viernes, 31 de octubre de 2008

Hezbolá

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La historia de Hezbolá explica por qué no va a desarmarse bajo ningún concepto
Permalink 12.09.06  
[Hezbolá ha inventado el terrorismo suicida islamista]
 El pasado agosto, ‘Periodista Digital se hizo eco insistentemente de 'una aguda entrevista publicada en el diario argentino Página 12', al diputado libanés y uno de los líderes de Hezbolá, Hassan Hajj Hussein. Preguntado sobre el apoyo logístico que, supuestamente, Irán presta a Hezbolá, el diputado libanés reta al entrevistador: 'Lo desafío a que me aporte la más mínima prueba de que somos un instrumento de Irán'. Hezbolá, el 'Partido de Dios', tiene 25 años a sus espaldas y se ha configurado como el verdadero dueño del Líbano. Es toda una potencia aguerrida y fanática que inventó el terrorismo suicida contemporáneo. No es vano recordar su pasado, para conocer su presente y su futuro.

Porque el diputado del grupo Ali Ammar ha dejado claro que "la resistencia conservará sus armas, que son como el Evangelio y el Corán", en un discurso pronunciado esta semana ante miles de personas en los barrios del sur de Beirut. Ammar acusó a los detractores del grupo chií de "haber planificado el asesinato de la resistencia en colaboración con los norteamericanos y los israelíes", en alusión al movimiento antisirio denominado "Catorce de Marzo", creado tras el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri. Dicho movimiento controla el Gobierno libanés, de 24 ministros, entre los que hay solo dos de Hezbolá.

Según el diputado chií, "las fuerzas del ’Catorce de Marzo’ se alinearon con el enemigo israelí desde el principio" de la guerra entre Hezbolá e Israel, el pasado 12 de julio. Por ello, estimó, "este gobierno debe irse" ya que está formado por "una mayoría ilusoria, que usurpó el poder". El movimiento del "Catorce de Marzo" presiona en favor de la aplicación de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU, que exige el desarme de Hezbolá, y conforme a la que Siria tuvo que reiterar sus tropas del Líbano en abril de 2005.

LA ‘FATUA’ DE 1983

En octubre de 1983, una fatwa emitida por el jeque Mahdi Chams ad-Din', antigua mano derecha del imán Musa Sadr y vicepresidente del por entonces postergado Consejo Superior de la Chía, no sólo fue un llamamiento a la desobediencia civil sino que instó a la comunidad a resistir a la ocupación del sur apelando al imán Husein y a su martirio en Kerbala a manos de los impíos omeyas. Tres semanas después, el 4 de noviembre de 1983, un joven de 20 años se puso al volante de un coche rojo aparcado frente a su casa y repartió besos y bendiciones a cuatro hombres presentes. Condujo hasta la puerta de un cuartel ocupado por los israelíes y cuando le pidieron que se identificara abrió la guantera y saltó por los aires. Con él murieron 60 personas, 29 de ellas soldados israelíes. Así nacía el terrorismo suicida islamista, un privilegio que corresponde a los chiítas libaneses aleccionados por los agentes subversivos enviados por el régimen teocrático de los ayatolás de Irán.

Hezbolá comenzó a fraguarse en 1982, pocos meses después de la segunda invasión israelí, con la fusión de tres grupos chiíes libaneses, en medio de un ambiente favorable al islamismo gracias a la semilla plantada por Musa Sadr y los jeques Chams al-Din' y Fadlahah, según cuenta el libro reciente 'Hizbulah, el brazo armado de Dios', del corresponsal de la agencia Efe en Oriente Medio Javier Martín, una de las pocas fuentes serias en español, aún teniendo en cuenta que Martín en su libro no oculta sus simpatías por el movimiento que retrata y sus antipatías por el oponente israelí.

Pero sigamos con la historia. Durante tres años, un núcleo primigenio de clérigos, apoyados por Irán, trabajó en la clandestinidad para aunar a las distintas facciones bajo un liderazgo único que el 16 de febrero de 1985 se presentó al mundo como un movimiento de resistencia islámica, el 'Partido de Dios'. Durante un tiempo se había llamado Yihad Islámica pero finalmente se adoptó esa denominación procedente de la aleya 56 de la sura 5 del Corán. Ese 16 de febrero, -primer aniversario de la muerte del jeque Raghab Harb, uno de los primeros paladines de la lucha armada, asesinado por tropas israelíes-, el portavoz del grupo Ibrahim al-Amin Sayed, dio inicio oficial a la resistencia contra la ocupación israelí.

