viernes, 25 de abril de 2008

Complejidad y economía

EL QUARK Y EL JAGUAR
Murray Gell-Mann
Tusquets- Metatemas

Hacia una economía menos sombría (pag 339)

"Los ejercicios con matemáticas basadas en agentes están entre las herramientas recientes empleadas para guiar a los economistas hacia una aproximación más evolucionista.

Una gran parte de la economía teórica de las últimas décadas se ha caracterizado por una preocupación por una especie de equilibrio ideal basado en mercados perfectos, información perfecta y agentes perfectamente racionales, a pesar de los esfuerzos de alguno de los mejores economistas para incorporar imperfecciones en estas tres categorías dentro de la síntesis neoclásica posterior a la segunda guerra mundial.

Según una vieja historia que circula entre los economistas, un teórico neoclásico y su educada nietecita estaban paseando por la calle de una gran ciudad norteamericana. La niña vio un billete de veinte dolares en el suelo y, como era muy formal, preguntó a su abuelo si podía cogerlo. "No, cariño", replico él, "si fuera auténtico ya lo habría cogido alguien".

Desde hace algunos años, un puñado de estudiosos, incluídos los miembros de un grupo interdisciplinario reunido por el Instituto de Santa Fe, han dirigido sus esfuerzos hacia el estudio de las economías como sistemas complejos adaptativos en evolución, compuestos por agentes adaptativos económicos dotados de una racionalidad limitada, con información imperfecta y actuando fundamentalmente al azar y en función de la percepción de los propios intereses económicos.

Las felices predicciones de la teoría del equilibrio aparecen entonces únicamente como aproximaciones, mientras que la nueva aproximación admite fluctuaciones en torno a dichas predicciones, lo que se ajusta mejor a la realidad.

En un modelo sumamente simple desarrollado por Brian Arthur, John Holland y Richard Palmer (un físico de la Universidad de Duke, adscrito al Instituto de Santa Fe), los inversionistas, de una sola clase, estan representados por agentes adaptativos que tratan los unos con los otros a través de una cámara de compensación. Cada acción rinde unos dividendos anuales que pueden variar de manera arbitraria. El tipo de interés anual es una constante, y la razón entre beneficio e interés determina, mas o menos, el valor fundamental de la acción. Pero el precio real puede desviarse mucho del valor fundamental. Cada agente elabora esquemas elementales basados en la historia de los precios de las acciones, los cuales les dicen cuándo comprar, guardar o vender. En cualquier momento, los distintos agentes pueden estar haciendo uso de esquemas diferentes. Además, un agente dado puede tener una lista de esquemas y pasar de uno a otro según vayan las cosas. De este modo se generan fluctuaciones en los precios, a menudo exageradas y ligadas a alzas y bajas repentinas de carácter especulativo, añadidas a un valor fundamental lentamente cambiante que representa una especie delímite inferior poco definido para la desigual curva de precios en función del tiempo. Tales fluctuaciones, reminiscencias de lo que pasa en los mercados reales, surgen aquí de un modelo evolutivo que tgrata con agentes que distan de la perfección pero intentan mantenerse informados.

Algunos de los participantes en el movimiento para la reforma económica han demostrado que la racionalidad perfecta no sólo está en clara contradicción con los asuntos humanos, sino que es inconsistente con cualquier situación en la que se den fluctuaciones de mercado. Personalmente siempre me ha causado asombro la tgendencia de tantos psicólogos, economistas y hasta antropólogos académicos a tratar a los seres humanos como entes absolutamente racionales, o casi. Mi propia experiencia, sea por introspección o por observación del comportamiento ajeno, me dice que la racionalidad es sólo uno de los muchos factores que gobiernan la conductga humana, y de ningun modo es siempre el principal.

