martes, 19 de agosto de 2008

Aprendizaje vs. instinto

Autor: Varios Autores
Título: Función Cerebral
Editorial/Colec.: Libros de Investigación y Ciencia
Lugar/Fecha/Pág.: Prensa Científica. Bcn. 1ra Reimp. 1995

APRENDIZAJE INSTINTIVO
James L. Gould y Peter Marler
Marzo de 1987
[Presentación] Considerados habitualmente nociones contrapuestas, aprendizaje e instinto actúan a la par: el proceso de aprendizaje, en animales de todos los niveles de complejidad nerviosa, suele instarlo y controlarlo el instinto

[1ª pág]

Suele considerarse el aprendizaje un proceso alternativo al instinto, entendiendo por este último la información que se transmite genéticamente de una generación a la siguiente. La mayoría creemos que la capacidad de aprender constituye una propiedad de la inteligencia. Se dice que la diferencia entre el aprendizaje y el instinto separa a los seres humanos de los animales ''inferiores'', como los insectos. La introspección, esa autoridad engañosamente convincente, le lleva a uno a concluir que el aprendizaje, a diferencia del instinto, se apoya en la toma consciente de decisiones que conciernen a cuándo y qué hay que aprender.

Estudios realizados en las últimas décadas demuestran que no ha lugar a una distinción tan tajante entre instinto y aprendizaje (y entre las fuerzas conductoras que subyacen a los comportamientos humano y animal). Se ha observado, por ejemplo, que muchos insectos aprenden de manera prodigiosa. Y a la inversa, sabemos ahora que, a menudo, el proceso de aprendizaje en los animales superiores, y en los insectos también, se ajusta a directrices innatas, es decir, lo dirige información contenida en la dotación genética del animal. En otras palabras, el propio proceso de aprendizaje suele estar controlado por el instinto.

Según parece, muchos animales, si no todos, están "preprogramados" para aprender determinadas cosas y aprenderlas de determinada manera. En términos evolutivos tiene sentido hablar del aprendizaje guiado de modo innato: a menudo resulta fácil especificar con antelación las características generales de lo que un animal debe ser capaz de aprender, aún cuando no puedan especificarse los detalles. Pensemos en las abejas; éstas se hallan, de suyo, adaptadas a aprender la forma de diversas flores, pero sería imposible equipar a cada abeja, al nacer, con una guía de campo de todas Ias flores que en su día visite.


El aprendizaje guiado de forma innata (el aprendizaje instintivo) se da en todos los niveles de complejidad mental del reino animal. En este artículo, nuestros ejemplos se tomarán sobre todo del comportamiento de abejas y aves, en las que se ha centrado nuestra experiencia respectiva, pero los resultados pueden generalizase a los primates, e incluso al hombre. Hay pruebas sólidas de que el proceso de aprendizaje del lenguaje está guiado en gran medida por capacidades y tendencias innatas.

Dos marcos teóricos

Dos planteamientos del estudio del comportamiento ejemplifican la distinción frecuente entre aprendizaje e instinto: la etología y la psicología del comportamiento. Por etología suele entenderse el estudio del instinto. En la visión etológica del mundo, la mayor parte del comportamiento animal está gobernada por cuatro factores fundamentales: estímulos provocados por los signos (señales que se reconocen de forma instintiva), programas motores (respuestas innatas a señales). Impulsos (impulsos motivacionales de control) e improntas (una forma de aprendizaje restringida y aparentemente aberrante).

Tres de esos factores coinciden en el comportamiento de los gansos al hacer rodar los huevos. De esa conducta se ocuparon Konrad Z. Lorenz y Nikolas Tinbergen, quienes, junto a Karl von Frisch, fundaron la etología. Los gansos incuban sus huevos en nidos en forma de montículos construidos sobre el suelo; a veces, sin advertirlo, el ganso que incuba empuja un huevo fuera del nido. Se desencadena entonces un curioso comportamiento. Al aposentarse de nuevo sobre el nido, el ganso descubre el huevo descarriado. El animal extiende entonces el cuello y fija la mirada en él, lo levanta y lo hace rodar suavemente con el pico de vuelta al nido. A primera vista, parece una solución muy meditada de un problema. En realidad se trata de un comportamiento estereotipado e innato. Cualquier objeto convexo, sea cual fuere su color y casi con independencia del tamaño, desencadenó idéntica respuesta; sirven, sobre todo, las botellas de cerveza.

En este ejemplo, los perfiles convexos que desencadenaron el comportamiento son lo que el etólogo considera estímulos provocados por los signos. La respuesta de rodar el huevo es el programa motor. El comportamiento entero esta controlado por un impulso que aparece unas dos semanas antes de que el ganso ponga los huevos y persiste hasta unas dos semanas después de que hayan eclosionado. Los gansos dan muestra también de la impronta sufrida: durante el período de sensibilización inmediata a la eclosión, los ansarones seguirán a cualquier objeto que les preceda con tal de que emita la voz de reclamo "com-com'', que reconocen de modo innato; a partir de entonces tratarán al objeto como a un progenitor.

(...)