lunes, 31 de marzo de 2008

La Auto-Consciencia

El trabajo del pensamiento se asemeja al sondeo de un pozo. El agua está al principio turbia, pero luego se aclara. (Proverbio chino)

1.- Inteligencia emocional y su desarrollo


¿Qué entendemos cuando hablamos de inteligencia emocional (IE)?. A grandes rasgos, son cinco las habilidades en las que se basa este concepto. Primero, el conocimiento de las propias emociones. El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento que aparece. Esta habilidad constituye la piedra angular de la inteligencia emocional (auto-consciencia). Segundo, la capacidad de controlar las emociones (auto-control). Tercero, la capacidad de motivarse uno mismo (auto-motivación). Cuarto, el reconocimiento de las emociones ajenas (empatía), y quinto, el control de las relaciones. Así mismo la i.e. se divide en dos capacidades: la interpersonal (con el entorno) y la intrapersonal (con uno mismo). (1)
. Nota A: Un poco de historia.

Desde mi punto de vista, la esencia del concepto de la IE (si se profundiza un poco en él) es tan antigua como la búsqueda del autoconocimiento profesada por Sócrates (conócete a ti mismo) o la época de Buda. Personalmente asocio la IE con el desarrollo personal, y, yendo un poco más lejos con la espiritualidad (entendida como el desarrollo de las cualidades del ser humano).

Yo me pregunto: ¿cómo se desarrolla la inteligencia emocional? ¿cómo se adquieren todos esos hábitos tan fantásticos?. Según parece, la clave de la inteligencia emocional está en ser consciente en cada momento de lo que uno está sintiendo, para que a partir de ahí, empecemos a desarrollar el control inteligente de las emociones. Pero para ello, es preciso un proceso previo de auto-observación, de reconocimiento de las propias emociones, de su intensidad, y de cómo respondemos y actuamos ante ellas después de que aparezcan. Todo ello requiere del desarrollo de la auto-consciencia. Pero... ¿cómo se hace eso? ¿qué implica su desarrollo, así como, qué condiciones son necesarias para que el intento no se vea frustrado? y, ¿por qué a través de los citados pasos se supone que llegaremos a desarrollar tales artes? Ver: Desarrollo de la auto-consciencia.

Estos pasos son un indicio de cómo se desarrolla esta habilidad, pero sólo eso. Parece como si hacer todo eso fuese sencillo, y bastase con haberse leído unos libros y saber la “teoría”. No se advierte que conseguir tales habilidades requiere de un gran trabajo personal, de perseverancia, así como de un gran esfuerzo y paciencia. Normalmente se suele hacer mención de lo bonito del tema, pero no de sus dificultades. ¿Cómo vamos a realizar semejante esfuerzo y tan constante sin tener desarrollada la paciencia y la perseverancia?. El ser humano es muy complejo como para generalizar algo que posiblemente sea un proceso individual. Así lo defiende J.Krishnamurti (5): La Verdad es una tierra sin caminos”.


Desde mi punto de vista, existen una serie de impedimentos tanto psicológicos como culturales o sociales que pueden dificultarnos su desarrollo. Los psicológicos, tales como, los prejuicios que posee una persona sobre todo aquello que le rodea; las experiencias pasadas que condicionan nuestro comportamiento presente; la educación recibida y la formación adquirida a lo largo de los años; la idea que tenemos de nosotros, la identidad personal que nos hemos creado. Ésta, nos aporta cierta seguridad por saber al menos, algo de nosotros, lo que no nos induce a un posible cambio ni lo estimula, porque todo cambio conlleva incertidumbre, lo que se traduce en inseguridad y por lo tanto inmovilidad.

Culturalmente, supone una dificultad adquirir una serie de hábitos y costumbres tales como la profundización en los temas en una sociedad acelerada, donde imperan la superficialidad, el materialismo y el consumo, y que de alguna manera ignora las emociones; donde los valores brillan cada vez más por su ausencia; donde el interés por las religiones y la espiritualidad ha quedado relegado a segundo término, sino a tercero, y donde todo es para ayer y cada segundo que pasa es un coste de oportunidad.

Por otro lado, un factor clave para cambiar, es la reflexión, ya que implica un proceso de desarrollo mental que incide directamente en nuestra manera de actuar. Para poder reflexionar son precisas una serie de condiciones, la principal, el tiempo. Hoy en día, el tiempo es un bien escaso, con lo cual, si no tenemos tiempo para ello, ¿cómo vamos a desarrollar todas esas cualidades?

