domingo, 8 de junio de 2008

Historias de emigrantes españoles

Memoria de la xenofobia
Fuente: La Voz de Asturias
Por Isolina Cueli

Emigrantes asturianos relatan la marginación
que sufrieron los primeros años y condenan los hechos de El Ejido

Los primeros emigrantes asturianos a Bélgica en los años cincuenta tenían que trabajar tres años en la mina antes de que se les concediera el derecho a otros trabajos menos duros. Se les consideraba mano de obra temporal a la que no se quería dar más derechos que los laborales, si es que los tenían. En Suiza recuerdan también las luchas de los emigrantes para conseguir un reconocimiento digno y su oposición a las campañas de expulsión de los extranjeros. Muchos emigrantes asturianos no entienden hoy que la historia se repita en España, en El Ejido, y en este caso contras los magrebíes.

"España no debe olvidar la emigración"

Pilar García, presidenta del Centro Asturiano de París asegura que "los emigrantes, por muy integrados que estemos y por muy bien que hablemos la lengua del país de acogida, siempre nos delatará el acento, y cuando quieres reivindicar un derecho, rápidamente te mandan a tu país". Natural de Lena y emigrante en Francia desde hace 30 años, Pilar García asegura que la marginación aún se vive. "Podemos ser muy europeos, pero en cuanto abres la boca ya se ve tu origen y no tienen reparos en recordártelo. Tenemos que decir que la marginación de los españoles no es nada, comparada con la que viven y sufren los que proceden del Africa negra". Como emigrante, la asturiana Pilar García no duda en afirmar que es inconcebible que en España, "un país que exportó a miles de personas, gente que si quiso comer tuvo que salir, se haya olvidado de lo que es la emigración".

"La xenofobia también la vivimos aquí"

Víctor Cuesta retornó de Suiza como emigrante tras dos décadas. Asegura que sufrió la xenofobia en carne propia, pero no tiene queja de los suizos que le dieron una formación profesional y una cultura. Recuerda cómo las autoridades deportaron a España a su mujer porque carecía de papeles. En ese momento tuvo "la mano amiga de los suizos de a pie" lo que facilitó la solución a este pequeña conflicto personal. Ya en Asturias, y tras retornar hace más de diez años no duda en afirmar que aún vive la xenofobia. "En cuanto mencionas algo de Suiza, no falta alguien que te quiere mandar para allá. Además, aquí siempre seremos los suizos, por más que dura el retorno". Cuesta contempla la situación de El Ejido con vergüenza ajena. "Cuando veo cómo se trata a esa gente, me pregunto si no tendrán ningún emigrante en la familia. En Asturias emigraron pueblos enteros" A su juicio, en Asturias emigraron pueblos enteros y no podemos olvidar "lo que supuso el éxodo para los que se quedaron, que tuvieron más espacio vital para sobrevivir y también se beneficiaron de las remesas de dinero que enviaban los que se fueron" durante la etapa más dura de la emigración.

"La clase más baja es más racista" -----------------------------------Víctor Martínez nació en Caborana (Aller) y el destino hizo que lleve 35 años en Bruselas (Bélgica). Está a punto de jubilarse y descarta la vuelta a Asturias. "No es por falta de ganas, pero la situación familiar te marca donde tienes que estar en cada momento, y yo ya no podría regresar a España. Este es otro de los tributos que tenemos que pagar los emigrantes". Martínez, miembro de Andecha Cultura Astur, recuerda hoy la marginación vivida por los emigrantes, "considerados siempre como extranjeros. Aunque lo más triste es que también somos extranjeros en Asturias. Cuando en tu propia tierra te llaman el belga o te mandan a la ventanilla de extranjeros para hacer cualquier papeleo, eso es muy duro". En Bélgica también tuvieron que soportar expresiones como "sale étrangére, sucio extranjero, véte a tu país", en especial aquéllos que llegaron a ocupar un puesto de trabajo que podía desempeñar un belga. "Está comprobado que la clase más baja es más racista, o al menos ha tenido más ocasiones de demostrarlo", señala este emigrante asturiano. Víctor Martínez reconoce que su llegada a Bélgica ya fue más dulce, gracias a los que habían abierto el camino años antes. Habían demostrado que los españoles éramos trabajadores y pacíficos y se nos admite, pero siempre con reticencia. La xenofobia que se observa ahora en Bélgica va dirigida contra los árabes y los turcos, comunidades que suman a la extranjería una cultura y religión distinta. Víctor Martínez no sabe decir si los asturianos están integrados, o no, "la realidad es que frecuentamos sitios distintos y nos relacionamos entre nosotros. Con los belgas hay un entente cordial, no pasa de ahí".

