convencer o de autoconvencernos. Sigue actuando en nuestra mente, en el sótano, pero actuando, el modelo del dominó y su sencillez tan atractiva: eso proviene de tal causa... e introduciendo otra fuerza (desde otra dirección), la dirección de caída de las fichas será la que nosotros deseamos. Pues no. Pensemos en todo lo anteriormente expuesto. Si fuera real, o por lo menos totalmente real, ahora ya no se podría leer esta clase. El 99% de los lectores habrían abandonado hace tiempo para pasar a ojear un bonito libro de láminas, o su equivalente en la televisión o Internet.

Quiero creer que la mayoría de los seguidores del cursillo siguen, aquí, al "pié del cañón", aunque no tengan ni idea del camino que os invito a recorrer. Esto ya está mostrando algo, que no hemos ido involucionando hasta el estado simiesco desde que se inventó el telégrafo. Es muy probable que nuestros niveles de atención requieran más estímulos, es muy probable, también, que no seamos capaces de aguantar un largo discurso... pero si entendemos lo que nos dicen y ello se conecta con nuestras inquietudes, somos capaces de reflexionar, atar cabos y realizar complejas operaciones mentales (hay partes de este cursillo que son, no lo niego, realmente complicadas).

Ello significa que la humanidad ha evolucionado... de un modo distinto a lo que habría sido si se hubiera mantenido la cultura libresca propia de la primera parte del siglo XIX. Hay cosas que ya no se hacen, pero de la misma manera que se han perdido oficios maravillosos, también ahora se hacen cosas que antes habrían resultado mágicas (o infernales).

Es muy difícil hacer un balance del estado actual de cosas. Hemos perdido, hemos ganado, no es suficiente. No se puede evaluar nuestra época sin criterios que incluyan la tremenda diversidad de lo que se hace y se ha dejado de hacer. Aquí tenemos un nuevo frente para la ciencia social ¿Cómo se pueden establecer criterios fiables para saber si, en una sociedad, estamos mejor o peor que antes?

Es evidente que ningún colectivo occidental puede estarse "7 horas" escuchando un discurso al estilo del siglo XIX... pero ¿es una pérdida? O un cambio, y si hay un cambio, ¿se lo puede comparar con lo que se hacía antes?

Aceptemos, sólo por un momento (como hipótesis de trabajo) que la red de redes, Internet, también sufrirá el mismo proceso de trivialización que ya es visible en otros medios de comunicación ¿existen caminos, alternativas, dentro de la red, para hacer cosas de otro modo?

Veamos lo que opina Román Gubern (catedrático de Comunicación Audiovisual. Autor de "La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas" y "Del bisonte a la realidad virtual") en una revista española:

Román Gubern
La Aldea Imperfectamente Global. 
Claves de Razón Práctica.
Nº83. junio 1998.
Madrid.
Pag. 60 a 63.


[Pag.63]
LA CULTURA INTERSTICIAL

En los años sesenta, la reacción ante los oligopolios mediáticos y
la tiranía de los intereses mercantiles (que ofrecían al público lo
que Herbert Schiller llamó "una gran variedad de lo mismo")
entronizó a la contracultura como respuesta democrática y popular y
condujo a la hipóstasis de la marginación o automarginación,
idealizando con ello la cultura marginal producida fuera del sistema
mediático dominante, utilizando multicopistas, fotocopiadoras o
formatos cinematográficos subestándar (de 16 o Super 8 mm). Así
floreció la cultura underground; y floreció precisamente en las
áreas capitalistas más prósperas, en las zonas universitarias de las
costas occidental y oriental de Estados Unidos. El abaratamiento y
simplicidad técnica de las tecnologías que acabamos de enumerar y el
alto nivel de vida en dichas zonas permitió que los hijos de la
opulencia se sublevaran contra la sociedad opulenta que les había
amamantado, creando sus propias redes y circuitos de distribución
alternativa. Algunos de estos medios acabaron por ser, a pesar de su
vocación marginal, muy influyentes, como las revistas Village y
Rolling Stones, las películas de la factoría de Andy Warhol o las
grabaciones de Jimmi Hendrix. No se puede subestimar la influencia
que esta contracultura underground acabó por tener, por penetración
capilar, en los gustos, costumbres y estilos de vida del mundo
urbano occidental. 

Pero el ideal de la automarginación orgullosa del sistema fue
barrido en la década siguiente por el ascenso de la ética y estética
yuppy (Young Urban Professionals) y hoy aparece como claramente
irrecuperable. Vivimos en un mundo distinto y nadie quiere
autoexcluirse de la sociedad, por mucho que se critique su
organización, sus disfunciones y sus injusticias
. Y además, en el
frente cultural, se ha impuesto la nueva y decisiva herramienta
informática, de la que hablaré luego.

En la actualidad, el viejo concepto de autoexclusión arrogante del
sistema cultural debiera ser reemplazado por otro nuevo: por el de
cultura intersticial. Entiendo por cultura intersticial aquella que
ocupa los espacios que no atiende y deja al descubierto la oferta de
los aparatos culturales dominantes, que suele ser de origen
multinacional o imitación local de los modelos hegemónicos
multinacionales. Se trata de espacios desatendidos por los
diseñadores del entretenimiento para economía de escala y que hoy
pueden beneficiarse, precisamente, de la tan controvertida
globalización, debido a que esta globalización que ha uniformado
nuestros gustos y creado los públicos globales permite consolidar
también el tejido de las inmensas minorías internacionales. Las
películas de Víctor Erice o de Manoel de Oliveira se estrenan en
París, Buenos Aires, Tokio y Copenhague, gracias a las elites
cinéfilas del mercado global; y esta globalidad permite la
amortización de su costo. Por eso es urgente consolidar las redes de
distribución de la cultura intersticial
, capaces de alcanzar a esa
inmensa minoría internacional que constituye el contrapunto positivo
del consumo global uniformizador del fastfood cultural que hoy
domina nuestros mercados.

LA REVOLUCIÓN INFORMÁTICA

Y en este punto es menester hablar de Internet. Sobre la red de
redes circulan muchos equívocos. Se ha querido criminalizar la
circulación por su red nerviosa de mensajes pornográficos o
terroristas, olvidando que tales mensajes han circulado antes
impunemente, durante décadas, a través del correo postal o del canal
telefónico, de manera que Internet no ha hecho más que favorecer su
fluidez y capilaridad. Pero el debate sigue en pie, y el Gobierno
chino, por ejemplo, ha legislado en diciembre de 1997 sistemas para
su control -a través de las empresas servidoras y de los propios
usuarios-, mientras que venturosamente el Tribunal Supremo de
Estados Unidos sentenció seis meses antes, en contra de lo dispuesto
por la Communication Decency Act, que la red no podía ser censurada
y que sus mensajes estaban protegidos por la Primera Enmienda.

No hace mucho Umberto Eco definió perspicazmente a Internet como
"una gran librería desordenada". Con este diagnóstico Eco convergía
con la preocupación ya manifestada por la prestigiosa revista
Science, alertando acerca del peligro de balcanizacíón del
conocimiento científico (de su fragmentación, dispersión y
ocultación), debido a la estructura amorfa, expansiva, asistemática
y aleatoria de la red de redes. Una gran librería desordenada
resulta escasamente útil en la "sociedad del conocimiento", en la
que es fundamental disponer en cada momento de la información
pertinente requerida y, para ello, de sus criterios previos de
selección. Lo que diferencia precisamente en la sociedad dual de la
información a los insíders de los outsiders reside en su posibilidad
de acceso a la información pertinente y requerida en cada momento:
"lf you are not in you are out", dice el axioma.


Y es precisamente el carácter asistemático y desjerarquizado de la
comunicación horizontal, democrática y global de Internet la que
permite convertirla en un instrumento potente para la cultura
intersticial a que antes nos referíamos. Los usuarios de Internet
pueden beneficiarse de un principio fundamental de la teoría del
caos, a saber, que pequeñas causas pueden generar grandes efectos,
según la fórmula de la bola de nieve.
0, si se prefiere, del efecto
de multieco (repetición multiplicadora de los usuarios). De este
modo, en esta ágora informática abierta, una "modesta proposición"
(Jonathan Swift díxit) puede convertirse en una verdadera revolución
mediática inducida desde el ciberespacio, haciendo realidad el
principio de la diversificación cultural democrática.

Roman Gubern

Por principio tiendo a desconfiar de toda afirmación muy optimista o muy pesimista. Nunca se cumplen (o casi nunca); la realidad se burla de nuestros cálculos. Así que mejor es situarse en la franja "del medio" donde las cosas suceden con lo bueno y lo malo muy mezclados. Esto es una opción metodológica no una afirmación sobre la realidad, pero que os la ofrezco sin alterar el precio del cursillo. Dependerá de cada uno y sus humores el que le parezca razonable o una tontería inasumible.

