martes, 22 de abril de 2008

Budismo según Ramiro Calle

Feb 04 12:41:35 1999
From: "Luis O. G."

Buda, su genuina enseñanza.
Ramiro Calle.
Más allá de la Ciencia,
Número 119, enero de 1999.
Páginas 72 a 75.

En los últimos años, debido a ese fenómeno que se ha venido en denominar "budomania" -con bastante falta de imaginación, por cierto-y que se ha extendido por muchos países de Occidente, estimulado principalmente por algunas producciones cinematográficas y las ntrevistas a célebres personajes que se declaran budistas, más que informar se ha desinformado mucho sobre la genuina enseñanza de Buda. Y eso ha llegado a tal extremo que hoy son infinidad las personas que han escuchado hablar de él y su doctrina, pero muy pocas las que conocen realmente sus genuinas enseñanzas.

Para complicar el panorama, deber tenerse en cuenta que dentro del budismo hay muchas escuelas, desde el theravada al zen, pasando por el amidismo o el budismo tibetano. Sin embargo, la enseñanza directa y genuina de Buda es aquella que no ha sido tintada de concepciones metafísicas o esotéricas de otros cultos; es decir, la dotrina que realmente mostró Buda antes de que el budismo tuviera que hacer todo tipo de concesiones al penetrar en países como Nepal, Tíbet o China, viéndose obligado, para poder subsistir, a incorporar ritos, enseñanzas y concepciones provenientes de los cultos autóctonos de esos países.


Una doctrina exenta de rituales.

Muy al contrario, la enseñanza genuina de Buda es eminéntemente pragmática y aséptica, una eficiente y sutil psicología de la realización, y no un culto religioso. Está exenta de rituales, ceremonias y liturgias hasta tal punto que el mismo Buda recomendó a sus discípulos la liberación del apego a los ritos: "Esperadlo todo en vosotros mismos", "Vosotros sois vuestro propio refugio, ¿qué otro refugio podría haber?" Aunque no rechazaba las creencias en diferentes reinos de seres, no mostró interés en instrumentalizarlos o conectar mentalmente con ellos; de hecho evitaba opinar sobre temas como la reencarnación, la sobrevivencia o no de los que habían experimentado el Nirvana o el renacimiento. Respetaba todos los puntos de vista espirituales, pero en sus enseñanzas no tenían la menor cabida la adoración o el ritual.

En general Buda sabía mucho más de lo que expresaba, ya que enseñaba aquello realmente útil, evitando perderse en falaces e innecesarias divagaciones o especulaciones filosóficas o metafísicas. En este sentido dijo:

"El sufrimiento, eso he manifestado. El origen del sufrimiento, eso he manifestado. La cesación del sufrimiento, eso he manifestado. El sendero que conduce a la cesación del sufrimiento, eso he manifestado. ¿Y por qué he revelado estas verdades? Porque, ciertamente, son útiles, esenciales para la vida pura, conducen al desarraigo, el desapasionamiento, cesación, tranquilidad, comprensión total, iluminación, Nirvana".


El "medico de la mente".

Como excepcional médico de la mente, buda diagnosticaba la enfermedad de ésta, su causa, y procura los "medicamentos" necesarios para que la dolencia remita y la mente pueda acceder a un estado -el Nirvana- de profundo sosiego en el que se ponga término a la ofuscación, la avidez y el odio.

Lo más urgente es disipar la ofucación de la mente y erradicar de ella el apego y el odio. de este modo, la mente, acostumbrada a generar desdicha, producirá dicha propia y ajena. La dotrina de Buda enseña las actitudes, métodos y ejercitamientos que nos permiten moficar los modelos mentales erróneos y adentrarnos en el camino de la ecuanimidad y la lucidez.

La ofuscación del ser humano no le permite apreciar la transitoriedad de todos los fenómenos, por lo que neciamente se apega o aferra a las cosas materiales. Esta actitud, según Buda, no sólo es fuente de desdicha para uno mismo y para los demás, sino que genera su opuesto: el odio o malevolencia. Pero cuando la mente se va esclareciendo y se desencadena el "vipassana" -la visión cabal y liberadora- el hombre percibe la impermanencia real de todo fenoménico. Es entonces cuando se genera una conmoción interior que da como resultado el desapego y la generosidad.

Para que el esclarecimiento de la mente y el desencadenamiento de la visión liberadora -la que percibe intuitivamente que todos los fenómenos están sujetos al sufrimiento, la impermanencia y la insustancialidad o ausencia de entidad- sean posibles, Buda iniste en la necesidad de ejercitarse en la Triple Disciplina: Virtud, Meditación y Desarrollo de la Sabiduría. De este modo se van erradicando los gérmenes de las "Tres raíces de lo Insano": la ofuscación, la avidez y la averdisón, que son los gneradores de todo sufrimiento propio y ajeno.

Para poder obtener resultados es necesario un trabajo impecable y sin concesiones sobre uno mismo. No olvidemos que estamos hablando de un profundo cambio de la mente, no de minúsculas y limitadas modificaciones. Y como la mente está cargada de oscurecimientos y trabas (opiniones, venenos emocionales de todo tipo, estados mentales nocivos y demás), se requiere un persistente aprendizaje, con el subsiguiente desaprendizaje, para erradicar gradualmente sus condicionamientos (shankaras) y que pueda florecer pura y lúcida.