Otro tema muy relacionado con la falta de tiempo y la reflexión (con el párrafo anterior) es al tipo de actividad al que le dedicamos la mayor parte del día y de la vida. Ésta también es limitadora de nuestro desarrollo. El asunto es el siguiente:

¿Por qué y para qué tanta actividad? La actividad en sí, es un proceso que ocupa un espacio de tiempo, nos permite sentirnos satisfechos, auto-realizados y útiles durante un limitado espacio de tiempo. Ese sentimiento es transitorio e impermanente, y por ello, siempre estamos buscando actividades (generalmente con otras personas) que nos permitan recuperarlo, para sentirnos seguros y evitar así la sensación de vacío. Toda actividad que se realice de forma automatizada y rutinaria, y que sea ajena al mejoramiento como personas y al desarrollo interior (al cultivo personal) acaba corroyendo el interior del espíritu, perturbándolo y vaciándolo. En muchos casos, una constante actividad que haga que perdamos conciencia de nosotros y de la vida, es la respuesta (en muchos casos) al temor a restar solos con nuestro interior. ¿Por qué...?, por lo que podemos encontrar o debemos afrontar, la soledad, o lo que es lo mismo el vacío en muchos casos.

El mundo del ocio está sufriendo un fuerte crecimiento, ¿a qué se debe?. Una posible respuesta está muy relacionada con los párrafos anteriores. El marco social y laboral actual genera una necesidad (en crecimiento) de evasión de la realidad así como de nosotros mismos, que el mundo del ocio intenta cubrir. Como que encontramos difícil estar solos, la actividad se convierte en una salvación, una droga o una medicina (depende de como se quiera ver) contra esa angustiosa sensación.


Cuando no le dedicamos nuestro tiempo a trabajar, a estar con los amigos, con la pareja o con quien sea, se lo dedicamos al ocio (entendido en este caso como aquella actividad que dista de la toma de conciencia de la vida), porque es una manera de evadirnos y olvidarnos tanto de nosotros y de nuestro interior como de los problemas que tenemos. El problema es que llega un día en que ese vacío se hace abismal y entonces es cuando la vida pierde sentido y caemos en frustraciones y depresiones.


Con todo esto no estoy diciendo que debamos buscar la soledad, NO, (vivimos en y con la sociedad, además somos seres sociables por naturaleza) sino que seamos conscientes de que el ser humano necesita desarrollarse internamente para poder estar realmente satisfecho consigo mismo. Ese desarrollo no proviene de la simple y mera actividad rutinaria o no rutinaria de la vida cotidiana que todos realizamos. Ese desarrollo viene de un esfuerzo personal por llegar a perfeccionarnos como seres. En resumen, hay ciertas actividades que son limitadoras de nuestro progreso y desarrollo.


Por otro lado, pienso, que la energía (la motivación) para poder desarrollar este tipo de habilidades (las de la IE) tiene que venir de razones espirituales, razones que estén relacionadas con nuestra propia existencia y su significado, porque debido a lo costoso que supone su desarrollo, no tardaremos en renunciar al intento. Tiene que existir una razón que nos permita trascender todos esos impedimentos psicológicos y culturales anteriormente citados para poder conseguir tales logros y progresos.

Personalmente asocio el desarrollo de la inteligencia emocional con el desarrollo personal. Ver: desarrollo personal o espiritualidad. Nuestro intento se verá frustrado en poco tiempo si no somos lo suficientemente perseverantes para continuar el trabajo empezado y seguir durante largo tiempo, ya que todo desarrollo personal requiere de cierto periodo para dejar entrever algunos resultados.


Si pretendemos desarrollar la inteligencia emocional para fines materialistas y no espirituales, creo que no obtendremos mucho éxito, debido, posiblemente, a la incompatibilidad de procesos entre cómo se desarrolla la sociedad actualmente y las condiciones necesarias para desarrollar la inteligencia emocional.

Richard Sennet en su último libro “La corrosión del carácter”, describe una sociedad en la que el lema es “nada a largo plazo” y con él, los valores como la lealtad, el compromiso, la confianza se corroen en un mundo marcado por la flexibilidad y el cambio a corto plazo, en donde las empresas se desintegran o se fusionan y los puestos de trabajo aparecen o desaparecen, como hechos desconectados. Si la sociedad quiere resultados inmediatos y por ellos también entendemos los obtenidos en el desarrollo personal, es muy posible que fracasemos en el intento, debida la lentitud que requiere el proceso de desarrollo interno y la impaciencia con la que esperaremos ver los primeros efectos. En otras palabras, al estar acostumbrados a obtener beneficios al momento, desistiremos rápidamente del intento, por no estar acostumbrados a mirar a largo plazo.


Debemos ser conscientes de que hace falta algo más que la simple voluntad para poder progresar en el campo del desarrollo personal. Dado que no podemos invertir el lema nada a largo plazo e ir a contra corriente, sería bueno el desarrollo de una serie de virtudes tales como la paciencia, la amistad, la humildad, la sencillez, la tolerancia, la comprensión, la compasión, el amor, en definitiva, el querer SER MEJORES PERSONAS. Creo que esto es lo que realmente nos puede impulsar desarrollar lo que ahora se llama la inteligencia emocional y consecuentemente obtener un buen rendimiento profesional y personal. Dice un proverbio chino “el bien obrar crea el bien estar”. Si realmente lo que andamos buscando es el sosiego interior no nos tomemos a moco de pavo estas reflexiones.


