jueves, 1 de mayo de 2008

Murray Gell-Mann y Sistemas Complejos Adaptativos

El Quark y el Jaguar
[Hacia un macromodelo]
Fragmento del libro de Murray Gell-Mann
"El Quark y el Jaguar" Tusquets, Metatemas (1995),
que dice en su introducción:

(...) "El propósito de este volumen es presentar al lector mi propia visión sobre una síntesis que está emergiendo en los límites de la investigación acerca de la naturaleza del mundo que nos rodea: el estudio de lo simple y lo complejo.

Este estudio está empezando a reunir, con una nueva perspectiva, material procedente de muy diversos campos de las ciencias físicas, biológicas y del comportamiento, e incluso de las artes y de las humanidades. El enfoque que conlleva facilita el descubrimiento de conexiones, en ocasiones entre hechos o ideas que a simple vista parecen muy alejados entre sí. Más aún, esta empezando a dar respuesta a algunas de las preguntas que muchos de nosotros, científicos o no, continuamos haciéndonos sobre el verdadero significado de lo simple y lo complejo."

[Estilos de pensamiento: apolíneos y dionisíacos]

Prefacio (...) Pág. 14, in fine

Quienes se dedican a estudiar sistemas complejos adaptativos comienzan ya a encontrar algunos principios generales subyacentes en este tipo de sistemas; la búsqueda de estos principios requiere intensas discusiones y colaboraciones entre especialistas de muchas áreas. Por descontado, el estudio meticuloso e inspirado de cada especialidad sigue siendo tan vital como siempre, pero la integración de las diferentes especialidades es también una necesidad urgente. El puñado de expertos y científicos especialistas que se están convirtiendo en estudiosos de la simplicidad y la complejidad, o de los sistemas complejos adaptativos en general, ha realizado ya importantes contribuciones científicas.

El éxito de esta transición se halla asociado a menudo con cierto estilo de pensamiento. Nietzsche introdujo la distinción entre "apolíneos", aquéllos que dan preferencia a la lógica, la aproximación analítica y el peso desapasionado de la evidencia, y "dionisíacos", aquéllos más inclinados a la intuición, la síntesis y la pasión. Estos rasgos se suelen correlacionar de forma burda con el uso preferente de los hemisferios cerebrales izquierdo y derecho, respectivamente. Algunos de nosotros parecemos pertenecer a otra categoría: los ?odiséicos?, que combinan las dos predilecciones en su búsqueda de conexiones entre las ideas. La gente así suele sentirse sola en las instituciones convencionales, pero encuentran un ambiente particularmente agradable en el Instituto de Santa Fe.

[Las clasificaciones son convencionales]
(...) Pág. 32

También devoraba libros de cuentos y, junto con Ben, leía antologías de poesía inglesa. De vez en cuando íbamos a algún concierto, incluso a la ópera, pero éramos muy pobres y casi siempre teníamos que contentarnos con actividades que no costasen dinero. Hicimos algunas tentativas de tocar el piano y de cantar arias y canciones de Gilbert y Sullivan. Escuchábamos la radio buscando emisoras lejanas, tanto de onda larga como corta, y cuando conseguíamos sintonizar una escribíamos para que nos enviasen una tarjeta postal. Recuerdo vívidamente las de Australia, con imágenes del pájaro cucaburra.

Ben y yo ansiábamos comprender el mundo y disfrutar de él, sin establecer divisiones arbitrarias. No distinguíamos entre las ciencias naturales, las ciencias sociales y del comportamiento, las humanidades o las artes. De hecho, nunca he creído en la primacía de tales distinciones. Lo que siempre me ha Ilamado la atención es la unidad de la cultura humana, donde la ciencia ocupa una parte importante. Incluso la distinción entre naturaleza y cultura humana es poco nítida, pues hay que recordar que también nosotros somos parte de la naturaleza.

La especialización, aunque no deja de ser un rasgo necesario de nuestra civilización, debe complementarse con la integración a través del pensamiento interdisciplinario. Uno de los obstáculos que siguen oponiéndose a dicha integración es la Iínea divisoria entre los que se sienten cómodos con las matemáticas y los que no. Yo tuve la fortuna de poder ejercitar el razonamiento cuantitativo desde una edad temprana.

Sistemas complejos adaptativos 
Pág.34

Un maravilloso ejemplo de esa simplicidad en los principios de la naturaleza es la ley de la gravedad y en concreto la teoría de la gravitación formulada en la relatividad general de Einstein (aunque para Ia mayoría de la gente esta teoría es cualquier cosa menos simple). En el curso de la evolución física del universo, el fenómeno de la gravitación dio origen a la agregación de la materia en galaxias y más tarde en estrellas y planetas, entre ellos nuestra Tierra. Desde el mismo momento de su formación, tales cuerpos ya manifestaban una cierta complejidad, diversidad e individualidad, pero estas propiedades adquirieron un nuevo significado con la aparición de los sistemas complejos adaptativos. En la Tierra este hecho estuvo ligado a los procesos del origen de la vida y la evolución biológica, que han generado la gran diversidad de especies existente. Nuestra propia especie, que al menos en algunos aspectos es la más compleja de las que han evolucionado hasta ahora en este planeta, ha Ilegado a descubrir gran parte de la simplicidad subyacente, incluyendo la teoría de la gravitación misma.

La investigación en las ciencias de la complejidad, tal como se desarrolla en el Instituto de Santa Fe y en cualquier parte del mundo, no sólo intenta desentrañar el significado de lo simple y lo complejo, sino también las semejanzas y diferencias entre los sistemas complejos adaptativos implicados en procesos tan diversos como el origen de la vida, la evolución biológica, la dinámica de los ecosistemas, el sistema inmunitario de los mamíferos, el aprendizaje y los procesos mentales en los animales (incluido el hombre), la evolución de las sociedades humanas, el comportamiento de los inversores en los mercados financieros y el empleo de programas y/o equipos informáticos diseñados para desarrollar estrategias o hacer predicciones basadas en observaciones previas.

Lo que tienen en común todos estos procesos es la existencia de un sistema complejo adaptativo que adquiere información acerca tanto de su entorno como de la interacción entre el propio sistema y dicho entorno, identificando regularidades, condensándolas en una especie de "esquema" modelo y actuando en el mundo real sobre la base de dicho esquema. En cada caso hay diversos esquemas en competencia, y los resultados de la acción en el mundo real influyen de modo retroactivo en dicha competencia.

En muchos aspectos, cada uno de nosotros funciona como un sistema complejo adaptativo (de hecho, el término "esquema" se emplea desde hace tiempo en psicología para referirse a una estructura conceptual de la que el ser humano hace uso para comprender un conjunto de datos, para darle sentido).

Imaginemos que estamos en una ciudad extraña a una hora punta de la tarde intentando coger un taxi en una concurrida avenida que parte del centro. Vemos que los taxis pasan de largo sin pararse, muchas veces porque ya están ocupados, y nos percatamos de que en ese caso la luz del techo está apagada. ?Ajá! Hay que fijarse en los taxis con la luz del techo encendida. Entonces descubrimos que hay taxis que, a pesar de llevar esa luz encendida y no llevar pasajeros, tampoco paran. Hay que modificar el esquema. Pronto nos percatamos de que la luz del techo consta de una parte interna y una externa en donde puede leerse ?fuera de servicio?. Lo que necesitamos es un taxi que lleve encendida sólo la parte interna. Nuestra nueva idea se confirma cuando a una manzana de distancia vemos dos taxis que, tras dejar a sus pasajeros, encienden únicamente la luz interna del techo. Pero estos taxis son inmediatamente ocupados por otros peatones. Unos cuantos más acaban su carrera a poca distancia, pero también son ocupados enseguida. Aquí nos sentimos impelidos a ampliar nuestra búsqueda de un esquema válido, hasta que observamos que en sentido contrario pasan muchos taxis con sólo la luz interna encendida. Cruzamos la avenida, paramos uno y subimos.

[Sacando conclusiones de lo que vemos]

Como ilustración adicional, imaginemos que se nos somete a un experimento psicológico en el que se nos muestra una larga secuencia de imágenes de objetos familiares. Las imágenes representan cosas diversas, y cada una puede aparecer varias veces. Cada cierto tiempo se nos pide que adivinemos qué imágenes van a aparecer. Entonces construimos esquemas mentales de la secuencia, inventando teorías sobre la estructura de ésta basadas en las imágenes que hemos visto antes. Cualquiera de estos esquemas, suplementado con la memoria de las últimas imágenes mostradas, nos permite hacer predicciones. Lo normal es que estas predicciones comiencen siendo erróneas, pero si la secuencia tiene una estructura fácil de captar, la discrepancia entre predicción y observación hará que los esquemas erróneos sean descartados en favor de otros mejores y pronto podremos prever con precisión cuál será la próxima imagen.

Imaginemos ahora un experimento similar ejecutado por un psicólogo sádico que nos muestra una secuencia sin estructura alguna. Probablemente continuaríamos elaborando esquemas fallidos que sólo acertarán de vez en cuando por puro azar. En este caso, los resultados en el mundo real no proporcionan ninguna guía para la elección de otro esquema que no sea ?esta es una secuencia sin ton ni son?. Pero a los seres humanos les cuesta aceptar una conclusión así.

Cuando alguien planea una nueva aventura comercial, mejora una receta o aprende un lenguaje, se está comportando como un sistema complejo adaptativo. Cuando uno adiestra un perro, está observando las acciones de un sistema complejo adaptativo y a la vez se está comportando como tal (si ocurre más lo segundo que lo primero, como suele ser el caso, es posible que sea el perro quien esté adiestrándole a uno). Cuando uno invierte en..bolsa se convierte, junto con los otros inversores, en un sistema complejo adaptativo que forma parte de una entidad colectiva en evolución a través de los esfuerzos de todos sus componentes para mejorar su posición o, por lo menos, para sobrevivir económicamente. Tales entidades colectivas organizadas, del tipo de una empresa o una tribu, constituyen sistemas complejos adaptativos en sí mismas. La humanidad en conjunto no está aún demasiado bien organizada, pero en un grado considerable ya funciona también como un sistema complejo adaptativo.

El aprendizaje en su sentido habitual no es el único ejemplo de sistema complejo adaptativo. La evolución biológica proporciona muchos otros. Mientras que los seres humanos adquieren conocimiento principalmente a través del uso individual o colectivo de su cerebro, en los otros animales la herencia genética es responsable de una fracción mucho mayor de la información necesaria para la supervivencia; esta información, fruto de millones de años de evolución, subyace en lo que, de modo bastante vago, suele denominarse ?instinto?. Las mariposas monarca nacidas en diferentes lugares de los Estados Unidos ?saben? emigrar hasta las laderas cubiertas de coníferas de los volcanes mejicanos, donde se concentran en gran número para pasar el invierno. Isaac Asimov, el conocido ex bioquímico, divulgador científico y escritor de ciencia ficción, me contó que en cierta ocasión mantuvo un debate público con un físico teórico que negaba que un perro tuviese conocimiento de las leyes del movimiento de Newton. Indignado, Isaac le preguntó si seguiría pensando lo mismo después de ver a un perro atrapando al vuelo un plato de plástico con la boca. Es obvio que la palabra "conocimiento" no tenía el mismo significado para ambos. Para el físico sería el resultado de un aprendizaje en el contexto cultural de la empresa científica humana; para Isaac sería el fruto de la evolución biológica a través de la información inscrita en los genes, suplementada con algo de aprendizaje basado en la experiencia.

También es la evolución biológica la que ha hecho surgir en los organismos la capacidad de aprender, ya sea en los paramecios, los perros o las personas. Asimismo, este proceso ha dado lugar a otras formas de sistema complejo adaptativo. Un ejemplo es el sistema inmunitario de los mamíferos, donde tienen lugar procesos muy similares a los de la evolución biológica, pero a una escala temporal de horas o días en lugar de millones de años. Tales procesos permiten identificar a tiempo los organismos invasores o las células extrañas y producir la oportuna respuesta inmunitaria.

[Los sistemas complejos adaptativos generan descendientes]

Los sistemas complejos adaptativos muestran una tendencia general a generar otros sistemas de la misma categoría. La evolución biológica, por ejemplo, puede conducir tanto a soluciones "instintivas" de los problemas que debe afrontar un organismo como al desarrollo de una inteligencia suficiente para resolver los mismos problemas mediante el aprendizaje. El diagrama de la página siguiente ilustra las relaciones entre diversos sistemas complejos adaptativos terrestres. Hace unos cuatro mil millones de años, determinadas reacciones químicas que incluían algún mecanismo de reproducción y de transmisión de las variaciones condujeron a la aparición de la primera forma de vida y después a los diversos organismos que constituyen las comunidades ecológicas. Más tarde la vida originó nuevos sistemas complejos adaptativos, como el sistema inmunitario y los procesos de aprendizaje. En los seres humanos el desarrollo de la capacidad para el lenguaje simbólico convirtió el aprendizaje en una actividad cultural elaborada, y dentro de la cultura humana han surgido nuevos sistemas complejos adaptativos: sociedades, organizaciones, la economía o Ia ciencia, por citar unos cuantos. Ahora que la cultura humana ha creado ordenadores rápidos y poderosos, tenemos la posibilidad de hacer que actúen también como sistemas complejos adaptativos.

[Interconexiones]

En el futuro la cultura humana puede dar lugar a nuevos sistemas complejos adaptativos. Un ejemplo, que ha sido tratado por la literatura de ciencia ficción, me Ilamó por primera vez la atención cuando, a principios de los cincuenta, el gran físico húngaro-norteamericano Leo Szilard, ya retirado, nos invitó a un colega y a mí a asistir a un congreso internacional sobre control de armas. Mi colega, ?Murph? Goldberger (que sería presidente de Caltech y después di rector del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton), replico que sólo podría asistir a la segunda mitad del congreso; yo por mi parte respondí que sólo podría asistir a la primera mitad. Leo pensó un momento y después nos dijo: ?No, no puede ser; vuestras neuronas no están interconectadas?.

Es posible que algún día, para bien o para mal, tales interconexiones puedan llevarse a cabo. Un ser humano podría conectarse a un ordenador avanzado directamente (no a través de una consola o de la palabra) y a través de ese ordenador podría conectarse a otras personas. Los pensamientos y emociones podrían compartirse en su totalidad, no del modo selectivo y engañoso que permite el lenguaje. (Según una máxima atribuida a Voltaire, "los hombres... emplean el lenguaje sólo para disimular sus pensamientos?.) Mi amiga Shirley Hufstedler dice que estar unidos por cables es algo que no recomendaría a una pareja a punto de casarse. Por mi parte no estoy seguro de que este procedimiento sea recomendable en ningún caso (aunque, si todo fuera bien, quizá podría aliviar algunos de los problemas humanos más intratables). Pero ciertamente crearía una nueva forma de sistema complejo adaptativo, un auténtico conglomerado de seres humanos.

Los estudiosos de los sistemas complejos adaptativos comienzan a familiarizarse con sus propiedades generales y también con sus peculiaridades. Aunque difieren grandemente en sus características físicas, todos procesan información de algún modo. Este rasgo común es seguramente el mejor punto de partida para explorar su funcionamiento.

[Información]
Cap 3.

INFORMACIÓN Y COMPLEJIDAD (Pág. 40)

El estudio de cualquier sistema complejo adaptativo se concentra en la información, que llega al sistema en forma de un flujo de datos (por ejemplo, una secuencia de imágenes, mostradas a un sujeto en un experimento psicológico). Examinamos la manera en que el sistema percibe regularidades que extrae del flujo de datos separándolas de lo que es incidental o arbitrario y condensándolas en un esquema sujeto a variación (en el supuesto anterior, el sujeto crea y modifica continuamente leyes hipotéticas que se supone que gobiernan las regularidades encontradas en la secuencia de imágenes). Observamos cómo cada uno de los esquemas resultantes se combina entonces con información adicional, de la clase de la información incidental dejada de lado en la abstracción de regularidades a partir del nujo de datos, para generar un resultado aplicable al mundo real: la descripción de un sistema observado, la predicción de algún suceso o la prescripción del comportamiento del propio sistema complejo adaptativo. (En el experimento psicológico, el sujeto puede combinar un posible esquema basado en las imágenes anteriores con unas cuantas de las siguientes para hacer una predicción de las imágenes que saldrán a continuación En este caso, como suele pasar, la información adicional procede de una porción posterior del mismo flujo de datos del que el esquema fue abstraído.) Finalmente, vemos qué efectos tiene dicha descripción, predicción o comportamiento en el mundo real; tales efectos son retroactivos, ejerciendo ?presiones selectivas? sobre los esquemas en competencia algunos de los cuales quedan desacreditados o descartados, mientras que otros sobreviven y prosperan. (En el ejemplo, un esquema predictivo contradicho por las imágenes subsiguientes presumiblemente será descartado por el sujeto, mientras que otro cuyas predicciones son correctas será conservado. Aquí el esquema se pone a prueba contrastándolo con una porción ulterior del mismo. flujo de datos del que nació y del que se obtuvo la información adicional para hacer predicciones.) El funcionamiento de un sistema complejo adaptativo puede representarse en un diagrama como el de esta página, donde se hace hincapié en el flujo de información.

Los sistemas complejos adaptativos se hallan sujetos a las leyes de la naturaleza, que a su vez se fundamentan en las leyes físicas de la materia y el universo. Por otra parte, la existencia de tales sistemas sólo es posible en condiciones particulares.

Para examinar el universo y la estructura de la materia podemos seguir la misma estrategia adoptada en el estudio de los sistemas complejos adaptativos: concentrarse en la información. ?Cuáles son las regularidades y donde entran la contingencia y la arbitrariedad?

[Indeterminación]
Indeterminación cuántica y caótica.

De acuerdo con la física decimonónica, el conocimiento exacto de las leyes del movimiento y de la configuración del universo en un momento dado permitiría, en principio, la predicción de la historia completa de éste. Ahora sabemos que esto es absolutamente falso. El universo es mecanocuántico, ]o que implica que, aún conociendo su estado inicial y las leyes fundamentales de la materia, sólo puede calcularse un conjunto de probabilidades para las diferentes historias posibles. Por otra parte, esta "indeterminación" cuántica va mucho más allá de lo que suele creerse. Mucha gente conoce el principio de incertidumbre de Heisenberg, que prohíbe, por ejemplo, conocer simultáneamente con exactitud la posición y el momento de una partícula. Mientras que este principio ha sido ampliamente divulgado (a veces de manera francamente errónea) apenas se habla de la indeterminación adicional requerida por la mecánica cuántica. Más adelante volveremos sobre este tema.

Aunque la aproximación clásica esté justificada y, en consecuencia, pueda ignorarse la indeterminación mecanocuántica, todavía nos queda el extendido fenómeno del caos, en el que la evolución de un proceso dinámico no lineal es tan sensible a las condiciones iniciales que un cambio minúsculo en la situación al principio del proceso se traduce en una gran diferencia al final.

Algunas de las conclusiones contemporáneas sobre determinismo y caos en mecánica clásica ya fueron anticipados en 1903 por el matemático francés Henri Poincaré en su libro Ciencia y método (citamos por Ivars Peterson en Newton's Clock [El reloj de Newtonl):

"Si conociéramos con precisión infinita las leyes de la naturaleza y la situación inicial del universo, podríamos predecir exactamente la situación de este mismo universo en un momento posterior. Pero incluso aunque las leyes naturales no tuvieran ningún secreto para nosotros, sólo podríamos conocer la situación inicial de modo aproximado. Todo lo que necesitamos para poder decir que un fenómeno ha sido predicho y que está regido por leyes es poder predecir la situación posterior con la misma aproximación que la inicial. Pero esto no siempre es posible; puede ocurrir que las pequeñas diferencias en las condiciones iniciales se hagan muy grandes en el resultado final. Un pequeño error al principio producirá un error enorme al final. La predicción se hace imposible y tenemos un fenómeno fortuito."

[Caos]

Uno de los artículos que llamaron la atención sobre el caos en los años sesenta fue publicado por el meteorólogo Edward N. Lorenz. De hecho, la meteorología es una fuente de ejemplos familiares de caos. Aunque las fotografías por satélite y el uso de potentes ordenadores han hecho que la predicción del tiempo sea absolutamente fiable para muchos propósitos, los partes meteorológicos todavía no pueden garantizarnos lo que mucha gente quiere saber: si lloverá o no aquí y mañana. Tanto el lugar exacto por donde pasará una tormenta como el momento en que descargará la lluvia pueden ser arbitrariamente sensibles a los detalles de los vientos y de la posición y estado físico de las nubes unos cuantos días o incluso unas horas antes. La más ligera imprecisión en los datos meteorológicos hace que uno no pueda fiarse de la previsión para mañana a la hora de planear una excursión.

Dado que nada puede medirse con una precisión absoluta, el caos da origen a una indeterminación efectiva en el nivel clásico que se superpone a la indeterminación cuántica. La interacción entre estas dos clases de impredictibilidad es un aspecto fascinante y todavía poco estudiado de la física contemporánea. El reto que supone comprender la relación entre la impredictibilidad de carácter cuántico y la de carácter caótico ha Ilegado incluso a Ilamar la atención de los editores de Los Angeles Times, tanto que en ].987 le dedicaron al tema un editorial en el que se señalaba la aparentemente paradójica incapacidad de los teóricos para encontrar la indeterminación de carácter caótico que debería aparecer superpuesta a la de carácter cuántico cuando se aplica la mecánica cuántica a sistemas que exhiben caos en el dominio clásico.

Pero la cuestión comienza a aclararse gracias al trabajo de diversos físicos teóricos, entre ellos Todd Brun, uno de mis discípulos. Sus resultados parecen indicar que, para muchos propósitos, es útil contemplar el caos como un mecanismo que amplifica a escala macroscópica la indeterminación inherente a la mecánica cuántica.

En los últimos tiempos se ha publicado un montón de artículos sobre caos escritos bastante a la ligera. Un término técnico aplicado en principio a un fenómeno de la mecánica no lineal, ha acabado convirtiéndose en una especie de etiqueta para designar cualquier clase de complejidad o incertidumbre, real o aparente. Si en alguna de mis conferencias sobre, digamos, sistemas complejos adaptativos, menciono el fenómeno aunque sólo sea una vez, y a veces ni eso, estoy seguro de que seré felicitado al final por mi interesante charla sobre ?caos?.

El impacto de los descubrimientos científicos en la literatura y la cultura popular tiende a traducirse en que ciertos elementos de vocabulario, interpretados de modo vago o erróneo, suelen ser lo único que sobrevive al viaje desde la publicación técnica a los libros y revistas populares. Los dominios de aplicación o Ias distinciones importantes, y a veces las propias ideas, tienden a perderse por el camino. Piénsese si no en los usos populares de palabras como "ecología" o "salto cuántico", y ya no digamos de la expresión New Age "campo de energía". Naturalmente, uno siempre puede argumentar que palabras como "caos" o "energía" ya existían antes de convertirse en términos técnicos, pero lo que resulta distorsionado en el proceso de vulgarización es precisamente su significado técnico, no el original.

Dada la eficacia creciente de las técnicas literarias en la transformación de conceptos útiles en tópicos huecos, hay que esmerarse si se quiere evitar que las diversas nociones de complejidad corran la misma suerte. Más adelante las detallaremos y examinaremos el dominio de aplicación de cada una de ellas.

