domingo, 18 de mayo de 2008

Inteligencia, aprendizaje... sabiduría

Algunas reflexiones dispersas sobre "inteligencia" y "sabiduría".

(Carlos Salinas)

Lo que sigue es elaboración personal pero tiene su deuda con los mensajes intercambiados en el área de Inteligencia Artificial de FIDO, durante los meses de noviembre y diciembre de 1994.

1- ¿Inteligencia? ¿Qué quiere Ud. decir?.

Hablamos que Juanito "es un niño inteligente", o que tal político "no será muy honesto...", pero eso sí "a inteligente, no hay quien le gane!". También se oye que alguien se ha comprado un video, o una cámara, "inteligente". Cuando leemos a Georges Simenon, (un autor que no se restringe al genero policíaco donde creó su inigualable Comisario Maigret), no es raro sentirse admirado por la facilidad con que crea situaciones verosímiles y a la vez de hondo dramatismo. Pero su colega de oficio, Dashiell Hammet, da una vuelta de tuerca a los elogios posibles cuando afirma: "Simenon es inigualable en su género. Porque es inteligente" (1)

Un comentario como el anterior justifica el conocimiento de la obra de Simenon; por otro lado contiene un elogio implícito al lector que lo aborda. Recuerdo a Jorge Luis Borges cuando afirmaba que él se sentía orgulloso no de los libros que había escrito... sino de los que había leído.

En general las reflexiones sobre la inteligencia o son puramente literarias u ofrecen un carácter técnico que ilusiona al neófito. Encanto que dura poco ya que una vez leído el artículo del especialista (y dificultosamente comprendido) sólo esconde trivialidades disfrazadas con términos esotéricos. En las especialidades siempre se hecha en falta más claridad para lo obvio y un poco más de gracia para expresarlo.

La inteligencia, como facultad, es paradójica. Puede encontrarse gente fastidiada con su trabajo, con su pareja, o con el mundo donde mora; pero cuesta lo suyo localizar a alguien "realmente" disconforme con su inteligencia. Es ésta una facultad muy apreciada, y también, lo que no sucede con otros dones, nadie se queja de su ausencia. Compárese esta confortable situación con las habituales lamentaciones sobre el dinero o el amor.

Resulta evidente, para el observador de la vida cotidiana, que con la "inteligencia" no funcionan las leyes básicas de la economía, ya que su abundancia no quita un ápice de su valor. Es una facultad admirable y admirada, a pesar de ubicuidad. Sin embargo no ha originado una ciencia específica. (A lo mejor porque nadie desea incrementarla). Ni las fundaciones ni los gobiernos disponen fondos cuantiosos para este tema de investigación. Una excepción fue el gobierno de Venezuela quien hace unos años dispuso, nada más y nada menos, de un "Ministerio de la Inteligencia" encargado de aplicar proyectos masivos para incrementarla (2). Pero la crisis económica del país sudamericano abortó tan ilustradas pretensiones. Por aquí, en Europa, nos sentimos "al cabo de la calle" en estos conceptos. Y en España resulta evidente que todos los gobiernos (el central y los autonómicos) prefieren desviar los fondos para cosas más serias.

Resulta normal, en estas tierras, "aprender música" con un profesor capacitado, si se quiere tocar y oír medianamente bien; en cambio sería muy extravagante realizar un curso para "aprender a pensar mejor". Ya se sabe que todo españolito viene perfectamente dotado para estas actividades. Reconozco que es sembrar sobre piedras reflexionar sobre estas cuestiones, pero hago notar (por si alguien se ha despistado) que me estoy refiriendo a la fuente de toda tecnología, de toda ciencia y de toda filosofía: la inteligencia humana. Tal falta de interés en su naturaleza, su función y su desarrollo no parece, en si misma, una conducta inteligente. (3)

Pues bien ¿de que trata? ¿Cómo reconocerla? ¿Cómo comprobar su presencia (o ausencia)?

Hofstadter (4) dice: es la capacidad de "sintetizar nuevos conceptos sobre la base de conceptos viejos que se toman y se reacomodan de nuevas maneras".

¡Suena bien! esto de "sintetizar conceptos". Si se pueden sintetizar nuevos materiales ¿por qué no puede aplicarse la misma metodología con las ideas? Es formidable... pero, ¿en que consiste la operación de "sintetizar". Supongo que no será repetirlos con otras palabras; ni parafrasearlos utilizando metáforas más o menos académicas. A poco de andar me queda la sensación que se ha desplazado el problema de la "inteligencia" a la cuestión de la "síntesis". En química puede tener un sentido muy claro, pero en la vida cotidiana no; ni en la pedagogía o en cualquier ciencia que trate de la conducta humana.

