miércoles, 19 de noviembre de 2008

Cursillo de Lógica. 20

Clase nº 20.
"Introducción a la lógica" de I.M.Copi.

"Diríase que existe un abismo entre lo que los demás necesitan oír de nosotros, a fin de confiar en que los apreciamos, y los pensamientos negativos que, de sobra sabemos, podemos albergar hacia ellos, y, pese a todo, apreciarlos."
Alain de Botton (1)

V.1. "La Definición. Los 5 propósitos de la definición" (pags. 123 a 128)

Luego de pasar por la sección "Falacias" resulta evidente para cualquiera que el lenguaje es cosa complicada. Sabemos que hablamos, pero no siempre podemos estar seguros de lo que decimos; y lo mismo sucede al escuchar. Sin embargo esa complejidad -con sus peligros inherentes- no es obstáculo para la comunicación. Mejor dicho, no es un obstáculo tan grave que la ponga en peligro; aunque quizá coincidamos todos que es un proceso que puede mejorarse bastante.

Una de los problemas de la comunicación es el uso de palabras con significados no compartidos. Me refiero al fenómeno habitual de querer decir algo y que el otro entienda cosas diferentes. Normalmente el contexto de la relación es suficiente para aclarar el malentendido... "normalmente", porque suele suceder que muchas incomprensiones quedan encubiertas por falta de preguntas aclaratorias. Es verdad que resulta muy pesado pedir, en cada momento clave, aclaraciones sobre lo que se entiende al decir tal cosa. Da un aire pedante al diálogo y genera interrupciones antipáticas en el ritmo de la charla; sin embargo puede no ser sólo conveniente sinó, además, imprescindible. Veamos algunos de las razones por las que deberiamos recurrir con cierta asiduidad a tal recurso:

1. Aumentar el vocabulario.

Gracias a la identificación de sus significados una palabra desconocida puede llegar a formar parte de nuestro repertorio lingüistico activo. Ello no sólo sirve para "lucirnos" sino, sobre todo, para dar mayor precisión a las ideas. Ideas que se manifiestan vagamente siempre estarán condenadas por ese pecado inicial.

2. Eliminar la ambigüedad.

Todas las palabras tienen varios significados. Como ya dijimos suele ser el contexto, la situación, quien se encarga de precisar cual de ellos es el utilizado. Pero el contexto falla muy a menudo.

La ambigüedad puede generar falacias en nuestro razonamiento (como se ha visto en el capítulo anterior), y tambien generar desacuerdos puramente verbales (centrados no en hechos sino en las palabras utilizadas). Las disputas verbales no son raras en la vida cotidiana; luego una definición oportuna ahorra tiempo y energía a los que no desean discutir por discutir.

3. Reducir la vaguedad.

Aún cuando se coincida en el mismo significado pueden quedar serias dudas sobre sus límites. En otras palabras "cuando es imposible decidir si el término en cuestión se aplica" (Copi). Determinadas relaciones comerciales son lícitas cuando se realizan entre gobiernos democráticos (por ejemplo una venta de armas), bien, ¿es tal gobierno democrático?

Fijaos que se puede coincidir en la misma definición de democracia y sin embargo albergar dudas sobre si determinados casos concretos se incluyen en ella, en este momento. Aquí es menester una definición más precisa que permita aclarar cuales son las notas fundamentales de la palabra y luego, en una investigación de hecho, averiguar si tal gobierno presenta esas notas. Como se ve (o puede suponerse), definir y precisar no es una tarea exenta de fuertes cargas emotivas o ideológicas.

4. Explicar teóricamente.

Algunas veces la definición no es sólo un ejercicio de reducción de la ambigüedad o la vaguedad de un término, es algo más. Se trata de incluír determinado fenómeno, gracias a la definición, en una teoría científica. En lo que sigue se verá como funciona:

"...los físicos han definido la palabra "fuerza" como el producto de la masa por aceleración. No se da esta definición con el fin de enriquecer el vocabulario de nadie, ni para elminar la ambigüedad, sino para incorporar parte de la mecánica newtoniana al significado de la misma palabra "fuerza". Tal definición puede reducir la vaguedad del término definido, pero su propósito fundamental no es éste, sino otro. La definición que da el químico de "acido", en el sentido de sustancia que contiene hidrógeno como radical positivo, es otro ejemplo de definición que sirve a un fin téorico. Todo lo que en el uso corriente es llamado ácido es también denotado por el término, tal como lo define el químico, pero no se pretende que el principo usado por el químico para distinguir los ácidos de otras sustancias sea aplicado por las amas de casa o por los que trabajan en el laminado de metales, cuando usan el término. La definición del químico está dirigida a incluir en la significación de la palabra la propiedad que es más útil, en el contexto de la teoría, para comprender y predecir la conducta de las sustancias denotadas por esta palabra. Cuando el científico elabora construcciones como éstas, su propósito es de carácter teórico" (Copi, 128)