Los tres grupos compartían admiración por el régimen de los ayatolas y cada uno aportó tres miembros a un primer Consejo o Majlis. El 'manifiesto de los nueve' recibió el visto bueno del ayatolá Jomeini, que ordenó a la Guardia Revolucionaria Iraní que les apoyara, en primer lugar a través de instrucción militar. Oficiales de alto rango iraní visitaron Siria, que permitió abrir un corredor para el trasiego libre de militares iraníes por su territorio y el establecimiento de campos de instrucción militar en el valle libanés de la Bekaa, cerca de sus propios acuartelamientos. Miles de adolescentes libaneses, educados por los clérigos, pasaron de las huseyniyas (escuelas) a los campos de entrenamiento militar donde aprendían a manejar armas y explosivos, y 'tácticas bélicas a caballo entre la guerrilla y el terrorismo'. Sólo en el primer año de resistencia en el Líbano, unos 1.500 'pasdaranes' o guardianes de la revolución iraní se establecieron en escuelas coránicas de Balbeck y otras localidades de la Bekaa, dice Martín.

El ahora secretario general de Hezbolá, el jeque Hassan Naralah, miembro de la oficina política, completó sus estudios teológicos en Nayaf. Ha contado al diario As-Safir: 'El principal objetivo en aquel tiempo era atraer jóvenes para enviarlos a los campos militares, donde eran entrenados y organizados para actuar en grupos contra las fuerzas de ocupación. El segundo objetivo era predicar para estrechar el odio al enemigo e inocular el espíritu de resistencia'.

Desde el principio el liderazgo del grupo ha sido colectivo, el secretario general no es más que el director de una empresa. El Majlis decidió adoptar la línea política de Irán y aceptar su ayuda financiera. Los ayatolás iraníes son aceptados como máxima autoridad religiosa y por tanto política. El Wali al-Faqih (el ayatolá Jomeini) era considerado el propio máximo líder.

Gracias a la enorme ayuda recibida, lo que era un grupúsculo se convirtió en tres años en un destacamento aguerrido.

El grupo se ha mantenido siempre fiel a sus raíces iraníes y a su apuesta por la Yihad desde aquella mañana de febrero de 1985, en la que Al-Amin Sayed frente a centenares de seguidores, muchos armados y con uniforme militar, gritó: 'No poseemos un ala militar que sea independiente del resto de nuestros organismos. Cada uno de nosotros es un combatiente cuando se llama a la yihad, y cada cual desempeña sus obligaciones cuando se desencadena la batalla. Alá nos respalda y nos protege mientras llenamos de temor el corazón de nuestros enemigos'. Un precedente clarísimo del discurso de Al Qaeda.

Siempre han negado su participación en los atentados de Argentina en 1992, cuando 29 personas murieron en un atentado contra la embajada israelí en Buenos Aires, y de 1994, que costó la vida a 85 personas en un centro cultural judío tambièn de Buenos Aires. Pero existen indicios importantes nunca rebatidos del todo.

EL CORÁN Y LA METRALLETA

Según se cita en 'Principios políticos, filosóficos, sociales y religiosos del Ayatollah Jomeini' (Icaria, Barcelona 1981, 124 páginas, en traducción del francés de María Rodríguez Bayraguet y Karmele Marchante) pag.16, Jomeini dice: «La guerra santa significa la conquista de los territorios no musulmanes. Podrá ser declarada por el Imán, después de la formación de un gobierno islámico digno de este nombre. Es deber de todo hombre mayor de edad y útil acudir voluntario a esta guerra de conquista en la que la meta final no es otra que la de extender la ley coránica de un extremo al otro de la Tierra. El mundo entero debe saber que la supremacía universal del Islam difiere considerablemente del sistema de poder que motiva a otros conquistadores. Es necesario pues que el gobierno islámico se cree bajo la autoridad del Imán a fin de que sea posible emprender esta conquista que se distinguirá de otras injustas y tiránicas guerras de conquista que hacen abstracción de los principios morales y civilizadores del Islam.»

Es decir, que si la yihad la proclama 'el imán' -los ayatolás que gobiernan Irán- entonces es obligatoria. Si lo hace Al Qaeda, no, porque son suníes y no tienen imanes que dicten doctrina. Irán e Hizbollah practican pues la yihad shiíta, cuyo objetivo es el mismo que el de la yihad sunita: exterminar a los infieles de la faz de la tierra y establecer la 'sharia' de forma universal.

