viernes, 27 de junio de 2008

Como percibimos el entorno

Autor: Varios Autores
Título: Función Cerebral
Editorial/Colec.: Libros de Investigación y Ciencia
Lugar/Fecha/Pág.: Prensa Científica. Bcn. 1ra Reimp. 1995
Nota: ocr 1ª pág.
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PERCEPCIÓN DE UN ENTORNO ESTABLE
Hans Wallach
Julio de 1985


[Presentación] Percibimos estable nuestro entorno pese al movimiento relativo que le confiere nuestro propio movimiento. Ello es así porque el sistema perceptivo es capaz de compensar tales desplazamientos
El mundo gira en torno a un observador a medida que éste se desplaza por él. Cuando se aproxima a un objeto, éste crece dentro de su campo visual; a su paso, los objetos giran con respecto a su posición variable. Un giro o una inclinación de cabeza altera la orientación del entorno; los movimientos oculares cambian la imagen, del mundo que se proyecta en la retina. Sin embargo, no solemos ser conscientes de los movimientos ambientales precipitados por nuestra propia actividad. ?Qué mecanismos nos permiten ignorar los efectos de nuestro propio movimiento y percibir estable el medio que nos rodea? En 12 años de análisis sobre ese punto varios investigadores, entre los que me cuento, hemos descubierto elegantes y precisos procesos de compensación.


Un observador ve una escena fija cuando vuelve la cabeza, pero percibiría el entorno en movimiento si éste girara permaneciendo él quieto. Podría creerse que estas tendencias reflejan un bloqueo perceptivo, desencadenado por señales que indican movimiento corporal procedente de tendones, articulaciones y órganos vestibulares. También, que cualquier percepción de movimiento ambiental queda descartada en presencia de dicha información propiceptiva.


Resulta fácil rebatir esa hipótesis. Un sujeto que lleve gafas que inviertan la dirección en Ia que gira su entorno cuando vuelve la cabeza será plenamente consciente, al menos al principio, del movimiento de lo que le rodea. De modo similar, un sujeto que camine hacia delante mirando un gran espejo colocado frente a sus ojos percibirá que el reflejo del entorno que deja tras de sí disminuye o retrocede. Esos desplazamientos son iguales en magnitud, aunque opuestos en dirección, a los que normalmente se producen frente a un observador que camina hacia delante; mientras que los desplazamientos normales pasan desapercibidos, el sujeto se da cuenta cabal de los movimientos anormales de la escena que contempla en el espejo.

Un ejemplo inverso pone igualmente de relieve que las entradas propioceptivas que indican movimiento del cuerpo no se limitan a bloquear la percepción del movimiento ambiental. En un efecto familiar para los visitantes de museos, la escena de un cuadro parece, a veces, rotar a medida que el espectador va dejándolo atrás; y así, independientemente de la posición real de este último con respecto al cuadro, parece mantener la misma relación frente a la escena representada; de modo similar, la cabeza del personaje de un cuadro puede parecer que gira hacia el espectador a medida que éste pasa por delante. Si la escena representada lo estuvie- (...)