Tambien se dan definiciones teóricas en las ciencias humanas. Éstas están tan ligadas a una teoría concreta que pueden ser rechazas si se da el caso que el interlocutor no las comparta. Por ejemplo, para el psicoanálisis el "conflicto" es un estado psíquico individual que resulta del choque entre un deseo inconsciente con la censura consciente (ver Diccionarios especializados). Obviamente esta definición será rechazada por escuelas psicológicas que no acepten los mismos supuestos.

En política esta clase de definiciones, y sus consecuencias, (ver (2)), son ampliamente utilizadas. En principio cualquiera puede definir lo que quiera tal como se le ocurra; pero si quiere "jugar limpio" debería dejar explícitos los supuestos en que se basa. De esta manera aquellos que no lo comparten tienen la posibilidad de entender donde radica la diferencia. Por supuesto que estas aclaraciones pocas veces se hacen.

5. Influir en actitudes.

Lo que en el caso anterior apuntaba ahora tiene pleno desarrollo. Ya no se trata de definir siguiendo un marco teórico determinado, sino de influir, persuadir, agitar las emociones en determinada dirección.

Si alguien defiende la conducta, excesivamente aspera (o brutal), de otra persona como "honrada", y a su vez define la "honradez" como la "capacidad de decir la verdad aunque afecte interéses o emociones"... está realizando una hábil defensa de la conducta citada. De ella se desprende que la actitud de fulano no es desconsiderada, sino claramente franca y "honrada". Como se ve, las cosas pueden cambiar drásticamente de signo segun quien las observa y como se expresan.

Evidentemente es un recurso retórico el presentar la situación en sus términos más agradables o populares, pero ello no quita la importancia de registrar si la definición que se presenta tiene como efecto (voluntario o indeseado) el despertar emociones positivas o negativas sobre el fenómeno que a continuación se pretende describir "objetivamente".

Si fueramos muy rigurosos en nuestro análisis es probable que nos sorprendería la cantidad de "definiciones" sesgadas que utilizamos en la vida cotidiana. Está demás decir, pero por si acaso, que no es posible utilizar un lenguaje despojado de influencias y presiones implícitas. Forma parte de la propia naturaleza de la comunicación el buscar continuamente "aliados" y combatir presuntos enemigos embozados; pero tomar conciencia de la gran cantidad de fantasmas que se agitan en cada frase sencilla... nos hará más cautelosos para creernos todo lo que decimos (o escuchamos).

Siempre decimos más de lo queremos, y tambien ocultamos (con una hábil, veloz y casi siempre inconsciente selección) más de lo que creemos. La verdad (que se dice) es un delicado equilibrio entre la fantasía apologética y las emociones agresivas. Pero la solución (si se me permite aventurar una propuesta) no está en la desconfianza permanente sino en una tolerancia benévola que nos acepta tal como somos en un camino de desarrollo contradictorio e interminable.

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II. Ampliación.

Algunas disputas que trae, a guisa de prácticas, el texto de Copi:

2. Negro: La señora Pérez es ciertamente una esposa maravillosa. Es una gran cocinera, una ama de casa inmaculada y una madre amante de sus hijos. Blanco: No lo creo. Está tan absorbida por su hogar, que brinda muy poco compañerismo o estímulo a su marido.

5. Negro: La Compañía Nacional sigue haciendo buenos negocios. Sus ventas en lo que va del año son mayores en un 25 por ciento que las ventas en esta misma época del año pasado. Blanco: No, sus negocios no van tan bien. Sus beneficios en lo que va del año son inferiores en un 30 por ciento a los de la misma época del año pasado.

6. Negro: Juan es un excelente estudiante. Se interesa vivamente por todo y formula preguntas muy inteligentes en clase. Blanco: Juan es uno de los peores estudiantes que he visto nunca. jamás entrega sus deberes a tiempo.

