martes, 16 de septiembre de 2008

Anarquismo

Anarquismo. El siguiente texto, escrito por el politólogo Jean Touchard, analiza los fundamentos filosóficos del primer anarquismo y las aportaciones doctrinales de sus ideólogos fundacionales. Fragmento de Historia de las ideas políticas. De Jean Touchard. Capítulo XVI: sección II.

En los últimos treinta años del siglo XIX el anarquismo alcanzó un éxito considerable en los medios populares y en ciertos círculos intelectuales (muy limitados) de Francia, España, Italia del Norte y Rusia.

Pero hubo muchas formas de anarquismo.

Hubo un pretendido "anarquismo" derivado de Stirner y de su vehemente exaltación del "yo único". Stirner define así su Asociación de Egoístas (que opone a la sociedad): "La utilización de todos por todos". Es un solipsismo apasionado que podría por ello encontrar cierta prolongación en Nietzsche. No ejerció casi ninguna influencia en los medios populares.

¿Es preciso mencionar el "anarquismo" de León Tolstoi? Se trata más bien de un moralismo obsesionado por el pecado y deseoso de volver, mediante la humildad, a la ley de Cristo. Casi llega, mediante un rodeo, a condenar la acción voluntaria del hombre, a rechazar las leyes, a abandonarse a un éxtasis místico.

Descartaremos también de nuestro estudio, aun mencionándolo, ese anarquismo libertario que tanto perjudicó a las doctrinas anarquistas, que predica (mediante la palabra o los actos) el asesinato (incluso no político), la unión libre (y no la comunidad de mujeres: ¡odioso comunismo!) y, en general, una perpetua instalación "fuera de la ley" (aunque sean leyes morales). Esta tendencia entra en el campo de lo pintoresco o de la psicología, no en el nuestro.

Mucho más cerca de este campo se sitúa el anarquismo nihilista y terrorista (por lo demás, más "terrorista" que "nihilista") que sacudió a la Rusia zarista. Sin embargo, ¿merece algo más que una simple mención? En el plano ideológico, sus "héroes" adoptaron o "aplicaron", siempre bastante confusamente, bien un blanquismo adaptado a la situación rusa, bien un "anarquismo libertario" definido en el Catecismo de un revolucionario, de Netchaiev, bien las doctrinas de la anarquía "positiva" de Bakunin (1814-1876) y Kropotkin (1842-1921).

En realidad, sólo nos interesan estas últimas doctrinas.

A) FILOSOFÍA, POLÍTICA, ECONOMÍA -

El anarquismo profesado por Bakunin, Kropotkin y Jean Grave pretende ser, al tiempo, una filosofía de la naturaleza y del hombre y una ciencia total de la vida humana.

El príncipe Kropotkin, que era un físico notable, enuncia en La ciencia moderna y la anarquía sus postulados filosóficos, derivados de Spencer, Darwin, Cabanis y Auguste Comte. El universo no es sino materia en perpetua y libre evolución: existe una anarquía de los mundos. Esa anarquía de la evolución es la ley de las cosas. Pero esta ley no se impone a las cosas, sino que es su ser mismo. "La anarquía es la tendencia natural del universo, la federación es el orden de los átomos" (Bakunin). Ahora bien, dado que esa materia está animada por esa bella ley de evolución (i. e. de anarquía) inteligente, toda la historia de la materia (de la que el hombre no es más que un elemento) es una "negación progresiva de la animalidad del hombre por su humanidad" (Kropotkin). Por consiguiente, el hombre sólo sigue su propia naturaleza y respeta a la ciencia cuando obedece a esa ley de rebeldía.

Primera deducción: antiteísmo absoluto. Ni siquiera hay que demostrar que Dios no existe o que no es más que un "reflejo": hay que sublevarse, pues el hombre no puede reconocer ninguna subordinación de su ser. "Si Dios existiera realmente habría que hacerle desaparecer" (Bakunin).

Segunda deducción: "… Rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiada, patentada, oficial y legal, aun salida del sufragio universal, convencidos de que no podría nunca sino volverse en provecho de una minoría dominante y explotadora contra los intereses de la inmensa mayoría sojuzgada" (Bakunin, Dios y el Estado). La razón de la "an-arquia" política es la misma que la del ateísmo: el hombre es bueno, inteligente y libre: ahora bien, "todo Estado, como toda teología, supone al hombre esencialmente perverso y malvado" (Bakunin).

En el plano económico los anarquistas se han pronunciado siempre contra la propiedad (Dios-Estado-Propiedad). Sin embargo, su pensamiento sobre la materia ha sido siempre un poco ambiguo.

En primer lugar, porque nunca se liberan plenamente de la utopía "abundancista" de "coger del montón".

En segundo lugar, porque lo que principalmente condenan de la propiedad es la desigualdad que crea, el poder que confiere y -derivado de esto- el germen de autoridad (por sobrentendido: política) que encierra. Por consiguiente, su crítica de la propiedad no se dirige, en cierta medida, contra una pequeña propiedad campesina, "mediocre" e igual. En cualquier caso, algo es seguro: los anarquistas son radicalmente opuestos a una "organización" autoritaria y global de la economía. En parte por esta razón se proclamaron en los comienzos de la Primera Internacional, para distinguirse de los "comunistas", marxistas, "colectivistas" (y luego, sucesivamente, "comunistas libertarios" y "comunistas anarquistas"). Su comunismo está, en el fondo, muy cerca del de Babeuf; pero con la añadidura de no considerar ninguna organización como definitiva y obligatoria: la vida es movimiento, y la rebeldía es la "ley" del hombre.

