sábado, 29 de noviembre de 2008

Leonardo, Montaigne, Thoreau y Santayana

Leonardo da Vinci, (Florencia, 1452 - 1519) Hijo ilegítimo de un notario y de una campesina, recibió en Florencia una exquisita educación. Prototipo del sabio renacentista, sintió una curiosidad insaciable por cualquier tipo de saber científico y artístico (homo universalis), destacando en anatomía, ingeniería, óptica, hidráulica, pintura y arquitectura. Hizo contribuciones originales a todos los saberes de su época y anticipó visionariamente inventos que tardarían siglos en realizarse. Zurdo, escribió sus obras al revés temeroso de que sus conocimientos fueran mal empleados. Muy admirado, Rafael le pintó como el Platón de su Escuela de Atenas y le protegieron en Milán los Sforza, en Roma César Borgia, en Florencia Giuliano de Medici, en Francia el rey Francisco I y otros muchos importantes personajes de su tiempo. Escribió numerosos Cuadernos de notas y Fábulas.

Leonardo da Vinci, Aforismos.

Considerando que no podía encontrar una materia de gran utilidad o agrado, puesto que los hombres nacidos antes que yo habían tomado para sí todos los temas útiles y necesarios, haré como el que, a causa de su pobreza, llega el último a la feria y, no pudiendo surtirse de otro modo, compra cosas ya vistas por los otros y desechadas por ellos a causa de su escaso valor. Emplearé en la adquisición de esa mercadería despreciada, rechazada y proveniente de muchos mostradores, mi escaso peculio, y así recorreré no las grandes ciudades, sino los pobres caseríos, distribuyendo las cosas de que dispongo y recibiendo por ellas el precio que merecen. Empezado en Florencia, en la casa de Braccio Martelli, el 22 de marzo de 1508, todo esto forma una recopilación sin orden de muchas hojas sueltas, a la espera de clasificarlas según la materia de que tratan. Creo que, antes de llegar al fin, repetiré muchas veces las mismas cosas. Si ello ocurre, no me critiques, lector. Las cosas son en gran número y la memoria no puede retenerlas todas. Yo no quisiera escribir lo que ya he dicho; mas para no incurrir en ese error, sería menester que cada vez que agrego algo, releyese todo lo pasado, lo que me ocuparía mucho tiempo, pues escribo a largos intervalos y fragmento por fragmento. Que no me lea quien no sea matemático, porque yo lo soy siempre en mis principios. [...] Como el más tonto de los razonamientos humanos debe ser reputado el que invita a la credulidad en la nigromancia, hermana de la alquimia, la cual da a luz cosas simples y naturales; pero es tanto más digna de censura que la alquimia, cuanto ella no da a luz cosa alguna que no sea su propia imagen, es decir, la mentira. Eso no ocurre con la alquimia, administradora de los simples productos de la naturaleza; oficio que no puede desempeñar la naturaleza por carecer de instrumentos orgánicos que le permitan operar lo que opera el hombre mediante sus manos, con las cuales fabrica el vidrio, etc. Pero la nigromancia es verdadero estandarte y bandera echada al viento, para servir de guía a la necia multitud, que muestra con sus clamoreos los infinitos efectos de tal arte. Circulan libros llenos de afirmaciones referentes a la acción de los encantamientos y de los espíritus que hablan sin lengua y sin aquellos instrumentos orgánicos indispensables para la palabra; y no sólo afirman que los tales espíritus hablan, sino que les atribuyen la capacidad de transportar grandísimos pesos, de provocar lluvias y tempestades, y de convertir a los hombres en gatos, lobos y otras bestias; ¡por más que, en calidad de bestias, deberían, en primer lugar, contraste los que semejantes cosas afirman!  Cierto es que si existiera la nigromancia, como lo creen los pobres de espíritu, no habría sobre la Tierra nada que la igualara en daño o en provecho del hombre. [...]  ¿Qué cosa es la que no podría ser realizada con ayuda de ese, artificio? Ninguna casi, excepto librarse de la muerte. ¡Quiero hacer milagros! Tendrás que vivir con mayor estrechez que los otros hombres más sensatos: los que pretenden enriquecerse en un día viven por largo tiempo en la pobreza, como ocurre y ocurrirá siempre a los alquimistas, empeñados en crear oro y plata, y a los ingenieros que quieren que el agua muerta dé vida de continuo movimiento a sí misma, o al solemne tonto que cree en la nigromancia y en los encantamientos. No me ocuparé de la Fisiognomónica ni de la Quiromancia, porque no hay verdad en ellas, simples quimeras sin fundamentos científicos. ¡Oh, investigadores del movimiento perpetuo, cuántos vanos proyectos fraguasteis en su búsqueda! Idos en compañía de los inventores de la fabricación del oro. No debemos desear lo imposible.