Resulta fascinante tratar de entender que hace una persona cuando se comporta inteligentemente. Ella trata, evidentemente, con conceptos; pero algo hace con ellos que los convierte en otra cosa ¿que es lo que hace? Decir que sintetiza, no es decir mucho (sobre todo cuando se lo interpreta malamente como "resumir").

Algunos afirman que ser inteligente es "darse-cuenta" ¿tiene la inteligencia que ver con la conciencia, con el percatarse?

Me parece que no. Que son cosas diferentes. Una persona es inteligente y puede no ser consciente de ello; o incluso pensar que no lo es. Hasta podría decirse íparadoja! que una persona verdaderamente inteligente siempre abriga serias dudas sobre su inteligencia. Se da cuenta que de lo mucho que no comprende. Que hay demasiada niebla en su cerebro. Algo de lo cual los tontos no tienen la menor idea. Me atrevo a afirmar que dudar de la propia inteligencia es un síntoma inequívoco de tener algo más que el promedio. En España, por lo menos, poca gente duda de ello. Es probable que el improvisado test diera iguales resultados en otros países avanzados.

Además, y para colmo, el "darse-cuenta" no es un fenómeno fácil de describir... es una sensación-emoción. Cómo cuando se "sueña" y uno "siente" que algo terrible está pasando auque las imágenes que acompañan al sueño sean, en si mismas, poco interesantes. Incluso la gente que toma cierto alucinógenos puede sentir que su consciencia "se expande" y sin embargo no por ello se obtienen conclusiones más inteligentes que en el estado de normalidad.

He recogido confesiones de personas que sentían que estaban pensando o imaginando algo verdaderamente sensacional y para que no se escapara totalmente tomaron breves apuntes (o esbozos, en el caso de imágenes). Una vez vueltos a la realidad habitual estos rápidos esquemas no decían nada especial. La magia se había evaporado.

Otros autores observan que "inteligencia" es la "capacidad de adaptarse a circunstancias cambiantes e imprevisibles".

Todas las definiciones convencen en los primeros segundos. Al fin de cuentas se basan en alguna clase de observaciones; pero pocas resisten el embate de un análisis a fondo. En este caso el contra ejemplo viene de la distinción entre la habilidad para sobrevivir y prosperar y la capacidad de comprender conexiones y estructuras abstractas. Una persona puede hábil en la primera y resultar un pésimo elemento social. La historia de la ciencia, del arte y del pensamiento está cargada de casos de personas que pueden recibir el calificativo de inteligentes... y que fueron un fiasco en la gestión de su vida privada.

Sin descartar completamente lo anterior, (porque no se trata de eliminar ninguna intuición aunque no sea completa), me detengo en otra afirmación de Hofstadter en su libro ya citado: la conducta inteligente se caracteriza por "hallar sentido en mensajes ambiguos contradictorios" (5).

"¿Satisfecho, de una vez?" Podría alguien preguntar. "Pues no", sería la respuesta luego de una breve reflexión. Ya debe Ud. saber que una definición no es una proposición sino una descripción. Si es buena es una descripción precisa que permite encontrar el fenómeno o la cualidad definido. Si es mala no sirve para encontrar nada... o lo que es peor, encuentra demasiado.

Una mesa no debería definirse como "algo con cuatro patas". Demasiado general; hasta las vacas formarían parte de este conjunto, y, en cambio, las mesas con una pie (central), no lo serían. No es una buena definición.

¿Que pasa con la inteligencia y la definición anterior? Pues que todo el mundo es capaz de "hallar sentido en mensajes" poco claros. Es fácil diseñar un experimento para probarlo. Se han hecho muchas experiencias psicológicas en laboratorio y siempre demuestran lo mismo: no soportamos la ambigüedad mucho tiempo. Cuando hay un mensaje o una señal aparentemente inexplicable... al cabo de un rato el sujeto experimental termina encontrandole un sentido (aun cuando se haya programado cuidadosamente al azar para que no lo tenga).

Un ateo o un escéptico ve en esta facultad humana de encontrar "sentido" a los fenómenos la razón de la cosmovisión religiosa: frente a la variedad de los fenómenos naturales con su abrumadora oscuridad causal... el ser humano asigna rápidamente el fenómeno a la maniobra de un Dios invisible. No podemos congelar las interpretaciones posibles hasta tener más información; es un esfuerzo sobrehumano que sólo un científico entrenado puede permitirse (6). La salida más natural y más espontánea consiste en encontrar un significado con los elementos que tenemos a mano (o que podemos imaginar, según nuestra inteligencia).

En realidad la discusión anterior no niega que esta facultad (la de encontrar sentido en mensajes ambiguos) sea "inteligencia". Sólo concluimos que es muy común... ¿y bien? me pregunto, "¿no es justamente una facultad muy humana y muy distribuida la que estamos buscando?". Además tiene otra ventaja, coincide con observación cotidiana de que las personas inteligentes suelen tener una imaginación viva que acostumbra establecer conexiones entre cosas y hechos aparentemente muy alejados. Para encontrar "sentido" en mensajes ambiguos se necesita, a veces, más que saltar de un tema a otro, dar "hiper-saltos".

