domingo, 11 de mayo de 2008

El diletante dotado

Nimzowitch y los diletantes
Una exposición inédita

Ante todo hemos de aclarar, que Aarón Nimzowitch, nacido el 7 de noviembre de 1886 en Riga y fallecido el 16 de marzo de 1935 en Copenhague, no daba al término "diletante" una connotación negativa. Incluso los miraba con afecto: ellos no tenían la culpa de no saber jugar mejor al ajedrez.

En cierto modo, él mismo se había visto inopinadamente en el papel de maestro profesional, ya que procedía del mundo de los diletantes; por ello no podía dejar de mirar a éstos con benevolencia, explicando y perdonando sus defectos y carencias.

EL DILETANTE DOTADO
Por Aarón Nimzowitch

Nuestra época se caracteriza por su "encantadora" irreverencia: las teorías antiguas y consolidadas son impugnada; las tradiciones más arraigadas son arrancadas de sus raíces.

Se ha llegado incluso a sustentar, la tesis, por ejemplo, de que "la formación especializada" como tal, está considerablemente sobrevalorada.

La atmósfera de la ciencia especializada y concentrada, dicen los modernos, no favorece en absoluto el desarrollo de la imaginación innata.

Pero mantener flexible esta imaginación innata, es de gran importancia, incluso de un significado vital para el conjunto de nuestro desarrollo espiritual.

Por este motivo, debemos proceder de acuerdo con el siguiente principio: "Una vez realizado todo el esfuerzo científico, debemos dejar de lado el conocimiento especializado para devenir nuevamente como "un niño dentro de su naturaleza".

¡Mantengámonos plenos de alegría y libres de preocupaciones como un niño; olvidemos la fosca seriedad de la vida y entreguémonos de buen grado a la frivolidad y al "juego"!

En este terreno debe enmarcarse la actividad puramente diletante dentro de un amplio ámbito que abarca los campos del arte, p.e. teatro, cine, pintura, música y también el ajedrez:

No debemos permitir que el espíritu decaiga; hemos de cultivar su tendencia innata a la actividad lúdica.

Esta es la idea rectora de una gimnasia del espíritu en los tiempos nuevos.

Como vemos, en nuestra era estamos muy lejos de vernos abocados a la lucha contra el diletantismo: por el contrario, éste representa una reacción sana contra las tendencias exageradas a la especialización.

Debemos valorar especialmente el hecho de que nuestra época, a menudo menospreciada, haya contribuido activamente, en la medida de lo posible – gracias a unos directores modernos e inspirados – a descubrir en el alma del diletante los tesoros que encierra: en ciertas películas algunos actores secundarios, que hasta la fecha nunca tuvieron contacto con el teatro o el cine, actúan de hecho de manera conmovedora, sencilla y auténtica...

La tendencia innata del espíritu hacia las actividades lúdicas y ociosas, puede utilizarse en la práctica ajedrecística, ya que precisamente el ensayo de yuxtaponer los componentes mentales individuales, es extraordinariamente significativo para el juego de ajedrez.

De estas combinaciones "basadas en los ensayos mentales", ni siquiera el maestro en el juego posicional puede prescindir totalmente.

Quienes se han mantenido apartados del espíritu del tiempo moderno, pueden fácilmente caer en la tentación, de ridiculizar el diletantismo.

En el campo del ajedrez, esta ridiculización no es difícil.

Bastaría con optar por uno de dos métodos que a continuación esbozo:

Se indican, sin misericordia, los errores técnicos del diletante; o bien

Se generaliza, siguiendo, por ejemplo, esta fórmula: "El diletante ataca durante la partida allí, donde se le ocurre en aquel momento, mientras que el maestro, donde la posición lo exige.

NimzowitchAquél se deja llevar por su estado de ánimo, mientras que éste busca la jugada obviamente correcta etc."

¿Pero qué cabría comentar sobre el valor de las antítesis precitadas?

Poca cosa...

El maestro no es más que un hombre sometido a impulsos subjetivos, en la misma medida que cualquier otro jugador, a parte de que, precisamente hoy en día está de moda la lucha sicológica contra el adversario.

Y lo que es más importante: es precisamente del diletante de quien cabe esperar la renovación del arte. Quién se ha petrificado en la rutina – nos referimos especialmente a los maestros mediocremente dotados – nunca podrá orientarse hacia un nuevo y productivo razonamiento.

Cuando el autor de estas líneas descubrió tierras mentales vírgenes, era todavía un diletante o al menos no había alcanzado todavía un alto nivel de técnica.

De manera similar le podría haber ocurrido también a otros descubridores e inventores.

El maestro dotado creativamente debe mirar con benevolencia y simpatía al diletante; porque ambos buscan la excepción de la regla estratégica y a ambos les parece poco tentadora la búsqueda de la victoria fácil.

Me atrevo a afirmar que el maestro dotado de creatividad tiene más puntos de contacto con el diletante dotado que con colegas dotados mediocremente, bien entendido que la palabreja "mediocremente" no se refiere de ninguna manera a los éxitos conseguidos, si no solamente a la fisonomía ajedrecista de los maestros en cuestión.

El "maestro dotado mediocremente" (= el especialista rutinario) siempre reprenderá y descalificará; en este aspecto no se puede cambiar nada y expandirá su insatisfacción por igual en uno y otro sentido:

Considerará al colega creativo como extravagante y al diletante dotado como "imposible". Y quizás esta descalificación tenga su lado bueno: Porque nos incita hacia el aspecto técnico del cultivo del arte.


Nota: este artículo forma parte de su serie "Adivinar y reflexionar" del año 1930