jueves, 24 de abril de 2008

Chechenia

Date: Thu, 02 Oct 2003 01:55:31 +0200
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Claves para entender un drama

El conflicto entre rusos y chechenos se remonta al menos al siglo XIX y está jalonado de sangre y represión

http://www.elmundo.es/especiales/2002/10/internacional/moscu/claves.html

FRANCISCO HERRANZ

Casi 11 años después de la desintegración de la Unión Soviética, el
conflicto de Chechenia se ha convertido en la consecuencia más
sangrienta de la difícil transición rusa hacia la democracia. Estas
son algunas claves para comprender un contencioso con raíces políticas
e históricas que ha costado la vida a más de 100.000 personas, la
mayoría de ellos civiles.

¿Cuáles son las razones de tanto odio interétnico?


(REUTERS)
Los chechenos, uno de los pueblos más antiguos y aguerridos del norte
del Cáucaso, ya se enfrentaron al Imperio Ruso sobre todo durante el
siglo XIX. Entre 1855 y 1859, de la mano de Shamil -un imam que
unificó a todas las etnias musulmanas de la región-, incluso llegaron
a ser independientes. De aquella época proviene la fundación de la
capital, Grozni ('terrible' en ruso), un bastión de los cosacos. En
febrero de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, ocurre otro episodio
que exacerbará durante lustros el odio de los chechenos hacia los
rusos. Stalin les acusa de colaborar con Hitler y ordena su
deportación masiva. Decenas de miles de hombres, mujeres y niños son
trasladados a la fuerza a Asia Central y a Siberia. El 50% de ellos
muere de tifus por el camino. Sólo en 1957, con Jruschov, son
amnistiados y pueden regresar a su hogar.

¿Cómo y cuándo empezó la primera guerra chechena?

Cuando la URSS daba sus últimos estertores, Dzojar Dudaev, un general
soviético destinado en Estonia, es elegido presidente de la república
chechena. Poco después, proclama la independencia. Moscú no reacciona
e incluso se olvida del armamento soviético (tanques, piezas de
artillería) que allí había estacionado. Chechenia se transforma en la
base de numerosos clanes mafiosos que actúan en la nueva Rusia. La
gestión de Dudaev es un fracaso: no se pagan las pensiones y la
productividad es nula. En diciembre de 1994, los halcones del Kremlin
aconsejan a Boris Yeltsin que ataque para estabilizar la región,
frenar las tendencias separatistas en la Federación y garantizar la
variante rusa de los oleoductos que cruzan por el Cáucaso.

La ofensiva acorazada se produce por tres frentes, pero choca con una
fiera resistencia. Grozni padece un bombardeo intensivo que lamina su
centro histórico. Los chechenos se repliegan hacia las montañas y
lanzan una eficaz guerra de guerrillas, acompañada de espectaculares
acciones terroristas (las tomas de rehenes de Budionnovsk y de
Kizliar). El desgaste ruso es imparable. Aparece en escena Alexander
Lébed, un respetado militar que consigue sentarse a negociar con el
nuevo presidente checheno, Aslán Masjadov. Ambos firman la paz en
agosto de 1996. Son los llamados Acuerdos de Jasaviurt que establecen
la retirada de los tanques del ex Ejército Rojo y una moratoria de
cinco años sobre el estatuto político de Chechenia. El plan supone, de
facto, la autonomía total.

¿Por qué fracasó el armisticio?

Masjadov comete el mismo error que Dudaev: no frenar las disensiones
internas. En 1999 el país es libre pero está al borde de la guerra
civil. Los secuestros, el tráfico de armas y el robo de petróleo son
moneda corriente. Los grupos más radicales, capitaneados por el
comandante Shamil Basaev, toman el control. En septiembre, Rusia se
despierta con tres atentados que dejan 230 muertos en una semana de
horror. Vladimir Putin desata una amplia «operación antiterrorista»
que aún no ha concluido. Comenzaba la segunda guerra chechena.

¿Qué papel han jugado los integristas islámicos en la guerra?

Decisivo. Basaev es un wahabí confeso -como Osama bin Laden- y ha
combatido como muyahid en varios frentes bélicos, incluido el afgano
contra los soviéticos. No es extraño pues que este señor de la guerra
haya estado en algún campo de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán
a partir de 1996.