Me pregunto si no será lo mismo este nuevo concepto que el desarrollo personal o incluso que la espiritualidad. O mejor dicho, ¿no será la espiritualidad la base de la denominada inteligencia emocional?.

2. Desarrollo personal y espiritualidad:

Retomando el inicio del artículo, ¿qué relación existe entre la auto-consciencia y el desarrollo personal?, ¿qué entiendo por desarrollo personal o espiritualidad?

El desarrollo personal (DP) es un proceso, un proceso que dura toda la vida, y que está compuesto por todos aquellos factores (los he enumerado anteriormente) que moldean nuestra persona, dan forma y contenido a nuestro ser y forman nuestra identidad. Nos imprimen un carácter único e irrepetible. Son factores que a la vez, como condicionantes de nuestra esencia, nos dificultan el cambio (el desarrollo) y nos dan pie al mismo.


El DP es un proceso que depende en parte de nosotros, puede ser alterado y dirigido (en cierta medida) por nosotros. A partir del momento en el que tomamos conciencia de nosotros, de nuestra vida y de lo que somos, empezamos a percibir la vida de diferente forma. Empezamos a cambiar. A partir de ese momento, podemos dirigir y encauzar nuestro desarrollo interior. Es nuestro trabajo y esfuerzo quien determina un mayor o menor grado de avance en las cualidades, profundización y entendimiento de nosotros mismos. Es nuestro cansancio quien determina el límite. Es un trabajo personal pero que a la vez puede ser compartido y enriquecido por aquellos que también están en ese camino (por desagracia pocos hoy por hoy). Enriquecido por experiencias personales, ideas, trucos y formas diferentes de entender
y de realizar ese proceso.

El DP, es un “darle forma” a un “conjunto” (a nosotros) formado por mente y cuerpo, moldeando y esculpiendo una “figura”, intentando llegar a un ideal. Se trata de perfeccionar aquello que está en potencia y eliminar lo que no ensalza.

La auto-consciencia está muy relacionada con ese entendimiento de nosotros mismos, con el auto-conocimiento. Es a través del desarrollo de la consciencia como aprendemos de nosotros. La observación permite aprender nuestras reacciones ante determinados estímulos y ello posibilita identificar cuando y por qué aparecen, para así estar alerta (auto-consciencia) e intentar controlar la respuesta cuando se dé la situación.


La espiritualidad es el cultivo y desarrollo de las cualidades del ser humano, aquellas que lo dignifican, lo ensalzan y le dan valor como tal, y que nos llevan a la paz interior. Es un esfuerzo constante por mejorar la persona y desarrollar las virtudes del alma. La espiritualidad no tiene porque estar regida ni sometida por ningún tipo de doctrina religiosa. La espiritualidad se puede entender como aquel desarrollo de las virtudes humanas, entre ellas: la paciencia, la humildad, la compasión y el amor, la perseverancia, la amistad, la comprensión, la tolerancia, etc.

Texto del libro: La mirada del maestro (6). En este párrafo, el Lama Chodar, describe el estado al cual tienden aquellos que quieren encontrar la paz interior. Controlando las pasiones, podemos conseguir cierto sosiego.


“Las pasiones, controlar las pasiones, ése es el secreto. Cuando consigues no enfadarte, ni sentir celos, ni apego, ni vanidad, cuando no tienes orgullo, ni avaricia, ni envidia, cuando has acabado con las emociones negativas, lo que queda es paz, alegría. Sólo entonces, no importa la situación en que te encuentres, estás contento”.

El proceso que nos lleva a este estado conlleva el desarrollo espiritual. Para llegar, hay muchos caminos, métodos e ideologías. Como dice el Dalai Lama (Pág. 29) (4).


“En realidad, creo que si consideramos las grandes religiones del mundo desde la perspectiva más amplia posible, descubriremos que todas ellas, (el budismo, el cristianismo, el hinduismo, el islamismo, el judaísmo, la religión sij, el zoroastrianismo y tantas otras) aspiran a contribuir a que el ser humano alcance una felicidad duradera. En mi opinión, todas y cada una de ellas son muy capaces de conseguirlo. En circunstancias tales como las que vivimos, esta gran variedad de religiones, todas y cada una de las cuales promueven a fin de cuentas los mismo valores esenciales, es a un tiempo útil y valiosa”.

La espiritualidad necesita del desarrollo de la auto-consciencia, necesita de la introspección y de la auto-contemplación para evolucionar.

En esta conversación extraída (Pág. 45) del libro La Mirada del Maestro, deja entrever qué hay detrás de la palabra espiritualidad.

- Decía que lo único importante era la práctica espiritual y, entre todas las situaciones de la vida, la más favorable para avanzar espiritualmente es la enfermedad.

- Bueno, nunca he creído en la religión - dijo Ana María, un poco recelosa-. Siempre me ha parecido que estaba llena de supersticiones.

