sábado, 17 de enero de 2026

Cap.15. Un antiguo curso de Sociología. Los Medios

Comunicación y 
medios de comunicación


"El resultado de todo es que los estadounidenses son los mejor entretenidos y, probablemente, los peor informados del mundo occidental."
(Neil Postman. "Divertirse hasta morir").


"¡Haz, Señor, que se les rompan las teles y así, que los padres hablen con sus hijos y se conozcan!".
(Forges, humorista español contemporáneo).


"Que todo el mundo participe en una sola conversación no la enriquece: la reduce."
(Gabriel Zaid. "Los demasiados libros") 


"La masa de papel alcanza un valor crítico a partir del cual más que usar la información que contiene es preferible ignorarla. (Coll-Vinent y otros."Curso de Documentación")


"En el futuro, las personas más libres no serán las conectadas, sino las desconectadas, las que prefieran pulsar la tecla off en vez de la on, las que se rebelen contra esta tendencia tan en boga que nos insta a apretar la tecla on y conectarse a... ¿A qué?, ¿a Internet?, ¿a la oferta pública de acciones de Endesa?, ¿a la lavadora, Novostar que nos permite estar off mientras ella está on? No se inquieten. No se trata de tirar el módem, la televisión digital o el teléfono móvil a la papelera, sino de replantear nuestra relación con la información, los medios de comunicación y, sobre todo, con la actualidad."
(Álex Lamitz."Las Autopistas de la Actualidad".El País, Suplemento "ciberpaís", pag 16. 28-enero-1999)


"La Internet o mejor dicho el "ciberespacio", para usar una expresión ya consagrada, no constituye un nuevo medio de comunicación sino un nuevo espacio social."
(Máximo Lameiro en [link desaparecido]


La comunicación siempre ha sido un elemento esencial en los seres vivos, sobre todo de los que viven en manadas. Los humanos somos, dentro de los seres vivos terráqueos, los que hemos desarrollado formas más sofisticadas de comunicación, aunque la mayoría de éstas dejaría totalmente indiferente a otras especies hermanas. Si yo le ofrezco el diario del día a una vaca probablemente me mirará unos segundos con sus grandes ojos compasivos y luego me dejará con el diario tendido. Los humanos no tenemos más remedio que aplaudirnos y jalearnos porque, con la excepción de los perros, dentro del reino animal no gozamos de un público adicto.

La comunicación consiste en poner en común algo, un bien inmaterial que suele llamarse información (es verdad que también se habla de comunicación en el intercambio de objetos, fluidos e incluso personas; pero esto es una extensión metafórica que no altera lo sustancial). 

Información es toda clase de datos (expresados en palabras, rugidos o gestos) que "dicen" algo. O con otra palabra, información es aquello que no sabíamos, y de lo cual nos enteramos. El concepto relativiza el término ya que lo hace tributario de un estado especial del receptor. Si yo se que América fue descubierta en 1492, que me lo digáis no supone para mi infomación. En cambio si no lo sé, lo es.

La definición puede resultar insatisfactoria (para mí lo es), pero también resulta un buen punto de partida para reflexionar sobre esta cuestión. Ya tendremos tiempo de abandonarla, si nuestra investigación lo requiere.

De las citas que he puesto arriba, varias a posta, para que se aprecien los puntos de vista, puede deducirse que un exceso de información es capaz de generar resultados paradójicos: mucha información deja a la gente incomunicada. Y es un fenómeno universal, cuando algo se hace en exceso reaparecemos en el punto 0 que creíamos haber abandonado hace mucho tiempo. Si una persona se excede en el "sacrificio" deja de parecer un candidato a santo para empezar a parecer que sobreactúa, es decir su polo opuesto; de la misma forma la claridad es un don (que debe cultivar todo escritor), pero si todo lo que escribe es demasiado claro podríamos empezar a sospechar, con fundamento, que sus ideas son puramente tópicas, triviales. 

No es que no haya reglas, sino que todas las reglas tienen su frontera. No se extienden hasta el infinito; ni siquiera los "grandes principios".