[Definición de "complejo"]

Pero antes, ¿qué se entiende por ?complejo? cuando hablamos de "sistema complejo adaptativo" en el sentido aquí empleado? De hecho, no hace falta que la palabra "complejo" tenga un significado preciso en esta frase, que es puramente convencional. Su presencia implica la convicción de que tales sistemas poseen un grado mínimo de complejidad convenientemente definido.

La simplicidad hace referencia a la ausencia (o casi) de complejidad. Etimológicamente simplicidad significa "plegado una vez?, mientras que complejidad significa "todo trenzado? (nótese que tanto "plic-" para pliegue como "plej-" para trenza derivan de la misma raíz indoeuropea plek).

Diferentes formas de complejidad

¿Qué se entiende realmente por simplicidad y complejidad? ¿En qué sentido es simple la gravitación einsteiniana y complejo un pez de colores? No son cuestiones sencillas -no es simple definir ?simple?-. Probablemente no existe un único concepto de complejidad que pueda captar adecuadamente nuestras nociones intuitivas. Puede que se requieran varias definiciones diferentes, algunas quizá todavía por concebir.

Una definición de complejidad surge de la ciencia informática, y tiene que ver con el tiempo requerido por un ordenador para resolver un problema determinado. Dado que este tiempo depende también de la competencia del programador, el que se toma en consideración es el más corto posible, lo que se conoce habitualmente como "complejidad computacional? del problema.

Dicho tiempo mínimo depende aún de la elección del ordenador. Esta ?dependencia del contexto? surge una y otra vez en los intentos de definición de complejidad. Pero los informáticos se interesan particularmente en conjuntos de problemas que son similares excepto en magnitud, y por lo tanto la cuestión principal es saber qué pasa con la complejidad computacional cuando la magnitud del problema aumenta ilimitadamente. ?Cuál es la relación entre el tiempo mínimo y la magnitud del problema cuando ésta tiende a infinito? La respuesta a esta cuestión puede que sea independiente de los detalles del ordenador.

La complejidad computacional ha demostrado ser una noción verdaderamente útil, pero no se corresponde demasiado con el sentido habitual de la palabra ?complejo?, como cuando se dice que el argumento de un relato o la estructura de una organización son altamente complejos. En este contexto estamos más interesados en saber cuán largo sería el mensaje requerido para describir determinadas propiedades del sistema en cuestión que en saber cuánto se tardaría en resolver cierto problema con un ordenador.

En el seno de la ecología se ha debatido durante décadas si los sistemas ?complejos?, como las selvas tropicales, tienen un poder de recuperación mayor o menor que los sistemas comparativamente ?simples?, como los bosques alpinos de robles y coníferas. Aquí el poder de recuperación se refiere a la probabilidad de sobrevivir a (o incluso sacar partido de) perturbaciones tales como cambios climáticos, incendios u otras alteraciones del medio ambiente, hayan sido o no causadas por la actividad humana. Parece ser que entre los ecólogos se va imponiendo el argumento de que, hasta cierto punto, el ecosistema más complejo es el más resistente ?pero qué se entiende aquí por simple y complejo? La respuesta tiene que ver ciertamente con la longitud de la descripción del bosque.

Una noción muy elemental de la complejidad de un bosque podría

obtenerse contando el número de especies de árboles (menos de una docena en un bosque alpino típico de clima templado frente a cientos de ellas en una selva tropical). También se podría contar el número de especies de aves y mamíferos; otra vez saldrían ganando las selvas: tropicales. Con los insectos las diferencias serían aún mayores -Piénsese en el número de especies de insectos que debe de haber en la selva ecuatorial-. (Siempre se ha creído que este número debía de ser muy grande, pero las estimaciones recientes sugieren que es todavía más grande de lo que se pensaba. A partir de los estudios de Terry Erwin, de la Smithsonian Institution, consistentes en recoger y clasificar todos los insectos presentes en un solo árbol tropical, se ha visto que el número de especies, muchas de ellas nuevas para la ciencia, es del orden de diez veces mayor de lo que se suponía.)

También se pueden tomar en consideración las interacciones entre organismos, del tipo depredador-presa, parásito-huésped, polinizador-polinizado, etc.

Resolución

Ahora bien, con que detalle habría que hacer las observaciones? ?Habría que considerar los microorganismos, virus incluidos? ?Habría que atender a las interacciones más sutiles además de las obvias? Está claro que hay que detenerse en algún punto.

Por lo tanto, cuando se define una forma de complejidad siempre es necesario acotar el grado de detalle en la descripción del sistema, ignorando los detalles más finos. Los físicos llaman a esto ?resolución?. Piénsese en una imagen fotográfica. Si se amplía algún pequeño detalle de la misma se pondrán de manifiesto los gránulos individuales de la película y se verá sólo un montón de puntos que componen una imagen tosca del detalle observado. El título de la película de Antonioni Blow-Up se refiere a esa ampliación. El granulado de la fotografía impone un límite en la cantidad de información que puede proporcionar ésta. Si la película es de grano muy grueso, lo más que puede obtenerse es una imagen de baja resolución que da una impresión aproximada de ]o fotografiado. Si un satélite espía fotografía un ?complejo? militar desconocido con anterioridad, la medida de complejidad que se le asigne dependerá también del granulado de la película.

[Esquemas de conexiones. Fig. 3 pág.47]

Una vez establecida la importancia de la resolución, aún queda

pendiente la cuestión de cómo definir la complejidad de lo que se observa. iQué caracteriza, por ejemplo, una red de comunicación compleja entre un cierto número (digamos N) de personas? Esta cuestión podría planteársele a un psicólogo o sociólogo que intente comparar lo bien o lo rápido que es resuelto un problema por las N personas en diferentes condiciones de comunicación. En un extremo (que llamaremos caso A) cada persona trabaja por su cuenta y no existe ninguna comunicación. En el otro (que llamaremos caso F) cada persona puede comunicarse con cualquier otra. El caso es obviamente simple, pero ?es el caso F mucho más complejo o es de una simplicidad comparable a la del caso A?

Para fijar el grado de detalle (resolución) supongamos que cada persona recibe un tratamiento equivalente, sin distinción de rasgos individuales, y es representada en un diagrama como un simple punto en posición arbitraria, siendo todos los puntos intercambiables. La comunicación entre dos personas cualesquiera es posible o imposible, sin gradaciones, y cuando existe se representa como un segmento (no orientado) que conecta dos puntos. El resultado es ]o que los matemáticos llaman un ?grafo no orientado".

La longitud de la descripción

Con el nivel de detalle así especificado puede explorarse el significado de la complejidad de un esquema de conexiones. Consideremos primero un pequeño número de puntos, por ejemplo ocho (N = 8). Es fácil entonces trazar parte de los esquemas que resultan, incluyendo algunos triviales. Los diagramas de la página 47 representan algunos de los esquemas de conexiones posibles entre ocho individuos. En A ningún punto está conectado con otro. En B hay puntos conectados y puntos aislados. En C todos los puntos están conectados, pero no aparecen todas las conexiones posibles. En D aparecen las conexiones que faltan en C y están ausentes las otras; D es lo que podríamos Ilamar el ?complementario? de C y viceversa. Lo mismo podemos decir de E y B, y también de F y A: en el esquema A no hay conexiones, mientras que en el F están todas las posibles. ?A que esquemas hay que asignar mayor, o menor complejidad?

Todo el mundo estará de acuerdo en que A, que no tiene conexiones, es simple y que B, con algunas conexiones, es más complejo, o menos simple, que A. Pero ?qué ocurre con el resto? El caso F es particularmente interesante. Inicialmente; uno podría pensar que se trata del más complejo de todos, pues es donde hay más conexiones. Ahora bien, ?es esto razonable? ?No resulta acaso igual de simple estar totalmente conectado que no estarlo en absoluto? Quizá F deba situarse junto con A en la parte inferior de la escala de complejidad.


Lo cual nos lleva de nuevo a la propuesta de definir la complejidad de un sistema por medio de la longitud de su descripción. La figura F resulta entonces tan simple como su complementaria A, ya que la frase ?todos los puntos conectados? es más o menos igual de larga que la frase ?ningún punto conectado?. Por otra parte, la complejidad de E no es muy diferente de la de su complementario B, ya que la adición del término ?complementario? no alarga significativamente la descripción. Lo mismo pasa con D y C. En general, los esquemas complementarios tendrán una complejidad semejante.

Los esquemas B y E son evidentemente más complejos que A y F, y lo mismo pasa con C y D. La comparación de B y E con C y D es más complicada. Según el criterio de la longitud de la descripción, podría parecer que C y D son más complejos, pero el que esto sea cierto depende en alguna medida del vocabulario disponible para efectuar la descripción.

Antes de seguir adelante, es interesante remarcar que los mismos diagramas y la misma argumentación que hemos desarrollado en relación con los esquemas de comunicación pueden aplicarse a otra situación de gran trascendencia para la ciencia, la tecnología y el comercio actuales. La informática moderna está haciendo rápidos progresos en la construcción y utilización de ordenadores "paralelos" mucho más efectivos que las máquinas convencionales en la resolución de ciertos problemas. En lugar -un único ordenador gigante que trabaja continuamente en un problema hasta su conclusión, se disponen numerosas unidades más pequeñas trabajando simultáneamente, con una determinada red de conexiones entre ellas. Una vez más podemos preguntarnos qué significado tiene el que una red de comunicación sea más compleja que otra. De hecho, fue precisamente un físico que trabajaba en el diseño de un ordenador paralelo quien me planteó esta misma cuestión hace años, renovando así mi interés en el problema de la definición de la complejidad.

Recordemos la posibilidad de contar el número de especies, tener en cuenta las interacciones, etc., como opción para caracterizar las comunidades ecológicas simples y complejas. Si se hiciera una lista de, por ejemplo, los tipos de árboles presentes en una comunidad, la longitud de esta parte de la descripción sería más o menos proporcional número de especies de árboles. También en este caso, por lo tanto, sería de hecho la longitud de la descripción lo que se estaría empleando como medida

Dependencia del contexto

Si la complejidad se define en términos de la longitud de una descripción dada, entonces no es una propiedad intrínseca de la cosa descrita. Es obvio que la longitud de la descripción depende también del descriptor. (Me viene a la memoria el relato de James Thurber "The Glass in The Field? [El cristal en el campo], en el que un jilguero cuenta a los otros pájaros su colisión con una lámina de vidrio:

[Fin pág.49]


Cap. 17

Del aprendizaje al pensamiento creativo. (Pág. 280)

(....) Pág. 283

[Creatividad]

Experiencias compartidas sobre gestación de ideas creativas


Hacia 1970 formé parte de un pequeño grupo de físicos, biólogos, pintores y poetas reunidos en Aspen, Colorado, para debatir sobre la experiencia de la gestación de ideas creativas. Cada uno de nosotros describió un episodio referente a su propio trabajo. Yo elegí el del lapsus durante mi charla en Princeton.

Los relatos mostraban una notable concordancia. Todos habíamos encontrado una contradicción entre el modo establecido de hacer las cosas y algo que queríamos llevar a cabo: en el arte, la expresión de un sentimiento, un pensamiento, una intuición; en la teoría científica, Ia explicación de algunos hechos experimentales enfrentados a un ?paradigma? aceptado que no permite tal explicación.

En primer lugar, habíamos trabajado durante días, semanas o meses, meditando sobre las dificultades del problema en cuestión e intentando solventarlas. En segundo lugar, había Ilegado un momento en que, aunque siguiéramos dándole vueltas al asunto, era inútil seguir pensando. En tercer lugar, de modo repentino, mientras paseábamos en bicicleta, nos afeitábamos o cocinábamos (o por una equivocación, como en el ejemplo descrito por mí) se presentaba la idea crucial. Habíamos conseguido salir del atolladero en que nos habíamos metido.

A todos nos Ilamó la atención la congruencia entre nuestras respectivas historias. más adelante he sabido que esta percepción del acto creativo es de hecho bastante antigua. Hermann von Helmholtz, el gran físiólogo y físico de finales del siglo pasado, describió las tres etapas de la gestación de una idea como saturación, incubación e iluminación, en perfecta concordancia con lo que los miembros del grupo de Aspen estuvimos discutiendo un siglo después.

[Incubación]

Cabe preguntarse qué es lo que pasa durante la segunda etapa, la de incubación. Para quienes se inclinen por el psicoanálisis, una interpretación que acude de inmediato a la mente es que a lo largo del período de incubación, la actividad mental continúa, pero en el nivel ?preconsciente?, justo al borde de la conciencia. Mi propia experiencia, con el descubrimiento repentino de la solución correcta como consecuencia de un desliz, difícilmente puede ajustarse mejor a tal interpretación. Pero algunos psicólogos académicos escépticos ofrecen una hipótesis alternativa, la de que en realidad no ocurre nada durante


La fase de incubación, excepto quizás un debilitamiento de la propia fe en el falso principio que entorpece la búsqueda de soluciones. El verdadero pensamiento creativo tendría lugar entonces justo antes del momento de la iluminación. En cualquier caso, entre la fase de saturación y la de iluminación siempre transcurre un intervalo de tiempo apreciable que puede considerarse como un período de incubación, tanto si pensamos intensamente sin ser conscientes de ello como si solamente algún prejuicio pierde gradualmente su capacidad para dificultar el hallazgo de una solución.

[Verificación]

En 1908, Henri Poincaré añadió una cuarta etapa, importante aunque obvia: la verificación. Poincaré describe su propia experiencia en el desarrollo de una teoría para cierta clase de funciones matemáticas. Trabajó incansablemente en el problema durante dos meses sin éxito. Una noche de insomnio le pareció que ?las ideas surgían en tropel; las sentía colisionar hasta que, por así decirlo, un par de ellas quedaban trabadas formando una combinación estable?. Todavía no tenía la solución. Pero, un día después, estaba subiendo a un autobús que lo iba a transportar junto con varios colegas en una excursión geológica de campo cuando "... sin que nada en mis pensamientos pareciera haberle preparado el camino, me vino de pronto la idea de que las transformaciones que había empleado para definir estas funciones eran idénticas a las de la geometría no euclídea. No la verifiqué en ese momento, y cuando tomé asiento continué con una conversación iniciada antes, pero sentía una certeza absoluta. De vuelta a Caen, para tranquilizar mi conciencia, verifiqué el resultado?.

El psicólogo Graham Wallas describió formalmente este proceso de cuatro etapas en 1926, y desde entonces ha sido un tema estándar dentro de la psicología aplicada, aunque pienso que ninguno de nosotros en la reunión de Aspen había oído hablar antes de él. Lo encontré por primera vez en el libro de Morton Hunt The Universe Within (El universo interior), de donde he sacado las citas anteriores.

?Puede acelerarse o eludirse la incubación?

Ahora bien, ?es necesario pasar por un período de incubación? ?Puede acelerarse o eludirse esta etapa de modo que no tengamos que esperar tanto para que acuda la nueva idea indispensable? ?Podemos encontrar un atajo para salir del atolladero intelectual en el que estamos atrapados?

Hay gente que ofrece programas especiales para aprender determinadas técnicas mentales y que asegura que el pensamiento creativo puede desarrollarse con un adiestramiento adecuado. Algunas de sus sugerencias para salir del atolladero se ajustan bastante bien a una interpretación del proceso en términos de sistemas complejos, adaptativos. El aprendizaje y el pensamiento en general ejemplifican el funcionamiento de los sistemas complejos adaptativos, y quizá la más alta expresión de esta facultad en la Tierra es el pensamiento creativo humano.

Un análisis aproximado en términos de relieves adaptativos

Como en cualquier otro análisis de sistemas complejos adaptativos, resulta instructivo introducir las nociones de adaptación y relieve adaptativo, aunque, todavía más que en el caso de la evolución biológica, no dejan de ser idealizaciones supersimplificadas. Es improbable que un conjunto de presiones selectivas sobre los procesos mentales pueda expresarse en términos de una adaptación bien definida.

[Busqueda de creatividad]

Esto es especialmente cierto en la búsqueda de ideas creativas por parte de un artista. En ciencia el concepto probablemente puede aplicarse mejor: la adaptación o adecuación de una idea teórica sería una medida de hasta qué punto mejora la teoría existente, por ejemplo al explicar nuevas observaciones a la vez que mantiene o incrementa la coherencia y el poder explicativo de dicha teoría. En cualquier caso, imaginemos que tenemos un relieve adaptativo para las ideas creativas. Aquí también asociaremos una altura decreciente con una adaptación creciente (compárese con el diagrama de la página 268).

Como hemos visto en el caso de la evolución biológica, es demasiado simple suponer que un sistema complejo adaptativo únicamente se desliza pendiente abajo. Cuando cayese en una depresión, el sistema descendería uniformemente hasta Ilegar al fondo, un máximo local de adaptación. La región en forma de embudo que rodea a cada uno de estos máximos locales recibe el nombre de cuenca de atracción. Si el sistema no hiciera otra cosa que descender, está claro que sería muy probable que quedase atrapado en el fondo de una depresión poco profunda. A mayor escala hay más cuencas, algunas de las cuales pueden ser más profundas (y por lo tanto representar una mayor adaptación y ser más ?deseables?) que aquella en la que se encuentra el sistema, como se muestra en la página 268. ?Cómo se las arregla el sistema para explorar estas otras cuencas?

Una manera de salir de una cuenca de atracción, como se discutía en el caso de la evolución biológica, tiene que ver con el ruido, entendido éste como un movimiento aleatorio superpuesto a la tendencia descendente. El ruido da al sistema la oportunidad de escapar de una depresión somera y encaminarse hacia alguna de las depresiones vecinas más profundas, hasta alcanzar el fondo de una depresión auténticamente profunda. Sin embargo, el ruido debe ser tal que las amplitudes de las excursiones aleatorias no sean demasiado grandes. De otro modo la interferencia con el proceso de descenso sería excesiva, y el sistema no permanecería en una cuenca profunda ni siquiera después de haberla alcanzado.

Otra posibilidad es que haya pausas en el proceso de descenso uniforme que permitan una exploración libre de las proximidades. Esto permitiría el descubrimiento de depresiones vecinas más profundas. Hasta cierto punto tales pausas se corresponden con el proceso de incubación en el pensamiento creativo, en el que la búsqueda metódica de la idea requerida queda en suspenso y la exploración puede continuar fuera de los límites del pensamiento consciente.

Algunas recetas para escapar hacia cuencas más profundas

Algunas de las sugerencias para acelerar el proceso de gestación de una idea creativa se ajustan bien al cuadro del uso de un nivel controlado de ruido para evitar quedarse en el fondo de una cuenca de atracción demasiado poco profunda. Se puede intentar escapar de la cuenca original por medio de una perturbación aleatoria -Edward De Bono, por ejemplo, recomienda intentar aplicar al problema, sea cual sea, el último sustantivo de la portada del diario.

Otro método, muy empleado a lo largo de la posguerra, es el Ilamado ?de imaginación creativa?. Aquí varias personas intentan encontrar soluciones a un problema reuniéndose para una discusión colectiva en la que se anima a una de ellas a desarrollar la sugerencia de alguna otra sin que esté permitido rechazarla por muy estrafalaria que sea. Una propuesta disparatada o autocontradictoria puede representar un estado mental inestable que conduzca a una solución. DeBono gusta de citar como ejemplo una discusión sobre el control de la contaminación fluvial, en la cual alguien podría decir: ?Lo que de verdad hace falta es asegurarse de que las fábricas estén aguas abajo en relación a ellas mismas?. Esta sugerencia es manifiestamente imposible, pero alguien más podría derivar de ella una propuesta más seria diciendo: ?Se puede hacer algo parecido a eso colocando la toma de agua de cada fábrica aguas abajo en relación al desagüe?. La idea disparatada puede contemplarse como una elevación dentro del relieve adaptativo que puede conducir a una cuenca mucho más profunda que la de partida.

?Transferencia de técnicas mentales?

[Venezuela]

Edward y muchos otros han preparado material didáctico para cursos especiales de técnicas mentales para escolares, así como para empresas y hasta asociaciones de vecinos. Algunas de estas técnicas se refieren al logro de ideas creativas. Estos cursos han sido ensayados en diversas partes del mundo. En Venezuela, por ejemplo, uno de sus últimos presidentes creó un ministerio de inteligencia para fomentar la enseñanza de técnicas mentales en las escuelas de aquel país. Bajo los auspicios del nuevo ministerio un gran número de estudiantes ha seguido diversos cursos de este tipo.

Frecuentemente el contenido de los cursos destaca el uso de técnicas mentales en contextos particulares. Por ejemplo, muchos de los ejercicios de Edward tienen que ver con lo que yo llamaría análisis o estudios políticos. Se refieren a elecciones entre líneas de acción alternativas a escala de individuo, familia, organización, pueblo o ciudad, estado o provincia, nación o entidad supranacional (un ejercicio puede comenzar, por ejemplo, con la hipótesis de que una nueva ley ha sido aprobada, y seguir con una discusión sobre sus posibles consecuencias). Por regla general, los contenidos se refieren al hallazgo y análisis de argumentos a favor y en contra de diversas opciones conocidas y al descubrimiento de otras nuevas.

Una cuestión que surge de modo natural es hasta qué punto las técnicas aprendidas en un cierto contexto son transferibles a otros diferentes. Ejercitar la mente ideando nuevas opciones políticas (o sopesando los méritos relativos de las viejas) sirve para descubrir ideas nuevas y aprovechables en una rama de la ciencia o para crear grandes obras de arte? ?Sirve para que los escolares aprendan ciencias, matemáticas, historia o lengua? Es posible que algún día tengamos una respuesta clara a estas preguntas. Mientras tanto, sólo disponemos de una información muy preliminar.

Comprobación de la validez de diversos métodos propuestos

Cuando alguien sigue un curso de técnicas mentales, resulta especialmente dificultoso determinar si ha tenido lugar algún progreso en la capacidad creativa del estudiante. Idealmente se debería disponer de un test más o menos normalizado, de modo que las partes interesadas -padres, funcionarios de la enseñanza y del gobierno, y legisladores pudiesen comprobar los resultados. ?Pero cómo puede un test normalizado medir el pensamiento creativo? Los problemas de diseño proporcionan una respuesta parcial. Por ejemplo, me han contado que en Venezuela se les pidió en una ocasión a los estudiantes de técnicas mentales que diseñaran una mesa para un pequeño apartamento. Es concebible que las respuestas a problemas de este tipo, calificadas con arreglo a un sistema de puntuación imaginativo y cuidadosamente estudiado, puedan dar alguna indicación acerca de la asimilación de las técnicas creativas por parte de los estudiantes.

David Perkins, de la Harvard Graduate School of Education, uno de los proponentes del problema de la mesa, está especialmente interesado en infundir la enseñanza de técnicas mentales a la totalidad del programa educativo y no restringirla a cursos especiales. Destaca especialmente que la necesidad de ideas creativas no surge sólo en los dominios estratosféricos de la ciencia y el arte, sino también en la vida diaria. Cita el ejemplo de un amigo que, en una excursión donde nadie había pensado en traer un cuchillo, salvó la situación cortando el queso con una tarjeta de crédito.

