Final
"Tened una alta idea de vuestras facultades, y trabajad. Las triplicaréis".
(Hérault de Séchelles, 1759-1794)
"Puede que no tenga ninguna moraleja", se atrevió a observar Alicia.
"¡Bah!¡Bah! No lo creas", continuó la Duquesa; "todo tiene su moraleja, si tan sólo sabe uno descubrirla".
(Lewis Carroll - Alicia en el País de las Maravillas)
"Mark decía que había escogido Historia porque no tenemos oportunidad de comprender el presente si no comprendemos el pasado. Ésta es la clase de irritante explicación estereotipada que la gente saca en las entrevistas, pero es posible que él lo creyera. En realidad, naturalmente, la verdad es lo contrario, nosotros interpretamos el pasado mediante el conocimiento que tenemos del presente."
(P.D.James. "An Unsuitable Job for a Woman" (1972))
P.D.James es una excelente escritora inglesa (la recomiendo calurosamente, si no la conoceis), de novelas policíacas. Como ya he advertido encontraremos muy buenas acotaciones sociológicas en libros muy diversos; en la cita de más arriba puede verse como se da vuelta a la afirmación tan común de "el que no sabe historia no comprende su época". Esto es verdad... pero no toda la verdad. Se necesita comprender nuestra época para entender porque elegimos de la historia (infinito baúl de los recuerdos) determinados hechos... y dejamos en la penumbra otros.
Somos, siempre, parciales en el recuerdo y yo también lo soy en este final.
El cursillo que termina no es, evidentemente, un "panorama" de la sociología actual, faltarían muchos temas importantes; ni, tampoco, una introducción a la sociología para uso de un curso académico (faltaría la mención sistemática de autores fundamentales); no es, en suma, una introducción tal como las que yo conozco. Es otra cosa. Una incitación (razonada) a no abandonar la sociología en manos de los especialistas sino a participar de su quehacer leyendo, pensando e investigando (si se tiene suficiente energía, ánimo y tiempo) sobre nuestra sociedad contemporánea.
Tal como lo recuerdo en la "Introducción a la Introducción" la ley nº 1 debe aplicarse a todo lo que existe, en materia de ciencias humanas. No hay nada definitivo y todo es discutible. El sociólogo tiene sus preferencias y sus prejuicios; sus valores determinan, silenciosamente, desde lo inconsciente (aunque a veces es "consciente", sólo que no conviene decirlo), aquellos temas que da preferencia y aquellas posiciones que le resultan más "inteligentes". Todo esto lo sabemos y además lo recalcamos siempre que se haga un balance; pero ello no anula la tarea en si misma. A pesar de todos los pesares debe hacerse, y es bueno que se intente; la alternativa no es "otro" conocimiento, sino la trivialidad y la estupidez.
No todo lo que dice un sociólogo tiene que ver con la sociología (al igual que otras profesiones y actividades); el conocimiento y la torpeza personal tiene mucho que ver en cada cosa que se afirma. Por otro lado todo sociólogo siempre tiene la tentación de ponerse a dictaminar sobre todo lo divino y lo profano (quizá porque "lo social" se encuentra en cualquier cosa).
Puedo tomar como ejemplo de esa intrusión en campos desconocidos un artículo mío publicado en "Casi Nada" (me refiero a: "casinada/32prof.htm" [Link Desaparecido]), en él realizo un ejercicio condenado de antemano al fracaso (de allí su reconocido aventurerismo): pensar en lo que puede pasar en todo el siglo XXI.
Es evidente que ningún sociólogo puede escribir sobre un tema así basándose en su conocimiento sociológico. La sociología actual no puede arriesgar ninguna predicción razonable ni siquiera a un año vista. Este ejercicio no es otra cosa que "sociología-ficción". Un vuelo de la fantasía tal como puede hacerlo cualquiera, sea sociólogo o no.