SUICIDA, MÁRTIR O TERRORISTA

El jeque Hasan Nasralah aplicó el término al caso libanés con la denominación 'espíritu de sacrificio', y su mejor ejemplo es el joven Ahmad Qasir, que con 17 años se convirtió en el primer mártir reconocido del grupo. El 11 de noviembre de 1982, 'se subió a un Mercedes blanco, se abrochó el cinturón de seguridad y recitó la 'fatiha', la primera oración del Corán. Probablemente siguió recitándola todo el trayecto por los intrincados vericuetos del sur del país hasta llegar a la puerta principal del cuartel que las tropas israelíes ocupaban en la ciudad meridional de Tiro. Entonces aceleraría y el estruendo de la explosión que se llevaría por delante a 141 personas señalaría el nacimiento en Oriente Medio de una nueva estrategia de lucha que traería cola. Habían pasado escasos meses desde la llegada de los primeros agentes iraníes que impulsarían la subversión.

Sólo entre 1982 y 1985 se registraron casi una treintena de estas 'operaciones de martirio'. Hezbolá trataba de escamotear su responsabilidad objetando que entonces el grupo todavía no estaba definido. Se llamaba Resistencia Nacional Libanesa a un conjunto de grupos de los que los más mortíferos y efectivos fueron Ad-Dawa, uno de los fundadores de Hezbolá, y la Yihad Islamiya 'que se considera una de las tapaderas bajo las que se escondía el naciente Partido de Dios', afirma Martín.

Las explicaciones y coartadas de Hizbullah negando su autoría son un ejercicio refinado de ese que los persas llaman 'ketnam', hablar con doble sentido, una práctica que llegó de Teherán con explosivos y maletines de dinero, en la que se atribuye especial virtuosismo al que fuera presidente iraní Ali Hashemi Rafsanyani, técnica oratoria que practicara también con profusión Husein Musawi y otros portavoces como Nasralah cuando afirmaban que fue Yihad Islamiya y no Hizbolah, el responsable de los atentados contra los marines y la 'fuerza multinacional'.

'La idea de los suicidas había surgido en Irán y tenía en el ayatola Jomeini su principal mentor: al comienzo de la guerra, que su país libró contra Irak entre 1980 y 1988, emitió un edicto religioso en el que justificaba el hecho de que se enviara a niños a correr por los campos minados para abrir las líneas y garantizar así el paso de los tanques iraníes. Esta táctica de 'suicidio consentido y legitimado por la religión' -después empleada por palestinos, chechenos, afganos, saudíes o iraquíes- fue madurada y adaptada en el sur libanés durante los primeros tres años de resistencia que siguieron a la segunda ocupación israelí. La alentaron los jeques adoctrinados por Irán, que convirtieron las 'huseiniyas' -centros religiosos chiíes- en bases para la resistencia. Entre estos dirigentes religiosos destacó Raghab Harb, primer dirigente de Hezbolá asesinado a tiros por un comando de las fuerzas especiales judías', se cuenta en el libro del corresponsal español.

De los campos de entrenamiento de Yibshit y la aldea de Maarakeh, los dos extremos de una comarca conocida como 'el arco de la resistencia', salieron entre 1982 y 1984 la mayoría de los suicidas que sembraron el pánico entre las fuerzas de ocupación israelíes y el contingente enviado por EEUU.

El 6 de junio de 1984, segundo aniversario de la entrada israelí en Líbano, Bilal Fahes, uno de los guardaespaldas de Nabih Berri, jefe de Amal, se montó en uno de los típicos Mercedes blancos que sirven de taxi en el Líbano, y se ocultó entre los limoneros que flanquean la serpenteante carretera de la costa, entre Tiro y Zahrani. Con 18 años recién cumplidos atesoraba ya una gran experiencia militar. Nacido en Yibshit, pupilo del jeque Harb, había sido detenido por la milicia cristiana aliada de Israel durante las primeras semanas de ocupación, pero puesto en libertad a continuación. Los 150 kilos de explosivos que hizo detonar al paso de un convoy de blindados hirieron a nueve soldados israelíes.

Para entonces ya abundaban los voluntarios para el martirio. A cada asesinato selectivo israelí o golpe enemigo, seguía un atentado suicida. El 1o de marzo de 1985, en respuesta a la colocación de una bomba en una huseiniya el día 4 anterior, que mató a doce personas, una de ellas el jeque Yarradi, el mártir Abu Zainab condujo una furgoneta roja hacia otro convoy israelí, a tres kilómetros del asentamiento judío de Metulah, en el norte de Israel, y mató a doce e hirió a catorce soldados volando por los aires con sus 900 kilos de explosivos. Por primera vez, un atentado suicida dentro de la zona de seguridad. Hezbolá comenzaba a actuar abiertamente aunque el atentado fuera reivindicado por Yihad Islamiya.