David señala que la investigación ha identificado cierto número de rasgos propios de la gente que, en el dominio de las ideas, consigue repetidamente salir de una cuenca de atracción para Ilegar a otra más profunda. Estos rasgos incluyen la dedicación a la tarea, la conciencia de estar atrapado en una cuenca inadecuada, una cierta inclinación a balancearse en las fronteras entre cuencas y la capacidad de formular y resolver problemas. Parece improbable que para poseer estos rasgos uno tenga que nacer con ellos. Es muy posible que puedan inculcarse, pero no está nada claro que las escuelas actuales hagan una labor significativa en esa dirección. Por ejemplo, como hace notar David, las escuelas son prácticamente los únicos sitios donde uno acostumbra a encontrarse con problemas ya formulados.

Formulación de problemas y limites verdaderos de un problema

La formulación de un problema tiene que ver con el descubrimiento de sus límites reales. Para ilustrar lo que quiero decir, tomaré prestados algunos ejemplos que mi amigo Paul MacCready, antiguo vecino y compañero de clase en Yale, suele emplear en sus conferencias como ilustración de soluciones originales a problemas (Paul es el inventor del avión a pedales, el avión de energía solar, el pterodáctilo artificial volador y otros ingenios de lo que él modestamente llama "la frontera trasera de la aerodinámica?). Aunque emplearé sus mismos ejemplos, la lección que extraeré será algo diferente .

Consideremos el famoso problema ilustrado en esta página: ?Conectar los nueve puntos trazando el menor número posible de líneas rectas sin levantar el lápiz del papel?. Mucha gente asume que las líneas tienen que mantenerse dentro del cuadrado determinado por los puntos exteriores, aunque esta restricción no forma parte del enunciado del problema. De este modo se requieren cinco líneas para resolverlo. Si permitimos que las líneas se prolonguen por fuera del cuadrado, entonces bastan cuatro, como se muestra en la ilustración. Si este fuera un problema en el mundo real, un paso crucial en su formulación sería descubrir si hay alguna razón para confinar las líneas dentro del cuadrado. Esto forma parte de lo que yo llamo la determinación de los límites del problema.

[diagrama con el problema de los 9 puntos]

Si el problema permite que las líneas se prolonguen por fuera del cuadrado, quizá permita también otras libertades. ?Qué tal si rompemos el papel en trozos, lo redistribuimos de modo que los puntos queden en fila y dibujamos una Iínea recta por encima de ellos en un solo trazo? Varias ideas como ésta han sido recogidas por James L. Adams en su libro Conceptual Blockbusters (Rompecabezas conceptuales). La mejor estaba en una carta que le envió una jovencita, (reproducida en Ia página 291). El punto clave es la última frase:

?Nadie dijo que no se pudiera usar una línea gruesa?. ?Están prohibidas las líneas gruesas o no? ?Cuáles son las reglas en el mundo real?

Como siempre, determinar los límites del problema es un tema fundamental en la formulación del mismo. Este punto se pone de manifiesto de manera aún más clara en ?La historia del barómetro"*, escrita por un profesor de física, el doctor Alexander Calandra de la Universidad de Washington en St. Louis:

[El caso del barómetro que medía alturas]

Hace algún tiempo recibí una Ilamada de un colega para preguntarme si quería hacer de árbitro en la calificación de una pregunta de examen. Por lo visto a un estudiante se le había puesto un cero por su respuesta a una cuestión de física, mientras que él reclamaba que merecía la nota máxima y que se la habrían dado si no fuera porque el sistema siempre va en contra del alumno. Estudiante y profesor acordaron someter el asunto a un árbitro imparcial, y yo había sido el elegido....

Fui al despacho de mi colega y leí la pregunta en cuestión, que decía así: ?Mostrar cómo se puede determinar la altura de un edificio elevado con la ayuda de un barómetro?.

La respuesta del estudiante era: ?Se toma el barómetro en lo alto del edificio, se le ata una cuerda larga, se baja el barómetro hasta el suelo y después se vuelve a subir midiendo la longitud de cuerda que hubo que soltar. Esta longitud es la altura del edificio?.

Era una respuesta en verdad interesante, pero ?había que aprobar a su autor? Por mi parte señalé que el estudiante merecía sin duda la nota máxima, pues había contestado la cuestión completa y correctamente. Por otro lado, si se le daba la nota máxima, esto podía contribuir a que el estudiante aprobara el curso de física. Un aprobado se supone que certifica que el estudiante sabe algo de física, pero la respuesta a la pregunta no lo confirmaba. Con esto en mente, sugerí darle al estudiante otra oportunidad para responder la cuestión. No me sorprendió que mi colega profesor estuviera de acuerdo, pero si que lo estuviera también el alumno.

En virtud del acuerdo, le concedí al estudiante seis minutos para responder, con la advertencia de que la respuesta debería denotar algún conocimiento de física. Al cabo de cinco minutos todavía no había escrito nada. Le pregunté si quería dejarlo, pues tenía que hacerme cargo de otra clase, pero dijo que no, que tenía muchas respuestas en mente, sólo estaba pensando cuál era la mejor. Me disculpé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que quedaba escribió rápidamente la respuesta, que era ésta: ?Se toma el barómetro en lo alto del edificio y se apoya en el borde del techo. Se deja caer, midiendo lo que tarda en Ilegar al suelo con un cronómetro. Después, empleando la fórmula S = 1/2gt2 [distancia recorrida en la caída igual a una mitad de la aceleración de la gravedad por el tiempo transcurrido al cuadrado], se calcula la altura del edificio?.

En este punto pregunté a mi colega si se daba por vencido. El asintió y le puse al estudiante un notable. Cuando mi colega se fue, recordé que el estudiante había dicho que tenía otras respuestas al problema y le pregunté cuáles eran. ?Oh, sí?, dijo él. ?Hay muchas maneras de averiguar la altura de un edificio grande con la ayuda de un barómetro. Por ejemplo, se puede coger el barómetro en un día soleado, medir la altura del barómetro y la longitud de su sombra y después la longitud de la sombra del edificio, y por medio de una proporción simple se determina la altura del edificio?.

?Muy bien?, dije. ??Y las otras??

?Sí?, dijo el estudiante. ?Hay una medición muy básica que le gustará. Se coge el barómetro y se comienza a subir las escaleras. A medida que se sube, se marca la longitud del barómetro y esto nos dará la altura del edificio en unidades barométricas. Un método muy directo.

?Naturalmente, si prefiere un método más sofisticado, puede atar el barómetro al final de una cuerda, hacerlo oscilar como un péndulo y determinar el valor de g [la aceleración de la gravedad] a la altura de la calle y en lo alto del edificio. A partir de la diferencia entre los dos valores de g se puede calcular en principio la altura del edificio.?

Finalmente, concluyó: ?Si no me tuviera que limitar a las soluciones físicas del problema, hay muchas otras, como por ejemplo coger el barómetro por la base y golpear en la puerta del portero. Cuando éste conteste, se le dice lo siguiente:

?Querido señor portero, aquí tengo un barómetro de muy buena calidad. Si me dice la altura de este edificio, se lo regalo...?

Cap.18

SUPERSTICIÓN Y ESCEPTICISMO Pág. 293

En contraste con las presiones selectivas que caracterizan ]a empresa científica (por lo menos en su versión más pura), otras formas de selección muy diferentes han influido también en la evolución de las ideas teóricas acerca de los mismos temas que ahora son competencia de la ciencia. Un ejemplo lo constituye la apelación a la autoridad, independiente de la comparación con la naturaleza. En la Europa medieval y renacentista, las apelaciones a la autoridad (por ejemplo Aristóteles, por no citar la Iglesia Católica) eran la regla en campos donde más tarde sería extensamente aplicado el método científico. Cuando fue fundada la Royal Society de Londres en 1661, el lema elegido fue Nullius in verba. Mi interpretación de esta frase es ?no hay que creer en las palabras de nadie?, y representaba un rechazo de la apelación a la autoridad en favor de la apelación a la naturaleza, propia de la relativamente nueva disciplina de la ?filosofía experimental?, que ahora recibe el nombre de ciencia natural.

[Magia y otras creencias irracionales]

Nos hemos referido ya a sistemas de creencias, como la magia simpática, que responden predominantemente a presiones selectivas muy diferentes de la comparación entre predicciones y observación. En los últimos siglos la empresa científica ha prosperado y ha conquistado unos dominios donde la autoridad y la magia han cedido el paso en gran medida al consorcio de observación y teoría. Pero fuera de estos dominios las viejas formas de pensamiento se encuentran por doquier y proliferan las supersticiones. La omnipresencia de la superstición al lado de la ciencia, ?es un fenómeno peculiar de los seres humanos o cabría esperar que los sistemas complejos adaptativos inteligentes de cualquier parte del universo mostrasen las mismas propensiones?

Confusiones en la identificación de regularidades

[Errores]

Los sistemas complejos adaptativos identifican regularidades en el flujo de datos que reciben, y comprimen dichas regularidades en esquemas. Dado que es fácil cometer dos clases de error -confundir aleatoriedad con regularidad y viceversa- es razonable suponer que los sistemas complejos adaptativos tenderían a evolucionar hacia una situación de relativo equilibrio en que la identificación correcta de algunas regularidades estaría acompañada de ambos tipos de confusión.

Contemplando las pautas del pensamiento humano podemos identificar, grosso modo, la superstición con la primera clase de error y la negación de la realidad con la segunda. Las supersticiones tienen que ver por lo general con la percepción de un orden donde de hecho no existe, y la negación de la realidad equivale al rechazo de la evidencia de regularidades, a veces aunque salten a la vista. A través de la introspección y la observación de otros seres humanos, cualquiera puede detectar la asociación de ambos tipos de error con el miedo.

En el primer caso, Ia gente tiene miedo de lo impredecible y, especialmente, de lo incontrolable de muchas de las cosas que percibimos a nuestro alrededor. La causa última de una parte de esta impredictibilidad es la indeterminación fundamental de la mecánica cuántica y las restricciones adicionales a la predicción impuestas por el caos. Una gran cantidad de incertidumbre añadida, con la consecuente impredictibilidad, procede de las limitaciones en capacidad y alcance de nuestros sentidos e instrumentos, con los que sólo podemos captar una minúscula fracción de la información disponible en principio acerca del universo. Finalmente, estamos lastrados por nuestra inadecuada comprensión del mundo y nuestra limitada capacidad de cálculo.


La carencia resultante de motivos y razón nos da miedo, y ello nos induce a imponer sobre el mundo que nos rodea, incluso sobre los hechos aleatorios y los fenómenos azarosos, un orden artificial basado en falsos principios de causalidad. De este modo nos confortamos con una fantasía de predictibilidad e incluso de dominio, y nos hacemos la ilusión de que podemos manipular el mundo que nos rodea invocando a las fuerzas imaginarias que nos hemos inventado.

En el caso de la negación de la realidad, sí que captamos regularidades auténticas, pero nos causan tal pánico que cerramos los ojos y negamos su existencia. Evidentemente, la regularidad más amenazadora en nuestras vidas es la certeza de ]a muerte. Numerosas creencias, incluidas algunas de las más tenazmente persistentes, sirven para aliviar la ansiedad que genera. Cuando las creencias específicas de esta clase son ampliamente compartidas en el seno de una cultura, su efecto tranquilizador sobre el individuo se multiplica.

Pero tales creencias acostumbran a incluir regularidades inventadas, por lo que la negación de la realidad va acompañada de la superstición. Por otra parte, examinando de nuevo las supersticiones del tipo de la magia simpática, observamos que la creencia en ellas sólo puede mantenerse negando sus defectos manifiestos, especialmente sus frecuentes fracasos. La negación de regularidades reales y la imposición de regularidades falsas son pues dos caras de la misma moneda. Aparte de que los seres humanos sean proclives a ellas, ambas tienden a ir de la mano y reforzarse mutuamente.

Si este análisis tiene alguna justificación, entonces podemos concluir que los sistemas complejos adaptativos inteligentes que pueda haber dispersos por el universo deberían mostrar una tendencia a errar en ambas direcciones en el proceso de identificación de regularidades en sus datos de entrada. En términos más antropomórficos, podemos esperar que en todas partes los sistemas complejos adaptativos inteligentes sean proclives a una mezcla de superstición y negación de la realidad. Si tiene sentido, aparte de la experiencia humana, describir esta mezcla en términos de alivio de ciertos temores es otro asunto.

Un punto de vista ligeramente diferente sobre la superstición en un sistema complejo adaptativo sugiere que quizá tienda a predominar sobre la negación de la realidad. Se puede considerar que el sistema ha evolucionado en gran parte para descubrir modelos, de modo que, en cierto sentido, los modelos acaban por constituir en sí mismos una recompensa, incluso aunque no confieran ninguna ventaja especial en el mundo real. Un modelo de esta clase puede contemplarse como un ?esquema egoísta?, algo análogo al gen egoísta e incluso al gen literalmente egoísta.

[Ejemplos]

No es difícil encontrar ejemplos procedentes de la experiencia humana. Hace pocos años fui invitado a un encuentro con un grupo de distinguidos académicos de otras ciudades que habían venido a discutir sobre un descubrimiento fascinante. Resultó que estaban entusiasmados con algunas fotografías recientes de Ia NASA donde se veían rasgos de la superficie de Marte que recordaban vagamente una cara humana. No puedo imaginar qué ventaja habría podido conferir esta incursión en la improbabilidad a aquellas personas por lo demás brillantes, aparte del mero regocijo de descubrir una misteriosa regularidad.

El mito en el arte y en la sociedad

Numerosas presiones selectivas, aparte del alivio de los temores, favorecen la distorsión del proceso de identificación de regularidades en los seres humanos, especialmente en el nivel social. Las supersticiones pueden servir para afianzar el poder de chamanes y sacerdotes. Un sistema de creencias organizado, completado con mitos, puede motivar la sumisión a determinados códigos de conducta y consolidar los lazos de unión entre los miembros de una sociedad.

En el transcurso de las edades, los sistemas de creencias han servido para organizar a la humanidad en grupos internamente cohesionados y a veces intensamente competitivos, hasta el punto de que con frecuencia se producen conflictos y persecuciones, acompañados a veces de violencia a gran escala. Por desgracia no es difícil encontrar ejemplos en el mundo actual.

Pero las creencias en competencia son sólo una de las bases de la división de las personas en grupos incapaces de congeniar con algún otro. Cualquier etiqueta sirve (una etiqueta es, citando de la tira cómica B.C., ?algo que se coloca a la gente para poder odiarla sin tener que conocerla primero?). Muchas atrocidades a gran escala (y crueldades individuales) han sido perpetradas sobre grupos étnicos, muchas veces sin conexión con creencias particulares.

Al lado de los efectos devastadores de los sistemas de creencias, sus aspectos positivos también resaltan vivamente, especialmente las magníficas obras de arte que ha inspirado la mitología en la música, la arquitectura, la literatura, la escultura, la pintura y la danza. Sólo el ejemplo de las figuras negras de los jarrones griegos arcaicos bastaría para dar testimonio de la energía creativa liberada por el mito .

Ante la abrumadora magnificencia de gran parte del arte relativo a la mitología, se hace necesario reexaminar el significado de las falsas regularidades. Además de ejercer una poderosa influencia sobre el intelecto y las emociones humanas y conducir a la creación de grandes obras de arte, los mitos tienen una clara significación adicional que transciende su falsedad literal y sus conexiones con la superstición.

(Fin pág. 296)

ABERRACION MENTAL Y SUGESTIONABILIDAD (Pag.302)


En cualquier discusión sobre creencias extrañas hay dos temas obligados: la sugestionabilidad y la aberración mental. Las encuestas revelan, por ejemplo, que un porcentaje asombrosamente elevado de personas cree en la existencia de "alienígenas que vienen en platillos volantes".


Hay quienes incluso pretenden que han sido secuestrados y examinados de cerca por ellos, y hasta abordados sexualmente. Uno tiene la impresión de que se trata de gente que por alguna razón tiene dificultades para distinguir la realidad de la fantasía, y es natural preguntarse si algunos padecen alguna enfermedad mental seria.


También podría pensarse que algunas de estas personas son desacostumbradamente sugestionables. Un hipnotizador podría poner en trance a uno de tales sujetos y hacerle creer cualquier fantasía con la mayor facilidad; quizá tenga lugar un proceso parecido de forma más o menos espóntanea. La facilidad para caer en trance quizá constituya una desventaja potencial, poero también podría resultar ventajosa al facilitar, aparte de la hipnosis, la autohipnosis o la meditación profunda, permitiendo así acceder a formas de autocontrol difíciles (aunque no imposibles) de conseguir por otros medios.


En muchas sociedades tradicionales no es raro que las personas que muestran una extraordinaria susceptibilidad al trance encuentren un sitio como chamanes o profetas. Lo mismo ocurre con quienes sufren ciertos tipos y grados de trastorno mental. La posibilidad de una experiencia mística es seguramente mayor en estas personas que en la gente corriente. En cuanto a las sociedades modernas, se dice que algunos de los artistas más creativos pueden encuadrarse en una u otra categoría. (Naturalmente, todas estas supuestas correlaciones tendrían que ser cuidadosamente comprobadas).


Las características mentales de la gente que cree en fenómenos escandalosamente improbables, especialmente de individuos que afirman haber tenido una participación personal en ellos, están siendo objeto de investigación. Hasta ahora, la evidencia de enfermedades mentales serias o de alta susceptibilidad al trance es sorprendentemente pobre. Más bien parece que en muchos casos una fuerte creencia influye en la interpretación de una experiencia ordinaria con algún fenómeno físico o estado mental inducido por el sueño o las drogas.


Pero la investigación está aún en pañales. Personalmente creo que es deseable intensificar el estudio de las creencias y sistemas de creencias entre los seres humanos y de sus causas subyacentes, pues considero que el tema tiene su importancia capital para nuestro futuro a largo plazo.


[Cultura y Diversidad cultural]


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ADN CULTURAL (pag 310)


Naturalmente, la transmisión cultural humana puede ser considerablemente más sofisticada. La explicación reside presumiblemente no sólo en la superior inteligencia, sino también en el carácter de las lenguas humanas, que permiten vocalizaciones arbitrariamente complejas. Gracias a tales lenguas, las sociedades humanas exhiben aprendizaje grupal (o adaptación de grupo, o evolución cultural) en un grado mucho mayor que las bandas de otros primates, manadas de perros salvajes o bandadas de aves.


Este comportamiento colectivo puede analizarse hasta cierto punto reduciéndolo al de un conglomerado de individuos que actúan como sistemas complejos adaptatativos. Ahora bien, como siempre, tal reducción sacrifica las valiosas intuiciones que pueden obtenerse estudiando el fenómeno en su propio nivel. En particular, una simple reducción a la psicología puede descuidar el hecho de que, además de los rasgos generales de los seres humanos individuales, hay una información adicional presente en el sistema que incluye las tradiciones específicas, las costumbres, las leyes y los mitos del grupo.



Parafraseando a Hazel Henderseon, todas estas cosas pueden contemplarse como "ADN cultural". Encapsulan la experiencia compartida de muchas generaciones y abarcan los esquemas de la sociedad, que funciona a su vez como un sistema complejo adaptativo. De ahí que el biólogo inglés Richard Dawkins haya acuñado el término "meme" para designar una unidad de información trasmitida culturalmente, el análogo de los genes en la evolución biológica.


En realidad, la adaptación tiene lugar en tres niveles diferentes por lo menos, lo que a veces causa confusión en el uso del término. En primer lugar, tiene lugar cierta adaptación directa (como en un termostato o dispositivo cibernético) como resultado de la operación de un esquema dominante en una época particular.


Cuando el clima se hace más cálido y seco, una sociedad puede tener la costumbre de trasladarse a las montañas. También puede recurrir a ceremonios religiosas para atraer la lluvia, bajo la supervisión de un sacerdote. Cuando su territorio es invadido por una fuerza enemiga, la sociedad puede reaccionar automáticamente refugiándose en un poblado bien fortificado y con una reserva de provisiones para resistir el asedio. Cuando un eclipse aterroriza a la gente, puede haber chamanes dispuestos con algún abracadabra apropiado. Ninguno de estos comportamientos requiere cambios en los esquemas dominantes.

El segundo nivel incluye cambios de esquema, competencia entre esquemas diversos y su promoción o degradación en respuesta a las presiones selectivas en el mundo real. Si las danzas de la lluvia no consiguen aliviar una sequia, el sacerdote de turno puede caer en desgracia o entrar en juego una nueva religión. En los lugares donde la respuesta tradicional al cambio climático es trasladarse a tierras más elevadas, un probre resultado de tal esquema puede llevar a la adopción de otras prácticas, como nuevos métodos de irrigación o cultivos. (...)


El tercer nivel de adaptación es la supervivencia darwinianna del más apto. Una sociedad puede simplemente dejar de existir como consecuencia de la incapacidad de sus esquemas para hacer frente a los acontecimentos. No necesariamente tiene que morir todo el mundo, y los individuos que queden pueden crear nuevas sociedades, pera la sociedad en sí desaparece, llevando sus esquemas a la extinción junto con ella. Ha tenido lugar una forma de selección natural en el nivel social.


No es difícil encontrar ejemplos de esquemas que llevan a la extinción. Algunas comunidades (como los esenios en la antigua Palestina y los shakers estadounidenses) han practido la abstinencia sexual en el pasado, no restirngiendola a unos pocos monjes y monjas, sino haciéndola extensiva a todos los miembros de la comunidad. Con un esquema así, la supervivencia de la comunidad requiere que el número de convrsos supere el de fallecimientos. No parece que esto haya sucedido. Los esenios desaparecieron y los shakers son en la actualidad muy escasos. En cualquier caso, la prohibición del comercio sexual es un rasgo cultural que ha contribuido de manera obvia a la extinción total o virtual de la comunidad.

El hundimiento de la civilización maya clásica en las selvas tropicales centroamericanas durante el siglo X es un notable ejemplo de la extinción de una cultura avanzada. Como indicabamos en el capitulo primero, las causas de este hundimiento son aún objeto de controversia; los arqueólogos tienen dudas acerca de los esquemas fallidos -los relativos a las clases sociales, la agricultura en la jungla, la guerra entre ciudades u otras facetas de la civilización-. En cualquier caso, se cree que mucha gente sobrevivió a la crisis y que algunos de los pueblos actuales que hablan lenguajes mayas en el área son sus descendientes. Pero las construcciones de piedra y el levantamiento de las estelas para conmemorar fechas señaladas en el calendario maya tocaron a su fin, y las sociedades subsiguientes serían mucho menos complejas que las del período clásico.

En líneas generales, los tres niveles de adaptación tienen lugar en escalas de tiempo diferentes. Un esquema dominante vigente puede ponerse en acción en cuestión de dias o meses. Una revolución en la jerarquía de esquemas suele ir asociada a una mayor escala de tiempo, asunque los eventos culminantes puden tener lugar rapidamente. Las extinciones de las sociedades suelen abarcar intervalos de tiempo todavía más largos.

En las discuisiones teóricas dentro de las ciencias sociales, por ejemplo en la literatura arqueológica, la distinción entre los diferentes niveles de adaptación no siempre está clara, lo que frecuentemente lleva a un alto grado de confusión.

3tierra.'

UNA SIMULACION DE LA EVOLUCION BIOLOGICA (pag.332)

Un espléndido ejemplo es el programa TIERRA, escrito por THOMAS RAY, un ecólogo de la Universidad de Delaware adscrito al Instituto de Santa Fe. Ray trabajaba en las selvas bajas de Costa Rica, en la estación de investigación biológica de La Selva. Se sintió atraído por la investigación ecológica porque quería dedicarse al estudio de la evolución. Desafortunadamente, poca evolución biológica tiene lugr en el lapso de una vida huma, lo que hizo que su campo de trabajo comenzara a parecerle frustrante. Así pues, decidió simular la evolución en un computador.