Volviendo a Gubern, creo que la gran posibilidad que tenemos en esa época es el desarrollo de "culturas intersticiales" en una magnitud hasta ahora desconocida. Siempre existieron pero por su mismo caracter "intersticial" fueron muy minoritarias. Ahora hay esto de nuevo. Veremos como transcurre.


Fin de la clase 15ª
Carlos Salinas
17-marzo-2000

 



viernes, 16 de enero de 2026

Cap. 14. Un antiguo curso de Sociología. La Política

Sociología Política


"Un hombre ético es un cristiano con 4 ases en la mano." 
(Mark Twain)

"No sólo estamos convencidos de que sabemos más sobre nuestra política, nuestros negocios y nuestras mujeres de lo que realmente sabemos, sino que estamos convencidos de que lo que no sabemos, carece de importancia"
(Amos Tversky y Daniel Kahneman.«The framing of decisions and the psychology of choice», Science, 1981)

Hay gente que opina que sólo puede hablarse de "filosofía política" (no de "sociología") porque la finalidad última de la acción política pertenece al ámbito de los valores y a la competencia del filósofo (véase Jean Cazeneuve y D.Victoroff. "La Sociología"). Esta clase de certezas resulta de la visión de objetos específicos para cada disciplina. La política encaja aquí y no encaja allá. Pero ya he sugerido que mejor es inclinarse por una visión más amplia: todo puede ser estudiado por cualquier disciplina, sólo que "a su nivel", usando las teorías y herramientas que le son históricamente propias.

En un sentido amplio podemos decir que "política" se refiere a la clase de relación humana que tiene que ver con el poder de decisión de una comunidad o grupo determinado. 

Donde hay poder hay política; sería la idea rectora de ésta clase. 

Dependiendo de la colectividad donde ese poder actúa, se puede hablar de "política" en general, si nos referimos al Estado; "política sindical" si nos referimos a un sindicato o conjunto de organizaciones sindicales; o "política educativa" si nos referimos a las organizaciones sociales que se ocupan de la enseñanza... y así de seguido.

Normalmente, en la parla cotidiana, no se hace distingo entre el hecho político, (el poder y como actúa), de las decisiones que se toman en un área particular; lo que también se llama "las políticas", ej., "¡Hay que cambiar las políticas que sigue el ministerio en relación a las organizaciones agrarias!".

La sociología política está muy ligada a la historia, ya que por un lado no se puede comprender las decisiones que toma un centro de poder sin conocer en que medio se desenvuelve y que problemas pretende resolver; y por el otro porque la misma historia funciona como legitimación de las decisiones políticas. Quiero decir que una decisión será mejor aceptada si se la muestra como manteniendo una relación coherente con otras que se han tomado tiempo atrás, o que responden a lo que suponemos que esas entidades míticas (de carácter histórico) como "patria" o "nación" desean en un momento dado.

Un ejemplo de lo que decimos puede verse en la siguiente información:

www.abc.es
lunes 07 de febrero de 2000
JAÉN. Javier López 

¿Existen similitudes entre Franco y Sabino Arana? Al menos una: ambos manipularon la arqueología para legitimar sus posturas políticas. Así se deduce del trabajo «Una Arqueología para dos Españas», elaborado por el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica con la financiación de la UE, bajo la dirección del catedrático de Historia de la Universidad de Jaén Arturo Ruiz.


Prat de la Riba, padre del nacionalismo catalán.
ARCHIVO 
Aunque el objetivo inicial del proyecto consistía sólo en analizar los archivos, el estudio refleja también la utilización de los hallazgos para apuntalar la política de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se gestan los nacionalismos.

El epicentro de la polémica nacionalista es la cultura ibérica, raíz primigenia de la nación española. Franco, tras ganar la Guerra Civil, necesitaba un pasado a la altura de la Europa con la que sintonizaba ideológicamente. Los iberos no servían como ancestros a un régimen que simpatizaba con la Alemania nazi. Por este motivo los teóricos del franquismo negaron su existencia como pueblo para sustituirlos por los celtas, vinculados por origen a centroeuropa, «reserva» de la raza aria que preconizaba Hitler. «Llegaron incluso a decir, para demostrar que no existieron los iberos, que los celtas, al entroncar con las culturas clásicas, como Roma, se iberizan», indica Ruiz.

CAMBIAR DE REGISTRO

El catedrático asegura que Sabino Arana también depuró los archivos arqueológicos para calificar a los vascos como pueblo incontaminado por la mezcla con otras culturas. El precursor del nacionalismo vasco tuvo que volver la historia del revés para romper la teoría admitida durante el siglo XVIII y parte del XIX, el vascoiberismo, según el cual los vascos son los últimos iberos y la lengua vasca, la lengua ibera. Dado que los iberos se identificaban con España, Arana cambió de registro. Los iberos, afirmó, nunca llegaron al País Vasco. «Cosa que es cierta, pero que él negó sin saberlo», indica el coordinador del proyecto para resaltar la utilización política que de la arqueología hizo quien pretendió atribuir rasgos exclusivos de país al pueblo vasco. Para conseguirlo hizo el uso que le convenía de la información histórica que producían los arqueólogos, de manera que con la selección de ciertos elementos sustentaba su hipótesis nacionalista.

Cataluña es el tercer ejemplo de manipulación. El estudio resalta de qué manera los teóricos nacionalistas catalanes modificaron sus vínculos con el pasado para que no coincidieran con los del nacionalismo español. Con tan mala fortuna que a la vez que modificaban el curso de la arqueología lo hacían también, en la misma dirección, los españoles. A mediados del siglo XIX, Cataluña identificaba a los celtas como sus pobladores más antiguos. Igual ocurría en el resto de España. La coincidencia incomodaba a los nacionalistas catalanes, que intentaban mostrar un pasado único. La situación propició una tendencia para sustituir a los celtas por los iberos.

Tanto es así que Prat de la Riba, teórico del nacionalismo catalán, expuso en 1906 que los iberos son los primeros pobladores de los territorios de Cataluña. Sin embargo, los teóricos del nacionalismo español también señalaron por esas fechas a los iberos como raíz. Había pues que modificar el discurso. En 1929, Bosch Gimpera, arqueólogo vinculado al nacionalismo catalán, asegura que las tribus iberas de Cataluña, los ausetanos, no son ibéricas porque los yacimientos no se corresponden con los elementos de esta cultura.

HISTORIA A LA MEDIDA

Arturo Ruiz resalta que la manipulación, que él prefiere definir como proceso de legitimación, no es burda, aunque sí interesada: «Los nacionalistas no se inventan su historia, pero al coger lo que les conviene la adecuan a su propósito. Seleccionan la información arqueológica para justificar el nacionalismo».

El proyecto ha descubierto en los archivos la utilización política del material de arqueólogos que trabajaron entre mediados del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Al analizar una información en principio arqueológica surge de manera espontánea el debate del nacionalismo, según indica el coordinador del estudio, quien resalta que el trabajo estudia el periodo entre 1890 y 1950 para que la distancia cronológica permita un nivel de objetividad superior.

Ruiz es cauto al decir si persiste hoy la manipulación, aunque admite que los nacionalistas escarban selectivamente en el pasado.

El artículo sería más equilibrado si terminara diciendo que todos los políticos (aunque los nacionalistas tengan particular predicción por esta operación intelectual) escarban en el pasado buscando la legitimación que les de más poder en el presente. 

La sociología política busca el poder donde se encuentra, y éste se halla en cualquier organización. La prima donna de las organizaciones es...¡el Estado! Éste es una organización que controla la vida de los seres humanos en la mayor parte de la Tierra. Ya no queda ninguna parcela libre en el mundo que no esté reclamada por un Estado. A menos que nos vayamos a otro planeta aquí no tenemos más remedio que lidiar con esta peculiar organización humana.

El Estado no tiene nada de divino, es una organización como cualquier otra, sólo que monopoliza un territorio. No hay Estados sin territorio, aunque éste sea como un pañuelo. Y el territorio es esencial porque el dominio sobre él permite actualizar la noción de soberanía. Un Estado es soberano, tiene siempre la última palabra, en un territorio determinado. 

El Estado, como organización ha pasado por varias mutaciones importantes, pero siempre el territorio ha sido el elemento clave (lo que lo hace diferente a otras organizaciones). Si una multinacional tuviese un territorio exclusivo... se convertiría en un Estado. Cuando se dice que tal empresa es "un Estado dentro del Estado", se emplea una metáfora no una descripción exacta... a menos que nadie pueda entrar en el territorio que controla esa empresa, sin su permiso; entonces es un Estado, de hecho, aunque se llame "La Pícara Molinera".