Pero la cuestión crucial consiste en intentar discriminar, desde el punto de vista de su "calidad", entre diferentes "versiones" inteligentes. No es lo mismo leer en un fenómeno la presencia fantasmal de un espíritu, que interpretarlo como un caso particular de una ley general. Con otras palabras: no es igual pensar que las cosas caen porque tienen "la propiedad" de la "pesantez" (una propiedad cuya existencia se creía en la edad media) que afirmar que las cosas caen por efecto de la "ley de gravedad".

Si toda interpretación señala la presencia de un poco de inteligencia, hay interpretaciones que indican que hay algo más que "un poquito". El problema clave está en la medición ¿como diferenciar cuando hay poca de cuando hay mucha inteligencia? Y el otro aspecto dificultoso radica la calidad de la interpretación: no es lo mismo establecer conexiones que expliquen un mensaje ambiguo pero que valen sólo para ese mensaje que inventar una ley válida para toda la clase de fenómenos similares a la del mensaje estudiado.

¿No habrá alguna pista por el lado de las percepciones? Una persona inteligente "ve" cosas que otra gente, un poco menos dotada, no puede ver. Busquemos, entonces, por ese lado.

Edward De Bono (7) considera que la "percepción" es esencial para comprender la conductaen tanto solo se reacciona si algo es percibido. Lo que "vemos" se impone como la realidad "verdadera". Esto resulta muy reconfortante porque es una experiencia que está a nuestro alcance; no se necesita montar un laboratorio de un millón de dólares. Necesitamos percibir las cosas para creer en su existencia. No sólo ver, sino también palpar, oír, oler; poner en juego nuestros sentidos. Lo que resiste esa prueba, existe; lo demás es "mental".

La afirmación anterior suele ser grata a las personas con espíritu práctico: comerciantes, militares, políticos... Todos ellos aprenden a discernir rápidamente las creaciones de la vida mental de la dura y sólida realidad.

Pero... las dudas vuelven. Nos encontramos con un fenómeno inesperado: "percibimos" muchas cosas que no existen a simple vista; que no se pueden tocar; que ningún animal de otra especie consideraría parte "del-mundo-real". Todos podemos "ver" el futuro inmediato, y algunos "ven" más allá de él ?qué animal de otra especie es capaz de esta proeza? Hay muchas cosas que se "ven" y que se reacciona como si fueran sólidas... sin embargo son transparentes (por no decir "gaseosas").

Algunos ven a un conjunto heterogéneo de personas desconocidas entre sí y con características muy diversas como formando parte de la misma "nación". Incluso hay quienes logran ver a este conjunto heterogéneo como prolongandose en el tiempo, viniendo en procesión desde casi la prehistoria. Otros se estremecen cuando ven a Dios o a alguno de sus múltiples enviados, y hay gente que puede visualizar, hasta en colores, un crack bursátil horas antes de que efectivamente suceda. Evidentemente somos una especie "vidente".

Si utilizamos la percepción para discriminar donde hay conducta inteligente... encontramos demasiada inteligencia. No se trata sólo de "ver" sino de ver bien. Ver cosas que efectivamente suceden y no ilusiones proyectadas de nuestros deseos y ansiedades.

Existen otras vías. Hay otros autores que buscan a la inteligencia en la capacidad de aprender. Una posición que me resulta simpática, lo reconozco. Por ejemplo, Ferrater Mora.

Para él la inteligencia es "una capacidad poseída por ciertos organismos para adaptarse a situaciones nuevas, utilizando a tal efecto el conocimiento adquirido en el curso de anteriores procesos de adaptación (...). Desde este punto de vista, la inteligencia es considerada como una capacidad de aprendizaje y de aplicación del aprendizaje..." (8)

¡No está mal! Es todo un programa para la especie: aprender, incorporar nuevas conductas conforme cambian las condiciones exteriores; ajustar la adaptación; sobrevivir y desarrollarse. En esta definición late el antiguo mandato: "creced y multiplicaos". Se trata de aprender del entorno y encontrar la clave para prosperar. La inteligencia no sería otra cosa que aportar, en lo individual, lo que beneficia a la especie. Lo "inteligente" no podría apreciarse a priori sino una vez observados los resultados. Aquello que funciona es lo que da nombre, retroactivamente, a una decisión inteligente.