Inicialmente planeó el desarrollo de su programa en etapas, comenzando con uno supersimplificado al que se le añadirían progresivamente nuevos rasgos, como el equilibrio puntuado o la existencia de parasitismo. Tras un penoso aprendizaje autodidacta consiguió escribir y depurar un primer programa muy simple en "lenguaje máquina". Este programa inicial se llamó TIERRA, y ha resultado ser de una riqueza extraordinaria, pues Tom ha estdo ocupado en el mismo desde entonces. Más aún, ciertos rasgos que él había planeado

introducir más tarde, incluidos el equilibrio puntuado y el parasitismo, surgieron espontáneamente de TIERRA. El programa incluso produjo algo muy semejante al sexo.

TIERRA se vale de "organismos digitales", que son secuencias de instrucciones en código máquina que compiten por un espacio en la memoria del ordenador y por tiempo en la unidad central de proceso, de la que se sirven para su autoreplicación. En cierto sentido, la comunidad de sistemas complejos adaptativos proporcionada por TIERRA es degenerada, porque el genotipo y el fenotipo de cada organismo digital estan representadas por el mismo objeto, a saber, la secuencia de instrucciones. Esta secuencia es lo que experimenta mutaciones y es afectado por las presiones selectivas en el mundo real. De todas maneras, es conveniente (como ha sido marcado por Walter Fontana) mantener una separación mental entre las dos funciones aunque ambas corran a cargo de la misma entidad. (De acuerdo con algunas teorías sobre el origen de la vida, una etapa temprana del proceso habría tenido el mismo carácter degenerado, con el ARN asumiendo el papel tanto de genotipo como de fenotipo).

Las mutaciones se intgroducen de dos maneras. En primer lugar, de vez en cuando los bits cambian (de 0 a 1 o viceversa) al azar en cualquier parte del conjunto de organismos (lo que se parece mucho al modo en que los rayos cósmicos afectan a los organismos reales), a una tasa de alrededor de un bit por cada 10.000 instrucciones ejecutadas. En segundo lugar, en el curso de la replicación de los organismos digitales, los bits cambian al azar en las copias. Aquí la tasa es algo mayor, alrededor de un bit por cada 2000 instrucciones copiadas. Estas son tasas promedio; los errores se distribuyen irregularmente en el tiempo para evitar periodicidades artificiosas.

La importancia de la muerte en biología no fue descuidada en el diseño de TIERRA. La capacidad de la memoria está severamente limitada, y en ausencia de muerte las criaturas autorreplicantes pronto la llenan, no dejando espacio para ulteriores replicaciones. De ahí el "segador", que elimina organismos regularmente según una regla que depende de la edad del organismo y de los errores cometidos por el mismo en la ejecución de ciertas instrucciones.

TOM RAY diseñó una secuencia autoreplicante de ochenta instrucciones que sirve siemfpre de ancestro -el organismo digital inicial- en cualquier ejecución de TIERRA. Cuando ejecutó el programa por primera vez esperaba un largo período subsiguiente de refinamiento del mismo, pero enseguida comenzaron a surgir fenómenos biológicos reales, y esta situación se ha mantenido desde entonces.

Una misteriosa novedad fue la aparición, tras un largo período de evolución, de una versión refinada del ancestro, que constaba únicamente de treinta y seis instrucciones, pero en cambio contenía un algoritmo más complejo. Cuando TOM le enseñó esta versión optimizada a un informático, éste le dijo que era un ejemplo de una conocida técnica llamada "desrizar el rizo". En TIERRA, la evolución había resuelto el problema de desrizar el rizo. TOM escribe: "La optimización es una técnica muy ingeniosa inventada por los humanos. Pero es implementada en un estilo desordenado aunque funcional que ningún humano usaría (a menos que estuviese borracho)".

?De dónde salen estos organismos con un número de instrucciones distinto de ochenta? Las mutaciones no suelen producirlos directamente. Inicialmente, el sistema contiene sólo el ancestro y sus descendientes de ochenta instrucciones (que se multilplican hasta que la memoria está casi repleta, momento en que el segador comienza a trabajar; luego la población cambiante de organismos continúa ocupando casi toda la memoria). Finalmente aparecen mutaciones que alteran el genotipo de un organismo de ochenta instrucciones de un modo especial: cuando el organismo se examina a si mismo para determinar su talla y transferirla a sus descendientes, se produce una respuesta incorrecta y se transfiere una nueva talla. De este modo, la población comienza a albergar organismos de tallas muy diferentes.

Si el primer intento de modelar la evolución biológica pr este camino ha dado tantos frutos, sin duda debe haber un enorme territorio todavía por explorar. Nuevas maneras de simular cómo la evolución, operando sobre enormes períodos de tiempo, ha generado la informaicón ahora almacenada en los organismos y las comunidades naturales de todo el mundo pueden ayudarnos no solo a mejorar nuestra comprensión de la diversidad existente, sino a crear un clima intelectual en el que esa diversidad pueda ser mejor protegida.

Hacia una economía menos sombría (pag 339)

"Los ejercicios con matemáticas basadas en agentes están entre las herramientas recientes empleadas para guiar a los economistas hacia una aproximación más evolucionista.


Una gran parte de la economía teórica de las últimas décadas se ha caracterizado por una preocupación por una especie de equilibrio ideal basado en mercados perfectos, información perfecta y agentes perfectamente racionales, a pesar de los esfuerzos de alguno de los mejores economistas para incorporar imperfecciones en estas tres categorías dentro de la síntesis neoclásica posterior a la segunda guerra mundial.

Según una vieja historia que circula entre los economistas, un teórico neoclásico y su educada nietecita estaban paseando por la calle de una gran ciudad norteamericana. La niña vio un billete de veinte dolares en el suelo y, como era muy formal, preguntó a su abuelo si podía cogerlo. "No, cariño", replico él, "si fuera auténtico ya lo habría cogido alguien". Desde hace algunos años, un puñado de estudiosos, incluídos los miembros de un grupo interdisciplinario reunido por el Instituto de Santa Fe, han dirigido sus esfuerzos hacia el estudio de las economías como sistemas complejos adaptativos en evolución, compuestos por agentes adaptativos económicos dotados de una racionalidad limitada, con información imperfecta y actuando fundamentalmente al azar y en función de la percepción de los propios intereses económicos.

Las felices predicciones de la teoría del equilibrio aparecen entonces únicamente como aproximaciones, mientras que la nueva aproximación admite fluctuaciones en torno a dichas predicciones, lo que se ajusta mejor a la realidad.

En un modelo sumamente simple desarrollado por Brian Arthur, John Holland y Richard Palmer (un físico de la Universidad de Duke, adscrito al Instituto de Santa Fe), los inversionistas, de una sola clase, estan representados por agentes adaptativos que tratan los unos con los otros a través de una cámara de compensación. Cada acción rinde unos dividendos anuales que pueden variar de manera arbitraria. El tipo de interés anual es una constante, y la razón entre beneficio e interés determina, mas o menos, el valor fundamental de la acción. Pero el precio real puede desviarse mucho del valor fundamental. Cada agente elabora esquemas elementales basados en la historia de los precios de las acciones, los cuales les dicen cuándo comprar, guardar o vender. En cualquier momento, los distintos agentes pueden estar haciendo uso de esquemas diferentes. Además, un agente dado puede tener una lista de esquemas y pasar de uno a otro según vayan las cosas. De este modo se generan fluctuaciones en los precios, a menudo exageradas y ligadas a alzas y bajas repentinas de carácter especulativo, añadidas a un valor fundamental lentamente cambiante que representa una especie delímite inferior poco definido para la desigual curva de precios en función del tiempo. Tales fluctuaciones, reminiscencias de lo que pasa en los mercados reales, surgen aquí de un modelo evolutivo que trata con agentes que distan de la perfección pero intentan mantenerse informados.

Algunos de los participantes en el movimiento para la reforma económica han demostrado que la racionalidad perfecta no sólo está en clara contradicción con los asuntos humanos, sino que es inconsistente con cualquier situación en la que se den fluctuaciones de mercado. Personalmente siempre me ha causado asombro la tgendencia de tantos psicólogos, economistas y hasta antropólogos académicos a tratar a los seres humanos como entes absolutamente racionales, o casi. Mi propia experiencia, sea por introspección o por observación del comportamiento ajeno, me dice que la racionalidad es sólo uno de los muchos factores que gobiernan la conducta humana, y de ningun modo es siempre el principal.

Asumir que los seres humanos son racionales a menudo facilita la construcción de teorías sobre su modo de actuación, pero tales teorías suelen ser poco realistas. Aquí, ?ay!, reside la principal debilidad de muchas de las teorías actuales en ciencias sociales y del comportamiento. Cuando se trata de construir teorías sobre fenómenos complejos, el hacerlas más analizables puede resultar conveniente, pero no necesariamente las hace mejores a la hora de describir los fenómenos -y muy bien puede hacerlas mucho peores.

En mi opinión, la gran contribución de la teoría económica a la comprensión de los asuntos humanos es simplemente el repetido énfasis en los incentivos. En cualquier situación, ?cuales son los incentivos para las diferentes líneas de acción? Cuando los primeros manuscritos del mar Muerto fueron descubiertos y los despistados arqueólogos, en su afán por conseguir más trozos de pergamino, ofrecieron a los nómadas árabes una retribución fija por cada fragmento encontrado, estaban propiciando que las piezas fuesen hechas pedazos antes de ser entregadas. Los economistas estudian, a menudo de manera sofisticada, como actúan los incentivos en el seno de la sociedad, poniendo de manifiesto las debilidades en los sucesivos esquemas de gobierno o de gestión, análogas a las del sistema de retribución en el caso de los manuscritos del mar Muerto. Los incentivos representan presiones selectivas en el seno de un sistema económico. Aún cuando las respuestas alos mismos no sean completamente racionales, y aunque haya otras presiones en liza, los incentivos económicos contribuyen a determinar que esquemas de comportamient económico prevalecerán. El ingenio humano siempre se las arreglará para aprovecharse de los incentivos existentes, igual que la evolución biológica casi siempre acaba por llenar algún nicho ecológico vacante.
El enfoque evolucionista de la economía, junto con el reconocimiento de la racionalidad limitada de los seres humanos, no puede sino mejorar las intuiciones de los economistas acerca de cómo operan los incentivos.

(...) Una cuestión vital es cómo tener en cuenta de forma apropiada valores difíciles de cuantificar. Los economistas han sido a veces satirizdos como gente que mediría el valor del amor a partir del precio de la prostitución. El valor de algunas cosas es fácil de calcular en dinero, y la tentación de tener en cuenta sólo tales cosas e ignorar todo lo demás en los cálculos de costes y beneficios es fuerte.

Si se propone la construcción de una presa, un análisis clásico de costes y beneficios tendrías en cuanta cosas como la energía eléctrica y el control del caudal. Por otra parte, al embalse resultante se ,le puede asignar un valor recreativo medido por el valor de los clubs náuticos y puertos que se construirán para acoger embarcaciones. Es posible que en el debe del proyecto se cuente el coste de las casas que quedarán inundadas por el embalse, pero no así el valor de las plantas y animales del valle, ni el valor histórico que pueda tener el mismo, ni los lazos comunales que serán destruidos. Es difícil asignar un valor monetario a tales cosas.

La aparentemente insensible práctica de ignorar lo que es difícil de cuantificar suele atribuirse a una falta de valores. Pero en realidad es todo lo contrario, pues representa la imposición sobre cualquier análisis de un rígido sistema de valores que favorece aquellos que son fácilmente cuantificables sobre otros que son más delicados pero que, en cambio, quizá sean más importantes. Las decisiones basadas en esta manera de pensar empobrecen nuestras vidas. Muchos economistas y expertos en ciencias políticas han recomendado no considerar valores no cuantificables en el proceso político. Pero si se hace esto, todos los estudios cuantitativos, (...) tienen que ser sopesados por quienes toman las decisiones frente a argumentos cualitativos a los que no se les puede asignar un número.

Hoy día está ganando terreno la idea de consultar a la gente para comprobar que valor asignaría a cosas como un mejoramiento de la calidad del aire, la preservación de un parque o el mantenimiento de las relaciones con el vecindario. En teoría económica, las preferencias de la gente suele tratarse como cosas bien definidas y fijadas. Este es un punto de vista en armonía con los ideales democráticos. Pero el destino del planeta ?es sólo un asunto de opinión pública? ?No tiene la ciencia algo que ofrecer?"
pág 297

(...) Sirven para encapsular la experiencia adquirida a lo largo de siglos y milenios de interacción con la naturaleza y con la cultura humana. No sólo contienen lecciones, sino también, al menos por implicación, normas de conducta. Constituyen partes vitales de los esquemas culturales de las sociedades que funcionan como sistemas complejos adaptativos.

La búsqueda de modelos en las artes

La creencia en determinados mitos es sólo una de las muchas fuentes de inspiración para las artes (igual que sólo es una de las muchas fuentes de odio y atrocidades). No es sólo en conexión con el mito que las artes se alimentan de modelos asociativos y regularidades no reconocidas por la ciencia. Todas las artes florecen sobre la identificación y explotación de tales modelos. La mayoría de símiles y metáforas son modelos que la ciencia podría ignorar, pero ?qué sería de la literatura, y especialmente de la poesía, sin metáforas? En las artes visuales, una gran obra a menudo transporta al espectador hacia nuevas maneras de ver las cosas. El reconocimiento y creación de modelos es una actividad esencial en toda forma de arte. Los esquemas resultantes están sujetos a presiones selectivas que muchas veces (aunque no siempre) están muy lejos de las que operan en la ciencia, lo que tiene maravillosas consecuencias.

Podemos pues contemplar el mito y la magia al menos desde tres perspectivas diferentes y complementarias:

1. Como teorías atractivas pero acientíficas, regularidades confortadoras pero falsas, impuestas a la naturaleza. 2. Como esquemas culturales que contribuyen, para bien o para mal, a dar a ]as sociedades una identidad propia. 3. Como parte de la gran búsqueda de modelos, de asociaciones creativas, que incluye el trabajo artístico y enriquece la vida humana.

?Un equivalente moral de la fe?

La cuestión que surge de modo natural es si hay alguna manera de aprehender las espléndidas derivaciones de las creencias míticas sin el autoengaño asociado a ellas ni la intolerancia que a menudo las acompaña. En el siglo pasado se produjo un amplio debate sobre el concepto de ?equivalente moral de la guerra?. Tal como yo lo entiendo, la cuestión es que la guerra inspira lealtad, autosacrificio, valor e incluso heroísmo, y proporciona una salida al afán de aventura, pero también es cruel y destructiva en grado sumo. Por lo tanto, uno de los retos de la especie humana es encontrar actividades que tengan los rasgos positivos característicos de la guerra sin que lleven aparejados los negativos. Ciertas organizaciones intentan alcanzar esta meta planteando desafíos en fonna de viajes aventureros a jóvenes que de otro modo no tendrían la oportunidad de Ilevar una vida al aire libre. Se tiene la esperanza de que tales actividades puedan constituir un sustitutivo no sólo de la guerra, sino también de la delincuencia y el crimen.

Si en lugar de la guerra y el crimen pensamos en la superstición, uno puede preguntarse si puede hallarse un equivalente moral de la fe. ?Se puede derivar la satisfacción espiritual, el consuelo, la cohesión social y las brillantes creaciones artísticas que acompañan a los mitos de otra cosa que no sea la aceptación de estos como una verdad literal?

La respuesta podría residir en parte en el poder del ritual. Se dice que el vocablo griego mithos, de donde deriva la palabra ?mito?, se refería en tiempos antiguos a las palabras que se pronunciaban en el curso de una ceremonia. En cierto sentido, los actos eran lo principal, y lo que se decia sobre ellos era secundario. De hecho, a menudo se había perdido, al menos parcialmente, el significado original del ritual, y el mito superviviente representaba una tentativa de explicación por medio de la interpretación de iconos del pasado y la recomposición de fragmentos de antiguas tradiciones referidas a una etapa cultural hace tiempo olvidada. Así pues, los mitos estaban sujetos al cambio, mientras que era la continuidad del ritual lo que contribuía a mantener la cohesión social. Siempre y cuando el ritual persista, ?sería posible que se desmoronase la creencia literal en la mitología sin que esto representara una perturbación excesiva?

Otra respuesta parcial podría relacionarse con ]a percepción de la ficción y el drama. Los grandes personajes de la literatura parecen tener vida propia, y sus experiencias son citadas a menudo como fuente de sabiduría e inspiración, como si de personajes mitológicos se tratara. Pero nadie pretende que estos productos de ficción sean literalmente reales. ?Existe alguna oportunidad, pues, de que muchos de los beneficios sociales y culturales de la fe puedan preservarse mientras el aspecto negativo del autoengaño se desvanece poco a poco?

Una última respuesta parcial podrían darla las experiencias misticas. ?Es posible que algunos de los beneficios espirituales que se derivan a menudo de las supersticiones puedan obtenerse, al menos por ciertas personas, a través de técnicas de adiestramiento que faciliten tales experiencias?

Desafortunadamente, en el mundo contemporáneo la fe literal en la mitología, lejos de estar desapareciendo, está en aumento en muchos lugares. Los movimientos fundamentalistas ganan fuerza y amenazan a las sociedades modernas con la imposición de normas de conducta restrictivas y anticuadas y limitaciones a la libertad de expresión. (Por otra parte, tampoco allí donde la mitología etá en declive se observa necesariamente una gran mejora en las relaciones entre los diversos grupos humanos, ya que ligeras diferencias de cualquier clase pueden bastar para mantener la hostilidad entre ellos.) Para una reflexión profunda sobre el tema de las supersticiones recomiendo el libro Wings oflElusinn (Las alas de ]a ilusión), de John F. SÇhumaker, aunque tienda a desconfiar de nuestra capacidad como especie para prescindir de nuestros entramados de ilusiones consoladoras y, a menudo, inspiradoras.

El movimiento escéptico

En ]as dos últimas décadas, la persistencia de supersticiones anticuadas se ha visto acompañada, al menos en los países occidentales, de una oleada de popularidad de lo que se ha dado en Ilamar movimiento New Age, muchas de cuyas convicciones no son más que supersticiones pseudocientíficas contemporcíneas, o supersticiones viejas con nombres nuevos, como ?canalización? en vez de ?espiritismo?. Los medios de comunicación y los libros populares las pintan como si fueran factibles o altamente probables, io que ha hecho que surja un movimiento altemativo para contrarrestar estas afirmaciones, el movimiento escéptico, del que se han formado asociaciones locales por todo el mundo. (En tres de los sitios donde he pasado buena parte de mi tiempo no vendría mal una buena dosis de escepticismo: Aspen, Santa Fe y el sur de California.)

Las organizaciones escépticas locales están más o menos ligadas a un comité con base en los Estados Unidos que responde a las siglas CSICOP (Committee for Scientific Investigation of Claims of the Paranormal). El CSICOP, que edita la revista Skeptical Inquirer, no es unä organización abierta al público, sino que sus miembros son electos. A pesar de algunas reservas acerca de la organización y su revista, cuando me propusieron formar parte de ella hace unos años acepté porque me gusta la labor que Ileva a cabo.

Las afirmaciones acerca de los Ilamados fenómenos paranormales nos Ilegan desde todas partes. Algunas de las más ridículas pueden encontrarse en las portadas de publicaciones de pequeño formato vendidas en el mostrador de los supermercados: ?EZ gato se come al loro... ahora habla... Kitty quiere una galleta? ?Cientos de personas que han regresado de la muerte describen el cielo y el infierno? ?Un increíble hombre pez puede respirar bajo el agua? ?Gemelos siameses encuentran a su hermano de dos cabezas? ?Un extratewestre me dej6 embarazada?. El CSICOP no se molesta en ocuparse de tonterías tan manifiestas. Pero sí que se irrita cuando periddicos, revistas o cadenas de radio y televisión de gran difusión tratan como hechos rutinarios e indiscutibles, como establecidos o muy probables, cosas que de ninguna manera están probadas: fenómenos como la regresión hipnótica a vidas anteriores, los médiums que proporcionan pistas a la policía o la psicocinesis (la capacidad de mover objetos con la mente). Estas afirmaciones desafían las leyes aceptadas de la ciencia basándose en evidencias que una investigación cuidadosa revela como muy pobres o completamente inexistentes. Velar porque los medios de comunicación no presenten tales cosas como reales o probables es una valiosa actividad del CSICOP.

?Qué significa paranormal?

Si nos fijamos en las implicaciones del nombre de la organización surgen, sin embargo, algunas cuestiones. ?Qué se entiende por paranormal? Por supuesto, lo que la mayoría de quienes trabajamos en ciencia (y de hecho mucha gente razonable) queremos saber antes que nada sobre cualquier pretendido fenómeno es si realmente se produce y hasta qué punto las afirmaciones sobre él son verdaderas. Pero si un fenómeno es auténtico, ?cómo puede ser paranormal? Los científicos, y también muchos no científicos, están convencidos de que la naturaleza obedece a leyes regulares. En cierto sentido, por lo tanto, no puede existir nada paranormal. Cualquier cosa que ocurra realmente en la naturaleza puede ser descrita dentro del marco de la ciencia. Por supuesto, no siempre estamos en disposición de elaborar un informe científico sobre un fenómeno dado, y podemos preferir, por ejemplo, una descripción poética. A veces el fenómeno es demasiado complicado para que una descripción científica detallada sea factible. Pero, en principio, cualquier fenómeno auténtico tiene que ser compatible con la ciencia.


Si se descubre (y se confirma de modo fidedigno) algo nuevo que no encaja en las leyes científicas existentes, no nos Ilevamos las manos a la cabeza. En vez de eso, ampliamos o modificamos las leyes de la ciencia para acomodar el nuevo fenómeno. Esto coloca en una extraña posición Iógica a cualquiera que esté implicado en la investigación científica de las afirmaciones sobre fenómenos paranormales, porque en última instancia nada que ocurra realmente puede ser paranormal. Quizá por esto tengo a veces una vaga sensación de decepción cuando leo la por otra parte excelente revista Skeptical Inquirer. Falta el suspense. Leyendo el título de un artículo se suele adivinar el contenido, es decir, que todo lo que hay en el título es falso. Casi todo lo que se discute en la revista acaba siendo desacreditado. Es más, muchos de los autores parecen sentirse obligados a examinar con lupa todo nuevo caso, aunque en el mundo real cualquier investigación sobre algún fenomeno complejo siempre suele dejar al principio algunos cabos sueltos. Es cierto que me complace ver desacreditadas cosas tales como la cirugía psíquica y la levitación a través de la meditación. Pero pienso que una ligera redefinición de su misión contribuiría a que la organización se asentase sobre bases más sólidas y la revista fuera más viva e interesante. Creo que la auténtica misión de la organización es estimular el examen escéptico y científico de los informes sobre fenómenos misteriosos, especialmente los que parecen desafiar las leyes de la ciencia, pero sin hacer uso de la etiqueta ?paranormal? con su implicacion de descrédito. Muchos de estos fenómenos acabarán presentándose como una farsa o tendrán explicaciones prosaicas, pero unos pocos podrían resultar básicamente auténticos además de interesantes. El concepto de paranormal no me parece útil; y el espíritu desacreditador, aunque es absolutarnente apropiado para Ia mayoría de temas tratados, no siempre constituye una aproximación completamente satisfactoria.

