viernes, 30 de mayo de 2008

Refranes y filosofía

REFRANERO FILOSOFICO

Esta sección nace con el deseo de que descubramos la relación que existe entre la filosofía llamada académica y la filosofía popular del refranero. Se trata de un juego: el de relacionar un refrán con teorías o/y autores de la tradición filosófica.

INDICE

"DONDE FUERES, HAZ LO QUE VIERES" y la moral provisional de Descartes. Por Julián Jesús Martínez López, prof. del I.E.S. Octavio Paz (Leganés).

"NO POR MUCHO MADRUGAR AMANECE MAS TEMPRANO" y la teoría de las ideas de Platón. Por Luis Fernández Castañeda, prof. del I.E.S. Octavio Paz (Leganés).

"SI NO LO VEO, NO LO CREO" . Por Joan Manel Bueno; prof. del I.E.S. Joan Oró (Lérida).

Del dicho "donde fueres, haz lo que vieres" y la moral provisional cartesiana (por Julián Jesús Martínez López, prof. del IES Octavio Paz).

Es éste un consejo cauto. Hay que ser precavido, especialmente en tiempos revueltos. Pongamos por caso que nos vemos de pronto en un baile de máscaras sin disfrazar, o en una playa nudista, sin desnudar. Más vale bailar al son que toque y no disgustarse demasiado por los matices. Vestido o desnudo, mejor no desentonar; sobre todo si desconocemos las posibles reacciones de los celebrantes del baile o la idiosincrasia de los bañistas.

Tiempos revueltos pueden ser los nuestros, cerca del segundo milenio (en realidad, tercero). También revueltos fueron los revolucionarios tiempos de la Ilustración. O allá, por las desgarradas decadencias del Imperio Romano. O un poco más cerca, en la época en la que me gustaría centrarme: la Europa de las guerras de Religión en el siglo XVII.

Ahí está, con aspecto de mosquetero de Dumas, más incluso, por ser un contemporáneo real de los verídicos mosqueteros. Es un espadachín, un mercenario, un filósofo: René Descartes.

En sus libros podemos leer los apuntes de lo que el llma una moral provisional , moral de paso, para viajeros en el espacio o en el tiempo, moral para nómadas que esperan algún día asentarse y construir una gran moral firme para almas y cuerpos arraigados.

Descartes hubo de vérselas en su tiempo con la censura, y hubo de eludirla con ingenio y disimulo. Hubo de saltar en sus periplos de regiones bastante tolerantes, como la Holanda de su tiempo, a lugares menos condescendientes con la libertad de expresión, como podía ser el caso de la misma Francia.

Descartes, nos da varios consejos de moral provisional, así por ejemplo, nos aconseja:

- Obedecer las leyes y costumbres del país donde estemos, buscando siempre las opiniones más moderadas, y huyendo de los excesos.

- En la vida, para actuar no hace falta esperar a la evidencia, basta con que algo nos parezca probable y verosímil, sino caeríamos en la indecisión.

- Esforzarse más en cambiar los pensamientos propios que el orden del mundo.

Vemos que es esta una moral de modales y de formas, que no formal; una moral de estrategia y de paso. Pero, que sirve para no quedarse más sólo que la una, o para salvar el pellejo. Más que moral es una artimaña para sobrellevar "cómodamente" la vida. Ya sabéis:" Allí donde fuéreis, haced lo que viéreis".

NO POR MUCHO MADRUGAR AMANECE MAS TEMPRANO,Luis Fernández Castañeda, profesor de filosofía del IES Octavio Paz.