Personalmente pienso que es bueno intentarlo, no para pretender acertar (lo que ya sería más que estupidez, puro cretinismo intelectual) sino para observar. Para observar nuestras predicciones y de esta manera conocer mejor que se cocina en la mente de uno. Es el mismo uso que se le puede dar a un manual adivinatorio como el I Ching. Ha habido psicólogos que dicen, sobre este texto, que su valor no está en que adivine el futuro sino que permite conocer lo que realmente queremos (o tememos) que suceda. Es decir que el I Ching no sería un oráculo sino un psicoanalista. Permitiría hacer consciente lo inconsciente.
En forma parecida hacer una predicción sobre el futuro, un futuro muy lejano (para no atar la imaginación) supone hacer consciente nuestro inconsciente... sociológico. Descubrir las cartas. Una exploración hacia dentro. Como ejercicio de "calentamiento" yo lo propondría al principio de muchos cursos: "Señores, imaginemos como será el mundo -en relación con los temas que aquí se estudiarán- dentro de un siglo, o dos... y repasemos al finalizar que posibilidades racionales existen para que se cumplan, o no, nuestras predicciones".
Se trata de desarrollar nuestra imaginación sociológica, tal como lo pedía Charles Wright Mills:
"Ya sea el punto de interés un Estado de gran poderío, o un talento literario de poca importancia, una familia, una prisión o un credo, ésos son los tipos de preguntas que se han formulado los mejores analistas sociales [se refiere a varias preguntas claves que el autor plantea antes]. Ellas constituyen los pivotes intelectuales de los estudios clásicos sobre el hombre y la sociedad, y son las preguntas que inevitablemente formula toda mente que posea imaginación sociológica. Porque esa imaginación es la capacidad de pasar de una perspectiva a otra: de la política a la psicológica, del examen de una sola familia a la estimación comparativa de los presupuestos nacionales del mundo, de la escuela teológica al establecimiento militar, del estudio de la industria del petróleo al de la poesía contemporánea. Es la capacidad de pasar de las transformaciones más impersonales y remotas a las características más íntimas del yo humano, y de ver las relaciones entre ambas cosas. Detrás de su uso está siempre la necesidad de saber el significado social e histórico del individuo en la sociedad y el período en que tiene su cualidad y su ser".(C.Wright Mills."La Imaginación Sociológica".FCE. Subrayado por mi)
(Para la imaginación sociológica y la manera de trabajar del sociólogo ver, también,
La modesta propuesta que aporto para el desarrollo de esta imaginación sociológica es la de cultivar el gusto de hacer predicciones y luego comparar lo que sucede con lo que creíamos.
Una manera de reducir nuestros "humos" intelectuales (aquellos que se adquieren por la frecuentación irreflexiva de textos universitarios) consiste en elaborar predicciones cortas, de pocos meses, mejor de semanas, y lo más elaboradas posibles (con muchos detalles). Supuestos del tipo: "Preveo que... Pinochet, ya vuelto a Chile, no será juzgado por la justicia de su país. Y esto sucederá porque la Corte Suprema denegará cualquier posibilidad en esta dirección. Tal decisión se tomará en el curso de este año."
Anotar la predicción (en un "diario-personal" sociológico) y luego, al cabo del período señalado verificar la diferencia entre lo calculado y lo que ha pasado. Mejor aún, intentar varias predicciones sobre diferentes cuestiones, o sobre una cuestión pero con diferentes hechos que sucedan en el tiempo.
Lo que hay que tener muy claro es que pase lo que pase lo positivo está en comparar y no en el resultado en si mismo. Indagar sobre nuestros errores es la mejor manera de aprender... siempre que efectivamente indaguemos y no nos limitemos a olvidarlos. Y, simétricamente, indagar en nuestros aciertos es también importante. Muchas veces son fruto de la casualidad y no de nuestra inteligencia u olfato. Adjudicarnos méritos inmerecidos puede ser más desvastador (intelectualmente hablando) que una sucesión de equivocaciones en nuestras previsiones.
