miércoles, 31 de diciembre de 2025

Cap.10. Un antiguo curso de Sociología

Poder y conflicto 

"Luego reflexionó que la realidad no suele coincidir con las previsiones; con lógica perversa infirió que prever un detalle circunstancial es impedir que suceda."
(J.L.Borges. "El milagro secreto")

"Recordad que estamos luchando por el honor de esa mujer, lo que probablemente es más de lo que ella hizo jamas." 
Groucho Marx)

"Cínico: adj. Canalla que ve, erróneamente, las cosas como son." 
(A. Bierce)

 

Entramos en uno de los grandes temas de la sociología. Insisto que no es sólo de la sociología. Cualquier ciencia de lo humano puede tratarlo, y es posible que la "politología" se considere con más méritos para hacerlo. Pero estas cuestiones de "fronteras" entre ciencias francamente son obsoletas. A pesar de todo, si os tomais el trabajo de releer el comienzo del párrafo vereis que yo no practico lo que predico (al decir que es un gran tema "de la sociología").

En realidad muchas veces pensamos a "varios niveles" y todo el pensamiento tiene que converger en el embudo del lenguaje con sus restricciones implícitas: hay que decir sólo una cosa por vez y las matizaciones tienen que ser pocas, a menos que se hable de una manera tan confusa que haga la comunicación inaccesible.

Esta es la ley de hierro de la comunicación: si quiero claridad, tendré que sacrificar matices, aclaraciones y subaclaraciones.

El lenguaje no sólo constriñe nuestra expresión además influye en el pensamiento. No es verdad que no pueda existir pensamiento sin lenguaje, pero sí es verdad que no puede existir pensamiento científico sin lenguaje adecuado. La opción de la "claridad" es, también, una opción ideológica (entendida esta última palabra en el sentido más general, como "filosofía o marco de referencia"). Y como tal es una opción que tiene su coste y un riesgo permanente: la simplificación excesiva.

Reuniendo ideas: el tema "poder y conflicto" si bien no es estrictamente sociológico es el que más ha preocupado a los sociólogos. Prácticamente no existe un solo colega que no se haya quedado "pegado" a él. Y si no ha sentido su atracción... es muy probable que haya errado en su elección profesional.

¡Ah el poder! ¡Bendito tu seas entre todas las virtudes! o vicios, quizá. 

La gente lo busca por todos los medios: incrementando su saber, o su dinero; o buscándolo por medio de las buenas acciones, la fraternidad (o si la situación lo requiere, el sadismo). Nadie puede decir que no le interesa el poder, a menos que lo tenga tan seguro que puede arriesgarse a despreciarlo.

Algo debe tener de "sucio" para que muchas personas lo busquen de costado. Sobre todo en España donde la mayoría proclama que no lo quiere mientras lo busca desperadamente. Somos un pueblo hipócrita en este sentido. Nos burlamos de las grandes potencias (EEUU se lleva la palma) mientras envidiamos todas las manifestaciones de su poder.

Si hay algo que puede llevar a descreer del género humano es el análisis del poder. Pero, por suerte, existe una enfoque diferente, menos culpabilizador, que es el científico. No se trata de condenar a nadie, sino de comprender lo que sucede, por qué sucede, y cómo se mantiene. De eso hablaremos en las próximas líneas.

 

El poder ha sido definido sociológicamente como "la capacidad de hacer lo que se desea, aunque los demás se opongan". El poder es entonces la posibilidad de imponerse en una comunidad. Sea ésta amplia o reducida a la mínima expresión de una familia... o una pareja. 

El poder político es el que permite controlar o intervenir significativamente en el control del Estado. El poder económico es aquel que hace lo mismo en las organizaciones económicas y en general cualquier clase de poder representa la posibilidad de imponer los criterios propios (valores, ideas, pautas, propuestas, productos) a la hora de controlar un sector de la actividad humana sea en su organización o en la distribución de beneficios.

La estratificación social resulta de la división de la sociedad en capas o estratos conforme a desigualdades que siempre, en última instancia, tienen que ver con el poder. Estas desigualdades pueden ser sancionadas legal o religiosamente (como la esclavitud, las castas de la India, o los "estados" medievales) o no ser reconocidas oficialmente, como el caso de las "clases" que muchos afirman que no existen... pero a veces da la impresión que sí, que algo de eso ondula bajo la manta de los discursos oficiales.

Las clases sociales surgen de las desigualdades en la posesión y control de los recursos materiales. No tienen confirmación ni legal ni religiosa. Son "invisibles" para el sistema jurídico ("todos somos iguales ante la ley"), en cambio sociológicamente reaparecen cuando se analiza, en su dinamismo, en su historia, cualquier proceso político o social de envergadura.

Del concepto de clase surge el de movilidad social, entendida como la posibilidad, para el individuo, de desplazarse hacia arriba en la pirámide social, o hacia abajo. El concepto de pobreza es económico (en tanto se funda en variables cuantitativas como "ingresos", "gastos", etc), en cambio el de clase social tiende a abrirse en abanico incluyendo todo lo que hace un individuo. Una clase social no sólo tiene sino que tambien vive, piensa, siente y se divierte de diferente manera. Los estudios sociológicos intentan encontrar criterios que sean "reales". Por "reales" se entiende que describan grupos existentes en la sociedad, y que por tanto se pueda predecir su conducta en situaciones ya conocidas.

 

Sociológicamente el poder en si no es ni malo ni bueno; es un elemento fundamental de la interacción social que puede ser utilizado para fines constructivos o para fines exclusivamente egoístas. Las sociedades no pueden sobrevivir sin alguna clase de control, ergo el poder es un elemento necesario de cualquier relación estable.

El poder se puede ejercer en dos planos: el "interpersonal", en las relaciones "cara-a-cara"; y el "social" cuando son situaciones de mayor envergadura que afectan a mucha gente. Habitualmente no se habla ya de poder social sino de poder político

Un concepto contigüo al de poder es el de prestigio, entendido como "la aprobación que provoca el desempeño de un individuo o una colectividad en el medio donde se desenvuelve". El prestigio no es lo mismo que el poder, pero si tiene una marcada relación ya que no existe poder sin prestigio, ni prestigio que no de (de alguna manera, a veces sutil) cierto poder.

Lo que pasa es esta altura de la investigación sociológica se debe refinar el concepto de *poder. Ya no se trata sólo de la capacidad de imponer la voluntad, sino de: la capacidad de "influir" en el medio humano circundante.

Y ésta definición de poder, más general, y menos fuerte es la que me parece más apropiada para los estudios de la materia.

Otro concepto que entra en todos los estudios sobre *el poder es el de elite: "Grupo minoritario que influye o controla actividades que se realizan en sociedad". Una elite es la crema de la leche. Incluso dentro de un grupo, camarilla o clase social que ejerce el poder en una comunidad más amplia hay siempre un subgrupo privilegiado que es la *élite. El poder se irradia en forma concéntrica; aunque vale, como recurso, imaginarlo como una "cristalización" progresiva que va desde fuera hacia dentro.

Este último punto de vista no es inútil. En una gran revolución social al principio el poder, incluso dentro del sector vencedor, está muy repartido. Al cabo de un tiempo el proceso de "cristalización" va operando silenciosamente y los mismos ganadores van entregando su cuota de poder a grupos más reducidos para terminar en una sola persona. ¿Por qué el poder no se mantiene en la comunidad y se va retirando poco a poco en favor de minorías a cada tramo más restringidas?

Este es un tema que haría la boca agua a cualquier sociólogo (con vocación, insisto): ¿Por qué el poder es tan inestable que no mantiene una distribución uniforme y tiende a coagularse en beneficio de unos pocos?

Existen distintas teorías sociológicas, ninguna concluyente (sino habría desalojado a las demás), pero la cuestión debería ser objeto no sólo de elaboración teórica sino, además, de experimentación práctica. Se juegan mucho las sociedades altamente desarrolladas al concentrar el poder en pocas manos. Es grande el riesgo para mirar el proceso ingenuamente, pensando que basta con cierta conciencia difusa colectiva y una experiencia histórica general (que sólo aprovecha a quien la estudia a fondo) para prevenir la concentración y su uso egoísta.

Cuanto más organizada está una sociedad, cuánto más eficaz y racional sean sus estructuras... más daño puede hacer el poder sin controles sociales. Ésta es una experiencia histórica que se repite hasta el hartazgo. Una sociedad de gran impulso científico y tecnológico como la nuestra... necesita urgentemente estructuras políticas transparentes que permitan controlar el inevitable proceso de creación de elites gobernantes y concentración del poder político, económico y cultural. 

Y aquí tenemos el segundo tema de esta clase... servido: ¡el conflicto!

Ya, en otra clase, se anotó que el *conflicto aparece cuando existen "fuerzas en una situación donde sólo puede ganar una de las partes". Cualquiera que hojee los diccionarios y manuales de sociología se encontrará con que se habla mucho de los "conflictos" pero muy poco del conflicto como concepto. 

Edward De Bono (en su libro "Conflictos") incluye la siguiente definición: 

"Es un choque de intereses, valores, acciones o direcciones. El conflicto se refiere a la existencia de de este enfrentamiento. La palabra conflicto se puede aplicar desde el momento en que este choque tiene lugar. Incluso cuando decimos que hay un conflicto potencial, esto implica que ya hay un conflicto de dirección, aunque el choque aún no se haya producido".

El mismo autor inventa, alrededor del término, dos nuevas palabras: "conflicción" y "desconflicción". Invito a detenernos un momento en lo que significan:

Conflicción:

El proceso de establecer, fomentar, fortalecer o diseñar el conflicto. El esfuerzo deliberado de crear el conflicto.

Desconflicción:

Lo contrario. El esfuerzo requerido para alejar o disipar el conflicto; para evaporarlo. Significa la demolición del conflicto.

