lunes, 6 de octubre de 2008

YASMINA KHADRA, EX COMANDANTE DEL EJÉRCITO ARGELINO, ESCRITOR

* Fuente:
http://www.lavanguardia.es/web/20031103/51146995004.html

YASMINA KHADRA, EX COMANDANTE DEL EJÉRCITO ARGELINO, ESCRITOR
“Arabia financió el integrismo argelino”

Tengo 48 años: a los 7 mi padre me internó en un colegio militar y durante 36 mi vida ha sido un cuartel. Me casé con la mujer que mi padre escogió para mí y la verdad es que acertó: soy muy feliz con ella desde hace 18 años. Tenemos tres hijos. Soy musulmán, pero para mí la fe es una experiencia íntima y voluntaria, no colectiva y obligatoria

LLUÍS AMIGUET - 03/11/2003 -Allá tenía ante mí un niño de siete meses crucificado sobre la puerta de la granja, pero tenía que disimular mi horror.

–¿Por qué?

–Porque los terroristas integristas son adiestrados precisamente para provocar ese terror paralizante. Cuando ves algo así, no puedes pensar, sólo tienes miedo del monstruo: te quedas aniquilado.

–¿Y lograron paralizarles con terror?

–En Argelia no, pero en Afganistán triunfaron. Los talibán no vencieron al ejército soviético en el campo de batalla, sino en la mente de cada soldado. Yo en Argelia vi niños despellejados con las vísceras en la boca, vi hombres y mujeres empalados que habían agonizado durante días.

–El ejército argelino tampoco tuvo una imagen muy limpia en esa confusa lucha.

–¿Confusa? Para los argelinos está muy claro. Argelia avanzaba hacia la democracia y era un peligroso ejemplo para todas las monarquías totalitarias y autarquías del mundo árabe, empezando por los vecinos Marruecos o Túnez. Tenían que detener a Argelia para que no contaminara con su progreso al resto del mundo islámico.

–¿Usted no es creyente?

–Yo soy creyente, pero mi fe es individual y privada. Los musulmanes como yo somos un peligro para los reyes y autócratas musulmanes que se legitiman declarándose a sí mismos delegados de Dios en la tierra.

–Caudillos por la gracia de Dios lo eran también en Occidente no hace tanto...

–En Argelia estábamos a punto de conseguir superar ese atraso, por eso nos convertimos en una amenaza laica y progresista para todo el mundo árabe anclado en el medievo. Arabia Saudí y los emiratos del Golfo financiaron entonces y financian hoy con el dinero de su petróleo esa gran internacional del integrismo retrógrado.

–¿Por qué razón?

–Defienden su teocracia, que garantiza su supervivencia en contra de toda la corriente de la historia. Eso explica ahora mismo todo el terrorismo islámico que paraliza medio mundo. La lucha integrista para detener el progreso es sin cuartel.

–¿Dónde?

– Crearon a los talibán en Afganistán, alimentaron las guerrillas fundamentalistas en Palestina y todo Oriente Medio, y ayudaron a todas las variantes integristas en Argelia, en cuyo terrorismo se infiltraron combatientes talibán internacionales y ahora Al Qaeda es la elite de esta internacional del terror.

–Pero el golpe de Estado lo dieron ustedes, el ejército argelino.

–¡Póngalo bien grande!: sí, yo estuve –y estoy– a favor de evitar que esa internacional integrista tomara el poder en mi país.

–¿Suspender la democracia para salvarla?

–Evitamos que ellos abolieran las elecciones para siempre e implantaran la ley islámica, lo que hubiera hundido a Argelia en el peor agujero de la historia. No quiero velos obligatorios ni policía religiosa en mi país. Si ustedes hubieran detenido a Hitler antes de que ganara unas elecciones, se habrían ahorrado los campos de exterminio.

–Y le hubiéramos dado así la razón.

–¡No tolero que me den lecciones de democracia! Si usted hubiese visto el rostro de su terror y los niños abiertos en canal sobre una mesa, sabría de qué hablo. El ejército argelino no estaba preparado para una lucha antiterrorista que, al principio, no se tomó en serio.

–¿Por qué?

–El integrismo no tenía un programa social ni político, sino una lista de depuración de todos sus enemigos en la sociedad argelina. Ejecutaron intelectuales, abogados, periodistas: todos aquellos que pudieran cuestionar su teocracia. Y luego, con el apoyo saudí y de los emiratos, compraron complicidades.

-¿Qué sucede hoy?

–La política argelina sigue descomponiéndose con una elite putrefacta guiada por intereses personales, y la fractura entre el poder y el pueblo es cada vez mayor.

–Las masacres en Argelia han cesado.

–Sí, porque afortunadamente el integrismo se debate en sus propias rencillas internas y los terroristas han pasado de los 35.000 que fueron en 1984 al millar de hoy.

–¿Adónde va Argelia?

–Ojalá fuera hacia Occidente. El mundo árabe sólo nos ofrece atraso, autarquía y miedo. Y, además, yo, como mediterráneo, tengo mucho más en común con un marsellés o un catalán que con un pakistaní, un iraní o un afgano.

–Usted ha abandonado el ejército.

–Estuve 36 años en él, desde los 7 años.

–Una mili muy larga.

–Mi padre me ingresó en la escuela de huérfanos del ejército para poder educarme.

–¿Qué dijo su madre?

–Lo que entonces dijera una mujer carecía de importancia.

–Un cuartel no es lo mejor para un niño.

–Por eso me refugié en los libros. Viví la traición de los dirigentes a las ilusiones de la independencia, fui enviado al frente del Sahara en la guerra contra Marruecos y al final entré en combate contra el integrismo un día en que llevaba mi hijo de tres años a la escuela y quedamos atrapados en una emboscada.

–Debió de ser duro tener a la familia amenazada.

–Lo soporté todo porque podía escribir hasta que alcancé cierta fama.

–¿Y a sus mandos no les gustó?

–Mis mandos militares me impusieron un comité de censura que soporté, pero al final dejé de escribir porque empecé a autocensurarme. Abandoné el ejército y me fui a París.