- Me refiero a lo espiritual; es decir, al proceso de eliminar las emociones negativas como el enfado, los celos, la avaricia... La espiritualidad es todo aquello que no lleva a una auténtica paz interior. Sin hacerlo, la felicidad es imposible, por eso le damos el máximo valor.

- Eso es verdad - dijo Ana María -. Como te enfades no disfrutas de nada. Mi padre tiene una hermana que está siempre irritada; cuenta con todo tipo de comodidades, aunque no sabe disfrutarlas. No sé si conoces lo que es una depresión, te quedas sin fuerza para nada y, ahora con estos dolores es por. ¿Quién puede hacer algo en esos casos?

- La cuestión esencial es situar la práctica espiritual como lo más importante en tu escala de valores. Sin hacerlo, todo es muy difícil.


La espiritualidad está muy relacionada con la religión, sin embargo existen confusiones sobre el tema:


Del libro: La mirada del maestro (Pág. 65):

Lama Chodar me explicó que lo más difícil para un buscador espiritual era identificar los obstáculos. Me dijo que la mayoría de la gente pensaba que la espiritualidad consistía en participar en prácticas esotéricas y entrar en estados muy elevados, y todos dejaban la verdadera tarea por hacer. Decía que el camino espiritual tenía dos aspectos, purificar la mente de las emociones negativas y acumular virtudes, y que cualquier otra cosa no tenía nada que ver con ello.


Texto del Dalai Lama en su libro: El arte de vivir en el nuevo milenio.

“En realidad, creo que existe una distinción importante entre religión y espiritualidad. La religión está relacionada con la fe, con las aspiraciones de salvación de un credo religioso u otro, un aspecto de los cuales es, sin duda, la aceptación de alguna forma de realidad metafísica o sobrenatural, incluida tal vez la idea de un cielo o un nirvana. En relación con todo eso se encuentran las enseñanzas religiosas o el dogma, el ritual, la oración, etcétera. La espiritualidad, en cambio, me parece algo relacionado con las cualidades del espíritu humano, como son el amor y la compasión, la paciencia, la tolerancia, el perdón, la contención, el sentido de la responsabilidad, el sentido de la armonía, etcétera, que aportan la felicidad, tanto a uno mismo como a los demás.
Así como el ritual y la oración, junto con las cuestiones del nirvana y la salvación, están directamente relacionadas con la fe religiosa, estas cualidades internas no tienen por qué estarlo. Por lo tanto, no existe razón alguna por la cual no deba el individuo desarrollarlas, incluso hasta su grado máximo, sin recurrir a ningún sistema de creencias religiosas o metafísicas. Por eso digo algunas veces que la religión es algo sin lo cual podríamos pasar. En cambio, de ninguna manera podemos prescindir de esas cualidades espirituales básicas.

Quienes practican una religión sin duda tienen razón cuando afirman que esas cualidades o virtudes son el fruto de una empeño genuinamente religioso, y que la religión por tanto tiene muchísimo que ver con su desarrollo y con lo que podríamos llamar <>. De todos modos, más vale que seamos claros sobre este punto. La fe religiosa exige la práctica espiritual. Sin embargo, diríase que hay una gran confusión, tanto entre los creyentes y los practicantes de las religiones como entre quienes no lo son, en lo tocante a qué es efectivamente la práctica espiritual. Las características unificadores de esas cualidades que he denominado son en gran medida una clara preocupación por lo demás y su bienestar.

En tibetano, hablamos del shen pen kyi, que significa “el pensamiento de ser de ayuda para los demás”. Y cuando pensamos en los demás, vemos que cada una de las cualidades de las que hemos tomado nota se define mediante una preocupación implícita por lo demás y su bienestar. Por si fuera poco, la persona compasiva, amorosa, paciente, tolerante, dispuesta al perdón, etcétera, hasta cierto punto reconoce la repercusión potencial que sus actos pueden tener sobre los demás, y ordena su comportamiento en consonancia.


Por eso, la práctica espiritual, de acuerdo con esta descripción, entraña, por una parte, el que actuemos movidos por la preocupación por los demás y su bienestar; por la otra, conlleva que nos predispongamos a obrar precisamente de ese modo. Hablar de la práctica espiritual en términos que no sean éstos es algo que carece totalmente de sentido.

Vemos que el desarrollo personal está muy relacionado con las emociones (sobretodo con las negativas), con la mente y su adiestramiento. Con el conocimiento y el control de uno mismo. Poder elegir la respuesta ante una situación (no dejarse llevar por las emociones, sobretodo si son negativas; si son positivas, personalmente creo que es bueno dejarlas fluir, porque contagian a quienes están a nuestro alrededor) es clave para el auto-control, y demuestra cierto desarrollo personal. La espiritualidad muy ligada con las emociones, consiste en desarrollar y perfeccionar las virtudes del alma, gracias, en parte, al conocimiento de uno mismo y al auto-control.