Además de la dificultad de tener que suspender todo juicio (por cuanto tiempo) hasta comprobar los resultados, aparece una tremenda diversidad de inteligencias posibles. Todas los organismos contemporáneos han mostrado, a su manera, esta clase de comportamiento; los que no, ya no están aquí. En este sentido difícilmente podríamos negar inteligencia a las cucarachas; a pesar de su aspecto humilde y algo fúnebre, prosperan y se difunden por todos los ámbitos imaginables. Viene a cuento la anécdota protagonizada por el gran biólogo Haldane. Cuando le preguntaron que podría decir de Dios al cabo de tantos estudios realizados. "Que tiene un gran amor por las cucarachas", comentó luego de un silencio reflexivo.

La propuesta que analizamos tiene sus adeptos. Por ejemplo Denis Postle (9): "inteligencia: Una propiedad fundamental de todo ser vivo. Genéricamente significa capacidad para adaptarse, sobrevivir y medrar; no solo en los humanos, sino también en los animales, plantas y microorganismos.

¡Vaya! la inteligencia se ha expandido incluyendo todo el universo viviente. En realidad se la ha asimilado a "vida" ya que lo que caracteriza a cualquier organismo es la cualidad de usar su recursos para mantenerse y desarrollarse.

Otros investigadores tratan de precisar este omnipresente e inasible concepto en la capacidad, mayor o menor, que tienen las personas para resolver problemas. Esta idea es muy fácil de entender, ya que coincide casi literalmente con la que se usa intuitivamente en la calle.

Inteligencia sería así: "la capacidad de resolver problemas (cualquier clase de problemas); encontrando una solución que funcione y permita llegar, o acercarse, al objetivo señalado."

Para que la definición quede suficientemente clara se requiere precisar que se entiende por "problema": Cualquier obstáculo que se interponga para alcanzar el objetivo señalado, siempre que existan alternativas para elegir.

Como se ve la definición acota el campo y deja de lado hechos o situaciones que podrían caer dentro del límite establecido. En este caso, por ejemplo, la "muerte" no es un problema, ya que no hay alternativas a ella. En cambio "la supervivencia" sí lo es, porque hay para elegir continuamente entre alternativas. Y la calidad de esa elección tiene que ver con la inteligencia (o por lo menos así se lo supone).

Llamo la atención sobre un concepto clave: "objetivo señalado" (no "propuesto", porque esta palabra sugiere volición y, o, reflexión). El objetivo puede estar señalado de manera instintiva: sobrevivir, por ejemplo); o puede resultar de una reflexión (mejorar mi sistema de comunicaciones); o puede ser impuesto al organismo que actúa (un mandato de un programa, o una situación interna o externa que no se puede eludir).

Sin embargo no es una definición que acabe, paradójicamente, con los problemas que trae precisar en que consiste la inteligencia. (Parece que el arte de "resolver problemas" es en si mismo "problemático"). Todo va sobre ruedas... hasta que introducimos la variable tiempo.

¿Es una buena solución aquella que resuelve un problema para crear nuevos problemas?

Veamos. Contrato a un especialista que tiene fama de ser "muy inteligente" y de resolver cualquier problema complicado en la gestión de mi empresa. Se pone manos a la obra y elabora un conjunto de excelentes soluciones. Ahora bien, como consecuencia de estas soluciones... al cabo de un año tengo que cerrar mi empresa. ¿Seguiría pensando que el citado especialista ha solucionado mis problemas? Y, por añadidura ¿estaría dispuesto a mantener que la fama de "inteligente" es bien merecida?

La objeción no es trivial. Si se aplica a la civilización occidental (imaginando, por un momento, la analogía con un organismo), resulta que la mayoría de las soluciones que inventamos son fuente de nuevos y graves problemas... en una huida hacia adelante que no puede detenerse sin poner en peligro todos los beneficios alcanzados. Alguien ha dicho, con cierta ironía, que si las máquinas siguen "ahorrando" mano de obra, trabajo humano, llegará un momento en que sólo podrán comprar, y mantener la economía... otras máquinas clientes.

¿Es la nuestra una civilización inteligente? Sin embargo tenemos una inmensa capacidad para resolver problemas. Capacidad cada vez más necesaria porque éstos van en aumento. Lo que no parece un buen augurio.

Sin embargo esta definición tiene futuro. Ya que su ventaja, su inmensa ventaja de esta propuesta es que la "inteligencia", así definida, puede estudiarse y ...transmitirse. Está en la base de un proyecto de largo alcance: crear inteligencia artificial.

Imaginemos un robot que ha sido preparado para enfrentarse con cierta clase de obstáculos y vencerlos, o incluso un robot que ha sido programado para ser "muy suyo", para desarrollar una conducta idiosincrásica (que lo distinga de otras maquinas con funciones similares). Un robot con personalidad, que aprenda de su experiencia y que busque nuevas formas de cumplir con su programación base ítambién sería posible llamarlo "inteligente"!