En materia de "comunicación" se puede decir que nuestra época se pasa. Hay un exceso torrencial. Por cierto que las previsiones apuntan a que este exceso no sólo no se frenará sino que su desarrolla será enorme ¡Dios nos coja confesados! me temo que mucha gente simplemente girará el dial y se pondrá en "off". La única manera sencilla de volver a escuchar los pajaritos. Pero no es un proceso lineal, ha tenido sus altibajos y no hay nada que nos indique que no los habrá en el futuro. Escapemos de la teoría del "dominó", nada de lo que pasa tiene porque seguir aumentando o disminuyendo. Aprendamos del pasado.

La "locura" contemporánea (en lo que respecta a la información) vino de brazos con el telégrafo, a mediados del siglo XIX. Veamos como lo cuenta Neil Postman (en el libro citado más arriba, pag.70)

"El telégrafo llevó a cabo un ataque a tres bandas sobre la definición tipográfica del discurso, introduciendo a gran escala la irrelevancia, la impotencia y la incoherencia. Estos demonios del discurso surgieron debido a que el telégrafo dio una forma de legitimidad a la idea de la información libre de su contexto; esto es, a la idea de que el valor de la información no necesitaba estar sujeto a ninguna función que pudiera ser útil en la acción y en la toma de decisiones sociales y políticas, sino que podía estar meramente ligado a la novedad, al interés y a la curiosidad. El telégrafo convirtió a la información en un producto de consumo, una "cosa" que se podía comprar o vender sin tener en cuenta sus usos o su significado.

Pero no lo hizo por sí sólo. El potencial del telégrafo para transformar la información en un producto de consumo podría no haberse realizado nunca, si no hubiera sido por la asociación entre el telégrafo y la prensa. El periódico de un penique, que surgió poco antes de la telegrafía alrededor de la década de 1830, había iniciado el proceso de elevar la intrascendencia a la condición de noticia (...) El telégrafo cambió todo eso con sorprendente rapidez. Poco tiempo después de la primera demostración pública de Morse, lo local y lo intemporal perdieron su posición central en los periódicos, eclipsados por la fascinación de la distancia y la velocidad".

Así es, tal como lo cuenta Postman, que la sociedad se habituó a consumir un nuevo producto del que pudo prescindir tranquilamente durante millones de años: las noticias. La información sobre cuestiones lejanas que nada tiene que ver con nuestra vida ni nuestras preocupaciones cotidianas. Esto siempre ha sido presentado como un adelanto, Postman, muestra la otra cara de la moneda:

"Tal como supuso Thoreau, la telegrafía otorgó relevancia a lo que no la tenía. El abundante flujo de información tenía muy poco o nada que ver con aquellos a los que iba dirigida; es decir, con cualquier contexto social o intelectual en el cual sus vidas estuviesen implicadas. La famosa frase de Coleridge sobre agua en todas partes y ni una gota para beber puede servir como metáfora de un entorno de información descontextualizada: en un mar de información había poca que fuera de utilidad. Un hombre en Maine y otro en Texas podían conversar, pero no sobre algo que conocieran o les preocupara. Puede que el telégrafo transformara el país en "un vecindario", pero en un vecindario peculiar, poblado por gente que sólo conocía los hechos más superficiales de cada uno.

Quizá no se os escape que lo que trajo el telégrafo a EEUU hace ya 150 años ahora lo está trayendo Internet a todo el mundo. Creo que nadie puede acusarme de no ser un "partidario" de Internet y de todo lo que representa; pero ello no significa que no vea también sus aspectos oscuros y su gran potencialidad para generar el "circo" global.

Hacer una sociología de la comunicación, en la actualidad, es revisar a fondo el papel de los medios en general y de Internet en particular (cosa que uno extraña, justamente, en los manuales de introducción). Si la televisión pobló de seres extraños los hogares (con gran horror de los "integristas" de todas las religiones) ¡qué decir de lo que hará Internet en nuestras mentes!

El gigantesco poder de Internet está en que los niños la manejan mejor que los adultos. En tanto tributaria de la tecnología informática cuanto más joven más facilidad natural se tiene para dominar la nueva herramienta. Es maravilloso (y simultáneamente muy frustrante) ver como un niño de pocos años alcanza rápidamente el saber de su padre y al cabo de otros pocos ya está en condiciones de "solucionar" los problemas informáticos que hacen gemir a los adulto.