Pero la operación que consternó al mundo fue el ataque contra la base de 'marines' establecida junto al aeropuerto de Beirut. Una carga de ocho toneladas acabó con la vida de 241 americanos, en el atentado más sangriento sufrido por el ejército estadounidense desde la segunda guerra mundial. El boquete abierto por la explosión alcanzó una profundidad de cuatro metros y la metralla se diseminó varios kilómetros a la redonda.

Tan sólo 20 segundos después, otro artefacto detonó no muy lejos y 58 paracaidistas franceses perdieron la vida en el mayor desastre de su ejército desde la guerra de Argelia. Formaban parte de la fuerza multinacional de la ONU que supervisaba la retirada israelí y la salida de Beirut de los grupos armados palestinos a las órdenes de Yasir Arafat.

EL ARMA MÁS EFECTIVA

En 'La Cuarta Guerra Mundial' (José Catalán Deus, Ediciones Espejo de Tina, Madrid, 2006) se cuenta así: "En 1983 se inicia en Líbano el terrorismo islamista suicida. Los ataques suicidas en la guerra civil libanesa son un punto de referencia en el altar islamista, empezando por el camión bomba que el 18 de abril de 1983 fue estrellado contra la embajada de EEUU en Beirut, provocando 60 muertos. El 23 de octubre se repetían ataques similares contra el cuartel general de los marines, un edificio de siete plantas, en el que murieron 120 soldados, y otro idéntico, tan sólo 20 segundos después, contra el cuartel general de los paracaidistas franceses. El cuarto atentado de la serie tuvo lugar unas semanas después, el 14 de noviembre, contra una base del ejército israelí en Tiro, con 39 muertos. Todos juntos configuran la presentación en sociedad de las acciones suicidas que en las dos décadas siguientes se extenderán como el arma más efectiva del terrorismo islamista. En su primera declaración de guerra a Occidente, en agosto de 1996, Bin Laden celebraba los atentados de Beirut. Estaba claro que se trataba de una nueva arma de inusitada potencia, esa 'bomba atómica de los pobres' que se venía buscando: un terrorista dispuesto a morir en la acción elevaba su eficacia cien, mil veces, era casi imposible contrarrestar su mortífera potencia".

"Efectivamente, al año siguiente las tropas estadounidenses y francesas acantonadas en el país se retiraron después de sufrir otros atentados mortales y una serie de secuestros (cuyo 'remake' ha tenido lugar en Irak sobre todo durante 2004), completadas con acciones terroristas en territorio francés en el verano de 1985. El Hezbolá pro-iraní se convierte en la punta de lanza contra Israel. E irrumpe Hamás, la versión islamista de la resistencia palestina, se cree que con el apoyo israelí y estadounidense en los primeros momentos, para así debilitar la influencia de la OLP de Yaser Arafat".

La operación contra la base estadounidense fue reivindicada en una llamada telefónica a la agencia AFP. Los autores se describían como 'un grupo de musulamnes libaneses soldados de Alá dispuestos al martirio'; su objetivo era establecer un Estado Islámico en Líbano. Las pesquisas sobre la autoría llevaron hasta dos personalidades integristas chiíes: el activista Husein Musaui -en la actualidad asesor de la secretaría general de Hezbolá, y el jeque Fadlalah, uno de los dirigentes espirituales de Amal, ambos ligados históricamente a Hezbolá, que aunque todavía niega oficialmente su autoría en este atentado, alaba la operación y a sus autores, y la califica como 'el primer castigo'.

La figura clave del atentado fue el misterioso Imad Mughniyeh, pieza fundamental también en la llamada 'crisis de los secuestros' que causó el terror entre los occidentales que vivían en el país entre 1984 y 1992. Es considerado por Israel el cerebro de la operación, y está documentada su asidua asistencia a la embajada iraní en Damasco, dirigida entonces por el ayatoleslán Ali Akbar Mohtashemi, considerado el 'padrino' de Hezbolá.

A partir de los acuerdos de Taif en 1990, Hezbolá dejó de atacar a las fuerzas de la ONU y se centró en las fuerzas israelíes.

El pulso entre Irán y Siria por la dominación en el Líbano se concretó en el apoyo sirio a Amal y el iraní a Hezbolá. Siria terminó imponiéndose y Hezbolá acertó a acercarse a los sirios y a aliarse con ellos.

El 19 de agosto de 1989, un suicida llamado Haizam Dibuk detonó su artefacto al paso de una patrulla conjunta cristiano-israelí. Este ataque junto a los protagonizados por los mártires Amer Kalakas, Abdulá Atueh y Assad Birru fueron los únicos cuatro que tuvieron lugar en el tramo final de la década de los años noventa.

