jueves, 15 de mayo de 2008

El problema de la referencia

REVISTA DE FILOSOFIA
El Problema De La Referencia

FODOR Y PUTNAM

Hilary Putnam se refiere al problema de la referencia como "el problema de Kant", esto es, el problema de como el lenguaje se relaciona con el mundo de manera que es capaz de representarlo. En sentido estricto se establecería una entidad intermedia, que sería la misteriosa entidad que Putnam denomina "nuestras representaciones".

En principio resulta algo extraño que se necesite de esa entidad intermedia. Pasamos muchas generaciones intentando deshacernos de ese tipo de entidades, -ideas, significados, y esas cosas- y sin embargo, parece que vuelven una y otra vez a colarse por la puerta de atrás del empirismo de cualquier tipo que este sea. En todo caso parecería más natural hablar de lenguaje, tal y como el propio Putnam hace en otros escritos, en los que certeramente habla del problema de como el lenguaje se engancha al mundo para representarlo.

Bien, el texto que ahora nos ocupa es un escrito de Putnam sobre lo que Jerry Fodor pensaría si se encontrasen en una estimulante discusión de salón. (El tipo de genero es bastante utilizado por Putnam, es casi una cuestión de estilo, el disputar con sus contrincantes poniendo en su boca todo lo que él mismo, Putnam, cree que ellos habrían dicho de haber estado allí. Es posible que ese dialogo sea un fósil de los platónicos, o de los de Berkeley, o que simplemente Putnam prefiera continuar con una venerable tradición de escritores que necesitaban a sus adversarios presentes en sus escritos para dejar perfectamente claras sus ideas.)

Putnam describe con algún detalle la teoría de Fodor al respecto del problema del lenguaje y el mundo. Veamos, parece ser que Fodor defiende alguna teoría causalista de la relación, en la cual, la presencia de un objeto, digamos (por seguir el ejemplo tópico) un gato, produce la aparición de instancias de "gato". Una instancia de "gato" no es nada más que la enunciación de una frase con esa palabra. (Los filosofos analíticos tienden a ser bastante puntillosos a la hora de las denominaciones, con la consiguiente confusión añadida)

Bien, parece que tenemos una ley, en el sentido de ley que Fodor establece para las ciencias especiales, y que no necesita el grado de universalidad que tienen las leyes que utiliza la física fundamental. Una ley de la lingüistica que diría algo así :

(i)los gatos causan instancias de "gato"

Por supuesto Putnam no puede aceptar esta ley tal y como se presenta. En primer lugar, porque no solamente los gatos causan instancias de "gato" : una fotografía de gatos lo hace igualmente, una estatua o simplemente un maullido, pueden causar la instanciación de "gato". Fodor también sabe esto, por supuesto. De modo que podemos expresar nuestra ley de una manera algo más complicada para que todos estos causantes tengan cabida :

(ii)los X causan instancias de "gato"

de modo que tenemos unas cuantas cosas que causan instancias de "gato". Esto provoca inmediatamente la siguiente pregunta : ¿cuáles de esas cosas son fundamentales ? Es decir, de entre todas las cosas del mundo que causan instancias de "gato" debe haber alguna que sea la que fija la referencia y en tal sentido debe ser fundamental y determinante de la referencia de las demás.

El tema no es nuevo. Fodor trata de llegar a una palabra tipo "gato", algo que suena a universales desde bastante lejos. Solamente deberiamos hacer un ligero cambio de terminología para encontrarnos hablando del nombre de la clase de los gatos y de la definición intensiva de esta. O de la idea de "gato" y de la naturaleza de un objeto que concuerde con la esencia de esa idea. Da la impresión de que hemos cambiado las palabras, pero que seguimos enfrentandonos a los mismos problemas con los mismos conceptos. En todo caso cero, con Putnam, que debemos abandonar esa noción de palabra tipo que resulta tan misteriosa y que Fodor tampoco aclara demasiado.

Volvamos a nuestra ley (2). De todas las verdades que la cumplen Fodor afirma que existe una relación de dependencia y que esta relación es asimétrica. Y esta es la parte fundamental del argumento. Esa dependencia asimétrica se expresa mediante un contrafáctico :

(iii)si los gatos no causaran instancias de "gato" entonces ninguna de las otras cosas mencionadas (imagenes, estatuas, maullidos) causarian instancias de "gato".

