sábado, 19 de abril de 2008

Bunge y la Argentina de fines del XX

17 Dec 1999 22:03:56 -0300

Retratos de fin de siglo

Mario Bunge*

Montreal, Canadá

La sociedad argentina de fines del siglo XIX era progresista. La de fines del siglo XX es conservadora o peor. Hace un siglo los argentinos acogían novedades con entusiasmo. Hoy las temen. Hace un siglo los observadores europeos y norteamericanos apostaban a que la Argentina estaba en vías de convertirse en una nación avanzada. Hoy saben que solo es la avanzada del subdesarrollo. Hace un siglo la Argentina figuraba en los mapas económicos y culturales, mientras que Canadá y Australia estaban ausentes de ellos. Ahora es al revés.

Pasemos revista a algunos indicadores objetivos de decadencia. Hace un siglo el país se estaba industrializando; hoy se esta desindustrializando.

Hace un siglo no había desocupación; hoy es pavorosa. Hace un siglo disminuía el analfabetismo; hoy aumenta. Hace un siglo el Estado era civil y secular; desde 1930 las fuerzas armadas y la Iglesia se han venido metiendo en política.

Hace un siglo el movimiento obrero era independiente y se fortalecía; hoy es prisionero de un partido político y esta anémico. Hace un siglo, incluso conservadores fraudulentos trabajaban por el avance económico, cultural y sanitario; hoy, incluso políticos electos democráticamente, han adoptado la ideología llamada neoliberal, que de hecho es retrograda.

Hace un siglo el Partido Socialista ganaba popularidad; hoy es una sombra. Hace un siglo la intelectualidad admiraba la biología evolucionista; hace poco un ministro de Instrucción publica intento eliminarla de los programas de enseñanza secundaria.

Hace un siglo había un laboratorio de psicología experimental, y José Ingenieros escribía uno de los primeros libros sobre psicología fisiológica; hoy campea el psicoanálisis. Hace un siglo se veneraba a Sarmiento; hoy suelen recordarse solamente sus errores. Hace un siglo se fundo la primera universidad moderna de América latina: la de La Plata; hoy languidece por falta de fondos para la investigación. Hace un siglo la filosofía dominante era cientificista; hoy es acientífica cuando no anticientífica.

Hace un siglo la Argentina era el país mas avanzado de América latina; hoy ha sido superado en algunos aspectos por Brasil y México. Hace un siglo los argentinos, viejos y nuevos, eran optimistas; los de hoy suelen ser pesimistas. Hace un siglo millones de europeos querían emigrar a la Argentina; hoy, millones de argentinos quisieran emigrar porque no le ven futuro al país.

Tiene futuro el país? Nadie puede saberlo. Lo que si puede averiguarse es si el país tiene los recursos naturales y humanos necesarios para labrarse hoy un mañana mejor. Me parece obvio que los tiene. No necesita importar materias primas. Su producto bruto interno sigue siendo el mayor de Latinoamérica (casi $ 9.000/capita). Aunque es típicamente tercermundista en lo que respecta a desigualdad social, esta es menor que en los demás países latinoamericanos, excepto Costa Rica y Cuba. Sus fuerzas armadas ya no amenazan la estabilidad constitucional. Y, pese a los esfuerzos de los gobiernos militares y peronistas, el nivel cultural del país sigue siendo superior al de los demás países latinoamericanos.

Pero el país esta parado o peor. Su industria es obsoleta. Sus productos manufacturados de exportación son poquísimos y no están sujetos a control de calidad. La deuda externa sigue pendiente. El Mercosur, que tanto prometía, esta seriamente comprometido. La trama social del país ha sido desgarrada por las políticas económicas llamadas neoliberales. La actividad científica es menos intensa que la mexicana, y casi no hay investigación tecnológica.

El país esta parado porque no produce ideas nuevas: se ha convertido en una colonia cultural. Prefiere importar ideas en todos los campos, en particular el de la estrategia económica social. Y en esta era del conocimiento no hay progreso económico ni social si no hay progreso cultural, en particular científico y técnico.

Un pueblo que no innova se estanca o decae. El Estado puede, ya estimular, ya inhibir la creatividad y la innovación. El que haga lo uno o lo otro depende de la ciudadanía y, en particular, de que la intelectualidad rehabilite y ponga al día y practique la ideología de la ilustración. mañana, como ayer, la consigna debiera de ser: innovar o decaer.

* Físico y filósofo. Vive, desde hace 30 años, en Canadá. Autor de más de 30 libros, entre ellos Ética y ciencia.