miércoles, 16 de abril de 2008

Diccionario de español

Declaraciones de Manuel Seco
From: Angel Romera Valero
Dec 26 1999
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Extracto una entrevista de 'El Cultural', suplemento de cultura de 'El Mundo' que contiene en su último número unas interesantes palabras de Manuel Seco con motivo de haber sido elegido su 'Diccionario de español actual' el mejor libro del año. Ya se han vendido en dos meses 40.000 ejemplares.

"En 1969 estaba convencido de que era una necesidad renovar la lexicografía española e introducir una metodología nueva para que no se quedase enredada en una tradición demasiado conservadora. Esa tradición era una fidelidad demasiado estrecha con el 'Diccionario' de la Academia, que es en conjunto un buen diccionario, a pesar de que más de una vez he señalado algunos defectos y más de una vez no se me ha hecho caso. Ahora, en cambio, se me está haciendo mucho. El de la Academia es bueno para la literatura, especialmente para la lectura de los clásicos, pero su captación de la lengua contemporánea, en la época en que yo concebí mi diccionario, era desigual, sencillamente porque el procedimiento de recogida de materiales no era riguroso. También recogía muchos términos de épocas pasadas sin advertir que lo eran. Esto pude comprobarlo comparando algunas páginas del Diccionario de la Academia con las correspondientes del Diccionario histórico que la misma Academia estaba publicando. El resultado es que salía un porcentaje relativamente alto de palabras que la Academia no marcaba como anticuadas y que de hecho el Diccionario histórico demostraba que hacía siglos que habían dejado de usarse, y por otra parte algunas palabras de la que la Academia daba como anticuadas o poco usadas el Histórico demostraba que estaban en uso vivo en nuestro tiempo. Esa realidad me impulsó a crear un nuevo diccionario sobre nuevas bases.

La base fue la necesidad de que el Diccionario estuviese construido sobre una documentación del uso real. Como, por otra parte, la documentación del uso real era demasiado complicada si queríamos extenderla a todas las épocas del idioma, pues ese era el cometido del Diccionario histórico, yo pensaba que lo más urgente era aplicar ese método a la época contemporánea [...]

-¿Cuáles fueron las principales dificultades del proyecto?

-"La principal es que hacer una obra como esta exigía tiempo y dinero. El tiempo, optimistamente, lo cifraba en seis o siete años, y el dinero no era cuestión de cifrarlo sino de tenerlo. Me puse en contacto con mi editor, Aguilar, que ya me había publicado la 'Gramática' y mi 'Diccionario de dudas' y le pareció de perlas el proyecto. Con el equipo formado teníamos la limitación de que los tres debíamos trabajar en otra cosa porque teníamos que vivir. Sólo disponíamos de media jornada para dedicarla al 'Diccionario' y esto ocurrió a lo largo de todo el tiempo en que se mantuvo la redacción. Cuando pasó el plazo previsto comprobamos que faltaba una parte sustancial. Así, hasta los años 90, en que dimos por terminada la redacción. La editorial Aguilar había sido comprada por Santillana, pero afortunadamente encontramos una comprensión muy grande de la calidad del libro que proponíamos y nos proporcionaron la ayuda que era necesaria para concluir y tener listo para la imprenta el libro. Nos proporcionaron un equipo de tres colaboradores que se encargarían de pasar a soporte informático todo el 'Diccionario' que nos habíamos visto obligados a hacer en papel. A pesar de que la obra estaba terminada a comienzos del 94, sólo la tarea de pasar a disco informático todo el texto y maquetarlo, de manera que pasase el disco directamente a la imprenta llevó cinco años y medio. La encuadernación también llevó más tiempo del que pensábamos. Al fin vio la luz en octubre y dos días después de la presentación ya no quedaban ejemplares. Hubo que hacer una segunda tirada, surgieron dificultades materiales para que esa segunda tirada apareciese en las librerías , y fue a finales de noviembre cuando reapareció el libro después de un eclipse de varias semanas".

-¿Por qué cree usted que tienen tanto éxito obras como la suya o como 'El dardo en la palabra' de Fernando Lázaro Carreter?

-"La gente percibe la necesidad de dominar su propia expresión y tiene conciencia de que no todo es fácil a la hora de expresarse, sobre todo a la hora de hacerlo por escrito. Las dudas a la hora de escribir son enormes, sobre todo en los que tienen una cierta cultura. Los que tienen poca cultura, o no se atreven a escribir o escriben de la única manera que saben, pero un profesional, un abogado, un notario, un escritor, todos se plantean la necesidad de mejorar su escritura. El que la gente muestre un interés creciente por este tipo de publicaciones se debe a una deficiencia en la enseñanza que no es culpa de los profesores, sino del disparatado sistema errático de enseñanza que estamos padeciendo desde el año 70. Una de las cosas que más ha sufrido ha sido la disciplina en los centros. El hecho de que la autoridad intelectual y humana del profesor se haya puesto en entredicho y en este momento esté sometida al criterio de los padres de alumnos, que en muchísimos casos no tienen preparación para juzgar a un profesor, los desmoraliza y redunda en la calidad de la enseñanza. Y el hecho de que a un maestro le pongan muy difícil suspender a quien lo merece es de las cosas que más daño hace a los buenos resultados de un curso. Compadezco sinceramente a los profesores actuales de bachillerato que en una gran mayoría están sufriendo por su trabajo".

[...]

-¿Cuáles han sido los criterios?

-"Nuestro trabajo partía de un principio fundamental, y es que tenía que basarse en la realidad del uso, y no en lo que transmitían otros diccionarios. Lo primero era, una vez ordenado alfabéticamente todo el léxico, desplegar sobre la mesa todo el material recogido sobre la palabra y tratar de clasificarlo con arreglo a los sentidos que se descubrían en esos textos. Si el resultado en un determinado sentido no tenía más que un texto representante, lo dejábamos aparte. Lo que hemos registrado no es el fruto de una documentación única sobre un determinado sentido, sino que estaba en más de un testimonio. Y cuando esa documentación era escasa, le hemos puesto la etiqueta de "rara", pero al menos da señales de vida".

-¿Y la distribución de acepciones?

-"La hemos hecho atendiendo ante todo a lo que, por la frecuencia de los datos obtenidos, resultaba que era más vivo y atendiendo también a si pertenecía a la lengua general o a otros niveles de lengua. Ese ha sido uno de los quebraderos de cabeza más grandes, porque es difícil determinar cuál es el nivel apropiado de determinados usos. La lengua es tan vivaz, tan móvil, tan corretona que, en muchos casos, es imposible decir de una palabra si es de nivel popular, coloquial, juvenil, jergal. Hay muchas palabras en que todo eso es posible, y se trata de determinar en cuál de todas esas casillas es más oportuno decirlo. Hemos prestado una gran atención al nivel coloquial, pero no hemos abandonado de ningún modo el jergal, porque sabemos que es una de las fuentes que nutre la lengua juvenil y la lengua coloquial. Y la lengua coloquial acaba nutriendo la lengua culta. En fin, es una verdadera telaraña la de los sentidos de las palabras. Es muy entretenido, y muy trabajoso" [...]