Según parece la United Fruit Company llegó a ejercer en extensas zonas de Centroamérica una poder tal que en la práctica se pudo decir que era "un Estado dentro de varios". En realidad, además del territorio hay otro elemento para tener en cuenta: la administración de justicia, el ordenamiento jurídico. ¿Tenía la United Fruit ese derecho? En realidad lo ignoro, ello es una cuestión de hecho que pueden resolver los historiadores; según tuviera o no esa posibilidad daríamos un paso más para clasificar el poder real de la United Fruit.

Todos los miembros de esta organización (El Estado) que tengan derecho a participar en la elección de las autoridades, se llaman "ciudadanos"; es una denominación históricamente reciente, antes se les decía "súbditos", lo cual implicaba que tenían aún menos poder que ahora. No todas las personas a las que les alcanza el poder del Estado son ciudadanos, están los extranjeros, es decir aquellos que ni siquiera tienen derechos nominales. Pueden existir, según los Estados, categorías intermedias, segmentos de la población que tienen que pagar un canon económico, pero que a cambio cuentan con la protección del Estado (el caso de minorías religiosas en algunos países islámicos).

Naturalmente todo Estado tienen su organización, su aparato político; la forma como se controla ofrece muchísismas variaciones. En general, en nuestra época se acepta el supuesto de que un Estado democrático se sustenta en la aceptación de la mayoría de la población y que ésta ejerce su voluntad (al elegir a sus gobernantes) en fechas prefijadas por el ordenamiento jurídico. La sociología considera ésta situación no como una realidad sino como una posibilidad polimórfica. Cada país tiene sus más y sus menos, habrá que investigar para ver quien tiene realmente el poder y como se trasmite esta sucesión. 

No es fácil determinarlo; en realidad en una sociedad compleja nadie tiene tanto poder como dice, y todos comparten alguna parcela. Justamente lo que hace a la sociología política tan interesante es descubrir que por detrás de las fachadas hay una realidad que no coincide con los símbolos y las proclamas. Pero no puede anticiparse en ningún caso ni establecerse reglas fijas que tanto gustaban, por ejemplo, a los marxistas. Una clase social no ejerce el poder directamente (aceptando que exista eso que llamamos clase social); hay mediadores personas y grupos que representan los intereses de colectividades mayores. Los juegos a que da lugar esto de: "Yo te represento a ti, y entonces tú haces lo que yo digo..." son verdaderamente deliciosos cuando se contemplan como mero observador. Si, además el observador se ve afectado por las decisiones que se toman, es muy posible que pierda su buen humor inicial.

El concepto de "representación" es clave en la sociología política. La manera en que una persona se convierte en "representante" de otra no deja de ser una realidad específicamente humana. Si observamos un grupo de monos vemos una relación directa, y cada miembro tiene su puesto según su fuerza, sexo, edad y linaje (es muy importante, por ej., ser hijo de una mona poderosa; y ser huérfano es pasarlo muy mal). En los seres humanos aparece el "representante" que desequilibra esta jerarquía "natural" introduciendo una sofisticación de largo alcance.

Ser "representante" es "estar en lugar-de" o sea tener más de una voz, tantas como represente. Pero en la misma representación ya existe suficiente ambigüedad (y por ende una cierta autonomía) para poner bastante de la propia cosecha. 

Los anarquistas y revolucionarios del siglo XIX advertidos de los peligros de la "representación" (para el representado) exigieron que los diputados revolucionarios tuvieran un mandato corto y sujeto, para colmo, a la revalidación de sus votantes incluso antes de que terminara. Obviamente era una utopía, empezando por ellos mismos que nunca consultaron a sus hipotéticos representados si era hora de volver a casa.

Por otra parte una democracia directa, o también "participativa" (como algunos la llaman) o con representantes con mandatos breves y revocables en cualquier momento (lo que pedían aquellos revolucionarios del siglo XIX) puede llegar a ser algo muy molesto para el ciudadano de a pie, sin contar con otros peligros que aquí no tocamos. En cualquier caso hay un excelente artículo en Claves nº 99 (febrero-2000) de Francisco J. Laporta "El Cansancio de la Democracia" del cual transcribo este fragmento:

"Esta vida personal que al parecer tiene que consistir en acudir continuamente a las asambleas decisiorias más variopintas para participar en la vida pública de la comunidad es, sin duda, insufrible: por la mañana temprano, la asamblea de barrio; luego, el comité de la empresa; por la tarde, la asamblea de padres de alumnos o cualquier otra; después, la participación municipal; al dia siguiente, a madrugar de nuevo para decidir en el ordenador políticas de ámbito nacional y así sucesivamente. Siempre he pensado que un ciudadano acuciado por las demandas de una democracia participativa acabaría exilíandose voluntariamente en una modesta y confortable democracia representativa." (Pag. 21).

Las democracias directas son, como las querían los antiguos griegos para pocos, los amos de esclavos, o para ciudadanos que gustan de la política y las reuniones y no tienen nada mejor en que ocuparse. A pesar de ello siempre se escuchan alabanzas. Un ejemplo más de como lo que dice la lengua no lo gobierna el cerebro.

Un estudio riguroso de cómo los humanos toman decisiones, de sus luchas para estar en el centro del poder y de las formas que se han empleado históricamente para disfrazar las intenciones, forma parte esencial de la sociología política. Sin embargo los estudiantes suelen aburrirse con esta disciplina. Cuando ello sucede es porque se hace mucho hincapié en las "formas" conque se visten los humanos y no en la sustancia de lo que pasa.

Como dice el sociólogo Peter Berger la sociología intenta ver tras las fachadas. La estructura informal de poder; lo que no está en la ley ni en los periódicos: 

"El poder real no siempre está donde se lo reconoce públicamente"
(P.Berger."Introducción a la Sociología")


A cualquier observador perspicaz no se le escapa lo anterior, y también que un político es una persona que maneja con fluidez la palabra. Depende de su lengua para prosperar (Ahora; en cambio en el siglo XIX también era necesario que supiera escribir). Hay una relación entre la profesión de político y la de vendedor; ambos necesitan adornar lo que ofrecen y dejar en la penumbra aquellos aspectos menos favorecidos de sus productos. Esto no tiene nada de malo en sí mismo; la responsabilidad no es sólo de una parte; el que escucha como el que compra también tiene que espabilarse. En este sentido una disciplina que aporta algo de luz a los acontecimientos políticos es la "retórica". 

Ésta trata del: 

"arte de descubrir las buenas razones, encontrando lo que realmente justifica el asentimiento porque se debe convencer a toda persona razonable" 

(citado por Juan Urrutia, en "La Retórica de la Economía", Claves nº30, marzo 1993. Artículo que trata del arte de la persuasión en materia de decisiones económicas. Viene a decir en pocas palabras que los economistas, muchas veces, ocultan sus intereses mostrando sólo los argumentos favorables)

Argumentar es propio de gente racional. Esta disciplina no es utilizada sólo por la política sino en general por todas las ciencias, aunque tiene una segunda parte no tan santa; cuando la ciencia de la "persuasión" se convierte en un arte "hipnótico". Las palabras, el ruido, la imagen, muchas promesas y dejar en el aire como se llevarán a cabo.

La moda, lo que en el momento "se lleva", es un argumento importante en toda retórica. Lo que ahora se lleva no necesita mayor justificación porque su propia realidad lo hace aconsejable. El sociólogo debe sustraerse a ese canto de sirena y tratar de encontrar razones más profundas. Dependiendo del país y del momento, ello puede llevarlo a situaciones comprometidas. En este sentido la ornitología parece una disciplina más prudente.

La sociología ha desarrollado un instrumento que, sin proponérselo, se ha convertido en un arma política: las encuestas. Originalmente una encuesta formaba parte de una investigación mayor; y tenía como función la de recoger datos de la realidad. Si no se recogen datos se está en el campo de la pura especulación. Esa información que se obtiene consultado u observando el fenómeno es vital para encontrar nuevas hipótesis a la par que se corroboran o niegan otras ya aceptadas.

Nota: No confundamos "encuesta", más general, con "cuestionario" que es una herramienta que puede utilizarse o no en una encuesta. Un cuestionario es una lista escrita de preguntas con respuestas abiertas o cerradas.

