viernes, 31 de octubre de 2008

B.H. Lévy. ¿Quién mató a Daniel Pearl?

en: "*Lévy(2003), Bernard-Henri Lévy, "¿Quién mató a Daniel Pearl?", Tusquets Editores, Barcelona, diciembre 2003, pag. 265

Todo el mundo parece creer que Al-Qaeda y Ben Laden son una y la misma cosa. Todos, tanto los occidentales como los árabes de a pie,parecen dar por sentado que el millonario saudí y su familia financian de su propio bolsillo a esa organización terrorista. Y eso ha influido en la propaganda del personaje; ese tópico del hijo de papá que sacrifica su inmensa fortuna en aras de la venganza árabe no deja de tener su peso en la creación de la leyenda, Pues ¿qué mejor manera de alimentar su popularidad que esta imagen tipo Epinal -copiada en parte, por lo demás, de esa otra, la de nuestros millonarios rojos que financiaban románticamente la revolucion mundial, Hammer, Feltrinelli-, imagen, digo, de niño bien rebelde y maldito, de asceta, de heredero que decide hacer don de sus bienes a los condenados de la tierra y a Alá? 

Lo malo es que es falso. Al-Qaeda -de eso me doy cuenta en Dubai- hace tiempo que dejó de ser esa virtuosa empresa familiar que se bas ta a sí misma. Es una mafia, un trust. Es una gigantesca red de extorsión para conseguir fondos que se extiende por todo el planeta y que, lejos de empobrecer a Osama ben Laden, le daba y le da beneficios. Red que abarca desde el chantaje normal y corriente hasta el cobro de impuestos sobre el juego, como hace la mafia de Macao, o sobre la venta de droga en Afganistán, pasando por una serie de mecanismos de fraude financiero sofisticados, casi imposibles de descubrir, pues se basan no en el robo sino en la duplicación de tarjetas de crédito. Son jovenes economistas como Omar Sheij que pasan a ser maestros en el arte de venderles a los occidentales sus propias trampas, es decir, en volver contra el Occidente comercial sus armas y hasta sus defectos:

-¿Conoces la técnica? -me pregunta Sultan-. Consiste en vender una acción que no poseemos pero que un banco nos ha alquilado con comisión y que volveremos a comprar a precio de mercado algo mas tarde, cuando llegue el momento de devolvérsela al banco. Supón que el título vale cien, pero tienes buenas razones para creer que valdrá cincuenta. Supon que sabes, por ejemplo, que se va a cometer un atentado contra el World Trade Center y que las bolsas van a caer. Pues bien, tú alquilas el título y lo vendes inmediatamente a precio de mercado, que sigue siendo cien; y cuando el atentado hace, como habías previsto, que tu título caiga a cincuenta, vuelves a comprar a este precio lo que acabas de vender a cien y así te embolsas tranquilamente la diferencia. Esta técnica la inventaron los bancos británicos y estadounidenses, pero aquí en Dubai nosotros la adoptamos enseguida. Conozco un banco que hizo aquí esta operación entre el 8 y el 10 de septiembre, con los grandes valores del DowJones, a cuenta de operadores relacionados con Ben Laden; tengo el nombre de un banco que, al «shortar», como decimos nosotros, ochenta mil títulos de United Airlines el 7 de septiembre y luego mil doscientos de American Airlines la mañana del 10, permitió que el atentado contra las Torres Gemelas se autofinanciara.

¿Qué banco es ése? Sultan no me lo dirá. Pero al día siguiente me dará la traducción de una entrevista a Ben Laden publicada el 28 de septiembre en Ummat, uno de los periódicos en urdu de Karachi: «Al-Qaeda está lleno de jóvenes modernos y educados que conocen las fallas del sistema financiero occidental ("who are aware of the cracks inside the Western financial system") y que saben cómo aprovecharlas. Esas fallas, esos puntos débiles, son como un nudo corredizo que estrangula al sisterna». Sin comentarios.