miércoles, 13 de agosto de 2008

Abelardo y Eloisa

Date: Sat, 18 Dec 2004 14:51:21 -0500
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* Fuente:
http://www.elsemanaldigital.com/pistas.asp?idarticulo=24338
José Antonio Ullate

Étienne Gilson. Eloísa y Abelardo. Traducción de Serafín González. Prólogo de Juan Cruz Cruz. Revisión y apéndice bibliográfico de María Idoia Zorroza. EUNSA. Pamplona, 2004. 183 pp. 11

18 de diciembre. Pocas personas -fuera de los que han tenido que estudiar historia medieval o de la filosofía- pensarían que en la primera mitad del siglo XII pudo vivirse una historia de pasión como la que protagonizaron el filósofo y teólogo escolástico Pedro Abelardo y su discípula Eloísa. Tan excesivos fueron estos amores que no han faltado eruditos que hayan negado la autenticidad del intercambio epistolar entre los amantes, en el que se expone este romance.

Para la Historia, Abelardo fue un gran filósofo, un maestro de gran ascendiente sobre sus alumnos y a la vez algo así como un "famoso", cuyas noticias alimentaban las conversaciones de sus contemporáneos y hombre cuyas teorías habían de abrir nuevos caminos a la especulación filosófica y teológica. Desde el punto de vista de la gran Historia, él es el protagonista de esta relación. Eloísa, sin embargo, puede aparecer como un contrapunto, como una réplica femenina sin aportaciones propias: joven alumna del gran maestro, inteligente discípula, apasionada amante, y religiosa conventual bajo instigación de Abelardo.

En realidad las cosas fueron más complicadas. Eloísa (como se ha demostrado después de que se escribiera este libro de Étienne Gilson, de 1948) era una mujer con un pensamiento vigoroso, sobre todo en materia espiritual (Constant Mews, The Lost Love Letters of Heloise and Abelard, 1999). Su intelecto despierto acuciado por su azarosa vida sentimental se vio abocado a una profunda reflexión filosófica sobre la naturaleza del amor humano.

El libro de Étienne Gilson está formado -muy al estilo gilsoniano- por una serie de conferencias que no pretenden seguir en orden cronológico la azarosa relación, sino que giran en torno a diferentes aspectos de la misma. Gilson se basa sobre todo en la confesión del propio Abelardo, su Historia calamitatum [Historia de mis calamidades], en la que con un enfoque directo relata su versión de los hechos que contribuyeron a crearle tantos problemas. El famosísimo Abelardo, siendo ya un maestro de gran prestigio y cuarentón, se hospeda en casa del canónigo Fulberto, quien vive junto con su joven sobrina Eloísa. El tío era consciente de las capacidades de la sobrina y ve con buenos ojos que su amigo Abelardo la instruya en clases particulares que, como es de esperar a estas alturas, encendieron la chispa de la pasión entre ellos, y aquello era cosa tal que en aquellas particulares clases los libros quedaban arrumbados y solitarios mientras docente y discente pasaban a otros terrenos menos especulativos y más experimentales. Experimentos que, como es lógico, no iban a traer nada bueno. De momento ella queda embarazada, hay boda secreta para aplacar al furibundo tío canónigo (Abelardo era clérigo pero no estaba ordenado in sacris). Pero el rencor del tío no se aplacó y le llevó a confabularse con una partida de malhechores, que castraron al maestro Abelardo.

Mutilado de tan brutal forma, el que fue discípulo de Roscelino inicia así un proceso de conversión. Acaba profesando como monje y recibiendo las órdenes mayores. Eloísa ingresa en el monasterio del Paráclito y es en este período en el que intercambian las interesantes cartas que analiza también Gilson. Obra muy interesante, pues aunque la investigación histórica ha hecho abundantes progresos con posterioridad, las sugerentes observaciones de Étienne Gilson (que simpatiza más con Abelardo que con Eloísa) no dejan de tener actualidad.