EL IRRESISTIBLE ASCENSO DE NASRALAH

Hubo una reforma en Hezbolá en 1989: se creó el puesto de secretario general y nuevos órganos de gobierno como la Oficina Política y el Consejo Ejecutivo. Como secretario general fue elegido uno de los tres fundadores, el jeque Subhi Tufeili.

Los cambios introducidos hasta 1992 configuraron el partido tal como es actualmente. El máximo órgano es aún el Consejo o Shura, integrado por el secretario general y los responsables de los cinco consejos operativos, a saber, guerra santa, político, ejecutivo, parlamentario y judicial (encargado de que la Sharia rija toda la actividad del partido). El consejo de la Yihad o guerra santa tiene autonomía para decidir sus acciones suicidas, que se han combinado en años pasados con operaciones militares convencionales que incluyen el uso de misiles.

Musawi accedió a la secretaría general en 1991, tras dirigir durante años la resistencia en el sur. Miembro fundador, combatiente feroz, organizador de las milicias del partido, urdidor de algunas de las operaciones suicidas más sonadas, fue asesinado por Israel menos de un año después, acontecimiento clave para la evolución del Partido de Dios.

Horas después de su muerte, el Consejo de Shura nombró a Hassan Nasralah, un joven clérigo de 32 años discípulo de Musawi. Su liderazgo es acatado y celebrado, su figura respetada en todo Oriente Medio, su palabra tiene peso en las ciudades santas de Nayaf y Qom, y su modelo de resistencia está siendo imitado en Irak por Muqtada al-Sadr.

Desde mediados de los ochenta con dinero iraní, el partido ha establecido una red de asistencia social considerable en el país. Según muchas denuncias, ésta sólo sirve para maniatar a la población bajo su férula. Los habitantes del sur no tenían ningún otro apoyo y no tuvieron más remedio que entregarse a Hezbolá. Como ciertamente había que prever que la ayuda se acabaría un día, Hezbolá ha conseguido ser financieramente independiente en la actualidad gracias a que recibe ayudas cuantiosas procedentes de todo el mundo musulmán.

En julio de 1993 la situación en la frontera y la franja de seguridad era de prácticamente guerra abierta. Se sucedían las bajas israelíes, pero Hezbolá no ha actuado en general contra la población civil de Israel, excepto con sus lanzamientos de cohetes Katyusha.

Javier Martín en busca de una entrevista con los padres del suicida Mahmud al-Hach Alí fue trasladado a un edificio de Nabatiye presidido por un pendón negro en el que rezaba una famosa frase de Jomeini: 'Todo lo que tenemos es la bendición del día del martirio'. De allí a la casa de sus padres, en la cima de una colina cercana, en cuyo jardín estaba colocado uno de esos carteles frecuentes en la región que honran a los caídos shiíes. En el ángulo superior izquierdo, la foto de un rostro serio de un joven de 19 años. En el derecho, un brazo sujetando un 'kalashnikov', el símbolo del partido. En el centro un texto que resume la acción heroica del fallecido.

Hezbolá ha colocado un cartelón de éstos en cada lugar donde actuó un suicida, un mártir de la Resistencia. Dice el texto de uno de ellos: 'A las once de la mañana del martes 6 de julio de 1995 la Resistencia Islámica sorprendió al Ejército de Ocupación con una operación militar, lanzada por primera vez ante sus ojos frente al estratégico enclave de Beaufort. Un solo combatiente atacó un convoy formado por seis camiones, tres vehículos acorazados de transporte de tropas y dos vehículos todo terreno llenos de soldados enemigos. Hizo detonar 16 explosivos que antes había plantado con sus manos en la zona con el propósito de destruir a los vehículos y sus ocupantes, y extender entre ellos el miedo a entablar combate. Un gran número de soldados enemigos murieron o resultaron heridos en esta operación'.

Pues bien, la señora Ahlan le contó que cuando tenía 25 años un día llegó un clérigo y estuvo largo rato de charla con su marido. Mahmud tenía doce años. 'A los siete u ocho años, si demuestran ciertas actitudes, comienzan a conocer cómo funciona la resistencia. A los 12 o 13 inician el entrenamiento militar si no son hijos únicos. Yo estaba preparada para la noticia. Si vivimos bajo ocupación, lo normal es enviar a nuestros hijos a morir'.