Pero resulta que una "encuesta electoral", la que se hace previa a una elección de representantes, puede influir (sí se conoce) en el resultado previsto. Aquí tenemos un fenómeno típicamente humano, la comunicación de un resultado varía ese resultado (para el futuro). Los políticos (aquellos que hacen del oficio de la "representación" un modo de vida profesional) se percataron de ello y descubrieron que una encuesta con resultados favorables (aunque técnicamente no sea la mejor) puede inclinar, sobre todo a los indecisos, a su campo (también se ha observado la tendencia que compartimos con los otros parientes primates, a estar en el campo de los ganadores). Una vez que se descubrió el poder de las encuestas... empezaron a florecer en las campañas electorales. O, también, para justificar decisiones políticamente delicadas.

Aquí, voy a abusar de vuestra atención, para hacer un comentario marginal:

Uno, a veces, se alegra del poco desarrollo que tienen las ciencias humanas. Quiero decir de la poca fiabilidad que tienen para hacer predicciones certeras. ¿Os imagináis que sería de la humanidad si las ciencias humanas estuvieran tan desarrolladas como, por ejemplo, la biología genética? ¿Os imagináis lo que podrían hacer los tiranos de todo pelaje y las grandes corporaciones con científicos sociales a sueldo?

Dado que nuestro desarrollo general, en lo que respecta a la política global, no está muy lejos de la edad de piedra; no deja de ser una garantía de supervivencia y de libertad que nuestros pronósticos sean tan poco seguros. 

Para terminar este tema, y como recordatorio de lo difícil que resulta hacer predicciones, veamos la siguiente noticia aparecida, en los periódicos, hace un siglo (repasar los diarios de épocas antiguas puede ser un ejercicio importante para desarrollar la "imaginación sociológica"):

Hace 100 años.

Control remoto. "El señor Nikola Tesla, de Nueva York, ha inventado lo que en ciencia naval se llama torpedo dirigible. Mientras que otros ingenios dirigibles emplean un cable de conexión para transmitir al torpedo la energía de control, el señor Tesla hace uso de las ondas hertzianas procedentes de una fuente distante (lo que se conoce más popularmente como "telegrafía sin hilos") que prescinde del cable. Afirma el señor Tesla que "la guerra dejará de ser posible cuando el mundo entero sepa que en el futuro el más débil de los países podrá dotarse inmediatamente de una arma que haga seguras sus costas y sus puertos inexpugnables a los asaltos de todas las armadas del mundo unidas".

(citado en "Investigación y Ciencia". nº 266. Noviembre 1998).

La tesis expuesta tiene un vago -pero reconocible- parentesco con las que ahora se escuchan sobre las inmensas ventajas que aportará Internet. No creo que un sociólogo sea tan ingenuo como para creer que un avance tecnológico puede modificar sustancialmente las relaciones sociales (incluyendo la guerra). La verdad es que el conocimiento sociológico puede ser contemplado desde dos perspectivas y ofrecer, así, resultados contradictorios. Es suficiente para evitar ingenuidades como la que arriba cito; y, simultáneamente, es totalmente insuficiente para avizorar por donde se desliza la sociedad en su marcha incontenible.

La sociología política, sin ir más lejos, tiene un desarrollo extenso (si atendemos a los libros y artículos que se publican, y a la cantidad de catedráticos que viven de ella), y sin embargo su capacidad de predicción es asombrosamente baja (para las expectativas de cualquier científico de lo social). 

Prácticamente ningún experto en ciencias humanas intuyó o predijo la caída de la Unión Soviética. Siendo el segundo país más poderoso de la tierra, la falta de pronósticos que tuvieran alguna relación con lo que efectivamente pasó es, en cierta forma, un verdadero milagro. Pero un milagro al revés; una especie de ceguera colectiva que pocas veces en la historia se registra (teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad a la que se supone altamente evolucionada y donde lo que sucede en un lugar en poco tiempo se conoce en las antípodas). 

Es como si un continente entero se hundiera en el mar de un día para otro... y ningún científico se hubiera apercibido del problema, ninguna señal roja, ningún crujido que alertara. Ya he dicho que esta debilidad de las ciencias sociales no es una circunstancia perjudicial para la libertad humana; pero un científico no se pregunta por si su conocimiento va a ser útil o perjudicial... lo que quiere es saber y que su conocimiento sea fiable, transmisible y permita entender mejor la realidad. En esta dirección algo hemos avanzado respecto de los brujos de la tribu y los discursos medievales, pero el proceso es lento y tortuoso. Lo cual, repito una vez más, no me parece nada inquietante... porque así damos tiempo a que los ciudadanos adquieran un poco más de sabiduría política y no dejen grandes parcelas de poder en manos de gestores egoístas, libres de todo control popular. 

Fin de la 15ª clase.
Carlos Salinas
20-marzo-2000

 



jueves, 15 de enero de 2026

Cap.13. Un antiguo curso de Sociología. La Economía

Sociología de la Economía


"Regla de Oro: el que tiene el oro, hace las reglas." 
(Anónimo) 

"Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son." 
(Abraham Lincoln)

 

La sociología, como no podía ser menos, también mete sus narices en las cuestiones económicas, ¿cuales son estas cuestiones? Habitualmente se entienda que las relaciones económicas tienen que ver con la producción, distribución y consumo de bienes y servicios. También con la escasez. No me refiero a una escasez crónica, a la falta de algo en la cantidad suficiente, sino a aquella clase de escasez que da un valor a las cosas.

El aire no tiene valor económico porque sobra, el agua también, bueno, todos sabemos que la pagamos... entonces ¡tiene valor económico! y lo tiene porque si bien se produce naturalmente, alguien tiene que acarrearla, hasta nuestra casa; luego el mismo proceso es lo que puede convertir a un elemento no económico en un bien económico.

La información no tiene en principio valor económico, pero si estamos dispuestos a pagar por ella, entonces lo adquiere. Por lo tanto podemos ver que el concepto de "escasez" es muy sutil; quizá sería mejor decir que tiene valor económico todo aquello por lo que se está dispuesto a pagar. Existe un poblado miserable donde sus habitantes vegetan y cuando pueden emigran; de pronto alguien instala un lugar para turistas y éstos empiezan a afluir porque el lugar de tan miserable que es... no ha sido tocado por nuestra civilización tecno-industrial. Los mismos lugares que antes no valían un céntimo ahora han adquirido un valor económico. Además un valor realmente interesante porque sólo se paga por verlos (y transitar por ellos). Pueden dar para mucho, y esto es lo que ha sucedido en muchos pueblos de España (y de otras partes del mundo). 50 millones de personas visitan nuestro país cada año. Esto supone que cualquier piedra antigua se valoriza en una forma que nuestros abuelos jamás soñaron. A veces leo noticias de la restauración de una capilla realmente fea... pero es del siglo XI, esto le da un valor gigantesco. Hay un montón de gente que está dispuesta a viajar para verla. Gente que no tiene otra cosa mejor que hacer. O sea que nunca estamos seguros de sí algo realmente no tendrá algún valor económico.

Supongamos que yo me muero (esto es perfectamente previsible, aunque no puedo estimar en que momento dejaré de incordiar a mis vecinos). Supongamos que me pongo de moda... en el siglo XXII, quizá haya dicho algo importante que mis contemporáneos juzgaron un absurdo o una estupidez total. Supongamos que ya no queda prácticamente ninguna huella de mis escritos... excepto algunos pocos (pongamos, para seguir en el ejemplo, que estas clases son "milagrosamente" rescatadas de la nada). Estos materiales escritos que ahora pasan sin pena y sin gloria, sin valor económico alguno... se convierten en algo muy valioso. Jugarretas como la que cuento han pasado muchas veces en la historia. Aunque todas tienen la misma constante: ¡jamás han aprovechado a su creador!

La economía trata de todas estas cosas, aparentemente sólidas y que sin embargo son un puro juego mental. El sociólogo estudia lo que el economista juzga de menor importancia y deja ahí, para que pastoreen los profesionales menos favorecidos. Vivimos en una época de globalización, es decir en un mercado mundial donde siempre se podrá encontrar un competidor que lo haga mejor y más barato. Las empresas se fusionan formando colosos economico-financieros y simultáneamente los países y las zonas desfavorecidas cada vez tienen menos recursos para salir del pozo. Un sociólogo, o un economista que haga sociología, se fijará más que en la acumulación de capital en su pésima distribución y más que en el funcionamiento de la bolsa en como el capital financiero puede ser desvastador para las economías más débiles. No se trata de que el sociólogo tome partido por los débiles (lo cual es una opción válida, pero en absoluto determinada por la sociología) sino que tiende a fijarse en la comunidad global y en lo que sucede cuando una parte de la sociedad sube, la otra, como en el juego infantil, baja.