"Tan extranjeros como el primer día"

Alberto Torga es sacerdote, nacido en Nava. Lleva 25 años como capellán de la colonia española en Nuremberg (Baviera) y reconoce que es tan extranjero como el primer día. "No conseguimos ningún derecho, ni el de la doble nacionalidad, ni el de voto, salvo en las municipales, aunque en otros land alemanes sí existe la posibilidad de elegir y ser elegido al Parlamento", afirma. El sacerdote asturiano recuerda que los principales casos de xenofobia se han producido a nivel gubernamental cuando el gobierno de Baviera, integrado por la Unión Cristiano Social puso en marcha varias iniciativas contra los extranjeros y combatió la propuesta del gobierno federal, integrado por socialistas y los Verdes, para permitir la doble nacionalidad de los extranjeros. Eso demuestra, según Torga, que ese partido no tiene nada de cristiano ni de social. "Hay un racismo latente que se hace duro y que va dirigido a los turcos. No podemos olvidar tampoco que estamos en una de las zonas donde más se prodigó el nazismo. Les molesta que la gente hable un idioma distinto al suyo. Puedes ir en el metro hablando tu idioma con otra persona y alguien te pide que hables alemán porque no te entienden y se ponen muy nerviosos", recuerda. A Torga le dio vergüenza ajena escuchar las noticias sobre el conflicto de El Ejido. "Pensar todo lo que hemos luchado contra el racismo y la xenofobia y que ahora se produzca aquí".

"Las primeras remesas lo pasaron muy mal"

Carlos Noval es emigrante en Suiza desde 1963. Hizo este año el Camino de Santiago desde Basilea a pie. "Al llegar a Galicia me encontré con el Santiago matamoros", y eso a estas alturas de nuestra civilización es muy duro. "También es muy desagradable escuchar las noticias del racismo en España, después de saber todo lo que tuvimos que pasar aquí. Decíamos que en España no éramos racistas, pero lo que pasa es que no habíamos tenido ocasión de demostrarlo". Por su carácter, Carlos Noval ha sido una de las personas que consiguió la integración con los suizos, entre otras cosas porque se molestó en aprender el alemán para poder entenderse con ellos. "De todas formas, aquí se vivieron momento de xenofobia brutal, aunque aplicada de una forma más sibilina. Se promovieron leyes para conseguir la expulsión de los extranjeros. Fue muy famosa la propuesta de James Schwarzembach, consejero nacional suizo, equivalente a diputado". Noval no duda en afirmar que "lo que se hizo hace años con los españoles e italianos se hace ahora con turcos y yugoslavos. Siempre existe el miedo al extranjero, aunque se necesita su trabajo. Por otra parte, mientras se da la repulsa al extranjero se vive una extranjerización más amplia".

"Recuerdo de 75 años de integración"

75 años camino de la integración es el título del libro escrito por un grupo de emigrantes asturianos en Bélgica, agrupados en Andecha Cultura Astur, en el que realatan de forma clara, directa y concisa las peripecias de los emigrantes asturianos en un país extranjero. Hay dos emigraciones, la política, que surgió en los años tresinte y, especialmente, en los cuarenta, coincidiendo con la represión franquista, y la económica, que surge unos años más tarde por la falta de trabajo en España y por las ansias de mejorar la calidad de vida de muchas familias. Según se recoge en el libro, "ambas tienen un denominador común, las ansias de volver a Asturias, y el bajo nivel de integración en la sociedad que les acoge". Parafraseando a Max Frisch, los emigrantes no dudan en afirmar que "en los años sesenta, en los países europeos se llamó mano de obra y acudimos seres humanos, con nuestras costumbres, nuestra forma de ser y nuestro idioma". Rompen una lanza a favor de Bélgica como país de acogida pero afirman que "cada asturiano tiene una historia labrada a base de sacrificio".