En sociología el tema levanta polvareda. Los marxistas se distinguen por su particular incapié en la presencia del conflicto en las relaciones sociales. Hasta tal punto que han sido acusados de "conflicción", en el sentido de intentar crear más conflictos de los ya existentes. Esta acusación no es caprichosa, se puede adivinar en estos autores una búsqueda metódica, casi obsesiva, de cualquier clase de conflicto en los temas que abordan; pero por contra la sociología actual (excepto unos pocos autores) tiende a huir del tema como del diablo. O peor aún, circunscribirlo a los pequeños grupos; convirtiéndolo, con ayuda del instrumental psicológico, en un problema de choque de personalidades y no de intereses o clases sociales.

El intento de mayor envergadura, en la sociología, de sistematizar la teoría del conflicto se debe a Karl Marx. La base del conflicto social se encuentra en las relaciones de producción que determinan la aparición de clases sociales con intereses antagónicos. Todas las instituciones sociales son maneras de resolver ese conflicto básico favoreciendo a la clase dominante. Para encubrir ese "dominio" se enmascaran en el interés general y en conceptos abstractos de justicia; pero todo eso no puede ocultar, a los ojos del investigador, la sistemática política en favor del estado de cosas actual, el dominio que una clase social ejerce sobre la otra. 

Marx y los estudiosos que posteriormente siguieron sus huellas, nunca definieron con claridad las clases sociales (más allá de algunas clasificaciones que sólo se aplicaban a sociedades históricas) y la teoría del conflicto social sufrió todas las consecuencias de convertirse en la bandera de un movimiento político. Dejó de ser un instrumento de investigación para convertirse en un slogan, tan motivador cuanto más elemental y falso resultaba. 

En realidad la liquidación del marxismo político ha dejado al desnudo la pobreza teórica de las mismas investigaciones marxistas... que nunca fueron capaces de prever esa debacle. Tantos años anunciando la liquidación del capitalismo y no veían que la propia se acercaba a velocidad de tren expreso. Bien pueden decir los antiguos creyentes: "Nos han llevado de victoria en victoria, hasta la derrota final..."

Otros autores, no marxistas, intentaron rescatar la teoría del conflicto, como R. Dahrendorf, L. Coser, D.Lockwood, M Gluckman, K. Manheim y C. Wright Mills de las manos del activismo político y sectario (del último recomiendo sus "consejos al investigador" novato que se encuentran en Casi Nada y en DDT). Las ideas elaboradas por ellos son interesantes y, lamentablemente, escapan fuera de los límites de esta introducción; pero en general tienen como base la consideración que el conflicto es una realidad que existe en las sociedades, en todas, y que el problema no consiste en su eliminación (totalmente utópica) sino en encontrar formas democráticas de regulación.

Los problemas, luego de la caída del comunismo no sólo no se han reducido sino que se han incrementado. La sociedad globalizada, (que no es otra cosa que el mercado mundial con trabas mínimas) plantea el crepúsculo de las soberanías nacionales; cosa que personalmente no me da mucha pena... pero lo peligroso es que con ese declive también se reduce el poder de los parlamentos. En pocas palabras, la soberanía popular, la capacidad de controlar al poder... se reduce igualmente. 

Se está produciendo un trasvasamiento del poder estatal al poder de las grandes organizaciones (no necesariamente comerciales, aunque sí con poder económico y tecnológico) que ocupan nuevos espacios de carácter internacional. Este poder no es ni democrático ni está controlado por ningún organismo electivo. Es tan autocrático como lo eran los  príncipes renacentistas. Y me temo que ya se deben estar haciendo ediciones especiales, anotadas y puestas al dia, de Maquiavelo, y sus consejos, para los nuevos presidentes de las megaempresas actuales.

Algo de esto puede adivinarse en el artículo que pongo a continuación. Es un poco largo, sí, pero creo que conviene tomarse el trabajo de leerlo y pensarlo. Contiene las reflexiones actuales de un sociólogo que ha escrito mucho sobre el conflicto. El tema que hoy nos ocupa:

EL PAIS DIGITAL 

Miércoles 

2 febrero 2000 - Nº 1370

Después de la democracia, ¿qué? 

RALF DAHRENDORF 

Fue un momento dulce cuando pareció que la democracia y la economía de mercado habían ganado por fin el gran debate. Algunos espíritus impacientes llegaron incluso a afirmar que había llegado el fin de la historia. El futuro no era más que el tiempo para deshinibirse y disfrutar del botín de la victoria. Pero desgraciadamente, esos entusiasmos nunca duran. Una década después de la revolución de 1989, nadie hablaría del fin de la historia, y pocos afirmarían que ahora nadie cuestiona la democracia y la economía de mercado. En lo que a la democracia respecta, parece que sucede lo contrario, y que es posible plantear la siguiente pregunta: ¿tiene algún futuro la democracia?

 

Aclaremos primero los términos. El principio más general de la democracia es la posibilidad de cesar sin violencia a aquellos que están en el poder cuando el talante y las preferencias de la población han cambiado. Hay varias formas de alcanzar este fin, pero el método clásico es el del gobierno representativo, es decir, el de que el gobierno esté obligado a rendir cuentas ante los parlamentos elegidos. También es el método más sometido a presiones a comienzos del siglo XXI. De hecho, no es demasiado exagerado decir que la democracia parlamentaria tal y como la conocemos está en las últimas.

 

Ésta es una afirmación drástica, pero se pueden señalar varias tendencias que la respaldan. Una es el regreso a muchos tipos de fundamentalismo, especialmente los que plantean la homogeneidad étnica. Entre otras cosas, la democracia fue una forma de permitir que individuos de diferentes credos y razas conviviesen como ciudadanos; pero hoy en día parece que a los demagogos les resulta excesivamente fácil movilizar una oposición, a menudo violenta, a dicha diversidad. Otra tendencia es el retorno, en la práctica aunque no en la teoría, del gobierno autoritario. Ello se debe a la complejidad de las cuestiones planteadas, pero también a la curiosa combinación de llamamientos populistas por parte de los líderes y apatía por parte del pueblo.

 

En este artículo quiero centrarme en un tercer desafío para la democracia parlamentaria, el declive del Estado nacional. Se podría afirmar que la democracia ha crecido con el Estado nacional y declinará con él. Es posible que se exagere la pérdida de importancia del Estado nacional. Hay importantes áreas de la política -como el empleo y la educación, la redistribución y la política social- que siguen siendo nacionales, pero otras áreas de gobierno trascienden cada vez más los espacios políticos nacionales, especialmente dos.

 

Una es el ámbito de la actividad económica. Partes de dicho ámbito se albergan en organizaciones internacionales ya desde el final de la II Guerra Mundial, es el caso de lo que hoy es la Organización Mundial del Comercio o las denominadas instituciones de Bretton Woods en los ámbitos monetario y de la ayuda económica, a los cuales se ha añadido el G-7 y otros mecanismos para establecer la pauta de la política económica. Otras partes del ámbito económico simplemente se han desmoronado bajo la influencia de las nuevas fuerzas productivas de la globalización. Hoy en día, muchas transacciones financieras tienen lugar sin ningún marco de control digno de mención. Es dudoso que tener ministros de comercio electrónico (como tiene Gran Bretaña) pueda lograr que el control vuelva al ámbito nacional. Han surgido nuevos espacios de acción económica que son ciertamente internacionales, aunque no necesariamente mundiales. Si los Estados nacionales intentan controlarlos, es muy probable que, más que promover, destruyan sus oportunidades de crecimiento y prosperidad.

 

El otro área que ha abierto nuevos espacios va directamente al fondo de las funciones básicas de gobierno: es la seguridad interior y exterior. De nuevo, el periodo de posguerra estableció la pauta respecto a la seguridad exterior. Pocos invocan ahora cuestiones de soberanía en lo que a la OTAN se refiere, ¿pero quién tomó exactamente la decisión de llevar la guerra de Kosovo de la manera en que se llevó? Y si a los ciudadanos no les gustó la guerra, ¿a qué gobierno deberían atacar, por no decir destituir, para expresar sus sentimientos? ¿Al Consejo de la OTAN? ¿O quizá al gobierno de Estados Unidos, confirmando así el sarcasmo de que, dado el poder de Estados Unidos sobre el resto del mundo, el resto del mundo debería tener derecho a voto en las elecciones presidenciales estadounidenses? Más recientemente, la seguridad interior -lo que en Europa se denomina ahora cartera de Justicia e Interior- se ha convertido en materia de acción internacional conjunta, que abarca desde el intercambio de información para cooperación policial hasta la creación de nuevas instituciones judiciales internacionales. Una vez más, la naturaleza de las cuestiones ha dejado atrás el espacio político del Estado nacional. Los países pueden negarse a unirse a los organismos policiales internaciones, pero si lo hacen lo pagan caro precisamente en la seguridad que quieren proporcionar a sus ciudadanos.

 

Esto nos lleva al fondo de la cuestión: ¿Qué le pasa a la democracia cuando los asuntos y las decisiones emigran desde el Estado nacional a espacios políticos para los que no disponemos de instituciones adecuadas? En los estrictos términos de nuestra definición, la respuesta tiene que ser por fuerza: la democracia se ve menoscabada. Es difícil incluso identificar qué "gobiernos" son responsables de determinadas decisiones en el campo de la economía o la seguridad, e imposible destituirlos por medios constitucionales. No hay un ámbito público real en el que se pueda mantener un debate estructurado sobre las actuaciones en cuestión. La comunidad de ciudadanos no existe como comunidad. Así, internacionalización significa invariablemente, y al parecer inevitablemente, pérdida de democracia. Lo que no se puede hacer en el seno de los Estados nacionales deja de tener que rendir cuentas ante los ciudadanos con derecho a voto que se mueven en el marco de una constitución de libertad. La democracia vive y muere con el Estado nacional.

