viernes, 28 de marzo de 2008

Carl Sagan

RECUERDO DE CARL SAGAN
Jesús Gerardo Rodríguez Flores

De una monografía inédita y de proxima publicación, he seleccionado cuatro secuencias que todos los aficionados a la ciencia hemos experimentado. Primero, nuestra experiencia personal de cómo la labor divulgativa de Carl Sagan nos movió hacia la ciencia, posteriormente dos de sus mayores proyectos de divulgación, y finalmente los últimos días de su vida, cuando en una última lección nos deja en claro que la ciencia aún tiene mucho que avanzar en beneficio de la humanidad.

UN HOMENAJE PERSONAL
Si existe una persona cuyos esfuerzos de divulgación científica han influenciado a miles o millones de personas, y las ha reclutado al fascinante mundo de la astronomía, seguramente es Carl Edward Sagan. Hoy a cuatro años de su muerte recordamos sus proyectos de divulgación y aspectos de su vida que han revolucionado la nuestra. Un homenaje y un testimonio personal.

Aún recuerdo cómo ocurrieron los acontecimientos que me llevaron a aficionarme por la astronomía y todo aquello que tuviera que ver con la exploración del espacio. Tal vez desde los seis años, aproximadamente, mis padres acostumbraban llevarme continuamente al cine. Una de las grandes ventajas que tuve fue que mi infancia tuvo su origen en el mismo momento en que empezaba el cine fantástico, con sus grandes historias de ciencia ficción y asombrosos efectos especiales. Eran los tiempos de Steven Spielberg con su Encuentros Cercanos y E.T.; del maestro George Lucas y su trilogía de La Guerra de las Galaxias; y de otras producciones como Viaje a las Estrellas: La Película o Alien: el octavo pasajero. Con esa influencia, era lógico que me sintiera atraído por la ciencia ficción y todo lo que tuviera que ver con la ciencia y la exploración del espacio. El cielo estrellado me atraía la atención, era poco lo que sabía de constelaciones o de reconocer los planetas y era en ocasiones difícil encontrar quien me asesorara; solo mi tía María compartía mi interés por las estrellas y planetas, y mi mamá el atractivo por la Luna.


Sin embargo, siendo ya 1980, mi acercamiento a la ciencia tuvo lugar ante el televisor. Como cualquier niño, las caricaturas vespertinas son un merecido premio al cumplir con la tarea oportunamente. Lo curioso fue que avanzada la tarde, un día de ésos, cancelaron unas series de dibujos animados y empezaron a transmitir una serie norteamericana. Iniciaba con una bella y tranquilizadora música, mientras un conglomerado de estrellas blancas y rojas se iban desplazando hacia los extremos de la pantalla conforme se desplazaba la imagen. Luego, simultáneamente a los títulos, se escuchaba una agradable voz que decía: Cosmos: Un viaje personal. Posteriormente aparecía el título del capítulo: En la orilla del océano cósmico. Los siguientes sesenta minutos fueron muy reveladores. Creo que, por primera vez desde que veía televisión, absorví un programa sin dar un solo parpadeo durante una hora (excepto en los comerciales, tal vez). Pero ver escenas de nuestra naturaleza, de otras partes de nuestro planeta, ver la majestuosidad que había tenido la biblioteca de Alejandría y sobre todo ese facinante viaje por el Cosmos, fue lo más estimulante que una mente de ocho años podía recibir. Pude ver por primera vez las galaxias, las nebulosas, cómo ocurrían las supernovas y lo pequeño que era nuestro planeta a comparación del Cosmos. ¡Qué suerte que mi papá acababa de comprarnos un televisor a colores!

Desde entonces, supe quién era Carl Sagan, y le empecé a admirar. Conforme fueron avanzando los capítulos, nuevas fuentes de conocimientos me fueron revelados, y poco a poco fui complementándolos con libros, revistas y todo aquello que pudiera conseguir sobre astronomía. A partir de entonces, vi el cielo de otra forma. Cuantas veces pasaron los capítulos, siempre los vi. Posteriormente llegaron otras series: Nova, El cuerpo humano, El mundo de Cousteu, Historia del Hombre, La Tierra, pero ninguna me dejó tan impresionado como Cosmos.

