miércoles, 21 de mayo de 2008

Las hembras son las que eligen

Investigación y Ciencia,
jun98, nº261

ASÍ ELIGEN PAREJA LAS HEMBRAS
[Fragmento del art.]

[Presentación] Las hembras prefieren aparearse con machos vistosos. Su elección podría resultar de una interacción compleja entre instinto e imitación

Lee Alan Dugatkin y JeanGuy J. Godin

Si preguntamos a bote pronto por el prototipo de galán, se nos responderá con una suerte de réplica del James Bond de turno: inteligente, con clase, arrojado y fogoso, atributos que atraen a cualquier mujer. Póngasele conduciendo un rutilante deportivo y se tendrá un cóctel casi irresistible. No es exclusiva de la especie humana la tendencia de las hembras a arremolinarse alrededor de los machos más vistosos. En muchas otras, los machos con mayor éxito (los que dejan más hijos) suelen también ser los de cuerpo mayor o adornados de colores intensos, cuando no los que "alardean" con exhibiciones de cortejo más vigorosas.

La hembra suele ser más exigente en la selección de pareja. En parte ello se debe a que el macho puede producir millones de espermatozoides, mientras que los óvulos de la hembra son pocos y muy espaciados. La hembra puede ser más selectiva porque ha invertido más en cada gameto y en la prole. Y puesto que la disponibilidad de óvulos constituye un factor limitante del éxito reproductor, los machos tienden a competir por la atención de las hembras, no al revés. Charles Darwin advirtió que la competencia por la pareja desempeñaba un papel importante en el éxito reproductor, proceso al que denominó selección sexual.

En El origen del hombre y la selección en relación al sexo, publicado en 1871, sostuvo que cualquier rasgo que proporcionara al macho ventajas en el apareamiento y la fecundación se desarrollaría en una población, porque los individuos que gozaran de tales características producirían más descendientes que sus competidores. Si el rasgo en cuestión resulta ser heredable, los hijos que lo expresaran conseguirán, a su vez, un mayor éxito reproductor que sus competidores, y así de generación en generación.

Además, Darwin propuso que algunas de tales características pudieron haber evolucionado porque atraían la atención de las hembras. La idea de que la iniciativa y elección activa del macho parte de la hembra fue objeto de controversia desde su formulación, quizá debido a que las peleas entre machos pueden ser muy espectaculares. Luchan éstos entre sí, a veces en aparatosos duelos a muerte, para obtener el privilegio del apareamiento con la hembra. En comparación, la elección que la hembra realiza acostumbra ser más sutil.

A lo largo de los últimos 25 años se han ido acumulando pruebas en favor de la elección por la hembra. Son las hembras las que seleccionan activamente a su pareja en múltiples especies, sobre todo si los machos son menos agresivos y exhiben diferencias individuales en los caracteres sexuales secundarios: plumaje ornamental o alardes en el cortejo.

Pese a todo, la manera en que las hembras seleccionan a su pareja, por qué lo hacen y cómo han evolucionado las preferencias de apareamiento siguen siendo temas debatidos entre los biólogos. A la hora de escoger macho, una hembra exigente se enfrenta a una doble tarea. En primer lugar, debe buscarlo. Una misión nada fácil si se trata de una población dispersa o si el peligro de los depredadores le impide dedicar mucho tiempo a la labor. Encontrado un macho, ha de decidir si lo acepta o lo rechaza. A menudo, esa decisión exige cierto tiempo, dedicado a observar y comparar. En algunos sistemas de apareamiento, las hembras pueden encontrar un grupo de machos disponible y compararlos de inmediato. Ocurre eso, a principios de primavera, com los machos de gallo de las artemisas (Centrocercus uropliasianus), que se agregan numerosos y apretados en leks; en esas arenas de apareamiento comunal se pavonean y se exhiben para reclamar la atención. La hembra observa el despliegue de varios machoss, todo indica que los compara, antes de (...)