jueves, 15 de mayo de 2008

Conciencia y sistema visual

Mente y Cerebro.
Libros de Investigación Y Ciencia
Prensa Científica, S.A.
Barcelona, 1ªEdic. 1993, 2da.Reimpresión 1995
Pág. 99

EL PROBLEMA DE LA CONSCIENCIA
Francis Crick y Christof Koch

(FRANCIS CRICK y CHRISTOF KOCH comparten intereses en la investigación experimental de la consciencia. Crick es codescubridor, con James Watson, de la estructura en doble hélice del ADN. Se ha centrado últimamente en el estudio del sistema visual de los mamíferos. Koch se doctoró en biofísica por la Universidad de Tübingen. Tras permanecer cuatro años en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, pasó al de California, donde es actualmente profesor de sistemática computacional y neural.)

[Presentación] Podemos ya abordar la investigación científica del sistema visual. Para hallarle respuesta tendrán que colaborar estrechamente psicólogos, neurólogos y epistemólogos

La cuestión por antonomasia de la neurobiología es la de la relación entre mente y cerebro. Hay acuerdo en que lo que llamamos mente guarda íntima relación con ciertos aspectos del funcionamiento del cerebro, y no con el corazón que creía Aristóteles. El punto más enigmático reside en la consciencia, en la percatación, que puede adoptar multitud de formas, desde la de la experiencia del dolor hasta la de la autoconsciencia o consciencia de uno mismo.

En el pasado, a la mente (o alma) se la consideró a menudo, así Descartes, como algo inmaterial, distinto del cerebro, aunque interactuante con él. Ciertos neurólogos, entre ellos el premio Nobel Sir John Eccles, siguen sosteniendo la distinción entre el alma y el cuerpo. Pero la opinión mayoritaria cree que todos los aspectos de la mente, incluido su atributo más misterioso -el de la consciencia o percatación-, podrían tener una explicación más materialista, a saber, que dependan del modo de funcionar grandes conjuntos NEURONALES que interactúan entre sí. Como dijera hace un siglo William James, el padre de la psicología norteamericana, la consciencia no es sino un proceso.

Ahora bien, en qué consista ese proceso está todavía por descubrir. Durante muchos años después de que James redactase The Principles of Psychology, la consciencia fue un concepto tabú en la psicología norteamericana, porque predominaba el movimiento behaviorista.

Con el advenimiento de la psicología cognitiva, a mediados de los años cincuenta, pudieron de nuevo los psicólogos abordar los procesos mentales en cuanto opuestos a la mera observación de la conducta externa. A pesar de tales cambios, la mayoría de los cognitivistas ignoró, hasta hace poco, la consciencia; y otro tanto sucedió con la cohorte de neurólogos. Se presumía que tal problema pertenecía al ámbito de la "filosofía" o era demasiado esquivo para someterlo a investigación experimental. Ningún neurólogo hubiera recibido una subvención para un proyecto sobre la consciencia.

En nuestra opinión, semejante tesitura cae en el ridículo. Llevamos ya algunos años pensando en cómo plantear el problema desde un enfoque más científico. Pero, ¿cómo explicar los sucesos mentales cual algo causado por la descarga de grandes conjuntos de neuronas? Los hay que sostienen que semejante planteamiento no conduce a nada. Nosotros opinamos que lo que ciertamente no merece la pena es andar dándole vueltas y más vueltas a aquellos aspectos del problema que no se pueden resolver científicamente, o para decirlo mejor, que no se pueden resolver recurriendo sólo a las ideas científicas existentes. Quizá se necesiten concepciones radicalmente nuevas; recuérdese hasta qué punto la mecánica cuántica nos obligó a modificar el pensamiento científico. El único enfoque sensato es el de insistir en el tratamiento experimental hasta que se nos presenten dilemas cuyo reto exige nuevos modos de pensar.

El problema de la consciencia puede abordarse de muchas maneras diferentes. Hay psicólogos que opinan que, para que sea satisfactoria, una teoría sobre la consciencia habrá de explicar el mayor número posible de aspectos de la misma: emociones, imaginación, sueños, las experiencias religiosas y así sucesivamente. Aunque una teoría omniabarcadora de ese tenor será, a la larga, necesaria, nos parece más prudente comenzar por el aspecto de la consciencia que es probable que nos ceda más fácilmente su secreto. Cuál sea este aspecto es materia de opinión personal. Hemos elegido el sistema visual de los mamíferos porque los humanos son animales en quienes lo visual adquiere especial relevancia porque en este campo se ha trabajado ya mucho tanto teórica como experimentalmente.

No es fácil acotar con exactitud qué precisamos explicar, y harán falta muchos y esmerados experimentos antes de hablar en términos científicos de la consciencia. No pretendemos definir la consciencia en cuanto tal, dados los riesgos de una definición prematura. (Si eso parece una excusa facilona, trátese de definir el término "gen". no parecerá tan fácil!) Con todo, los datos experimentales de que disponemos nos ofrecen más de un atisbo sobre la naturaleza de la consciencia visual para orientar la investigación. En este artículo nos esforzamos por mostrar de qué forma esos datos abren el camino para abordar provechosamente este profundo e intrigante problema.

Los teóricos de la visión están de acuerdo en que el problema de la consciencia visual ha sido hasta ahora mal planteado. El tecnicismo matemático "mal planteado" significa que para resolver el problema en cuestión se necesitan mayores precisiones. Aunque la principal función del sistema visual sea la de percibir objetos y sucesos en el mundo que nos rodea, la información disponible para nuestros ojos no basta, por sí sola, para que el cerebro se haga con su singular interpretación del mundo visual. El cerebro ha de invocar experiencias anteriores (la suya propia o la de remotos antepasados,
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