"¿Por qué no acerté en esta predicción? ¿En que se basaba mi opinión de la justicia chilena? ¿Qué pasó de nuevo que no podía prever cuando la hice?"
Y si acerté: "¿Por qué acerté? ¿es a raíz de mis conocimientos sobre Chile? ¿o sobre como funcionan las cosas luego de una dura dictadura? ¿o extrapolé basándome en la experiencia de mi país...? ¿...o fue pura suerte?
Tal como dice Daniel Hills (en un libro que nada tiene que ver con la sociología), para que un sistema aprenda necesita de la retroalimentación (en inglés "feedback"):
"La base está en la retroalimentación. Cualquier sistema basado en la retroalimentación necesita tres tipos de información:1. ¿Cuál es el estado deseado (el objetivo)
2. ¿Cuál es la diferencia entre el estado actual y el estado deseado (el error)
3. ¿Qué acciones reducirían la diferencia entre el estado actual y el estado deseado (la respuesta)El Sistema de retroalimentación ajusta la respuesta, según el error, para alcanzar el objetivo."
(W.Daniel Hills."Magia en la piedra. Las sencillas ideas que hacen funcionar a los computadores".Debate. pag. 172)
Mi sugerencia, entonces, consiste en aplicar frecuentemente esta modalidad de pensamiento-interrogación metódica- al conocimiento de la realidad social. El "objetivo" de Hills es aquí la profecía que uno establece. El "error" es el curso real de los acontecimientos que poco o nada se compagina con nuestra profecía (cuanto más detallada sea más nos equivocaremos). Y la "respuesta" es el análisis sociológico que uno debe intentar para entender porque la profecía se equivocó/acertó.
Es esta respuesta -el análisis- lo que produce el aprendizaje real del sociólogo; lo que le permite distinguir las fuerzas y reacciones que no supo evaluar (o no tuvo en cuenta) en el momento de su profecía; y simultáneamente, lo educa en la humildad. Y os puedo asegurar que sin humildad... no hay ciencia. Es verdad que un científico puede ser un pelma monumental en su vida privada, y un egocéntrico de mucho cuidado, pero en la práctica de su ciencia, si quiere ser bueno, tiene que abandonar todos los vicios habituales. Como en los cuentos orientales, tiene que descubrir que el principal enemigo es su "ego", y convertirse en un fiel observador de lo que capta su mente... aunque no le guste. Estoy pensando en este momento en Johanes Kepler (1571-1630) que cuando descubrió que la órbita de los planetas no era un círculo perfecto sufrió una aguda desazón... pero no podía negar la elipse. Así que la afirmó, aunque ello representara la liquidación de sus más queridas teorías.
Volviendo al tema, no se debe olvidar el estudio y el trabajo como base de cualquier profecía (con el valor que arriba expongo). No es lo mismo una charla de café que un intento de poner a prueba nuestra capacidad mental. Para que el truco funcione se necesita intentar, con toda la fuerza de nuestra mente, acertar; aunque nuestra razón nos diga que ello es imposible.
Resumiendo, hagamos profecías como descanso de nuestro estudio y hagamos profecías como prueba de nuestros estudios. Desarrollemos la capacidad de proyectar nuestras herramientas hacia el futuro... ahí es donde, de verdad, se muestra la inteligencia que Dios nos dio. Interpretar el pasado resulta, con ciertas reservas, fácil, ya conocemos el resultado; la verdadera prueba está en descubrir lo que nos espera. Y sobre todo, y más que todo... anotemos cuidadosamente nuestras anticipaciones, para controlar los resultados de nuestras predicciones. Aprendamos a construir un "diario" sociológico de todas las cosas que suceden en nuestra comunidad; de las cosas que nos interesan, de los fenómenos que observamos, de las interrogaciones que surgen, de las predicciones de otras personas...