A menudo nos enfrentamos con situaciones donde hay implicado un fraude consciente, se tima a la gente crédula, pacientes seriamente enfermos acuden a curas inútiles (como la cirugía psíquica) desviándose de tratamientos legitimados que podrían ayudarles, etc. Desacreditar a los responsables es un servicio que se presta a la hurnanidad. Aun entonces, sin embargo, deberíamos pensar un poco en las necesidades emocionales de las víctimas de los charlatanes y en cómo podían satisfacerse sin recurrir al autoengaño.

Yo recomendaría a los escépticos que dediquen aún más esfuerzos a comprender las razones por las que tanta gente quiere o necesita creer. Si la gente no fuera tan receptiva, los medios de comunicación no encontrarían tan rentable destacar lo que se califica como paranormal. De hecho, no es únicamente una falta de comprensión sobre el grado de evidencia de un fenómeno lo que subyace en la tendencia a creer en él. En mis discusiones con personas que creen en seis cosas imposibles cada día antes del desayuno, como la Reina Blanca de A través del espejo, he descubierto que el rasgo principal que comparten es la disociación entre creencia y evidencia. De hecho, muchas de estas personas confiesan libremente que creen en lo que les gusta creer. La evidencia no tiene nada que ver. Alivian su temor ante lo azaroso identificando regularidades allí donde no existen.

Aberración mental y sugestionabilidad

En cualquier discusión sobre creencias extrañas hay dos temas obligados: la sugestionabilidad y la aberración mental. Las encuestas revelan, por ejemplo, que un porcentaje asombrosamente elevado de personas cree en la existencia de ?alienígenas que vienen en platillos volantes?. Hay quienes incluso pretenden que han sido secuestrados y examinados de cerca por ellos, y hasta abordados sexualmente. Uno tiene la impresión de que se trata de gente que por alguna razón tiene dificultades para distinguir la realidad de ia fantasía, y es natural preguntarse si algunos padecen alguna enfermedad mental seria.

También podría pensarse que algunas de estas personas son desacostumbradamente sugestionables. Un hipnotizador podría poner en trance a uno de tales sujetos y hacerle creer cualquier fantasía con la mayor facilidad; quizá tenga lugar un proceso parecido de forma más o menos espontánea. La facilidad para caer en trance quizá constituya una desventaja potencial, pero también podría resultar ventajosa al facilitar, aparte de la hipnosis, la autohipnosis o la meditación profunda, permitiendo así acceder a formas de autocontrol difíciles (aunque no imposibles) de conseguir por otros medios.

En muchas sociedades tradicionales no es raro que las personas que muestran una extraordinaria susceptibilidad al trance encuentren un sitio como chamanes o profetas. Lo mismo ocurre con quienes sufren ciertos tipos y grados de trastomo mental. La posibilidad de una experiencia mística es seguramente mayor en estas personas que en la gente corriente. En cuanto a las sociedades modernas, se dice que algunos de los artistas más creativos pueden encuadrarse en una u otra categoría. (Naturalmente, todas estas supuestas correlaciones tendrían que ser cuidadosamente comprobadas.)

Las características mentales de la gente que cree en fenómenos escandalosamente improbables, especialmente de individuos que afirman haber tenido una participación personal en ellos, están siendo objeto de investigación. Hasta ahora, la evidencia de enfermedades mentales serias o de alta susceptibilidad al trance es sorprendentemente pobre. Más bien parece que en muchos casos una fuerte creencia influye en la interpretaçión de una experiencia ordinaria con algún fenómeno físico o estado mental induçido por el sueño o las drogas. Pero la investigación está aún en pañales. Personalmente creo que es deseable intensificar el estudio de las creencias y sistemas de creencias entre los seres humanos y de sus causas subyacentes, pues considero que el tema tiene una importancia capital para nuestro futuro a largo plazo.

Escepticismo y ciencia

Supongamos que todos convenimos en que el movimiento escéptico, aparte de estudiar el tema de las creencias y comprometerse en actividades como desenmascarar el fraude y velar por la rectitud de los medios de comunicación, debe ocuparse del examen, desde una perspectiva escéptica y científica, de los informes de fenómenos misteriosos que parecen desafiar las leyes de la ciencia. Entonces el grado de escepticismo aplicado debería ajustarse a la magnitud del desafío que el supuesto fenómeno representa para las leyes admitidas. Aquí hay que andarse con mucho cuidado. En ámbitos complicados como, por ejemplo, la meteorología o la ciencia planetaria (geología incluida), puede alegarse la existencia de fenómenos extraños que desafían ciertos principios aceptados en esos ámbitos pero que no parecen violar leyes fundamentales de la naturaleza como la conservación de la energía. Las leyes empíricas o fenomenológicas de tales ámbitos son a veces muy difíciles de relacionar con las leyes de ciencias más básicas, y continuamente se hacen nuevos descubrimientos que requieren la revisión de dichas leyes empíricas. Un su puesto fenómeno que viola estas leyes no es tan sospechoso como uno que viola la conservación de la energía.

Hace sólo treinta años la mayoría de geólogos, incluidos casi todos los miembros de la distinguida facultad de geología de Caltech, todavía desechaba desdeñosamente la idea de la deriva continental. Lo recuerdo porque a menudo discutía con ellos sobre el asunto por aquel entonces. A pesar de la acumulación de pruebas en su favor, se mostraban incrédulos ante esta teolía. La consideraban una tontería princilpalmente porque la comunidad geológica no tenía un mecamismo plausible para ella. Pero un fenómeno puede perfectamente ser auténtico auque no se haya encontrado una explicación plausible de él. En estos casos es poco aconsejable descartar un fenómeno hipotético sólo porque los expertos no pueden imaginar una causa directa que lo justifique. Los científicos planetarios de hace dos siglos cometieron el notorio error de desacreditar ]os meteoritos. -?Cómo pueden caer rocas del cielo?, objetaban, ?cuando todo el mundo sabe que no hay rocas en el cielo??

Hoy día existe una fuerte tendencia entre mis amigos del movimiento escéptico, y también entre mis colegas físicos, a descartar demasiado deprisa las afirmaciones sobre la elevada incidencia de cánceres raros en personas que están más expuestas de lo normal a campos elecgtromagnéticos relativamente débiles procedentes de dispositivos y Iíneas de corriente alterna de 60 ciclos por segundo. Los escépticos pueden muy bien estar en lo cierto al rechazar tales afirmaciones como falsas, pero la cosa no es tan obvia como algunos dicen. Aunque los campos son demasiado débiles para producir efectos notables como, por ejemplo, un incremento sustancial de temperatura, sí que podrían tener efectos mucho más sutiles sobre ciertas células altamente especializadas inusualmente sensibles al magnetismo por la presencia en su interior de cantidades apreciables de magnetita. Joseph Kirschvink (quien tiene unos intereses poco habituales en un profesor de Caltech) está investigando experimentalmente esta posibilidad y ha hallado algunos indicios preliminares de qwe la supuesta conexión del mágnetismo con estos cánceres raros podría ser algo más que una mera fantasía.

Relámpagos en bola

Ciertos fenómenos atmosféricos permanecen hasta el día de hoy en una especie de limbo. Este es el caso de los Ilamados ?relámpagos en bola?. Algunos observadores declaran haber visto en tiempo tormentoso una bola brillante, algo parecido a un relámpago esférico. Hay quien dice haberlas visto entrar en una habitación por la ventana, rodar hacia dentro y desaparecer después dejando una tenue Ilama. Aunqe abundan los relatos anecdóticos de toda clase, no existe una evidencia incontrovertible ni tampoco una teoría satisfactoria sobre ellas. Un físico, Luis Alvarez, sugirió que los relámpagos en bola eran sólo un efecto óptico. Esta explicación, sin embargo, no se ajusta demasiado bien a las referencias anecdóticas fiables como, por ejemplo, las recogidas por un científico a partir de entrevistas con empleados de un

laboratorio estatal. Algunos teóricos han investigado seriamente el fenómeno. Mientras se encontraba bajo arresto domiciliario por negarse a trabajar en el desarrollo de armas termonucleares bajo la tutela de Lavrenti P. Beria, jefe del servicio secreto de Stalin, el gran físico ruso Pyotr L. Kapitsa, junto con uno de sus hijos, escribió un artículo teórico proponiendo un mecanismo hipotético para los relámpagos en bola. Otros han intentado reproducir el fenómeno en el laboratorio. Pero hay que decir que hasta ahora los resultados no son concluyentes. En pocas palabras, nadie tiene una buena explicación.

Hacia 1951, la mención de los relámpagos en bola causó cierto revuelo en un seminario del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, en el que Harold W. (?Hal?) Lewis, ahora profesor de física de la Universidad de California en Santa Barbara, presentaba un trabajo teórico en colaboración con Robert Oppenheimer. Creo que fue el último trabajo de investigación de Robert antes de convertirse en director del Instituto, y estaba muy inquieto esperando que la gente prestase atención a la ponencia de Hal que resumía el artículo de Oppenheimer, Lewis y Wouthuysen sobre la creación de mesones en colisiones protón-protón. En el curso de la discusión posterior, alguien mencionó que Enrico Fermi había propuesto un modelo en el que los dos protones se mantenían unidos durante largo tiempo por razones desconocidas emitiendo mesones de manera estadística. Muchos de nosotros nos sumamos a la discusión con propuestas acerca de la causa posible de este comportamiento. El erudito físico teórico suizo Markus Fierz intervino haciendo notar que no siempre está claro porqué las cosas se mantienen unidas. ?Por ejemplo?, dijo, ?pensemos en los relámpagos en bola.? (Oppenheimer comenzó a ponerse rojo de ira. Acababan de presentar su último artículo cientifico y Fierz estaba desviando la discusión hacia los relámpagos en bola.) Fierz vino a decir que un amigo suyo había sido empleado por el gobierno suizo y se le había concedido un pase especial de ferrocarril para que pudiese viajar por todo el país en busca de testimonios sobre los relámpagos en bola. Finalmente, Robert no pudo aguantar más y salió con gesto airado de la sala murmurando: ?iRelámpagos en bola, relámpagos en bola!?. No creo que nuestra comprensión del fenómeno haya aumentado mucho desde entonces (ni siquiera aunque el propio Hal Lewis haya escrito un interesante artículo sobre él).

Lluvias de peces

Uno de mis ejemplos favoritos de fenómeno misterioso es la lluvia de peces y ranas. Muchos de los testimonios son muy detallados y de buena fuente. Aquí tenemos uno de A.B. Bajkov describiendo una lluvia de peces en Marksville, Louisiana, el 23 de octubre de 1947:

"Me encontraba dirigiendo investigaciones biológicas para el Departamento de Fauna y Pesca. Aquel día, entre las siete y las ocho de la mañana, comenzaron a caer peces de entre dos y nueve pulgadas sobre las calles y patios de aquella población sureña, dejando atonitos a sus habitantes. Yo estaba en el restaurante con mi mujer tomando el desayuno cuando la camarera nos informó de que estaban Iloviendo peces. Salimos inmediatamente para coger algunos. La gente estaba entusiasmada. El director del Marksville Bank, J.M. Barham, me contó que al levantarse de la cama se encontró con que habían caído cientos de peces en su patio y en el de su vecina Mrs. J.W. Joffrion. El cajero del mismo banco, J.E. Gremillion, y dos comerciantes, E.A. Blanchart y J.M. Brouillette, fueron alcanzados por la Iluvia de peces cuando se dirigían a su lugar de trabajo hacia las 7:45...?.

(Citado de William R. Corliss en Science, 109, 402, 22 de abril de 1949.)

Todos los meteorólogos a quienes he consultado me han asegurado que no existe ninguna objeción concluyente a la posibilidad de que tales criaturas puedan ser elevadas y transportadas a considerable distancia antes de caer, como resultado de perturbaciones meteoroIógicas. Aunque los mecanismos específicos, como las trombas marinas, son puramente especulativos, es perfectamente posible que el fenómeno sea auténtico. Por otra parte, el hecho de que los peces, o por lo menos su puesta, Ileguen al suelo vivos podría ser relevante para la zoogeografía, el estudio de la distribución de las especies animales. Emst Mayr, el gran omitólogo y zoogeógrafo, comentaba en uno de sus artículos que hay muchos enigmas sobre la distribución de ]os peces de agua dulce que podrían resolverse si estas criaturas pudieran ser transportadas por medios poco convencionales, como las Iluvias de peces.

De la discusión precedente se concluye que, si es cierto que de vez en cuando caen peces del cielo, el proceso no representa ningún perjuicio para las leyes aceptadas por la ciencia, más bien todo lo contrario. Igualmente, si alguna de las supuestas criaturas ?criptozooIógicas?, como el hipotético perezoso gigante de la Amazonia, resultase ser real, esto no alteraría las leyes de la ciencia más de lo que lo hizo el descubrimiento del celacanto en las aguas sudafricanas hace cincuenta años, cuando se creía extinguido desde hacía mucho tiempo. ?Pero qué se puede decir sobre aquellos fenómenos que supuestamente desafian las leyes de la ciencia tal como las conocemos?

Fenómenos que desafían las leyes conocidas de la ciencia

Aunque tales fenómenos no pueden descartarse ipso facto, hay que aplicarles una alta cuota de escepticismo. Ahora bien, si alguno de ellos resultara ser auténtico, las leyes científicas tendrían que ser modificadas para acomodarlo. Consideremos el supuesto fenómeno (en el que, dicho sea de paso, yo no creo) de la telepatía entre dos personas estrechamente emparentadas, digamos una madre y un hijo o dos gemelos idénticos. Casi todo el mundo ha oído anécdotas que relatan que, en momentos de extrema tensión de uno de los miembros de la pareja, el otro se siente alarmado, incluso cuando les separa una gran distancia. Lo más probable es que estos testimonios respondan a una combinaci6n de coincidencia, memoria selectiva (olvido de falsas alarmas, por ejemplo), recuerdo distorsionado de las circunstancias (incluyendo una exageración de la simultaneidad), etc. Por otro lado, es muy difícil investigar científicamente estos fenómenos, aunque no es imposible en principio. Por ejemplo, uno puede imaginar un experimento -cruel y por lo tanto prohibido por consideraciones éticas, aunque por otra parte factible- en el que se tomasen muchas parejas de gemelos idénticos, se les separase por una larga distancia y se sometiese a uno de los miembros de cada pareja a una intensa tensión para ver si el otro reacciona. (Hay algunos crédulos, entre ellos varios de mis conocidos de la New Age de Aspen, que creen que efectivamente tal experimento se Ilevó a cabo con animales a bordo del submarino Nautilus bajo los hielos polares. Según ellos, una coneja madre que viajaba en el submarino mostraba signos de angustia cuando alguna de sus crías era torturada en Holanda.)

En cualquier caso, supongamos por un momento que, contrariamente a lo que yo esperaría, la telepatía entre, digamos, gemelos idénticos resulta ser un fenómeno auténtico. Esto requeriría una profunda revisión de las teorías científicas fundamentales, pero sin duda, acabaría por encontrarse alguna explicación. Por ejemplo, los teóricos podrían postular alguna clase de cordón, de naturaleza por ahora desconocida, yue probablemente supondría importantes modificaciones de las leyes físicas tal como están ahora formuladas. Este cordón conectaría a ambos gemelos transportando una señal cuando alguno de ellos se encontrase en serias dificultades. De este modo el efecto podría ser en gran parte independiente de la distancia, como muchos de los testimonios sugieren. Una vez más quiero recordar que cito este ejemplo no porquc yo crea en la telepatía, sino sólo para ilustrar cómo deberían modificarse las teorías científicas para acomodar fenómenos de lo más extraño en el caso improbable de que resultaran ser auténticos.

Una habilidad genuina: Leer los surcos de los discos

De vez en cuando el CSICOP encuentra que una pretensión en apariencia descabellada que está en realidad justificada. Tales casos son debidamente notificados en el Skeptical Inquirer y discutidos en las reuniones, pero en mi opinión debería prestárseles más atención. Así quedaría más claro que lo fundamental es intentar distinguir los hechos auténticos de los falsos y no simplemente desenmascarar el fraude.

Los científicos en conjunto acreditan un escaso porcentaje de éxitos en la investigación de sospechosos de fraude. Con harta frecuencia los farsantes han tomado el pelo a intelectuales reputados, y algunos hasta se han convertido en defensores del charlatán de tumo. El CSICOP cuenta con el asesoramiento de un mago, James Randi, para diseñar las pruebas a que deben someterse quienes dicen tener poderes extraordinarios. Randi sabe cómo engañar al público, y es igualmente hábil para adivinar cuándo alguien intenta engañarlo a él. Le encanta desenmascarar impostores y poner en evidencia sus trucos. Cuando la revista Discover publicó que un hombre era capaz de extraer informacidn leyendo en los surcos de los discos de vinilo, se le encomendó a Randi investigar el asunto. El hombre en cuestión era el doctor Arthur Lintgen, un fisico de Pennsylvania que aseguraba que podía mirar un disco de música sinfónica de cualquier época posterior a Mozart e identificar el compositor, a menudo la pieza y a veces hasta el intérprete. Randi le sometió a las rigurosas pruebas habituales y descubri6 que en efecto estaba diciendo la verdad. El físico identificó correctamente dos grabaciones distintas de La consagración de la primavera de Stravinsky, así como el Balero de Ravel, Los planetas de Holst y la Sexta sinfonia de Beethoven. Naturalmente, Randi le mostró otros discos a modo de control. Uno, etiquetado ?guirigay? por el doctor Lintgen, era del rockero Alice Cooper. Ante otro control dijo: ?Esto no es música instrumental. Debe ser un solo vocal de algún tipo?. De hecho era la grabación de un hombre hablando, titulada "Asi que quieres ser un mago". Esta curiosa habilidad, que resultó ser auténtica, no uiolaba ningún principio importante. La información estaba presente en los surcos; la cuestión era saber si de verdad había alguien capaz de extraerla por inspección, y Randi confirmó que en efecto lo había.



La preservación de la diversidad cultural Pág. 356

Del mismo modo que es una locura tirar por la borda en unas pocas décadas la riqueza biológica que ha evolucionado a lo largo de miles de millones de años, también lo es permitir la desaparición de la diversidad cultural humana, que ha evolucionado de manera análoga a lo largo de muchas decenas de miles de años. Pero Ia unidad de la especie humana (así como la solidaridad con las otras formas de vida con las que compartimos la biosfera) es ahora más necesaria que nunca. ?Cómo pueden reconciliarse ambas inquietudes?

Tomé conciencia por primera vez de la tensión entre unidad y diversidad a una edad temprana. Cuando era niño, le planteé a mi padre la vieja cuestión de si la humanidad podría promover la paz universal haciendo uso de un único lenguaje mundial. En respuesta él me contó que doscientos años atrás, en la era de la Ilustración y la Revolución Francesa, el pensador alemán Heder. un pionero del romanticismo y figura de la Ilustración, escribió acerca de la necesidad de preservar la diversidad lingüística salvando las lenguas letona y lituana -tan arcaicas, tan cercanas a la lengua indoeuropea ancestral- en peligro de desaparecer. Con la ayuda de escritores nativos de la época, como el poeta lituano Donelaitis, la tarea de conservar estos pedazos de ADN cultural pudo completarse. Hoy Letonia y Lituania son otra vez países independientes, y los lenguajes salvados de la extinción hace dos siglos son ahora lenguas oficiales.

Los problemas relativos a la conservación cultural que representan un desafío mayor tienen que ver con los pueblos indígenas, especialmente los que son a veces calificados de primitivos, fundamentalmente por el estado de su tecnología. En muchos casos, estos mismos pueblos indígenas están siendo físicamente exterminados por las enfermedades y la violencia, o bien desplazados o dispersados y aniquilados culturalmente. Hace un siglo, en algunas partes del oeste de los Estados Unidos, todavía había gente que se dedicaba a disparar a los ?indios salvajes? los fines de semana. Así fue como Ishi, el último indio yahi, perdió a su familia y amigos, según el relato de Alfred y Theodora Kroeber. Hoy día los norteamericanos deploran atrocidades similares cometidas en otros países. Esperemos que la desesperada situación presente pueda mejorar con rapidez y estos pueblos tengan mayores oportunidades de sobrevivir y de elegir entre seguir más o menos aislados en el futuro o modernizarse conservando una continuidad cultural y una memoria del pasado.

Las ricas tradiciones locales, así como las instituciones y modos de vida, de los pueblos indígenas de todo el mundo constituyen un tesoro de información sobre las posibilidades de organización y modos de pensar humanos. Muchos de ellos poseen también conocimientos preciosos sobre cómo vivir formando parte de una comunidad ecológica tropical. (Hay que hacer notar que otros han destruido la naturaleza, particularmente los pueblos que han colonizado islas deshabitadas, grandes o pequeñas, por menos de uno o dos milenios. En algunos casos, ]a idea de un pueblo indígena viviendo en armonía con la naturaleza es más una ilusión que una realidad.)

Pensemos en el conocimiento de las propiedades de las plantas que se alberga en la mente de ciertos chamanes. Muchos de estos hechiceros están ahora falleciendo sin que nadie les reemplace. Richard Schultes, el gran etnobotánico de Harvard que pasó muchos años estudiando plantas medicinales en la cuenca amazónica, dice que cada vez que muere un chamán es como si ardiera una biblioteca. Schultes ha adiestrado a muchos etnobotánicos más jóvenes, que han emprendido la labor de salvaguardar tantos secretos como sea posible de estas bibliotecas vivientes antes de que desaparezcan definitivamente. Uno de ellos, Mark Plotkin, publicó recientemente un delicioso relato de sus aventuras titulado Tales of a Shamans Apprentice (Cuentos de un aprendiz de chamán).

Los seres humanos han destilado, durante cientos o miles de años de aprendizaje por el método de prueba y error, una considerable cantidad de información sobre los usos de los organismos para la obtención de alimento, medicinas y vestido. A veces el proceso de aprendizaje debe haber sido verdaderamente dramático, como en el caso de la mandioca, una planta de la selva amazónica. No hay muchas plantas que crezcan en el suelo de la selva, pues la mayor parte de la luz es captada por los árboles del dosel superior, medio e inferior. En estas condiciones, la mandioca (el tubérculo del que se hace la tapioca) es un valioso recurso, comestible y nutritivo. Pero el tubérculo contiene una buena cantidad de ácido prúsico (cianuro de hidrógeno)y es por lo tanto muy venenoso. Sólo calentando para descomponer y expulsar el ácido se hace comestible la carne del tubérculo. Muchos miembros hambrientos de bandas y tribus amazónicas deben haber perdido la vida antes de que se aprendiera a utilizar la mandioca.