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Subject: Rusia-Chechenia,La guerra secular de Rusia
Date: Thu, 02 Oct 2003 01:56:18 +0200
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La guerra secular de Rusia
http://www.elmundo.es/especiales/2002/10/internacional/moscu/guerra.html

FELIPE SAHAGÚN


(EPA)
El presidente ruso, Vladimir Putin, vio en el 11 de Septiembre una
ocasión de oro para acabar con el cáncer separatista más indomable que
sufre su país desde el siglo XVIII.

Confundiendo deliberadamente la guerra secular de Rusia con los
chechenos y la guerra global de EEUU contra Al Qaeda y los talibán, se
convirtió en el primer aliado de Bush. Compartió información secreta
con la CIA y el FBI, abrió corredores aéreos a suministros
humanitarios y facilitó la instalación del Ejército estadounidense en
antiguas bases militares soviéticas en Asia Central.

Dio 72 horas a los rebeldes chechenos para desarmarse y amenazó con
«acciones sin precedentes» si no lo hacían. A su entender, se habían
acabado las presiones occidentales y los dobles raseros. Por las
buenas o por las malas, el terrorismo del Cáucaso, que identificó con
el de Al Qaeda, se acabaría.

El presidente rebelde checheno, Aslán Masjadov, contestó a varias
llamadas de Putin y encargó a su viceprimer ministro que hablase con
el representante del Kremlin Vladimir Kazantsev. Muy pronto comprobó
que los dirigentes civiles siguen sin controlar a los militares y
carecen de autoridad para negociar una paz justa.

Quien manda en Chechenia es el general Moltenskoi y su nueva táctica
de operaciones de limpieza, robos indiscriminados, asesinatos,
secuestros y tierra quemada parece una copia literal de lo que el
periodista británico Bechhofer describe en su libro de viajes a la
región, In Denikin's Russia and the Caucasus, 1919-1920, hace 85 años.

El asalto-secuestro del miércoles al teatro de Moscú es la mejor
prueba del fracaso de las tácticas de Moltenskoi y de la estrategia de
Putin tras el 11-S.

Con la esperanza de ganarse el apoyo occidental a su guerra en
Chechenia, Putin no sólo ayudó a preparar la guerra de Afganistán.
Aceptó la anulación del tratado antimisiles del 72 (ABM), cerró las
últimas bases rusas en Cuba y Vietnam, firmó con Bush en mayo el
tratado más desigual para los rusos sobre reducción de armas nucleares
y aceptó el despliegue de unos 150 asesores militares estadounidenses
en Georgia.

Liquidado el régimen talibán, EEUU dejó de necesitar a los rusos. Su
participación en la lucha contra el entramado financiero de Al Qaeda
es insignificante y su aportación financiera a la reconstrucción de
Afganistán, prácticamente nula.

La victoria de la Alianza del Norte fue, no obstante, una victoria de
Rusia, que, tras el asesinato de Masud, corría el peligro de perder
años de inversiones en sus aliados afganos. Como lo fue también el
apoyo internacional contra los movimientos islamistas radicales de
Tayikistán y Uzbekistán, aunque hasta el pasado 25 de septiembre el
Departamento de Estado no incluyó al Movimiento Islámico de Uzbekistán
en su lista de (34 ya) organizaciones terroristas.

Putin esperaba mucho más: la aceleración del ingreso de Rusia en la
UE, la OTAN y la OMC, condonación de una parte importante de su deuda
exterior de 140.000 millones de dólares, un aumento de las inversiones
directas de Occidente, luz verde para sus negocios nucleares en Irán y
energéticos en Irak, y el reconocimiento, por fin, como economía de
libre mercado.

Salvo este último reconocimiento y el nuevo consejo Rusia-OTAN
establecido en mayo para cooperar, sobre todo, en la lucha contra el
terrorismo, Occidente no ha respondido a ninguna de las peticiones
rusas. Es verdad que durante cuatro o cinco meses los dirigentes de
las principales democracias dejaron de criticar la destrucción de
Chechenia, pero el tiempo de impunidad, esperemos que no sólo
retórica, terminó con el invierno.

El subsecretario de Estado para Europa, Steven Pifer, exigía en mayo a
Putin que negocie con Masjadov, negaba la existencia de «lazos
importantes» entre los chechenos y Al Qaeda, y, aunque reconocía los
excesos de los chechenos, apoyaba a Georgia contra Moscú y criticaba
duramente las violaciones de derechos humanos por Rusia en su segunda
guerra en Chechenia.

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