De esto trata la "Inteligencia Artificial". La IA es el conjunto de técnicas que se aplican al ordenador con objeto de desarrollar su capacidad para realizar funciones de aprendizaje y autocorrección. (10)

O para decirlo con otras palabras, la Inteligencia Artificial es "la capacidad de una máquina o dispositivo para llevar a cabo funciones que normalmente están asociadas a la inteligencia humana, tales como son la facultad de razonar, el aprendizaje y el autoperfeccionamiento" (11)

Todo queda en su lugar. ¿dispuestos para partir? ¡Ah! ¡me olvidaba! falta definir el aprendizaje.

A partir de ahora lo entenderemos como: "la incorporación de nuevas conductas que faciliten la realización de una tarea"; y, para terminar esta tarea aburrida, definiremos "tarea" como: "la realización de diferentes movimientos coordinados para obtener un fin".

En este sentido, cuando a una máquina se la dota de la capacidad de "escoger" entre un repertorio de conductas posibles, "actúa inteligentemente", seleccionando la conducta que la llevará al objetivo deseado o programado.

Claro que es una inteligencia, como decirlo, quizá un poco extraña a nuestros ojos humanos. Es una inteligencia sin capacidad de previsión generalizada (no limitada a una tarea) y sin posibilidad de interpretar mensajes ambiguos ya que sus posibilidades son sólo las del programa que la crea. (12)

La máquina, al contrario de los humanos, no está programada para desesperarse si no encuentra un significado en los hechos. Simplemente espera, queda en "stand by".

Quizá aquí se pueda entrever las interesantes posibilidades que se crean al intentar dotar de inteligencia a nuestras creaciones maquinales. Todo aquello que no se puede trasladar a un mecanismo... podría ser lo específicamente humano. Claro que no hay porque alegrarse demasiado... todo es cuestión de tiempo. Con el propio desarrollo tecnológico serán cada vez más cosas las que una máquina inteligente pueda hacer; y menos cosas, correlativamente, las que sean "específicamente" humanas.

Mi reflexione apunta hacia el carácter abierto y positivo que tiene, para la especie humana, intentar dotar de máxima inteligencia a todos los mecanismos que nos rodean. En esa tarea no sólo hacemos nuestra vida más cómoda sino, simultáneamente, profundizamos en los misterios de nuestra programación interna. No se puede "copiar" aquello que se desconoce.

De allí que, a pesar de sus deficiencias, la definición de inteligencia como la capacidad de resolver problemas nos parece un buen punto de partida. Pero íojo! sólo un punto de partida, no de llegada.

2 Algunas aclaraciones sobre la tarea de "definir".

Definir algo es establecer una parte importante de las "reglas de juego"; de como puede funcionar una palabra dada en diferentes contextos. La definición crea una clase (el significado de la palabra) y a la vez es un pasaporte que abre la puerta de la clase creada (permite utilizarla en múltiples situaciones). La definición no es una proposición de la que se pueda predicar su "verdad" o "falsedad". No se puede decir, porque carece de sentido, que una definición es falsa. A lo sumo podremos encontrar que se ha creado un "conjunto vacío"; una clase donde no existen objetos que puedan decir: "oiga, yo reúno las condiciones...".

Establecer una definición es una acto de creación; más cerca del arte que de la ciencia. No hay reglas previas que faciliten el trabajo, solo el sentido de la oportunidad y la capacidad para no crearnos problemas antes de empezar.

Por ejemplo, si quisiera investigar sobre los fantasmas y adopto una definición que diga "seres invisibles, que no dejan huella"... tendré problemas. La propia definición convierte en imposible cualquier investigación científica sobre estos entes.

En cambio, si los defino como: "seres habitualmente invisibles, pero que en determinadas circunstancias dejan huellas materiales y que en situaciones de poca luz y soledad pueden ser percibidos por ojos humanos"... tendré dificultades, pero la investigación será posible.

El que los encuentre o no, es otro cantar; lo principal será aislar aquellas "circunstancias" donde la probabilidad de percibir fantasmas sea mayor, luego evaluaré si los casos registrados de apariciones coinciden con las circunstancias que mi investigación determina; y por este camino se podrán establecer hipótesis sobre la validez o no de los casos citados. A posteriori habrá que comprobar que redefinir rigurosamente estas hipótesis básicas a partir de las cuales se pueden deducir consecuencias observables... y tratar de comprobar esas consecuencias creando o recreando el medio adecuado.

Observe el lector que toda la actividad anterior será posible sí y solo sí la definición de la que partimos lo permite. La definición es un pasaporte; permite cruzar las fronteras de los fenómenos. No implica comprar el pasaje (para ello hay que tener dinero), pero si se cuenta con los medios permite visitar el país desconocido .

