miércoles, 16 de abril de 2008

Alimentos y cerebro

ALIMENTOS QUE MODIFICAN LA FUNCIÓN CEREBRAL Richard J. Wurtman
Junio de 1982
Pág. 107

[Presentación] Por tales se entenderán los precursores de
ciertos neurotransmisores. Si aumentamos su concentración en
el cerebro, se refuerzan las señales emitidas por ciertas
neuronas. De hecho actúan como medicamentos

Casi todos estaríamos de acuerdo en que no es lo mismo
alimentarse que medicarse. Las sustancias nutritivas aportan,
en la mayoría de los casos, la energía y la materia prima
molecular que el cuerpo necesita. Por su parte, el medicamento
es una sustancia que se administra en razón del efecto que
produce en un órgano o tipo celular determinado. Hay más: la
gente sana precisa de los mismos alimentos, hablando a grandes
rasgos; los medicamentos, por contra, se recomiendan sólo a
quienes padecen una enfermedad, alteración o trastorno. Me
ocuparé a lo largo de este artículo de tres sustancias
nutritivas que, cuando se administran en su forma pura o se
ingieren con los demás alimentos, actúan cual si de
medicamentos se tratara. Ocurre que los tales originan cambios
de importancia en la composición química y estructural del
cerebro. Cambios que, a su vez, pueden modificar la función
cerebral, especialmente en aquellos individuos que sufren
determinadas enfermedades metabólicas y nerviosas.


Los aminoácidos triptófano y tirosina son dos de las
sustancias nutritivas en cuestión. Se llaman aminoácidos las
unidades constitutivas de las proteínas. Así pues, triptófano
y tirosina se hallarán en la mayoría de los alimentos. El
tercer elemento nutritivo de que me ocuparé es la colina, un
componente de la lecitina. Como especialmente ricos en
lecitina recordemos la yema de los huevos, el hígado y la
semilla de soja. Triptófano, tirosina y colina pueden Ilegar a
alterar la composición y el funcionamiento del cerebro, ya que
son precursores de los neurotransmisores: sustancias éstas que
la célula nerviosa, o neurona, libera al ser estimulada. El
neurotransmisor transmite entonces el impulso nervioso, a
través de la sinapsis, a otra neurona, a una fibra muscular o
una célula secretora. En los terminales de algunas neuronas el
triptófano se convierte en el neurotransmisor serotonina. En
otras células, la colina se transforma en el neurotransmisor
acetilcolina. Y en un tercer grupo de células nerviosas la
tirosina cumple una misión precursora de la dopamina, la
noradrenalina y la adrenalina, trío que forman el conjunto de
los transmisores catecolamínicos. Un incremento del nivel
cerebral del precursor favorece la síntesis del
correspondiente neurotransmisor. Y el aumento de ésta insta, a
su vez, una mayor liberación de moléculas transmisoras por
parte de la neurona cuando se estimula dicha célula nerviosa,
lo que comporta mayor transmisión de señales desde la neurona
hasta las células que esta inerva.


Junto con mis colegas del Instituto de Tecnología de
Massachusetts y otros investigadores he venido estudiando las
relaciones existentes entre la cantidad de un alimento
administrado o ingerido, por un lado, y su nivel en plasma
sanguíneo, su nivel en el cerebro y sus efectos sobre la
transmisión nerviosa, por otro. No se trata de interacciones
sencillas. La conversión de triptófano en serotonina viene
condicionada por la proporción que haya de glúcidos en la
dieta. A su vez, la síntesis de serotonina afectará a la
proporción de glúcidos que el individuo escoja luego en su
alimentación. ?Que decir de la colina y la tirosina? El efecto
que produce en la neurona un mayor suministro de una u otra
sustancia nutritiva varía con la frecuencia de descarga de la
neurona y puede inducir cambios en dicha frecuencia. Por
consiguiente, la colina y la tirosina pueden potenciar, de una
manera selectiva, la neurotransmisión; vale decir: la
aumentarán en unas sinapsis, pero no en otras.
Discrecionalidad que cabría aprovechar a la hora de diseñar
nuevos agentes terapéuticos contra varias enfermedades, y
estoy pensando en la hipertensión, enfermedad de Parkinson y
alteraciones de la memoria de los ancianos.


Los datos que recogen la relación entre la ingesta de
nutrientes y la neurotransmisión se recabaron cuando se
investigaba fenómenos que nadie diría involucrados en el
cerebro: los ritmos diarios que atravesaba el metabolismo de
los aminoácidos de la dieta. Cuando comemos, la concentración
de la mayoría de los aminoácidos (y otros constituyentes del
alimento) en plasma sanguíneo cambia de forma predecible en
función del tipo de comida que hayamos ingerido. Las personas
que se atienen a un horario de comidas estricto acusan unos
ritmos diarios muy definidos en lo concerniente a los niveles
de aminoácidos plasmáticos. Entre los habitantes de los países
desarrollados, que suelen consumir una dieta rica en
proteínas, la concentración de leucina en plasma desde las
tres de la tarde hasta las tres de la madrugada dobla el nivel
observado a lo largo del resto del día. Pero si esa misma
muestra ingiriera alimentos carentes de proteínas, bajaría el
nivel de leucina hasta la mitad a lo largo de esas horas de
digestión y absorción activa. En el primer caso, el incremento
representa la entrada, en el torrente circulatorio, de parte
de la leucina incorporada en la dieta proteica. En el segundo,
el descenso obedece a la secreción de insulina (inducida por
los glúcidos ingeridos), que acelera el tránsito de la leucina
y la mayoría de los demás aminoácidos desde el torrente
circulatorio hasta el músculo estriado.

Hará unos diez años, el autor y sus colegas descubrieron esas
variaciones rítmicas e inducidas por la alimentación en los
niveles plasmáticos de varias sustancias nutritivas. Nos
cuestionamos entonces si tales cambios tenían o no (...)

Autor: Varios Autores
Título: Función Cerebral
Editorial/Colec.: Libros de Investigación y Ciencia
Lugar/Fecha/Pág.: Prensa Científica. Bcn. 1ra Reimp. 1995