miércoles, 19 de noviembre de 2008

Austin y el lenguaje. "Cómo hacer cosas con palabras.

From Viviana Ackerman> @filo.uba.ar
Sat Jul 31 18:22:01 1999 
Subject: [BORGESIANA] Hacer cosas con palabras
Una línea muy adecuada para este debate es la de Austin, autor de "Cómo hacer cosas con palabras". Austin, enrolado en la escuela de Oxford y padre de la "filosofía del lenguaje ordinario", introduce la expresión "realizativo" (o performativo) desde una perspectiva pragmática, situando en los enunciados la fuerza ilocucionaria propia de los "actos de habla". En tal sentido, más allá de su significado de acuerdo con el código (diccionario), las palabras cobrarán una significación en función del "acto" que están, precisamente, realizando. La filosofía de Austin es una de las derivaciones (a mi juicio) más lúcidas de la filosofía pragmática (que se iniciaría con Peirce).

Austin introduce las categorías de verbos realizativos y constatativos: los primeros pueden ser afortunados o desafortunados, los segundos verdaderos o falsos. Ejemplos de realizativos pueden ser: "Te prometo que iré". (Promesa: puede ser afortunada o desafortunada.) "Le ruego que venga mañana a las 8" (Ruego: afortunado o desafortunado.) "Los declaro marido y mujer" (Afortunado si es pronunciado por un magistrado, desafortunado si es pronunciado, verbigracia, por Mirtha Legrand.)

Ejemplos de constatativos son: "El reloj quedó olvidado en el escritorio"(verdadero/falso) "El agua hierve a cien grados" (verdadero/falso)

Digamos que con las palabras se puede asustar, prometer, jurar, amenazar, saludar, tranquilizar, alegrar, saludar, declarar simpatía, declarar antipatía, pronunciarse a favor o en contra, herir, crear alianzas, crear complicidades, crear expectativas, ilusionar, desilusionar, ofender, agraviar, afrentar, injuriar, provocar, conceder, admitir, acordar, etc.

Dice Austin en su trabajo: "A veces, decir algo parece ser característicamente hacer algo; por ejemplo, insultar o reprender a alguien. Sin embargo, no existe el realizativo "lo insulto". Nuestro criterio no incluye a todos los casos en que emitir una expresión es hacer algo, porque no parece siempre posible la 'reducción' a un realizativo explícito." (Como, por ejemplo,"prometo", "juro".)

De modo que, desde esta perspectiva semántico-pragmática, es posible situar una injuria en total ausencia de verbos realizativos. Es más, no los hay, como afirma Austin y hasta donde yo sé. (Lo que hay son perífrasis verbales estandarizadas del tipo "andáte a la...", "te vas al...", "mirálo al + adjetivo denigratorio..."; pues la categoría estudiada, aunque no la única, es verbal (el verbo propiamente dicho, como clase de palabras, léase Barrenechea). También hay construcciones nominales como "pedazo de...", etc.

Ahora bien, generalmente las injurias más logradas (las que tienen cierto fulgor retórico) son aquellas que no surgen de lo que Austin llamaría el "realizativo explícito". Surgen, para decirlo con una palabra que tanto quería Borges, del "understatement", de lo que viene por debajo de la oración o sentencia.

En francés, "lo que viene por debajo" es, literalmente, el "souvenir". ¿Por debajo de dónde? "Savoir par coeur" (saber de memoria), "by heart" (ídem), y, en castellano, mucho más recóndito y por lo mismo mucho más poético, "re-cordar", con la base "cor, cordis": corazón. Lo que viene, lo que adviene, lo que irrumpe por debajo, desde el corazón, desde antiguo sede de las pasiones nobles, así como la zona del vientre y de las vísceras es la sede de las pasiones consideradas bajas (léase Bajtin) y el epicentro de la risa.

Hay dos campos léxicos de donde surgen, generalmente, las injurias: lo religioso y lo sexual/excrementicio. El español y el francés no abrevaron demasiado en el primer campo, sino en el segundo. No así el inglés, que presenta un repertorio muy amplio de maldiciones y alusiones a Dios.

Por último, recurro a una vieja amiga, la etimología. ("...escasas disciplinas habrá de mayor interés que la etimología..."). "Injuria" procede del latín "injuria", que significa "injusticia", "daño". "Insultar", a su vez, "saltar por sobre, por encima de"; "insilio=in salio".

También es interesante distinguir la injuria (o el agravio) de la afrenta. La segunda obliga a una respuesta, la primera no. Un ejemplo clarísimo de afrenta nos lo da Borges en "Los dos reyes y los dos laberintos". En este cuento, el rey de Babilonia afrenta al rey de Arabia. Por eso este último le responde con el abandono en el desierto. Así pagó el rey de Babilonia su soberbia.

Viviana