 

Estas son declaraciones drásticas y quizá indebidamente dogmáticas. Entre todo tipo de objeciones es lógico que surja una pregunta en la mente de los ciudadanos de la UE: ¿Qué hay de la Unión Europea? ¿No es en potencia, y cada vez más en realidad, un ejemplo de democracia más allá del Estado nacional? No lo sé. A veces se dice de broma que mientras la Unión Europea exige a sus nuevos miembros instituciones democráticas para ingresar, ella no sería admitida si lo solicitase. Las instituciones clave, la Comisión y el Consejo, son claramente no democráticas, y el Parlamento Europeo no sólo adolece de poderes muy limitados, sino sobre todo del hecho de que no hay un demos del que pueda obtener legitimidad. Es un parlamento que no sólo carece de dientes, sino también de un cuerpo coherente de calidad representativa.

 

De hecho, no hay señales de ninguna democracia digna de ese nombre fuera del Estado nacional. Al mismo tiempo, las decisiones tomadas en espacios más amplios no se pueden dejar suspendidas en el aire o en manos de directivos que no tengan que rendir cuentas. A no ser que establezcamos métodos para responder de las decisiones internacionales, sucumbiremos a un nuevo despotismo de tiranos impersonales, pero no por ello menos eficaces. La libertad exige que el principio que subyace tras las instituciones democráticas -responsabilidad en interés de los ciudadanos libres- se aplique al menos al nuevo mundo de las decisiones mundiales. La cuestión es cómo se puede conseguir esto si la democracia parlamentaria no es la respuesta.

 

Por suerte hay respuestas, por muy provisionales que puedan ser en este momento. Una es tan antigua como la propia democracia: el imperio de la ley. Allí donde la democracia fracasa, disponemos todavía de leyes para pedir cuentas a aquellos que están en el poder si no cumplen con ciertas normas acordadas. Es necesario desarrollar un sistema de derecho en la esfera internacional. Afortunadamente ya hay albores. Tenemos la Carta de las Naciones Unidas y la Comisión que ella estableció. Tenemos el Tribunal de La Haya, que ahora dispone de jurisdicción sobre los criminales de guerra. Se está creando una práctica internacional, inspirada en buena medida en el destino del general Pinochet, que extiende la conciencia de las normas y un cierto miedo entre los que tienen algo que temer de ellas. Crece el número de países que ratifican el estatuto para establecer un Tribunal Penal Internacional.

 

Un área igualmente difícil e incluso menos desarrollada es la de las normas que rigen las relaciones económicas internacionales y, más en concreto, las transacciones financieras. Éste es un tema delicado. Por un lado, no tiene sentido destruir nuevas fuerzas productivas por un exceso de control, pero, por otro, hoy es ampliamente aceptado que las propias instituciones financieras necesitan protección frente al abuso.

 

Un aspecto del control en esta y otras cuestiones es la auditoría. El Consejo de Auditores de la Unión Europea es al menos tan eficaz como el Parlamento. Los auditores son en cierto sentido contra expertos. Su función es que los expertos en el poder no los engañen, pero a no ser que compartan sus conocimientos no pueden ejercer su tarea de control. Esto dista enormemente del viejo sueño de la democracia y del hombre corriente, cuyo sentido común es perfectamente capaz de juzgar cuestiones de interés público. Pero cuando llegamos a temas y decisiones más allá del Estado nacional, el sentido común se vuelve cada vez menos eficaz. Los ciudadanos deben confiar en los auditores, en controladores preparados, incluso en controladores profesionales, con todas las ambigüedades y tentaciones que implica su cargo.

 

En este contexto es necesario mencionar otro elemento más: la creación de una opinión pública mundial o, más modestamente, de un ámbito público transnacional como medio de exponer la mala conducta. La publicación de la información es el primer y crucial requisito. Esto se ha vuelto bastante eficaz, en buena parte porque Internet podría acabar teniendo una función "democrática": en principio permite a todos acceder a información importante, y debe de haber una elevada probabilidad de que entre tantos haya alguien que sepa qué hacer al respecto. Una organización como Transparencia Internacional se propone utilizar dicha información para luchar contra la corrupción. La opinión pública transnacional está desestructurada y carece de instituciones para expresar su punto de vista; sin embargo, es real y puede afectar a las perspectivas de quienes están en el poder. Los periódicos no serán los únicos que accedan a la información disponible, sino también los accionistas, los políticos de todos los ámbitos, y los miembros de organizaciones no gubernamentales. Lo que no se mantiene en secreto es por la misma razón parte de un difuso espacio mundial, y mantener algo en secreto es cada vez más difícil.

 

Por tanto, no todo está perdido. Pero ese gran logro de la civilización, la democracia parlamentaria, ha perdido buena parte de su fuerza. Tenemos que recordarnos su principio, la responsabilidad de los gobiernos, y usar la imaginación para crear instituciones adecuadas para el siglo XXI.

Confieso que el artículo me parecía un poco largo para incluirlo en esta clase; así que me decidí a reducirlo sustancialmente. Sin embargo, al releerlo varias veces cada vez que quería suprimir un párrafo dudaba porque me parecía importante el concepto. Al final he optado por dejarlo tal cual. Todos los problemas que se abordan son acuciantes y aunque resulte algo pesado leerlos (y tratar de entenderlos) no hay posibilidad de comprender el mundo en que vivimos sino se obliga a trabajar a fondo a nuestras neuronas. Comprendo perfectamente el impulso a la huida cuando nos enfrentamos con un texto duro... pero estas cuestiones implican no sólo nuestro futuro sino también el de nuestros hijos. Si hacemos interminables cálculos para comprar una casa ¿no deberíamos realizar el mismo esfuerzo para captar lo esencial de los problemas actuales?

Entre estas cuestiones se encuentra el control, por parte de órganos democráticos (aquellos donde se puede expresar el pueblo) de las grandes organizaciones jerarquizadas (como las empresariales) con su inmenso poder. La cuestión se debate en diferentes ámbitos y es objeto de preocupación generalizada. Veo, por ejemplo, en un artículo publicado recientemente en Claves, que alude a lo mismo:

"Resulta, por tanto, necesario establecer una regulación y un control efectivos sobre las grandes corporaciones bancarias, financieras, industriales, etcétera, de carácter transnacional. Ello supone, obviamente, un desafío en toda regla a las bases estructurales en las que se sustenta la actual economía mundial a la situación de desigualdad y pobreza en la que se halla sumido la inmensa mayoría del mundo. De igual modo, es imprescindible desarrollar la solidez y la efectividad de las asociaciones ciudadanas de carácter transnacional en áreas tales como los derechos humanos, el medio ambiente y la paz.

(Gurutz Jáuregui."Globalización y Democracia".En Claves nº 99. ene-febrero 2000, pag. 17)

El problema no es aquí el "qué" sino, fundamentalmente, el "cómo". Todos conocemos aquella fábula de los ratones que se reunieron para evaluar el nuevo gato de la casa que se mostraba particularmente eficaz en la caza, y decidieron que la mejor manera de prevenir nuevos males era colocarle un cascabel. El cascabeleo alertaría a la colonia ratonil... sólo que había un problema. Bueno, pues aquí es igual. ¡A ver quien es el listo que diseña un control de las grandes corporaciones! que no sea ni burocrático (en el mal sentido) ni corrompible (en cualquier sentido). 

Y respecto de desarrollar las "asociaciones ciudadanas"... ¡a ver quien me cuenta como se hace eso! ¡sobre todo sin dinero!

Tengo para mi que algunos estudiosos consideran su labor terminada cuando han localizado una buena manera (en los papeles) de enfrentar un problema... y que de las cuestiones prácticas se ocupe la secretaria. Se dejan en el tintero (o en el teclado) que esas "cuestiones" son la punta de un iceberg que realmente muestran su magnitud cuando se las trata de llevar a la práctica. No es por burlarme, no, pero creo que nuestros catedráticos darían un paso adelante, si terminaran sus artículos con una oración de este tipo:

"Virgencita querida, ¡haz que las organizaciones bancarias, financieras o industriales admitan a nuestros auditores! ¡protégelos de toda tentación y permite que tengan a su alcance los documentos clave! ¡Así sea!"

La idea que os dejo consiste en que el conflicto no es algo ni casual ni erradicable con buena voluntad. Existe y forma parte de la realidad social porque siempre ha habido y habrá grupos, colectividades con intereses enfrentados. No todos los conflictos se pueden resolver pacíficamente; pero si muchos más de los que actualmente existen. 

Que las buenas intenciones no os impidan contemplar los problemas en su tozudez, repito. Hay fenómenos (como el "terrorismo", por ejemplo) cuya lógica no se ajusta a los criterios de negociación democrática. Justamente para que haya diálogo debe compartirse algunos principios esenciales; si eso no sucede el diálogo terminará perjudicando a la parte más débil (que suele ser la que cree en el Estado de Derecho).

Lo cual no quita, en absoluto, que en una sociedad plural deba enfatizarse la tolerancia por delante de las diferencias de valores y conductas; aunque sí, repito, esta tolerancia tiene sus condiciones y límites infranqueables. Remito a mi artículo en http://www.casinada.net/080103.htm donde comento a un autor que trata el tema y que bien merece ser leído. Otros artículos relacionados con este tema en esta misma revista, (ver la página "novedades") en los que hay artículos que enfocan algunos problemas contemporáneos agudos, entre ellos el del poder y el conflicto.

Se podría hacer un pronóstico que tiene todas las trazas de ganar: tendremos más conflictos y no menos. Cuanto más se desarrolla nuestro mundo más reivindicaciones aparecen; lo que antes era "normal", ahora puede resulta injusto o humillante. El surgimiento de los conflictos no está indicando, como pueden suponer algunos periodistas desinformados sociológicamente, una decadencia de nuestro mundo occidental sino su impetuoso desarrollo. Lo ideal es que este desarrollo no sea cruento; pero ya podemos sospechar que la naturaleza no ahorra sufrimiento. Y mal que nos pese, seguimos formando parte de ella.