Como dice Wright Mills, llevar un diario sociológico es, por si sólo, una actividad intelectual (y una preparación profesional) de primer orden. Algo muy sencillo, y que quizá por ello, tiene pocas probabilidades de llevarse a cabo. Lo escribo con un poco de pena; porque a veces tenemos a nuestra disposición una gran palanca para el desarrollo intelectual... pero esa pereza tan habitual y conocida nos impulsa a "leer un poco más" en vez de ponernos a escribir. Este podría ser una caso donde "lo mejor, es enemigo de lo bueno".
Todo ello sin perjuicio de los estudios técnicos; éstos ayudan porque alertan sobre cosas que no sabíamos, y nos dan herramientas que por nosotros sólos tardaríamos años, o décadas, en desarrollar. Es imposible establecer a priori que libro, que autor, que maestro nos ayudará (lo cual supone un quantum de tiempo perdido para encontrar el camino), pero en el transcurso de la vida, de una sóla vida, el que la sigue la consigue.
Hay estrategias, orientaciones generales, que funcionan al alertarnos sobre errores comunes, por ejemplo la que expone Hao Wang:
"Gödel tenía un interesante axioma a través del cual contemplaba el mundo, a saber, que nada de lo que sucede en él se debe a accidente o a estupidez.(cita de Ernst Gabor Straus, ayudante de Einstein. En: Hao Wang."Reflexiones sobre Kurt Gödel". Alianza Universidad. Pag. 71.)
Es posible (aunque no probable) que algún lector de estas líneas me replique que la cita es, en cierto modo, perversa... ya que Gödel era (además de un gran filósofo) un paranoico perdido. Siempre pensaba que alguien lo quería envenenar; y con estos antecedentes las palabras anteriores suenan a "obsesión" más que a pensamiento creativo. Sin embargo yo creo que Gödel las pronunció en otro contexto -no en el directamente personal- y por otro lado siempre queda la reflexión que vale tanto para el principio antes enunciado como para cualquier otro razonamiento: lo que es bueno... en exceso mata.
En cualquier análisis sociológico debemos evitar que la indignación guíe nuestra cabeza. La indignación, ¡tantas veces alabada!, puede ser motivadora pero debe terminar cuando empieza un abordaje serio del problema. De la misma manera que un cirujano experto deja en manos de otro colega la operación crucial sobre un familiar muy querido, lo mismo debemos evitar trabajar sociológicamente bajo una presión emocional fuertemente aversiva. Haremos ideología barata en vez de un estudio serio. Tal como le gustaba pensar a Gödel, nada sucede en el mundo por estupidez ¡ni siquiera un comportamiento estúpido! Lo que parece una torpeza, o falta de visión, resulta de un proceso, y deben localizarse las razones de ese proceso en vez de condenar desde el púlpito sociológico.
Soy un convencido que los estudios propios, específicos, de cada disciplina ayudan, aunque a veces, también, sabotean. No creo que pudiera sacar de mi cabeza todas las cosas que he ido desgranando en este cursillo. Se necesita del trabajo y de la reflexión ajena para enriquecer la nuestra; pero también hay que cuidar que nuestra mente se bañe continuamente en el cambiante océano de la realidad circundante. Es un trasiego permanente, un debate continuo, entre distintos pensadores que se reúnen en nuestra cabeza y con los que compartimos penas y experiencias.
Si las escuelas y universidades enseñaran los secretos de estas ceremonias mentales... la experiencia de paso por esos circuitos pedagógicos sería imborrable (y gozosa). Lamentablemente nuestros institutos de enseñanza se parecen más a fábricas que a talleres de alquimistas. Espero que las páginas anteriores os hayan reconciliado (si existía alguna prevención en contra) con la sociología, y si en cambio ya había un terreno predispuesto, os anime a seguir progresando en este camino. Algún día alguno de vosotros también escribirá para otros... y esa esperanza me parece un justificativo espléndido para todo el esfuerzo realizado.
Fin de la clase 16 y del curso.
Carlos Salinas
24-marzo-2000
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