Entiéndase que cuando digo el sociólogo simplemente lo hago para resumir un concepto mucho más extenso que dejo como tarea a quien lee estas líneas. Allí donde está escrito el sociólogo debería poner: "el científico de lo social que, en ese momento, está utilizando teorías y modelos que tradicionalmente suelen asociarse con la disciplina sociología". Un economista, un psicólogo o un astrónomo (si se le ocurre mirar hacia abajo) pueden investigar estos fenómenos de los que hablamos, pero se ahorrarían tiempo y contradicciones si utilizaran aquellas teorías sociológicas que se vienen mostrando más útiles para la tarea.

¿Pueden las teorías sociológicas ayudar en la comprensión de las realidades económicas? Es posible que sí, por lo menos pueden aportar otro punto de vista para comprender el puzzle. 

¿Por qué cayó la Unión Soviética? ¿Es el capitalismo un sistema capaz de afrontar los profundos desafíos sociales de nuestra época? ¿Existe una alternativa al mercado global, o es una ilusión pretender cerrarle el paso? ¿Van las grandes multinacionales en -vías de convertirse en "países" transversales- hacia una manera radicalmente diferente de organizar la convivencia de la sociedad humana? ¿Que convivencia puede existir entre el capitalismo triunfante en una pequeña parte de la humanidad y las sociedades donde la religión sigue siendo un valor fundamental? ¿Está condenado el Estado-nación para ser reemplazado por Estado-zona, como la Comunidad Europea? ¿Cómo compensar el gran poder económico de algunas empresas? ¿Sigue siendo el Estado una herramienta útil para la defensa de la soberanía popular o es mejor buscarse otro cacharro? ¿Pueden los pobres ayudar a los miserables?

No sigo, pero podría hacerlo (y no amenazo en vano). Más creo que la pequeña lista de arriba puede mostrar como la economía nacional y mundial también necesita de estudios que provengan de otras teorías y otros métodos que los referidos exclusivamente a la economía. 

Fijaros en la última pregunta de la lista ¿qué os parece? ¿es posible? Bien, ¿alguien ha oído hablar del Banco Grameen? Pues es un banco muy extraño, pero existe y está teniendo bastante éxito. Su política consiste en prestar dinero a gente que no tiene un duro (una condición esencial es que estén muy, pero muy colgados económicamente)... y para colmo casi todo el dinero que presta es sólo a mujeres (descubrieron que los hombres se lo gastaban en un periquete). O sea: mujeres cargadas de hijos e insolventes... ¡vamos! el sueño de todo director de sucursal bancaria.

Muhammad Yunus, el fundador de este banco original, cuenta su historia en "Investigación Ciencia" de febrero de este año ("El Banco Grameen" pags. 70 a 76). Allá por 1974, ya doctorado en Economía, comenzó a dudar (una duda creativa, que no se ahoga en el relativismo indolente); transcribiré una pequeña parte de sus palabras:

"Pero en 1974 sufrimos una tremenda hambruna (se refiere a Bangladesh, al NE. de la India). Enfrentado al salir de mis clases con la muerte y la inanición, empecé a poner en duda las teorías económicas que yo enseñaba. Había una enorme distancia entre la vida real de los pobres y los famélicos y el mundo abstracto de la teoría económica.

Quise saber cómo era la economía real de los pobres. Puesto que la Universidad Chittagong está ubicada en una zona rural, me resultaba fácil visitar los depauperados domicilios de Jobra, un pueblecito vecino. En el transcurso de muchas visitas, llegué a conocer casi todo sobre la lucha por la vida de mis vecinos y aprendí sobre economía muchas cosas que jamás son explicadas en las aulas. Me sentí desolado al ver cuánto sufrían los indigentes de Jobra porque no conseguían reunir mínimas cantidades de capital para los gastos ordinarios. Con frecuencia bastaba con menos de un dólar por persona, pero sólo aceptando condiciones leoninas podían llegar a conseguir esa minúscula cantidad. En la mayoría de los casos, la gente se veía obligada a vender sus bienes a prestamistas a los precios fijados por estos.

Esta tragedia cotidiana me impulsó a la acción. Con la ayuda de mis alumnos de segundo ciclo, confeccionamos una lista de quiénes necesitaban pequeñas cantidades de dinero. En nuestra lista figuraban 42 personas. La suma total requerida era de 27 dólares.

Quedé conmocionado. En las aulas se hablaba de millones de dólares con normalidad rutinaria. Estábamos en cambio despreciando las minúsculas sumas de capital que necesitaban 42 personas aptas y dispuestas a trabajar que vivían a nuestro lado. De mi propio peculio, presté los 27 dólares a las personas de mi lista."

La historia sigue y no la voy a contar aquí, pero de ese primer paso se pasa a más, y a más, y el proceso resulta viable sobre todo porque la mayoría de las personas devuelven esos pequeños préstamos para que la rueda siga girando. 

Actualmente el Banco Grameen (o "banco de aldea", en idioma bengalí) tiene sede en 39.000 aldeas de Bangladesh, concede préstamos a unos 2,4 millones de solicitantes (el 94% son mujeres) y en marzo de 1995, 18 años luego de los hechos que arriba se mencionan, alcanzó sus primeros 1.000 millones de dólares. El índice de reembolso oscila entre el 96 y el 100 % de los préstamos. Luego que se diga que los pobres son malos pagadores

El dinero se da a los que están en peores condiciones pero que tienen ganas de salir de su situación. El banco no sólo da el préstamo sino también el consejo de como se puede invertir (pequeñas empresas domésticas como cría de aves de corral, venta de sus productos, fabricación de cántaros de barro cocido, cultivos de hortalizas, fabricación de utensilios diversos, etc), y también asesoramiento técnico que permita llevar a cabo estas actividades productivas.

Siendo esta experiencia interesante lo que la hace aún más atractiva es que el modelo "Graamen" se ha extendido a 40 países. Gracias a ello "en total, unos 22 millones de personas pobres de todo el mundo tienen ahora acceso a pequeños créditos" (Ibídem, pag. 75).

Muhammad Yunus considera que los problemas pueden resolverse "no por medio de las viejas ideas, sino por la adopción de otras radicalmente nuevas". Estoy de acuerdo que el mundo necesita de nuevas ideas, sobre todo cuando registramos que los esquemas aceptados no resuelven nada y la situacion se sigue agravando.

¿Tiene algo que aportar la ciencia social a esta liberación de la inteligencia? Personalmente creo que no se trata de una labor de especialistas, pero en ella los especialistas también pueden aportar lo suyo. No caigamos en el error de creer que serán los economistas, o los sociólogos, los psicólogos, los ingenieros o los políticos los que nos traerán soluciones. Las soluciones se trabajan entre todos, y la responsabilidad es colectiva; pero también puede resulta evidente (por lo menos para mí) que si alguien tiene algo inteligente que decir... mejor que lo diga en los duros años que se avecinan; o que calle para siempre.


Fin de la 13ª clase.
Carlos Salinas.
13-Marzo-2000

 



sábado, 10 de enero de 2026

Cap. 12. Un antiguo curso de Sociología. La Religión

Sociología de la religión


"Matadlos a todos; Dios reconocerá a los suyos." 
(Arnaldo Amalrico. Abad De Citeaux - Cuando le preguntaron que hacer con los ciudadanos de Béziers, ciudad sospechosa de herejía)

"¡Ante un coche así... el pecado es no caer en la tentación!"
(Un anuncio de Televisión Española, en feb-2000).

"Si Dios existe, ese es SU problema".
(Grafitti, leído en una pared en Santiago de Compostela - España)

 

De la primera cita a las dos siguientes... han pasado varios siglos. ¡Cómo cambian los tiempos! No he puesto la marca del coche... para proteger vuestro bolsillo. De todas formas, y visto desde esta perspectiva original, la sociedad actual es sumamente virtuosa porque no se ahorra ninguna tentación.

Si queremos saber donde están las ideas que mueven nuestra época se puede investigar en bibliotecas y universidades; pero tenemos otra via inmejorable: ver y leer los medios de comunicación (y también las paredes). Allí está *todo condensado y traducido al lenguaje vulgar. 

Humor, hábitos, prejuicios, valores... Todo lo que "se lleva". Y lo que no está no significa que no exista, pero podemos suponer con bastante exactitud que es algo muy minoritario. Algo que no tiene suficiente entidad para mostrarse en la plaza pública.

Un sociólogo, o lo que se le parezca, no dejaría de observar el carácter "sagrado" que actualmente se le asigna al consumo. Si por "sagrado", claro, entiendo no sólo una conducta religiosa sino también aquella que sirve para frenar la angustia y la desazón propia de la existencia humana. Algo de esto pensaba, hace un tiempo, cuando un amigo me comentaba, a raíz de una situación dolorosa (emocionalmente hablando) que ambos sufrimos en diferente medida, su manera de exorcisarla: "Me dio tanta pena... que, ¡mira!, mandé a hacer puñetas mis dudas y cambié el coche por aquel otro que le tenía ganas".