Fin de la clase nº 10
Carlos Salinas.
3-marzo-2000

 Nota de diciembre de 2025. Lamentablemente las direcciones que figuran en el penúltimo párrafo ya no están disponibles. La revista Casi Nada ha desaparecido de Internet, igual que otras publicaciones que fueron punteras a fines del siglo pasado. Todo lo que se escribe en las redes es efímero y no tiene la consistencia del papel, que a su vez no tiene la consistencia del pergamino y éste no es equiparable a la piedra. Pero, por suerte, nada se pierde en la evolución humana y así sucede con los cambios culturales. De alguna forma permanecen, irreconocibles, en todo aquello que se aparece como "la última novedad" producto de la mente creadora. Nada nuevo hay bajo el sol. 




lunes, 29 de diciembre de 2025

Cap.9. Un antiguo curso de Sociología

Población 


"En fin, cada uno nace donde puede."
(J.L.Borges)

 

Los manuales dicen que la *demografía es el estudio de la manera como los nacimientos, muertes y las migraciones afectan el tamaño, la composición y la distribución de la población. Los manuales no se equivocan, pero estos problemas, hoy en día, trascienden la curiosidad de los demógrafos para incluir a todos los interesados en ciencias humanas.

Sólo unos pocos conceptos básicos previos. Una población fluctúa según las relaciones entre tres variables demográficas: 

los nacimientos, 

las muertes, y la 

migración neta. 

La tasa de crecimiento de una población, luego, dependerá del hecho que los nacimientos y la inmigración superen a las muertes y la emigración.

Esta tasa es variable y en los países desarrollados baja, muy baja. En éstos las poblaciones crecen lentamente y el aporte migratorio cada vez ocupa mayor importancia. 

A medida que el trabajo femenino se ha extendido, la familia se ha encogido y la sociedad se ha laicizado... la natalidad también ha descendido. 

Existe la tentación de asociar estos fenómenos y considerarlos causantes del poco crecimiento vegetativo en los países avanzados. En realidad tienen su peso, pero no sabemos cuanto. Hay otros factores que intervienen, por ejemplo el mejoramiento general del nivel económico, una aspiración de mejor calidad de vida para los hijos, y el desarrollo de la alfabetización que coloca a la mujer en mejores condiciones para elegir cuestiones que la afectan muy de cerca.

Este falta de crecimiento natural ha sido compensado con las grandes corrientes migratorias hacia los países mejor situados. Según un texto de sociología, editado en 1989, Estados Unidos tenía ¡el 50% de los inmigrantes del mundo! (D.Light y otros. Sociología. McGraw Hill. Colombia, 1991). Carezco de cifras actualizadas, pero luego de un poco más de una década es posible que el porcentaje haya variado poco. 

Esta cifra tiene su valor simbólico. El país que en este momento es puntero en casi todo tiene además una altísima tasa de inmigración. No son, en consecuencia, los inmigrantes los que quitan la riqueza (por la sencilla operación de restar fuentes de trabajo a los nativos) a un país, sino otras situaciones que, en el peor de los casos, los inmigrantes vienen a agravar.

Tenemos dos clases de movimientos de poblaciones con interés sociológico preferente: las emigraciones internas (en un país dado), con la consecuencia del despoblamiento de las zonas rurales en beneficio de las grandes ciudades; y las emigraciones internacionales, donde también son las ciudades las principales receptoras de estas corrientes, sólo que se hallan en los países economicamente favorecidos.

Es casi un lugar común en la literatura socioeconómica afirmar el relativo empeoramiento de las condiciones de vida del antes llamado "tercer mundo" (ahora que ha desaparecido el "segundo", los países comunistas, el hueco no ha sido llenado). Y la verdad es que todas las cifras apuntan en esa dirección. Se observa el clásico círculo vicioso donde la pobreza llama a la pobreza. Si se piensa que del total de nacimientos calculados para todo el año 1986, sólo el 14% ocurrían en países con aceptable desarrollo económico, se tiene una idea del desequilibrio de crecimiento poblacional con que se enfrenta nuestra especie.

No es, entonces, absurdo que los emigrantes africanos asalten al continente europeo por cualquier medio de transporte. Lo extraordinario es que la emigración no sea masiva y el horizonte se cubra de barcos de toda clase como sucedió en 1944 frente a la costa de Normadía. No se trata de una invasión armada sino de la búsqueda desesperada de condiciones de supervivencia.

El problema es serio y los antecedentes sirven de poco, porque lo que funcionaron como soluciones hace 50 años, ahora se está demostrando que no funcionan.

Las migraciones internas suelen ser mucho más asimilables por las zonas receptoras. Los que vienen tienen la misma cultura básica, comparten el mismo origen nacional, idéntica religión y lengua. Las diferencias son importantes pero no impiden a muchos integrarse aunque ello siempre represente un acontecimiento socialmente traumático.

Movimientos de población ha habido siempre. América recibió el aporte constante de millones de europeos, que se mezclaron con la población nativa cuando no la desalojaron limpiamente del tablero. Australia era un continente despoblado y ahora, aunque no sobra gente, la situación ha cambiado radicalmente. En Asia ha habido grandes desplazamientos de población y en el siglo XX las revoluciones y el surgimiento de nuevos Estados contribuyó aún más a estos movimientos. La sociología estudia el fenómeno, pero no debe olvidarse la historia. La cuestión fundamental radica en que el mundo está cambiando y se vuelve más pequeño en la misma medida en que está más comunicado.

Los temas demográficos están íntimamente relacionados con el desarrollo de la medicina y las medidas de higiene pública, pero también, y no debe olvidarse, con las nuevas tecnologías y la política.

Son las nuevas tecnologías las que empiezan a hacer posible algo que hasta el momento resultaba de ciencia ficción: que una persona viva en el campo, o en un suburbio y trabaje sin desplazarse de su entorno. La manera como grandes empresas han deslocalizado parte de sus servicios centrales para llevarlo a países "tercermundistas" desde donde pueden realizar las mismas tareas con un coste económico muy inferior... muestra como el proceso no es de la periferia al centro sino en ambas direcciones.

Existe en este momento la posibilidad de instalar y reinstalar servicios importantes, económicamente importantes, en países poco desarrollados. Cuando surgen los obstáculos ellos no son ni económicos ni tecnológicos, sino políticos.

Afirmar la naturaleza "política" de tales problemas es referirse a cuestiones tales como: la estabilidad de los gobiernos, la presencia de una corrupción generalizada, la capacitación de la población (lo cual supone que funciona el sistema de enseñanza pública), la ausencia de grupos terroristas o guerrilleros, y, en suma la presencia de un sistema representativo que funcione. 

Pero, lamentablemente, estos aspectos no son fáciles de conseguir. Y aquí vuelve a aparecer el círculo vicioso de la pobreza-violencia-más pobreza. Este fenómeno se ve con claridad en América Latina, y en Africa (en éste continente tenemos, además, las luchas tribales como factor esencial de inestabilidad política).

Demos un salto, hacia el costado, y en vez de ver la Tierra desde muy arriba, veamos una situación cada vez más típica en Europa, el siguiente artículo salió publicado en el diario "El Mundo" de Madrid (a propósito de la explosión xenófoba de El Ejido, en Andalucía):

EL MUNDO 

Lunes, 7 de febrero de 2000 

JOSE ANTONIO GOMEZ MARIN 

La primera rebelión del milenio 

 

No hace demasiado tiempo, el alcalde de El Ejido llamó a Protagonistas para rebatir un comentario que yo mismo había hecho a propósito de no recuerdo ya qué incidente de los muchos habidos en la zona.

Sostenía el alcalde, básicamente, que ese tipo de informaciones deformaban la realidad de un pueblo, el suyo, que era una balsa de aceite y en el que vivían en paz y concordia nativos y forasteros, sin sombra de hostilidad ni riesgo de choques.

Bueno, a la vista estaba y está. El milagro de El Ejido, como el de otras zonas andaluzas, ha sido fulgurante. No se cuentan ya con los dedos los milmillonarios sobrevenidos que han hecho su fortuna, entre otras cosas, aprovechando la mano de obra barata que ofrece la inmigración, la legal y la ilegal, las dos. Pero, eso sí, esa contribución al desarrollo no ha bastado en ningún momento para que los parias de esa inmigración sean mejor considerados. Su alojamiento es costoso y lamentable en inifinidad de casos, cuando no resulta claramente explotatorio.

Su discriminación se pone de manifiesto con frecuencia igual en la barra del bar que a la entrada de la discoteca. Moros y negros -sobre todo moros- no son bien vistos, lo reconozca o niegue ese buen alcalde. Y eso, como comprenderán, es una bomba de relojería. Es más, ni siquiera la imagen de los empresarios agrícolas haciendo cola para obtener cupos de trabajadores basta para hacer comprender a quienes se obstinan en el rechazo que la inmigración, además de un elemental derecho humano, puede contribuir al bienestar de todos.

Nunca se ha producido ni una mediana integración entre los parias africanos y los dueños del lugar. Una olla a presión, eso es todo. Y lo sabe todo el mundo, aunque todo el mundo mire para otro lado.

La situación actual es, en todo caso, muy explicable. Es fácil hablar de racismo, acusar de xenofobia a un pueblo que se rebela y exige por las bravas la expulsión de los moros a los que considera una amenaza real para su modo de vida. Un agricultor degollado hace poco tiempo, una muchacha salvajemente acuchillada en pleno mercado..., constituyen una crónica demasiado insuperable para cualquier comunidad. Toda inmigración masiva implica riesgos y aporta una dosis de anomia, por la razón sencilla de que los contingentes migratorios no se reclutan precisamente entre las capas mejor educadas, sino todo lo contrario.

Los conflictos son inevitables con los moros de El Ejido tanto como con los chicanos de Texas o los latinos del West Side. La pregunta es quién se ha preocupado, a nivel estatal y en serio, ante esa realidad, qué discreta estrategia de control se ha aplicado, en qué medida se ha reforzado la seguridad en una zona inevitable (y frecuentemente) alterada por incidentes con individuos de esas minorías.

