miércoles, 11 de junio de 2008

Abbas Kiarostami

EL PAIS DIGITAL
Miércoles 12 enero 2000 - Nº 1349
ABBAS KIAROSTAMI . DIRECTOR DE CINE

"El cine es mostrar a través de la ocultación" OCTAVI MARTÍ, París

Abbas Kiarostami, el pasado mes de junio, en la Mostra de Venecia (Reuters). Abbas Kiarostami (Teherán, 1940) forma parte de ese reducido grupo de cineastas que piensan que el cine podría ser otra cosa que teatro filmado o despliegue de fuegos de artificio. Gracias a sus películas hemos aprendido a ver, más allá de contingencias políticas poco favorables, la vida en Irán, la gente de ese país, su cultura y su paisaje. En su última película -El viento nos llevará, gran premio de la Mostra de Venecia y recientemente estrenada en España- presenta a un realizador que espera, en un poblado kurdo, la muerte de una anciana para poder filmar los ritos funerarios.

Pregunta. El grueso del cine occidental ha hecho de filmar la muerte una especialidad y de la muerte un espectáculo.

Respuesta. Me parece que la representación que se da de la muerte en el cine occidental acostumbra a carecer de sentido. Lamentar la muerte es absurdo, lo que lamentas es la ausencia del amigo. En mi película hay distintas miradas sobre la muerte. La del médico es realista, se atiene a la belleza de este mundo y se desentiende de la promesa de una vida ideal en el más allá; la del profesor desenmascara lo que se oculta detrás de ciertos ritos funerarios y es también realista al denunciar lo que comportan de representación.

Son dos discursos que van abiertamente en contra de la ortodoxia religiosa de su país.

Sabe, en Irán hay limitaciones impuestas por el régimen. Las conozco, sé lo que no puedo mostrar y aprendo a trabajar dentro de los límites. La lucha contra esas restricciones es una fuente de energía. La gente, en Irán, logra vivir a pesar de todo. Incluso esas chicas jóvenes que tienen prohibido mostrar su cabello encuentran la manera de que un mechón escape del pañuelo. Si va usted a Teherán verá que en la calle son muchas las personas que hacen algo que va más allá de lo que está permitido, aunque ese algo sólo sea mostrar un mechón de pelo.

En El sabor de las cerezas (1997) un hombre busca a alguien que le garantize que iba a enterrarle una vez muerto. En El viento nos llevará rescatan a alguien de ser enterrado.

Un filme es el negativo del otro, pero los dos tratan de la vida y la muerte, del Apocalipsis y de otras cuestiones. El viento del título es la muerte y nosotros somos las hojas que ha de arrastrar. Es un título que podría estar escrito en primera persona, decir "yo" en vez de "nos", pero eso no tiene mayor importancia porque todos hemos de morir, aunque tendemos a pensar que eso sólo concierne a los demás.

Sus intrigas o relatos son minimalistas y además usted rehúye a menudo mostrar el contraplano, el inserto o el detalle.

El cine es el arte de mostrar sirviéndose de la ocultación. El espectador tiene que imaginar, tiene que llenar las casillas vacías, tener una actitud creativa. La chica que ordeña la vaca y de la que se enamora el realizador permanece siempre en la oscuridad, sólo vemos sus dedos ordeñando mientras él recita un poema. Marin Karmitz [el más importante productor independiente de Europa] me decía que era la escena de amor más bella que jamás había visto. Tampoco vemos nunca a la vieja de la que se espera la muerte porque así no es una anciana concreta, sino la vejez misma. Y, para ser sincero, debo añadir que en todo eso hay algo autobiográfico porque mi relato está inspirado en la muerte de mi abuela, que viví en plano general, desde lejos, sin poder entrar en su habitación. No quiero hacer un cine en el que el público tenga que cerrar los ojos o desviar la mirada, quiero que mire la pantalla para intentar ver lo que no muestro. Hay cosas en las que creemos sin haberlas visto nunca.