Cuando contemplo a todo un "doctor" en alguna ciencia manejarse con el ordenador (para hacer un trabajo) o para buscar una información y se lo ve tan "torpe" (en comparación con un jovencito pecoso que no tiene la menor idea de como funciona el mundo)... personalmente me siento un poco inquieto. Tiendo a sospechar que una tecnología que resulta tan amistosa para los de mente dúctil y que simultáneamente menos saben, puede resultar catastrófica en muchos aspectos que ahora no imaginamos.

Para repensar esta cuestión voy a proporcionaros otro fragmento de texto (siempre de Postman) donde habla del impacto del telégrafo. Sustituir esa palabra por Internet, ayudará a actualizar el mensaje:

"El telégrafo introdujo una especie de conversación pública cuya forma tenía características sorprendentes: su lenguaje era el de los titulares sensacionalistas, fragmentados e impersonales. Las noticias tomaron la forma de eslóganes, que eran percibidos con entusiasmo y olvidados con prontitud. Su lenguaje era además discontinuo. Un mensaje no tenía conexión alguna con el que le precedía. Cada "titular" estaba aislado como si él mismo determinara su contexto. El receptor de las noticias tenía que darles significado, si es que podía, puesto que el que las enviaba no tenía la obligación de hacerlo. Y a causa de todo esto, el mundo, tal como lo representaba la telegrafía, comenzó a parecer ingobernable y hasta indescifrable. La forma continua y secuencial, línea por línea, característica de la palabra impresa, comenzó a perder paulatinamente su resonancia como una metáfora sobre cómo había de adquirirse el conocimiento, y cómo debía entenderse el mundo. El "conocer" los hechos adquirió un nuevo significado, ya que ello no quería decir que uno entendía las implicaciones, los antecedentes o las conexiones. El discurso telegráfico no dejaba tiempo para las perspectivas históricas ni daba prioridad a lo cualitativo. Para el telégrafo, inteligencia quería decir conocer muchas cosas, pero no saber nada acerca de ellas. (Ibídem, pag. 75)

En un análisis social debe intentar verse todas las perspectivas posibles, no sólo las que más nos agradan (o aquellas que ya coinciden con nuestros valores y supuestos). Esto se dice pronto pero puede costar mucho adquirirlo. De hecho el investigador, al igual que cualquier otro humano, prefiere tener primero una opinión y luego encontrar la manera de sostenerla. La clave del truco consiste en afirmar que se ha seguido el camino contrario; esto da una ilusión de objetividad que viene a ser, a la postre, el principal argumento de la defensa.

Dado que en este cursillo mis alabanzas a Internet han sido muchas y salpicadas no me parece inoportuno, aprovechando el tema de esta clase, que reflexionemos sobre el papel de los medios de comunicación en nuestra manera de comprender el mundo.

Alguien dijo que la publicidad es la que realmente hace la parte más pesada de la socialización primaria, quedando la escuela en un nivel subalterno. Quizá parezca una exageración, pero lo que resulta evidente a todo maestro es que en la actualidad los niños parecen más dispersos y soportan peor las largas peroratas de sus profesores. En verdad éstas ya se han acabado (excepto en los establecimientos donde persiste un fuerte nivel de disciplina) porque no se puede ir muy lejos cuando los dos tercios de la clase empieza a poner los ojos en blanco.

Lo que se les escapa a los profesores es que ellos también sufren el proceso, sólo que en una medida menor. También la "atención" del adulto se ha minimizado hasta extremos que harían reír a los habitantes ilustrados de cualquier ciudad del siglo XIX. Y si no me creéis, escuchemos a Postman narrando la situación pasada (los subrayados, entre asteriscos, son míos):