Cierto que la Ley de Extranjería ha sido una buena ocasión para afrontar esos problemas sin rodeos, y no desde el sesgo del partidismo irreductible, que ha hecho a un PP reventar su propio proyecto de ley (y le ha costado desmochar el Ministerio, hay que recordarlo), y al PSOE precipitarse en una maniobra para aislar parlamentariamente al Gobierno a pesar de que la mala ley final era, en todo caso, bastante mejor que la suya. En ese contexto, ¿a quién pedir cuentas por lo que está ocurriendo en El Ejido?

Las migraciones masivas van a ser, son ya, un fenómeno imparable, quizá el más característico de entre siglos. ¿Alguien ha afrontado esa realidad con el vigor y la hondura que exigen las circunstancias? Francamente, yo creo que no.

(...)

Mientras tanto, no creo que haya soluciones a corto plazo en El Ejido. Como no las habrá en el tercio de mundo que, con un ritmo creciente, tendrá que soportar e intentar ir integrando uno de los mayores reajustes poblacionales registrados en la Historia.

El artículo muestra un periodismo muy diferente al puramente verbalista y superficial que comenta las noticias del dia sin dar información complementaria, y necesaria.

Como se ve las crisis provocadas por los cambios de población menudearán en el futuro. Y no se ve ni a los partidos políticos ni a la sociedad en general preparados para el desafío.

Un aspecto importante es que la zona de El Ejido es, según informan los diarios, está muy bien situada econonómicamente dentro del panorama económico de Andalucía. Ello significa que el estallido xenófobo no se da en una zona deprimida sino en una donde los inmigrantes han contribuído poderosamente a la riqueza de un sector de la población. El desarrollo económico por si sólo no trae ni paz ni convivencia armónica; justamente puede provocar lo contrario, como se demuestra históricamente hasta el hartazgo, por los grandes desequilibrios dentro de la población. Estos desequilibrios económicos son causa de distancia social, si a ello se le agrega las culturas diferentes (los inmigrantes son marroquies, de religión islámica) ya puede suponerse que habrá muy poca comunicación y muchos recelos. Basta una chispa, como ser  tres asesinatos en 15 dias, protagonizados por inmigrantes, para que la población estalle.

En cierta forma Europa está, ahora, en condiciones que recuerdan la América, la Norteamérica de la primera mitad del siglo XX. Por razones económicas y políticas una gran masa proveniente sobre todo de Africa y secundariamente de otras zonas del planeta desea venir al viejo mundo. Pero la mayoría de los países europeos carecen del dinamismo y las potencialidades económicas de la Norteamerica citada. Ni existen grandes extensiones de tierra por colonizar ni existe un mercado salvaje (todo lo contrario, "ultrarregulado") donde hacerse un hueco a fuerza de trabajo, audacia y suerte. Los emigrantes no tienen otra alternativa (me refiero en los grandes números, no en casos particulares) que ocupar los estratos más bajos de la población y desde allí hacer presión hacia arriba. Como dos continentes que se encuentra y uno se monta sobre el otro. 

Es un proceso caótico donde se adivinan grandes líneas de tensión, más allá de las circunstancias anecdóticas. La reacción defensiva (tal como ahora, en estos meses, se puede ver en Austria) adopta la nostalgia de autorismos defenestrados, pero nunca totalmente liquidados.

Lo que también deseo hacer notar es que si no fuera esas banderas (que están ahí, a mano de cualquiera) serían otras; pero el rechazo de una parte de la población seguiría existiendo. Esto es previsible porque un proceso de "invasión" paulatina y pacífica en algún momento va a ser contestado por los que se sientan afectados. La forma, las insignias, la ideología que adopten será circunstancial; el fondo de la cuestión es que no hay lugar para todos... tal como están las cosas, con la estructura sociopolítica actual.

Y aquí es donde la sociología puede aportar elementos racionales. Con análisis serios y rigurosos no con panfletos periodísticos: necesitamos una nueva sociedad que asuma los retos que ahora, resultan casi insolubles. Europa no puede asimilar millones de inmigrantes con las estructuras políticas, económicas y sociales actuales. Si nada cambia (en este plano) tendremos violentas explosiones de racismo, que no resultan de un redescubrimiento del nazismo sino de las contradicciones actuales. O mejor dicho, se "redescubre" cualquier ideología que contenga ideas, símbolos y emociones favorables a dinamizar el rechazo subyacente.

Las alternativas no son claras, o una desregulación que recuerde al capitalismo del siglo XIX o... una regulación ordenada que permita asimilar la nueva población permitiéndole ocupar un lugar conforme al valor de su trabajo y su esfuerzo de integración. Pero todo ello cuesta más dinero y más esfuerzos. ¿Se podrá prevenir? ¿Utilizaremos el dinero con inteligencia o lo gastaremos para reparar, luego, el paisaje desolado por la violencia racial?

Esta clase puede parecer extrañamente ideológica. Es decir, planteando cuestiones generales que van más allá de la ciencia social y cuyas respuestas son un acto de fe antes que una consecuencia de los estudios emprendidos.

En realidad gran parte de los últimos párrafos están indicando, como si fuera un ejercicio más, las dificultades con que se encuentra la sociología cuando pretende decir algo que sea más significativo que unas tasas demográficas. El problema del sociólogo es que no existe una teoría sociológica que no esté contaminada por un enfoque político. Mientras nos mantenemos en la observación, descripción y posible predicción de grupos pequeños, pueblos circunscriptos, fenómenos no masivos... la ciencia social se encuentra feliz. Es posible elaborar herramientas conceptuales *propias y realizar un análisis que reúna condiciones de objetividad aceptables. 

Pero cuando se aborda fenómenos de magnitud internacional (o nacionales pero que involucran muchos millones de personas), ya no es posible mantener la misma distancia... porque no existe esa teoría que ilumine el camino y de la cual surjan los conceptos técnicos que faciliten la exploración.

Se puede decir, por ejemplo:

Tercer Mundo:

Término creado por el demógrafo frances Alfred Sauvy y que se ha convertido en un modo convencional de denominar a las sociedades menos desarrolladas (Giddens).

Pero este término no se inserta en una teoría o, por lo menos, en un *modelo de sociedad que nos permita decir a continuación: "Los países del Tercer Mundo son una etapa transitoria del desarrollo del capitalismo. Una vez que éste, el capitalismo, haya superado su "enfermedad infantil" (el comunismo soviético y su versión china) los países tercermundistas verán como la globalización de la economía y los efectos sociales de la revolución tecnológica solucionarán sus problemas básicos. En el transcurso de pocos decenios pasarán, también, a integrarse de pleno derecho en un mercado internacional floreciente".

¿Verdad que suena bonito? ¡Si parece hasta un cuento de hadas! La cuestión es que con el término Tercer Mundo no se puede construir ni una predicción ni siquiera una explicación de la realidad actual. Es un término puramente descriptivo y enano; dice lo que hay y lo dice en una forma tan breve que de ello no se puede deducir nada.

Quisiera llamar la atención, ya que poco más puedo hacer, el tema de esta clase. No habrá problema mas serio, presumo, que el que resulte de la asimilación de grandes contingentes de población que se desplazan poco a poco de sus lares nativos; sea en migraciones internas o, cuando las condiciones lo permitan, en trasvases internacionales.

Cómo nuestra "introducción a la sociología" ("nuestra" en la medida que, presumo, ha habido suficiente discusión de temas pasados en la lista pertinente) se ha metido en un barrizal. Un pantano donde todas las soluciones que se escuchan suenan como las exhortaciones a ser "mejores" de los púlpitos dominicales... creo que es mejor tomarnos un descanso antes de abordar el próximo tema. 

Fin de la 9º clase.
Carlos Salinas
28-febrero-2000

 



viernes, 26 de diciembre de 2025

Cap.8. Un antiguo curso de Sociología

Grupos... y lo que sigue


"Jamas aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo"
(Groucho Marx)

-¿Qué sabes de este asunto? - le preguntó el Rey a Alicia.
-Nada -respondió Alicia.
-¿Nada de *nada* -insistió el Rey.
-Nada de nada - dijo Alicia.
-Eso es muy relevante- dijo el Rey, volviéndose hacia el jurado.
(L.Carroll.Alicia en el País de las Maravillas)

Saber lo que no queremos es saber bastante. Los grupos que nos aceptan no siempre son los grupos que deseamos que nos acepten. 

Repasemos el tema siguiendo el hilo rojo de los conceptos. Ellos forman una red tenue que puede ayudarnos para no quedar atascados en alguna vuelta del laberinto sociológico.

Un grupo es un conjunto de personas que interactuan en forma estable. Su número es muy variable, desde 3 en adelante (dos formarían un grupo muy específico: una pareja). El término, como ya hemos podido comprobar, se usa en forma un tanto vaga, significado que normalmente se aclara por su uso en el texto.

De todos modos deberíamos distinguir lo que es un *grupo propiamente dicho de un simple "agregado". Un *agregado es una reunión de personas que no tienen sentido de identidad común (o sea que no se consideran relacionadas entre si). Un ejemplo habitual es la cola de un autobús, o una aglomeración urbana de gente que pasea por una calle céntrica.

Una categoría social es otra cosa, la forman personas que comparten un rasgo estadístico. Si en un estudio tomáramos todos los "rubios" que trabajan en una oficina, estos serían una "categoría social". Todos los "árabes" de Barcelona, o todos los "niños" de esa casa de apartamentos son "categorías sociales".

Con un breve análisis nos daremos cuenta que las categorías no son personas que se conozcan entre sí, ni tengan ninguna clase de relación. Son elementos de una estadística o una investigación, nada más.