Respeto a estos condicionamientos Buda dijo que podían ser de dos clases: los evolutivos -comunes a toda la especie- y los personales, atrincherados en la propia psique. Los condicionamientos son productores de la ofuscación, avidez y aversión que mantienen a la mente encadenada, generando toda la masa de sufrimiento propio y ajeno, y no pueden erradicarse con una mera actitud ética -aún siendo ésta muy importante- ni con adoraciones, cultos, atajos o ceremonias. la única forma de superarlos es conseguir que la mente que oscurece, esclarezca. Si la mente no se "drena" desde su más profundo fondo, no será capaz de percibir los fenómenos tal y como son y traspasarlos.

Para lograrlo Buda propone explorar los fenómenos que se producen en uno mismo y descubrir que todo aquello que afecta nuestro cuerpo (sensaciones, percepciones pensamientos, conciencia) está sometido al sufrimiento, la impermanencia y la insustancialidad o ausencia de ego o entidad. pero no basta con que lo comprendamos intelectualmente, ya que este tipo de saber no es transformador; por el contrario, sólo la percepción directa de este hecho es realmente transformadora.

¿Cómo hacerlo? Esta práctica, nos dice Buda, consiste en un impecable "mirar inafectado" mediante la atención vigilante y la ecuanimidad o firmeza de la mente. De este modo, al no haber reacción, van emergiendo todos los condicionamientos y sen van resolviendo, pues agotan impulso. Cada condicionamiento que se supera es como un velo que se va corriendo. De este modo, la persona, sirviéndose de su corporeidad-mente, es capaz de descubrir la naturaleza última de todos los fenómenos, ya que lo que está dentro está fuera, tal y como indica el propio Buda: "En este cuerpo-mente está el mundo".


Meditación: La liberación de la mente.

Buda no se pierde en conceptos. Siempre va directo a lo que más urge: liberar la mente del sufrimiento. En este sentido asegura: "se como sacar la espina y bien os lo he esplicado yo. Ahora bregad vosotros".

Mediante la práctica de la metitación -apuntalada por la virtud y el desarrollo de la Sabiduría-, el practicante va superando la "Raices de lo Insano" (ofuscación, avidez, aversión) y desplegando las "Raíces de lo Provechoso" (claridad, compasión, generosidad). la meditación es el mecanismo que pone en marcha los factores de la Iluminación: energía, atención, sosiego y visión liberadora.

Es entonces cuando el practicante comienza a apreciar intuitivamente que todos los fenómenos que surgen y se desvanecen en su "propio" cuerpo son impersonales y que la noción del "yo" es una ilusión que ha generado una innoble masa de sufrimiento al ser humano. Toda confusión y toda ilusión se desvanecen y con ellas también nociones de "tú" y "yo". Afirmaciones del carácter de "lo que fuimos en el pasado", "lo que seremos en el futuro" o "lo que somos o no somos" en el presente dejan de tener significado. La mente divina se desvincula y se libera.

Cuando el deseo se desvanece -y con él la ofuscación, la avidez, el odio y demás trabas- dejamos de hacernos daños a nosotros mismos y a los demás. Ese es el Nirvana, que sólo puede lograrse mediante el propio esfuerzo y no por auxiliares externos. "Tú eres tu propia lámpara a encender" decía Buda siempre apelando a la inteligencia del ser humano y a su capacidad para el esfuerzo. En este camino no hay intermediarios, ni sucedaneos, ni atajos, ni prácticas esótericas coadyudantes. Sólo está uno ante sí mismo en el intento por librarse de la ilusión a la que nos someten los agragados del apego (cuerpo-mente): "La definitiva liberación de la mente, ésta y sólo ésta es la finalidad de la vida de pureza, ésta su esencia, ésta su consumación". Ni siquiera el lenguaje puede explicar ese estado de liberación mental. Pero algo es cierto: nadie puede procurárnoslo, excepto nosotros mismo. Ahí reside el mayor reto.


Las Cuatro Nobles Verdades.

1.- La Verdad de que hay sufrimiento. 2.- La Verdad de que el sufrimiento tiene una causa: el apego, debido a la ofucación o la ignorancia. 3.- La Verdad de que es posible liberarse del sufrimiento. 4.- La Verdad de que hay un sendero para la liberación del sufrimiento.


La Triple Disciplina o Triple Entendimiento.

1.- Virtud. palabras correctas, acciones correctas y medios de vida correctos. 2.- Cultivo de la Mente. Esfuerzo correcto (mediante el cual se eliminan las raíces de lo insano y se suscitan las de lo sano), atención correcta y concentración correcta. 3.- Sabiduría. Entendimiento correcto y pensamiento correcto.


Las Tres Características de Todo lo Existente.


1.- Sufrimiento. 2.- Transitoriedad o impermanencia. 3.- insustancialidad o impersonalidad (ausencia de ego o entidad fija).


Nirvana.

Es el estado de liberación absoluta de la mente, indescriptible con palabras, pero que representa la cesación del sufrimiento que deviene por ofuscación, el apego y el odio, puesto que les pone fin definitivo.

1 comentario:

Víctor Crespo Camino dijo...
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