domingo, 4 de mayo de 2008

Síndrome del falso recuerdo (SFR)

"Es preciso recordar que los acontecimientos ocurrieron de la manera deseada. Y si es necesario adaptar de nuevo nuestros recuerdos y falsificar documentos, también es necesario olvidar que se ha hecho esto. Este truco puede aprenderse como cualquier otra técnica mental" (cita de 1984 de G. Orwell).
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La importancia de la manipulación de la memoria se basa, fundamentalmente, en dos hechos: la íntima relación entre memoria y realidad, y, en segundo lugar, la no menos íntima relación entre realidad y legitimidad.

Se sabe también que la debilitación de la independencia de juicio de un sujeto mediante diversas formas de presión tales como el aislamiento social, el adoctrinamiento sistemático y la disminución de los niveles de conciencia mediante drogas o tortura puede igualmente provocar cambios radicales en la identidad de un individuo y, presumiblemente, en sus versiones sobre el pasado. Las sectas destructivas, el lavado de cerebro y los procesos de socialización en grupos terroristas descansan básicamente en este principio.

Cualquier grupo con aspiraciones totalitarias, sea nacionalista o internacionalista, fundamentalista o ateo, de izquierdas o derechas, sabe que la batalla fundamental no se localiza en el terrorismo físico sino en la manipulación de la identidad de los individuos y, por tanto, de sus recuerdos.

(...)
¿Cuáles son, pues, los instrumentos característicos de los manipuladores de la memoria, de los artífices del "doblepensar"? Orwell resume lo que, en nuestra opinión, son tales elementos: un "libro", una fuente de doctrina que indique qué es lo que se debe recordar, y, además, una "gimnasia mental" orientada a reconstruir nuestros recuerdos de acuerdo con la doctrina. Esta simple receta puede aplicarse a nivel individual o a nivel colectivo. Puede servir para reinterpretar la vida de un individuo o la historia de un pueblo. Puede "ayudar" a descubrir que una persona es una bruja o que se es miembro de un pueblo oprimido. La receta es sorprendentemente sencilla y sólo exige por parte de sus administradores, el suficiente fanatismo y tenacidad para que, una vez hecha la presa, no la dejen escapar.
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Ante todo el "libro" (la doctrina) es un ejercicio de odio (...). El odio, a diferencia de la ira, no desaparece fácilmente porque no apunta hacia las acciones del otro (p.ej. me irrita que no hagas X) sino hacia la existencia del mismo otro (p.ej. me irrita que no seas X o que seas Y). Sin embargo, es un tópico, no por ello menos cierto, que el odio es sumamente satisfactorio desde el punto de vista psicológico ya que nos proporciona "chivos expiatorios" para nuestras frustraciones y fracasos, mejorando nuestra autoestima (...).

El odio tiene un fiel compañero de viaje: el miedo. El odio se alimenta del miedo a un enemigo demonizado (a veces, como en la caza de brujas, literalmente) pero sobre todo del terror a despertar un día como "uno de ellos" (...)

Esta fobia al contraste empírico o dialéctico hace que estos "libros" sean totalmente impermeables a una lectura crítica (...). Las brujas no podían rezar pero el demonio podía permitirles rezar en ciertas circunstancias apuradas, con lo que rezar o no rezar era igualmente pruebas indudables de culpabilidad.
Pag 110/111

"El Síndrome de Falso Recuerdo: Los venenos de la memoria". José Miguel Fernández Dols y Joseph de Rivera.
en
José María Ruiz-Vargas y otros
Claves de la memoria
Editorial Trotta
Madrid, 1997