lunes, 1 de septiembre de 2008

¿Un gen del lenguaje?

To: HISPANIA@LISTSERV.REDIRIS.ES
Date: Thu, 15 Aug 2002 10:10:34 +0200
Subject: [HISP] El gen del habla
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Del ABC de hoy:

Descubierto el gen responsable de la capacidad de hablar del ser humano

J. M. N.
Una pequeña mutación del gen FOXP2 ocurrida hace unos 200.000 años y exclusiva de nuestra especie es la responsable de la capacidad de hablar del ser humano. Un equipo de científicos de Alemania y Gran Bretaña hace público hoy el descubrimiento, en un artículo que publica la revista Nature.

MADRID. Entre todos los misterios con que se enfrenta la Ciencia, el del origen del habla en los seres humanos es, quizá, uno de los más acuciantes. El hombre es, en efecto, la única criatura sobre la faz de la tierra capaz de comunicarse a través del habla, ese conjunto de sonidos que, según un esquema mental bien definido, se transforma en la serie de símbolos articulados y organizados que conocemos como lenguaje. Un equipo multidisciplinar, formado por científicos de Alemania y Gran Bretaña, publica hoy en la revista Nature un estudio según el cual los humanos somos capaces de hablar gracias a la sutil modificación de un gen, el FOXP2, situado en el cromosoma 7, que los miembros de nuestra especie no comparten con ninguna otra del reino animal.

El equipo, integrado por Svante Paabo y Wolfgang Enard, del Instituto Max Planck de antropología evolutiva de Leipzig y sus colegas del Wellcome Trust Center for Human Genetics de la Universidad de Oxford ha centrado sus esfuerzos en verificar si el FOXP2, implicado en la capacidad humana para «producir» palabras, existe también en los animales, sobre todo en los primates. El resultado de la investigación demuestra que, a pesar de su antiguedad (el gen FOXP2, que regula algunos movimientos del rostro y de las mandíbulas, está presente también en ratones y otros mamíferos desde hace millones de años), la variación que nos hace «diferentes» permitiéndonos hablar es una característica única de nuestra propia especie, que debió de producirse aproximadamente hace unos 200.000 años, fecha de la aparición del hombre moderno.

Descubierto hace un año

Enard, sin embargo, ha afirmado que sería exagerado atribuir a ese único gen nuestra capacidad para el lenguaje, un complicado proceso mental que requiere, sin duda, el concurso de otros muchos genes. Pero sí parece estar implicado en las características mandibulares y faciales que permiten el habla.

El FOXP2 fue descubierto en 2001 por otro equipo de biólogos, encabezado por Cecilia S.L. Lai y Simon E. Fisher, mientras estudiaban los misteriosos problemas de habla compartidos por una familia completa. Los investigadores se dieron cuenta de que todos los miembros de esa familia compartían un leve defecto en el FOXP2, que modificaba un sólo aminoácido en la cadena de la proteína para la que codifica el gen. Eso era suficiente para ocasionar un grave problema lingüístico a todos los «portadores» del gen defectuoso. Los síntomas, además de una dificultad en la pronunciación clara de las palabras y una alteración en la capacidad de articular el lenguaje y la expresión facial, incluían también el cometer graves incorrecciones gramaticales.

Existe, pues, por lo menos un gen relacionado con nuestra capacidad para hablar. Un gen exclusivo de nuestra especie y que contribuye a una de las características más propias y exclusivas del ser humano.


El camino hacia el lenguaje

El paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, co-director de los yacimientos de Atapuerca, es también autor de varios trabajos sobre el origen del habla en los seres humanos. «Nosotros -afirma el científico español- estudiamos la maquinaria fisiológica que hace posible el habla y la audición. Y lo hacemos a partir de los restos fósiles de que disponemos. Fijándonos en la estructura de los aparatos fonador y auditivo, podemos determinar qué tipo de sonidos podían emitir y qué frecuencias podían escuchar nuestros antepasados».

Arsuaga y su equipo han descrito qué tipo de modificaciones ha tenido que sufrir, durante los dos últimos millones de años, nuestro aparato fonador para ser capaz de emitir los sonidos actuales: «modificaciones que, en términos evolutivos, presentan serios inconvenientes. Por ejemplo, al alargarse la faringe, aumentan las dificultades al tragar y las posibilidfades de atragantarse Pero valía la pena el cambio: el conjunto de esas modificaciones hizo posible la aparición del lenguaje articulado. El gen FOXP2 no es más que otra de esas modificaciones». Para Arsuaga, «un apàrato fonador como el nuestro aparece sólo con nuestra especie, aunque los fósiles del género homo anteriores a nosotros, sin llegar a tener un aparato fonador como el nuestro, tampoco lo tenían como el de los chimpancés. Era un estadio intermedio».

