miércoles, 10 de septiembre de 2008

Parlamentarios sin lógica

From: Lenguaweb
Date: Fri, 19 Jul 2002 20:22:01 +0200
Subject: [HISP] Argumentar bien
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Enviado por Ángel a la lista Stylus:
 
J. I. GONZÁLEZ FAUS, responsable académico de Cristianisme i Justícia
 
UNOS PARLAMENTARIOS aplauden argumentos que no prueban nada, a los que
se responde con otros argumentos que tampoco demuestran nada
 
'La Vanguardia' de Barcelona, 19/07/2002:
 
Argumentar bien
 
JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ FAUS
 
Nuestros políticos argumentan cada vez peor. Sospecha uno que quizá la
ministra quiere reformar las leyes de educación para que no tengamos que
soportar el espectáculo de unos parlamentarios que proclaman a gritos y
con aplausos argumentos que no prueban nada, y a los que se responde con
otros argumentos que tampoco demuestran nada.
 
Los antiguos, que tenían más tiempo, elaboraron unas "instrucciones para
el uso de la razón" que no estaban nada mal. Hoy tenemos instrucciones
para el manejo del vídeo o el móvil, pero no sabemos usar la razón.
Nuestros mayores explicaban qué formas hay de deducción (o silogismo), y
cuáles funcionan y cuáles no: era todo aquello de "barbara,
celarent...", de lo que los mozos del botellón no tendrán idea, ni
puñetera ni de la otra. Explicaban también otras formas de mal uso de la
razón: esos fallos que se llamaban "petición de principio", "círculo
vicioso", "datur tertium", "falso supuesto", "parte por el todo" o
"nimis probat"..., más el vicio de adjetivar en vez de argumentar, o
demostrar otras cosas que no son las que había que demostrar. Casi todos
los sofismas que se oyen en el Parlamento y en los medios, caben en
aquella vieja clasificación.
 
Por ejemplo: se dice que nuestra globalización "traerá bienes a los
pobres". Pero eso no prueba nada en su favor: pues quizá traiga bienes a
"algunos" pobres; pero a otros les traiga aún más males de los que ya
tienen. Y en cambio está trayendo muchos más bienes a unos pocos ricos.
"La parte por el todo", dirían los ancestros.
 
"Usted, señor Bono, ¿a qué partido representa?" Eso no refuta lo que
diga el señor Bono, porque el jefe de una comunidad autónoma no
representa a su partido sino a su comunidad. "Falso supuesto". Y quien
piense de otro modo se pone en evidencia.
 
Desacreditar al argumentador no es responder al argumento. A eso
llamaban nuestros mayores argumentar "ad hominem"; y la vida pública
rebosa de ejemplos. "El PSOE nos ataca para encubrir su pluralidad."
Quizá. Pero las intenciones del PSOE pueden ser distintas de su
argumentación. A parte de que tonto sería el PSOE si creyera necesario
cubrir su pluralidad. Porque que no haya pluralidad en un partido
político sólo puede deberse a que allí no piensa nadie, o a que al que
piensa se le echa de la foto, como le pasó al señor Manuel Pimentel
(quien, por cierto, pensaba bastante bien).
 
Otro ejemplo: "Todos los enemigos del nacionalismo lo son en virtud de
otro nacionalismo". Ahí se nos juzga a los seres humanos con nuestra
capacidad de ceguera; pero no se juzgan los argumentos sobre el
nacionalismo. Aparte de que, si en lugar de ser "todos", son sólo un
90%, la objeción se desautoriza por sí sola.
 
"Esto lo quiere la inmensa mayoría del pueblo vasco". Tanto si habla así
Rajoy como Arnaldo Otegi, precisamente eso es lo que habría que
demostrar: que la inmensa mayoría quiere exactamente aquello. (Petición
de principio, dirían los antiguos.)
 
"El pacto PP-PSOE nace para hacer frente al terrorismo y la Iglesia hará
mal en no firmarlo." Lo que había que probar es el punto de partida, no
la conclusión. Pues si el pacto fuera para acabar con el terrorismo,
habría buscado una redacción que pudiese firmar también el PNV. Y da la
sensación de que eso es precisamente lo que no se quiso hacer. Los
antiguos dirían "nego antecedens", que hasta en latín se entiende.
 
"Esta ley (de Extranjería) no niega los derechos de nadie." Precioso.
Pero ocurre que muchos no pueden ejercer esos derechos porque no tienen
papeles; y quien niega los papeles es... esa ley.
 
"Si hablo me critican por hablar y si no hablo porque no hablo." Luego
los críticos son tontos o malintencionados. Pero señora ministra,
"¡datur tertium!"; hay otra hipótesis en ese dilema: que la critiquen no
por hablar o callar, sino por hablar mal.
 
Preguntan a un ministro si él o su familia recibieron créditos de
Argentaria. Se deniega la pregunta porque, según alega el sofista
oficial, "desacredita la democracia". Los antiguos dirían: ¡distingo!
Pues la argumentación buena debería ser: si la pregunta se hizo con mala
intención, desacredita al político que la hizo. Si el ministro
interrogado responde, eso acredita la democracia. Si se niega la
oportunidad de responder eso la desacredita.
 
Y ¿quién no recuerda aquel eslogan del rodillo socialista que tantos
votos dio al Partido Popular? Cuando el PP tuvo mayoría absoluta, el
mismo rodillo, ejercido del mismo modo, se convirtió en "la confianza
que el pueblo nos otorgó". Adjetivar en vez de argumentar.
 
Estos ejemplos, elegidos al azar, no juzgan la verdad o falsedad de las
conclusiones, sino los argumentos dados para llegar a ellas. Solamente
pretenden por tanto que nuestros hombres públicos intenten argumentar un
poco mejor.
 
José Antonio Primo de Rivera hablaba del "argumento de los puños y las
pistolas". Hoy en cada sesión parlamentaria asistimos al argumento de
los aplausos y los abucheos. Algo hemos ganado, pero no mucho, la
verdad. Pues si los políticos creen que la buena argumentación no da
votos porque sus conclusiones suelen ser modestas; y que más votos da un
puntillazo o una banderilla, se exponen a que algún gracioso les haga
una parodia política a partir del famoso soneto que dedicó Quevedo a los
culteranos de su época. Más o menos así: "Quien quiera ser PePijo en
sólo un día / la jeri aprenderá gonza siguiente: / 'Privatizar'. 'Mire
Usted, señoría'. / 'España va rebién' . 'El PSOE miente'". Quizá no
pruebe mucho pero rima bien. Pues eso.
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Saludos,
Miguel