Al principio no vi la relación, luego caí en la cuenta que era otra manera de "ir a misa". Una manera más cara, pero también eficaz para impedir ese hueco tremendo que se forma ante hechos con que todos tenemos que luchar en algún momento de la vida.

¿Qué caracteriza a una religión? Más allá del catolicismo, al que la mayoría estamos tan habituados que incorrectamente solemos tomar como "modelo" de lo religioso ¿Dónde está lo religioso en una conducta humana?

Para precisar el concepto necesitamos hacer una excursión histórica, a ver como se originó, y nos encontramos que:

"...ninguna lengua primitiva, ninguna civilización superior arcaica, ni siquiera la griega o la romana, más próximas a nosotros, poseen un término que corresponda a este concepto que históricamente se ha definido en una época y en un medio particulares (se observará que la palabra "religión" deriva directamente del latín religio -¡y cuántas definiciones de religión han tomado como punto de partida una u otra de las presuntas etimologías del término latino *relegere o religare-. Pero el término latino no poseía la acepción moderna de religión; indicaba simplemente un conjunto de observancias, advertencias, reglas e interdicciones que no hacían referencia, por ejemplo, ni a la adoración de la divinidad, ni a las tradiciones míticas ni a la celebración de la fiestas, ni a tantas otras manifestaciones consideradas hoy día como "religiosas". Querer definir la "religión" es querer dar un significado preciso a un término forjado por nosotros mismos y que nosotros empleamos normalmente con la más vagas e imprecisas significaciones.

Se trata, pues, de una definición funcional, de determinar un concepto para que pueda ser utilizado con fines científicos, y no de una definición basada en los caracteres de una cosa, distintos in re respecto a otra (como sería, por ejemplo, la definición del bronce como una aleación que contiene un porcentaje dado de cobre y estaño, definición que es válida independientemente de toda época histórica y de toda situación cultural). No debe olvidarse que apenas hace un siglo se afirmaba todavía de ciertos pueblos primitivos, mientras se discutían sus ritos, creencias y seres imaginarios, que vivían "ignorantes de todo aquello que pueda parecerse a una religión", y ello porque todavía se le daba al término "religión" un sentido que dependía muy estrechamente de la experiencia religiosa cristiana, mientras que hoy en día seguimos utilizando el mismo término, pero con una acepción considerablemente más amplia"

(ver Angelo Brelich. "Prolegómenos a una historia de las religiones" en Historia de las Religiones. Siglo XXI, tomo 1, pag. 35)

Anotad como el historiador, al igual que el sociólogo, necesita de conceptos para poder pensar, y éstos no son siempre fáciles de obtener. Para que sirvan requieren ser amplios y a la vez precisos; saber lo que contienen y lo que dejan fuera. ¿Qué debe incluir el término "religión" para que nos sirva?

Sigamos un poco más al autor:

"¿Qué es, pues, aquello que distingue la creencia religiosa de la profana? Tampoco la naturaleza de su objeto parece bastar para distinguirlas; puede, en efecto, creerse de un modo profano en la existencia de Dios y en la inmortalidad del alma (por ejemplo, apoyándose en razones filosóficas). "

Fijaros, entonces, que aquí se desmonta una idea común pero incorrecta: la que afirmar la existencia de "Dios" sea criterio suficiente para entrar en la órbita religiosa. Tampoco entra dentro de lo específicamente religioso, en esta perspectiva, afirmar la pervivencia después de la muerte, o incluso la eternidad de una sustancia que durante un tiempo toma la forma de un individuo, un organismo concreto. 

Por supuesto que muchas religiones mantienen estos postulados... pero también hay religiones que no lo aceptan, y siguen siendo religiones. Hace unos años un filósofo amigo (especializado en "epistemología y teoría de la ciencia") me discutía que el "Budismo" tenía que creer en la existencia de un Dios... "sí no fuera así, no sería una religión", concluía.

Pero excluir al budismo del concepto sale bastante caro. Terminaremos descartando la multiplicidad de lo religioso, hasta terminar por concluir que sólo hay una religión que merezca ese nombre: la que se ajusta al modelo judeocristiano.

Coincido con Brelich en que una de las características de la "religión" es afirmar la existencia de seres "sobrehumanos", no "sobrenaturales" ya que ello supone un concepto restringido de lo que puede ser la naturaleza. Estos seres sobrehumanos tienen que ver con los aspectos incontrolables de la realidad. Allá donde el individuo, o el grupo, con sus fuerzas y conocimientos no puede llegar.

Seres que pueden ver, recordar, comunicarse con el mundo invisible donde se encuentran las palancas y los controles del mundo perceptible.

La existencia de estos seres está ligada a "mitos", relatos no comprobados donde se afirma, en un pasado remoto (o por lo menos inaccesible a los contemporáneos), el origen y la razón de sus atributos.

Estos seres pueden ser muy pocos, pero ello se explica por su mismo carácter excepcional. 

Sin embargo las "creencias", aisladas de su entorno, no terminan de perfilar a un fenómeno *religioso. Parte esencial son los "ritos" el "culto" que permite establecer vínculos estables con esos seres especiales. El rito no sólo acompaña al hecho religioso, es parte de él, lo produce. 

Y no sólo eso, tanto los historiadores como los antropólogos coinciden en que una religión no consiste únicamente en mitos y en prácticas rituales, además implican otras hechos: "tabúes", prohibiciones (o autolimitaciones) y "sacrificios" u ofrendas. Sin olvidar las "fiestas" que delimitan las épocas sagradas (y que las separan del tiempo profano). 

Por último no olvidemos la creación de funciones sagradas que se asignan a ciertas personas (que pueden o no especializarse en ellas), y que son las encargadas de dirigir el culto, el proceso de comunicación con el mundo visible, presente y a la vez distante. 

Las religiones constituyen:

"Un particular tipo de esfuerzo creador realizado por las distintas sociedades humanas, mediante el cual éstas tienden a adquirir el control de aquello que en su experiencia concreta de la realidad parece escapar a los restantes medios humanos de control. Manifiestamente, no se trata de un control de carácter simplemente técnico (que tarde o temprano se revelaría ilusorio), sino, sobre todo, de poner al alcance del hombre lo que es humanamente incontrolable, invistiéndolo de valores humanos, dándole un sentido que justifique, posibilite y sostenga los esfuerzos necesarios para seguir existiendo" (Ibídem, pag. 67)

Así es como se construye un concepto que después va a ser utilizado en la investigación histórica, o en la antropológica. A los efectos prácticos un sociólogo no necesita ni siquiera recrear un nuevo concepto de "religión"; en la medida en que su labor se desenvuelva en una comunidad puede aceptar como tal lo que la misma comunidad le propone.

Con otras palabras, no hay necesidad de reinventar el término si todos sabemos que estamos hablando. Pero, sin embargo, esa misma facilidad puede impedir ver lo que hay de común en procesos aparentemente heterogéneos. Si se acepta que "religioso" es sólo lo que hace la Iglesia, obviamente la publicidad no es "religiosa", ni la política tampoco. Pero si se cambia el concepto, ampliándolo e incluyendo lo que puede pensarse como lo "específico", lo más "íntimo" de un fenómeno religioso; lo que tiene de común con otras épocas y otros pueblos... entonces la reelaboración del concepto abre nuevas puertas. 

Se podría aceptar que ciertas formas de hacer política (una alusión permanente a la historia, una invocación a ancestros y a obligaciones que surgen de la noche de los tiempos -como es el caso de los nacionalismos-) son "religiosas". Y que pueden estar apareciendo nuevos fenómenos "religiosos" en áreas totalmente profanas de la actividad humana.

Espero que el esfuerzo de comprender lo hasta aquí explicado pueda abrir vuestras mentes a una operación muy común en ciencias humanas: la *redefinición de algunos términos básicos que genera una perspectiva estimulante sobre cuestiones trivialmente cotidianas .

No es seguro que siempre esta *redefinición esté bien lograda, es decir que sea coherente con las teorías en que se fundan. Tampoco lo es que no sea puramente ideológica; es decir que sirva para enmascarar prejuicios, fobias, rechazos que no se quieren manifestar claramente. No hay nada que esté protegido de la malicia humana. Con los mismos mimbres se hacen cosas buenas o malas. No hay ninguna garantía, insistimos; pero ello no quita que sea útil redefinir muchos términos si queremos captar lo que sucede en derredor. Se debe cruzar la cueva del dragón para obtener el premio de la doncella. La ciencia lo hace a su modo... a veces sus oficiantes quedan mutilados.