No se deben confundir los deseos con la realidad, esto lo sabe casi todo el mundo, pero no siempre es posible llevarlo a la práctica. A menudo nos empeñamos en que las cosas son como deseamos que sean, y pasamos por alto su realidad. En una palabra: metemos la pata. Platón insiste en la objetividad de las Ideas: ellas están ahí independientemente de nosotros, nuestros deseos no las cambian, ni las hacen más grandes ni más pequeñas, ni les mudan el color. ¿Sabes que existe el número pi? Al número pi le importa un pePIno que lo sepas o no. El número pi tiene mucho trabajo en este mundo, ya que él regula, entre otras cosas, el volumen de todas las esferas y cilindros. Sin él no se podría calcular, por ejemplo, la cilindrada de un coche. Ahora bien, lo sepas o no, te parezca un rollo o algo muy interesante, ¿qué más le da a pi? El es como es, y lo que tú pienses de él le trae sin cuidado: ningún deseo tuyo podría cambiarlo. Las Ideas son como son, quermoslo o no. Por eso no por mucho empeñarte en algo vas a tener razón. No por mucho madrugar amanece ms temprano, aunque también hay que decir: no por pensar poco se tienen las ideas más claras.

"Si no lo veo, no lo creo". Joan Manel Bueno, prof. de filosofía del I.E.S. Joan Oró.

Esta idea, tan arraigada en el saber popular, parece ser la tesis central de David Hume, filósofo escocés del XVIII (1711-1776). La verdad es que Hume no exageraba tanto las cosas, y que también aceptaba que hay que creer lo que oyes, lo que tocas, lo que hueles, lo que gustas, es decir, la información que te ofrecen los sentidos. No hay más fuente de conocimiento que ésta, y nuestro filósofo ilustrado, contemporáneo de Newton y entusiasmado con el saber que aporta la experiencia, planteaba su convicción con tal radicalidad que llegó a afirmar que la inmensa mayoría de los libros que pueblan las bibliotecas sólo contienen tonterías y que el mejor destino para ellos sería la hoguera. Está claro que Hume no fue el primero en defender esta posición. Cuentan los evangelios (Jn 20, 24-29) que ya santo Tomás tuvo sus problemillas para aceptar que Cristo se había aparecido al resto de los apóstoles una vez muerto, y que sólo renunció a sus dudas cuando Cristo se le apareció y le obligó a meter la mano en las heridas producidas por la crucifixión. Y unos cuantos siglos antes Aristóteles insistía, contra Platón, en que todo el conocimiento tiene su principio en los sentidos. En tiempos de Hume (algo antes) otros autores defendieron esta primacía de la experiencia (Locke, Berkeley): les llamamos empiristas (de empeiria, experiencia en giego). Pero lo cierto es que, aun aceptando tan ilustres antecesores, a Hume se le fue un poco la mano. Una cosa es defender que hay que contar con la experiencia, y otra empeñarse en que no somos más que un papel en blanco que la vida va llenando. "Si no lo veo no lo creo", de acuerdo. Pero para ver hay que mirar, y este pequeño detalle se le escapó al escocés y le llevó a un callejón sin salida, porque los papeles no saben mirar, son simple receptáculo pasivo que no entiende nada (intenta escribir al azar las ideas principales de un texto y espera a ver si el papel te hace él solito el esquema bien estructurado –y fíjate en que ya eres tú quien ha decidido cuáles son las ideas principales). El conocimiento estructura, selecciona, y querer reducirlo a pura recepción pasiva de la experiencia es no entender nada. La razón es activa, y pone orden: los calcetines con los calcetines, las camisas con las camisas. Los calcetines y las camisas los aporta la experiencia, pero los cajones (bien organizaditos, no como un caótico papel en blanco, sin pautas) los aporta la razón. Me temo que estoy alejándome demasiado del refrán con el que empezábamos. Dejémoslo así de momento. Usa tus sentidos si quieres saber algo del mundo y no vivir en un universo de fantasía, pero no olvides que, además de ver, hay que pensar lo que uno ve. Si quieres saber más cosas de cajones, camisas y calcetines no tendrás más remedio que cruzar el Canal de la Mancha y poner rumbo a Königsberg (Prusia, actual Alemania) para tomar contacto con Immanuel Kant. Anímate a proseguir la travesía.

Joan Manel Bueno. Profesor del Instituto Joan Oró de Lérida.