miércoles, 18 de junio de 2008

Ciencia, economía y poker

Los grandes temas de la ciencia y las partidas de poquer
J.A.MARTIN PEREDA
Cinco Dias (20-ABRIL-1993)

El tema de la "gran ciencia", de la ciencia de las grandes instalaciones y las grandes máquinas, de las decenas de investigadores trabajando alrededor de un único equipo y publicando, conjuntamente, un único artículo, se asemeja al Guadiana. Periódicamente aparece y desaparece, provoca conatos de polémica y se olvida, se le defiende con vehemencia y se le ataca con saña.

Nuestro país ha estado bastante ajeno a estas actividades durante casi toda su historia. Tan solo nos hemos acercado a ellas en contadas ocasiones. Dentro de lo que todos recordamos, unas veces ha salido bien y otras no tan bien. Como en casi la mayor parte de las cosas, todo depende de quien de su opinión.

En los últimos años la idea de tomar posición en otro entorno, dentro también de esa denominada "gran ciencia", ha vuelto a surgir. Esta vez de la mano de la física de altas energías.

Hace casi un lustro se empezó a considerar en algunos medios la posibilidad de instalar en nuestro país una gran m quina que fuera capaz de contribuir al conocimiento de algunos de los secretos del núcleo. Se la conocía como la "fábrica de Taus". Un cierto número de investigadores españoles la defendía como la mejor opción posible para la ciencia española. De todos son conocidos los últimos avatares que está sufriendo el tema y las ya serias dudas de que algo similar venga a España.

En distintos medios se han comentado, con mayor o menor acierto, las ventajas y los inconvenientes de la instalación de una máquina así en nuestro país. No sé cuanto más durará el tema. Ni si llegar a ser realidad. Los especialistas del tema deben ser quienes lo discutan, y los responsables políticos los que decidan. El resto debe limitarse a callar y ver que sucede. Pero de lo que no debemos callarnos es de expresar lo que creemos que tienen que ser los caminos por los que ha de transitar la ciencia y la tecnología en nuestro país.

El tema de las grandes instalaciones, y casi en general el de los grandes temas de investigación, se me asemeja mucho a lo que puede ser una partida de póquer, o de cualquier otro juego, en el que la psicología de los jugadores cuenta tanto como las cartas que se reciban. Además de tener una buena jugada, es preciso saber cómo actuar. Porque el principal problema se presenta cuando, además de no tener muy buenas cartas, tampoco se sabe intuir cuál es el momento más oportuno para arriesgarse. A veces los jugadores se sitúan en posiciones conservadoras y van siguiendo los movimientos de los que les preceden, creyendo que de esa manera arriesgan menos.

Hay ocasiones en las que, después de haber formalizado la apuesta, el jugador se retira en el momento más inoportuno, cuando su contrincante estaba ya a punto de retirarse. O se mantiene hasta el final, habiendo puesto todo su patrimonio sobre la mesa, descubriéndose entonces que sus cartas eran las peores. Sí, jugar es una cosa muy complicada. Sobre todo cuando no está demasiado claro que es lo que se pone en juego, ni cómo se puede jugar.

Hay una forma de participar, quizá no la más ortodoxa, pero es posible que tenga alguna ventaja. Consiste en jugar tres partidas al mismo tiempo. Una, la primera, en la que se dependa tan sólo de las propias fuerzas. El ejemplo más claro puede ser una partida de ajedrez. La segunda, la más común, en al que sólo intervenga la jugada que se tenga, y no influyan para nada ni la habilidad ni la psicología. El representante de este grupo puede ser el tute. Por último, una tercera, en la que intervenga todo lo anterior. En este grupo podemos poner el póquer. Si una sociedad puede jugar, al mismo tiempo, esas tres partidas, seguro que en alguna ganará. Pero si solo puede hacerlo en una, ¿por cuál debería optar?

La contestación depende de para quién y con que fin se juegue. Para qué o para quién se realice la investigación. Si el objetivo es conseguir un nombre en la ciencia o en la tecnología, el camino debe ser el tercero. Si la meta es desarrollar un sector determinado, un cierto segmento industrial, sólo con el primero se podría conseguir algo de manera cierta. Si, finalmente, lo único que se pretende es dejarse llevar por el momento, parece que el segundo camino es el menos arriesgado. Pero, a pesar de todo, no es seguro que por alguno de los tres se consiga lo que se pretendía.

Es obvio que, como en todo, los entornos no pueden estar delimitados tan nítidamente como se ha hecho aquí. Es seguro que, de vez en cuando, hay que arriesgarse, contar con las propias fuerzas, y, seguir el juego. también es saludable sacar los pies del tiesto, arriesgarse por caminos que otros no han tomado, inventarse reglas de juego y pensar a fondo que se puede hacer. Es decir, arriesgarse con los temas de la "gran ciencia". Hacer sólo lo que les va bien a otros, no quiere decir que nos vaya a hacer bien a nosotros.

NOTA: El autor es Catedrático de Tecnología Fotónica de la UPM.