Esto parece bastante razonable. El problema ahora para Putnam es asegurarse de si la dependencia expresada en esta ley es verdaderamente asimétrica. Putnam se dedica a rebuscar ejemplos bastante descabellados para demostrar que no es así. Tras una excentrica excursión a los famosos mundos posibles propone ejemplos de como la presencia de un objeto, por ejemplo una manzana, puede causar instancias de, por ejemplo "perro". Y esto porque su conocido perro Schlomit tiene la costumbre de comer manzanas. Evidentemente una manzana puede causar instancias de "perro" y desde luego los perros no son la referencia de "manzanas".

En su juego dialogante con el ausente Fodor, Putnam da con la respuesta de este : aunque es cierto que una manzana puede causar instancias de "perro", esa verdad no tiene carácter de ley.

Es el momento de ir un poco más lejos. Putnam está convencido de que el argumento de Fodor se viene abajo cuando "la palabra en cuestión es tal que su extensión está determinada or una definición analítica necesaria y suficiente". Y el ejemplo de tal palabra que Putnam propone es "billonario". Define billonario como una palabra que designa a aquellas personas que tengan una fortuna de al menos un billón de pesetas.Putnam prosigue estableciendo su ejemplo con las siguientes consideraciones : podemos imaginar que hay un pequeño grupo de personas en el mundo que tienen al menos un billón de pesetas, pero que ellas mismas no conocen este neologismo, o que son tan celosas de su intimidad que no lo utilizan ni ellas ni sus amigos ni su banquero… nadie de su entorno. Bien, Putnam concluye que si esto fuera así, la presencia de un billonario no causaría ni una sola vez la instancia "billonario". Y sin embargo, el término seguiria refiriendose a los billonarios.

Uns vez establecido este contraejemplo de la teoría de Fodor, y siguiendo con su hipotético dialogo, Putnam anticipa las posibles respuestas de Fodor. Todas ellas anuladas por el argumento de los billonarios.

Sin embargo Putnam se equivoca. Para descubrirlo debemos ser un poco metafísicos, ahora que este término ha perdido las connotaciones negativas heredadas de Neurath. El término "billonario" no es equivalente ontologicamente hablando a "gato" : mientras este nombra una clase de objetos, el primero no. En realidad "billonario" no es propiamente un nombre, sino un predicado. En otra terminología, una propiedad o, si se prefiere, una cualidad. En este caso secundaria. La presencia de un billonario causaria instancias de "hombre" porque este es el nombre de la clase de objetos que identificamos empiricamente cuando uno de sus miembros se encuentra ante nosotros.

Billonario es una cualificación apropiada para ciertos miembros de la clase de los hombres, que puede ser usada despues de una investigación empírica sobre el miembro en cuestión. De ningún modo es una cualificación esencial y, por tanto, no participa en la definición de la clase de los hombres. Tenemos una buena tradición de esencias, naturalezas y demás para saber cuando un término designa a un objeto o sencillamente lo califica. De modo que un billonario no puede causar instancias de "billonario" igual que no lo hace un filosofo. No quiero decir que un filosofo no cause instancias de "billonario", -eso si es imposoble- sono que un filosofo no causa tampoco instancias de "filosofo". Al menos de forma inmediata. La conclusión es evidente : no solamente los objetos del mundo pueden causar instancias de aquellos términos que se refieren a ellos, buena parte del lenguaje esta causado por otras partes del lenguaje sin un referente obvio. Y ello porque nuestro lenguaje es más grande que el número de clases de objetos que hay en el mundo. Tenemos un nombre para cada clase de objetos, al menos de los objetos conocidos, pero si descubrimos alguno nuevo, lo primero que hacemos es darle un nombre y, hasta ahora, jamás hemos tenido problemas para encontrar uno que aplicarle. Y, además, tenemos adjetivos para determinar esos nombres. Billonario es uno de esos adjetivos.

Rubén Goig Valiente

Del libro de Hilary Putnam, Como renovar la filosofía ; ed. Cátedra, Madrid, 1994