No es sólo en estas regiones subdesarrolladas donde el método de ensayo y error ha revelado propiedades útiles de plantas y preparados vegetales. La medicina popular ha tenido gran importancia para la vida de las personas en todo el planeta. Naturalmente, no todas las recetas populares están justificadas, pero la ciencia moderna ha confirmado algunas de ellas. Como ejemplo citaré una experiencia de mi propio padre. Hijo de un guardabosques, cuando era todavía un muchacho y vivía en los bosques de hayas de lo que entonces era Austria oriental, cerca de la frontera rusa, se cortó accidentalmente con un hacha la última falange de un dedo. Entonces la cogió, la enjugó un poco y se la volvió a colocar, envolviendo el dedo con una cataplasma hecha de miga de pan. Llevó la cicatriz circular durante el resto de su vida, pero la falange se mantuvo en su sitio. Esto sucedió muchos años antes de que la ciencia moderna reconociera las propiedades bacteriostáticas del moho del pan (Penicillium notatum), pues sin duda fueron estas propiedades las que salvaron el dedo de mi padre.

En el proceso adaptativo por el que los grupos humanos hacen estos descubrimientos útiles, las presiones selectivas tienen que haber traído consigo algunas cuestiones muy similares a las que se plantea la ciencia. ?Sirve para algo este procedimiento? ?Se puede comer esto tranquilamente? ?Sanan las heridas envolviéndolas así? ?Ayuda esta hierba a acelerar el parto cuando el niño se retrasa? Los remedios populares que derivan de la magia simpática son otra cosa. Entre las pretendidas curas basadas en la similaridad hay una para la ictericia (en realidad un síntoma de enfermedad hepática) que consiste en mirar fijamente el ojo dorado de un alcaraván. Si mi padre hubiera probado esto, de poco le habría servido, fuera de algún ligero efecto psicosomático. En la evolución de la magia simpática, tan extendida entre los pueblos de la Tierra, las presiones selectivas, como ya hemos remarcado antes, eran en su mayoría muy diferentes de las que corresponderían a un éxito objetivo.

Pero aquellos pueblos no necesariamente trazaban una frontera clara entre la magia y el descubrimiento de usos reales de productos animales y vegetales. Los hechiceros no dejaban de ser hechiceros, aunque enseñaran al mundo moderno el empleo de materiales como la corteza de chinchona, de la que se extrae la quinina, un tratamiento contra la malaria. En las tradiciones culturales no siempre es fácil separar lo que se adapta fácilmente a las ideas modernas de lo que entra en conflicto con ellas.

La tensión entre ilustración y diversidad cultural

La tensión entre la universalidad soñada por la Ilustración y la necesidad de preservar la diversidad cultural continúa existiendo en nuestros. días. En la discusión sobre el futuro del planeta, incluyendo los resultados de la investigación científica y tratando de reflexionar racionalmente sobre sus implicaciones, nos vemos obstaculizados por el predominio de la superstición. La persistencia de creencias erróneas contribuye a exacerbar la extendida y anacrónica incapacidad para reconocer los problemas urgentes a los que se enfrenta la humanidad en este planeta. Naturalmente, la ausencia de unidad filosófica y, especialmente, los particularismos destructivos de toda clase constituyen una sería amenaza. Tales particularismos se siguen manifestando en muchos sitios en forma de tribalidad, pero hoy día pueden relacionarse con diferencias de nacionalidad, lengua, religión o de otro tipo, a veces tan pequeñas que alguien ajeno a la cuestión difícilmente puede detectarlas, pero suficientes para dar lugar a rivalidades y odios mortíferos, especialmente cuando son explotados por dirigentes poco escrupulosos.

Pero, al mismo tiempo, la diversidad cultural es en sí misma una valiosa herencia que debería preservarse: esa torre de Babel de lenguas, esa confusión de sistemas religiosos y éticos, ese panorama mítico, esa mezcolanza de tradiciones políticas y sociales, acompañadas como están por tantas formas de irracionalidad y particularismo. Uno de los principales retos de la raza humana es reconciliar los factores universalizantes como la ciencia, la tecnología, la racionalidad y la libertad de pensamiento con los factores particularizantes como las tradiciones y creencias locales, así como las simples diferencias geográficas, de temperamento o de ocupación.

Cultura popular universal

(Pág.360)

La erosión de los modelos culturales locales en todas partes del mundo no es, sin embargo, resultado únicamente, ni siquiera principalmente, del contacto con los efectos universalizantes de la ilustración científica. La cultura popular es casi siempre mucho más efectiva a la hora de borrar distinciones entre lugares o sociedades. Los tejanos, las hamburguesas, la música rock y las series de televisión norteamericanas han estado propagándose por el mundo durante años. Por otra parte, las influencias universalizantes no pueden clasificarse simplemente como pertenecientes a la cultura científica o a la popular, sino que forman un continuo, un espectro de impactos culturales diferentes.

Ocupando una posición intermedia entre la cultura superior y la popular hay instituciones como la CNN (Cable News Network). En algunos lugares y en determinadas ocasiones, las emisiones de la CNN son una valiosa y oportuna fuente de imágenes memorables y de información razonablemente precisa que de otra manera sería inasequible. En otras situaciones parece representar una forma de diversión, parte de la cultura popular universalizante. En cualquier caso, los telediarios emitidos en todo el mundo y los diarios y revistas semanales que se publican en muchos países se consideran parte de la ?explosión informativa? mundial, junto con la increíble proliferación de publicaciones periódicas y libros de carácter no literario, por no hablar del veloz crecimiento de-las redes de correo electrónico y la explosión venidera de comunicaciones multimedia interactivas.

La explosión informativa (?o desinformativa?)

Desafortunadamente, esta explosión informativa es en gran parte desinformativa. Todos estamos expuestos a enormes cantidades de material consistente en datos, ideas y conclusiones -en gran parte mal comprendidos o simplemente equivocados-. La necesidad de comentarios y reseñas más inteligentes es acuciante.

Debemos conceder más prestigio al acto creativo en sí, a la redacción de artículos y libros serios que distingan lo fidedigno de lo que no lo es y sistematicen y encapsulen, en la forma de teorías razonables y otras clases de esquema, lo que parece digno de crédito. Si un investigador o investigadora publica un resultado novedoso en las fronteras del conocimiento científico o el saber en general, puede obtener una recompensa en forma de cátedra o ascenso, aunque se demuestre después que el resultado era totalmente incorrecto. Ahora bien, dedicándose a poner en claro lo que otros han hecho (o a extraer lo que vale la pena de entre lo accesorio) es mucho menos fácil hacer carrera. Sería mucho mejor para la humanidad que la estructura de recompensas se modificase de manera que las presiones selectivas sobre las carreras favoreciesen el examen de la información tanto como su adquisición.

Tolerar la intolerancia: ?Es eso posible?

?Pero cómo podemos reconciliar el examen crítico de las ideas, incluso la identificación y clasificación del error, con la tolerancia e incluso la celebración y preservación- de la diversidad cultural? Hemos discutido cómo cada tradición cultural específica incluye, en forma de motivos artísticos, ideas y creencias que definen y unifican Ias fuerzas sociales y son fuente de consuelo personal frente a la tragedia. Como hemos destacado, muchas de estas ideas y creencias serían etiquetadas como erróneas por la ciencia (o al menos no justificadas por la evidencia) mientras que otras representan preciosos descubrimientos sobre el mundo natural y sobre posibles formas de desarrollo humano individual y social (incluidas, quizá, la exploración de nuevos dominios de la experiencia mística y la formulación de escalas de valores que subordinen el apetito por los bienes materiales a otros más espirituales). La preservación de la diversidad cultural, sin embargo, tiene que superar de algún modo esa distinción. Los modelos o esquemas que son elementos de ADN cultural no son fácilmente clasificables entre los que vale la pena preservar y los que

Pero hay una dificultad aún más profunda. Muchos de los modelos locales de pensamiento y comportamiento están asociados no sólo con errores dañinos y particularismos destructivos, sino de modo específico con el hostigamiento y la persecución hacia aquellos que se adhieren a la cultura científica laica y universalizante, con su acento en la racionalidad y en los derechos humanos individuales. Y es precisamente en el seno de estas culturas donde es más fácil encontrar gente comprometida, por cuestión de principios, con la preservación de la diversidad cultural.

De algún modo, la especie humana tiene que encontrar maneras de respetar y beneficiarse de la gran variedad de tradiciones culturales y a la vez resistir las amenazas de desunión, opresión y oscurantismo que de vez en cuando representan algunas de estas mismas tradiciones.

(...)

La transición demográfica

Pág 368 Hemos visto que las décadas venideras serán testigo de un cambio histórico en la curva demográfica global. La mayoría de expertos piensa que la población mundial se estabilizará en el próximo siglo en torno al doble de la población actual, estimada en unos 5500 millones de personas. Hoy día, las altas tasas de crecimiento demográfico (que tienen que ver fundamentalmente con unas mejoras en la medicina y la salud pública que no han llevado aparejado un descenso de la natalidad) todavía predominan en muchas partes del mundo. Esto ocurre especialmente en las regiones tropicales subdesarrolladas, incluyendo países que, como Kenia, no pueden permitírselo ni ecológica ni económicamente. Mientras tanto, la población de los países desarrollados en general se ha estabilizado bastante, si se exceptúan los efectos de la migración, la cual ciertamente será un asunto de la mayor importancia en las décadas venideras.
Los expertos se han enzarzado en muchas discusiones sobre los factores responsables del declive de la natalidad que ha tenido lugar en Ia mayoría de países desarrollados, y ahora sugieren medidas encaminadas a producir los mismos efectos en el mundo tropical. Estas medidas incluyen mejoras en la sanidad, alfabetización, educación y oportunidades de las mujeres además de otros progresos en la condición femenina, una reducción en la mortalidad infantil (lo cual en principio obra, naturalmente, en sentido opuesto, pero más adelante puede evitar que las parejas intenten compensar las muertes esperadas produciendo más niños de los que realmente desean) y un seguro social para los mayores, una meta aún distante en muchos países en vías de desarrollo.

Naturalmente, la disponibilidad de una contracepción segura y efectiva es crucial, pero también lo es la erosión de los incentivos tradicionales para tener familias numerosas. En diversas partes del mundo ]a pareja típica (y especialmente el varón típico) todavía desea tener muchos hijos. ?Qué clase de incentivos pueden ofrecerse a las familias de uno o dos hijos? ?Cómo puede persuadirse a la gente, por las vías culturalmente apropiadas, de que en el mundo moderno tales familias son de interés común, con mayores niveles de sanidad, educación, prosperidad y calidad de vida de lo que permiten las familias numerosas? Con la importancia que tienen en los asuntos humanos

los vaivenes de la moda, ?qué se puede hacer para popularizar la idea de una familia pequeña? Estas cuestiones todavía están desatendidas en muchos sitios, incluso por parte de las organizaciones que declaran estar contribuyendo a resolver el problema de la población mundial.

Si es cierto que la población humana se encamina hacia un punto de inflexión y que acabará estabilizándose globalmente en unas pocas décadas, es de la mayor importancia tanto el proceso histórico en sí como su duración y las cifras resultantes. El carácter exacto y la magnitud del efecto del crecimiento demográfico sobre la calidad del medio ambiente depende de muchas variables, como por ejemplo el reparto de las tierras, y valdría la pena hacer un cuidadoso estudio en áreas diferentes. No obstante, de entrada parece evidente que, en conjunto, el crecimiento demográfico contribuye a la degradación del medio ambiente, ya sea por las enormes tasas de consumo de los ricos o por la desesperada lucha de los pobres por sobrevivir, sea cual sea el precio de cara al futuro.

Las consecuencias para el medio ambiente serán probablemente mucho más serias si el mundo simplemente espera a que mejoren las condiciones económicas entre las poblaciones empobrecidas para que surtan efecto las medidas de reducción de la natalidad, en vez de fomentar tal reducción en paralelo con el desarrollo económico. Es muy probable que el impacto medioambiental total por persona sea considerablemente mayor tras el desarrollo económico que antes, y cuanto menores sean las cifras cuando finalmente se alcance una prosperidad relativa, mejor para las personas y para el resto de la biosfera.

La transición tecnológica

Hace unas décadas, algunos de nosotros (en particular Paul Ehrlich y John Holdren) señalábamos el hecho absolutamente obvio de que el impacto sobre el medio ambiente en un área geográfica determinada puede descomponerse en tres factores: población, prosperidad convencional por persona e impacto medioambiental por persona y por unidad de prosperidad convencional. El último factor depende especialmente de la tecnología. Es el cambio tecnológico el que de algún modo ha permitido la existencia de la gigantesca población humana actual, y mientras miles de millones de personas viven en una situación de pobreza desesperada, unos pocos consiguen vivir con unas comodidades razonables como consecuencia de los adelantos científicos y tecnológicos, incluida la medicina. Los costes medioambientales han sido enormes, pero en ninguna parte tan grandes como pueden serlo en el futuro si el género humano no actúa con algo de previsión.

La tecnología, bien aprovechada, puede contribuir a reducir el tercer factor prácticamente tanto como lo permitan las leyes naturales. Cuánto puede mejorarse el factor de prosperidad, especialmente en lo que se refiere a la pobreza extrema, depende en considerable medida de cuánto acapara el primer factor, el número de personas. La evidencia del comienzo de la transición tecnológica está empezando a manifestarse en muchos sitios, aunque el grueso de la misma está aún por Ilegar. Pero hasta elementos tecnológicos relativamente simples pueden acabar planteando problemas extremadamente complejos.

Considérese el ejemplo de la erradicación de la malaria en las poblaciones humanas. Hace no demasiado tiempo, la desecación de los pantanos era todavía el principal método de control. Pero ahora se entiende que hay que evitar la destrucción de los pantanales siempre que sea posible. Entretanto la ciencia había identificado el plasmodio responsable de la malaria y sus mosquitos vectores. La fumigación con plaguicidas químicos como el DDT para eliminar los mosquitos parecía un paso adelante, pero resultó tener serias consecuencias para el medio ambiente. En primer lugar, las aves en lo más alto de la cadena trófica acuática comenzaron a acumular altas dosis de DDE, un metabolito del DDT que causaba un adelgazamiento de las cáscaras de los huevos provocando el fracaso reproductivo de muchas especies, incluida el águila calva, emblema nacional norteamericano. Hace veinte años que el DDT quedó desfasado en el mundo desarrollado, y las poblaciones de aves amenazadas comenzaron a recuperarse. Pero todavía se sigue utilizando en otras partes, aunque están comenzando a aparecer cepas resistentes del mosquito vector.

Después resultó que algunos de los sustitutos inmediatos del DDT eran claramente peligrosos para los humanos. Hoy día, sin embargo, hay métodos mucho más sofisticados para reducir la población de vectores, incluyendo el uso de productos químicos específicos, así como la liberación de compañeros sexuales estériles y otros ?controles biológicos?. Todas estas medidas pueden coordinarse en lo que se denomina ?gestión integrada de plagas?. Hasta ahora el empleo a gran escala de tales métodos todavía resulta demasiado caro. En el futuro podrían desarrollarse técnicas más baratas e igualmente inocuas. También se dispone de repelentes de insectos, pero son igualmente caros y plantean problemas propios.

Mientras tanto, un tratamiento simple y efectivo en muchos sitios es meterse dentro de un mosquitero media hora al amanecer y media hora al anochecer, cuando actúa con preferencia el mosquito vector. Por desgracia, en muchos países tropicales la población rural está demasiado atareada a esas horas para meterse debajo de una red. Es probable que algún día se desarrollen vacunas contra la malaria que erradiquen completamente las diversas formas de la enfermedad, pero entonces surgirá otra dificultad: áreas silvestres importantes que estaban protegidas por el peligro de la malaria quedarán expuestas al desarrollo irresponsable. Sin duda he invertido demasiado tiempo en este ejemplo aparentemente simple, sólo para exponer algunas de sus complicaciones. Puede esperarse que surjan complicaciones análogas dondequiera que se efectúe una transición tecnológica para reducir el impacto sobre el medio ambiente, sea en la producción industrial, la extracción de minerales, la producción de alimentos o la generación de energía.

Al igual que la reconversión de las industrias militares en industrias civiles, la transición tecnológica requiere una ayuda financiera y la readaptación de los trabajadores a medida que las oportunidades se cierran para una clase de empleo y se abren para otras. Sería aconsejable que los políticos consideraran los retos planteados por estas reconversiones. Así, el dejar de fabricar agentes químicos para la guerra podría contemplarse de la misma manera que el desmantelamiento de la explotación forestal en los antiguos bosques del noroeste de los Estados Unidos. Por otra parte, estas cuestiones políticas vuelven a surgir cuando la sociedad intenta reducir el consumo de productos perjudiciales para la salud, sean legales como el tabaco o ilegales como la cocaína.

No obstante, en cuanto a exigencias, estas tres formas de reconversión plantean problemas algo diferentes. En el caso de las armas químicas, el reto principal era persuadir a los gobiernos de no volver a encargar su fabricación y sacar a la luz y destruir las existencias presentes. El tema de las drogas, en cambio, es objeto de agrias disputas. En el caso de la transición tecnológica para reducir el impacto sobre el medio ambiente, la cuestión es cuáles son los incentivos para el desarrollo y empleo de tecnologías inocuas. Esto nos conduce a la transición económica.

La transición económica

Si el aire o el agua son tratados como bienes libres en las transacciones económicas, entonces contaminarlos y degradar su calidad no cuesta nada. La actividad económica implicada se desempeña entonces a costa del medio ambiente y del futuro. Durante siglos, las autoridades han hecho frente a este tipo de problemas por medio de prohibiciones y multas, a menudo ineficaces. Hoy día se intenta en algunos sitios ejercer una reglamentación a gran escala, y se han conseguido algunos éxitos. Sin embargo, parece ser que para los gobiernos el modo más eficiente de tratar estas cuestiones es hacer pagar de alguna forma el coste de la restauración de la calidad. Esto es lo que los economistas llaman ?internalización de externalidades?. La reglamentación, con sus multas y otras penalizaciones, constituye en sí misma un recargo. Sin embargo, suele requerir acciones específicas por parte de los contaminadores, mientras que la internalización fomenta la restauración de la calidad, o su no degradación en primera instancia, de la manera más barata posible. Los ingenieros y administradores de la industria implicada son quienes prescriben las medidas que deben tomarse. La microgestión burocrática se hace innecesaria.

El pago de los costes reales es un elemento fundamental de la transición económica requerida para pasar de vivir en gran medida del capital de la naturaleza a vivir principalmente de las rentas de la naturaleza. Aparte de que suele ser mejor que la reglamentación, el recargo es desde luego mucho mejor que la mera exhortación. De entrada, reduce las ambigüedades.

Supongamos que nos comprometemos a premiar con la medalla verde los productos que tengan un menor impacto ambiental. Pronto nos encontraremos con un problema. Un detergente particular puede ser más bajo en fosfatos que otro y así producir menos eutrofización (crecimiento de algas) en los lagos, pero puede requerir un consumo energético mayor porque hay que usarlo con agua caliente. ?Cómo se puede sopesar una consideración frente a otra? Si se prueba a imponer un recargo a los productores por la eutrofización causada por sus detergentes y, por otra parte, el coste de la energía que requiere un lavado se marca con claridad en el paquete, el consumidor puede decidirse en función del desembolso total, y el mercado determinará los precios. La medalla verde se hace innecesaria.

La gran dificultad a la hora de establecer el pago de los costes reales es, naturalmente, estimarlos. Hemos discutido ya cómo los economistas nunca han conseguido un éxito pleno a la hora de abordar problemas sutiles relacionados con la calidad y la irreversibilidad, cuestiones análogas a las que surgen en conexión con la segunda ley de la termodinámica en el marco de la ciencia natural. Tales problemas pueden, por supuesto, sacarse a relucir en el ruedo político y tratarse Únicamente como asuntos de opinión publica, pero a largo plazo seguramente la ciencia tendrá también algo que decir. Mientras tanto, lo más simple es estimar el coste de reponer lo que se ha perdido. Puede que sea necesario algún tipo de prohibición estricta sobre lo que es irreemplazable, pero en los demás casos el logro de una calidad sostenible está estrechamente ligado a la idea de pagar para restaurar la calidad perdida, y la definición de calidad será competencia de la ciencia en interacción con la opinión pública.

Un aspecto fundamental de cualquier programa de pago de costes reales es la eliminación de subsidios para actividades económicas destructivas, muchas de las cuales serían totalmente antieconómicas si no fuera por tales subsidios. En la memoria de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo (la comisión Brundtland), compuesta por distinguidos hombres de Estado de muchas partes del mundo, su brillante secretario general, el canadiense Jim MacNeill, se encargó de señalar que, para ver lo que está pasando con el medio ambiente, no hay que fijarse tanto en las actividades del ministerio de Medio Ambiente como en las del ministerio de Finanzas y en los presupuestos generales. Es aquí donde hay que buscar los subsidios destructivos para, no sin grandes obstáculos políticos, eliminarlos.

[Sistemas contables]

La discusión sobre presupuestos conduce directamente a la cuestión de si los procedimientos de contabilidad nacionales incluyen la merma del capital natural. Por lo general no. Si el presidente de un país tropical, a cambio de un soborno, hace un contrato con una compañía maderera extranjera para talar buena parte de los bosques de la nación por poco dinero, en las cuentas de la administración pública este dinero, incluido el soborno si es que no va a parar a un banco suizo, aparecerá como parte de los ingresos nacionales, pero ]a desaparición de los bosques, con todos sus beneficios y potencial, no se contabilizará entre las pérdidas. No son sólo los países tropicales los que venden sus bosques a un precio demasiado bajo, como lo atestigua el destino de los bosques húmedos templados de la costa noroeste del Pacífico estadounidense, la Columbia Británica y Alaska.

Está claro que la reforma de los sistemas de contabilidad de la administración pública es una necesidad prioritaria en todos los países. Por fortuna, los esfuerzos para acometer esta reforma han comenzado ya en algunos sitios. Nuestro ejemplo también deja claro que la lucha contra la corrupción es un elemento clave en el logro de la transición económica.

Otro indicador del grado de inquietud acerca de la disminución del capital de la naturaleza es la tasa de depreciación. Por lo que sé, el Banco Mundial, en la financiación de proyectos de gran impacto sobre el medio ambiente, todavía aplica una depreciación del 10 por ciento por año. Si esto es cierto, significa que la pérdida de una gran parte del patrimonio natural al cabo de treinta años es descontada por un factor de 20. El patrimonio natural de la próxima generación se valora en un 5 por ciento del valor actual asignado, si es que se tiene en cuenta.

La tasa de depreciación, en esta forma, es una medida de lo que se ha dado en Ilamar equidad intergeneracional, un concepto crucial para la noción de calidad sostenible. Desvalorizar el futuro demasiado rápidamente equivale a robarlo. Si se generaliza un poco más la noción de tasa de depreciación, puede servir para sintetizar mucho de lo que se entiende por sostenibilidad.

La transición social

Algunos economistas subrayan la importancia del posible conflicto entre la equidad intergeneracional y la equidad intrageneracional, esto es, la preocupación por el futuro y la preocupación por la pobreza actual, que hace necesaria la explotación de algunos recursos para asegurar la supervivencia. Aunque parte de la degradación actual de la biosfera se debe a la lucha por la vida de los que viven en condiciones miserables, una buena parte puede atribuirse al despilfarro de recursos por parte de los ricos. Sin embargo, gran parte de ella tiene que ver también con proyectos a gran escala que supuestamente sirven, por ejemplo, para ayudar a la población rural de un país en desarrollo, pero a menudo, si es que lo hacen, de una manera bastante ineficiente y destructiva. En contraste, esas mismas personas pueden recibir ayuda de un modo más efectivo a través de la suma de pequeños esfuerzos aplicados localmente; un ejemplo es la práctica conocida como micropréstamo.