12. Negro: El senador Gutierrez es un hombre fino y un genuino liberal. Vota toda medida progresista que se propone en la legislatura. Blanco: En mi opinión, no es ningún liberal. El viejo avaro contribuye a las causas valiosas con menos dinero que cualquier otro hombre de su mismo nivel de ingresos.

17. Negro: Un árbol que cae en la soledad, sin alguien en las cercanías que lo oiga, no producirá ningún ruido. Pues no puede haber sensación auditiva a menos que haya alguien que la experimente. Blanco. No. Haya o no alguien en el lugar para oírlo, el estrépito que produce el árbol al caer provocará vibraciones en el aire que constituirán un sonido.

20. Negro: No consulte a su mujer acerca de esto. Usted debe usar su propio juicio. Blanco. Usaré mi propio juicio. Y según mi juicio, debo consultar a mi mujer.

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III. Personajes.

Alain de Botton (1969)

A. de Botton es un joven filósofo y novelista actual que está teniendo una amplia repercusión con sus libros. Nacido en Suiza y residente en Inglaterra (Cambridge y actualmente investigador de la Universidad de Londres) ha escrito varios libros que, por su exito, se han traducido a más de 16 idiomas.

Algunos de ellos son "Del amor" (1993), "El Placer de sufrir" (1994) "Beso a ciegas" (1995), "Cómo cambiar de vida con Proust" (1997) y "Las consolaciones de la filosofía" (recién publicado en español por editorial Taurus). En todos se desarrollan temas filosóficos ligados a cuestiones de la vida cotidiana que podrían ser clasificadas como hechos triviales o pertenecientes a gente anónima.

En esta subsección lo incluyo porque es un autor que ha logrado la difícil síntesis entre profundidad y humor, a la vez que toca temas siempre cercanos y vitales para cualquier contemporáneo.

Veamos un fragmento de su prosa:

"Los aspectos de los demás a los que Isabel y yo éramos más sensibles no resultaban menos divergentes. Caso de haber decidido ella escribir una biografía, habría estado repleta de observaciones sobre los diversos grados de humedad y sudoración que tiene cada cual en la palma de las manos, asunto del que yo nunca tomaba nota. Recordaba por ejemplo que su viejo maestro de escuela era un hombre con las manos sudorosas, mientras que su padre tenía las manos siempre secas. Paul se frotaba a menudo las manos en verano, y de un cliente suyo de St. Ives afirmó que tenía un sentido del humor tan tosco como sus zarpas.

Éstas podrían haber sido observaciones puramente incidentales, de no resultar tan sintomáticas del modo en que la gente interpreta las situaciones, cada cual a su manera, para ponerse a gritar ante la situación en vez de cuestionar su interpretación. Tómese por ejemplo la palabra "racional". En el diccionario de Isabel significaba una cosa, y en el mío otra, de modo que cuando le hice un cumplido y le dije cuán "racional" era ella, se lo tomó como si fuese un insulto, ya que su diccionario recogía la siguiente definición:

adjetivo. 1. Que denota la capacidad de ser aburrido y pedante. 2. Opuesto a la emoción, recordatorio de la tradicional dualidad de su familia: su hermana, la emocional; ella, la racional. 3. Insulto que en cierta ocasión le dedicó Guy.

En cambio, lo que yo había procurado sugerir era la entrada recogida en mi diccionario:

adjetivo. 1. Halago que se hace a quien tiene un intelecto superior. 2. George Eliot, marie Curie y Virgina Woolf, ejemplo de seres racionales. 3. Compatible con el sentimiento y, de hecho, capaz de realzarlo.

El pequeño conflicto que resultó de la discrepancia puso de manifiesto el modo en que un solo suceso puede dar pie a versiones divergentes; por consiguiente, fue un símbolo biográficamente alarmante de la capacidad que tiene una sola vida a la hora de generar varias historias vitales litigantes entre sí." (de "Beso a Ciegas". Editorial Tiempos Modernos. Barcelona, marzo 1999. Pags. 168 y 169).

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IV. Notas.

(1) extraído de: Alain de Botton. "Cómo cambiar tu vida con Proust". Tiempos Modernos. Barcelona, abril de 1998. pag. 139, in fine.

(2) Puede verse un ejemplo de diferentes perspectivas (que implican, tambien diferentes definiciones) en la polémica entre los partidarios de la violencia terrorista y sus antagonistas en: Vascos.htm y Violencia.htm
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Carlos Salinas
23-febrero-2001
Barcelona. España.