El mártir Mahmud comenzó su vida de miliciano en 1990, con 15 años. 'Cuando salía de casa nunca sabías si iba avolver. Normalmente estaba quince días de servicio y quince en casa. A partir de 1993, cada vez le fui viendo menos. El 11 de diciembre de 1994 las agencias de noticias informaron de la muerte de un oficial israelí y siete libaneses, entre ellos cuatro guerrilleros de Hezbolá. 'No fue filmado porque iban a una operación de martirio. Cuando saben que no vana volver nunca lo graban. Lo hicieron en honor al imán Alí Abú Talib, fundador del shiísmo, en el día de su cumpleaños. Tres días antes recogió el Corán, sus libros religiosos y su diario. . LOos metió en una bolsa y se despidió. Me dijo que se iba de viaje. Él ya sabía que iba a una gran operación, pero no me dijo nada más. Durmieron varios días en un cementerio cristiano antes de atacar'.

En el atentado de 25 de mayo de 1995, Salah Ghandur, padre de un niño de dos años, se puso al volante de un coche cargado con media tonelada de explosivos y se suicidó contra un convoy militar; murieron doce soldados. La grabación de la acción suicida fue emitida horas después por la cadena de televisión de Hezbolá, Al Manar, y se propagó rápidamente por el mundo, reproducida por los medios audiovisuales internacionales. El impacto que provocó terminó de convencer al Partido de Dios de la importancia de meter la guerra del Líbano en las cases israelíes, en hacerles llegar imágenes de destrucción que les aterrorizaran a ellos y a los occidentales en general. Mientras cenaba en el salón, la televisión les servía imágenes de la muerte de sus jóvenes soldados.

En la filmación de las acciones, una práctica habitual de Hezbolá que comenzó hacia 1986, también han sido pioneros, y hoy los grupos islamistas violentos prestan una gran importancia a filmar sus golpes, tanta como a darlos. La primera acción filmada de Hezbolá fue el asaltoal acuartelamiento de Sujud, en la región de Iqlin al-Tufah. Tras ello, la cámara siempre acompañó a fusiles y explosivos. Hezbolá inauguró su primera emisora de radio, Al-Nur, en 1988, y su televisión Al-Manar en 1990. La divulgación internacional de sus vídeos comenzó a generalizarse en 1995, 'y contaría a partir de 1996 con la complicidad inconsciente de la prensa israelí, instigada por los grupos pacifistas'.

La guerra de propaganda es una de las claves que explican la retirada israelí. Por primera vez un país donde servir en el ejército era más motivo de orgullo que un deber, se vio sacudido por movimientos de objección de conciencia. Los jóvenes se negaban a servir en el Líbano y algunos oficiales criticaban la intervención libanesa abiertamente.

UN CINTURÓN EXPLOSIVO

En 1996, el año en que el primer ministro israelí Isaac Rabin fuera asesinado aparentemente por un extremista solitario por ser artífice de los Acuerdos de Paz de Oslo, un año especialmente sangriento por los ataques de Hezbolá y la respuesta desesperada israelí que supuso la operación 'Uvas de la ira', Hezbolá distribuyó un vídeo en el que se podía ver por vez primera a combatientes preparándose para el suicidio. Suicidas con uniforme militar adosaban cargas explosivas a su pecho y fijaban los detonadores al cinturón. Las bombas humanas besaban después el Corán, salmodiaban algunas suras y juraban fidelidad a Alá y al imán Jomeini. Una voz advertía que aquellos hombres constituían solamente un ejemplo de la legión de más de 300 voluntarios que ya había realizado sus oraciones póstumas. Así lo decía un responsable del brazo militar: 'Cada país tiene su armamento especial y secreto. Carecemos de la tecnología punta que Israel y otros países poseen, pero a cambio tenemos estos piadosos y aguerridos hombres, que serán más efectivos que las armas de nuestro enemigo'.

El bienio que concluyó con el fracaso de la Operación Uvas de la Ira, fue también el de la segunda reforma sustancial del Partido. En 1995 expiraba el segundo mandato de Nasralah como secretario general. O se encontraba un sustituto o se corregían unos estatutos aprobados cuatro años antes que fijaban en dos mandatos el máximo consecutivo. Se hizo lo segundo, y se permitió una segunda reelección. La grave crisis interna se hizo pública. El cada vez más relegado Subhi Ufeili divulgó las diferencias y desde su fortaleza de Baalbek atacó al secretario general por marginar la faceta social del partido y sólo prestar atención a la militar. Terminó por esc indirse y fundar un nuevo movimiento al que denominó 'La Revolución de los Hambrientos'.

