martes, 15 de abril de 2008

Grau. Peones

Roberto Grau. Tratado General de ajedrez. Volumen III. Conformaciones de peones.

Pag.12-13

1. Los peones, base de los planes.

El jugador bisoño asigna al peón la mínima importancia técnica de la partida. Como son las piezas menos valiosas, la pérdida o el avance de uno de ellos no significa nada. Por otra parte, como habitualmente compite contra adversarios de su misma fuerza, sucede que no son explotados los errores técnicos de este tipo que realiza, y vive en el mejor de los mundos, convencido de que no juega mal y que comprende cabalmente el ajedrez. Atribuye habitualmente su imposibilidad de alternar con los grandes jugadores a la falta de tiempo para dedicarse al ajedrez o a la falta de paciencia. Como no comprende el juego, cae en el enorme error de creer que es cuestión de paciencia.

Su estrategia es simple, y por cierto productiva, frente a rivales que, como él, sólo saben mover las piezas y convierten el ajedrez, de una lucha armónica donde el raciocinio, el análisis y la síntesis juegan un papel decisivo, en un juego de azar más o menos evidente.

Quien sólo intenta dar jaques dobles o un mate de sorpresa, y en cada jugada que efectúa defiende una amenaza o ensaya un lance, no juega aún en realidad al ajedrez Si lo hace porque no le es posible practicarlo de otra manera y sólo como un estado preparatorio para la mayor comprensión del juego, nada puede reprochársele, pero si no aspira a nada más que a eso desconocerá siempre el verdadero interés del ajedrez, no lo comprenderá nunca y en realidad disminuye, sin proponérselo, su verdadera función. El ajedrez es un juego, en verdad, pero también una escuela de razonamiento. Si como juego merece ser difundido, se justifica mucho más ampliamente como pretexto para que el hombre joven se habitúe a razonar, a sacar conclusiones, a desconfiar del primer impulso, y, especialmente, a sintetizar su labor mental para crear el saldo de la misma: la respuesta justa. En esto, el ajedrez alecciona a la vez que entretiene.

Existe una enorme masa de personas a quienes se les han proporcionado todos los elementos para triunfar en una empresa, pero carecen del hábito y la capacidad de razonar lógicamente, por lo que no logran coordinar un plan. Lo mismo sucede en el ajedrez con una apreciable mayoría de jugadores, y esto es lo que puede evitarse a poco que se comprenda el juego en su verdadero alcance, y aun más, en su verdadera función social: como gimnasia mental.

Interesa mucho más que ganar una partida concebir y llevar adelante una idea estratégica, no hija de un detalle accidental de la lucha, sino de la estructura íntegra de la posición. ¿Pero cómo hallar la idea? ¿Qué es lo que permite atrapar el sutil hilo del plan? Este es en realidad el obstáculo, ya que los planes no siempre existen de manera definida. Pero quien se grabe en la mente que el plan nace en ajedrez desde el primer momento que se mueve un peón y que su conformación impone el ritmo de la lucha habrá ganado la batalla contra tan dificil interrogante.