En aquel entonces, los libros me empezaron a atraer, no tanto por la lectura (era una tragedia en cuanto a lectura) pero las fotos e ilustraciones me resultaban mesmerizadoras. Cual sería mi sorpresa cuando un día vi un libro de Carl Sagan en la tienda de autoservicio. Se trataba de Murmullos de la Tierra. Estaba atraído totalmente por el libro, lo hojeé en la tienda tanto como pude para ver las ilustraciones, y como pude me las ingenié para comprarlo al cabo de pocas semanas. Un día supe que la serie de televisión Cosmos había dado origen a un libro del mismo titulo. Pensé: "¡Cuánto daría o sería capaz de hacer por conseguir el libro!". Para mi fortuna, un día de ésos, el libro apareció en la sección de libros de la misma tienda de autoservicio. Allí estaba Cosmos, pero su precio era verdaderamente prohibitivo. Con el mayor de mis esfuerzos, junté todos mis domingos sin gastarme un solo centavo y finalmente logré completar el costo del libro. En aquel entonces, empezaba a tener la rara costumbre de comprar libros por curiosidad de hojearlos o simplemente de tenerlos. ¡No tenía la paciencia de leerlos totalmente! Por lo mismo, temía que en mi casa me llamaran la atención por comprar un libro tan caro sólo para hojearlo. Lo que hice entonces fue que le di el dinero a mi tía María para que me lo comprara y al cabo de algunos días me lo llevara a casa. Mis temores eran infundados, mi madre sabía cuánto quería yo ese libro, y mi padre no encontró ningún inconveniente (tal vez porque, cuando lo hojeó, yo ya había desprendido la etiqueta del precio).

Lo cierto es que desde entonces decidí que un día sería astrónomo. Mis padres no estaban muy convencidos de mi decisión, y con justa razón. Ya en otras ocasiones había optado por distintas profesiones. Lo cierto es que me apoyaron en lo que pudieron. En una navidad me regalaron un pequeño telescopio y en otras me compraban juegos de química, enciclopedias o libros de astronomía. Posteriormente empece a comprar revistas como Muy, y mi papá empezó a comprarme algunos libros de la colección de Biblioteca de Divulgacion Científica, entre cuyos títulos estaba La Conexión Cosmica. Mi papá me llevó al Palacio Federal, para ver los telescopios y fotos astronómicas de allí. Luego me llevó a conferencias del Ingeniero Harry De la Peña, a quien desde entonces admiraba. Y no puedo olvidar al campamento que fuimos para ver al cometa Halley y donde tuve oportunidad de platicar con el Ingeniero De la Peña sobre astronomía planetaria. Para entonces yo ya tenía un amplio conocimiento sobre astronomía y astronáutica. ¡E incluso durante un tiempo había estudiado el fenómeno OVNI, sin llegar a nada, como todo mundo!



Para entonces, tanto libro aparecía de Carl Sagan, libro que compraba. Lo seguía admirando y quería ser como él, aunque para entonces sabía que ser mexicano y además astrónomo, son dos cosas que en ocasiones no resultan ni lucrativas ni exitosas. Fue entonces cuando surgió la convocatoria para que todos aquellos aficionados a la astronomía formaran la Sociedad Astronómica de la Laguna. La idea se me hacía atractiva, desde el punto de vista de que ya habría un grupo y un sitio que lo mantuviera a uno en contacto con mi afición.

¡Pero curiosamente de pronto no me interesó ser miembro! Sin embargo, mi papá insistió en suscribirnos y punto. Y como donde manda capitán no gobierna marinero... Hoy doy gracias por esa decisión que tomó. ¡Estuve a punto de tomar una de las más erróneas decisiones de mi vida! Modestia aparte, no tardé en atraer la atención de los jefes, principalmente del Ingeniero Hector Astorga, quien me apoyó y escuchó mis inquietudes en su momento. Ya siendo miembro, recuerdo que un día le comenté mi nueva inquietud. Ahora quería ser una especie de divulgador científico.