Asumir que los seres humanos son racionales a menudo facilita la construcción de teorías sobre su modo de actuación, pero tales teorías suelen ser poco realistas. Aquí, ¡ay!, reside la principal debilidad de muchas de las teorías actuales en ciencias sociales y del comportamiento. Cuando se trata de construir teorías sobre fenómenos complejos, el hacerlas más analizables puede resultar conveniente, pero no necesariamente las hace mejores a la hora de describir los fenómenos -y muy bien puede hacerlas mucho peores.

En mi opinión, la gran contribución de la teoría económica a la comprensión de los asuntos humanos es simplemente el repetido énfasis en los incentivos. En cualquier situación, ¿cuales son los incentivos para las diferentes líneas de acción? Cuando los primeros manuscritos del mar Muerto fueron descubiertos y los despistados arqueólogos, en su afán por conseguir más trozos de pergamino, ofrecieron a los nómadas árabes una retribución fija por cada fragmento encontrado, estaban propiciando que las piezas fuesen hechas pedazos antes de ser entregadas. Los economistas estudian, a menudo de manera sofisticada, como actúan los incentivos en el seno de la sociedad, poniendo de manifiesto las debilidades en los sucesivos esquemas de gobierno o de gestión, análogas a las del sistema de retribución en el caso de los manuscritos del mar Muerto. Los incentivos representan presiones selectivas en el seno de un sistema económico. Aún cuando las respuestas alos mismos no sean completamente racionales, y aunque haya otras presiones en liza, los incentivos económicos contribuyen a determinar que esquemas de comportamient económico prevalecerán. El ingenio humano siempre se las arreglará para aprovecharse de los incentivos existentes, igual que la evolución biológica casi siempre acaba por llenar algún nicho ecológico vacante.


El enfoque evolucionista de la economía, junto con el reconocimiento de la racionalidad limitada de los seres humanos, no puede sino mejorar las intuiciones de los economistas acerca de cómo operan los incentivos.

(...) Una cuestión vital es cómo tener en cuenta de forma apropiada valores difíciles de cuantificar.

Los economistas han sido a veces satirizdos como gente que mediría el valor del amor a partir del precio de la prostitución. El valor de algunas cosas es fácil de calcular en dinero, y la tentación de tener en cuenta sólo tales cosas e ignorar todo lo demás en los cálculos de costes y beneficios es fuerte.

Si se propone la construcción de una presa, un análisis clásico de costes y beneficios tendrías en cuanta cosas como la energía eléctrica y el control del caudal. Por otra parte, al embalse resultante se ,le puede asignar un valor recreativo medido por el valor de los clubs náuticos y puertos que se construirán para acoger embarcaciones. Es posible que en el debe del proyecto se cuente el coste de las casas que quedarán inundadas por el embalse, pero no así el valor de las plantas y animales del valle, ni el valor histórico que pueda tener el mismo, ni los lazos comunales que serán destruidos. Es difícil asignar un valor monetario a tales cosas.

La aparentemente insensible práctica de ignorar lo que es difícil de cuantificar suele atribuirse a una falta de valores. Pero en realidad es todo lo contrario, pues representa la imposición sobre cualquier análisis de un rígido sistema de valores que favorece aquellos que son fácilmente cuantificables sobre otros que son más delicados pero que, en cambio, quizá sean más importantes. Las decisiones basadas en esta manera de pensar empobrecen nuestras vidas. Muchos economistas y expertos en ciencias políticas han recomendado no considerar valores no cuantificables en el proceso político. Pero si se hace esto, todos los estudios cuantitativos, (...) tienen que ser sopesados por quienes toman las decisiones frente a argumentos cualitativos a los que no se les puede asignar un número.

Hoy día está ganando terreno la idea de consultar a la gente para comprobar que valor asignaría a cosas como un mejoramiento de la calidad del aire, la preservación de un parque o el mantenimiento de las relaciones con el vecindario. En teoría económica, las preferencias de la gente suele tratarse como cosas bien definidas y fijadas. Este es un punto de vista en armonía con los ideales democráticos. Pero el destino del planeta ¿es sólo un asunto de opinión pública? ¿No tiene la ciencia algo que ofrecer?"