"El 21 de agosto de 1858, tuvo lugar en Ottawa, Illinois, el primero de los siete famosos debates entre Abraham Lincoln y Stephen A. Douglas. El acuerdo era que Douglas hablaría primero durante una hora; que Lincoln tendría una hora y media para responder, y luego Douglas dispondría de media hora para la replica correspondiente. Este debate era considerablemente más corto que aquellos a los que los dos hombres estaban acostumbrados. En efecto, se habían enfrentado varias veces con anterioridad y todos sus encuentros habían sido mucho más largos y agotadores. Por ejemplo, el 16 de octubre de 1854, en Peoria, Illinois, Douglas pronunció un discurso de tres horas, al que Lincoln había acordado responder. Cuando llegó el turno de Lincoln, éste recordó a la audiencia que ya eran las cinco de la tarde y que probablemente necesitaría tanto tiempo como Douglas quien, a su vez, estaba comprometido a rebatirlo. Por consiguiente propuso que la audiencia se retirara para cenar y que retornara descansada para escuchar otras cuatro horas de argumentación. La audiencia aceptó amablemente la propuesta y las cosas sucedieron tal como Lincoln había señalado.

¿Que tipo de audiencia era esta? ¿Quiénes eran estas personas que tan alegremente se acomodaban a escuchar siete horas de oratoria? Debe señalarse que tanto Lincoln como Douglas no eran candidatos presidenciales; en el momento de su encuentro en Peoria ni siquiera eran candidatos al Senado. Pero su público no estaba preocupado en especial por su estatus oficial. Se trataba de gente que consideraba esos actos esenciales para su educación política, que los consideraba parte integral de su vida social y que estaba bastante acostumbrada a esas largas jornadas de oratoria. (...)

En cuanto a la capacidad de atención de la gente, sin duda debe haber sido extraordinaria comparada con los estándares actuales. ¿Hay en nuestro país algún público que pueda soportar siete horas de exposición? ¿O cinco, o tres? ¿Sobre todo sin ilustraciones de ningún tipo? Además, estos públicos deben haber tenido una extraordinaria capacidad para comprender largas y complejas sentencias orales. En su discurso de Otawa, Douglas incluyó en un parlamento de una hora, tres frases largas y con legalismos sobre la plataforma abolicionista. En su respuesta, Lincoln leyó pasajes más largos aún de un discurso impreso que había pronunciado en una ocasión anterior (...) Las personas producto de la cultura televisiva necesitan un "lenguaje sencillo", tanto oral como visualmente, y se es capaz de requerirlo, en algunas circunstancias, por medios legales. El gran discurso de Gettysburg probablemente habría sido incompresible para la mayoría del público en 1985."

Naturalmente que no habría ningún público español que soportara actualmente un discurso de, pongamos una hora de duración, sin levantarse del asiento y tratando de atender lo que se dice. ¡Que digo! una hora sería considerada una agresión, ningún candidato presidencial lo haría. Un candidato socialista lo intentó hace muy pocos años en el parlamento (el comentar algunas cuestiones técnicas sobre la seguridad social) y recibió el rechazo público casi unánime; incluyendo el de los periodistas. Hemos convertido al achaque en virtud y a la falta de atención en el "juicio de Dios" medieval. Si alguien no capta nuestra atención... evidentemente es idiota.

Claro que no podemos aceptar sin más una crítica como la de Neil Postman, por más plausible que nos parezca. Justamente ¡cuanto más sensata parece... puede ser menos realista! El problema está en que resultamos fácil de convencer o de autoconvencernos. Sigue actuando en nuestra mente, en el sótano, pero actuando, el modelo del dominó y su sencillez tan atractiva: eso proviene de tal causa... e introduciendo otra fuerza (desde otra dirección), la dirección de caída de las fichas será la que nosotros deseamos. Pues no. Pensemos en todo lo anteriormente expuesto. Si fuera real, o por lo menos totalmente real, ahora ya no se podría leer esta clase. El 99% de los lectores habrían abandonado hace tiempo para pasar a ojear un bonito libro de láminas, o su equivalente en la televisión o Internet.

Quiero creer que la mayoría de los seguidores del cursillo siguen, aquí, al "pié del cañón", aunque no tengan ni idea del camino que os invito a recorrer. Esto ya está mostrando algo, que no hemos ido involucionando hasta el estado simiesco desde que se inventó el telégrafo. Es muy probable que nuestros niveles de atención requieran más estímulos, es muy probable, también, que no seamos capaces de aguantar un largo discurso... pero si entendemos lo que nos dicen y ello se conecta con nuestras inquietudes, somos capaces de reflexionar, atar cabos y realizar complejas operaciones mentales (hay partes de este cursillo que son, no lo niego, realmente complicadas).