Espero haber llamado la atención sobre que la creación de una definición de inteligencia (o la selección de alguna de las que se encuentra en el mercado) es un punto esencial. Un viaje de mil millas acaba con un mal paso. Este proceso no quita que, en la medida que avance la investigación, sean necesario refinar la definición inicial. A medida que el conocimiento aumenta sobre todo el área de fenómenos implicados (imaginación, predicción, aprendizaje, solución de problemas...) puede ser obligado volver sobre el conjunto inicial para expulsar o admitir facultades inicialmente no previstas.

También, en este proceso, un ojo está en los aspectos puramente lógicos, y el otro en las consecuencias para la investigación. Reducir demasiado la clase que definimos puede llevar al primer caso en la búsqueda de fantasmas; ampliarla mucho puede llevar a trivializar la investigación y llegar a descubrir, por ejemplo, que inteligencia es "todo". Obviamente para esta conclusión no se necesitaba tanto aparato. Algo así sucede con las explicaciones religiosas: son ricas en describir los fenómenos de la vida; pero todo termina en los designios ocultos de una monarquía invisible.

3. La Sabiduría.

En el transcurso de nuestra sobre los significados que encubre el término hemos partido de un supuesto (no explicitado): la inteligencia es algo básicamente positivo. Sin embargo también se ha insinuado que aplicada sin adecuada previsión puede causar mas males que los que intenta solucionar.

Ninguna otra especie terráquea tiene el historial de violencia arrasadora como la humana. La destrucción sistemática del enemigo y la falta de respeto por los que no piensan como nosotros no está reñida con la inteligencia ¿Se ha preguntado el lector, sobre todo si tiene más de 50 años, o es de profesión historiador, como podía la Alemania de los año 30 incubar tanta violencia y tanto sadismo? Pues bien, hubo judíos que optaron por quedarse, en vez de emigrar como lo hicieron los más previsores, porque entendían que un pueblo tan culto como el alemán era una valla insuperable para la locura colectiva (Freud fue uno de los que así pensaban). La mayoría de esos "bienpensantes" tuvieron oportunidad de reflexionar sobre ello unos minutos antes de entrar en la camara de gas.

Esto es un descubrimiento turbador para quien piensa, a priori, que la inteligencia es una facultad humana (o que los humanos la tenemos en alto grado). El poder que crea máquinas útiles también eleva cadalsos y cámaras de gas. Da la impresión que un juguete poderoso es sostenido por manos infantiles, caprichosas. Como un abogado penalista sagaz y astuto, la inteligencia puede convertir a un criminal en impune, aprovechando los agujeros y ambigüedades del sistema jurídico.

Llegado a este punto es donde sentimos la necesidad de completar el concepto inicial, creando (o aprovechando) una nueva categoría: "la sabiduría". Habría que imaginar una "inteligencia" a prueba-de-violencia. Una "inteligencia-abnegada" por así decirlo.

Solo que necesitamos definirla con cierta precisión para saber si hemos creado un "conjunto vacío" o pueden existir candidatos a ocupar esta nueva clase. En consecuencia nos atrevemos a definir la "sabiduría" como: la capacidad de interpretar las señales del ambiente, refinando el patrón de soluciones existentes sin crear, por este mismo hecho, nuevos y mayores problemas.

Esta es una definición provisional. Confiamos que pueda hallarse otra que con menos palabras lo diga mejor. La idea que encierra se localiza en la palabra clave "patrón". Un patrón de respuestas no es una sola, ni diez, ni cien. A pesar de que cada solución es diferente hay elementos básicos comunes. Estos elementos básicos repetitivos son los que configuran el patrón. (También podríamos llamarlo "estructura")((13).

La "sabiduría" observa el patrón subyacente y comprueba la clase de respuestas que produce: favorable o desfavorable, mejoran la vida o la convierten en más difícil, generan bienestar o crean graves perjuicios."El resultado de esta observación se traduce no en el cambio de una respuesta aislada, sino en la sustitución de todo el "patrón de respuestas".

También es sabiduría (y aquí tenemos nuevos elementos para incluir en la definición inicial) la integración provisional de todas las experiencias vividas; de allí surge una nueva noción de "medida" o de "oportunidad" en la aplicación de una nueva tecnología; o en la resolución de un problema habitual. La palabra "provisional" es clave, ya que la sabiduría excluye las respuestas automáticas, ciegas, ritualistas o dogmáticas.

Según esta perspectiva que someto a la crítica de todos los inteligentes lectores de Casi Nada, la "sabiduría" es un conjunto contenido dentro del conjunto mayor "inteligencia". No concibo una sabiduría sin inteligencia; pero sí (y es una lamentable realidad) una inteligencia sin sabiduría.

La "sabiduría" tampoco es general (y aquí me aparto drásticamente de su uso vulgar). Puede ser específica a una especialidad o a una clase de actividad. Se puede ser "sabio" en medicina y solo en ella.

