viernes, 10 de octubre de 2008

“La Tabla Rasa” 13: Altruismo



Según Pinker “La tragedia más evidente nace de la diferencia entre nuestros sentimientos hacia los parientes y nuestros sentimientos hacia los no parientes, una de las divisiones más profundas del mundo de los seres vivos” (ibidem, pág. 360).

El amor y la protección hacia la familia se da en todas partes y el nepotismo, en lo que al ejercicio del poder y sus privilegios, también. Otra cosa es que los países más adelantados lo encubran y pongan diferentes trabas legales y de opinión pública para evitar los casos más descarnados. La solidaridad con los parientes ha socavado siempre los regímenes colectivistas, no importa que sean de raíz religiosa o política, y tanto es así que a lo largo de toda la historia los dirigentes de un grupo social han formado a sus participantes para redirigir esta solidaridad al seno del grupo. Hermandades, fraternidades, familias mafiosas, movimientos políticos donde “somos todos una familia”, utilizan la misma estrategia: ampliar y redirigir el impulso de ayuda hacia los miembros que no están ligados genéticamente. Obsérvese que no sucede lo mismo al contrario: “Ninguna sociedad, para fortalecer la familia, intenta que se parezca a un sindicato, un partido político o un grupo religioso” (ibid. Pág. 363).

Ello no significa que no se coopere con otras gentes, sólo que no se hace con la misma espontaneidad y “naturalidad” como entre parientes.

Tampoco implica la ausencia de contradicciones, odios y recelos en los grupos familiares; existen igual e incluso, por las estrechas relaciones, más acentuados. Hay conflictos entre padres e hijos, entre hermanos, y entre parientes en general. “La predicción más evidente de la teoría del conflicto entre padres e hijos es que los padres y hermanos tendrán unas percepciones diferentes de cómo los primeros trataron a los segundos” (pág. 367). Difícilmente se encontrarán en las relaciones humanas una estabilidad y armonía permanente. Tan raro es el caso que en las poquísimas veces que se vislumbra algo parecido llama la atención a todos y es materia de ensalzamiento y envidia. La derecha radical considera a la familia con una especie de cielo terrenal donde, si está bien constituida (con arreglo a las convenciones legales y morales vigentes) es normal que reine la paz, el amor y la mutua comprensión con las debilidades ajenas. La realidad es bastante diferente, incluyendo las familias de los que preconizan tales delicias.

Pero ello no quita que exista ese sentimiento general de ayuda hacia los parientes incluyendo aquellos que si no fuera por este lazo, no tendríamos la menor relación con ellos.

Entonces la psicología se plantea la cuestión de cómo se ha desarrollado y en que se funda las relaciones altruistas entre extraños. Y sobre ello existen diversas teorías que Pinker desarrolla. En sustancia el valor de la “reciprocidad” es el hilo conductor en estas relaciones. Se observa que en las situaciones de peligro real o probable, el valor del altruismo está en alza. Las relaciones de compañerismo que se dan, por ejemplo, durante la guerra, en el frente, han sido cantadas de muchos modos por diferentes escritores e ideólogos. Pero no es una virtud de la guerra en si misma, sino la consecuencia inevitable de compartir idénticas miserias y estar sujetos al cruel azar.

El altruismo en todas sus formas, que facilita la formación de sociedades homogéneas capaces de enfrentar grandes dificultades, también implica una red de sentimientos desagradables que son su contrapartida: ansiedad, desconfianza, culpa, vergüenza y enojo. El autor cita las frases de Matt Ridley en su estudio sobre la evolución de la cooperación: “La reciprocidad pende, como una espada de Damocles, sobre la cabeza de todo ser humano. Me invita a su fiesta, por tanto haré una buena reseña de su libro. Han venido a cenar a casa dos veces y no nos han invitado a la suya ni una sola vez. Después de todo lo que hice por él ¿cómo me puede haber hecho esto? Si haces esto por mí, te prometo que te lo recompensaré más adelante ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Me lo debes. Obligación, deuda, favor, trato, intercambio, acuerdo… Nuestra lengua y nuestra vida están impregnadas de ideas de reciprocidad.”(pág. 376).

No obstante todo el mundo sabe que a veces se hacen cosas por nuestros semejantes sin pensar, ni desear, nada a cambio. Ello también forma parte del cemento social, y es algo que no debe ser desdeñado, aunque tal virtud no es el modo dominante de interacción humana. Si fuera así, gran parte del aparato de una sociedad, empezando por los tribunales carecerían de trabajo y ni siquiera habrían aparecido. Es imposible basar la economía de un país en el honor de la palabra empeñada, aunque sepamos que hay gente que se comporta así. La diversidad humana está siempre presente y en ella el papel genético es importante pero no explica todas las conductas posibles y reales. Podemos desarrollar un sentimiento de generosidad si contamos con amigos y vecinos en cantidad suficiente para sentirnos bien imitándolos, pero algunas personas necesitan muchos, en cambio otras se bastan con algunos ejemplos a mano.

“No hay duda de que los genes son un factor. La escrupulosidad, la amabilidad, la neurosis, la psicopatía y la conducta delictiva son sustancialmente hereditarias (aunque en modo alguno completamente hereditarias) y quizá lo sea también el altruismo”. (pág. 382). El caso de los psicópatas muestra como las tendencias personales influyen en el futuro de sus portadores, y la importancia del medio puede ser mayor o menor en la medida que los impulsos genéticos apoyen o no la conducta social de los individuos. El tema es complejo y no hay explicación sencilla. La configuración personal genética no explica nada por si sola, y las influencias y estrategias que se manifiestan en una sociedad concreta no resultan del puro azar ni de una historia que haya surgido sin relación con la naturaleza humana que es su substrato vital.