jueves, 14 de agosto de 2008

El "Prestige"

La Razón digit@l
Opinión - Medio ambiente
viernes 3 de enero de 2003
Amando DE MIGUEL

Empiezo por expresar mi disgusto terminológico por esa etiqueta de «medio ambiente». Bastaría con cualquiera de las dos palabras. Me inclino más por la de «ambiente». Pero sigamos con asuntos de mayor enjundia.

La creencia más general de la gente es que las cuestiones ambientales consisten en cuidar la naturaleza, no tanto servirse de ella. De ahí que se identifique el medio ambiente con las agresiones que pueda recibir, no tanto con los beneficios que se puedan obtener. Es evidente que la buena gestión de las playas (extensión, limpieza, servicios, etcétera) beneficia a los turistas y a los negocios turísticos cercanos. Esa asociación se puede extender a otros muchos ejemplos.

Lo que no se puede sostener es otra creencia generalizada, la de que los costes de conservar y mejorar el ambiente deben recaer en el Estado. Bonita combinación, la de inversión pública y beneficios privados.

Claro que peor es todavía lo que los partidos de la oposición pretenden con el reciente desastre del «Prestige». Es una idea suicida. Se proponen conseguir que cunda la noción de que la culpa del desastre la tiene el Gobierno (de España o de Galicia). El suicidio está en que, de prosperar esa interpretación, sería difícil cobrar las correspondientes indemnizaciones privadas. Aunque no se retuerza tanto el asunto, el hecho de culpabilizar al Gobierno implica que todo el coste de limpiar y regenerar la costa debe correr a costa del contribuyente. Alto ahí. Bien está que el erario ayude a las víctimas de las catástrofes, pero los que se van a lucrar de esa inversión deben aportar más. Lo de que «los trabajadores» decidan colaborar con no sé qué porcentaje de su sueldo me parece una decisión impresentable. Más aún, porqué no la toman «los trabajadores», sino unos señores sindicalistas que no trabajan y sólo representan una minúscula fracción del cuerpo laboral.

Lo peor que le puede ocurrir al inmenso desastre del «Prestige» es que deje de ser noticia. Todo pasa. ¿Quién se acuerda hoy de las «vacas locas»? Echo en falta una fuerza conjunta, empresarios y Gobierno, para regenerar las costas gallega y cantábrica. Los empresarios privados deberían contribuir con una buena cantidad de dinero en lugar de esperarlo todo del maná oficial.

En todo caso, la misión fundamental del Gobierno debe ser la de gestionar la factura del desastre para que pague el desprestigiado propietario del «Prestige». Es lo que sucedió con otra catástrofe parecida en Alaska hace unos lustros. Por cierto, anoten que se tardó varios años en limpiar la costa.