Michel Eyquem de Montaigne, "De Demócrito y Heráclito", Ensayos, núm. 50:

Es el juicio un instrumento necesario en el examen de toda clase de asuntos, por eso yo lo ejercito en toda ocasión en estos ensayos. Si se trata de una materia que no entiendo, con mayor razón me sirvo de él, sondeando el vado desde lejos; y luego, si lo encuentro demasiado profundo para mi estatura, me detengo en la orilla. El convencimiento de no poder ir más allá es un signo del valor del juicio, y de los de mayor consideración. A veces imagino dar cuerpo a un asunto baladí e insignificante, buscando en qué apoyarlo y consolidarlo; otras, mis reflexiones pasan a un asunto noble y discutido en el que nada nuevo puede hallarse, puesto que el camino está tan trillado que no hay más recurso que seguir la pista que otros recorrieron. En los primeros el juicio se encuentra como a sus anchas, escoge el camino que mejor se le antoja, y entre mil senderos decide que éste o aquél son los más convenientes. Elijo al azar el primer argumento. Todos para mí son igualmente buenos y nunca me propongo agotarlos, porque a ninguno contemplo por entero: no declaran otro tanto quienes nos prometen tratar todos los aspectos de las cosas. De cien miembros y rostros que tiene cada cosa, escojo uno, ya para acariciarlo, ya para desflorarlo y a veces para penetrar hasta el hueso. Reflexiono sobre las cosas, no con amplitud sino con toda la profundidad de que soy capaz, y las más de las veces me gusta examinarlas por su aspecto más inusitado. Me atrevería a tratar a fondo alguna materia si me conociera menos y me engañara sobre mi impotencia. Soltando aquí una frase, allá otra, como partes separadas del conjunto, desviadas, sin designio ni plan, no se espera de mí que lo haga bien ni que me concentre en mí mismo. Varío cuando me place y me entrego a la duda y a la incertidumbre, y a mi manera habitual que es la ignorancia...



Henry David Thoreau (1817-1862)

Pensador y escritor pacifista norteamericano, anarquista para unos y liberal para otros, creador de la idea de la insumisión o desobediencia civil contra el gobierno, también llamada resistencia pasiva, y de la no violencia como alternativa a la resolución violenta de los conflictos políticos y sociales, ideas que influyeron poderosamente en León Tolstoy y en Matahma Gandhi. Individualista a ultranza, se negó a pagar impuestos a un estado que admitía la esclavitud y proclamaba guerras sin consultar con sus ciudadanos, por lo cual fue a la cárcel; también anticipó el pensamiento ecologista al apreciar la necesidad que tiene el hombre de vivir en contacto con la naturaleza y se opuso a la esclavitud en su país. Es autor de Walden, donde narra su experiencia durante dos años viviendo en una cabaña de los bosques de Concord, de unos amplios Diarios y de ensayos como Desobediencia civil, Vida sin principios y La esclavitud en Massachusets.