En el micropréstamo, se establece una institución financiera dedicada a conceder préstamos de escasa cuantía a los propietarios locales, muchos de ellos mujeres, para fundar pequeñas empresas que ofrezcan un medio de vida ]ocal a un puñado de personas. Con frecuencia tales negocios crean empleos relativamente no destructivos y contribuyen tanto a la equidad intergeneracional como a la intrageneracional. Por fortuna, esta práctica de apoyo a una economía sostenible se está extendiendo cada vez más.

Es difícil entender cómo puede conseguirse una calidad de vida sostenible a largo plazo cuando está tan desigualmente repartida, cuando hay tantas personas que pasan hambre, carecen de hogar o mueren en la juventud a causa de alguna enfermedad, conscientes de que en otras partes hay miles de millones de personas que llevan una existencia mucho más confortable. Está claro que la sostenibilidad requiere acciones a gran escala orientadas hacia la equidad intrageneracional. Como en el caso del micropréstamo, a menudo hay más sinergia que conflicto entre equidad intergeneracional y equidad intrageneracional. Las políticas que en verdad ayudan a la población rural de los países en desarrollo son mucho más compatibles con la preservación de la naturaleza de lo que se suele pretender. Las políticas que sirven para combatir efectivamente la pobreza urbana son precisamente las que incluyen disposiciones encaminadas a evitar catástrofes medioambientales urbanas. Tales políticas incluyen también medidas para resolver los problemas rurales que están causando emigraciones en masa a las ciudades, en su mayoría ya atestadas. De hecho, está claro que la transición social debe incluir el alivio de algunos de los problemas más graves de las megalópolis.

Hoy día, todavía más que en el pasado, ninguna nación puede abordar problemas que afecten a la actividad económica urbana o rural sin tener en cuenta los asuntos internacionales. La aparición de la economía global es uno de los rasgos dominantes del escenario contemporáneo, y el deseo de participar más activamente en dicha economía es una de las fuerzas principales que influyen en la política de gobiernos e intercambios comerciales en todo el mundo. Junto con el transporte rápido, las comunicaciones a escala planetaria y los efectos sobre el medio ambiente global, la importancia de los temas económicos globales hace que sea esencial un mayor grado de cooperación mundial para tratar con las serias cuestiones a las que se enfrenta la totalidad del género humano. Esto nos lleva a la transición institucional.

La transición institucional

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La necesidad de cooperación a escala regional y global no se restringe a los temas de medio ambiente, ni tampoco a los económicos. El mantenimiento de la paz y la seguridad internacional es, por lo menos, igual de importante.

Desde hace poco, con la disolución de la Unión Soviética y el ?bloque soviético" de naciones, y con un mayor grado de cooperación por parte de China, las instituciones mundiales, incluidos los órganos de las Naciones Unidas, pueden funcionar aún más eficiencia que antes. Para Ia ONU es ahora rutinario organizar la supervisión de unas elecciones o promover negociaciones para frenar una guerra civil. Las actividades para el mantenimiento de la paz están progresando en muchas partes del mundo. Los resultados no son ni mucho menos satisfactorios, pero por lo menos el proceso está comenzando a afianzarse.

Mientras tanto, la cooperación transnacional está tomando forma de muchas otras maneras y, necesariamente, el papel del Estado se está debilitando cada vez más en un mundo donde existen tantos fenómenos importantes por encima de las fronteras nacionales. En muchas esferas de la actividad humana funcionan desde hace largo tiempo instituciones transnacionales y hasta universales (o casi), tanto de carácter formal como informal. Ahora hay muchas más. Todas ellas contribuyen de algún modo a canalizar la competencia dentro de modelos sostenibles y la atemperan a base de cooperación. Unas son más importantes o más efectivas que otras, pero todas tienen alguna trascendencia. Son ejemplos la red de tráfico aéreo, la Unión Postal Internacional, la Convención sobre Frecuencias de Emisión, la Interpol, los tratados sobre aves migratorias, la CITES (Convention on International Trade in Endangered Species), la Convención sobre Armas Químicas, la Unión Internacional de Física Pura y Aplicada, el Consejo Internacional de Organizaciones Científicas, los congresos mundiales de matemáticas, astronomía, antropología, psiquiatría, etc., el PEN (organización internacional de escritores), instituciones financieras como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, corporaciones multinacionales desde McDonald's hasta IBM, agencias de la ONU como WHO, UNEP, UNDP, UNFPA, UNICEF y UNESCO, y Cruz Roja Internacional. Por otro lado, no habría que ignorar la creciente importancia del inglés como lenguaje internacional.

Poco a poco, sobre una base global o altamente transnacional, la especie humana está comenzando a luchar contra algunos de los problemas que plantea la gestión de la biosfera y de las actividades humanas que se desarrollan en ella. Aquí el efecto del cambio de situación en la antigua Unión Soviética y en la Europa del Este es extremadamente esperanzador. El resultado es que ahora se ha hecho probable la cuasiuniversalidad en numerosas actividades para las que antes apenas podía esperarse nada parecido.

Además, se han puesto en marcha negociaciones sobre asuntos generales de carácter global -aquellos aspectos del medio ambiente que no se reconocen como patrimonio de nadie, y por lo tanto patrimonio de todos, cuya explotación egoísta sin ninguna clase de cooperación internacional sólo puede llevar a resultados negativos para todas las partes-. Son ejemplos obvios los océanos, el espacio y la Antártida.

Los acuerdos entre países más y menos desarrollados pueden seguir el modelo del contrato planetario, del que ya hablamos en conexión con la conservación de la naturaleza. Aquí asume un significado más general: la transferencia de recursos de los países ricos a los pobres conlleva la obligación para estos últimos de tomar medidas que hagan progresar la sostenibilidad en sentido amplio, es decir, desde la no proliferación nuclear hasta la protección de áreas salvajes. (Otra manifestación del contrato planetario es que los aparatos eléctricos en los países templados compensen sus emisiones de dióxido de carbono pagando una cuota destinada a preservar los bosques tropicales.)

Sin embargo, el problema de los particularismos destructivos -la competencia encarnizada y a menudo violenta entre pueblos de diferente lengua, religión, raza, nacimiento o cualquier otra cosa- se ha agudizado aún más de lo habitual en los últimos años, especialmente tras la rotura de algunas de las ligaduras impuestas por ciertos regímenes autoritarios. Decenas de conflictos violentos de carácter étnico o religioso están en curso en diferentes partes del globo. Fundamentalismos de diverso cuño están a la orden del día. El mundo actual experimenta simultáneamente una tendencia hacia la unidad y otra hacia la fragmentación.

Ya hemos mencionado que, por lo que parece, ninguna diferencia es demasiado pequeña para provocar la división de la gente en grupos violentamente antagónicos. Pensemos, por ejemplo, en el agrio conflicto que se desarrolla en Somalia. ?Diferencias iingüísticas? No, todos hablan somalí. ?Diferencias religiosas? Virtualmente todos son musulmanes. ?Diferentes sectas islámicas? No. ?Diferencias entre clanes? Las hay, pero no crean demasiados problemas. La guerra es principalmente un asunto de subclanes dominados por señores de la guerra, cuyas rivalidades se han desatado tras el hundimiento del orden legal.

La transición ideológica

?Hacia dónde nos conducirán estas tendencias? Si se da rienda suelta a nuestra propensión anacrónica hacia el particularismo destructivo, tendremos rivalidades militares, problemas demográficos y una competencia por los recursos que hará difícil o incluso imposible el logro de una calidad de vida sostenible. Es necesaria una radical transición ideológica que comprenda la transformación de nuestras maneras de pensar, nuestros esquemas, nuestros paradigmas, si es que queremos acercarnos a la sostenibilidad en nuestras relaciones mutuas, por no hablar de nuestras interacciones con el resto de la biosfera.

La investigación científica aún no ha dejado claro hasta qué punto las actitudes humanas hacia las personas percibidas como diferentes (y hacia los otros organismos) están gobernadas por tendencias hereditarias desarrolladas hace tiempo en el curso de la evolución biológica. Puede que hasta cierto punto nuestra propensión a formar grupos mutuamente intolerantes y a destruir el medio ambiente de manera innecesaria tenga ese origen. Podría tratarse de tendencias que fueron adaptativas en el pasado, pero que han dejado de serlo en un mundo de interdependencia, armas destructivas y una capacidad para la degradación de la biosfera incrementada en grado sumo. La evolución biológica es demasiado lenta para responder a tales cambios. Pero sabemos que la evolución cultural, mucho más rápida, puede modificar las tendencias biológicas.

[Sociobiología]

Los sociobiólogos subrayan que nosotros los humanos, como otros animales, heredamos una tendencia a protegernos tanto a nosotros mismos como a nuestros parientes cercanos, de modo que tanto nosotros como ellos sobrevivamos para procrear y transmitir parte de nuestros genes comunes. Pero en los seres humanos ese instinto promotor de adaptación inclusiva está profundamente transformado por la cultura. Un sociobiólogo, al invocar la imagen de alguien saltando a un río para salvar a otra persona de las fauces de un cocodrilo, argumentaría que tal ?altruismo? es más probable cuando la otra persona es un pariente cercano. Un antropólogo cultural podría señalar que en muchas tribus ciertos parientes, incluso muy lejanos, son hermanos, padres o hijos ?de clase?, que son tratados en muchos aspectos como si en verdad fueran parientes cercanos. Quizá los miembros de tales tribus están dispuestos a arriesgar su vida por sus hermanos y hermanas de clase simplemente porque quieren. En cualquier caso, los sociobiólogos admiten ahora que los modelos de comportamiento altruista en el hombre están afectados en gran medida por la cultura. Una cierta disposición a arriesgar la vida propia por otro ser humano puede extenderse fácilmente a todos los miembros de la tribu.

Este comportamiento se da también en niveles de organización superiores. A escala de nación, se conoce como patriotismo. A medida que las personas se han ido agregando en sociedades cada vez más grandes, el concepto de ?nosotros? se ha ido ampliando. (Desafortunadamente, las tensiones pueden revelar puntos débiles en el tejido social que acaban causando su fragmentación en unidades menores. Esto es lo que ha pasado, por ejemplo, en la vecindad de Sarajevo, donde un residente se expresaba así: ?Hemos vivido al lado de esa gente durante cuarenta años, hasta nos hemos casado con ellos, pero ahora nos damos cuenta de que no son del todo humanos?.) A pesar de tales reveses, es innegable que la tendencia es hacia un sentido de la solidaridad cada vez más inclusivo.

La cuestión ideológica más importante es si, en una escala de tiempo reducida, ese sentido de la solidaridad puede abarcar al conjunto de la humanidad y también, en cierta medida, al resto de organismos que componen la biosfera y a los ecosistemas de los que todos formamos parte. ?Es posible que los intereses provincianos y a corto plazo se vean crecientemente acompañados de intereses globales y a largo plazo? ?Puede experimentar la conciencia de familia una evolución cultural suficientemente rápida hacia la conciencia planetaria?

Cuando en el pasado se ha alcanzado la unidad política, casi siempre ha sido a través de las conquistas, muchas veces seguidas de intentos de suprimir la diversidad cultural, pues diversidad cultural y rivalidad étnica son dos caras de la misma moneda. Sin embargo, para satisfacer el requerimiento de calidad sostenible la evolución hacia la conciencia planetaria debe acomodar la diversidad cultural.

El género humano necesita unidad en la diversidad, de modo que las diversas tradiciones evolucionen para permitir la cooperación y la consecución de las muchas transiciones hacia la sostenibilidad necesarias. La comunidad es esencial para las actividades humanas, pero sólo las comunidades motivadas para el trabajo en común es probable que sean adaptativas en el mundo futuro.

Mientras tanto, la diversidad cultural humana ha dado lugar a una multiplicidad de ideologías o paradigmas, esquemas característicos de las maneras de pensar de uno a otro lado del globo. Algunas de estas maneras de ver el mundo, incluyendo concepciones particulares de lo que es la buena vida, pueden hacer más corto el camino hacia la calidad sostenible. Es deseable que tales actitudes se extiendan más, incluso aunque la diversidad cultural se resienta por el declive de actitudes con consecuencias más destructivas. Como siempre, la preservación de la diversidad cultural no sólo puede engendrar paradojas, sino entrar en conflicto con las otras metas.

Hace unos años asistí a una notable conferencia impartida en UCLA por Václav Havel, entonces presidente de la pronta a dividirse República Federada Checa y Eslovaca, y ahora presidente de la República Checa. La conferencia trataba de la degradación medioambiental que había sufrido su país en las últimas décadas, con serios efectos sobre la salud humana. Para él el culpable era el antropocentrismo, especialmente esa filosofía que presupone que nosotros los humanos somos los dueños del planeta y tenemos el juicio suficiente para saber qué hacer con él. Se lamentaba de que ni los codiciosos capitalistas ni los dogmáticos comunistas tuviesen el suficiente respeto por el sistema más amplio del que nosotros no somos más que una parte. Havel, por supuesto, es escritor y defensor de los derechos humanos además de político. Otros políticos más ordinarios se guardan de atacar el antropocentrismo, pues a fin de cuentas los votantes son humanos. Pero sería ciertamente saludable para nuestra especie atribuir un valor intrínseco a la naturaleza y no sólo contemplarla como algo útil para un primate particular que se califica a sí mismo como sapiens.

La transición informacional

El tratamiento, a escala nacional y transnacional, de cuestiones medioambientales y demográficas, problemas sociales y económicos y asuntos de seguridad internacional, junto con la fuerte interacción entre todo ello, requiere una transición tanto en el conocimiento en sí como en la difusión del mismo. Podemos Ilamar a esto transición informacional. Aquí tienen que contribuir las ciencias naturales, la tecnología, las ciencias del comportamiento y profesiones como el derecho, la medicina, la enseñanza y la diplomacia, así como, naturalmente, el gobierno y la empresa privada. Sólo con un mayor grado de comprensión, tanto entre la gente corriente como entre la élite, acerca de las complejas cuestiones que afronta la humanidad cabe alguna esperanza de alcanzar una calidad de vida sostenible.

El conocimiento especializado no basta. Por supuesto, hoy día la especialización es necesaria. Pero también lo es la integración del conocimiento especializado en un todo coherente, como ya hemos discutido. Es esencial, por lo tanto, que más que nunca la sociedad conceda un mayor valor a los estudios integradores, necesariamente toscos, que intentan abarcar simultáneamente todos los rasgos importantes del conjunto de una situación, además de sus interacciones, por medio de algún modelo o simulación aproximados. Algunos de los primeros intentos de echar un vistazo a la totalidad han quedado desacreditados, en parte porque era demasiado pronto y en parte porque de los resultados se sacaron demasiadas conclusiones. Esto no debería disuadir a la gente de volver a intentarlo, pero con la modestia que corresponde a lo que necesariamente serán resultados muy provisionales y aproximados.

Un defecto adicional de estos primeros estudios -como Limites del crecimiento, el primer informe del club de Roma- era que muchos de los supuestos y magnitudes críticas que determinaban el resultado no variaban paramétricamente, de manera que un lector pudiese comprobar ]as consecuencias de una variación en los postulados o los números de partida. Hoy día, con Ia posibilidad de disponer de poderosos ordenadores, las consecuencias de la variación de los parámetros pueden explorarse con mucha mayor facilidad. Puede examinarse la sensibilidad de los resultados a los diferentes supuestos, con lo que la estructura del estudio se hace así más transparente. Además, parte del estudio puede tomar la forma de un juego, como SimCitv o SimEarth, comercializados por Maxis Corporation bajo la dirección de Will Wright Los juegos permiten a cualquier crítico rehacer los postulados de partida a su gusto y comprobar los resultados.

En su libro The Art of the Long View (El arte de ver más lejos), Peter Schwartz relata cómo hace algunos años el equipo de planificación de la Royal Dutch Shell Corporation llegó a la conclusión de que el precio del petróleo pronto bajaría en picado, y recomendó a la compañía actuar en consecuencia. Los directivos se mostraron escépticos, arguyendo que las presunciones de los planificadores no les decían nada. Entonces se optó por presentarles el análisis en forma de juego, de modo que ]os directivos pudieran, por así decirlo, tomar el mando y alterar, dentro de lo razonable, los datos de entrada a su juicio equivocados. Según cuenta Schwartz, el resultado principal continuó siendo el mismo, después de lo cual los directivos se convencieron de que había que prepararse para un período de rebaja en los precios del petróleo. Algunos de los protagonistas tienen una versión distinta de los hechos, pero en cualquier caso la historia es una hermosa ilustración de la importancia de la transparencia en la construcción de modelos. A medida que éstos incorporan cada vez más rasgos del mundo real y, en consecuencia, se vuelven más complejos, la labor de hacerlos transparentes, de dejar claros los supuestos de partida y mostrar cómo podrán variarse, se convierte en un reto y, a la vez, en algo cada vez más fundamental.

Los que participamos en estudios como el Proyecto 2050, cuya meta es trazar posibles vías que conduzcan a un mundo más sostenible a mediados del próximo siglo, tenemos que encarar cuestiones difíciles. ?Cómo pueden completarse estas transiciones, si es que se puede, en los próximos cincuenta a cien años? ?Podemos esperar entender, siquiera toscamente, la compleja interacción entre las diversas transiciones y, especialmente, las cuestiones que surgen de su delicada cronología relativa y absoluta? ?Hay alguna esperanza de que se tenga lo bastante en cuenta la amplia variabilidad de circunstancias en las diversas partes del mundo? ?Hay otras transiciones, o maneras de enfocar el conjunto de cuestiones, que sean más importantes? Estos temas conciernen al período, hacia mediados del siglo XXI, en que las diversas transiciones podrían haberse cumplido en parte o al menos estar en marcha. Pensar sobre esta era de una manera fructífera es difícil, pero no necesariamente imposible. Como decía Eilert Lövborg, el personaje de Ibsen en Hedda Gabler, cuando alguien le mostraba su sorpresa por el hecho de que su libro de historia tuviese una continuación describiendo el futuro, ?se pueden decir una o dos cosas sobre él igualmente?.

En cuanto al futuro lejano, ?qué condiciones globales podrían imperar en la segunda mitad del siglo que viene, que se acercaran realmente a la calidad sostenible? ?Cómo nos imaginamos tal situación? ?Qué veríamos, oiríamos y sentiríamos si estuviéramos allá? Deberíamos intentar entrever algo, especialmente un mundo donde finalmente predomine el crecimiento en calidad sobre el crecimiento en cantidad. Podemos imaginar un mundo en el que, aunque suene utópico, el State of the World Report y el World Resources Report no diesen una impresión peor cada año, donde la población se estuviese estabilizando en la mayoría de sitios, la miseria estuviera desapareciendo, la riqueza estuviese mejor repartida y se hiciesen intentos serios de hacer pagar los costes reales, donde instituciones transnacionales diversas (y también nacionales y locales) comenzaran a abordar las complejas cuestiones relacionadas con la sociedad humana y el resto de la biosfera, y las ideologías que favoreciesen la sostenibilidad y la conciencia planetaria estuviesen ganando adeptos, a la vez que los enfrentamientos étnicos y los Fundamentalismos de toda índole estuviesen desapareciendo como fuerzas divisorias, sin que por ello dejara de existir una gran diversidad cultural. Apenas podemos esperar aproximarnos a un mundo semejante si no somos ni siquiera capaces de imaginar cómo sería o estimar sobre una base cuantitativa cómo funcionaría.

De las tres escalas de tiempo, lo más difícil, naturalmente, es hacer meditar a la gente sobre la visión a largo plazo de un mundo más sostenible, pero es vital que venzamos nuestra renuencia a hacernos una imagen concreta de ese mundo. Sólo entonces puede nuestra imaginación escapar de los confines de las prácticas y actitudes que ahora causan o amenazan causar tantos problemas e inventar maneras mejores de relacionarnos con los demás y con el resto de la biosfera.

A la vez que intentamos hacernos una idea de un futuro sostenible, debemos también preguntarnos qué sorpresas, tecnológicas, psicológicas o sociales, podrían hacer el futuro lejano totalmente diferente de lo que podamos haber anticipado hoy. Para ocuparse de esta cuestión se requiere un equipo especial de aventureros de la imaginación.

Este mismo equipo podría también reflexionar sobre qué problemas serios completamente nuevos podrían surgir en un mundo donde muchos de los peores temores actuales se hayan aliviado algo. Hace sólo unos años, la mayoría de expertos no había previsto que la guerra fría fuese a dejar paso a una nueva era con problemas diferentes, pero incluso los pocos que entrevieron algo no se atrevieron a especular seriamente sobre las preocupaciones que reemplazarían las cuestiones familiares hasta entonces dominantes.

?Y qué podemos decir de las próximas décadas? ?Qué políticas y

actividades en el futuro inmediato pueden contribuir a la posibilidad de aproximarse más adelante a la calidad sostenible? No es en absoluto difícil organizar discusiones sobre el futuro cercano, y algunos de los problemas que afrontamos a corto plazo se están haciendo claros para muchos observadores. Quizá la lección principal que se puede extraer de la experiencia contemporánea es una a la que aludíamos al hablar del micropréstamo. Es la importancia de las iniciativas de abajo arriba en oposición a las de arriba abajo. Si la población local está profundamente implicada en un proceso, si contribuye a organizarlo y tiene una participación perceptible, especialmente económica, en los beneficios, entonces el proceso suele tener mayores posibilidades de triunfar que si es impuesto por una burocracia distante o un explotador poderoso. En su labor de ayuda a que en las áreas tropicales se alcancen objetivos en la preservación de la naturaleza junto con un desarrollo económico al menos parcialmente sostenible, los conservacionistas han comprobado que lo más rentable es invertir en los grupos y autoridades locales, particularmente en la instrucción de los líderes locales.

Aunque es bien fácil persuadir a la gente para discutir sobre cuestiones a plazo medio -plazo en el que tienen que haberse completado en gran parte las distintas transiciones si es que se quiere Ilegar a alguna forma de sostenibilidad- la extraordinaria complejidad del desafío puede resultar desalentadora. Hay que considerar todas las transiciones, cada una con un carácter y ritmo propios que hay que determinar, quizá diferentes en diferentes partes del mundo, y todas fuertemente ligadas entre sí. Aún así, esta misma complejidad puede conducir a una forma de simplicidad. En el marco de la ciencia física (mucho menos difícil de analizar, es cierto, pero de donde todavía se pueden sacar algunas lecciones) es indudable que en la vecindad de una transición, digamos de gas a líquido, cerca de una singularidad matemática, hay sólo unos pocos parámetros cruciales de los que depende la naturaleza de dicha transición. Estos parámetros no siempre pueden caracterizarse de antemano, sino que deben surgir de un cuidadoso estudio del problema en su conjunto. En general es cierto que el comportamiento de los sistemas no lineales altamente complejos puede mostrar simplicidad, pero una simplicidad que acostumbra a ser emergente y no obvia de entrada.