B) CONTRA TODA AUTORIDAD.-

Para los anarquistas la ilusión más peligrosa consiste en imaginar que cabe "dejar sitio" al Estado y encontrar una forma de organización del Poder que limite su maldad. Esto equivaldría a admitir la necesidad del Poder como corrección fatal de una naturaleza corrompida del hombre: ¡éste es el pecado de la teología!

Por otra parte, no se puede limitar el Poder. La democracia sigue siendo una "cracia", la de una mayoría. ¿Y qué mayoría? No la de la masa auténtica en su espontaneidad y en su soberana libertad anárquica, sino la de los representantes, es decir, gobernantes, hombres de poder y de autoridad. Nos encontramos con una de las ideas-fuerzas que fue la verdadera "filosofía inmanente" del proletariado durante el último tercio del siglo XIX: la negativa absoluta a adherirse a toda la teoría jurídico-política del "mandato" y de la "representación", la desconfianza absoluta, tanto en el personal parlamentario como en la mediación política.

Otra ilusión: la democracia directa. Mentira sutil: en tanto que la masa carezca de capacidad política (Proudhon), sigue siendo un intermediario entre ella y ella misma, y crea en cualquier caso un Gobierno que la dirige.

La negación llega hasta las últimas consecuencias. Los anarquistas rechazan con el mismo vigor los "Gobiernos revolucionarios", aun siendo "provisionales": "se hace Estado" en nombre de la revolución y, por tanto, se trabaja por el despotismo y no por la libertad. Toda revolución que se impone mediante un acto de autoridad y mediante la concentración del Poder, aun provisional, crea un Poder que se separa de las masas. El Estado "provisional" sigue descansando sobre la misma "teología" de una humanidad corrompida a la que hay que "salvar" por la vía de la autoridad.

La misma desconfianza conduce a los anarquistas a condenar a todos los partidos políticos, cualesquiera que sean, "en tanto que ambicionan el Poder" y porque tienden siempre a petrificar dentro de sí funciones de jefes.

C) ANTI-INDIVIDUALISMO.-

La verdadera doctrina anarquista, aunque rechace toda autoridad, nunca ha sido una exaltación del individuo. El anarquista no es ni individualista ni aristocrático. En el anarquista no hay rastro de desprecio hacia aquello que rechaza: el anarquista no desprecia, odia.

El anarquismo es ante todo, principalmente en Bakunin, una aspiración popular. No combate por el individuo-héroe orgullosamente liberado, sino por la masa popular en su espontaneidad primera, instintiva y brotante. Las masas contra la élite.

Así se explica el papel conferido por el anarquismo a la violencia en la acción de masas. Algunos anarquistas deificarán la violencia, de la que harán un absoluto. Nada de esto existe en los grandes doctrinarios anarquistas. Si no descartan la violencia es por dos razones. Primero, porque es una de las manifestaciones de esa libertad de la naturaleza y de la vida ("El anarquismo es un radicalismo vitalista", ha dicho acertadamente P. L. Landsberg). En segundo lugar, porque la violencia es el modo de acción de las masas, al menos en tanto que intenten hacer una revolución política antes de hacer la revolución social. ¿Por qué? Porque la revolución exclusivamente política es, o llega a ser, necesariamente burguesa, en beneficio de privilegiados (aunque sean ex proletarios): y en ese caso las masas reaccionan según su ruda naturaleza, con violencia.

D) LA REVOLUCIÓN SOCIAL.-

Sobre este punto los anarquistas no "imaginaron" nada muy original. Sus perspectivas son, a grandes rasgos, las de la Primera Internacional: la emancipación económica de los trabajadores debe ser obra de los mismos trabajadores.

La acción económica de los trabajadores, la auto-organización de las masas populares (y no de la "clase" obrera) responden, según los anarquistas, a una verdadera necesidad, poderosamente sentida por las masas. Por esta razón son partidarios del cooperativismo, del sindicalismo y, sobre todo, de esas "Bolsas de Trabajo" creadas en Francia gracias a la iniciativa de Fernand Pelloutier.

EI anarquismo tuvo sus desviaciones y sus aberraciones desesperadas, pueriles o sublimes (véase la conmovedora evocación de Víctor Serge: "Méditation sur l'anarchie", Esprit, abril de 1937). Sin embargo, representa, en su esencia, una cosa muy diferente. Por un lado, fue indudablemente, el signo de una irrupción de las masas populares en la vida política en el momento en que, tras la Comuna de París y en plena agonía del zarismo autocrático, se abatía una formidable reprensión policiaca sobre el proletariado. Fue también una reacción de desesperanza de ese proletariado frente al estadio imperialista del capitalismo. El capitalismo no sólo se defiende bien, sino que contraataca, culmina. Están lejanos los sueños de liberación económica y social. No se realizarán (tal vez… ) más que a costa de un esfuerzo violento, instintivo, cuando todo el proletariado se lance en masa "fuera de la ley". El anarquismo estaba magníficamente de acuerdo con una sensibilidad de vencidos y desesperados, a los que daba una posibilidad de dignidad. Sin embargo, sólo su inserción en la acción sindical le permitiría no acabar en un callejón sin salida.

Fuente: Touchard, Jean. Historia de las ideas políticas. Traducción de J. Pradera. Madrid. Editorial Tecnos, 1981.

"Origen y esencia del anarquismo", Enciclopedia Microsoft(R) Encarta(R) 99. (c) 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.