La religión juega un papel clave, pero no decisivo en ese desarrollo. La religión puede ser a la vez un limitador y un facilitador del mismo. Limitador, porque el desarrollo personal se encuentra bajo la doctrina correspondiente, bajo sus ideas y métodos, y no concibe más verdades que la propia, restringiendo así las posibilidades y caminos alternativos. Es muy probable que lo que a una persona le resulte eficiente y práctico, a otra no, debido a las características intrínsecas que constituyen a esa persona. No todos somos iguales, y no a todos se nos puede medir bajo el mismo patrón y aplicar las mismas soluciones. Cada cual debe buscar sus propias respuestas. Como he enumerado anteriormente, la persona viene determinada por una serie de condicionantes que dificultan nuestro desarrollo, lo que significa que la llave que le abre a uno la puerta de la felicidad puede ser totalmente diferente que la que necesita otra persona para poder abrir esa misma puerta.

Facilitador, primero porque es algo probado y segundo porque si realmente se tiene fe en lo que se cree, nos puede aportar gran energía y motivación por hacer y vivir. En caso de no guiarnos por una doctrina e intentar crear un camino propio, nos supone correr mayores riesgos y dificultades debido a la gran diversidad de métodos, ideologías y doctrinas existentes; a la gran diversidad de formas de entender la existencia, y de vivirla. Uno puede perderse, desmoronarse, enloquecer o “vivir en una nube ideológica”. Por lo tanto, afiliarse a una doctrina ya existente y que “haya sido probada durante largo tiempo”, como el cristianismo, el budismo, el hinduismo, el judaísmo y el islamismo, por ejemplo, nos puede facilitar y asegurar (en cierta medida) la tarea y la integridad psíquica.


Por otro lado, como decía en el primer párrafo de este escrito, el conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento que aparece, es significativo para el desarrollo personal. Un control de nuestras respuestas nos lleva a la paciencia, la tolerancia y la comprensión. También la humildad, la sencillez y el altruismo, aunque estas últimas son tal vez más difíciles de desarrollar porque el orgullo es una emoción que se las trae (recogida en la expresión “el amor propio”) haciéndonos fácilmente vanidosos, prepotentes, engreídos, pedantes y superiores.

¿Y la auto-motivación, la empatía y el control de las relaciones que también constituyen parte de las habilidades en las que se basa el concepto de la IE? ES TODO LO MISMO. La auto-motivación viene de querer ser mejores personas en todo momento, la empatía, de desarrollar la paciencia, la tolerancia y la comprensión, y el control de las relaciones, incluye empatía, auto-control y conocimiento de uno mismo para conocer a los demás (al reconocer las limitaciones de uno, se es más tolerante con las de los demás). Un proverbio chino dice: Conocerse es conocer a lo demás. Por ello se puede tomar el propio corazón como medida del de los demás.

Por lo tanto, vemos que las habilidades en las que se basa la IE, están muy relacionadas con virtudes y así con el desarrollo personal y la espiritualidad. ¿De qué manera se pueden desarrollar todas esas virtudes? El tomar conciencia de la vida y el desarrollo de la auto-consciencia son (desde mi punto de vista) un camino para ello, pero, ¿cómo?.

3º.- Descripción de la Auto-consciencia.


Habría que aclarar el tema de la conciencia y consciencia y auto-conciencia y auto-consciencia.

3.1.- Para hablar de la auto-conciencia, sería mejor intentar primero situarla dentro del conjunto “ser humano”.

Sería importante previo al intento de situar a la auto-conciencia, hablar de la propia conciencia. ¿Es la conciencia una propiedad que surge, al igual que la auto-conciencia, de la propia mente?, y ¿de dónde surge la mente?. No me veo capaz de contestar a esa pregunta. No me queda otro remedio que atribuir la existencia de la mente a la existencia del alma, o a alguna clase de energía. Nota B: conversación entre Dalai Lama y neurocientíficos acerca del tema, extraída del libro Saludo Emocional (7). Tampoco en estas conversación se llega a ninguna conclusión, siempre queda el interrogante de la vida. (De todas formas vale la pena leer la conversación).

Según Ryle Nota C, “la relación entre la mente y el cuerpo es semejante a la que existe entre el argumento de una novela y las letras del alfabeto, o entre la melodía de una canción y la materialidad sonora e instrumental en que se interpreta”. Este enfoque sería una forma de observar la aparición de la mente. Análogamente a estos dos ejemplos, el cerebro, y en sí todo el cuerpo humano, constituirían las letras de la novela o el propio instrumento musical, del cual surge una melodía o un argumento, que vendría a ser la mente. Por tanto, es condición necesaria la existencia de un instrumento para que pueda surgir una melodía. Igualmente, es necesario el cuerpo humano para que pueda surgir la mente. Con esto llegamos a una de las preguntas existenciales de la humanidad, ¿cómo surge la vida de la materia?, y no seré yo quién la resuelva. Cada cual con sus creencias religiosas. Dios (en el cristianismo) da vida al ser humano a través del Espíritu Santo.