Aclaramos, para evitar réplicas airadas, que la forma como hemos definido previamente a una religión no es la única posible; ni siquiera la mejor. ¡Ignoro cuál es la mejor! pero os pido que os acordéis de la Ley nº 1 que mencioné al principio de esta serie sociológica. Todo lo que se hace en estas materias es discutible. Además, al estar comprometidos con nuestra sociedad (y con nuestra historia personal) difícilmente podremos obtener conceptos que no sean considerados o demasiado amplios o demasiado estrechos. Como dice Isiaiah Berlin:

"Ya el sabio y eminente profesor Northrop Frye señala que cuando alguien se embarca en una generalización sobre un tema, aun en algo tan inocuo como decir, por ejemplo, que nació entre los poetas ingleses una actitud nueva ante la naturaleza -digamos, por ejemplo, en Wordsworth y Coleridge por oposición a Racine y Pope-, no faltará quien presente evidencia contraria basándose en los escritos de Homero o Kalidhasa, en las epopeyas árabes preislámicas, en la poesía española medieval y, finalmente, en los propios Racine y Pope."

(Isaiah Berlin."Las raíces del romanticismo".Taurus, Madrid, enero-2000. Pag. 19)

No se trata de organizar una defensa (antes del ataque previsible) sino de la humildad que debe guiar cualquier trabajo que aspire a conocer la realidad (lo que habitualmente se denomina con cierta prosopopeya, un "trabajo científico")

Luego de estas consideraciones, ampliemos nuestra base teórica con el enfoque de otro sociólogo contemporáneo (conocido, sobre todo por ser la apoyatura ideológica del actual primer ministro británico Tony Blair): Anthony Giddens.

Para Giddens primero debe establecerse que *no es religión (ver "Sociología", Alianza Universidad):

1. No debe identificarse con el *monoteísmo (creencia en un dios). Hay religiones con varias deidades y otras donde no hay ninguna.

2. No debe identificarse con *prescripciones que controlan el comportamiento, como los mandamientos de Moisés. Para los antiguos griegos los dioses eran, en gran medida, indiferentes a las actividades humanas.

3. No debe identificarse con una *explicación causal del universo. Muchas religiones tienen mitos sobre como el mundo llegó a ser, pero otras muchas no lo tienen.

4. Y por último no puede identificarse con lo supranatural; un mundo que está más allá de los sentidos. El confucianismo chino no incluye ninguna idea de ese tipo.

Las características comunes a todas las religiones son las siguientes:

1. Un conjunto de símbolos.

2. Sentimientos de reverencia y respeto.

3. Presentar rituales o ceremonias practicadas por la comunidad de creyentes.

Obsérvese que si el planteo inicial podía ser acusado de demasiado estrecho, éste, en cambio, presenta la alternativa opuesta. Si acepto la propuesta de Giddens muchas cosas de nuestra sociedad entran dentro de la categoría de "lo religioso", tantas que tendríamos que aceptar que lo religioso sigue incluyendo grandes áreas de lo político y lo cultural.

Personalmente me inclino por una posición ligeramente diferente (que no niega, sin embargo, lo que dicen los autores citados). Creo que lo "religioso" tiene que ver con el sentido que se le otorga a la existencia individual. Es la respuesta, la respuesta tentativa a la pregunta "¿qué hago yo aquí, en un mundo como éste?". 

Desde esta perspectiva (tan discutible como cualquier otra, por supuesto) no hay forma de ser "no-religioso". Cualquier opción entra de esta categoría. Se puede ser *creyente de una manera (afirmando una vida en el más allá, con Dios, o dioses incluidos), o de otra (afirmando que no hay vida en el más allá, y que todo termina con el último suspiro; o que hay vida post-mortem pero siendo la misma no es igual; o que ese asunto importa poco mientras se comprenda la raíz de la existencia); se puede darle un significado a esta presencia individual *no necesaria en el universo o puede negárselo; o se puede, incluso, suspender cualquier respuesta con el buen argumento de: "por ahora no tengo suficiente información". En cualquier caso la dimensión religiosa de lo humano sigue estando presente, bien presente, aunque se vista con ropajes laicos.

En esta perspectiva incluso las religiones más apegadas a lo social y mundano (pongamos como ejemplo el mismo que trae Giddens, el confucianismo) sigue siendo *religión porque sus adeptos encuentran en su culto y creencia una manera eficaz de abordar la eterna cuestión.


En consecuencia, la sociología de las religiones necesita de un concepto para estudiar el fenómeno en diferentes sociedades y para estudiar el mismo fenómeno en los cambios que sufre una sociedad, o una civilización. Esto concepto tiene que ser necesariamente restringido ya que si se abre demasiado la mano entra tanto que ya no se puede sostener. Pero una cosa es investigar un fenómeno social y otra muy diferente es practicarlo.

Dicho con palabras más sencillas (espero): en tanto sociólogo, en tanto científico de lo social, uno debe, necesariamente adquirir una perspectiva "atea"; pero ello es sólo un recurso metodológico, no una opción existencial. Creo que un sociólogo debe ser ateo en su práctica científica, y ello no entra en contradicción con su religiosidad, si la tiene asumida.

Naturalmente que ésta, digamos, "bifurcación metodológica" será más fácil con ciertas religiones que con otras. Quizá resulte materialmente imposible en el caso de un islámico, por ejemplo, pero su dificultad no quita su importancia. Si se aplican criterios religiosos al estudio social... desde el inicio se puede afirmar que el estudio está "sesgado", y por lo tanto no tiene validez general (aunque pueda tener el valor de un documento "político" para la comunidad creyente a la que el sociólogo pertenece).

Por último deseo destacar que en estos campos la coincidencia entre profesionales de las ciencias sociales es muy rara, tan extraña como un milagro. La norma es la disparidad. Pondré sólo un ejemplo: Ignacio Sotelo, sociólogo y politólogo (suponiendo que exista alguna diferencia, que yo no lo creo) escribió un sesudo artículo publicado en "Claves" (nº23, Junio de 1992): "La Religión persistente y coexistente". En él, el autor desarrolla los dos conceptos que se muestran en el título: como la religión persiste en nuestra época contemporánea (pese a todos los pronósticos del siglo XIX que indicaban su muerte a mediano plazo); también como la religión coexiste con el desarrollo tecno-científico gracias a una compartimentalización de las soberanías. 

"Así como la Iglesia ha encontrado un modus vivendi con los poderes estatales secularizados, la coexistencia entre religión y ciencia se presenta hoy bastante pacífica. La ciencia, al no importarle lo más mínimo lo que pueda decir la religión, la ignora por completo, sin darle ya la menor beligerancia. Se ocupa únicamente de ella como un tema más de su curiosidad universal: ciencia y filosofía de la religión. A su vez la religión, que en un mundo dominado por la técnica se bate en retirada, no se atreve ya a enfrentarse abiertamente con la ciencia. La reconoce soberana en su campo y sólo se preocupa de reservarse uno propio. Lejos de implicarse mutuamente, ciencia y religión coexisten de la única forma posible: tratando de delimitar un campo propio que, o bien la ciencia ignora, o bien deja de respetar en cuanto se interesa por él." 

(Ibídem, pag.58)

Crítica: El autor está pensando en la religión cristiana y en la peculiar forma que ésta se relaciona con las otras estructuras sociales (en las sociedades desarrolladas). Sin embargo con otras religiones no sucede igual: el Islam tiene una postura militante sobre el tema y no acepta quedarse arrinconado al margen de la sociedad civil. Por otro lado ni siquiera el cristianismo "in totum" comparte la perspectiva expuesta. Baste con recordar las dificultades para enseñar en los colegios de EEUU la evolución biológica para citar un ejemplo actual. Lo que podría llamarse "integrismo" religioso (o la pretensión de dominar a la sociedad civil) está en todos lados. En cierto modo la situación privilegiada de la ciencia sólo se da en una proporción minoritaria del planeta... y en forma de archipiélago, más que de bloque homogéneo. En el artículo que comentamos la situación real no se vislumbra.

Cuando Ignacio Sotelo, casi al final su artículo escribe:

"Sociológicamente, para la religión parece llegada la hora de la experiencia religiosa en lo más recóndito de la intimidad y/o de su realización en la secta" 

(Ibídem, pag 62)

Uno se remueve inquieto en la silla. No porque esté o deje de estar de acuerdo... sino simplemente porque no es lo que se observa en el mundo; entonces ¿qué clase de sociología es la de autor? Se espera una mayor universalidad de las descripciones cuando se habla en términos de ciencia social.