--José R. Morala Español@Internet http://www3.unileon.es/dp/dfh/jmr/

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======== To: HISPANIA@LISTSERV.REDIRIS.ES Date: Thu, 15 Aug 2002 10:20:51 +0200 Subject: [HISP] El gen del lenguaje --------De la Revista de agosto de El País de hoy:

EL GEN DEL LENGUAJE

JAVIER SAMPEDRO

Nadie nace hablando, a Dios gracias. Un recién nacido tampoco tendría gran cosa que decir, por otra parte. Pero el caso es que todos los miembros de nuestra especie -y ningún miembro de otras especies- nacemos con unas redes neuronales especializadas en aprender a hablar. Por eso, tal y como adujo Noam Chomsky, al niño le basta oír unas cuantas frases sueltas e inconexas, sin ningún aprendizaje formal, para deducir un sistema fonético y sintáctico completo, capaz de producir infinitas sentencias nunca antes oídas.

Los humanos y los chimpancés éramos la misma cosa hasta que, hace seis millones de años, nos dividimos por alguna razón en dos especies distintas. Una de ellas (los chimpancés) se quedó más o menos como estaba, mientras que la otra (el precursor de los homínidos) empezó a experimentar una historia evolutiva ramificada, tormentosa, frágil. Nadie sabe en qué momento, o en qué mil momentos, los homínidos adquirieron la capacidad innata del lenguaje, pero debe de haber pocos acontecimientos tan cruciales en nuestra prehistoria biológica.

En octubre pasado, Anthony Monaco y sus colaboradores de la Universidad de Oxford descubrieron un gen cuyas mutaciones destruyen la competencia gramatical sin afectar necesariamente a otras funciones intelectuales. En la familia que analizaron, 15 de 29 miembros, a lo largo de tres generaciones, se mostraban incapaces de distinguir los fonemas dentro de una palabra, de generar inflexiones a partir de una raíz, de comprenderlas si no las habían aprendido previamente de memoria y de producir con naturalidad estructuras sintácticas. Los investigadores pudieron deducir que la responsable de todos esos defectos era una mutación (alteración) de un gen llamado FOXP2. Nadie sabe aún qué hace exactamente ese gen, pero la genética avanza a menudo mediante deducciones abstractas.

El mismo Anthony Monaco, en colaboración con el especialista en la genética de los primates Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania), presenta hoy en Nature un análisis comparativo del gen FOXP2 en distintos humanos, otros primates y otros mamíferos. El gen FOXP2, según revelan estos datos, existe en todos los mamíferos. Mejor dicho, no sólo existe, sino que es casi idéntico en todos ellos. Esto no es lo que uno esperaría de un 'gen del lenguaje', dicho así sin más matices. Pero el anterior casi contiene detalles muy relevantes.

FOXP2 ha resultado ser uno de los genes más estables a lo largo de la evolución que se conocen. Un gen no es más que un texto que contiene la información para fabricar una proteína (cada tres letras del gen significan una unidad de la proteína, llamada aminoácido). Las proteínas son largas cadenas de aminoácidos. La proteína significada por el gen FOXP2 es una cadena de 715 aminoácidos. Pues bien, el gen humano y el del ratón sólo difieren en tres de esos 715 aminoácidos, una diferencia asombrosamente escasa. Más aún: de esas tres diferencias, una es común al ratón y a tres de nuestros primos: el chimpancé, el gorila y el macaco rhesus. Las otras dos, por tanto, son específicas de nuestra especie.

Quizá la sorpresa se aprecie mejor mirando los datos de esta forma: los ratones y los humanos éramos la misma cosa hace 130 millones de años, en pleno periodo Jurásico. El gen FOXP2 es tan estable que, durante esos 130 millones de años, sólo ha sufrido un cambio de aminoácido. Y sin embargo, en algún momento de la evolución humana más reciente (tal vez sólo hace unos 100.000 años, sugieren los autores), ha sufrido dos cambios adicionales.

La fecha 'hace unos 100.000 años' que acabo de mencionar es de una extraordinaria relevancia, porque nuestra especie tiene más o menos esa edad. Antes de esa fecha había neandertales, Homo erectus y otros homínidos primitivos. Fue más o menos hace 100.000 años cuando los humanos modernos aparecieron en África, la colonizaron, salieron de ella y se esparcieron por todo el mundo, desplazando a los anteriores homínidos y dejando por primera vez pruebas arqueológicas de la invención evolutiva de la creatividad y de una inteligencia de corte moderno, plenamente formada. ¿Demasiada casualidad?

No creo que haya un solo científico que piense que la especie humana actual se formó gracias a una mutación crucial en un solo gen. Pero es obvio que FOXP2 será investigado desde todos los ángulos imaginables en los próximos años. Se trata de un gen especializado en regular a otros genes, y nadie podrá resistirse a tirar de ese hilo de Ariadna.

--José R. Morala Español@Internet 
http://www3.unileon.es/dp/dfh/jmr/