lunes, 28 de abril de 2008

Stalin y la iglesia

Date: Tue, 07 Oct 2003 17:31:29 GMT
Subject: URSS
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* Fuente:
http://www.libertaddigital.com/./opiniones/opi_desa_15388.html

Stalin y la Iglesia ortodoxa
Víctor A. Cheretski

Se han cumplido 60 años desde que la Iglesia Ortodoxa Rusa resucitara de las cenizas de la catástrofe de la revolución bolchevique de 1917 para convertirse en un fiel aliado del régimen del “padre” Stalin.

En un país donde ni los árboles tenían derecho a crecer sin la aprobación del “padre”, la resurrección de la fe también fue su obra. Y no fue casual. Eran los tiempos de la segunda guerra mundial y Stalin decidió utilizar la religión como arma en la contienda contra los nazis. También necesitaba más apoyo y más ayuda de los aliados occidentales, Estados Unidos y Gran Bretaña, que estarían complacidos, según el “padre”, de ver la Iglesia rusa reaparecida.

El 4 de septiembre de 1943 es un día histórico para la Iglesia rusa. En esa fecha, Stalin ordenó al alto oficial de la Seguridad del Estado, coronel Gueorgui Kárpov, llevar a su residencia de Kuntsevo, en las afueras de la capital rusa, a tres ciudadanos: al metropolitano de Moscú, Serguy, al de Leningrado (San Petersburgo), Alexy, y al de Kiev, Nikolay. Eran los más fieles a la causa bolchevique porque los detractores estaban en la cárcel o habían sido exterminados en los años 20-30. Así, el metropolitano Serguy proclamó a Stalin en noviembre de 1942 “caudillo elegido por Dios”. No obstante, el religioso decidió acudir a la cita con el “padre” vestido de civil. Al verlo, el “elegido” levantó el dedo al cielo y dijo satisfecho: “No le temes a él (Dios), me temes a mí, camarada Serguy”.

Sin más bromas, Stalin ordenó a los clérigos, en nombre del partido comunista, que convocaran inmediatamente a la Conferencia Episcopal para restablecer el patriarcado de Moscú y elegir al patriarca. Por supuesto, la elección fue rápida. Serguy iba a ser el merecedor de este cargo por su lealtad al régimen. “¿Cuánto tiempo tardarás en cumplir la orden del partido de reunir la Conferencia?”, le preguntó Stalin. “Un mes como poco, porque algunos camaradas obispos deben venir desde Siberia, donde se encuentran por su mala conducta”, contestó el futuro patriarca. “No conviene, es demasiado tiempo. Utilizaremos métodos bolcheviques de aceleración”, dijo Stalin y ordenó a Kárpov liberar inmediatamente a los obispos y llevarles a Moscú en aviones militares.

La Conferencia fue organizada en 4 días. Además de elegir a Serguy, emitió un llamamiento a los creyentes llamándoles a sacrificarse en la “sagrada lucha por la patria bolchevique”. Por otra parte, los obispos agradecieron la “constante preocupación paternal” del camarada Stalin por el bienestar de la Iglesia. La verdad es que había muchas cosas que agradecerle al “padre”. Mientras Serguy le pedía la apertura de unos “cursillos” para preparar sacerdotes, Stalin, en un gesto de grandeza, ordenó crear seminarios y academias superiores, fábricas de velas e imprentas para publicar libros religiosos. El patriarcado fue obsequiado con el edificio de la antigua embajada alemana y con coches oficiales. Los religiosos empezaron a recibir, en vez del pan duro de las cartillas de racionamiento, los mejores productos alimenticios, igual que los jefes del partido.

Por supuesto, Stalin no se fiaba mucho de los clérigos, por muy fieles que parecieran. Por eso creó inmediatamente un organismo del Estado encargado de vigilar las actividades de la Iglesia y censurar sus publicaciones. Karpov, ascendido a general, fue nombrado jefe del nuevo organismo. El patriarca tenía que “coordinar” con él todas sus actividades, incluso los nombramientos de curas y obispos. Por su parte, los párrocos debían informar a los agentes locales de los servicios secretos sobre los pensamientos de los creyentes. Cuando los sacerdotes viajaban al extranjero estaban obligados a redactar informes sobre sus experiencias y contactos profesionales fuera de Rusia. Así fue el acuerdo.

Este sistema sobrevivió a Stalin y se conservó durante toda la época bolchevique hasta los años 90, aunque incluso en nuestros días la iglesia rusa conserva la sumisión completa a la voluntad del poder. Ni siquiera intentó manifestarse contra los crímenes y arbitrariedades de Yeltsin y de sus secuaces. Hoy en día, se encuentra en plena armonía con el régimen del presidente Putin.