sábado, 19 de abril de 2008

Arqueología y nacionalismo

Date: Mon, 7 Feb 2000 00:36:13 -0500
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Un estudio revela la manipulación de la arqueología por el nacionalismo

JAÉN. Javier López

¿Existen similitudes entre Franco y Sabino Arana? Al menos una: ambos manipularon la arqueología para legitimar sus posturas políticas. Así se deduce del trabajo «Una Arqueología para dos Españas», elaborado por el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica con la financiación de la UE, bajo la dirección del catedrático de Historia de la Universidad de Jaén Arturo Ruiz.

Prat de la Riba, padre del nacionalismo catalán.

Aunque el objetivo inicial del proyecto consistía sólo en analizar los archivos, el estudio refleja también la utilización de los hallazgos para apuntalar la política de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se gestan los nacionalismos.

El epicentro de la polémica nacionalista es la cultura ibérica, raíz primigenia de la nación española. Franco, tras ganar la Guerra Civil, necesitaba un pasado a la altura de la Europa con la que sintonizaba ideológicamente. Los iberos no servían como ancestros a un régimen que simpatizaba con la Alemania nazi. Por este motivo los teóricos del franquismo negaron su existencia como pueblo para sustituirlos por los celtas, vinculados por origen a centroeuropa, «reserva» de la raza aria que preconizaba Hitler. «Llegaron incluso a decir, para demostrar que no existieron los iberos, que los celtas, al entroncar con las culturas clásicas, como Roma, se iberizan», indica Ruiz.

CAMBIAR DE REGISTRO

El catedrático asegura que Sabino Arana también depuró los archivos arqueológicos para calificar a los vascos como pueblo incontaminado por la mezcla con otras culturas. El precursor del nacionalismo vasco tuvo que volver la historia del revés para romper la teoría admitida durante el siglo XVIII y parte del XIX, el vascoiberismo, según el cual los vascos son los últimos iberos y la lengua vasca, la lengua ibera. Dado que los iberos se identificaban con España, Arana cambió de registro. Los iberos, afirmó, nunca llegaron al País Vasco. «Cosa que es cierta, pero que él negó sin saberlo», indica el coordinador del proyecto para resaltar la utilización política que de la arqueología hizo quien pretendió atribuir rasgos exclusivos de país al pueblo vasco. Para conseguirlo hizo el uso que le convenía de la información histórica que producían los arqueólogos, de manera que con la selección de ciertos elementos sustentaba su hipótesis nacionalista.

Cataluña es el tercer ejemplo de manipulación. El estudio resalta de qué manera los teóricos nacionalistas catalanes modificaron sus vínculos con el pasado para que no coincidieran con los del nacionalismo español. Con tan mala fortuna que a la vez que modificaban el curso de la arqueología lo hacían también, en la misma dirección, los españoles. A mediados del siglo XIX, Cataluña identificaba a los celtas como sus pobladores más antiguos. Igual ocurría en el resto de España. La coincidencia incomodaba a los nacionalistas catalanes, que intentaban mostrar un pasado único. La situación propició una tendencia para sustituir a los celtas por los iberos.

Tanto es así que Prat de la Riba, teórico del nacionalismo catalán, expuso en 1906 que los iberos son los primeros pobladores de los territorios de Cataluña. Sin embargo, los teóricos del nacionalismo español también señalaron por esas fechas a los iberos como raíz. Había pues que modificar el discurso. En 1929, Bosch Gimpera, arqueólogo vinculado al nacionalismo catalán, asegura que las tribus iberas de Cataluña, los ausetanos, no son ibéricas porque los yacimientos no se corresponden con los elementos de esta cultura.

HISTORIA A LA MEDIDA

Arturo Ruiz resalta que la manipulación, que él prefiere definir como proceso de legitimación, no es burda, aunque sí interesada: «Los nacionalistas no se inventan su historia, pero al coger lo que les conviene la adecuan a su propósito. Seleccionan la información arqueológica para justificar el nacionalismo».

El proyecto ha descubierto en los archivos la utilización política del material de arqueólogos que trabajaron entre mediados del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Al analizar una información en principio arqueológica surge de manera espontánea el debate del nacionalismo, según indica el coordinador del estudio, quien resalta que el trabajo estudia el periodo entre 1890 y 1950 para que la distancia cronológica permita un nivel de objetividad superior.

Ruiz es cauto al decir si persiste hoy la manipulación, aunque admite que los nacionalistas escarban selectivamente en el pasado.