jueves, 24 de abril de 2008

El final de la vida, como etapa

El buen observador puede resistirlo practicamente todo. La mejor manera de jugar bien los finales es prestar mucha atención (Lasker)

Si una pregunta se repite demasiado tiempo, es señal que no hay respuesta única. Por lo tanto es mejor concentrarse en el "como" que seguir indagando sobre el "qué".

Así sucede con la vejez. Cuando se menciona el tema suele pontificarse sobre lo que una persona mayor debe hacer o pensar o sentir, casi siempre desde la perspectiva de una persona joven que por lo tanto no sabe de que habla porque está en la misma situación que un ciego de nacimiento que escriba un estudio sobre los colores.

¿Cómo puede establecerse reglas desde la ignorancia existencial? Sin embargo así sucede. Nadie toma en serio cuando un niño describe lo que hará cuando "sea grande", o como deben vivir los adultos según él lo vé. Sin embargo el proceso se repite años más tarde y la inmadurez de la reflexión queda encubierta. Pareciera que la adultez es una época desde la que se puede juzgar todo lo humano (en su perspectiva existencial o histórica) y los criterios que se establecen en años anteriores o posteriores son, en última instancia, cojos o minusválidos. Pero ¿es una perspectiva madura?

Sin embargo algo hay de interesante en lo que una época opina de otra. No tanto por lo que dice, sino por lo que calla. No por lo que establece sino por lo que ignora.

Si un niño habla sobre lo deben hacer los adultos, está revelando sus valores y deseos. Luego, cuando adulto, se reirá de sus fabulaciones; advertirá que ya no le interesa dedicar una parte cuantiosa de su renta personal a helados y que los juguetes han dejado de interesarle (o quizá debería precisarse que ha cambiado radicalmente su visión de lo que es un "juguete"). De la misma manera lo que un adulto establezca sobre "su vejez" será, probablemente, agua de borrajas, o un castillo en la arena que se desmenuza con las primeras olas que lo lamen.

No siempre sucede así, de la misma manera que hay adultos que cumplen rigurosamente lo que se han propuesto de niños (y que por lo tanto son vistos con extrañeza por sus contemporáneos, ya que suelen tener conductas muy poco comúnes); pero la mayoría al cambiar de época y circunstancias tambien adoptan nuevos pensamientos, valores y objetivos.

Para una persona que entra en la vejez (empiece ésta cuando se quiera), el problema pasa de ser teórico a práctico. En cierta forma siente que su experiencia vital puede servirle de apoyo en la nueva época; pero simultáneamente comprende que lo que resulta útil no es una información detallada de lo que vendrá sino el "poso", el esqueleto o la esencia de lo que hasta el momento ha llegado a comprender de la vida. Pocos son los que llegan a hacerse una reflexión de esta clase; se me ocurre que no es tanto por falta de necesidad, sino por incomprensión sobre las etapas de la vida y la falta de claridad sobre aquella en la que uno se encuentra.

Carlos