viernes, 30 de mayo de 2008

Palestina

Lunes, 13 de noviembre de 2000
GABRIEL ALBIAC

La invención de Palestina

La inerte lógica de las cosas llevará a Yasir Arafat a una proclamación unilateral de independencia en los próximos meses. Y, con ella, al cierre de fronteras con el Israel vecino. Cortada, así, de su principal fuente de trabajo y salario, la población palestina naufragará en un paro y una crisis económica insoportables. Ni siquiera las descomunales ayudas internacionales, despilfarradas por el rais y su espectacular red de corrupción familiar, podrán atenuar el desmorone. La forja nacional se erigirá en la ruina, como se fundó en la sangre.

Puede parecer extraño que, habiendo conseguido de Barak, hace unos meses, concesiones óptimas -incluida la presencia simbólica en Jerusalén-, optara Arafat por una salida belicosa, de coste aplastante: humano y económico. Pero el problema de Arafat no es otro que el de inventar una identidad nacional, para no verse desbordado por los gestores de identidad religiosa islámica. Y las identidades nacionales se inventan sólo en la mitología de la guerra y de la sangre. Lo inaceptable de la generosa oferta israelí era el ser oferta. Y, encima, generosa. Al fin, era ignorar que la frustración fundante de la OLP está en que no restaura nada. Jamás existió Estado o nacionalidad palestina. Hasta que Israel lo quiso.


Tras un primer plan de partición, esbozado en 1946 y modificado en 1947, la formación de dos estados -árabe y judío- sobre la Palestina otomana fue aprobada por la Asamblea General de la ONU. 14 de mayo del 48. La invasión de los ejércitos árabes dio al traste con ella. Para Siria, Jordania y Egipto, se trataba formalmente de «arrojar a los judíos al mar». También -y en idéntica medida-, de vetar una Palestina independiente.

Tras la derrota árabe, en 1949, Israel incorpora 6.700 kilómetros cuadrados de territorio. Egipto se apodera de Gaza. Jordania se anexiona Cisjordania, y, con ella, la práctica totalidad del territorio que la ONU previó como Estado palestino; sólo en sus agonizantes años últimos, cederá el rey Husein su soberanía a una OLP a la cual antes masacró.

El armisticio de 1949 fijó un mapa político imprevisto. Palestina había muerto antes de empezar a existir. Aún en 1956, Ahmed Chuqueiri, futuro presidente de la OLP, podía proclamar cómo era «público y notorio que Palestina no es más que Siria del sur».

La más honda paradoja del Cercano Oriente es que Palestina existe sólo porque existe Israel: sin él, jamás hubiera pasado de provincia jordana. Y que, cerradas fronteras con Israel, no hay futuro palestino que no dé sobre la ruina.

albiac@mundofree.com