miércoles, 2 de abril de 2008

Los cuadernos azul y marrón

Ludwig Wittgenstein.
"Los Cuadernos Azul Y Marron".
Traducción: Francisco Gracia Guillén (de la 2da. Edición
Inglesa).
Tecnos. Colec: Estructura y Función.
Madrid, 1993, 2da.Edición.
Prefacio de Rush Rhees.
230 pgs.

Edic.Inglesa:
Ludwig Wittgenstein.
"The Blue and Brown Books".
Blackwell, 1975
Hay edición anterior: "ed. Rush Rhees.Basil Blackwell.
Oxford. 1969."

Comentarios: Escrito en los años 1933-35

Nota a la 2da edición inglesa: "Hay unas cuantas alteraciones, tomadas de un texto del Cuaderno azul, propiedad del señor P. Sraffa. Con excepción de los cambios de las páginas 3 y 21, no introducen diferencia en el sentido, siendo en su mayor parte mejoras en la puntuación o la gramática. hemos rechazado los cambios que no suponían mejora alguna.

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(...) Somos incapaces de delimitar claramente los conceptos que utilizamos; y no porque no conozcamos su verdadera definición, sino porque no hay 'definición' verdadera para ellos. Suponer que tiene que haberla, sería como suponer que siempre que los niños juegan con una pelota juegan un juego según reglas estrictas. [p 4]


Las preguntas "¿qué es la longitud?", "¿qué es significado?", " ¿qué es el número uno?", etc. producen en nosotros un espasmo mental. Sentimos que no podemos señalar a nada para contestarlas y, sin embargo, tenemos que señalar a algo. (Nos hallamos frente a una de las grandes fuentes de confusión filosófica: un sustantivo nos hace buscar una cosa que le corresponda.) [p 27]


(...) si tuviésemos que designar algo que sea la vida del signo, tendríamos que decir que era su uso.

Si el significado del signo (toscamente, lo que importa del signo) es una imagen construída en nuestras mentes cuando vemos u oímos el signo (...) [p 31]


(...) Y ahora, pueto que las frases están en alguna parte, buscamos un lugar para el pensamiento. (Es como si buscásemos el lugar del rey que tratan las reglas del ajedrez, como opuesto a los lugares de los diferentes trozos de madera, los reyes de los diferentes juegos de piezas). [p 34]


Olvidamos fácilmente que la palabra "lugar" se usa en muchos sentidos diferentes. [35]

Si decimos que pensar es esencialmente operar con signos, la primera cuestión que puede plantearse es: "Qué son signos?" (...) lo que denominaré juegos de lenguaje. Son modos de utilizar signos, más sencillos que los modos en que usamos los signos de nuestro altamente complicado lenguaje ordinario. Juegos de lenguaje son las formas de lenguaje con que un niño comienza a hacer uso de las palabras. El estudio de los juegos de lenguaje es el estudio de las formas primitivas de lenguaje o de los lenguajes primitivos. [p 44]


(...) Quiero afirmar en este momento fque nuestra tarea no puede ser nunca reducir algo a algo, o explicar algo. En realidad la filosofía es 'puramente descriptiva'. (Piénsese en cuestionales tales como "?hay datos sensoriales?" y pregúntese: "?Qué método hay para determinarlo?" ?La introspección? [46]


(...) podemos describir estos casos diciendo que tenemos ciertas sensaciones que no se refieren a objetos. La expresión "que no se refieren a objetos" introduce una distinción gramatical. Si al caracterizar tales sensaciones usamos verbos como "temer", "antojarse", etcétera, estos verbos serán intransitivos; "tengo miedo" será análogo a "chillo". Podemos chillar por algo, pero aquello por lo que chillamos no es un constitutivo del proceso de chillar; es decir, podríamos describir todo lo que sucede cuando chillamos sin mencionar aquello por lo que chillamos. [p 50]


(...) podría resultar práctico llamar a un cierto estado de degeneración de una muela, que no vaya acompañado por lo que solemos llamar dolor de muelas, "dolor de muelas inconsciente", y utilizar en tal caso la expresión de que tenemos dolor de muelas, pero no lo sabemos. Es precisamente en este sentido en el que el psicoanálisis habla de pensamientos, actos de volición, etc, inconscientes. Ahora bien, ¿está mal decir, en este sentido, que tengo dolor de muelas pero no lo sé?