Los estudios de política integrada sobre las posibles vias hacia un mundo más sostenible pueden ser tremendamente valiosos. Pero debemos guardarnos de tratarlos en general como ?prótesis para la imaginación?, y no atribuirles más validez de la que probablemente poseen. Los intentos de encajar el comportamiento humano, y especialmente los problemas sociales, dentro del lecho de Procusto de algún marco matemático necesariamente estrecho ya han causado demasiados problemas. La ciencia de la economía, por ejemplo, ha sido utilizada a menudo de esta manera con consecuencias desafortunadas. Por otro lado, las ideologías destructivas de la libertad o el bien humanos han sido justificadas a menudo con argumentos científicos poco rigurosos, especialmente los basados en analogías entre ciencias distintas. El darvinismo social predicado por algunos filósofos de la política en el siglo pasado es uno de los muchos ejemplos, y no el peor.

Sin embargo, abordados con el espíritu que les corresponde, una multiplicidad de estudios políticos toscos pero integradores, que impliquen no sólo proyección lineal sino evolución, simulaciones y juegos altamente no lineales, puede proporcionar una modesta ayuda en la generación de una función de previsión colectiva para el género humano. Un documento preliminar del Proyecto 2050 lo expresa así: Estamos todos en una situación parecida a conducir un vehículo rápido por la noche sobre un terreno desconocido, áspero, lleno de baches y con precipicios en los alrededores. Cualquier clase de faro, incluso uno débil y vacilante, puede servir para evitar los peores desastres.

Si la humanidad se equipa de algún modo con una medida de previsión colectiva -cierto grado de comprensión de las historias ramificadas del futuro- habrá tenido lugar un cambio altamente adaptativo, pero todavía no un suceso umbral. La consecución de las transiciones hacia una mayor sostenibilidad, sin embargo, sí que lo sería. En particular, la transición ideológica implica un paso capital para la humanidad hacia la conciencia planetaria, quizá con la ayuda de la sabia gestión de adelantos técnicos de momento sólo débilmente perceptibles. Una vez completadas las transiciones, el conjunto de la humanidad -junto con el resto de organismos que habitan el planeta- podrá funcionar, mucho más que ahora, como un sistema complejo adaptativo compuesto y ricamente diverso.

Cáp.23

POSTFACIO

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En este breve capítulo intento responder a la necesidad de una especie de sumario, no de cada uno de los temas tratados a lo largo de todo el libro, sino del tema central de la simplicidad, la complejidad y los sistemas complejos adaptativos, el tema que conecta el Quark con el jaguar y éstos con la humanidad.

El Quark y el jaguar no es un tratado. No es un libro técnico, y se introduce en gran número de áreas que no puede explorar exhaustivamente o en profundidad. Por otra parte, muchos de los trabajos que están descritos con algún detalle son trabajos en curso, lo que quiere decir que aunque fueran tratados de modo más completo, con ecuaciones y toda la jerga científica pertinente, todavía quedarían muchas cuestiones importantes sin responder. Evidentemente, la función principal del libro es estimular la reflexión y la discusión.

A lo largo de todo el texto la idea de la interacción entre las leyes fundamentales de la naturaleza y la intervención del azar está siempre presente. Las leyes que gobiernan las partículas elementales (quarks incluidos) están comenzando a revelar su simplicidad. La teoría cuántica unificada de todas las partículas y fuerzas puede muy bien estar al alcance de la mano en la forma de teoría de las supercuerdas. Esta elegante teoría se basa en una variante del principio de autoconsistencia, que requiere que cualquier partícula elemental sea describible a partir de las otras de modo autoconsistente. La otra ley fundamental de la naturaleza es el estado inicial simple del universo al comienzo de su expansión. Si la propuesta de Hartle y Hawking es correcta, entonces ese estado inicial puede expresarse en términos de la teoría de partículas unificada, y las dos leyes básicas se transforman en una sola.


El azar entra necesariamente en escena porque las leyes fundamentales son mecanocuánticas, y la mecánica cuántica proporciona sólo probabilidades para las historias alternativas no detalladas del universo. El grado de detalle, o resolución, debe ser lo bastante bajo como para que las probabilidades estén bien definidas. Esto permite además una descripción de la naturaleza aproximadamente clásica y determinista, con frecuentes excursiones cortas (y ocasionalmente largas) fuera de la clasicidad. Dichas excursiones, especialmente las más largas, tienen como resultado la ramificación de las historias. De hecho todas las historias no detalladas alternativas forman un árbol o ?jardín de los caminos que se bifurcan? denominado ?dominio cuasiclásico?. La indeterminación de la mecánica cuántica va, pues, mucho más allá del famoso principio de incertidumbre de Heisenberg. Por otra parte, en los sistemas no lineales esta indeterminación puede amplificarse en virtud del fenómeno del caos, lo que significa que el resultado de un proceso es arbitrariamente sensible a las condiciones iniciales, como pasa a menudo, por ejemplo, en meteorología. El mundo que vemos a nuestro alrededor corresponde al dominio cuasiclásico, pero estamos restringidos a una versión muy tosca de él debido a las limitaciones de nuestros sentidos e instrumentos. Dado lo mucho que queda oculto a nuestra vista, el elemento de azar cobra aún más importancia.


En ciertas ramas de la historia, y en ciertas épocas y lugares del universo, las condiciones son apropiadas para la evolución de sistemas complejos adaptativos. Estos son sistemas que captan información en la forma de un flujo de datos y perciben regularidades en el mismo (como se ilustra en el diagrama de la

página 41), tratando el resto del material como aleatorio. Dichas regularidades son comprimidas en un esquema empleado para describir el mundo, predecir hasta cierto punto el futuro y prescribir el comportamiento del propio sistema complejo adaptativo. El esquema puede experimentar cambios que producen multitud de variantes que compiten entre sí. El resultado de esta competencia depende de las presiones selectivas, que representan la retroacción del mundo real. Estas presiones pueden reflejar la precisión de las descripciones y prescripciones, o hasta qué punto dichas prescripciones conducen a la supervivencia del sistema. Las presiones selectivas no están relacionadas con el ?triunfo? de los esquemas por un conjunto de rígidas correlaciones, sino más bien por tendencias. Además, la respuesta a las presiones puede ser imperfecta. De este modo el proceso de adaptación de los esquemas conduce a resultados sólo aproximadamente ?adaptativos? para el sistema. También pueden darse esquemas ?no adaptativos?.


A veces la inadaptación es sólo aparente, y surge porque algunas presiones selectivas importantes son pasadas por alto en la definición de lo que es adaptativo. En otras casos se dan. situaciones genuina mente no adaptativas porque la adaptación es demasiado lenta para responder a las presiones selectivas cambiantes.


Los sistemas complejos adaptativos funcionan mejor en un régimen intermedio entre el orden y el desorden. Tales sistemas explotan las regularidades que proporciona el determinismo aproximado del dominio cuasiclásico, y al mismo tiempo se aprovechan de las indeterminaciones (describibles como ruido, fluctuaciones, calor, incertidumbre, etc.) que pueden ser de ayuda en la búsqueda de esquemas ?mejores?. La noción de adaptación o adecuación, que daría sentido a la palabra ?mejor?, suele ser difícil de concretar, en cuyo caso puede ser más útil concentrarse en las presiones selectivas en danza. En ocasiones puede definirse bien un grado de adaptación porque ésta es ?exógena?, impuesta desde fuera, como en el caso de un ordenador programado para buscar estrategias ganadoras en un juego como las damas o el ajedrez. Cuando la adaptación es ?endógena?, resultado de los caprichos de un proceso evolutivo sin ningún criterio externo para el éxito, suele estar muy mal definida. Pero la idea de un relieve adaptativo es útil, siempre y cuando se emplee sólo como metáfora. La variable adaptación corresponde a la altura (que arbitrariamente considero menor cuanto mayor es la adaptación) y todas las variables que especifican el esquema se distribuyen a lo largo de una Iínea o plano horizontal. La búsqueda de esquemas más adaptados se corresponde entonces con la exploración de una línea o superficie bidimensional irregular a la búsqueda de depresiones profundas. Como se ilustra en la figura de la página 268, esta búsqueda probablemente acabaría en una depresión relativamente somera si no fuera por una cierta cantidad de ruido

apropiada (o calor, obedeciendo a lo que Seth Lloyd llama el principio de Goldilocks: ni demasiado caliente, ni demasiado frío, sólo lo justo). El ruido o calor puede sacar el sistema de una cuenca poco profunda y permitirle así acceder a otra más profunda en las cercanías.

La diversidad de sistemas complejos adaptativos existentes aquí en la Tierra se ilustra en el diagrama de la página 39, que muestra la tendencia de tales sistemas a dar origen a otros. Así, los sistemas terrestres, todos conectados de alguna manera con la vida, van desde las reacciones químicas prebióticas que originaron los primeros seres vivos, pasando por la evolución biológica y la evolución cultural de la humanidad, hasta los ordenadores equipados con circuitos o programas apropiados, e incluso posibles avances futuros tratados por la ciencia ficción, como seres humanos compuestos por la interconexión de cerebros individuales.

Cuando un sistema complejo adaptativo describe otro sistema (o a sí mismo) construye un esquema, abstrayendo del conjunto de datos las regularidades percibidas y expresándolas de forma concisa. La longitud de dicha descripción concisa de las regularidades de un sistema, por ejemplo a cargo de un observador humano, es lo que yo llamo la complejidad efectiva del sistema, que se corresponde con lo que solemos entender por complejidad tanto en la práctica científica como en el habla cotidiana. La complejidad efectiva no es intrínseca, sino que depende de la resolución y del lenguaje o código empleado por el sistema observador.

La complejidad efectiva, sea o no interna, es insuficiente por sí misma para describir las potencialidades de un sistema complejo, adaptativo o no. Un sistema puede ser relativamente simple y, en cambio, tener una alta probabilidad de evolucionar, en un intervalo de tiempo dado, hacia algo mucho más complejo. Es el caso, por ejemplo, de los seres humanos modernos. Cuando aparecieron no eran mucho más complejos que sus parientes cercanos los grandes monos, pero, dada la probabilidad tan alta que tenían de acabar desarrollando culturas de enorme complejidad, se puede decir que poseían una gran cantidad de lo que yo Ilamo complejidad potencial. De modo similar, cuando, muy pronto en la historia del universo, ciertas fluctuaciones de materia Ilevaron a la formación de las galaxias, la complejidad potencial de estas fluctuaciones era considerable.

La complejidad efectiva de un sistema o flujo de datos contrastaría con el contenido de información algorítmica, relacionado con la longitud de una descripción concisa de la totalidad del sistema o flujo de datos que incluya tanto las regularidades como los rasgos aleatorios. Cuando el contenido de información algorítmica es muy pequeño o está cerca del máximo posible, la complejidad efectiva se acerca a cero. La complejidad efectiva sólo puede ser grande en la región de contenido de información algorítmica intermedio. De nuevo el régimen interesante es el intermedio entre el orden y el desorden absolutos.

Un sistema complejo adaptativo descubre regularidades en el flujo de datos de entrada advirtiendo que ciertas partes del mismo tienen rasgos comunes. Las similaridades se miden por lo que se denomina infonnación mutua entre las partes. En el mundo real las regularidades surgen de la combinación de leyes fundamentales simples con la intervención del azar, que puede producir accidentes congelados. Estos son sucesos aleatorios de resultados particulares, aunque pudieran haber sido diferentes, y que tuvieron múltiples derivaciones. El origen común de todas ellas en un suceso aleatorio antecedente puede dar lugar a una gran cantidad de información mutua en un nujo de datos detenninado. He puesto como ejemplo la Ilegada de Enrique VIII al trono de Inglaterra tras la muerte de su hermano mayor, resultando en la existencia de un enorme número de referencias al rey Enrique en monedas, documentos y libros. Todas estas regularidades surgen de un accidente congelado.

La mayor parte de accidentes, por ejemplo la gran mayoría de fluctuaciones a escala molecular, tiene lugar sin que se amplifiquen de manera que tengan repercusiones significativas, y no dejan tras de sí demasiada regularidad. Estos accidentes pueden contribuir a la fracción aleatoria del flujo de datos que Ilega a un sistema complejo adaptativo.

Con el paso del tiempo, la acumulación de accidentes congelados, en conjunción con las leyes fundamentales, produce regularidades. Así, sistemas de complejidad cada vez mayor tienden a surgir a través de la autoorganización, incluso en el caso de sistemas no adaptativos como galaxias, estrellas y planetas. Sin embargo, no todo aumenta de complejidad sin cesar, sino que más bien es la complejidad máxima la que tiene tendencia a aumentar. En el caso de los sistemas complejos adaptativos, dicha tendencia puede verse significativamente intensificada por las presiones selectivas que favorecen la complejidad.

La segunda ley de la termodinámica nos dice que la entropía (una medida del desorden) de un sistema cerrado tiene tendencia a aumentar o permanecer invariable. Por ejemplo, si un cuerpo caliente y un cuerpo frío entran en contacto (sin interaccionar demasiado con el resto del universo), el calor tiende a fluir del caliente al fiío, reduciéndose la diferenciación ordenada de la temperatura en el sistema combinado.

La entropía es un concepto útil sólo cuando se aplica una cierta resolución a la naturaleza, de modo que ciertas clases de información sobre el sistema cenrado se contemplan como importantes y el resto se considera irrelevante y se ignora. La cantidad de información total no varía y, si está inicialmente concentrada en información importante, parte de ella tenderá a convertirse en información irrelevante que no se tiene en cuenta. A medida que esto ocurre la entropía, que equivale a la ignorancia de información importante, tiende a incrementarse.

Una clase fundamental de resolución es la que aportan las historias que componen un dominio cuasiclásico. Para el universo observado por un sistema complejo adaptativo, la resolución efectiva puede considerarse mucho más baja, pues el sistema sólo puede captar una cantidad de información relativamente pequeña sobre el universo.

A medida que pasa el tiempo el conjunto del universo va perdiendo cuerda, y la misma tendencia se observa en las partes relativamente independientes entre sí. Las diversas flechas del tiempo apuntan todas hacia delante, no sólo la que se corresponde con el incremento de entropía, sino también las relacionadas con la secuencia de causas y efectos, la emisión de radiaciones y la formación de registros (memorias incluidas) del pasado y no del futuro.

De vez en cuando hay quien, por alguna razón dogmática, rechaza la evolución biológica argumentando que la aparición de formas de vida cada vez más complejas viola de algún modo la segunda ley de la termodinámica. Naturalmente esto no es así, pues la evolución biológica no viola la segunda ley más de lo que lo hace la aparición de estructuras de complejidad creciente a escala galáctica. La autoorganización siempre puede producir orden local. Por otra parte, en la evolución biológica se puede ver cómo, a medida que los seres vivos se adaptan mejor a su entorno, se incrementa una especie de entropía ?informacional? a la vez que se reduce una discrepancia infonnacional que recuerda la diferencia de temperatura entre un objeto frío y otro caliente. De hecho, todos los sistemas complejos adaptativos exhiben este fenómeno; el mundo real ejerce presiones selectivas sobre los sistemas y los equemas tienden a responder ajustando la información que contienen de acuerdo con dichas presiones. La evolución, la adaptación y el aprendizaje por parte de los sistemas complejos adaptativos son todos aspectos de la pérdida de cuerda del universo.

Podemos preguntarnos si el sistema en evolución y su entorno alcanzan un equilibrio, del mismo modo que un cuerpo caliente y uno frío acaban por alcanzar la misma temperatura. En ocasiones es así. Si se programa un ordenador para desarrollar estrategias en un juego determinado, cuando existe una estrategia óptima y la encuentra se acabó la búsqueda. Este sería el caso deljuego del tres en raya. Pero si el juego es el ajedrez, el ordenador podría descubrir la estrategia óptima algún día, pero hasta entonces esa estrategia es desconocida, y el ordenador continúa explorando en un enorme espacio abstracto de estrategias buscando una mejor que la anterior. Esta situación es muy común.

En unos pocos casos puede verse cómo, en el curso de la evolución biológica, un problema adaptativo parece haberse resuelto de una vez para siempre muy pronto en la historia de la vida, al menos en lo que se refiere al fenotipo. Los extremófilos que viven en el medio caliente, ácido y sulfuroso de las profundidades oceánicas en los límites entre placas tectónicas son probablemente muy similares, al menos metabólicamente, a los organismos que vivían en este mismo ambiente hace más de 3500 millones de años. Pero la mayoría de problemas propios de la evolución biológica no son como el juego del tres en raya, ni siquiera como el ajedrez, que sin duda será un problema resuelto algún día. En primer lugar, las presiones selectivas no son de ningún modo constantes. En la mayor parte de la biosfera el medio ambiente fisicoquímico está en continuo cambio. Por otro lado, en las comunidades naturales las diversas especies forman parte del entorno de las otras especies. Los organismos coevolucionan, y puede no haber ningún verdadero equilibrio alcanzable.

En diversos momentos y lugares parece Ilegarse a un equilibrio aproximado y temporal, incluso para comunidades enteras, pero al cabo de un cierto tiempo aparecen ?puntuaciones?, unas veces debidas a cambios fisicoquímicos y otras a un pequeño número de mutaciones que siguen a un largo periodo de ?deriva?, es decir, una secuencia de cambios genéticos que afectan sólo ligeramente al fenotipo sin comprometer la supervivencia del organismo. La deriva puede preparar el camino para cambios genotípicos muy pequeños pero capaces de causar importantes alteraciones fenotípicas.

De vez en cuando tales cambios genotípicos relativamente modestos pueden conducir a sucesos umbral, en los que surgen tipos completamente nuevos de organismos. Un ejemplo es la aparición de los eucariotas unicelulares, así Ilamados porque ]a célula posee un núcleo propiamente dicho y otros orgánulos -cloroplastos o mitocondrias- que se cree descienden de organismos originalmente independientes incorporados por la célula. Otro ejemp]o es el origen de los animales y plantas multicelulares a partir de organismos unicelulares, presumiblemente por agregación, gracias a un invento bioquímico decisivo, una especie de adhesivo capaz de mantener unidas las células.

Cuando un sistema complejo adaptativo da lugar a una nueva clase de sistema complejo adaptativo de orden superior, sea por agregación o por cualquier otro mecanismo, esto puede considerarse un suceso umbral. Un ejemplo familiar es la evolución del sistema inmunitario de los mamíferos, cuyo funcionamiento recuerda el de la evolución biológica misma, pero a una escala temporal mucho más corta, ya que los invasores del organismo pueden ser identificados y combatidos en cuestión de horas o días, en comparación con los cientos de miles de años que se requieren muchas veces para la evolución de nuevas especies.

Muchos de los rasgos más visibles de la evolución biológica se encuentran también, en forma muy similar, en otros sistemas complejos adaptativos, como el pensamiento humano, la evolución social y la programación adaptativa. Todos estos sistemas exploran posibilidades abriendo nuevas vías, descubriendo puertas y, ocasionalmente, engendrando nuevos tipos de sistema complejo adaptativo. Al igual que surgen nuevos nichos ecológicos en la evolución biológica, en economía continúan descubriéndose nuevas formas de ganarse la vida, en la ciencia se inventan nuevas teorías, etc.

La agregación de sistemas complejos adaptativos en un sistema complejo adaptativo compuesto es un modo efectivo de crear un nuevo nivel de organización. El sistema compuesto consiste entonces en agentes adaptativos que construyen esquemas para considerar el comportamiento de los otros y obrar en consecuencia. Los sistemas económicos son un buen ejemplo, lo mismo que las comunidades ecológicas.

Tales sistemas compuestos están siendo intensamente investigados en diversos campos. Los resultados indican que dichos sistemas tienden a situarse en una zona de transición bien definida entre el orden y el desorden, donde se caracterizan por una adaptación eficiente y por una distribución de recursos que obedece a leyes potenciales. Esta zona recibe a veces la denominación, más bien metafórica, de ?límite del caos?.

No existe evidencia de que haya algo terriblemente especial en la formación de un sistema planetario como el sistema solar ni en el hecho de que incluya un planeta como la Tierra. Tampoco hay evidencia de que las reacciones químicas que iníciaron la vida en este planeta sean improbables, ni mucho menos. Es probable, por lo tanto, que los sistemas complejos adaptativos existan en algunos de los numerosos planetas dispersos por el universo y que al menos algunos de ellos compartan muchos de los rasgos de la evolución biológica terrestre y las formas de vida resultantes. Sin embargo, todavía se discute si la bioquímica de la vida es única, o casi, o si es sólo una de entre un gran número de posibilidades. En otras palabras, aún no está del todo claro si está determinada principalmente por la física o debe su carácter en gran parte a la historia.

Los cerca de 4000 millones de años de evolución biologica sobre la Tierra ban producido, mediante el ensayo y el error, una gigantesca cantidad de información acerca de los diferentes modos de vida de los organismos en el seno de la biosfera. De modo similar, a lo largo de más de 50 000 años, los seres humanos modernos han desarrollado una extraordinaria cantidad de información sobre maneras de vivir, en interacción mutua y con el resto de la biosfera. Tanto la diversidad biológica como la cultural se encuentran ahora severamente amenazadas, y trabajar para su preservación es una tarea de importancia capital .

Pero la preservación de la diversidad cultural presenta algunas paradojas y conflictos con otras metas. Uno de los desafíos más difíciles es reconciliar esta diversidad con la creciente necesidad de unidad entre los pueblos, que se enfrentan ahora con problemas comunes a escala global. Otro es el representado por la hostilidad que evidencian algunas culturas localistas hacia la cultura secular, científica y universalizante; precisamente de estas culturas salen muchos de los más vigorosos defensores de la preservación de la diversidad cultural.

La conservación de la naturaleza y la salvaguardia de tanta diversidad biológica como sea posible son necesidades urgentes, pero estas metas parecen imposibles de alcanzar a largo plazo a menos que se contemplen dentro del marco más amplio de los problemas medioambientales en general, y éstos a su vez deben considerarse junto con los problemas demográficos, tecnológicos, económicos, sociales, políticos, militares, diplomáticos, institucionales, informacionales e ideológicos a los yue la humanidad tiene que hacer frente. En particular, los desafíos planteados en todos estos campos pueden contemplarse en conjunto como la necesidad de Ilevar a cabo una serie de transiciones interconectadas hacia una situación más sostenible en el curso del siglo venidero. Una mayor sostenibilidad, si es que puede conseguirse, significaría una estabilización de la población, a escala global y regional, unas prácticas económicas que favorezcan el pago de costes reales, el crecimiento en calidad más que en cantidad y vivir de las rentas de la naturaleza más que de su capital, una tecnología que tenga un impacto ambiental relativamente escaso, un reparto más equitativo de la riqueza, especialmente en el sentido de hacer desaparecer la miseria, unas instituciones transnacionales más fuertes para tratar de los problemas globales urgentes, una opinión pública mucho mejor informada sobre los desafíos múltiples e interactivos de cara al futuro, y, quizá lo más importante y difícil de todo, el predominio de actitudes que favorezcan la unidad en la diversidad -cooperación y competencia no violenta entre las diferentes naciones y tradiciones culturales- así como una coexistencia sostenible con los organismos con los que compartimos la biosfera. Una tal situación parece utópica y quizá imposible de conseguir, pero es importante intentar construir modelos del futuro -no como anteproyectos, sino como estímulos para la imaginación- y ver si pueden esbozarse caminos que puedan conducir a ese mundo deseable y sostenible a finales del próximo siglo, un mundo en el que el conjunto de la humanidad y el resto de la naturaleza funcionen como un sistema compIejo adaptativo a una escala mucho mayor de lo que lo hacen en la actualidad.