jueves, 8 de mayo de 2008

Orientación espacial e inteligencia

A mi esto me interesa no sólo por la enseñanza sino porque arroja luz sobre como funciona el cerebro humano. Es una forma de conocerlo sin desmontarlo (o sea sin ser neurocirujano). Por las entradas-salidas se puede determinar como funciona una cerradura, aunque se desconozca como efectivamente está construída.

Yo veo, observo, que tengo desconcierto; frente a una ciudad nueva (Londres), o una casa desconocida, o una ciencia nueva o una aplicación nueva. ¿Qué tiene de común todas estas situaciones de desconcierto?

No tengo de *donde cojerme*. Una vez que me sitúo con algunos parámetros gruesos, la cosa empieza a tomar color porque sé, a grosso modo cuan alejado estoy (o cuan cercano estoy) de ese lugar (o concepto conocido). Se trata de localizar las avenidas principales. (En el caso de Londres, necesito saber donde estoy *de cara* al Tamesis, y de cara al hotel donde me hospedo. Con esos dos puntos de referencia empiezo a construir mi red mental).

Tambien me interesa entender cuando falla el proceso. Por ej., el caso de personas que les cuesta mucho situarse geograficamente. Aquellas que nunca saben *donde están", y que si visitan una ciudad extranjera son como inválidos.

Un ejemplo de desorientación bastante grande es mi madre. El otro dia, cuando estuve en Valencia, me quiso llevar a un restaurante que le había gustado. Dimos vueltas y vueltas y no lo localizaba. Al final me enteré que estaba en el lado opuesto a donde lo buscabamos. ¿Qué pasó? me pregunto, en su cabeza para no situarse. Obviamente no construyó una cuadrícula, una especie de mapa mental y no tomó en cuenta ciertas calles principales como referencias. Probablemente se fijó en escaparates o edificios secundarios, que por su mismo carácter (repetitivo y poco conspicuo) no proporcionan criterios no-ambiguos de orientación.

A mi no me resulta difícil establecer relaciones (obviamente en el caso de mi madre) entre su desorientación geográfica y su desorientación general. Tambien me resulta tentador dar un paso adelante, y pensar que existen el mismo tipo de conexiones entre la desorientación geográfica y la falta de inteligencia para situarse en cualquier tema. De alguna forma el sujeto no establece *puntos de anclaje* que le permitan crearse un sistema de coordenadas para ir-y-venir en sus razonamientos. En realidad sí lo hace, pero son *puntos* poco significativos, y sus razonamientos, en consecuencia, derivan hacia trivialidades o caminos sin salida. (estoy tentadísimo de derivar hacia otros temas que me fascinan, pero no lo haré... algo he aprendido, en tanto tiempo)

Volviendo al tema. Ya que tengo la oportunidad (cada vez menos deseada, por cierto) de encontrarme con una aplicación radicalmente nueva... no quiero desaprovechar la oportunidad de observar tanto mis confusiones como tu manera de resolverlas. A lo mejor esto puede servir para mejorar tus clases, o por lo menos puede servirme para entender porque hay tanta gente que enseña... mal.

Intuyo que el Atlas-ti me está proporcionando una oportunidad para pensar con mayor coherencia (o quizá, para pensar con mayor *memoria*). He advertido muchas veces que hay una contradicción entre mi tendencia a acumular muchos datos en forma de ficheros y mis reflexiones en cualquier momento (que no consultan esa base de datos).

¿Por qué no voy más a menudo a consultar mis ficheros? Alguna vez me he preguntado. Y la respuesta viene de seguido: "porque cuando pienso necesito tener *todo a la mano* y si me pongo a consultar la BD pierdo mucho tiempo y corro el peligro de olvidarme de lo que estoy pensando (peligro muy cierto porque ya me ha pasado que al revisar los ficheros me surjan nuevas ideas que reemplazan totalmente a las que estaba pensando).

Con otras palabras. De nada vale tener mucha información acumulada cuando estás pensando porque *sólo vale* aquella que puedes aplicar fácil y directamente a tu razonamiento. Es como si nuestro cerebro sólo pudiera utilizar (sin perderse) la memoria RAM y no accede al disco a menos que tenga un propósito claro y difícil de olvidarse. Obviamente los ficheros guardados no son RAM.

Quizá el Atlas genere una memoria intermedia (una especie de "caché" para seguir con la analogía informática), no fácil de usar en nuestros razonamientos (que van a velocidad de vértigo), pero siempre más accesible que la que está dispersa en el disco.

Por supuesto que lo ideal sería un programa inteligente y no pasivo. En el que no sólo tengas "citas" sino que las agrupe rapidamente en función de lo que estás pensando (y que ello no sea resultado de una codificación previa, porque a veces a uno le cuesta *conocer* y *prever* los asuntos que serán objetos de reflexión). Un prg activo capaz de reagrupar la información sería una verdadera prótesis de memoria. Pero tendremos que conformarnos con lo que tenemos. Al fin de cuentas hace siglos los pensadores tenían menos ayuda, ni siquiera contaban con cajoncitos y fichitas de cartón.

[fragmento de un mensaje recibido]