La "sabiduría" es una inteligencia que observa los resultados de una actividad inteligente y es capaz de sacar conclusiones significativas y comunicables sobre lo que está sucediendo. Es una meta-inteligencia.

Es muy probable que la "sabiduría" incluya, a diferencia de la inteligencia, algún tipo de actividad consciente. Si un organismo "sabio" es capaz de observar y analizar los "patrones" de actividad, se está percatando de lo que sucede más allá de la pura acción.

4. ¿Qué hacer?

¿Que hacer con nuestras reflexiones y refinamientos del concepto de inteligencia? ¿Se puede intentar algo productivo fuera del laboratorio de psicología donde sólo pueden trabajar los especialistas con largo y costoso entrenamiento?

La investigación sobre la inteligencia necesita de muchas inteligencias abocadas al tema desde diferentes ángulos y experiencias. Sostengo la idea que la investigación de la inteligencia necesita de Internet. Además del trabajo altamente especializado en laboratorios situados en países de gran nivel tecnológico todo el mundo (literalmente hablando) debe aportar su granito de arena. Su perspectiva local.

Por ejemplo, estudiar que clase de conducta inteligente es la que se necesita para prosperar en diferentes nichos ecológicos (tomado este último concepto en su sentido más amplio posible). La investigación puede resultar fascinante cuando se observa que las disposiciones que dan el triunfo en un nicho ecológico (por ejemplo la universidad), pueden resultar catastróficas en otro contiguo (por ejemplo, la empresa). O que una conducta "inteligente" en España no es igual a una conducta "inteligente" en Nigeria. O que los chinos tienen su propio y peculiar definición de lo que consideran "inteligente".

En la impresionante lista de temas pendientes podemos, también, preguntarnos cuales son las circunstancias internas que pueden influir en la evaluación o diagnóstico de un problema; y estudiar si la conducta inteligente es "solo" un cálculo de proposiciones, o si también necesita de valores que operen como anclajes para poder-pensar. Con lo cual nos metemos en el irritante (por lo imprevisible) mundo de las emociones y de los valores. ¿La ética y los sentimientos, son parte de la inteligencia, o un subsistema independiente que a veces la obstaculiza o la impulsa? ¿Cómo funcionan y cómo se valora el papel de las emociones en los diferentes pueblos que habitan la tierra?

Si tenemos oportunidad de observar a otros seres vivos, podemos investigar en que medida resuelven problemas (conducta no instintiva, aprendida) y como mejoran sus perfomances en los tests que su propio hábitat les administra. Podemos comparar diferentes individuos de la misma especie y establecer un ranking de inteligencia conforme los tests que nosotros seamos capaces de inventar. Y por último podemos analizar "el humor" que surge de esta actividad ("he adiestrado al de la bata blanca -dijo el ratón-, cada vez que aprieto la palanca... me da comida"). ¿El humor, forma parte de la inteligencia, siendo en si mismo un indicador de su presencia? ¿... o es el resultado emocional de una frustración que no encuentra otra solución alternativa?¿Es el "humor" un indicador universal, o sólo limitado a los países de una misma tradición cultural?

Un tema interesante es prever como el desarrollo del ordenador puede potenciar la inteligencia humana, o crear una nueva clase de inteligencia fruto inesperado del desarrollo tecnológico. ¿Es posible que el ordenador inteligente sufra las mismas barreras culturales que sus creadores? ¿una civilización poblada de máquinas inteligentes... tiene posibilidades de ser adoptada por todos los pueblos?

El futuro está más cerca de lo que imaginamos. Roberto Jastrow afirma que "No hay limite a la curva ascendente de la inteligencia de silicio" y preconiza que en el futuro aparecerá una nueva inteligencia hibrida resultado de la combinación entre los poderes de la inteligencia humana y la del ordenador.

También podemos dirigirnos hacia la conducta opuesta, donde falla la inteligencia, esa que solemos llamar "tonta" (otro término no definido) y estudiar sus condiciones de aparición y desarrollo. Incluso, lo que llevaría a un bucle peligroso (respecto de las definiciones iniciales), podríamos investigar en que medida las conductas "tontas" favorecen la supervivencia (no para el individuo, sino para la especie).

Un problema no menos fascinante es investigar las condiciones en que puede facilitarse el desarrollo de los humanos espontáneamente bien dotados. Me refiero a los niños de alto coeficiente intelectual. Son muy pocos los países que se ocupan activamente de ellos. Lo cual es triste porque constituyen el mejor capital de una nación. Mis observaciones (muy limitadas, por cierto) apuntan a que una inteligencia elevada descuidada no es buena ni para su portador ni para el ambiente que lo rodea. Algunos casos de "niños problema" son el resultado de ese descuido.