DESOBEDIENCIA CIVIL

Acepto de todo corazón  el lema: "El mejor gobierno es el que menos gobierna", y me gustaría verlo cumplido de una manera más rápida y sistemática. Realizado esto, finalmente se llega a aquello en lo que también creo: "El mejor gobierno es el que no gobierna nada en absoluto"; y cuando los hombres estén preparados para ello, ésa será la clase de gobierno que tendrán.  El gobierno, en el mejor de los casos, no es más que un recurso útil, pero la mayoría de los gobiernos normalmente, y todos algunas veces, son inútiles. Las objeciones que se han hecho contra el ejército permanente, muchas de peso y que merecen prevalecer, ojalá también se hagan por fin contra el gobierno permanente. El ejército permanente sólo es brazo del gobierno permanente. El mismo gobierno, que es sólo la forma que el pueblo ha elegido para ejecutar su voluntad, está igualmente expuesto a ser violado y pervertido antes de que el pueblo pueda ejercer su poder mediante él. Fíjense en la actual guerra mexicana,  el empeño de tan sólo unos cuantos  individuos que utilizan al gobierno permanente  como instrumento a su servicio; porque, de entrada, el pueblo no habría dado su consentimiento hasta ese punto... 



George Santayana (Madrid, 1863 - Roma, 1952) es un filósofo y escritor español en lengua inglesa, pues desde los once años vivió en Estados Unidos. Provenía de una familia de funcionarios españoles instalados en las islas Filipinas; el padre había dado tres veces la vuelta al mundo y era muy escéptico, latinista y aficionado a la pintura. Su madre era una gran seguidora de la filosofía de Rousseau. Santayana enseñó en la universidad de Harvard entre 1889 y 1912, fecha esta última en que se trasladó a Inglaterra. Escribió filosofía (Escepticismo y fe animal, 1923; Los reinos del ser, 1927-1940, IV vols.), ensayo (Soliloquios en Inglaterra, 1922; Tres poetas filosóficos, 1910) poesía (Sonnets and other verses, 1894; Other poems, 1901), teatro (Lucifer, 1890) y novela (El último puritano, 1935). Defendió un materialismo natural extrañamene imbuido de espiritualidad. Su estilo también se suele caracterizar por la paradoja. Afirmó que "he procurado decir en inglés la mayor parte de cosas no inglesas que he podido".

LA IRONÍA DEL LIBERALISMO

Progreso significa un cambio continuo hacia lo mejor, y es evidente que la libertad facilitará el progreso en todas aquellas cosas -la poesía, por ejemplo-  que un hombre puede realizar sin ayuda ni intervención de otros hombres; pero donde la ayuda es exigida y la intervención probable, como en la política, la libertad lleva al progreso en la medida en que la gente quiera seguir espontánea y unánimemente la misma dirección. Ahora bien: ¿cuál es la dirección que los liberales identifican con la del progreso mismo?

Para el liberal puro, el progreso debe continuar en la dirección del siglo XIX: gran número, complejidad material, uniformidad moral e interdependencia económica. El muchacho ejemplar, verbigracia, según el patrón ideal, desea que lo laven con frecuencia, le gusta ir a la escuela, hacer gimnasia sueca y aprenderlo todo en los libros. Pero quizá al muchacho real (cuya individualidad es sagrada según la filosofía liberal y cuya conciencia es la única que debe juzgar sobre lo que es bueno y verdadero para él), al muchacho real le gusta andar sucio, jugar con barro en la calle y aprender las cosas por experiencia propia o por referencia de otros muchachos mayores. Cuando el filántropo acude en su socorro, el pequeño ingrato le espeta, lloriqueando, el verdadero principio de la doctrina liberal: "¡Déjeme solo!" Convencer a semejante bribonzuelo de que no sabe lo que es bueno para él; de que es un esclavo de malas costumbres y de instintos perversos; de que la verdadera libertad para el consiste en corregirse hasta que haya aprendido a hallar la felicidad en la virtud: todo eso es sencillamente abandonar el liberalismo y predicar la doctrina clásica de que el bien no radica en la libertad, sino en la sabiduría.

El sistema liberal, que procuraba elevar al individuo, ha degradado a las masas, y esto en tan vasta escala y hasta un punto tan lamentable que el otro elemento del liberalismo -el celo filantrópico- ha debido presentarse de nuevo en escena. "¡Vaya al diablo la libertad!", dicen los nuevos radicales; "dejadnos salvar al pueblo". Y así la legislación liberal, que reducía el gobierno a un mínimo de función policial, ha emprendido ahora obras de reforma social, asumido la dirección de la instrucción pública y hasta el manejo de la industria...