Dejemos el tema de cómo surge la mente, y pasemos a describir cómo es la conciencia.

3.2.- Características de la conciencia.

Existen muchos estados de conciencia, pasando por la concentración y sus diferentes intensidades, a la conciencia que aparece cuando dormimos. Íntimamente ligado a estos estados, está la percepción de lo que ocurre a nuestro alrededor

La conciencia de nuestra propia existencia y la identidad personal, forman parte de la constitución del “yo”. Yo soy... yo tengo... yo me llamo... Según Krishniamurti el “yo” surge de nuestra interacción con el medio. Nosotros somos el resultado del medio y vamos cambiando en función de él, nuestras experiencias moldean ese “yo”. Existe un factor clave, que es la memoria. Es muy posible que sin ella, no existiría ni la conciencia ni la auto-conciencia, ni la identidad personal, ni el “yo”. Yo me pregunto: ¿es la memoria un requisito necesario e indispensable para que la auto-conciencia pueda existir?. Mi respuesta es afirmativa. Creo que si no existiese la memoria, la mente no podría recordar, ordenar, ni utilizar las experiencias en su propio beneficio, para servirse de ellas en un futuro. Es fácilmente deducible que tampoco existiría la inteligencia. Nos acordaríamos de nosotros, y como consecuencia la conciencia y la auto-conciencia no podrían tener lugar. A partir del momento en el que utilizamos la memoria, surge la auto-conciencia, ya que no sólo sabemos, sino que sabemos que sabemos, sentimos que sentimos, podemos reflexionar nuestras ideas y también nuestras emociones y sentimientos. Desde una perspectiva evolutiva un organismo autoconsciente ha constituido una clara ventaja para su supervivencia.

Lo paradójico está en que es el propio “yo” el que se interroga a si mismo. Porque, la búsqueda del auto-conocimiento, ¿sobre quién es?, ¿quién hace esa búsqueda?. Entones es la propia conciencia la que intenta saber sobre ella misma: "Conducir una investigación con el mismísimo instrumento que se está investigando determina que la definición del problema y la búsqueda de una solución del mismo revistan especial complicación. Dado el conflicto entre observador y observado..." (Ryle)

¿Qué diferencia existe entre conciencia y auto-conciencia? Percatarnos de lo que sucede a nuestro alrededor, observar y comprender gracias a la inteligencia de la que dispone el ser humano. Esa inteligencia nos permite entender (no siempre) lo que sucede en nosotros y fuera de nosotros. La Inteligencia Emocional de la que hablaba al principio, se divide (según quienes acuñaron el término) en cinco capacidades, de entre ellas, encontramos la inteligencia interpersonal y la inteligencia intrapersonal. Esto significa que por una parte está la capacidad para entender y relacionarse con el exterior, y por otra, la capacidad para entenderse y saberse dominar.

Aquí entra directamente el tema de la conciencia y la auto-conciencia. Podríamos atribuir la primera a la inteligencia interpersonal y la segunda a la inteligencia intrapersonal. El desarrollo de cada una de ellas nos permitiría desarrollar la denominada inteligencia emocional. Y es emocional, porque aquí no entran conocimientos técnicos sobre temas que estén fuera del conocimiento humano, resumiendo, que el desarrollo de la conciencia y la auto-conciencia nos llevan a la búsqueda del auto-conocimiento.

Una segunda parte estaría constituida por : ¿qué implica la auto-conciencia?

La capacidad de previsión, de elección, de evaluación de posibilidades,

La autoconciencia está así asociada a la capacidad de representar papeles, de ponerse en el lugar de otro, de simular estar más allá del ser que somos, de reinterpretarse como si uno fuera otro, lo cual presupone naturalmente alguna especie de lenguaje simbólico.

Ryle apoda a este administrador de los impulsos, a este regulador en quien radica el secreto de la voluntad, o sea de la automotivación, "el fantasma de la máquina". La vivencia interna de la conciencia no está localizada espacialmente aunque su duración (Bergson) transcurra en el tiempo, tal vez esté hecha esencialmente de tiempo, puesto que los procesos mentales reconocibles son explícitamente dependientes de dicha duración, la sucesión misma de los estados psíquicos.

la voluntad (martillo de psicólogos positivistas, conductistas y cognitivistas). Somos un sistema capaz de controlar-se, sobreponer-se, aguantar-se, e incluso capaz de negar-se a sí mismo.

"El _hardware_ de las células cerebrales y la maquinaria electroquímica sostienen el software de los pensamientos, ideas y decisiones; pero éstos, a su vez, actúan sobre el plano neurológico y, de este modo, modifican y sustentan su propia existencia"

desarrollamos sólo a través de la adquisición del lenguaje. Me refiero a la autoconciencia.

