martes, 22 de abril de 2008

Budismo y Cristianismo

Esta actitud de recelo del Cristianismo no parece coyuntural. Posiblemente está en el propio corazón de su doctrina y de su historia. En cuanto a su doctrina leemos, por ejemplo, lo que dice el Cardenal Segio Pignedoli, que es, o era, el Presidente del Secretariado para los no cristianos en 1974, en su presentación del libro de Jesus Lopez-Gay, s.i. "La mística del Budismo", publicado por la Biblioteca de Autores Cristianos, n? 356, Madrid:

"Por lo que se refiere al cristianismo, sabemos (por la experiencia además de por la fe) que en la vida religiosa se halla a Dios, hasta decir con sor Isabel de la Trinidad: "Quien
vive de la fe no trata jamás con las causas segundas, sino sólo con Dios. Entonces nunca se es banal, ni siquiera haciendo las acciones más ordinarias, prque no se vive en estas cosas, sino que se va más allá de ellas". La presencia del Otro llena la celda del monje. El budismo no puede dar la misma respuesta consoladora, aunque tenga rayos de iluminación. Un día Buda dijo a undiscípulo: "?Por qué se debe construir un pozo, si las aguas están en todas partes?" No somos atrevidos al pensar que el Señor, que conoce los corazones de cada uno, hablará a estos sus hijos que le buscan con una generosidad sincera y le llaman con nombres diversos". (Pag XI, de la Presentación)

A buen entendedor... "El budismo no puede..." y el "Señor, que conoce los corazones de cada uno, hablará a estos sus hijos..." ?y que le dirá? Pues nada, que a ver si se espabilan, se dejan de monsergas y entran, como corresponde, en la Santa Iglesia Católica. El Cardenal no tiene duda.

Claro que su opinión es moderadísima si se compara con lo que dice Pablo VI, en su primera encíclica, Ecclesiam suam, comentado por el autor, Jesus Lopez Gay, s.i.:

"Ya en su primer encíclica, Ecclesiam suam, Pablo VI hizo una clara distinción entre "sistemas religiosos no-cristianos" y los "valores religiosos y morales" de dichas religiones (AAS[1964]655). Los sitemas quizás un día providenciales, pero radicalmente provisorios, están llamados a ceder el paso al cristianismo, que es ya definitivo y "única verdadera religión", como el alba deja paso a la plena luz del día (la metáfora es tambien de Pablo VI: AAS [1964] 394). Los valores religiosos, al contrario, deben ser respetados, prufificados, iluminados y aun aceptados por la Iglesia. El concilio ha elaborado una teología sobre la posición del cristiano, del misionero y del teólogo ante esos valores. Rercordemos algunas ideas. "Cuanto hay de bueno y verdadero entre ellos [los no cristianos], la Iglesia lo juzga como una preparación del Evangelio y otorgado por quien ilumina a todos los hombres para que al fin tengan la vida" (Lumen gentium n16)".

Como se ve, el Budismo queda relegado a la categoría de "alba", antes de que venga la "plena luz del dia". Debe ser, pienso yo, porque es 500 años más antiguo. Antes "el alba" duraba mucho más; eran otros tiempos.


Con esta perspectiva resulta un verdadero milagro que la iglesia tenga alguna clase de diálogo con los eufemísticamente llamados "sistemas religiosos no-cristianos" (Una definción que ya, en si misma, se las trae. La única identidad de los "otros" es no-ser-como-yo).

Carolus