jueves, 20 de noviembre de 2008

Cursillo de Lógica. 24

Clase nº 24:
"Introducción a la lógica" de I.M.Copi

"'Egoísta': adj. Persona de pésimo gusto, más interesada en sí misma que en mí."
Ambrose Bierce (The Devil's Dictionary) (1)

2. "Definiciones Connotativas" (pags. 151 a 155)

Un sinónimo es una palabra que significa lo mismo que otra tomada como referencia. En realidad hay pocos auténticos sinóminos, ya que cada palabra expresa, o puede hacerlo, un matiz diferente de un significado más amplio; sin embargo a los efectos prácticos es lícito decir, por ejemplo, que un sinónimo de "proverbio" es "adagio".

En los diccionarios pequeños, de bolsillo, abundan definiciones por sinonimia ("tímido": "vergonzoso") al igual que en diccionarios donde se traducen palabras extranjeras ("mystify": "confundir, desconcertar").

Cómo método es sencillo y eficiente; lo que no quita que pueda ser, simultáneamente, inexacto e injusto.

En el lenguaje científico abundan las "definiciones operacionales" en las que el significado de un término está construído por las operaciones necesarias para obtenerlo (el término "operacional" es del premio Nobel P.W.Bridgman, en su libro "The Logic of Modern Physics", 1927).

De esta manera la definción de un término es lo que resulta de una operación (real o mental) posible. Un metro, por ejemplo, es lo que mide una escala graduada desde 0 cm hasta 1 m. Naturalmente esta herramienta debe estar homologada por alguna autoridad (sin ir más lejos, cualquiera de las cintas métricas que se venden en los comercios cumplen el criterio citado).

Existen críticas a esta clase de definición; en los casos (ello es casi obvio) en que no existen herramientas adecuadas o la propia naturaleza del concepto las hace improbables. Cuando falla la definción operacional o no se nos ocurre, puede intentarse una definición por "género" y "diferencia específica".

Este tipo de definiciones tambien ha sido llamado "definición analítica", o "por división", o "per genus et differentiam", o también, "definición connotativa".

Funciona cuando las clases de miembros pueden subdividirse en subclases no vacías. Con referencia a esta jerarquía se habla, también de "género" y "especie". La clase cuyos miembros se subdividen en subclases se llama "género", y las diversas subclases son las "especies".

Así, por ejemplo, el género "polígono", se subdivide en las especies "triángulos, cuadriláteros, pentágonos, hexágonos, etc. La característica que sirve para distinguir a estas figuras geométricas es su "diferencia específica". En el caso del "triángulo", tener unicamente tres lados, en los cuadrilateros tener cuatro, y así de seguido.

La definición connotativa resultá, por lo tanto, muy fácil: un "triángulo" es un polígono de tres lados.

Si queremos definir a "humano", también podemos hacerlo con esta técnica y obtenemos "animal racional"; en donde "animal" es el género y "racional" la diferencia específica. Pero podríamos encontrar (según nuestra manera de pensar) otras diferencias que nos parezcan más significativas. Por ejemplo:

"humano": animal degenerado. "humano": animal-animal. "humano": animal capaz de crear a Dios y luego pelear hasta morir por defender su existencia independiente. "humano": el más cruel de los animales posibles. "humano": ser racional con acentuadas características animales.

Y así de seguido. Invito a los lectores a inventar sus propias definiciones connotativas buscando el género y la diferencia específica no sólo de los humanos (por ejemplo, sugiero definir a "amigos")

Lamentablemente la técnica de la definción por género y diferencia específica no es aplicable a todos los vocablos que necesitamos definir. Existen propiedades simples que no tienen subdivisiones aceptables (prueben, por ejemplo a definir "amarillo", o el "olor de la persona amada"). Lo mismo sucede con palabras muy abstractas como "ser", "existencia", sustancia, propiedad, etc. Aunque en este segundo caso no faltan filósofos que lo intenten. Pero ninguno ha logrado, con sus esfuerzos, un consenso generalizado.

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Notas:
(1) Ambrose Bierce. El Diccionario del Diablo. Valdemar. Madrid, 1996.
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Carlos Salinas
10-abril-2001
Barcelona. España.