Propongo provisionalmente una sencilla definición de la autoconciencia; se tratará de su determinación por una propiedad específica. Autoconciencia es aquello que nos permite representar, simular... mentir y evitar mentir.

Pepón Jover


Bibliografía

(1) Daniel Goleman. Inteligencia Emocional. Ed. Kairós.

(2) Artículo publicado en http://usuarios.iponet.es/casinada/sbiedma.htm

(3) Richard Sennett. Corrosión del carácter. Ed. Anagrama.

(4) Dalai Lama. El arte de vivir el nuevo milenio. Ed. Grijalbo.

(5) Jiddu Krishnamurti. Libertad total. Ed. Kairós.

(6) Juan Manzanera. La Mirada del Maestro. Ed. Martinez Roca. Finalista Premio Espiritualidad 1999.

(7) Daniel Goleman. La Salud Emocional. Conversaciones con el Dalai Lama sobre la salud, las emociones y la mente. Ed. Kairós. Octubre 1997.

Notas:

(A) Un poco de historia.

En París 1900, los prohombres de la ciudad se dirigieron a un psicólogo llamado Alfred Binettest de inteligencia y su medida como el Coeficiente Intelectual (CI). Como otras modas parisinas, el CI pronto llegó a los Estados Unidos, donde conoció un éxito modesto hasta la primera guerra mundial. (Referencia: Inteligencias Múltiples de Howard Gardner; edición 1993, Pág. 1) con una petición inusual: ¿podría diseñar algún tipo de medida que predijera qué alumnos de las escuelas primarias de París tendrán éxito en sus estudios y cuáles fracasarán?. Como todo el mundo sabe, Binet lo consiguió. En poco tiempo, su descubrimiento fue conocido como

Referenica Información: “Emotional Intelligence: What it is and Why it Matters.” Título del artículo publicado por Cary Cherniss. Graduate School of Aplied And Profesional Pychology. Rutgers University. www.eiconsortium.org

Traducción del texto original en inglés por Pepón Jover.

“Cuando los psicólogos empezaron a escribir y a pensar sobre inteligencia, se centraron en aspectos cognitivos, como la memoria y la solución de problemas. No obstante, habían investigadores los cuales consideraron también importante los aspectos no-cognitivos.

David Wechsler definió inteligencia como: “the aggregate or global capacity of the individual to act purposefully, to think rationally, and to deal effectively with his environment” (Wechsler, 1958, p.7). En 1940 consideró tanto aspectos “non-intellective” como “intellective” refiriéndose a temas relacionados con el afecto, temas personales así como factores sociales. En 1943, Wechsler propuso que las habilidades “non-intellective” eran esenciales para predecir el éxito en la vida.

Wechsler escribió: “If the foregoing observations are correct, it follows that we cannot expect to measure total intelligence until our tests also include some measures of the non-intellective factors” (Wechsler, 1943 #316, p.103)

Wechsler no fue el único investigador que observó que los aspectos no cognitivos también eran importantes para saberse adaptar y progresar. Robert Thorndike, investigó a finales de los 30 sobre “social inteligence”.

Desafortunadamente el trabajo de estos investigadores fue olvidado hasta que en los años 80 Howard Gardner empezó a escribir sobre “múltiple intelligence”(1983). En 1983 publicó su libro Frames of Mind. Gardner propuso la inteligencia intrapersonal y la interpersonal como inteligencias igual de importantes al Coeficiente Intelectual (CI).

Salovey y Mayer acuñaron el término Inteligencia Emocional (IE) en los años 90. Definieron la IE como: “a form of social intelligence that involves the ability to monitor one’s own and other’ feelings and emotions, to discriminate among them, and to use this information to guide one’s thinking and action”.

Salovey y Mayer iniciaron un programa de investigación para medir la inteligencia emocional y para poder explorar su significado.

Durante los años 90, Daniel Goleman publicó en 1995 el libro: Inteligencia Emocional, que fue un best seller mundial. Su trabajo se basó en las investigaciones empezadas por Salovey y Mayer. Goleman era un escritor científico del New York Times sobre temas del cerebro y el comportamiento.

“What made the biggest difference was childhood abilities such as being able to andel frustration, control emotions, and get along with other people (Snarey & Vaillant, 1985).

Nota B: Conversaciones sobre conciencia

La naturaleza de la conciencia Diálogo entre la mente el cuerpo y el cuerpo.

Un tema primordial es la relación entre las emociones, la cognición y la actividad cerebral, que conduce a la cuestión de cuál es la naturaleza de la conciencia. Éste es un punto clave en el que la ciencia y el budismo divergen: si la conciencia es una propiedad que surge del cerebro o si tiene una existencia separada en su forma más sutil.

El desacuerdo principal entre el budismo y la neurociencia occidental gira en torno a la naturaleza de la misma. En Occidente, los neurocientíficos creen que el problema de explicar la conciencia puede resolverse identificando correlaciones neuronales de conciencia en el cerebro. Una de las principales teorías mantiene que esto se puede conseguir a través de localizar circuitos de neuronas asociados con aspectos de la conciencia, y determinado de qué modo están interconcectados con los otros circuitos. Este modelo supone que la conciencia emerge de la vasta interrelación de innumerables redes de células neuronales.