(...) De acuerdo con nuestra nueva convención, no está mal decir ¿tengo un dolor de muelas inconsciente?. Oyes ¿qué más puede pedirse a la notación que sirva para distinguir una muela mala, que no produce dolor, y una que lo produce? Pero la nueva expresión nos confunde evocando imágenes y analogías que nos hacen difícil el llevar adelante nuestra convención (...) Así la expresión ¿dolor de muelas inconsciente? puede o bien llevarnos a pensar erróneamente que se ha realizado un descubrimiento prodigioso, descubrimiento que en cierto sentido trastorna completamente nuestro entendimiento; o bien la expresión puede dejarnos extremadamente perplejos (la perplejidad de la filosofía) y tal vez hagamos una pregunta del tipo de "¿cómo es posible un dolor de muelas inconsciente?" [p 51]


(...) A la pregunta: "?Cómo sabe usted que sucede tal y tal cosa?", contestamos unas veces dando "criterios" y otras dando "síntomas".

(...) De hecho, si se nos pregunta que fenómeno es el criterio definidor y cuál es un síntoma, en la mayoría de los casos seríamos incapaces de contestar a esta pregunta, salvo que hagamos una arbitraria decisión ad hoc. [p 53]


(...) Somos incapaces de delimitar claramente los conceptos que utilizamos; y no porque no conozcamos su verdadera definición, sino porque no hay 'definición' verdadera para ellos. Suponer que tiene que haberla, sería como suponer que siempre que los niños juegan con una pelota juegan un juego según reglas estrictas. [p 54]


(...) El problema puede parecer simple, pero su extremada dificultad se debe a la fascinación que la analogía entre dos estructuras similares de nuestre lenguaje puede ejercer sobre nosotros. (Es útil recordar aquí que a veces resulta casi imposible para un niño creer que una palabra puede tener dos significados). [p 55]


(...) No puede establecerse un límite preciso en torno a los casos en los que diríamos que una persona fue inducida a error por una analogía. (...) es imposible mostrar un punto exacto en el que una analogía comience a equivocarnos.

La filosofía, tal como nosotros utilizamos la palabra, es una lucha contra la fascinación que ejercen sobre nosotros las formas de expresión.

Quiero que recuerden ustedes que las palabras tienen los significados que nosotros le hemos dado; y nosotros les damos significados mediante explicaciones. (...) En este sentido, pues, muchas palabras no tienen un significado estricto. Pero esto no es un defecto. Creer que lo es, sería como decir que la luz de la lámpara de mi mesa no es en modo alguno luz real porque no tiene un límite preciso.

Los filósofos hablan muy frecuentemente de investigar y analizar el significado de las palabras. Pero no olvidemos que una palabra no tiene un significado dado, por así decirlo, por un poder independiente de nosotros, de tal modo que pudiese haber una especie de investigación científica sobre lo que la palabra realmente significa. Una palabra tiene el significado que alguien le ha dado. [p 56]

(...) Pero el lenguaje ordinario está perfectamente. Cuando elaboramos "lenguajes ideales", no es par que reemplacen a nuestro lenguaje ordinario, sino precisamente para eliminar alguna dificultad causada en la mente de alguien al pensar que ha comprendido el uso exacto de una palabra común.

(...) No puede establecerse un límite preciso en torno a los casos en los que diríamos que una persona fue inducida a error por una analogía.

(...) es imposible mostrar un punto exacto en el que una analogía comience a equivocarnos.