No me cansaré de repetir que en la literatura sociológica se pueden mezclar todos los conceptos anteriores y hablar de "grupo" por ejemplo para mencionar el "grupo de los rubios de..."; lo cual es una inexactitud pero no podemos ir con una vara detrás de cada autor para pegarle en los dedos cuando se muestra tan poco interesado en la precisión del lenguaje.

Es una verdadera lástima (no poder ir con la vara) porque, personalmente, me da bastante fastidio que se usen los términos como si todos fueran sinónimos. Sólo mi malestar se calma... cuando advierto que a veces hago lo mismo sin darme cuenta.

Otra palabra que se usa, y se abusa hasta el hastío es burocracia. Normalmente se le da un carácter peyorativo pero su uso técnico no tiene porque implicarlo. Burocracia es una clase de organización que se caracteriza por existir reglas escritas, una jerarquía de autoridad clara, una separación entre tareas en cada trabajador y personas que trabajan diariamente en ellas. La *burocracia es un medio muy eficaz, como decía Max Weber, para organizar un gran número de personas asegurando que hagan siempre lo mismo y que las decisiones no sean ni arbitrarias ni casuales.

Las burocracias representaban para el mismo autor un gran adelanto respecto de los Estados del siglo XIX donde los funcionarios, enchufados y provenientes de la nobleza, hacían lo que querían y nadie podía prever su conducta. Pero en la ventaja está también, como una semilla, el pecado. Ese mismo carácter de maquinaria de la organización, hace que se convierta en una estructura poco eficaz y cuyos recursos se emplean en autoalimentarse. Aquí aparece el significado negativo del término, y *burócrata pasa a simbolizar al funcionario momificado cuyo único interés visible radica en que todos los sellos, firmas y fechas estén en el recuadro asignado.

Las burocracias son lugares ideales para estudiar a los grupos, y no sólo porque sus integrantes suelen reunirse para tomar café, sino porque cuanto más impersonal es una organización... más importan los lazos personales. Esto es una verdadera paradoja, cuya explicación, lamentablemente, nos alejaría del carácter introductorio de este cursillo. Pero el tema bien lo vale.

Existe una tensión, un conflicto latente entre las organizaciones burocratizadas (en el sentido técnico ¡ojo!) y la población en general. Por un lado estas organizaciones responden a un mando central, y a sus intereses; por el otro la población puede tener una opinión diferente sobre como deben gestionarse determinadas actividades. Estas diferencias (que a veces se expresan sintéticamente como la oposición entre "burocracia" y "democracia") existen y son parte de la vida contemporánea. Lo único que se puede desear es que exista un control público de aquellas decisiones que afecten la seguridad o el futuro de la población.

Si este control, como se ve demasiado a menudo en el tercer mundo, no existe, las grandes organizaciones que además son multinacionales pueden perseguir sus propios objetivos sin importarles los costes (la razón de ese desinterés es muy sencillo, las ganancias se las llevan ellos y los costes los paga la población residente).

Una alternativa interesante a las organizaciones burocráticas (que a primera vista parece el "no va más" en flexibilidad) son las organizaciones colectivistas.

En una organización colectivista no existe un liderazgo formal; la autoridad se encuentra diversificada en el grupo como un todo. Para diversificar la autoridad se emplea un sistema de representación en la que los grupos de trabajo toman decisiones que luego serán obligatorias para todos. Las "reglas" si bien están escritas son objeto de revisiones periódicas y puesta a punto según la experiencia grupal. Las relaciones entre cada grupo de trabajo son intensamente personales (a diferencia de las burocráticas) y se toma en cuenta los aspectos afectivos que pueden obstaculizar la labor común.

A primera vista esta clase de organizaciones parecen algo "locas" y una mentalidad burocrática no perdería tiempo en pensar en sus posibilidades. Sin embargo las tienen, sobre todo en ciertos campos donde la creatividad es importante y donde no se necesita un número muy grande de personas. Por otra parte las tecnologías que se están desarrollando permiten una comunicación grupal que antes era imposible. 

Sin animo de influir en nadie reconozco que esta clase de organizaciones despierta toda mi simpatía... aunque requieren una mayor participación individual para evitar el reinado de la arbitrariedad y el amiguismo.

Según mi información sólo se han aplicado en instituciones educativas... sería interesante conocer si han llegado, también, a otros ámbitos.

Habría que inventar más organizaciones con estructura casi horizontal (a lo sumo con dos o tres escalones jerárquicos, nada más) y con intercomunicación constante que permita a todo el conjunto responder con prontitud a los reclamos de su medio.

Lamentablemente chocamos contra un obstáculo que los sociólogos conocen muy bien: la resistencia al cambio. Se entiende por tal la obstrucción, deliberada o inconsciente, de nuevos proyectos y actividades. Esta resistencia puede ser "desinteresada" (en tanto lo que opera es un rechazo a la "novedad" simplemente por ser tal) o "interesada", porque afecta el estatus o pone en peligro el futuro de la persona o grupo.

Otro elemento de la resistencia al cambio está en el mismo funcionamiento de nuestro cerebro. Tendemos a integrar los nuevos elementos dentro del marco mental conocido para evitar la ansiedad que resulta de la inseguridad y el desconocimiento. Un proceso nuevo, sobre todo si es radicalmente nuevo, resulta sospechoso. Incluso aunque se lo aplauda la reticencia opera por debajo. Muchas veces cuando la gente aplaude habría que mirar a sus espaldas, a ver como tienen los dedos... (sí están cruzados es que las reticencias son conscientes).

Un sociólogo, perro viejo en desconfiar de los seres humanos, no se tomaría muy a pecho las grandes alabanzas que Internet, por ejemplo, recibe de diversos medios y personajes. Sabe (o presume) que éstas se trocarán en injurias no bien se toquen determinados intereses. Por suerte el desarrollo humano no está marcado por nuestras opiniones (aunque para algunos esto resulte una tesis pesimista); tiene sus propias leyes y éstas operan con la inflexibilidad de un fenómeno meteorológico.

No se entienda que las opiniones no tienen importancia, sino que las opiniones forman parte del proceso de cambio; y que todo cambio recibe, siempre, un chaparrón de críticas. A la larga si éste se impone se comprende porque las críticas poco podían hacer... pero durante el proceso, éstas (las críticas) parecen demoledoras. En realidad son tigres de papel (frase atribuida a Mao Tse Tung para designar aquellos procesos que tienen mucha apariencia y poca sustancia).

Volviendo al tema Internet está por verse lo que da (y lo que quita); pero indudablemente es una gran oportunidad para relacionarse, y de las relaciones vienen las organizaciones. Lo que será, dependerá de la imaginación de todos.

A primera vista lo evidente de la nueva tecnología (pensando en toda la revolución informática) es la liquidación impresionante de puestos de trabajo. Actividades financieras que antes necesitaban de 14 personas, ahora pueden realizarse automáticamente en cuestión de minutos (véase Giddens, "Sociología", Alianza Editorial, pag. 319). Lo cual supone 14 personas a la calle, y una vez allí se encontrarán con muchas otras que también les han sucedido lo mismo.

También este cambio tecnológico tiene implicancias internacionales aunque, casi siempre, en la dirección habitual: las naciones más adelantadas van cada vez mejor y las que han perdido el tren van cada vez peor.

Si la sociedad capitalista industrial, (globalmente considerada), no pudo prevenir el subdesarrollo económico de una parte considerable de las naciones que integran el mercado mundial, se puede calcular que la sociedad capitalista informatiza será aún más dura con la periferia. Y esto es muy fácil de prever porque al igual que con el nacimiento de la sociedad industrial, (allá por Inglaterra a fines del XVIII) las sociedades capitalistas avanzadas están empezando la medicina por su propia casa. Cuando el desempleo derivado del cambio tecnológico se extiende en las sociedades desarrolladas... bien pueden echarse a temblar las que están en peores condiciones. Porque la tormenta será dura y larga.

Una de las cuestiones centrales, para quienes preocupa el proceso, es la importancia cada vez mayor de la *educación, y el autoaprendizaje. Hacia el mundo que vamos (y que ya se observa su sombra) el que no sabe será, más que nunca, el ¡pavo de la boda!

Este proceso de cambio global, y sus riesgos, no tienen porque tener una única respuesta (además tampoco es deseable que exista una sóla). De la misma manera que la guerra fría que se instaló en la sociedad occidental. luego de la segunda guerra mundial, no concluyó en un holocausto atómico (a pesar de los anuncios agoreros), no es obligatorio ni está determinado por ninguna ley natural que cada vez estemos peor.

El mismo autor que acabo de citar menciona un caso, diferente que va en otra dirección:

"Bajo el pretexto de proteger al público contra "ideas subversivas" o de "garantizar la seguridad o la unidad del país", algunos regímenes impiden parcial o totalmente el acceso a Internet a sus ciudadanos. Otros gobiernos controlan los proveedores de acceso y han instalado sistemas de criba que bloquean los sitios considerados indeseables, o bien obligan a los usuarios a inscribirse en un registro de la Administración" (pag.31-32)

Entre estos países, en su extremo más restrictivo se encuentra Corea del Norte, Irak, Libia y Siria. Luego tenemos a países de la ex-Urss como Kazajstán y Kirguistán, Bielorrusa, Mynamar (pena de 15 años de cárcel si no se declara la posesión de un ordenador), Sudán, Tayikistán, Turkmenistán, Túnez, Arabia Saudí, China, Cuba, Sierra Leona, Vietnam, Malasia, Singapur... y otros hasta completar la lista de esos 45 antes mencionados. 

El mensaje es claro, a pesar de que tecnologicamente es viable conectar a toda la Tierra, existen barreras económicas, educativas, politicas y culturales, pero además existen barreras psicológicas y lingüisticas que caerán, sin duda; aunque en muchos casos este proceso se adentre profundamente en el siglo que vivimos. Esto hay que tenerlo en cuenta cuando se habla de la mundialización de Internet y sus peligros. ¡Hay mucha gente en el mundo que saltaría de gusto si se pusieran tales riesgos al alcance de sus manos!