Mencioné en la introducción al cursillo la necesidad de apelar al humor en diversos momentos del estudio (y la práctica) de las ciencias humanas. Pienso que es un factor esencial de supervivencia; uno no puede tomarse en serio todo lo que los científicos sociales afirman sobre el mundo. Pero, con un poco de paciencia, podremos aceptar que es largo y retorcidoel camino para llegar a entender la realidad. No es fácil acertar a la primera.

Otro ángulo muy diferente para analizar las religiones podría ser el que proponen Mircea Eliade y, con sus diferencias, Claude Lévi-Strauss:

"A despecho de todas las diferencias que los separan, entre Mircea Eliade y Claude Lévi-Strauss hay de común el hecho de que ambos ponen de relieve las "reglas" de acuerdo con las cuales se construye la religión, y consiguientemente el carácter sistémico de ésta; ambas subrayan, además, la autonomía de la religión respecto de la sociedad.

Pero ¿cómo es posible dar forma práctica a los resultados de esta comprobación relativamente vaga, según la cual la religión (y todo lo demás) es un sistema? En realidad, de lo que aquí se trata no es tanto de señalar un descubrimiento reciente cuanto, más bien, de precisar lo que el mismo implica (...). Dentro de esta perspectiva, la religión no posee una "historia" y la historia en un momento dado no se define por una "religión", sino solamente por algunos restos incompletos de una religión. Porque una religión es, en primer lugar, un sistema infinitamente complejo y, a continuación, la parte de ese sistema que ha sido elegida durante el curso de su historia; ahora bien, sólo una parte infinitesimal de ese "fractal" está presente en un momento dado que podemos llamar "ahora". El "ahora" del budismo es algo mucho más reducido que el budismo que ha existido (y continua existiendo), que a su vez es mucho más reducido que el sistema del budismo tal como es idealmente (es decir, comprendiendo todas las ramificaciones posibles, del "fractal" generado por sus premisas, por sus condiciones de existencia, etc.)."

(Ioan P. Couliano en Mircea Eliade/Ioan P.Couliano. "Diccionario de las Religiones". Paidós, Bcn, 1994, pag. 21)

Lo que viene a decir este fragmento es sencillo, aunque en una primera lectura no lo parezca: un sistema de ideas abarca muchas posibilidades lógicas, pero sólo algunas existen (o existieron, o existirán) en la realidad. Las demás quedan sólo como posibilidades.

Si, por ejemplo un sistema (el cristiano) afirma la existencia de Dios Padre y Jesucristo, dado que es imposible saber empíricamente 

"Si Jesucristo posee el mismo rango que Dios Padre o si le es inferior, y, en el caso de que ni posea el mismo rango ni le sea inferior, cuál es entonces la exacta relación jerárquica que media entre ambos..." (Ibídem. pag.22)

Podemos pensar en el abanico de todas las soluciones posibles a este problema. De todas estas soluciones, sólo algunas fueron proclamadas en la historia, pero quedan las otras en estado latente, que pueden ser enunciadas en el futuro:

"Dicho de otra manera: antes de que aparezca un Arrio, o un Nestorio, yo sé que habrá un Arrio o un Nestorio, porque las soluciones de éstos forman parte del sistema, y es ese sistema el que piensa a Arrio, y el que piensa Nestorio, en el momento mismo en que tanto Arrio como Nestorio creen a su vez pensar el sistema" 

(Ibídem)

Traduciendo a un lenguaje más sencillito: la religión crea unos personajes con sus relaciones. Éstas van siendo analizadas en el transcurso histórico, y donde haya una duda, surgirán discrepancias. Estas discrepancias son perfectamente previsibles si localizamos todos los puntos dudosos (aquellos que no se puedan resolver por medio de una prueba empírica. O sea que son materia de discusión inacabable).

Si yo creo una religión (es un decir) con un sólo personaje central, al que llamaré "Gran-Yo", creo también algunos problemas teóricos. Quizá al principio no se vean, pero si la religión dura bastante tiempo, otros lo verán. Pero si yo con un espíritu más amplio, creo dos personajes centrales: "Gran-Yo" y "Gran-Tu", los problemas teóricos aumentaran multiplicándose geométricamente. 

Dejo a vuestra imaginación, si ya puesto a procrear, genero tres personajes: Gran-Yo", "Gran-Tu" y "Gran-El"... porque los problemas. ahora, alcanzaran para entretener a múltiples generaciones (por ejemplo: "Gran-El" es un nombre genérico que engloba a "Gran-El" y "Gran-Ella", o ¿sólo es correcto pensar en "Gran-El y "Gran-Ella" es una entidad subordinada"?).

El enfoque sistémico (de "sistema") no es original. Se puede rastrear en otras épocas, tal como lo especifica el autor que comento:

"Es necesario subrayar una vez más que esta perspectiva no es nueva. Los heresiólogos cristianos como Ireneo de Lyón o Epifanio de Salamina y los doxólogos árabes como al-Nadím y Shahrastání compartían ya una concepción sistémica de la religión, sabiendo muy bien y mostrando a cada paso que toda herejía es la variante de otra y que las diversas doctrinas religiosas se corresponden según reglas relativamente evidentes ¿Y quién mejor que el historiador de los dogmas cristianos para saber que todas esas ideas por las cuales muchas personas se mostraban dispuestas a matarse entre sí se derivaban la una de la otra según un mecanismo que no poseía ninguna "realidad" fuera de las conciencias humanas, esos aparatos cuya función parece ser la de moler hasta el infinito pensamientos según ciertas premisas que a su vez se derivan de presupuestos aleatorios? 

(Ibídem)

Una de las cosas más interesantes de las ciencias humanas es que todo lo nuevo que se afirma, ya se ha dicho. En algún lugar y en alguna época se puede encontrar la misma idea pero con palabras diferentes. Esto no debe deprimir al investigador sino llenarlo de positivo asombro. Significa que es posible conocer los fenómenos y que estos tienen cierta permanencia. La suficiente para que ser captados por hombres muy distintos en épocas muy dispares. De lo que se trata (que no es menuda tarea) es de crear un corpus de ideas que permitan interpretar lo que sucede coherentemente y que, esto es esencial, sean tan realistas que puedan prever lo que sucederá (aunque sea en el corto plazo). 

Por otra parte las ideas se aplican a fenómenos de todas clases, siempre que presenten los mismos elementos básicos. Fijaros que la concepción anterior bien podría aplicarse a los mesianismos y a las ideologías que anuncian un futuro luminoso. Siguiendo el razonamiento antes expresado, todas las "herejías" en que cayeron los comunistas que fueron "purgados" por Lenin y sus sucesores ya estaban en el limbo lógico previstas. Dado que lo que pasaría luego de la toma del poder por el proletariado era tierra incógnita, todas las alternativas posibles podían ser defendidas. De ese gran abanico de posibilidades sólo algunas fueron efectivamente enunciadas. 

Los que así lo hicieron, como Trostsky, no pensaban incorrectamente, sólo eligieron una posibilidad que ya estaba en el sistema, y que no había manera práctica de conocer su realidad... hasta que se intentara realizarla.

Aquí se ve como no hay divisiones rígidas ni puede haberlas en los diferentes estudios. Las herramientas que se utilizan en un campo, pueden ser útiles en otro. Si aplicamos la misma visión a la ciencia social veremos que también forma un sistema, cada disciplina es una alternativa, quizá haya que recorrerlas casi todas para conocer cuales son los caminos más productivos.

Y para terminar una última cita que pienso apropiada para el tema. Es de Norberto Bobbio:

"Por ese motivo opino que el dicho de las personas religiosas "si no hay Dios, todo está permitido" debería formularse al contrario: sólo si hay Dios, todo está permitido. Si hay Dios, y Dios es todopoderoso, Él lo puede todo, y creo en Él y le obedezco, todo será factible: si hay Dios, ¡a Abraham se le permite matar a su hijo! ¡Cuántos crímenes se han cometido en nombre de Dios a lo largo de la historia de la humanidad: Dios lo quiere!"

(El País. 9-ene-2000) 

Nota: cada cual puede entender la reflexión de N.Bobbio como le de la gana, pero yo la he puesto no porque parezca un alegato antirreligioso sino porque puede describir perfectamente la mecánica, la mentalidad que subyace a muchos conflictos donde la religión toma un papel excesivo, hasta convertirse en el discurso ideológico preponderante: "tantum religio potuit suadere malorum".


Fin de la clase 12ª
Carlos Salinas.
10-marzo-2000

 



Cap.16. Un antiguo curso de Sociología. Final

Final "Tened una alta idea de vuestras facultades, y trabajad. Las triplicaréis". (Hérault de Séchelles, 1759-1794) "Puede qu...