¿Una especie de Isaac Asimov?, me preguntó. Yo contesté afirmativamente. Pero al cabo de poco tiempo cambié de prototipo. Quería, más bien, seguir el ejemplo de Carl Sagan. Alguien con ilusiones, que sepa explicar lo complicado de maneras sencillas. Que sepa aplicar los medios de comunicación para llevar la ciencia y sus beneficios a la sociedad, que pueda aclarar lo que es ciencia y lo que es superstición.


En diciembre de 1996, me enteré de que Sagan sufría mielodisplasia, una enfermedad de la sangre, semejante a la leucemia, que parecía obsesionarse por truncar los futuros planes de Carl Sagan. Lamentablemente, unos cuantos días después de enterarme de su enfermedad por la revista Muy Interesante, escuché en los noticieros la información sobre su fallecimiento. Casi puedo imaginarme a Carl Sagan en su lecho final expresando las legendarias palabras de Leonardo Da Vinci en iguales circunstancias: "¡Tantas cosas por hacer! ¡Tantas cosas por hacer!". Lamento que Sagan no fuera un creyente del alma y su inmortalidad, pero espero que, así como él no fue perfecto y no siempre tenía la razón, descubra que algo de su consciencia y su mente es inmortal y que podrá ver el continuo progreso de la ciencia, la técnica y la humanidad desde cualquier sitio del Cosmos en que se encuentre. Por lo pronto, su objetivo de llevar la ciencia a la gente ha sido cumplido, pues chicos y grandes nos hemos acercado al Cosmos y la ciencia gracias a su labor divulgadora. Y yo en lo particular, le debo una gran parte de lo que soy y de lo que pienso lograr. Sin ese toque mágico que me dio con su serie Cosmos, mi vida y mis sueños serían muy diferentes.


He aquí mi homenaje personal a un hombre único. Pero, a pesar de ser único, espero que muchos hombres como él, comprometidos con el progreso de la ciencia y nuestra civilización, vengan inmediatamente a llenar el importante vacío que ha dejado en el campo de la divulgación científica. De no ser así, cada uno de los que gozamos con su conocimiento y obra divulgadora tomaremos la estafeta dentro de nuestras limitadas posibilidades.


COSMOS: UN VIAJE PERSONAL


A principios de la década de los setenta, comenzó la primera de sus muchas apariciones en el programa The Tonight Show con Jonny Carson, donde presentó millones de las maravillas de la astronáutica y astronomía a los televidentes. Allí empezó a convertirse en el más popular divulgador astronómico de América. Sin embargo, su popularidad se incrementó con su serie de televisión Cosmos. Dicha serie surgió a raíz de la decepción de Carl Sagan por la cobertura realizada por los medios de comunicación de las misiones Viking en Marte. Además, su participación como invitado en las cadenas televisivas no le permitian tener ningún control sobre el contenido de los programas. A raíz de ello, formo su propia compañía de producción para realizar documentales científicos. Su jefe de operaciones fue B. Gentry Lee, quien era el director de análisis de datos y planificación de la misión Viking, y posteriormente colaboraria con Arthur C. Clarke en la serie de novelas de ciencia ficción Cita con RAMA. Sagan recuerda:

"Lee propuso que formáramos una compañía productora dedicada a la difusión de la ciencia de un modo atractivo y accesible. En los meses siguientes, nos propusieron un cierto numero de proyectos. Pero el proyecto más interesante fue el propuesto por KCET, la rama del Servicio Público de Radiodifusión en Los Angeles. Aceptamos finalmente producir de modo conjunto una serie de televisión en trece episodios orientada hacia la astronomía pero con una perspectiva humana muy amplia. Su destinatario sería un público popular, tenía que afectar al corazón tanto como a la mente". (Cosmos, 1980).

(*) Sociedad Astronómica de la Laguna, México

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publicado en el web-magazine "Tal Cual" circa 2003
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