Ello significa que la humanidad ha evolucionado... de un modo distinto a lo que habría sido si se hubiera mantenido la cultura libresca propia de la primera parte del siglo XIX. Hay cosas que ya no se hacen, pero de la misma manera que se han perdido oficios maravillosos, también ahora se hacen cosas que antes habrían resultado mágicas (o infernales).

Es muy difícil hacer un balance del estado actual de cosas. Hemos perdido, hemos ganado, no es suficiente. No se puede evaluar nuestra época sin criterios que incluyan la tremenda diversidad de lo que se hace y se ha dejado de hacer. Aquí tenemos un nuevo frente para la ciencia social ¿Cómo se pueden establecer criterios fiables para saber si, en una sociedad, estamos mejor o peor que antes?

Es evidente que ningún colectivo occidental puede estarse "7 horas" escuchando un discurso al estilo del siglo XIX... pero ¿es una pérdida? O un cambio, y si hay un cambio, ¿se lo puede comparar con lo que se hacía antes?

Aceptemos, sólo por un momento (como hipótesis de trabajo) que la red de redes, Internet, también sufrirá el mismo proceso de trivialización que ya es visible en otros medios de comunicación ¿existen caminos, alternativas, dentro de la red, para hacer cosas de otro modo?

Veamos lo que opina Román Gubern (catedrático de Comunicación Audiovisual. Autor de "La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas" y "Del bisonte a la realidad virtual") en una revista española:

Román Gubern
La Aldea Imperfectamente Global. 
Claves de Razón Práctica.
Nº83. junio 1998.
Madrid.
Pag. 60 a 63.


[Pag.63]
LA CULTURA INTERSTICIAL

En los años sesenta, la reacción ante los oligopolios mediáticos y
la tiranía de los intereses mercantiles (que ofrecían al público lo
que Herbert Schiller llamó "una gran variedad de lo mismo")
entronizó a la contracultura como respuesta democrática y popular y
condujo a la hipóstasis de la marginación o automarginación,
idealizando con ello la cultura marginal producida fuera del sistema
mediático dominante, utilizando multicopistas, fotocopiadoras o
formatos cinematográficos subestándar (de 16 o Super 8 mm). Así
floreció la cultura underground; y floreció precisamente en las
áreas capitalistas más prósperas, en las zonas universitarias de las
costas occidental y oriental de Estados Unidos. El abaratamiento y
simplicidad técnica de las tecnologías que acabamos de enumerar y el
alto nivel de vida en dichas zonas permitió que los hijos de la
opulencia se sublevaran contra la sociedad opulenta que les había
amamantado, creando sus propias redes y circuitos de distribución
alternativa. Algunos de estos medios acabaron por ser, a pesar de su
vocación marginal, muy influyentes, como las revistas Village y
Rolling Stones, las películas de la factoría de Andy Warhol o las
grabaciones de Jimmi Hendrix. No se puede subestimar la influencia
que esta contracultura underground acabó por tener, por penetración
capilar, en los gustos, costumbres y estilos de vida del mundo
urbano occidental. 

Pero el ideal de la automarginación orgullosa del sistema fue
barrido en la década siguiente por el ascenso de la ética y estética
yuppy (Young Urban Professionals) y hoy aparece como claramente
irrecuperable. Vivimos en un mundo distinto y nadie quiere
autoexcluirse de la sociedad, por mucho que se critique su
organización, sus disfunciones y sus injusticias
. Y además, en el
frente cultural, se ha impuesto la nueva y decisiva herramienta
informática, de la que hablaré luego.