No obstante, los neurocientíficos reconocen que la actualidad todavía nadie sabe cómo una compleja reunión de neuronas puede ser consciente de sí misma. Algunos críticos observan que la investigación neurocienctífica implica un reduccionismo: la visión de que los acontecimientos mentales se pueden reducir a la fisiología.

En el budismo, la meditación se emplea para estabilizar y examinar la mente en detalle, para en último término llegar a reconocer sus aspectos sutiles más allá de la percepción de los sentidos y el pensamiento. La creencia occidental de que la conciencia es una función que emerge de la actividad cerebral es una postura reduccionista y materialista desde la perspectiva budista.

Dalai Lama: Si suponemos que la conciencia no existe como un fenómeno separado, sino tan sólo como una propiedad que surge del celebro, entonces ¿Cuál es el agente causal de la actividad cerebral?

Francisco Varela: No se ha llegado a una respuesta consensuada, pero el sentimiento general de la neurociencia es que la conciencia es una propiedad emergente de la actividad eléctrica intrínseca del celebro. La idea de una mente más sutil no se consideraría necesaria ni probable.

Dalai Lama: ¿Cuál sería el agente causal para que apareciera? ¿Estas diciendo que simplemente esa activación en el celebro actúa sobre otras activaciones del mismo?

Francisco Varela: Sí. Eso tiene mucho sentido desde un punto de vista científico, porque tenemos cosas que se afectan entre sí desde el principio. Con la nutrición, el cerebro mantiene esta activación mutua en funcionamiento.

Dalai Lama: De modo que las emociones surgen debido a la actividad que tiene lugar en el celebro, pero éste es un punto crucial. ¿Existe una relación causal o simplemente es una correspondencia? ¿Provoca la actividad cerebral una emoción, o son simultáneas, sin que una sea la causa de la otra?

Cliff Saron: Yo no diría que son simultáneas, especialmente si contemplamos la neuroanatomía.

Dalai Lama: ¿Sucede inequívoca e invariablemente que la actividad cerebral precede a los estados emocionales?

Cliff Saron: La actividad cerebral existe a muchos niveles distintos y la actividad a distintos niveles provoca los estados emocionales.

Dalai Lama: ¿No sucede que cuando descendemos al nivel más elemental, por ejemplo, a las partículas elementales, éstas son idénticas en el celebro humano a las que se encuentran en una piedra?

Francisco Varela: Son iguales, incluidos átomos y moléculas.

Dalai Lama: A medida que ascendemos desde el nivel de las partículas elementales hasta los átomos, moléculas, etc., ¿a qué nivel empiezas a hablar de la emergencia de la conciencia?

Francisco Varela: Su Santidad, no hay consenso en la neurociencia, ni siquiera respecto a lo que es la conciencia.

Dalai Lama: Partiendo en sentido ascendente desde el nivel de la partículas elementales ¿en qué punto se han encontrado pruebas de la presencia de la conciencia?

Francisco Varela: Algunas personas han hecho investigaciones al respecto. Evidentemente, todos aceptan que hay conciencia en el ser humano.

Dalai Lama: Cuando muchas partículas se unen, parece que cobran vida, ¿no es así?. Hay dos clasificaciones: animal y vegetal, y ambas tienen vida. No obstante una categoría de organismos desarrolla conciencia, mientras que la otra no. ¿Cuál es la causa principal y en qué etapa ocurre?


Francisco Varela: La respuesta clásica, es que la cognición o la conciencia (sea lo que fuere) es una propiedad que emerge de un patrón específico, agregado o configuración sistémica, que requiere un sistema nervioso. Precisa unos instrumentos motores y sensoriales e interneuronales. Los vegetales nunca han desarrollado sistemas nerviosos, pero los animales sí. El sistema nervioso se desarrolló y creó diferentes facultades para la cognición. Llegado un punto sucedió algo- éste es el gran debate- que hizo que los humanos fueran conscientes. La mayor parte de las personas estarían de acuerdo en que existe conciencia y también compasión en algunos animales, como los monos o los delfines.

Nota C:

Gilbert Ryle (1900-1976). El concepto de mente (1949)

Nota D: Definición de:

Según el diccionario ideológico de la lengua española, Julio Casares de la real academia española:

Conciencia: Suma de representaciones actuales o pasadas que permite al hombre obtener una imagen de su personalidad física y moral. Propiedad del espíritu humano de reconocerse a sí mismo, en su esencia y en sus modificaciones. Conocimiento interior del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar. Conocimiento reflexivo de las cosas.

Consciente: adj. Que tiene conciencia de sus actos y de los motivos internos que le mueven a obrar. Conscientemente: de manera consciente.