Según el investigador Ronen Sebag, del Instituto de Investigación sobre Medios de comunicación de Oriente Medio, en Washington, no fue Hezbolá quién derroto a las tropas israelíes en el Líbano sino la opinión pública israelí influenciada por la perfecta simbiosis entre medios de comunicación y movimientos pacifistas. Las cifras parecen concederle la razón. En 1988 sólo el 44% de los encuestados apoyaba una retirada unilateral, pero un año después la cifra subió al 55%. Netanyahu se sintió aislado, su estrategia de mano dura fracasaba, optó por acciones de comando puntualesy quirúrgicas ya que la ONU impedía ataques a gran escala.

MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS

Pasados los años, la 'victoria' de Hezbolá aún perdura en la mente de los árabes como el modelo a seguir en la lucha contra Israel. La influencia es palpable, sobre todo en Palestina, donde Hamás ha adoptado su estructura e incluso sus símbolos, y emergente en Irak, donde con el beneplácito de Irak ayuda a alentar y alimentar la corriente que representa Muqtada al-Sadr.

'No hay un hecho que haya afectado más a la forma de pensar de los palestinos que la retirada del ejército israelí del sur del Líbano', escribía el 5 de mayo de 2001, el analista militar israelí Ze'ef Schiff en su columna del diario Ha'aretz, un año después de la retirada y ocho meses después del inicio de la segunda intifada (que pudo muy bien ser lanzada a rebufo del éxito del Líbano y para aprovechar el golpe psicológico sufridos por los judíos)

Efectivamente, apenas cuatro meses después de la retirada, el 29 de septiembre de 2000, comenzó el segundo levantamiento palestino, la llamada 'intifada de Al Aqsa'. Al contrario que la insurrección de 1986, había sido planificada por Arafat decepcionado de la cumbre de Camp David bis.

En los meses siguientes, la sociedad israelí sufrió en propia casa, en propia carne, una oleada de ataques sin precedente desde la declaración de la independencia en 1947. Hubo atentados suicidas en las principales ciudades. La gente comprendió que no había lugar a más retiradas y los halcones se impusieron hasta hoy mismo. Ya no hubo más movimientos pacifistas. La gente parecía comprender que estaban equivocados propugnando ceder unilateralmente.

Uno de los principales instigadores de la Intifada de Al Aqsa fue el jeque Ahmad Yasin, fundador y guía espiritual del Movimiento de Resistencia Islámico Palestino Hamás. Hasta su asesinato, en marzo de 2004, y desde su silla de ruedas, este anciano hemipléjico lideró un levantamiento que causó la muerte a centenares de personas y enterró la paz de Camp David bis, que estuvo al alcance de la mano.

Hamás buscó alianzas exteriores para conseguir armas y entrenamiento para su brazo armado, las brigadas 'Izz ad-Din al-Qassem. La colaboración con Hezbolá había comenzado en 1992, tras contactos en Amman y Damasco, y por medio de Abú Marzuq en Estados Unidos. En diciembre de ese año, Israel deportó al Líbano a 415 militantes islamistas palestinos que fueron recibidos por unidades de Hezbolá para entrenarlos. 'No parece una casualidad que cuando meses después se les permitió volver a los territorios palestinos, Hamás perpetrara su primer atentado suicida. desde entonces, el modo de proceder ha sido el mismo para ambos grupos: reclutar un voluntario joven, casi adolescente, extremadamente religioso, crecido y educado en el seno del Movimiento, que escribe una carta de despedida y graba un vídeo vestido de guerrillero en el que pide a sus allegados que se regocijen con un martirio que le garantiza el paraíso'.

El 24 de febrero de 2004, Avi Dichter, jefe del servicio secreto israelí (Shin Bet) informó al Parlamento de su país de que la gran mayoría de los cerca de 150 suicidas que se habían inmolado en Israel en los tres años trascurridos de intifada bis erna miembros de Hamás y el movimiento hermano de la Yihad Islamiya palestina. Según Dichter, Hezbolá había financiado las operaciones suicidas pagando una cantidad proporcional al número de muertos que se conseguía en ellas.

Doce años después de su llegaba a la cúpula de Hezbolá, el jeque Hasan Nasralah es aún uno de los dirigentes islamistas más jóvenes de Oriente Medio. Camina más pausado y sus gestos se han serenado. En círculos religiosos shiíes se le ve como el futuro 'marya', el gran ayatolá que guiará a la comunidad por la senda de la verdad.

Aunque el Partido de Dios es ahora más independiente, reconoce Martín que todavía está bajo la sombra de Irán. Su libro 'Hizbulah, el brazo armado de Dios' (Ediciones Catarata, Madrid, 2006) es el más completo en español sobre este tema, y en general favorable a los argumentos de Hezbolá.