Son tantos y tan apasionantes los caminos que podemos emprender que el peligro principal es quedarse sin elegir. El dilema de dos senderos igualmente apetecibles. Solo que para poder verlos es necesario, primero, desbrozar el punto de partida configurandolo y demarcandolo. Sin un aeródromo adecuado... no se puede despegar.

Claro que... ¿acaso hemos preparado un buen aeródromo? ¿?por qué pensar en "inteligencia" como una facultad? Cuando se resuelve un problema, o se anticipa su aparición ¿no se están usando los recuerdos, imágenes, percibiendo detalles, visualizando configuraciones, midiendo y pesando diversos factores, mezclando respuestas e imaginando consecuencias? Y el resultado ¿no es el fruto de la combinación de actividades que en si mismas son diferentes?

Cerramos el círculo volviendonos a preguntar por ¿qué es la "inteligencia"? ¿es una facultad, un paquete de aptitudes, una respuesta adecuada o la suma algebraica e intransmisible de toda una personalidad o una cultura?

Por lo de pronto algo hemos adelantado. Queda una lección, una enseñanza: se necesita un punto de partida... y que al cabo de un tiempo de reflexión, búsqueda de información, análisis de datos, elaboración y puesta a prueba de hipótesis, advertimos que el punto de partida inicial hace agua por todos los costados. Ahora el "punto-de-partida" está impuesto por todo el trabajo ya hecho. La ciencia, como cuerpo de conocimientos, se deshace de las palabras que impulsaron la búsqueda inicial y elimina todo lo que no es compatible con la lógica que surge de sus entrañas. Cada paso en la creación de una estructura mental repite el proceso tan conocido y observado cuando se construye un edificio. Una vez que la estructura se sostiene... se destruyen los andamios y los soportes exteriores.

Pero este programa es sólo un futuro no inmediato. Se necesita mucho trabajo interdisciplinar (más aún, "multitudinario") para aclarar e influir en algo que siendo tan importante y tan común, resulta tan poco trabajado y cuidado: la inteligencia humana.


Carlos Salinas. Oct'97

Notas Bibliográficas:

(1) Dashiell Hammett, en "Los Angeles Times", el 7-1-59).

(2) "En el verano de 1979, durante una reunión del Club de Roma en Salzburgo, Austria, un hombre se dirigió al conjunto de empresarios, expertos y magos de las finanzas allí reunidos para hablarles del tema de la "inteligencia humana". Este hombre era el profesor Luis Alberto Machado, quien, desde hacía cuatro meses, era ministro para el Desarrollo de la Inteligencia, del Gobierno de la República de Venezuela." "Willem Oltmans. En el libro "Sobre la inteligencia humana" del mismo autor, Editorial Santillana, Colección Aula XXI, Madrid, 1983.

(3) Como anécdota puedo referir que hace unos 10 años, aproximadamente, le sugería a un concejal de un ayuntamiento cercano a Barcelona que el municipio hiciera un estudio serio para aprovechar los superdotados (o de alto c.i.) que estudiaban en la escuela pública (a semejanza de lo que ya se estaba haciendo con éxito en Israel). Me preguntó si tenía idea de cuantos habría. Yo le respondí que no, por lo que el estudio debería empezar por concebir los instrumentos adecuados para localizarlos y observar si las condiciones en que se desenvolvían eran adecuadas para su desarrollo. Noté, por la forma en que me miraba, que dudaba de mi salud mental. Preferí cambiar de tema para que mejorara su opinión sobre mí.

(4) Douglas R. Hofstadter - "Gödel, Escher, Bach, Un eterno y Grácil Bucle"- Tusquets Editores -Cuadernos Superinfimos 9 - [Lo de "superinfimos" suena a ironía, atendiendo al grosor, poco común, del volumen].

(5) Douglas R. Hofstadter. Ibídem.

(6) Acordarse de Sherlock Holmes y su negativa e suponer y elaborar hipótesis antes de tener en sus manos toda la información posible.

(7) Edward De Bono - "Yo tengo razón; Tu estás equivocado" - Edic. B. Barcelona, 1992


(8) Ferrater Mora - "Diccionario de Filosofía" - Editorial Sudamericana. 5a. Edic. Bs.As. 1965

(9) Denis Postle - "El Universo de la mente" - Plaza y Janes

(10) Nueva Enciclopedia Larousse

(11) J.A.Calle Guglieri - "Sistema nervioso y sistemas de información" - Pirámide. Ediciones Neurociencia. Madrid, 1977.

(12) Lo cual no es totalmente cierto. Cuando un programa se complica lo suficiente empiezan a suceder cosas raras. Cosas que no estaban previstas en las condiciones iniciales. Esta posibilidad de funcionamiento "caótico" es fecunda... y peligrosa.

(13) El estudio de estructuras comunes a fenómenos diversos recibe el estimulante nombre de "isomorfismos". Vease sobre este tema el citado libro de Douglas R. Hofstadter