También hay que considerar algo que no es de sentido común: que no todo, en nuestro mundo, para funcionar bien, tiene que armonizarse. Hay multitud de sectores que avanzan por su cuenta, aunque generen contradicciones que resultan, paradójicamente, de ese mismo desarrollo. 

En este momento vale la pena recordar la sugerencia de Isaiah Berlin, que alertaba sobre la ingenuidad de creer que todos los valores que respetamos se deben armonizan para que el mundo funcione mejor:

"(...) Si seguimos con el caso del socialismo, y me refiero ahora al democrático, observe que el valor "planificación" no va siempre unido armónicamente al valor "espontaneidad", como voluntad y deseos de los ciudadanos. Lo mismo ocurre en un plano más general: "verdad", "conocimiento", "felicidad" no ocurren a la vez, no van siempre juntos. Saber, conocer, que tienes cáncer no te hace más feliz. Hay elecciones penosas porque tomarlas entraña sacrificar algo anhelado. Hay decisiones agónicas en la vida del hombre y en la de las sociedades, como consecuencia de esta incompatibilidad de fines. Es ésta una proposición a priori, mi capricho preferido tal vez (my hobby horse), pero que me parece crucial: no podemos tener a la vez todas las cosas buenas. Desearlo es una irracionalidad, y entenderlo es captar una verdad profunda".

(Isaiah Berlin, en "Sir Isaiah Berlin. Conversaciones con Salvador Giner". Claves)

El caso de Internet es muy interesante visto desde otro ángulo, que no excluye los anteriores sino que lo enriquece: *Internet como una comunidad autorganizada. Esta clase de comunidades sólo se registran en comunidades indígenas muy pequeñas y es la primera vez en la historia que se da en una donde interactuan millones de personas. Veamos lo que dicen los siguientes autores: 

"Nadie controla la Red (al menos hasta ahora). Se mantiene por un flujo abierto de usuarios que hacen circular la información. Dentro de la autorganización global de la Red y su web mundial, hay incontables miniautorganizaciones surgiendo a cada momento. La gente se reúne para hacer trabajos creativos: desde fotógrafos que se enseñan sus fotos protesta, hasta músicos underground que convergen en las páginas web para crear una audiencia para sus obras, pasando por grupos de debate sobre la guerra de Vietnam o sobre la cocina brasileña. Para quienes pueden acceder, la Red es un ejemplo diario de la exuberancia creativa colectiva. La mayoría de actividades las llevan adelante personas que están haciendo algo, que buscan información o que intercambian ideas que simplemente les interesan en cuanto partes de sí mismos. Las gigantes organizaciones comerciales, jerárquicamente estructuradas y movidas por el poder han visto frustradas, hasta ahora, sus aspiraciones de canalizar la Red hacia los rígidos mecanismos del beneficio. Cualquiera que haya navegado por la Red sabe que ha entrado en un sistema dinámico, abierto, caótico, donde "lo que hacen simplemente sucede, ocurre". Es evidente que hay un orden ahí, pero es caótico".

(en John Briggs y F.David Peat."Las siete leyes del Caos. Las ventajas de una vida caótica". Grijalbo, Barcelona, 1999, paga. 72]

O sea, estimados lectores, que el campo de las organizaciones (que ayudan a la gente a hacer cosas... y que también las obstaculizan) está sufriendo algo parecido a una mutación. Un cambio radical que no sólo es estimulado por la nueva tecnología sino que, simultáneamente, libera viejos y polvorientos ideales anarquistas donde se soñaba una comunidad donde la autoridad fuera reciclable y lo más horizontal que se pueda.

No digo que ahora se hagan realidad, o que se serán realidad en pocos años, sino simplemente que l

as viejas ideas cobran nueva fuerza cuando la tecnología las convierte en algo posible. ¡Otra paradoja inesperada! La tecnología que hace posible la utopía.

Volviendo, y para finalizar, al tema inicial de esta clase. Sobre grupos se podría escribir mucho más, hasta saturar, incluso a Internet. ¡Tanto se ha dicho... y tanto se dirá! Los grupos son la humanidad en acción. Estudiarlos es estudiarnos. Participar es ampliar nuestro mundo interior. Excluirnos de ellos es castigarnos, recluirnos a la prisión de la memoria. Incluirnos en ellos es un desafío, un fastidio y a la postre mas vida que vivir.

Me gustaría terminar este breve paseo por los grupos incitando a mis lectores-estudiantes a que intenten romper la tendencia a la marginalidad (grupal) que resulta, por otra parte, muy cómoda para aumentar verticalmente la participación. Es verdad que no siempre hablar mejora la situación, y que hay mucha cháchara inútil en Internet; pero no se trata de repetir lo que otro ha dicho si no, muchas veces, decir simplemente "te escucho, me interesa, y pienso... ¡fíjate por donde!..."

Cuando sonreímos, asentimos, pensamos "¡esto sí que está bien!", nadie excepto el propio sujeto se entera y todos, absolutamente todos (incluyendo los anacoretas y otros ascetas) necesitamos de la presencia ajena para sentirnos personas. Estamos así concebidos; genéticamente programados. Y nada causa tanta felicidad como cumplir con cualquier función natural incluida la comunicación

Una participación que naturalmente no tiene porque limitarse al reducido grupo que sigue estas clases (aunque se extienda por tres continentes). En esta dirección muchos webs incitan a participar abriendo páginas donde cualquier visitante puede dejar sus impresiones y opiniones (ver un ejemplo en ). No creais que es una acción inútil o trivial (como los turistas que dejan sus inscripciones en alguna pared del monumento visitado); da testimonio de la potencia creciente de la red, de que vive y palpita como un gigantesco organismo que se despereza.

¡Y con esto y un bizcocho... terminó la clase ocho!

Fin de la 8ª clase.
Carlos Salinas.
24-febrero-2000

 



Cap.7. Un antiguo curso de Sociología

Grupos


"En los grupos primarios: el control se ejerce por medio de "persuasión", "escarnio", "murmuración", "oprobio" (...)"
(Peter Berger en "Introducción a la Sociología" Pag. 104)


Iniciamos en esta clase un nuevo tema: ¡todo lo relacionado con los grupos que Ud. siempre quiso saber!

En realidad sí quiere saber como funcionan los grupos... casi seguro es que Ud. no acostumbra a funcionar bien en ellos.

En otras palabras, llama la atención aquello que nos trae problemas. Pero no se incomode, por favor, los grupos traen problemas a todos... menos a sus líderes. Si Ud se siente muy cómodo en un grupo, seguro que lo controla. Es decir se hace lo que Ud. quiere.

Toda nuestra vida sucede en grupos y en parejas. Y en parejas dentro de grupos. El individuo se encuentra aislado sólo en breves momentos... y si es chino, aún menos.

Es natural que cualquier persona se interese por los grupos y su dinámica; pero la sociología tiene poco que aportar. Dicho con exactitud: tiene bastantes cosas que decir, pero pocas que nos sorprendan.

¡Ya! ¡Es difícil ser innovador en esta cuestión! De todos modos la buena noticia es que un porcentaje importante de la literatura sociológica está dedicado a "los grupos", a su funcionamiento y a sus disfunciones, es decir a las cosas que pasan cuando la gente no se entiende.

Como no deseo repetirme (por lo menos conscientemente) pediré a todo el "grupo" (que sigue estas clases) que se tome una molestia extra y consulte lo que escribí sobre el tema en

Si tuviera la seguridad que todos lo hicieran podría saltarme perfectamente el asunto para entrar en otras cuestiones. Pero la experiencia me muestra que cualquier cosa que se encomienda a un grupo... corre peligro de no hacerse, o demorarse más de la cuenta. Por lo que no tendré más remedio que resumir algunas ideas que en el citado artículo desarrollo.

Los grupos estan formados por individuos que se conocen, que interactuan face-to-face (o "cara a cara") y donde, por lo tanto, las líneas de comunicación y de relación son muy cortas. O dicho con otras palabras, las jerarquías tienen muy pocos escalones.

Todo grupo, sobre todo si es estable (si dura bastante tiempo), tiende a desarrollar rutinas de interacción, lugares donde se reúne, temas de conversación y estilos, en fin, de resolver sus conflictos. Todo grupo desarrolla una "cultura" de grupo, que es "subcultura" de la mayor o dominante.

Históricamente, en sociología, se ha llamado "grupos primarios" a los primeros que se encuentra el individuo, empezando desde la cuna. 

Grupo primario por excelencia es la familia (sobre todo la familia "nuclear", la que convive bajo el mismo techo). Grupo primario es también el grupo de amigos, y en general, a lo largo de toda la existencia, grupo primario es aquel donde predominan los afectos, los sentimientos sobre cualquier otra razón de unión. En realidad... con esta reglaí habría muy pocos grupos primarios (y no me acuséis de cínico); pero es evidente que los grupos "primarios" existen y son relativamente numerosos. Ello es así porque además de los sentimientos, que unifican, están también otros vínculos no menos fuertes y mucho más estables, como los intereses comunes, los lazos de parentesco, los hábitos compartidos, etc. etc.

Ello resulta evidente si consideramos a "la familia" como un típico grupo primario... aquí está al alcance de todos que no siempre los afectos son el principal motor de interacción. Pensad en todo lo que os une a vuestras familias, y todo eso forma parte en mayor o menor proporción de un grupo primario.

Los grupos secundarios son, en cambio, los que tienen objetivos claramente definidos. Son grupos donde lo principal es la tarea. Los grupos de trabajo son los exponentes más claros de esta categoría.

De todos modos los mismos avances científicos y tecnológicos pueden crear categorías híbridas. Tomemos, sin ir más lejos, este grupo; el que conformamos en este momento, centrado en el estudio de la sociología: ¿es un grupo primario o grupo secundario? ¿Y en que momento puede pasarse de grupo secundario a primario? Hay un ir-y-venir constante. Las fronteras en los grupos (sobre todo en los "secundarios") son muy fluidas.