EL FACTOR IRAQ

Hezbolá quiso impedir la invasión de Irak y presionó sin éxito para que el principal partido shií iraní en el exilio, la Asamblea Suprema para la Liberación Islámica en Irak (ASRII) tratara de llegar a un acuerdo con el régimen de Sadam Husein bajo mediación de la Liga Árabe, pero sus dirigentes lo rechazaron e Hezbolá los acusó de colaboracionistas por apoyar la intervención estadounidense.

Producida la intervención, Hizbolá intentó extender sus tentáculos en el país a pesar de todo y ha habido agentes suyos con las milicias Al-Badr en Basora y con los seguidores del clérigo radical Muqtada al-Sadr, afín a sus tesis. Hasta la revuelta de sus partidarios en Nayaf en el verano de 2004, Hezbolá mantuvo sus esperanzas de que cuajara en Irak un movimiento inspirado en su resistencia a los israelíes; veían imperar lo que llaman 'halat ar-Rafat', una atmósfera de rechazo a la presencia occidental.

Pero por fortuna se impusieron las tesis moderadas entre los shiíes, y ni siquiera se extendieron sentimientos panislámicos, al contrario, suníes y shiíes están cada vez más alejados hasta el punto de que se contemple la posibilidad de una guerra civil.

'Algunos expertos coinciden en señalar que el colapso de las esperanzas de Hezbolá en Irak está directamente relacionado con la actividad de quien fuera uno de los inspiradores del grupo, el gran ayatolá Husein Fadlalah, y a un nivel superior, con la rivalidad entre la escuela shií iraquí -con sede en la emergente Nayaf- y la escuela iraní establecida en Qom'.

Originario de Nayaf, Fadlalah se formó en el seno de la Hawza y en 1960 fundó el partido shií Ad-Dawa, del que ha sido primer ministro Ibrahim al-Yafari. Fue aceptado como discípulo por el gran ayatolá Abu al-Qasim al-Jui, que le envió al Líbano como su representante. Allí escribió su libro más famoso, 'Al-Islam wa Mantiq al-Quwa (El Islam y la lógica de la fuerza), numen en el surgimiento de Hezbolá. Sin embargo, sus relaciones con el Partido de Dios se torcieron en 1992, tras la llegada al poder del grupo de Hasan Nasralah y su nueva hornada de colaboradores formados en Qom.

Fadlalah jamás ha reconocido a Ali Jamenei como el 'marya al-Tagqlid' o sucesor legítimo del gran ayatola Jomeini, pues considera que ese título le pertenece a él. Fadlalah cuenta con un numeroso grupo de seguidores en Líbano, Iak e incluso en el Golfo Pérsico, y se ha escindido y fundado su propia escuela.

Fadlalah y Hezbolá se habían acercado en los últimos tiempos y coincidían en que no podía existir un gobierno legítimo bajo el poder de Estados Unidos. Pero el primero pronto se desvinculó de los llamamientos a la resistencia. Finalmente, el curso de los acontecimientos anegó sus ambiciones. El gran ayatolá libanés esperaba que la 'maryayia' árabe-iraquí se impusiera en Nayaf y frenara el empuje de la escuela iraní. Sin embargo, han sido los llamados 'iraníes iraquíes', representado en la persona de Abdel Aziz al-Hakim y la ASRII, quienes han copado el liderazgo de la comunidad shií iraquí. Al-Yafari y el partido Ad-Dawa han preferido aliarse con los religiosos llegados de Teherán y juntos colaborar con EEUU para hacerse con el poder.

En el marco de estas tensiones entre ambas tendencias se explican los asesinatos de los primeros meses de figuras como el ayatolá Abdul Mayid al-Jui, hijo del maestro de Fadlalah, y la muerte también del gran ayatolá Muhammad Baquir al-Hakim. Una batalla en la que también está implicado al-Sadr, el único que considera a Hezbolá como el modelo a seguir, el 'namudij'.

¿Quién mató al ayatolá Muhammad Baquir al-Hakim, que era el máximo dirigente del ASRII y a al-Jui? ¿Fueron antentados suicidas?

De todo ello se podría deducir que entre los shiíes iraquíes luchan dos tendencias, una autóctona, que busca restablecer la preeminencia de la escuela de Nayaf, aliada con EEUU para hacerse con el poder, y otra pro-iraní, apoyada desde fuera por Hezbolá, partidaria de la prominencia de la escuela de Qom, que predica la enemistad absoluta con EEUU. Pero habría que comprobarlo estudiando el comportamiento de los partidos políticos presentes, algo imposible para el observador occidental, y también conociendo de buenas fuentes si los alqaedistas atacan a ambos o tienen acuerdo tácito con los pro-iraníes contra los shiíes autóctonos de la escuela de Nayaf. Matices que los medios de comunicación ignoran.