viernes, 20 de junio de 2008

La Mafia china

REGISTRO : 13308
FECHA : 12-abr-1994
SECCION : MADRID
EDICION : A
COLUMNA : 1
PAGINA : 58
LEAD : CARMEN RIGALT: Un cuento chino


TITULO : CIUDAD ABIERTA

TEXTO : La mafia china es una cosa grande que cabe en un rollito primavera. Aquí hay muchos chinos de la mafia china, chinos que no llaman la atención como los marroquíes o los dominicanos porque son más deslavados y todos sonríen con la misma sonrisa de fotomatón, una sonrisa estética y aplanada que va de pasaporte en pasaporte y que al final terminará pasaportando a media China.

Porque el chiste tiene razón. Todos los chinos son iguales y reproducen al mismo chino. Ese es el principal motivo de que Madrid practique el racismo con todo el mundo menos con los chinos. Los chinos se simplifican entre sí, mientras que los demás se multiplican, hacen ostentación de diversidad y encima tienen una presencia ruidosa, más o menos como la nuestra. Los chinos no. A los chinos no se les ve venir, y cuando ya han venido, nadie los oye ni los entiende. Ellos no hacen bulto porque son pequeñitos y se superponen entre sí. Además resultan amables y en sus restaurantes te reciben doblando insistentemente la testuz y te despiden con un regalo para la familia, tipo abanico, que llegado el caso sirve de consuelo para aliviar los sofocos de un cerdo agridulce centenario.

Madrid está plagado de restaurantes chinos con dragones de cartón piedra y lamparitas que parecen sacadas de un puticlub. Mismamente cerca de mi casa hay uno (un restaurante, no un puticlub) donde suelo refugiarme los domingos y fiestas de guardar a la hora del almuerzo. Es un restaurante que más que un restaurante parece un escenario teatral, con mucha muralla china y mucho patito subiendo y bajando por las laderas del paisaje. A veces, cuando estoy un poco trastocada por el hambre (la afluencia de clientes es abundante, lo que me hace pensar que no soy la única que se niega a cocinar los domingos) dejo vagar la imaginación y entonces veo el belón de mi infancia, con pastorcitos, y corderos, y lavanderas junto al río.

En realidad es casi igual pero en chino. Por algunos desconchados del paisaje asoma la escayola, y dentro de la escayola un hueco insondable que a lo mejor comunica con un túnel y con otros restaurantes iguales, otras murallas, otros patitos, otros camareros clónicos y otros comensales que devoran ávidamente fuentes de arroz tres delicias. Así me imagino yo la cosa de la mafia china.

Mientras tanto, en las mesas contiguas hay señoras protestando porque su chacha dominicana no limpia debajo de las camas o porque los jardineros marroquíes son unos mantas y se pasan el día tumbados a la bartola. De los chinos, en cambio, nadie dice nada. En Madrid el racismo chino se curó con la Preysler. Además, un chino no hace China. La mafia que sacan en la tele, seguro, es puro cuento chino.

CARMEN RIGALT