En la actualidad, el viejo concepto de autoexclusión arrogante del
sistema cultural debiera ser reemplazado por otro nuevo: por el de
cultura intersticial. Entiendo por cultura intersticial aquella que
ocupa los espacios que no atiende y deja al descubierto la oferta de
los aparatos culturales dominantes, que suele ser de origen
multinacional o imitación local de los modelos hegemónicos
multinacionales. Se trata de espacios desatendidos por los
diseñadores del entretenimiento para economía de escala y que hoy
pueden beneficiarse, precisamente, de la tan controvertida
globalización, debido a que esta globalización que ha uniformado
nuestros gustos y creado los públicos globales permite consolidar
también el tejido de las inmensas minorías internacionales. Las
películas de Víctor Erice o de Manoel de Oliveira se estrenan en
París, Buenos Aires, Tokio y Copenhague, gracias a las elites
cinéfilas del mercado global; y esta globalidad permite la
amortización de su costo. Por eso es urgente consolidar las redes de
distribución de la cultura intersticial
, capaces de alcanzar a esa
inmensa minoría internacional que constituye el contrapunto positivo
del consumo global uniformizador del fastfood cultural que hoy
domina nuestros mercados.

LA REVOLUCIÓN INFORMÁTICA

Y en este punto es menester hablar de Internet. Sobre la red de
redes circulan muchos equívocos. Se ha querido criminalizar la
circulación por su red nerviosa de mensajes pornográficos o
terroristas, olvidando que tales mensajes han circulado antes
impunemente, durante décadas, a través del correo postal o del canal
telefónico, de manera que Internet no ha hecho más que favorecer su
fluidez y capilaridad. Pero el debate sigue en pie, y el Gobierno
chino, por ejemplo, ha legislado en diciembre de 1997 sistemas para
su control -a través de las empresas servidoras y de los propios
usuarios-, mientras que venturosamente el Tribunal Supremo de
Estados Unidos sentenció seis meses antes, en contra de lo dispuesto
por la Communication Decency Act, que la red no podía ser censurada
y que sus mensajes estaban protegidos por la Primera Enmienda.

No hace mucho Umberto Eco definió perspicazmente a Internet como
"una gran librería desordenada". Con este diagnóstico Eco convergía
con la preocupación ya manifestada por la prestigiosa revista
Science, alertando acerca del peligro de balcanizacíón del
conocimiento científico (de su fragmentación, dispersión y
ocultación), debido a la estructura amorfa, expansiva, asistemática
y aleatoria de la red de redes. Una gran librería desordenada
resulta escasamente útil en la "sociedad del conocimiento", en la
que es fundamental disponer en cada momento de la información
pertinente requerida y, para ello, de sus criterios previos de
selección. Lo que diferencia precisamente en la sociedad dual de la
información a los insíders de los outsiders reside en su posibilidad
de acceso a la información pertinente y requerida en cada momento:
"lf you are not in you are out", dice el axioma.


Y es precisamente el carácter asistemático y desjerarquizado de la
comunicación horizontal, democrática y global de Internet la que
permite convertirla en un instrumento potente para la cultura
intersticial a que antes nos referíamos. Los usuarios de Internet
pueden beneficiarse de un principio fundamental de la teoría del
caos, a saber, que pequeñas causas pueden generar grandes efectos,
según la fórmula de la bola de nieve.
0, si se prefiere, del efecto
de multieco (repetición multiplicadora de los usuarios). De este
modo, en esta ágora informática abierta, una "modesta proposición"
(Jonathan Swift díxit) puede convertirse en una verdadera revolución
mediática inducida desde el ciberespacio, haciendo realidad el
principio de la diversificación cultural democrática.

Roman Gubern

Por principio tiendo a desconfiar de toda afirmación muy optimista o muy pesimista. Nunca se cumplen (o casi nunca); la realidad se burla de nuestros cálculos. Así que mejor es situarse en la franja "del medio" donde las cosas suceden con lo bueno y lo malo muy mezclados. Esto es una opción metodológica no una afirmación sobre la realidad, pero que os la ofrezco sin alterar el precio del cursillo. Dependerá de cada uno y sus humores el que le parezca razonable o una tontería inasumible.

Volviendo a Gubern, creo que la gran posibilidad que tenemos en esa época es el desarrollo de "culturas intersticiales" en una magnitud hasta ahora desconocida. Siempre existieron pero por su mismo caracter "intersticial" fueron muy minoritarias. Ahora hay esto de nuevo. Veremos como transcurre.


Fin de la clase 15ª
Carlos Salinas
17-marzo-2000

 



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