En realidad debería plantearse antes una cuestión previa que la pregunta soslaya ¿es un grupo, este grupo?

Veamos aquí el uso diferente de la misma palabra: por un lado estamos hablando de grupo concreto, orgánico, viviente; y por el otro de grupo nominal, una categoría abstracta, una forma de llamar a un conjunto de personas que tienen algo en común... pero que no ponen nada en común; sólo su presencia.

Para entendernos. Una cola en la calle, esperando un vehículo público no es un grupo; aunque en una fotografía aparezcan como un grupo.
No es un grupo en tanto ni tiene estabilidad, ni las personas se conocen entre si y muchos menos interactúan. Pero es un grupo en tanto son personas que están más cercanas que otras y pueden ser vistas como un conjunto.

El mismo problema tenemos, aunque más complicado, al hablar de grupos. ¿De que clase de grupos estamos hablando? ¿de gente que se conoce y que interactúa... o sólo de gente que está junta?

Y volviendo a nuestro grupo, el que sigue este curso, ¿qué clase de grupo es? Vamos a suponer que exista cierta interacción, que un subgrupo numeroso participe (en la lista correspondiente), que se hagan preguntas, que haya discusiones y a veces, lo que es perfectamente habitual, "salidas de tono". En este caso sería un grupo verdaderamente. Y sería un típico grupo "secundario" con un objetivo claramente definido (aprender sociología) y una organización mínima pero suficiente para funcionar.

El hecho de definirlo como grupo "secundario" no es peyorativo, pero la misma palabra se presta a equívoco, por eso otros sociólogos prefieren hablar de "grupos operativos" o incluso grupos instrumentales. Pero lo de "operativos" ha hecho más carrera.

Es muy posible, entonces, que formemos un denominado "grupo operativo", que, espero, se mantendrá firme hasta el final de las clases. Luego podrán suceder muchas cosas, pero la más previsible es que el grupo se disuelva. Esto es lo que sucede con los grupos operativos: una vez cumplida su misión, desaparecen. Aunque no las personas, obviamente, que pueden pasar a formar nuevos grupos.

En nuestro grupo operativo la comunicación tiene una forma radial, desde el centro a los extremos; es decir desde el profesor a los alumnos, y viceversa. La comunicación, también, podría tomar otra forma (gracias a la lista de "Ayuda"); podría ser horizontal, en la que todos se comunican con todos. Una red de comunicación en un grupo operativo puede tomar diferentes dibujos aunque haya una tendencia a comunicarse más con el centro, con el profesor, debido justamente, a la naturaleza propia de esta clase de grupos: es un grupo de aprendizaje.

En este grupo (y en casi todos los grupos) existen miembros marginales. Son aquellos que reciben las clases, pero que no participan en la lista. Son miembros en tanto no hay tomado la decisión de irse, de desuscribirse. Dado que esa decisión es posible (y además fácil) se entiende que los que se quedan lo hacen voluntariamente; luego son miembros, aunque marginales porque no se comunican con los demás miembros del grupo.

También existen miembros muy activos. Observad que la participación es importantísima para integrarse a un grupo. Un miembro silencioso, por más que sea un sabio, será un sabio marginal. Desde el punto de vista del grupo es casi un cero a la izquierda. Si queremos que un grupo nos reconozca primero tenemos que ser visibles para el grupo; la principal razón de esa visibilidad es la participación, no el volumen corporal.

Todo grupo tiene un líder y miembros muy cercanos a él; también tiene, obviamente miembros marginales. No se pueden evitar ni se debe valorar negativamente. Los miembros marginales, en tanto sean considerados miembros, aportan algo al grupo; algo sutil pero real, aportan "número". Y el número es importante, porque de alguna manera arrastra también un poco de calidad. Cuanto más gente hay en un grupo existen más posibilidades de encontrar un "alma gemela". También cuanto más gente hay, el grupo es más importante, y ello redunda en beneficio de todos incluyendo a los miembros más activos.

¿Cómo podemos conocer la estructura de un grupo? Su armazón invisible que le da ese sentido peculiar (ningún grupo es igual a otro grupo, aunque se parezcan mucho).

Un sociólogo se agenciaría un poco de papel y un lápiz (en estos casos el ordenador puede ser una molestia, aunque sea el último modelo de portátil). Y silenciosamente, se puede dedicar a hacer palotes al lado del nombre de cada integrante presente del grupo. Una intervención (no importa que sea larga o corta) un palote, una interrupción un palote, si hablan varios simultáneamente (algo perfectamente previsible en España), un palote para cada uno de los que hablan; aunque nadie esté en condiciones de escucharse.

Parece una estadística bastante burda, y de hecho lo es, porque no toma en cuenta muchos fenómenos interesantes que están pasando... pero no es barro todo lo oscurito. Poco a poco se va perfilando una participación desigual, hay miembros que tienen muchos palotes, otros pocos... y lo que resulta más interesante, algunos nada.

Si guardáramos estas hojitas tan sencillas y las fuéramos acumulando día a día, reunión tras reunión, veríamos que las pautas se repiten y que hay miembros que siempre son activos y miembros que pocas veces lo son.

Aún no podemos precisar la estructura del grupo, porque un individuo puede participar poco y sin embargo tener mucho poder (estoy pensando, por ejemplo, en un grupo compuesto por gitanos); luego hay que cotejar nuestro gráfico de interacciones con otras señales comunicativas (por ejemplo, hacia donde se dirigen preferentemente las miradas cuando se plantea cualquier cuestión dudosa o de toma de decisiones). Pero el trabajo acumulado no ha sido en balde. Hay mucha diferencia entre el que no participa y no tiene poder (poder grupal, se entiende) del que parece igual pero sí lo tiene. 

El análisis de nuestra información cuantitativa junto con lo que observamos directamente y no lo graficamos (porque no estamos en una experiencia de laboratorio y hacerlo supondría un esfuerzo muy grande de "codificación") al cabo de varias reuniones permite esbozar un tipo de estructura grupal que luego habría que poner a prueba de alguna manera (por ejemplo, sí cuando se hace una sugerencia se logra, primero, el apoyo de algún miembro activo... ésta tendrá muchas más probabilidades de ser apoyada por el grupo).

Como se ve el estudio de la dinámica de grupos no va mucho más lejos que el sentido común; pero como éste suele faltar bastante (sobre todo en materia grupal) es evidente que un poco de entrenamiento ayudaría lo suyo.

Aquí quiero llamar la atención sobre algo que visto desde fuera resulta evidente y que sin embargo para el sujeto que lo vive pasa totalmente desapercibido: nuestros problemas con los grupos... empiezan en uno mismo.

Algunos psicólogos que trabajan este asunto (psicólogos sociales) descubrieron que poniendo cámaras de vídeo en diferentes actividades grupales y luego mostrándoselas a los sujetos más problemáticos éstos se dieron cuenta de muchas cosas que su propia conducta provocaba.

El resultado es que somos ciegos para los efectos que tenemos en los demás; efectos que también tendríamos en nosotros mismos si pudiéramos vernos como una persona aparte. Era común en estas experiencias que el individuo problemático dijera: "¡Yo soy así... pero es posible esto!"; avergonzándose y asombrándose, simultáneamente, de como se transforma su autoimágen cuando la contempla en tercera persona.

Como fotógrafo (documentalista, no artístico) estoy acostumbrado a la reacción de desagrado de muchas personas cuando se ven en mis fotos. No les gusta su expresión, el gesto, el rictus del rostro; no se reconocen, se perciben extraños e incluso desagradables... pero resulta que la máquina no miente (aunque el fotógrafo pueda ser, no lo niego, algo sádico). El problema es que no nos vemos y esto es de capital importancia para una interacción cordial. No me refiero sólo al sentido de la vista, me refiero a algo más global, no salimos de nosotros mismos para mirarnos con ojos ajenos.

Es difícil pero se puede intentar. Lo común es que ni siquiera se intente.

Tampoco quiero decir que los problemas de los grupos están centrados en nosotros mismos. Esto sería una especie de solipsismo egocéntrico. ¡Si las cosas no funcionan... es por mi culpa! ¡Vamos! Nadie es Dios y el mundo funciona incluso cuando no estamos. Pero nuestro aporte (a veces saboteador) no figura nunca en los análisis que hacemos, y eso es un sesgo que subjetiviza cualquier evaluación.

Nos quejamos mucho de los grupos pero en realidad no es que los grupos funcionen mal, sólo que su funcionamiento es muy peculiar. Son lentos, desorganizados y cualquier actividad cuesta más tiempo y esfuerzo que solos... pero no en todos los casos. En realidad el individuo alienta excesivas ilusiones de lo que haría mejor si lo dejaran sólo (o lo dejaran dirigir, con mano de hierro, el grupo del que se queja). La mayor parte de las cosas que un grupo no es capaz de hacer, tampoco las hace el individuo solitario. Así que mejor sería armarse de paciencia e intentar conocer como funcionan los grupos... aunque no aprendamos nada nuevo porque de alguna forma ya lo sabíamos. Lo sabíamos sin tomar conciencia; lo sabíamos, en sueños.

La clase se termina aquí. Me gustaría que leyerais, también el artículo mencionado al principio. Creo que puede ampliar lo aquí dicho. En la próxima veremos algunos puntos relacionados. Pero, siendo una cuestión que nos resulta muy cercana (sí se hiciera una escala entre temas próximos y lejanos) no vendría nada mal que aprovechando la interacción que permite este cursillo, cada cual expusiera su peculiar experiencia en estas lides. Sería, también, una forma de emerger de la periferia grupal para reunirse en un centro común.


Fin de la 7ª clase.
Carlos Salinas.
21-febrero-2000




Cap.10. Un antiguo curso de Sociología

Poder y conflicto  "Luego reflexionó que la realidad no suele coincidir con las previsiones; con lógica perversa infirió que prever un ...